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Original
de

- Desprendióse
la rosa uno por uno
- de
los húmedos pétalos abiertos,
- y
desnuda quedó.
-
- Vióla
el lirio y abrió su blanca copa,
- ofreciendo
el estambre endurecido,
- y
la rosa aceptó.
|
Enero
1998

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- 128
- Peina
el viento las copas de los pinos
- y
arrastra la hojarasca por la calle;
- ante
tu puerta danza en remolinos,
- alza
nubes de polvo en los caminos,
- rueda
su furia de la cumbre al valle.
-
- Aún
sin verle, no dudas su existencia;
- su
silbido no grita: ¡Soy el viento!
- Le
juzgas por su impulso y su presencia...
- Juzga
mi amor así, pues su evidencia
- no
es la palabra, sino el sentimiento.
-
-
- 129
- Mujer
ligera que insensible hieres
- a
quien en tí aventura sus venturas,
- el
dolor producido en otros seres
- que
sufren tus locuras no lo curas.
- Menos
les quieres cuanto más requieres,
- Son
risas, no sonrisas que procuras;
- Tu
alma no tiene amor ni lo sostiene,
- pues
si viene dirás que no conviene.
-
-
- 130
- Lento
es el día, lánguida la tarde,
- a
la espera de impulsos y de entrega;
- breve
la noche en la que el fuego arde,
- veloz
la aurora que a apartarnos llega.
-
-
- 131
- Hay
en mi corazón fe y esperanza,
- y
hay amor.
- Llevo
en mis pies el ritmo de la danza,
- y
el calor.
- Mas
mi mano se extiende y no te alcanza,
- ¡qué
dolor!
- Ahora
sólo me queda tu añoranza,
- y
el temor,
- de
que marchite el tiempo en su mudanza
- nuestra
flor.
-
132
- ¿Has
visto desde el tren la luz lejana
- brillando
entre las sombras del paisaje?
- Parece
acompañarte en tu viaje,
- inmóvil,
incesante,…y tan cercana.
-
- Desde
mi oscura y singular distancia
- yo
levanto la mano y te saludo;
- y
verás en mi gesto firme y mudo
- una
señal de mi perseverancia.
-
-
- 133
- Déjame
entrar en la torre
- donde
vives encerrada,
- y
permíteme que borre
- la
angustia de tu mirada.
-
- Y
al volver el sentimiento
- que
el desengaño usurpara,
- trocarás
en un momento
- la
tristeza en algazara.
-
-
- 134
- Luz
del amanecer, qué pronto llegas;
- anoche
te olvidé, no te he llamado;
- ¿por
qué no dejas al enamorado
- recoger
la cosecha que le niegas?
-
- Toca
el alba el clarín de la alegría,
- y
a todos de su sueño les levanta;
- mas
yo prefiero estar bajo mi manta
- con
mi amor por la noche y por el día.
-
-
- 135
- Has
de ver, si te acercas a mis ojos,
- un
tigre agazapado y al acecho,
- restringido
no más por los cerrojos
- que
guardan la caverna de mi pecho.
-
- Si,
al acercarte, llamas a mi puerta,
- escucharás
su aterrador rugido;
- la
dejaré de par en par abierta,
- y,
al verte... sólo lanzará un gemido.
-
-
- 136
- Esa
mujer que tras de mí venía,
- me
ha alcanzado y me tiene aprisionado.
- Me
besaba y al tiempo sonreía;
- al
abrazarla quise hacerla mía,
- y
mía fue al haberla penetrado.
- 137
- Si
yo pudiera ejercitar mi mano
- sobre
la piel de la mujer que quiero,
- no
estaría a su lado como hermano,
- mas
como en el caballo el caballero.
-
-
- 138
- Rueda
a mi lado, molinillo loco,
- date
mil vueltas, gira con el viento,
- deja
las aspas circular un poco,
- tú
me volteas mientras yo te toco,
- sincronizando
nuestro movimiento.
-
-
- 139
- Salí
a tu encuentro a recoger las flores,
- y
me hallé con tu ramo cara a cara.
