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Original de:

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- Ya
no puedes cambiar el camino recorrido,
- pero
puedes cambiar el camino a recorrer.
- Si
solamente espinas en tu alma han florecido,
- si
soledad y llanto fue tu cosecha ayer,
- cierra
el pasado triste con cerrojos de olvido,
- y
camina conmigo de la mano, mujer.


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-
-
-
- El
tambor
-
-
“Del
salón en el ángulo oscuro...” (Bécquer)
-
- Mudo el ritmo
marcial de otros momentos,
- quieto el vaivén
de muslos y caderas,
- relegado a fatídico
abandono,
- en la estancia
desierta.
-
- Sin corazón
bajo la piel tirante,
- callado el
palpitar y la cadencia,
- huérfano de
palillos y de manos,
- silencioso
profeta.
-
- Su círculo de
cromo ya ha perdido
- la brillantez y
el lustre, y ahora sueña
- con el fulgor
de esplendorosas marchas
- en una vida
nueva.
-
- ¿Quién habrá
de venir a rescatarle?
- ¿Quién otra
vez desatará su lengua?
- ¿Quién
resucitará el redoble airoso
- de su alegría
muerta?
-
- El, como yo,
olvidado visionario,
- siempre con
esperanza y a la espera,
- siempre con
nuestro ritmo suprimido,
- en permanenente
oferta.
-
- Los Angeles, 2
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- El
violín
-
- Ella me tuvo
entre sus manos suaves,
- me arrimó con
amor a su mejilla,
- y me arrancó
del alma con ternura
- lágrimas y
sonrisas.
-
- Bajo los breves
saltos de sus dedos
- me sentí
marioneta de armonía
- en mis cuerdas
vibrantes liberando
- la música
cautiva.
-
- ¿Cómo puede
decirse que mi entraña
- no es más que
una oquedad neutra y
vacía?
- Mi carne de
madera tiene un alma
- sensible y
dolorida.
-
- No canto solo,
pero sólo canto
- para quien con
su mano me acaricia,
- y mis voces
penetran el espíritu
- como fresca
llovizna.
-
- Yo doy a quien
me da cuanto desea,
- los demás han
de oir mi melodía,
- mas sólo he de
entregar mis vibraciones
- a quien conmigo
vibra.
-
- Los Angeles, 2
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- El
piano
-
- Rózame con las
yemas de los dedos
- y te daré
suspiros entrañables.
- Asciende en mis
escalas y desciende
- con paso
insinuante.
-
- Hiere mis
escalones de marfil
- a golpes de
alborozo innumerables,
- y te devolveré
por cada impacto
- un grito
apasionante.
-
- Oh, qué
limitación agotadora.
- Tener tus
miembros a mi propio alcance,
- y carecer de
labios que te besen,
- y brazos que te
abracen.
-
- Recórreme sin
tregua en los arpegios,
- arráncame las
voces que en mí yacen,
- despiértame a
la vida con tus manos,
- no ceses de
tocarme.
-
- Yo sólo puedo
darte mi armonía,
- pero es como si
el alma fuera a darte,
- filtrándome en
tu cuerpo por los dedos,
- y amarte,
amarte, amarte.
-
- Los Angeles, 3
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- El
clarinete
-
- Permite que penetre entre tus labios
- la rigidez de
mi afilada punta,
- y humedezca tu lengua el orificio
- en que tu soplo
irrumpa.
-
- Presiona con
tus dedos en mis llaves,
- y habrás de
hacer mis vibraciones tuyas,
- desprendiendo
sonora catarata
- a un tiempo
alta y profunda.
-
- Vengo hacia tí
con ansias de armonía,
- y tú sola serás
quien la descubra,
- vertiendo en mí
el poder de tus pulmones,
- con pasión o
ternura.
-
- Te daré una
explosión de sentimientos
- que habrán de
saturar tu alma desnuda,
- y un
estremecimiento habrá en tus manos
- haciendo amor y
música.
-
- Los Angeles, 3
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- El
arpa
-
- Abrázame,
mujer, con la ternura
- del suave amor
que sólo vive en sueños;
- reclina la
mejilla en mi columna,
- bésame con tu
pelo.
-
- Desliza sobre
el muro de mis cuerdas
- la magia
delicada de tus dedos,
- dando voz a la
oculta melodía
- dormida en mi
silencio.
