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Mayo
1998

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- 201
- Me
arrancaré los ojos para no
contemplarte,
- lavaré
la memoria para olvidar tu nombre,
- y
he de lijar mis labios, porque anoche,
al besarte,
- me
dejaron los tuyos el sabor de otro
hombre.
-
-
- 202
- He
reclamado al viento
- las
hojas que arrancó del calendario,
- para
volver mi vida a aquel momento
- malgastado
sin el ofrecimiento
- de
unir mis pasos a tu itinerario.
-
-
- 203
- Alma
de hierro, resistente al ruego,
- tan
incierta como un puñado de agua;
- yo
he de ablandar ese metal al fuego,
- y
a martillazos en
mi propia fragua.
-
-
- 204
- Guardo
mi piel para tu mano ausente,
- y
mi mano irá en busca de tu piel;
- y
con los veinte dedos, mansamente,
- nos
pintaremos detalladamente,
- siendo
a la vez el lienzo y el pincel.
-
-
- 205
- Ella
descuartizaba la esperanza
- de
sus amantes con feroz dureza,
- sin
conceder lugar a la venganza;
- dejándoles
vacía la cabeza,
- y
el corazón clavado en una lanza.
-
- Pero
un día se alzaron esos muertos,
- con
ojos de rencor a llamaradas,
- pechos
sangrantes, íntimos
desiertos,
- y
sobre ella cayeron a lanzadas...,
- y
murió con los dos brazos abiertos.
-
-
- 206
- Despierta
mis estímulos de amante,
- sal
del letargo que ata tus sentidos;
- te
quiero frente a frente, cimbreante,
- no
espalda contra espalda, ambos dormidos.
-
-
- 207
- Serán
amantes, y estarán ungidos
- de
una locura azul sin titubeos;
- no
lucharán, tendrán juegos prohibidos,
- sin
ambiciones de obtener trofeos,
- porque
tan sólo habrá muertos y heridos
- en
desafíos, justas y torneos…
- Si
el amor es un campo de batalla
- no
vencerá quien habla, mas quien calla.
-
-
- 208
- Adormecido
estuve tantos años
- que
olvidé suavidades y temblores;
- me
deslicé sin motivar rencores,
- sin
producir ni padecer engaños,
- pero
también sin recoger las flores.
-
- Mas
la campana del vivir resuena,
- y
su tañido trota el campo muerto
- estremeciendo
el alma: Estoy despierto,
- presto
a apropiarme la mujer ajena,
- y
a recoger las rosas de su huerto.
-
-
- 209
- Rojo
de sangre llevo el pensamiento
- por
el dolor de verte incomprendida
- de
quien te debe apoyo y voz de aliento.
- Ellos
no han de vivir tu propia vida;
- sigue
tu impulso, la cabeza erguida,
- amplia
sonrisa, y el cabello al viento.
-
-
- 210
- Rompe
la lluvia en sollozo
- de
innumerable lamento,
- despertando
el sufrimiento,
- y
durmiendo el alborozo.
-
- Pero
al abrirse tu rosa
- en
mis manos aquel día,
- tu
llanto fue de alegría,
- de
alegría luminosa.
(Indice)

Un
caos de minúsculas bellezas,
rotos
fragmentos de tus soledades,
arrastra
el alma en sus perplejidades
transformándola
en mi rompecabezas.
Una
tras otra encajaré las piezas
en
las curvas de tus concavidades,
armonizando
las diversidades
que
veo terminar donde tú empiezas.
Y
mis manos irán reconstruyendo
tu
paisaje interior, despedazado
por
la garra cruel de la amargura.
Y
el alma renovada, dependiendo
del
artista que la ha remodelado,
suya
será, no sólo su escultura.
Los
Angeles, 25 de Abril de 1998
Vino
hacia mí una tarde casi con titubeos
hablando
de tristezas y de simples deseos.
Flotaban
soledades en sus ojos rasgados,
y
dolores lejanos aún no cicatrizados.
Al
temblor en sus labios de dulzura
callada
con
tímidos rubores descendió la mirada.
La
tomé de la mano, fría y estremecida,
y
percibí al momento ligera sacudida.
Y
al punto esbozó leve sonrisa
acogedora,
mostrando
una apariencia más esperanzadora.
En
las últimas luces del día, caminando
bajo
los verdes pinos, la ví casi llorando.
Y
me contó su vida, y sus aspiraciones,
las
breves alegrías, las grandes
decepciones.
Isla
sola y perdida en la distancia inmensa,
como
una rosa, frágil; como un niño,
indefensa.
Me
habló de las canciones que vibran en
su alma,
de
los ruidos extraños que
perturban su calma.
De
su afán y su anhelo de tener un
amante
que
la encierre en sus brazos vehemente y
constante.
Alguien
que la susurre dulzuras al oído,
que
la arrulle despierto, que la sueñe
dormido.
Y
ella se entregaría como una flor
abierta,
con
el cuerpo vibrante y el alma
descubierta.
Hubo
un silencio triste rondando los
pinares,
inmerso
en la nostalgia de sus mudos cantares.
Se
detuvo un momento junto a la verde
orilla,
y
ocultando un sollozo, me besó en la
mejilla.
Y
sin hablar seguimos el resto del
camino,
esperando
optimistas un cambio del destino.