- Me
ofreciste el clavel de tus amores,
- y
me invitaste a que te subyugara.
-
-
- 140
- Si
preguntas por mí, será mi ausencia
- quien
responda en murmullo silencioso.
- Llévame
en tí en perpetua convivencia,
- y
siempre oirás la armónica cadencia
- arrastrada
en mi arroyo rumoroso.
-
-
- 141
- Las
palabras de amor pierden sentido
- si
innumerablemente se repiten;
- los
besos, las caricias, el gemido,
- perderán
su calor y colorido,
- cuando
incesantemente se permiten.
-
-
- 142
- Quiéreme
como si hoy fuera mi muerte,
- con
desesperación ilimitada.
- Yo
lo haré como si hoy fuera a perderte
- en
un anochecer sin alborada.
-
-
- 143
- Duerme
apacible y serena,
- mi
querida;
- cada
noche es noche buena,
- si
en la vida
- sientes
de amor la condena;
- y
la herida
- y
el dolor de su cadena
- no
se olvida.
-
-
- 144
- Dame
una nube, arráncame una estrella,
- córtame
una porción del firmamento,
- suéñame
cada noche oscura y bella,
- y
déjame habitar tu pensamiento.
-
-
- 145
- Las
sombras en el bosque se cuelgan de las
ramas,
- se
abrazan a los troncos, se deslizan
constantes,
- surgiendo
ante la vista cual séquito de damas,
- y
en el silencio oscuro las ves amenazantes.
- Pero
yo no percibo sus encendidas llamas,
- pues
sólo son efigies disfrazadas de amantes;
- y
ni ofrecen el alma ni el sentido me
entregan,
- perdiéndose
en la noche tan pronto como llegan.
-
-
- 146
- En
cada anochecer quiero soñarte,
- llama
oscilante en débil parpadeo,
- que
en época lejana fuiste parte
- de
suave afecto y de febril deseo.
- Nunca
habrá mi memoria de apagarte,
- porque
me veo a mí cuanto te veo,
- y
son tus resplandores en mi mente
- signo
indudable de que el alma siente.
-
-
- 147
- No
hagas que llame a la puerta
- cuando
me acerco a tu casa;
- quiero
que esté siempre abierta,
- y
ser sólo yo quien pasa.
-
- Y
me llegaré a la entrada
- de
tus cámaras internas
- por
la hiedra entrelazada
- de
los brazos y las piernas.
-
-
- 148
- La
vida es una rueda que nos da dos opciones:
- rápido
movimiento si estamos en la llanta,
- pero
con altibajos en sus revoluciones,
- y
el mismo retroceso a la vez que adelanta;
- o
la mediocre altura, mas sin oscilaciones,
- del
eje que, en su giro, lleva el peso y
aguanta.
- ¿Cómo
ha de ser tu vida, resignada y segura,
- o
incierta y excitante con ritmo de aventura?
-
-
- 149
- Derrámate
en la hierba innumerable,
- húmeda
y fresca alfombra,
- déjame
que te cubra con mi sombra,
- que
mi boca te bese, y no te hable.
- El
viento arrullará los arrayanes,
- y
su perfume te saldrá al encuentro,
- mientras
en tí me adentro
- inundándote
el alma de huracanes.
- 150
- Un
beso cada mañana,
- una
rosa cada día,
- cada
tarde una alegría
- por
cada noche cercana.
- No
por un amor de hermana
- desprovisto
de misterio,
- sino
por el cautiverio
- en
que esperan mis sentidos
- para
ser estremecidos
- por
un amor de adulterio.
-
-
- 151
- Al
recibir tu abrazo, no será como amiga,
- aunque
amiga hayas sido
- y
aún como tal te quiero.
-
- Se
adherirán mis miembros a tí, cuando te
diga:
- “Dame
un juego prohibido,
- besa
de cuerpo entero”.
-
-
- 152
- Viene
la noche agazapada y lenta,
- como
raposa en torno al gallinero,
- y
arrebata a mi amor, que se me ausenta
- junto
al amor que vino a ella primero.