-
- Y al destrenzar
mis notas, el tumulto
- de sonrisas que
arrancas y te ofrezco
- pondrá en la
curvatura de mi espalda
- dulce
estremecimiento.
-
- Cierra los ojos,
dame tus caricias,
- y yo he de
darte un canto siempre nuevo,
- y un temblor en
la piel que ha de agitarte
- con cierto
desconcierto.
-
- Los Angeles, 4
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- El
violoncelo
-
- Abre tus muslos
a mi cuerpo, amiga,
- y déjame soñar
con ser tu amante;
- y al estrechar
mi cuello entre tus dedos
- sé gentil y sé
afable.
-
- Con la suave
presión de tus rodillas
- en mis costados
siento que renace
- una pasión que
invade mis entrañas
- y a tí misma
te invade.
-
- Renueva sin
cesar las pulsaciones
- que han de
llenar todas mis cavidades,
- y deja resonar
el eco ardiente
- de mis notas
sensuales.
-
- Enciérrame en
tu abrazo, estrecha el cerco,
- anúdate a mí
en lazos perdurables,
- que como tú lo
has hecho, amada mía,
- nadie sabrá
tocarme.
-
- Los Angeles, 4
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- Bécquer
-
- “Cuánta
nota dormía en sus cuerdas,
- como
el pájaro duerme en la rama...”
-
- El arpa en el
salón no durmió oscura.
- ni él la dejó
olvidada o silenciosa,
- porque instaló
un suspiro en cada rosa,
- y habló a cada
mujer de su hermosura.
-
- Dulce dolor y
tierna desventura
- le anegaron el
alma luminosa,
- pero no la
cadencia rumorosa
- que tembló en
su canción sin amargura.
-
- Sembró su íntimo
huerto con amores,
- los unos,
florecidos y vibrantes,
- los otros,
desgarrados por espinas.
-
- Y obtuvo una
legión de admiradores
- retornando a
sus versos anhelantes,
- como tropel de
oscuras golondrinas.
-
- Los Angeles, 9
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- Ver la página
de "Luminarias" sobre Bécquer:
- http://poesiadelmomento.com/luminarias/autores/74becquer.html
- García
Lorca
-
- El Sacromonte
enciende sus candiles,
- y el agua del
Genil llora su pena;
- baila la luna
en la más alta almena,
- y en las agujas
de los campaniles.
-
- En lento
caminar, Guardias Civiles
- hunden las
botas en la sucia arena,
- y los gitanos
de la piel morena
- ocultan en la
sombra sus perfiles.
-
- Mundo de magia, de canción, de ensueño,
- verde viento,
jinetes enlutados,
- de casadas
infieles, y toreros...
-
- ¡Qué grande
hiciste un mundo tan pequeño!
- ¡Qué dolor
ver tus labios tan callados,
- sin luz tus
ojos bajo los luceros!
-
- Los Angeles, 9
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- Ver la página
de "Luminarias" sobre Lorca:
- http://poesiadelmomento.com/luminarias/autores/73lorca.html
- Tímida
-
- Tienes manos
ansiosas, pero están inactivas;
- Tienes cuerpo
vibrante, pero está refrenado
- Porque están
en cadenas tus pasiones más vivas,
- Y el instinto
no grita porque está amordazado.
-
- No pienso que
tus miembros puedan ser intangibles,
- Pues claman por
el tacto de otros miembros ardientes.
- Y jamás tus
deseos podrán ser imposibles,
- Sólo están a
la espera de deseos ausentes.
-
- Ofrecer los
sentidos es como dar el alma:
- Desconocemos
siempre qué trato nos espera.
- Si no se corre
el riesgo, no se obtiene la palma;
- Quien no se
arroja al agua, no alcanza la ribera.
-
- La vida nos
presenta multitudes de cosas
- Y a cada cual
le toca decidir lo que quiere.
- Habrá en tu
mano espinas al recoger las rosas,
- Sólo crece la
espiga si la simiente muere.
-
- No alcanzaremos
nunca perfectas situaciones,
- Ni blancura
infinita ni oscuridad completa.
- Veremos las
razones entre las sinrazones,
- Y los rostros
ajenos detrás de la careta.
