Original de 

 


 

Has de ver, si te acercas a mis ojos,
un tigre agazapado y al acecho,
restringido no más por los cerrojos
que guardan la caverna de mi pecho.
 
Si, al acercarte, llamas a mi puerta,
escucharás su aterrador rugido;
la dejaré de par en par abierta,
y, al verte,....sólo lanzará un gemido.


 

Marzo 1998 

 

 
 
 
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162
Quédate junto a mí, no te retires,
que no he de responder si otra me llama;
tu aliento absorberé cuando suspires,
seré tu caballero, y tú mi dama.
 
 
163
Mi alma ha excavado un cauce en la llanura
profundizando el lecho hasta la roca;
y tu caudal de amor y de ternura
desciende impetuoso de tu altura,
y en mí torrencialmente desemboca.
 
 
164
Vive el dolor en su sombría cueva,
recostado en amargas frialdades…
Si el huracán de las adversidades
te azota el rostro y hacia allí te lleva,
 
vuelve la espalda y acelera el paso,
satúrate de estrellas la mirada,
y espera el nuevo sol de la alborada,
que hay un amanecer tras cada ocaso.
 
 
165
Como Jacob, con un ángel batallo
sin tregua ni cuartel la noche entera,
y sin derrota ni victoria me hallo
al ver la aurora con su luz primera.
No queda de la rosa sino el tallo,
muerte temprana en esta primavera,
deshojada en el viento de la duda,
de ideas tristes y palabra muda.
 
 
166
Te ví llegar un día, casi sin anunciarte,
imperceptible sombra de ideas subrepticias;
te filtraste en mi vida y al punto empecé a amarte,
siendo tu prisionero en cadenas de caricias.
 

167
Amordaza el impulso del sollozo
y suelta la gaviota de la risa
que en el azul del mar y de la brisa
alzará la blancura de su gozo.
 
Mas si el dolor no duerme su gemido,
no cierres los oídos ni le ignores,
mejor será que en la tristeza llores,
porque el dolor no entiende del olvido.
 
 
168
Dormí en tus brazos, pero sólo en sueños,
negándome a aceptar la luz del día;
y cuanto más duraban mis empeños,
tanto más era tuyo y eras mía.
 
 
169
Sólo un rincón pediste en mi morada,
en sombra y en silencio retirado.
Mas qué invasión jamás anticipada
me sorprendió después de tu arribada,
en conquista de amor arrebatado.
 
 
170
Veo el agua escaparse entre mis manos
y me siento incapaz de retenerla;
así yo sé que un día he de perderla,
y han de ser todos mis esfuerzos vanos.
 
 
171
La lámpara proyecta sobre el muro
el perfil de una sombra tenebrosa,
danzando en el silencio semioscuro.
Sobre la mesa sólo hay una rosa,
ni tono amenazante ni inseguro,
sólo una rosa frágil, temblorosa.
¡Cómo el efecto de una luz extraña,
al sentido confunde, al alma engaña!
 
 
172
Cuando bese tus labios (¡y ha de llegar el día!)
no cerrarás los ojos, y yo los tendré abiertos
para mirar el alma que se declara mía, 
y entremezclar los sueños que soñamos despiertos.
 

173
Gira el taladro del dolor, y horada
los sombríos estratos de la mente,
de inviernos de amargura desolada
y a las flores de mayo indiferente.
Moribunda sonrisa en retirada
deja en los labios un rumor gimiente...
¡Quién me pudiera asesinar un día
esta memoria inmersa en agonía...!
 
 
174
Ah, los amaneceres solitarios,
húmedos de las lágrimas nocturnas,
frágiles sin propósitos diarios,
trémulos de apariencias taciturnas…
 
 
175
¿Qué sabes tú a los diecisiete años
del amor, del dolor o de la vida?
¿Cuántos amantes se te han hecho extraños
sin casi adivinar la despedida?
Lo que a tu edad se llaman desengaños,
son tristezas que el alma pronto olvida.
Sólo la edad madura ha de traerte
heridas que serán peor que la muerte.
 