-
- Mi
alma estará por ella agonizando,
- y
mi noche ha de ser larga y sombría,
- viendo
rodar las horas, esperando
- que
vuelva a mí al amanecer el día.
-
-
- 153
- No
he de ser en tu vida el alfarero
- que
pueda moldear tu roja arcilla;
- debo
absorber tu espíritu primero
- para
que en mí germine tu semilla;
- mas
quiero ser el único velero
- que
en tu mar trace estelas con su quilla.
- Tú
serás tú, sin modificaciones,
- susurrando
en mi oído tus canciones.
-
(Indice)


- Fantasía
de Otoño
-
- El
lago llama a la tarde
- que
llega con paso lento,
- y
el sol se moja los rayos,
- y
le acaricia en silencio.
- La
barquilla sobre el agua
- dibuja
en su movimiento
- un
delta de blanquiazules,
- forjado
a golpes de remo.
- Y
frente a mí, un horizonte
- de
sonrisas y de besos.
- Llevo
a mi amante conmigo,
- que
en el suave balanceo
- se
adormece al estribillo
- de
mi canción y mis versos.
- Y
los girones de nubes
- surcando
el azul del cielo,
- se
reflejan en el agua,
- y
surcan también su sueño.
-
- “Despliega
las blancas velas
- de
tu dorado velero,
- y
el mar de tu fantasía
- se
rizará con el viento.
- Y
ha de elevarse tu proa,
- trazando
en el firmamento
- una
estela de ilusiones,
- bordada
con mil luceros.
- Boga
el mar de tu dulzura,
- surca
el azul, marinero,
- que
hay otro mundo en tu mundo
- más
atractivo y más bello.”
-
- La
sombra extiende sus alas
- sobre
el lago soñoliento,
- despertando
suave brisa
- con
su callado aleteo.
-
- “Abre
los ojos, amada,
- que
sin ellos estoy ciego,
- y
en mi ceguera tan sólo
- veo
lo que tienes dentro.
- Sé
mi guía hacia la orilla,
- mas
no diré que regreso,
- ya
que no puedo volver
- a
tí, pues contigo vengo.”
-
- Pálidas
sombras avanzan
- sobre
el lago desde lejos,
- y
una tenue luz nos llama
- bajo
los verdes abetos.
-
- En
la cabaña desierta
- se
escucha el chisporroteo
- de
las llamas abrazando
- en
la chimenea el leño.
-
- La
noche se anuncia fresca,
- y
nos sentamos al fuego,
- que
nos enrojece el rostro,
- y
nos estimula el cuerpo.
-
- “Acércate
más, amada,
- y
rodemos por el suelo
- en
un abrazo absoluto,
- a
la vez dulce y perverso.
- Tu
me ofrecerás el alma,
- enlazada
con tus miembros,
- yo
te daré mis sentidos
- envueltos
en sentimientos.”
-
- Nuestras
sombras se encaraman
- por
la pared al reflejo
- de
las llamas crepitantes
- como
chasquidos de besos.
-
- “Mira
mi sombra arropando
- la
tuya, y el movimiento
- que
ambas llevan tiene un ritmo
- de
silencioso misterio.
- Con
ellas entrelazadas,
- nosotros
continuaremos,
- y
en la pared y en la alfombra
- habrá
amores paralelos.”
-
- Hay
música de violines
- con
cada estremecimiento;
- y
hay fuegos arficiales,
- explotando
en los cerebros:
- y
encendidas cataratas,
- y
suspiros y requiebros;
- y
una rosa roja, roja,
- abriendo
todos sus pétalos,
- y
vertiendo su fragancia;
- y
un jardinero de ensueños
- plantando
un tallo florido
- en
el surco de tu huerto.
-
- Bajan
las sombras del muro,
- lentamente,
y en silencio;
- mientras
ambos descansamos
- reclinados
junto al fuego.
-
- Los
Angeles, 5 de Enero de 1998
(Indice)
- Tu
árbol
-
- Déjame
ser el árbol de tu huerto
- y
abrazarán tu suelo mis raíces,
- penetrando
en tus hondas humedades
- con
impulsos callados, lentos, firmes.