-
- Pero hemos de
lanzarnos con planes de conquista,
- O
permaneceremos en nuestra oscura esquina,
- Dejando que el
paisaje nos entre por la vista,
- Mas sin sentir
la tierra bajo el pie que camina.
-
- Y si acaso en
la marcha se cae o se tropieza,
- Y la sangre
revienta saltando por la herida,
- No detengas el
paso, avanza con firmeza,
- Que sólo los
heridos saben vivir la vida.
-
- Los Angeles, 10
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- El
ánfora
-
-
- Un ánfora yo
tuve de frágil porcelana,
- Decorada con
flores y cupidos alados;
- Con amantes
risueños en escena aldeana
- De niños y
pastores danzando alborozados.
-
- Sobre la mesa,
esbelta, rebosante de rosas
- Embalsamando el
aire con su pura fragancia,
- Irradiaba en la
sala nostalgias luminosas
- De lejanos
amores y fiel perseverancia.
-
- Un lazo
imperceptible nos mantenía unidos,
- Al estar a su
lado como en la lejanía;
- Creí percibir
dulces palabras sin sonidos,
- Y al roce de
mis manos pensé que sonreía.
-
- Despertaban las
rosas sus pétalos erguidas
- Al sentir la
armonía de mi amor exaltado;
- Doblegaban sus
tallos, tristes y doloridas,
- en la noche del
alma, con silencio enlutado,
-
- Y al perder al
amante que me tuvo en sus brazos,
- Una tarde de
invierno, me entró el frío en los huesos;
- Y hallé el ánfora
en tierra, deshecha en mil pedazos,
- Los fragmentos
del alma, las lágrimas sin besos.
-
- Los recogí uno
a uno, con cariño y paciencia,
- Restaurando la
forma, mas sin sentir la vida;
- Y en las rosas
marchitas, el hedor de la ausencia
- Reanudaba en mi
entraña el dolor de mi herida.
-
- El lazo estaba
roto, y al poner nuevas flores
- Que le hablaran
al alma tan desnuda y desierta,
- No escuché ni
palabras, ni risas, ni rumores,
- Porque el alma
yacía abandonada y muerta.
-
- Mi amor, si te
detienes un día en tu camino,
- Para volver los
ojos quizá a nuestro pasado,
- Recuerda que aún
me ofrezco como copa de vino,
- Porque te estoy
amando como siempre te he amado.
-
- Los Angeles, 11
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- Te
recuerdo
-
- Te recuerdo en
las noches estrelladas
- en que la luna
sorprendió mis besos;
- y en los
amaneceres luminosos
- te recuerdo.
-
- Te recuerdo en
la luz de tu ventana,
- que trajo tu
sonrisa a mi sendero;
- y en la
melancolía de la lluvia
- te recuerdo.
-
- Te recuerdo
arropada en tu bufanda
- en las frías
mañanas de febrero;
- y en las
tranquilas tardes del otoño
- te recuerdo.
-
- Te recuerdo
descalza en la ribera
- jugando a la
pelota con el perro;
- y a la sombra
del sauce junto al agua
- te recuerdo.
-
- Te recuerdo en
el ruido de las calles,
- con tu mano en
mi mano, y en silencio;
- y entre rosas,
claveles y magnolias
- te recuerdo.
-
- Te recuerdo en
tu marcha sin retorno,
- en tu final,
definitivo sueño;
- y en el abrazo
que te dió la muerte,
- yo te recuerdo...¡oh,
cómo te recuerdo!
-
- Los Angeles, 11
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- Quizá
-
- Percibo tu
presencia sin estar a mi lado,
- Y oigo tu breve
paso hallándote tan lejos;
- Siento tu
escalofrío sin haberte tocado,
- Y aún cerrando
los ojos me ciegan tus reflejos.
-
- Veo pasar las
sombras y en ellas te adivino;
- Cuando me roza
el aire sé que son tus cabellos;
- Si me azota la
lluvia, tus besos imagino,
- Y por tí son
mis sueños inmensamente bellos.
-
- Pero no
reconozco tu risa entre las risas,
- Porque amarga
tristeza te cubre con su manto;
- Y en el tropel
de gentes ruidosas y con prisas
- No estás,
porque te encuentras en soledad y llanto.