 
176
Qué lento el tiempo rueda, qué lejanos
los brazos que podrían circundarme;
cómo añoro el contacto de sus manos,
la humedad de sus labios al besarme.
 
 
177
Lejos estás de mí, pero tan dentro
te llevo que jamás podré perderte.
Y tan presente estás en mí que encuentro
imposible mirar algo sin verte.
 
 
178
Cómo parece el mundo tan vacío
cuando nadie nos hace compañía;
fluye mi amargo llanto como un río
en incesantes horas, día a día.
 

179
Ciego sin tí, porque sin tí no veo
ni la luz, ni la estrella, ni la rosa.
Sólo para tí existo y por tí creo;
por tí en el libro de la vida leo
tu nombre escrito sobre cada cosa.
 
 
180
Son los celos el hijo del amor,
y el padre habrá de estrangular al hijo,
si no quiere ser víctima de fijo
de su veneno amargo y su rencor.
 
 
181
Mujeres, cómo sois de incomprensibles
al detestar los celos inspirados
en los amantes que no son amados;
y os volvéis a la vez tan irascibles
si los hombres que amais no están tocados
por esa enfermedad de enamorados.
 
 
182
El hombre dá su mayor
y su más profundo amor,
no a la mujer primeriza,
ni a aquélla que le electriza,
sino a la amante paciente
que le embriaga tiernamente.
 
 
183
¿Quién podrá describir, quién,
lo que en el alma vivimos?
pues sólo expresamos bien
el amor que no sentimos.
 
 
184
Aunque nunca te he visto puedo llamarte amigo,
porque sé tus costumbres y tus limitaciones,
mas la razón mas fuerte es por compartir contigo
la mujer que ha tocado nuestros dos corazones.
Tú llegaste primero, pero yo ahora consigo
en su pasión madura más hondas emociones.
Y ha pasado su entrega fogosa y delirante
del marido inactivo al dinámico amante.
 

185
El  tigre macho roza su lujuria
sobre la hembra que la espalda  arquea,
su vientre sobre el lomo se recrea,
muerde la nuca en controlada furia.
 
Así quiero asaltarte yo en el suelo,
adosando a tu espalda mi figura,
estrujando tus senos con ternura,
y entrando a tí, mordiéndote en el pelo.

 

(Indice)

 

 

 

 

 
Me ha levantado el tiempo un edificio,
templo a un amor que sin cesar florece,
y en él mi corazón canta y ofrece
sobre el altar eterno sacrificio.
 
Las cariátides en el frontispicio
son recuerdo, no más, que permanece
de un pasado que se rejuvenece
mirando al porvenir con buen auspicio.
 
Esas mujeres, adoradas antes,
no aspiran ya el aroma del incienso,
ni tienen su lugar al interior.
 
Fueron quizá, mas ya no son amantes,
porque ahora hay una sola  en la que pienso,
la que me entrega su íntimo temblor.
 
Los Angeles, 1 de Marzo de 1998
 






 
Llevo a la espalda el fardo de mi historia,
su peso no me deja alzar la vista,
y nadie está a mi lado que me asista
forjando un sueño de futura gloria.
 
Aparezco en la línea divisoria
del ayer y el mañana, desprovista
de programas de espíritu optimista
que me inunden el ánimo de euforia.
 
El eco de tus pasos, de repente,
se ha unido al mío, y juntos caminamos,
y en tus manos mi lastre se aligera.
 
Tú me has dado valor para hacer frente
al ángel negro, que con sus reclamos
intenta prevenir mi primavera.
 
Los Angeles, 7 de Marzo de 1998






 
Cuando con voz de bronce la campana
te llame al despertar de la mañana,
 
tu cabeza estará sobre mi pecho
y yo abrazándote estaré en tu lecho.
 
