Original de 

 



Llena de noche llevo el alma mía,
y mis ojos naufragan
en la deslumbradora luz del día.
 
Tanta belleza,
tanta armonía, y tanto ofrecimiento
en la naturaleza.
 
Y en las profundidades,
donde la luz no llega,
cuánto dolor, tristeza y soledades.


Abril 1998 

 
Regresa
Ilumina mi noche
Amor secreto
Transformada
Atlas
Dulce amiga
Los números
En la playa
Apodérate de mí
De noche
Conquista consentida
Su idea
Mujer en libertad
Nike
Fuegos fatuos
Nuestra primavera
 

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186
Nunca soñé con tantas claridades
desde la oscuridad de mis prisiones;
rompí los hierros de mis soledades,
libres dejé mis sensibilidades,
y me sumerjo en nuevas sensaciones.
 
 
187
Despiértame el amor, que se ha dormido
borracho de fatiga;
antes prefiero verle dolorido,
pero apoyándose en tu mano amiga.
 
 
188
Este hombre que te quiere y a tí viene
con espíritu alegre y mente alerta,
siempre tendrá su juventud despierta,
porque hay un niño en él que la mantiene.
 
 
189
Frágil como una rosa sin espinas,
cristal que apenas con la voz se quiebra,
mínimo ruiseñor que al sol celebra...
débil serás, pero en amor dominas.
 
 
190
No soy el caballero en la montura
galopando en el valle hacia tu encuentro;
sino el amante fiel, sin armadura,
que tú has soñado en aceptar adentro.
 
Acércate desnuda, que impaciente
en esta silla esperaré sentado;
cabálgame los muslos, frente a frente,
y quedará tu cuerpo en mí empalado.
 
 
191
Eres una marea que me inunda,
e inmerso en tí sobre tu playa duermo;
pero te vas dejando  una profunda
pena  en el alma y un amor enfermo.
 
192
No siempre los ojos lloran
cuando el alma está llorando;
quizá por eso lo ignoran
los ojos que estoy mirando.
 
 
193
Más prefiero un amor sin experiencia,
que experiencia carente de dulzura;
y a la lógica de la inteligencia
antepongo el calor de la ternura.
 
 
194
Al alejarte, dejas un vacío
que me devuelve a un tiempo que detesto;
¿Por qué te vas? ¿Acaso el amor mío
no es suficientemente manifiesto?
 
 
195
Rompiente de tu mar, en mí se estrella
la furia blanquiazul del oleaje;
déjame ser la playa, suave y bella,
y tu marea, amor, me suba y baje.
 
 
196
El árbol, por el aire penetrado,
responde al roce de su dulce encuentro
flameando el ramaje alborozado:
así te agitas cuando en tí me adentro.
 
 
197
Derrumbados los muros que elevaste
en años lentos de ansia suprimida,
te has derramado libre, y despertaste
la dulce fiera en tu interior dormida.
 
 
198
Cuando llegues a mí con esa oferta
de amor transcendental que me prometes,
mi vida dejará de estar desierta,
pues tú serás, mi amor, quien la completes.
 

199
Hay lágrimas en mí cuando tú lloras,
y habrá sonrisas cuando tú sonrías;
permíteme que arranque de tus días
un ramillete de olvidadas horas,
para alargar tus noches, y las mías,
retrasando la luz de las auroras.
 
 
200
Cuántas veces mi cuerpo ha percibido
la magia y el calor de tu contacto,
y cuántas en el alma he recibido
tu entrega, sin haber firmado un pacto.
Tu impulso, generoso y decidido,
fue un estado de amor, no un sólo acto;
y habrá de prolongarse en permanencia
con  cada beso y cada confidencia.
 

 

 

 

Regresa
 
Regresa, mi amor, que tengo
ansiedad de tus amores,
y no se si voy o vengo.
 
Llora en la noche  una  estrella
sobre  mí porque te  fuiste,
y el amor que ayer me diste
se perdió sin dejar huella.
 
En tus caminos lejanos
encontrarás otros hombres,
que no te darán sus nombres,
sino tan sólo sus manos.
 
Y al fin te serán ajenos
inundándote de frío,
y sentirás el vacío
en el alma y en los senos.
 
Regresa, mi amor, que tengo
ansiedad de tus amores,
y no se si voy o vengo.
 
Te llegará el desaliento
y las  inseguridades,
pero entre tus soledades
recordarás lo que siento.
 
Y si vuelves desahogando
con llanto tus decepciones,
tendrás nuevas ilusiones,
pues yo te estaré esperando.
 
Y al sumergirte en mis brazos
al tiempo de tu regreso,
te dara mi cuerpo un beso
anudándote en mil lazos.
 
Regresa, mi amor, que tengo
ansiedad de tus amores,
y no se si voy o vengo.
 
Los Angeles, 29 de Marzo de   1998

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Ilumina mi noche
 
Ilumina mi noche, que necesito verte
en tu esplendor desnudo para mejor quererte.
 