-
- Un aura te
rodea solemne y misteriosa
- Que fascina mis
ojos aunque nunca te han visto;
- Es quizá la
nostalgia gentil y silenciosa
- Que permea tu
vida y en que yo mismo existo.
-
- No obstante,
ambos sabemos que ha de llegar el día
- En que la luz
disipe la sombra en que vivimos;
- Y al resurgir
pujante nuestra innata alegría,
- Hemos de ser de
nuevo como otro tiempo fuimos.
-
- Tú encontrarás
un hombre que te bese y te cante,
- Y no habrá en
vuestra entrega ni exigencia ni ruego;
- Yo volveré a
mis sueños, inventando una amante
- Y escribiéndola
versos, sentado junto al fuego.
-
- Y al mirar al
pasado desde el nuevo presente
- De ilusiones
azules y de esperanzas verdes,
- Una estrella en
el cielo y una luz en tu mente
- Musitarán mi
nombre…y quizá me recuerdes.
-
- Los Angeles, 13
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- Pérez
Galdós
-
- En Trafalgar
nació el peregrinaje:
- Los héroes
muertos, la victoria ajena;
- Luego guerras e
intrigas en la escena
- Que arrastró
por el siglo tu viaje.
-
- Vino el francés
y cometió el ultraje,
- y el león,
sacudiendo la melena,
- rugió feroz
rompiendo la cadena,
- y le rindió tu
pluma el homenaje.
-
- Luego tus
Episodios son reflejos
- De revueltas y
luchas fratricidas,
- Noveladas con
fondo de verdad.
-
- Pero también
nos diste unos espejos
- En que ver los
amores y las vidas
- Que pululaban
en tu sociedad.
-
- Los Angeles, 13
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- Ver
la página de "Luminarias" sobre Galdós:
- http://poesiadelmomento.com/luminarias/autores/72galdos.html
- 51- Debo
partir
-
- Mudo en la
encrucijada del sendero,
- sin valor y sin
fuerzas para hablarte,
- no sé cómo
podría hoy explicarte
- que, al morirse
mi amor, ya no te quiero.
-
- Fui a tu lado
ferviente compañero
- que su copa
colmó para embriagarte;
- y un peregrino
soy ahora, que parte
- por no
permanecer tu prisionero.
-
- Quiero marchar
sin recriminaciones,
- quizá tristeza,
pero no amargura,
- y habrás de
comprender mi decisión:
-
- Se han
marchitado nuestras ilusiones,
- y entre los dos
hay una sepultura
- con el cadáver
de nuestra pasión.
-
- Los Angeles, 13
de Noviembre de 1997
-
-
-
-
-
- 52- La
llama
-
- Llama inmóvil,
a veces temblorosa,
- abrasadora al
par que iluminante,
- proyectando la
sombra amenzante
- de una quimera
ambigua y tenebrosa.
-
- Divisible,
inmutable y peligrosa
- como mujer en
rotación constante,
- propagándose a
todos como amante,
- y permanente en
el papel de esposa.
-
- No te agota la
entrega eslabonada
- a cada lámpara
que te recibe,
- aunque besas a
todas por igual.
-
- Tienes una
reserva ilimitada,
- con una
intensidad que te prohibe
- ser restringida,
falsa o desleal.
-
- Los Angeles, 15
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- Ariadna
-
- Abandonada
estoy, abandonada
- por el amante
al que ofrecí mi vida;
- en mi sueño
partió, sin despedida,
- llevándose mi
ensueño a la alborada.
-
- Vino hacia mí
con alma desolada
- en laberinto de
dolor perdida,
- y halló con mi
asistencia la salida,
- tras matar a su
monstruo con mi espada.
-
- En todos hay un
Minotauro fiero
- que en el dédalo
interno nos oprime
- y que exige la
audacia de un Teseo.
-
- Pero no habrá
victoria del guerrero
- sin la Ariadna
que besa y que redime,
- …y que será
olvidada tras su empleo.
-
- Los Angeles, 16
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- Ver la página
de "Luminarias" sobre Ariadna:
- http://www.poesiadelmomento.com/luminarias/mitos/49.html
- 53- Soledad
de la joven casada
-
- Písame con tu
planta, peregrino,
- y hazme sentir
tu paso alborozado,
- porque soy un
sendero abandonado
- por el que
nadie marcha a su destino.