El sol hará danzar alborozados
sus rayos en tus párpados cerrados,
 
que no querrán abrirse, temerosos
de disipar los sueños tan hermosos.
 
Tiemblan las rosas del jardín al viento,
y hay en tu piel un estremecimiento
 
evocando emociones no soñadas
y sensaciones experimentadas.
 
Maniobra la mente en retroceso
sobre cada caricia y cada beso,
 
y el instinto una vez más clamorea
rogando que de nuevo te posea.
 
Desnúdate los ojos, y al mirarme
podré también en tu alma derramarme.
 
La campana desgrana su tañido,
una hora más cayendo en el olvido...
 
Mas no la nuestra, porque nuestras horas
son permanentes y esperanzadoras.
 
Abrázame otra vez con insistencia,
rebósame de tí, porque en la ausencia
 
vas a tener los brazos tan vacíos
como yo mismo he de tener los míos.
 
Los Angeles, 8 de Marzo de 1998
 






 
La luz rompe la noche en mil pedazos,
estallando en el aire el tiroteo
de avez azules, en revoloteo,
que los ruidos dispersan a zarpazos.
 
Esta mañana clara abre los brazos
acunando en callado balanceo
la placidez que fuera antes deseo,
dormida la pasión, rotos sus lazos.
 
Déjate estar en calma ilimitada,
niega tu cuerpo a las actividades,
y reposa escuchando los rumores
 
que a la ventana  agolpan su llamada.
Unamos ambos nuestras soledades,
y ellas engendrarán nuevos amores.
 
Los Angeles, 9 de Marzo de 1998
 






 
Dobles cristales y contraventas,
visillos y cortinas y persianas…
 
¡Qué sombra duerme al interior tan densa!
¿Contra quién has alzado tal defensa?
 
Tantas ideas como en tí batallan,
y todas ellas oprimidas callan.
 
Arranca la persiana y la cortina
de esa gris timidez que te domina,
 
abre de par en par los ventanales
y que la luz del sol entre a raudales,
 
alanceándote las represiones
que al pensamiento guardan en prisiones.
 
Verás que las tinieblas se repliegan,
y libres las ideas se congregan,
 
irrumpiendo en confuso remolino
que arrastra a cada una en su camino.
   
Y han de correr ligeras como el viento,
con alegría y sin resentimiento,
 
y al dejarlas partir sin cortapisas,
tus palabras tendrán,  y tus sonrisas.
 
Los Angeles, 10 de Marzo de 1998
 






 
Como un arroyo claro te viniste,
juguetón, cantarín y refrescante,
Y en tí me sumergí, y me ofreciste
un camino hacia el mar apasionante.
 
Mas el tiempo ha frenado tu carrera,
y el agua, detenida en la llanura,
es muda y fatigada viajera,
su alegría trocada en amargura.
 
Se perdió el murmurar de la corriente
y el resplandor del sol multiplicado;
y el destino nacido de la fuente
flota inmóvil, oscuro y malogrado.
 
En este devenir nadie es culpable,
no es más que un incidente en nuestras vidas,
que nada tienen firme, inalterable,
sino el cubrir heridas con heridas.
 
Al cielo mirará el agua estancada
reflejando el azul de su belleza,
sonrisa de esperanza ilimitada
brotando del dolor y la tristeza.
 
Y quizá llegue un día impetuosa
una avalancha de aguas torrenciales
destruyendo la calma en que reposa
el viejo arroyo en los cañaverales.
 
Tú emprenderás de nuevo tu camino,
con otros sueños, otras ilusiones,
creyendo una vez más en el destino,
y olvidando las viejas decepciones.
 
Los Angeles, 11 de Marzo de 1998
 






 
A punto de embarcarse hacia el futuro
se mece al sol tu esbelta carabela,
refleja el agua el verde de tus ojos
y el viento sopla a tu favor, Marcela.
 
Firme la mano en el timón, avanza