-
- Te
ha de cubrir mi sombra como un manto,
- ciñéndose
a tu cuerpo; y tus perfiles,
- dibujados
al sol sobre la hierba,
- absorbidos
serán e imperceptibles.
-
- Y
al tender el otoño hacia el invierno
- su
puente austero de colores grises,
- extenderé
la alfombra de mis hojas
- y
el sol ha de tener el paso libre.
-
- Proyectaré
la sombra de mis brazos
- sobre
tí, y al sentir que no resistes,
- te
ofreceré la múltiple caricia
- de
mis ramas desnudas y flexibles.
-
- Pero
al llegar los fríos de Diciembre
- que
atenuan el vigor y el alma exprimen,
- presiento
soledades dolorosas
- en
el jardín abandonado y triste.
-
- Dame
tu primavera en esperanza,
- en
verano y otoño no me olvides;
- y
aunque te alejes en el duro invierno,
- seré
feliz porque un día viniste.
-
- Los
Angeles, 7 de Enero de 1998
(Indice)
- Sin
nombre
-
- Desde
la esquina en sombra, tu voz insinuante
- canta
amores callados en críptico mensaje;
- y
absorto al escucharlos se queda el caminante
- que
sumido en nostalgia prosigue su viaje.
-
- Te
ocultas bajo el manto de una canción ajena
- flotándola
en el aire, mas sin destinatario.
- ¿Acaso
hay uno sólo, y la timidez te frena,
- o
hay múltiples altares, pero un sólo
incensario?
-
- Oiré
tu melodía, mas pasaré de largo
- porque
entre tus palabras no está escrito mi
nombre;
- y
llevaré en la boca sabor dulce y amargo
- ante
la incertidumbre de ser o no tu hombre.
-
- Y
al alejarme solo, al filo de la noche,
- quizá
tus labios callen,
me siga tu mirada,
- y
es posible que te hagas a tí misma un
reproche,
- y
es posible que llores la ocasión malograda.
-
- Y
también es posible que vuelvan tus
canciones
- a
acariciar los ojos de aquellos que te lean;
- quizá
les des un nombre, y algunas ilusiones,
- y
habrá algunos que escuchen, y algunos que
lo crean.
-
- Los
Angeles, 9 de Enero de 1998
(Indice)
- Tango
-
- Ven
a bailar conmigo un tango ahora,
- con
paso audaz e impulsos anhelantes;
- prolonguemos
la tarde hasta la aurora,
- absorbiendo
la esencia tentadora
- de
la sensualidad de otros amantes.
-
- Suave
es la luz, sedoso terciopelo,
- niebla
sentimental sobre el ambiente
- deslizando
en la piel cálido velo,
- uniendo
nuestras sombras en el suelo
- y
alentando caricias en la mente.
-
- Enlazaré
mi brazo en tu cintura,
- dame
la mano, y mírame a los ojos,
- y
surquemos las aguas de aventura
- de
este mar proceloso en que perdura
- pasión
de fuego en resplandores rojos.
-
- Avanza
y retrocede, introduciendo
- tu
rodilla atrevida entre mis piernas,
- llégate
a mí y sepárate, fingiendo
- ausencias
en presencias, y volviendo
- una
vez más en agresiones tiernas.
-
- Te
sostendré en mi brazo, reclinada
- en
arco de abandono, y tu cabello,
- negro
como la noche perfumada,
- caerá
en cascada libre y ondulada,
- en
un momento detenido y bello.
-
- Este
vaivén de acentos musicales,
- de
historias tristes de un amor perdido,
- circula
en el salón en espirales,
- enroscando
sus ímpetus sensuales
- en
cada corazón estremecido.
-
- Miradas
fijas de pasión intensa
- clavan
sus dardos en miradas fijas;
- se
vive el sentimiento, no se piensa,
- el
alma está desnuda e indefensa,
- y
entra el amor por todas las rendijas.
-
- Baila,
mujer, un tango apasionado,
- siente
mi cuerpo y déjame sentirte,
- deslízate
conmigo en el tablado,
- y
al surgir el instinto arrebatado,
- sé
que no he de tener que persuadirte.