-
- Soy un
descolorido pergamino
- con el texto
anterior casi borrado;
- ven y escribe
en mí un himno apasionado
- que despierte
en el alma un torbellino.
-
- Quiero cantar,
y nadie está a la escucha;
- brindo calor, y
nadie lo percibe;
- y al extender
mis brazos no hay abrazos.
-
- Estoy cansada
de la eterna lucha
- en que mi amor
se entrega, y no recibe
- sino desdén,
tristezas o zarpazos.
-
- Los Angeles, 18
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- 54- Demasiado
joven
-
- Tropezando en
la nieve va el invierno
- y en su busca
la esbelta primavera,
- sin ver la
oculta, rígida barrera
- que se alza
entre ambos en su ciclo eterno.
-
- Ella le ofrece
el homenaje tierno
- de las flores
de mayo en la ribera,
- sonrisa
universal y verdadera,
- hermosura
exterior y fuego interno.
-
- Tan próximos
los dos y tan lejanos
- a ambos lados
del muro inabordable
- de la distancia
en tiempo y en lugar.
-
- No extiendas
con amor a mí las manos,
- que soy, como
eres tú, muy vulnerable,
- y aunque
quisiera, no te debo amar.
-
- Los Angeles, 20
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- 55- Vacío
y sangrante
-
- Cuando parte el
amor, como un navío,
- o como el
viento al extinguir la llama,
- a al desgajar
del árbol la alta rama,
- temblará el
corazón de miedo y frío.
-
- El paisaje
interior, yerto y baldío,
- agonizando está,
mientras derrama
- soledad en el
alma y en la cama,
- y oscuridad
bajo un cielo sombrío.
-
- Si el amor se
perdió con paso incierto,
- un rastro dejará,
triste y sangrante,
- y una sombra
gentil en la memoria.
-
- Mas si el
tiempo al pasar le dejó muerto,
- sólo el vacío
sentirá el amante,
- sin esperanza,
ni dolor, ni gloria.
-
- Los Angeles, 21
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- 56- La
Mano
-
- Cinco artesanos,
cinco mensajeros,
- cinco rosas y
cinco exploradores;
- armónico
redoble de tambores,
- rebelión de
corceles prisioneros.
-
- Sé esculpir el
perfil de los guerreros,
- y ondeo en el
adiós de los dolores;
- mis pétalos
extiendo a los amores,
- a fin de
descubrir nuevos senderos.
-
- En tí, mujer,
he de enterrar mi tacto,
- en el vientre
desnudo y en los senos,
- y habré de
percibir tu conmoción.
-
- Pero si me
negaras el contacto,
- ¿qué puedo
hacer, sino volver sin frenos
- hacia mí mismo
en desesperación?
-
- Los Angeles, 24
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- 57- El
Oído
-
- Escucharé a la
puerta de tu pecho
- la insistente
llamada del latido,
- pero ¿quién
me dirá si ese sonido
- canta feliz o
llora insatisfecho?
-
- He de
permanecer siempre al acecho
- del susurro, la
risa y el gemido,
- del suspiro de
amor y del rugido
- que ascienden
en volutas de tu lecho.
-
- Tus palabras
anidan en mí mismo
- como también
el eco de tus plantas,
- y el roce de la
seda que te viste.
-
- ¡Qué sublime
y magnífico egoísmo,
- guardarme los
rumores que levantas,
- tu acento
alegre, y tu cadencia triste.
-
- Los Angeles, 24
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- 58- Los
ojos
-
- Te hemos
acariciado intensamente
- sin que tu
suave piel lo percibiera,
- y es en tí
nuestra huella tan ligera
- que tu cuerpo
la lleva y no la siente.
-
- Grabamos en el
álbum de la mente
- tu dulce imagen
imperecedera,
- con ella irás,
eterna viajera,
- y allí has de
estar, eterna residente.
-
- Seremos tus
devotos seguidores
- acompañándote
en la muchedumbre,
- y quizá nos
sorprendas al pasar.
-
- Verás nuestro
rubor, y tus temblores,
- nacidos al
momento del vislumbre,
- te harán saber
que alguien te puede amar.
-
- Los Angeles, 25
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- 59- La
boca
-
- Florecen mis
palabras temblorosas
- en susurros, en
gritos y en canciones,
- y se te ofrecen
en invocaciones
- como manojo de
fragantes rosas.