Cuando tu abrazo mudo traiga el ofrecimiento
de tus flores abiertas y tus frutas maduras,
notarás mis sentidos navegando en el viento
con el hambre insaciable de íntimas aventuras.
 
Ilumina mi noche, que necesito verte
en tu esplendor desnudo para mejor quererte.
 
Y al recibir tus besos encontrarás los míos,
estampados al rojo sobre tu piel caliente,
y sentiré tus manos fluyendo como ríos
recorriendo mi cuerpo ininterrumpidamente.
 
Ilumina mi noche, que necesito verte
en tu esplendor desnudo para mejor quererte.
 
Quiero entregarme entero, quiero aceptar tu entrega,
sumergirme en tu instinto, soñar tus ilusiones,
envolverte en mi vida, que sin tí es muda y ciega,
y al llegar la mañana, mi amor, no me abandones.
 
Ilumina mi noche, que necesito verte
en tu esplendor desnudo para mejor quererte.
 
Los Angeles, 30 de Marzo de 1998

(Indice)







Amor secreto
 
Nunca esperé que  tu amor
llegara a tocar mi vida,
pues siempre te ví al fulgor
de un amor que no se olvida.
 
Bajo  tu aspecto de esposa
tradicional y sumisa,
sólo una leve sonrisa
quizá un tanto desdeñosa.
 
Y un día como un torrente
tus impulsos desbordados,
rompieron moldes cerrados,
y me abordaron de frente.
 
Hermosa mujer ajena
que  tanto en silencio amé,
pero que nunca pensé
que rompiera su cadena;
 
tengo los brazos abiertos,
los besos a flor de boca,
en el alma un ansia loca,
y los sentidos despiertos.
 
Ven a mí con la pasión
que tu esposo no comprende,
y enciende en mi piel, enciende
con tu piel tu seducción.
 
Serás rejuvenecida
por el placer de vivir,
y no habrás de permitir
que tu alma caiga dormida.
 
Has derribado la puerta
accediendo a un mundo nuevo,
y en mí tendrás el relevo
que en tu amante me convierta.
 
No habrá convencionalismos
entre los dos, ni habrá engaños;
nunca seremos extraños,
seremos nosotros mismos.
 
Y una avalancha de sueños
forjará un reino azulado
de horizonte ilimitado
y de amorosos empeños.
 
Ven, mujer, que tu rescate
devolvió tu libertad,
y ninguna adversidad
habrá que te la arrebate.
 
Seré tuyo, serás mía,
con furia y delicadeza;
Mía será tu tristeza
tuya será mi alegría.
 
Y entre nosotros ninguno
será el menor en amar,
porque no hemos de dudar
que siendo dos, somos uno.
 
Reconozco ahora su frío,
y sé de forma innegable
que el amor inolvidable
no era el suyo, sino el mío.
 
Los Angeles, 29 de Marzo de 1998 

(Indice)







Transformada
 
Tomé en mis manos la imprecisa forma
y empecé a moldearla con ternura,
consiguiendo crear una figura
desvinculada de precepto y norma.
 
La dí atributos de autosuficiencia,
libertad de pensar y de expresarse,
deleite en el sentir y el entregarse,
y rígido desdén por la apariencia.
 
Y esa nueva mujer resucitada
que abandonó la tumba del pasado,
florece en rebeldías a mi lado,
y se le asoma el alma en la mirada.
 
La timidez del hondo sentimiento
se ha deshecho en impulsos explosivos,
y ha dado libertad a los cautivos
encadenados en su pensamiento.
 
Qué encantadora y espontánea dama
ha renacido de la antigua sombra:
tan dispuesta a rodar sobre la alfombra,
como a forjar pasiones en la cama.
 
Si un tropel de canciones en revuelo
fluye de entre tus labios a mi oído,
será la melodía o el rugido
de un ruiseñor o una leona en celo.
 
Y al recibirte yo en abrazo intenso
te has de entregar como jamás lo hiciste;
pues ya tu voluntad no se resiste,
y en tu mente ya piensas como pienso.
 
Los Angeles, 2 de Abril de 1998

(Indice)







Atlas
 
De nubes y de estrellas circundado,
desnudo el torso al agitado viento,
es vibrante columna y es cimiento
del mundo en su ancha espalda encaramado.
 
Sus hombros son el capitel labrado
de la cúpula azul del firmamento;
y desde allí contempla el hundimiento
del sol muriéndose en el mar rizado.
 
Oh, cuánto a veces nos oprime el peso
del amor rutinario o moribundo
a que el cansancio al corazón condena.
 
Y el sentimiento permanece preso,
sobrecargado de su propio mundo,
e inmóviles los pies en la cadena.
 
Los Angeles, 5 de Abril de 1998

(Indice)    Ver la página de "Luminarias":  Atlas







85- Dulce amiga
 
Ni mis ojos han visto tu semblante,
ni ha vibrado tu voz en mis oídos,
y aunque tus rasgos son desconocidos,
te llevo en mí desde el primer instante.
 