Los
Angeles, 26 de Abril de 1998
Año
0
Siento
emociones íntimas y extrañas
cual
si fuera invadida por un río;
nueva
vida se agita en mis entrañas,
y
el pequeño invasor es todo mío.
Año
1
Oh,
qué rosa ha nacido en mis rosales,
reflejo
de mi rostro y de mi vida,
ángel
depositado en mis umbrales
por
la mano de Dios, hija querida.
Año
6
Por
vez primera la llevé a
la escuela,
filtrándose
en un grupo bullanguero,
sin
mirar hacia atrás, ave que vuela
por
nuevo espacio, mientras yo la espero.
Año
16
Hoy
trajo a casa un brillo en la mirada
con
el misterio de la luna llena;
canta
en su risa el alma enamorada,
abriendo
un ciclo de alegría y pena.
Año
17
Anida
la tristeza en su semblante
y
el llanto fluye silenciosamente
por
el amor herido e inconstante...
¡Cómo
me sangra el corazón doliente...!
Año
18
El
hombre que la amó me la arrebata,
y
ella feliz inicia otro camino.
Yo
siento sobre mí una catarata
de
gozo y de inquietud por su destino.
Año
19
Vino
a verme. De nuevo una aureola
circundaba
su rostro enardecido;
y
al verla entrar, fue su sonrisa sola
quien
me habló de su cuerpo florecido.
Año
20
Un
ángel más desciende desde el cielo
y
aparece en su puerta una mañana;
Y
un día ha de llegar en que alce el
vuelo...
pero
esa coyuntura está aún lejana.
Año
23
¡Cómo
te ví nacer, desarrollarte,
llorar,
reir, jugar y enternecerte...
Cómo
te ví después enamorarte;
Cómo
en mí estás, amor, hasta la muerte.
Respuesta:
Llevo
en el alma la divina huella
de
tu recuerdo, madre inolvidable;
otras
pisadas hay, pero tan bella
ninguna
habrá, ni tan imperdurable.
En
tu interior un día me tuviste,
y
en
tu interior me llevas todavía.
Nunca
al pensar en tí puedo estar triste,
pues
soy tan tuya como tu eres mía.
Los
Angeles, 27 de Abril de 1998
Dos
realidades físicas unidas,
y
un sólo corazón, cuyos latidos
acompasan
los íntimos sonidos
del
alma que se niega a despedidas.
Se
interconecta el flujo de ambas vidas,
cordón
umbilical de los sentidos,
ambas
cierran la puerta a los olvidos
y
ambas lloran de la otra las heridas.
Será
cualquiera intervención en vano,
pues
ni piden ni aceptan nuestra ayuda,
y
están entrelazadas de tal suerte,
que
al tratar de operar el cirujano,
su
bisturí producirá sin duda
dos
fallecidos de una sola muerte.
Los
Angeles, 27 de Abril de 1998
Si
al extender la mano, no hay ninguna
que
con amor pueda estrechar la mía,
retornaré
al pasado en agonía,
y
me dirá el recuerdo que aún hay una.
Cuando
en mis noches de dolor, la luna
me
abandone a la sombra densa y fría,
volveré
la mirada al dulce día
en
que escuché tu voz sobre mi cuna.
Lejos
quizá estaré de tu persona,
pero
a mi lado siento tu presencia
como
ráfaga de aire refrescante.
Unico
amor que nunca decepciona,
brazos
abiertos a la confidencia,
alma
plasmada en el gentil semblante.
Los
Angeles, 28 de Abril de 1998
Lágrimas
por mi culpa derramadas,
rasgándome
la piel del sentimiento;
ni
vi la pena ni escuché el lamento,
mas
corren con mi sangre entremezcladas.
Qué
soledades nunca anticipadas
descargaron
en ella el desaliento,
pero
no retiró el ofrecimiento
de
sus pasiones íntimas, calladas.
Esperó
mi regreso inevitable
protegiendo
la luz de la esperanza
bajo
las alas negras del dolor.
Tan
firme como fuera vulnerable,
nunca
dudó a pesar de mi tardanza,
y
al llegar se me abrió como una flor.
Los
Angeles, 30 de Abril de 1998
Si
el joven que yo fuí hubiera
encontrado
la
ardiente mujercita que tú fuiste,
no
habría en tu mirada el tono triste
nacido
del amor acostumbrado.
Si
está mi corazón amordazado
y
el tuyo de rutina se reviste,
es
porque un día azul tú no viniste
y
ambos nos fuimos por distinto lado.
Si
tus brazos se encuentran inactivos,
si
en tus labios los besos no florecen,
si
el sexo duerme en soledad vacía,
es
porque un día fuimos fugitivos,
y
aquellas cosas que te pertenecen
han
de ser tuyas cuando seas mía.
Los
Angeles, 30 de Abril de 1998
Abrázame
en el pórtico del llanto,
donde
flotan de luto las banderas;
mis
lágrimas murieron agotadas,
y
quiero una vez más llorar por ella.
Pasó
el viento de largo sin ser visto,
vino
la lluvia y se perdió en la tierra,
se
consumió la lámpara en la noche,
y
se durmió la luz en las tinieblas.
Y
ella en su lecho se agostó despacio
como
el rosal sobre la tierra seca;
y
absorbió oscuridades en los ojos,
y
la palabra fue perdiendo fuerza.
Con
invisible mano fría el tiempo
borró
el color y la vistió de niebla;
mas
ni el dolor ni la desesperanza
menguaron
su enigmática belleza.
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