-
- A veces suaves,
nunca rigurosas,
- como pétalos,
sí, no como harpones;
- razonadas quizás,
o sin razones,
- diáfanas, o un
tanto nebulosas.
-
- Nunca sabré cómo
has de recibirlas,
- y es posible
que brote un balbuceo,
- y es posible
que no logren salir.
-
- Pero aunque no
consigas percibirlas,
- mis labios te
hablarán de mi deseo,
- y húmedamente
te han de persuadir.
-
- Los Angeles, 25
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- 60- El
sex(t)o sentido
-
- En mi letargo
estoy, adormecido,
- flotando en sueños
lánguidos y oscuros,
- confinado a la
sombra de dos muros,
- y relegado a
transitorio olvido...
-
- Tu perfume me
indica que has venido,
- la mano percibió
tus senos duros,
- y al roce de
tus dedos inseguros
- se irguió mi
cuerpo firme y decidido.
-
- Enciendes en mi
carne rebeldías,
- incitándome a
dulces agresiones
- al abrazar tus
labios mi contorno.
-
- Habré de hacer
tus cavidades mías,
- y tuyas han de
ser mis vibraciones,
- con cada avance
y con cada retorno.
-
- Los Angeles, 26
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- 61- Los
pies
-
- Descalzos te
seguimos en la vida
- para no herir
tu sombra encadenada;
- y sigilosa irá
nuestra pisada
- por no turbar
tu sueño, si dormida.
-
- En cada huella
por tu pie encendida
- nuestra huella
pondremos incrustada,
- absorbiendo la
dulce llamarada
- que dejas en tu
paso sumergida.
-
- Con los tuyos
nos entremezclaremos,
- girando en
espirales armoniosas
- en erótica
danza interminable.
-
- Y si a tu lado
un día amanecemos,
- en el cálido
lecho en que reposas,
- la noche no
habrá sido impenetrable.
-
- Los Angeles, 29
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- 62- Una
amistad muy especial
-
- Brotó dentro
de mí, fuente apacible,
- claro reflejo
sobre blanca arena;
- progresó en
manantial de agua serena,
- luego en
torrente en flujo irresistible.
-
- En mi aridez
filtróse imperceptible,
- y fue en mi
oscura noche luna llena;
- de mi castillo
fue torre y almena,
- y nunca me hizo
el suyo inaccesible.
-
- Percibí en sus
palabras la dulzura,
- y rodeó mis
hombros con su abrazo,
- ahuyentando de
mí la soledad.
-
- Creció en mí
gigantesca su figura,
- y sentí entre
los dos un fuerte lazo
- de ternura, de
amor y de amistad.
-
- Los Angeles, 24
de Noviembre de 1997
-
(Indice)
- No
he de volver la vista
-
-
- No he de volver
la vista, porque estás en mi mente;
- aunque te
fuiste un día, permaneces conmigo,
- ausente de mi
lecho, pero en mi alma presente,
- como amante y
amado, confidente y amigo.
-
- No he de volver
la vista a la tumba de la historia,
- desenterrando
sombras de un tiempo ya distante;
- ni he de bajar
al fondo fugaz de la memoria
- para subir tu
imagen, porque aún eres mi amante.
-
- No de volver la
vista con nostalgia y tristeza
- pretendiendo en
mis sueños revivir el pasado,
- porque aún
brilla en mis ojos tu noble gentileza,
- porque aún
siento tu pulso, porque aún eres mi amado.
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- No he de volver
la vista, llorando mi infortunio,
- porque aún
oigo tu risa vibrante, intermitente,
- y aún haces de
mis noches perpetuo plenilunio,
- porque me das
tu oído, y eres mi confidente.
-
- No he volver la
vista, porque estás a mi lado,
- comprendes lo
que siento, y entiendes lo que digo;
- porque nunca me
diste ni reproche ni enfado
- cuando me diste
tanto, y porque eres mi amigo.
-
- No he de volver
la vista, ¿por qué la volvería?
- Aunque tu piel
no roza mi piel, de tí anhelante,
- estás en mí
de noche, y estás en mí de día,
- como amigo y
amado, confidente y amante.
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- Los Angeles, 30
de Noviembre de 1997
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(Indice)
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