Quizás a veces me verás distante,
o sentirás mis ánimos caídos;
serán ausencias, pero nunca olvidos,
porque soy para tí fiel y constante.
 
El tiempo ha transcurrido sin borrarnos
la huella que imprimió el primer encuentro,
ni extinguirnos la llama que encendió.
 
Y no podrán los años alterarnos
el sentimiento que llevamos dentro,
ni interponernos nada entre tú y yo.  
 
Los Angeles, 7 de Abril de 1998

(Indice)







Los números
 
El  1
 
Primero y predilecto,
orgulloso de estar siempre delante,
símbolo permanentemente erecto
en búsqueda del cero como amante.
 
 
El  2
 
Sobre la dura tierra arrodillada,
los brazos recogidos,
y la espalda encorvada,
murmura rezos ininterrumpidos
deslizando una lágrima callada.
 
El  3
 
Nalgas desnudas, senos descubiertos,
soñando las caricias de diez unos,
tímidos al principio, luego expertos,
y en sus avances nunca inoportunos.
 
 
El  4
 
Tres ángulos en torno de una lanza,
un hombre al que se aferran dos mujeres:
amores triangulares, alianza
de tres cuerpos y un alma, en añoranza
de noches tibias y de amaneceres.
 
 
El  5
 
La hoz amenazando los trigales
que sobre el campo el viento balancea,
asesina de talles estivales
como tiernas doncellas virginales
muertas sin el amor que las posea.
 
 
El  6
 
Acróbata invertido,
los pies en alto, en tierra la cabeza,
anhelando quizá el fruto prohibido;
en objetivo, audaz; nunca inhibido
modificando la naturaleza.
 
 
El  7
 
Resístete a morir, firme y derecho,
erguido en agonía,
con un puñal atravesando el pecho,
que los bravos no mueren en el lecho:
Mueren de pie, cuando les llega el día.
 
 
El  8
 
Doble penetración te está esperando
de un amor sin barreras,
que te habrá de abrazar sin saber cuándo;
tu cuerpo será el mar, y sus galeras
en ambos puertos estarán anclando.
 
 
El  9
 
¡Qué solitario estás, y cómo añoras
al acróbata amante!
En opuesto descenso tú le exploras,
ávida y tiernamente le devoras,
y así él te hará, febril y apasionante.
 
 
El  0
 
Elíptico reducto de placeres,
pozo sin fondo, pero no insondable,
misterio singular de las mujeres,
para los hombres nunca impenetrable.
 
Los Angeles, 7 de Abril de 1998

(Indice)







En la playa
 
La ví tendida al sol sobre la arena,
junto a las rocas del acantilado.
Avanzaban las olas
con la insistencia de un enamorado.
 
Sus ojos resbalaban en el cielo
de nube a nube en suave movimiento,
adivinando formas
que lentamente transformaba el viento.
 
Quizá unas eran monstruos
trepando lentos en azul pradera,
o montañas nevadas,
o en mares de ilusión gentil galera.
 
Es tan dulce soñar
en la apagada intimidad oscura,
los párpados cerrados, y la mente
desenlazándose de su atadura.
 
Pero es mejor la fantasía libre
de los ojos abiertos
desplegando las alas
en los sueños despiertos.
 
Recibió entre las piernas
una avanzada de aguas espumosas,
dando al vientre desnudo y a los senos
ligeras sacudidas temblorosas.
 
Las plácidas imágenes
huyeron al momento,
y eróticos deseos resbalaron
sobre su piel, con sed de ofrecimiento.
 
El sol se hundía en el azul verdoso
de las aguas del mar,
pero aún miraba con envidia el cuerpo
que sólo su calor pudo tocar.
 
Y al acercarme, una sonrisa leve
afloró entre sus labios tentadora,
y yo fui el sol y el mar y el cielo claro
cubriéndola de amor aquella hora.
 
Los Angeles, 9 de Abril de 1998

(Indice)







Apodérate de mi
 
Desnúdame de mí, filtra mi mente
de insólitas ideas,
dame un beso en la frente,
e inyecta la pasión que en mí deseas.
 
Revísteme de tí, y al acercarme
cada día al espejo,
veré tu rostro, que podrá mirarme,
pues yo no seré yo, mas tu reflejo.
 
Penetra en mi interior, fluye en mis venas
diluyéndote en mí,
y abrázate a mis  huesos, que no hay penas
que podrán subsistir contigo así.
 
Los  Angeles,  10 de  Abril de 1998

(Indice)







De noche
 
Al derramarse cada noche oscura
la soledad ciñéndola en su frío,
¿recordará mi amada que aún perdura
la flor de este amor mío?
 
Al abrazarla el sueño, acurrucada,
y desatar la mente voladora,
¿recordará nostálgica mi amada
que cierta alma la llora?
 
Al despertarse de una pesadilla
en sudores envuelta y agonía,
¿recordará mi mano en su mejilla,
y mi melancolía?