-
- Los
Angeles, 12 de Enero de 1998
(Indice)
- Sé
libre
-
- No
podrás recoger en tu regazo el viento,
- ni
podrá detener tu mano el terremoto;
- ni
evitarán tus hombros el desmoronamiento
- del
muro que se inclina, resquebrajado y roto.
-
- Hay
fuerzas en el alma de furia irreprimible,
- ímpetus
en el cuerpo de vigor inquietante;
- su
dominio absoluto nos es inaccesible;
- el
control, inseguro; la represión, distante.
-
- Es
inútil la lucha por frenar el instinto,
- y
aunque la mente insista en ofrecer
resistencia,
- será
sólo una idea encerrada en su recinto,
- y
sobre las pasiones tendrá poca influencia.
-
- ¿Qué
haremos, pues, con tantos deseos y deberes,
- si
unos quieren ser libres, y los otros se
oponen?
- ¿Dejaremos
a aquellos ejercer sus poderes,
- o
aceptaremos que éstos se impongan y razonen?
-
- En
la fugaz carrera que arrastra nuestra vida,
- no
hay lugar para dudas, o tiempo de contienda;
- Nada
con la corriente veloz y enfurecida,
- y
al caballo salvaje cabálgale sin rienda.
-
- Y
ya sea en el beso, o el abrazo ferviente,
- o
la entrega desnuda, o la espontánea oferta,
- acéptalo
como si fuera situación permanente,
- porque
el amor no llama dos veces a la puerta.
-
- Los
Angeles, 14 de Enero de 1998
(Indice)
- Amor
lejano
-
- Vinieron
las palabras y arrullaron la mente,
- se
enroscaron al cuerpo los ímpetus sensuales,
- y
se cernió en el aire el afecto inocente
- diseminando
aromas y acentos musicales.
-
- Los
pinceles del alma, rápidos y certeros,
- trazaron
en los cielos un arco de colores,
- y
desde ambos extremos surgieron mensajeros
- transmitiendo
ansiedades, deseos y temblores.
-
- Floreció
una esperanza de tan breve semilla,
- con
pétalos de ofertas y perfumes de entrega,
- y
la mano tendida percibió la mejilla,
- y
brillaron visiones en la mirada ciega.
Qué
intensidad presiente quien ama desde lejos,
- mas
qué frágil y tenuo es el lazo que así ata,
- pues
no se ven las luces, tan sólo los reflejos,
- y
los miedos se acercan en veloz cabalgata.
-
- La
distancia es un lobo al acecho en el recodo,
- sus
colmillos el tiempo y las inseguridades,
- y
el temor inherente de disiparse todo
- al
despertar los sueños frente a las
realidades.
-
- El
viejo itinerario permanece marcado,
- aunque
el paso parezca tener un ritmo lento;
- y
si el sol brilla débil y el cielo está
nublado,
- pronto
serán las nubes barridas por el viento.
-
- Pero
si la tormenta descargara su furia
- sin
madurar el trigo que se mece en la espiga,
- guardaría
en el alma dolor, pero no injuria,
- y
al partir de la amante, aún querría a la
amiga.
-
- Los
Angeles, 19 de Enero de 1998
(Indice)
- Entonces
y ahora
-
- “Juventud,
divino tesoro,
- ya
te vas para no volver;
- cuando
quiero llorar, no lloro,
- y
a veces lloro sin querer.” (Rubén Darío)
-
- Nosotros
fuimos jóvenes un día,
- y
llevamos a círculos lejanos
- luz
y sombras de fantasmagoría
- que
intermitentemente difundía
- la
mágica linterna en nuestras manos.
-
- Fuimos
los soñadores,
- nunca
mirando hacia el pasado muerto,
- poetas
de las damas y las flores,
- trazando
sendas, cometiendo errores,
- y
siempre amando a corazón abierto.
-
- Alzamos
catedrales
- de
firmes torres hacia el cielo erguidas,
- pero
eran ideales
- que
se perdieron, humo en espirales,
- desorientándonos
en nuestras vidas.
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