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Julio
1998

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219
Por
caminos insólitos bajando
siento
el agua caliente de la ducha….
¿O
son tus manos, que me están amando?
220
Te
has muerto en mí, y amortajada y fría,
careces
de la risa redentora.
Sarcófago
de olvido y apatía
recogerá
tus restos…Nadie llora.
221
Transeúnte
de tus desfiladeros
he
de medir las simas y distancias,
y
hacer a tus vigías prisioneros
en
las cumbres de tus protuberancias.
222
Mi
pensamiento al tuyo le reclama,
y
mi sentir a tu sentir requiere;
y
cada noche espero que me espere
tu
amor desnudo junto a mí en la cama.
223
Bajo
los verdes olivos
la
despojé de sus miedos,
y
tras los besos furtivos
no
hubo intentos fugitivos,
sino
ofrecimientos quedos.
224
Latigazo
de luz, trueno vibrante,
tormenta
que le arranca el eco al monte,
lluvia
sobre las olas, incesante,
eléctrica
descarga fulminante…
Eres
tú: Permanece en mi horizonte.
225
Oh,
encantadora adúltera, desciende
sobre
mí con tus ansias reprimidas
derramándose
libres, y no impidas
ese
anárquico impulso que pretende
dar
nueva dirección a nuestras vidas.
226
Quiero
enfocar mi luz en las esquinas
de
tus compartimentos interiores
para
ver las victorias y las ruinas
derivadas
de todos tus amores.
Y
aún si los pies descalzos se me
enredan
en
maraña de cardos y de abrojos,
no
habré de abandonarte, porque aún
quedan
lágrimas
incesantes en mis ojos.
227
¿Cómo
puedo tenerte tan presente
si
va mi pensamiento extraviado,
sordomudo
perdido entre la gente?
Hay
una voz secreta que me miente
insistiendo
que tú estás a mi lado,
mas
mi mano extendida no te siente.
228
Si
has de partir, arráncame la idea
que
de tu rostro llevo en mí grabada.
No
quiero que me enturbie la mirada
y
me haga verte aún cuando no te vea.
229
¿Cómo
te puedes ir si no has venido?
¿Cómo
te ausentarás sin conocerte?
¿Cómo
en tan corto tiempo habrás podido
herirme
el corazón para quererte?
¿Cómo
te sueño sin estar dormido?
¿Cómo,
sin nunca verte, puedo verte?
Cómo
quisiera percibir tu mano,
tu
voz y tu calor, amor lejano.
230
Serás
Moisés, amontonando el agua
a
ambos lados del hondo cauce seco;
o
Afrodita, surgiendo de la espuma,
húmeda
y tentadora como un beso;
o
Nereida sensual, bajo el tridente
de
Poseidón, flotando los cabellos.
En
el azul del mar veo tus ojos,
y
entre las olas tu contorno veo,
oscilante
a la luz de la mañana,
marea
de caderas y de senos.
231
No
indagues demasiado en mis desvanes
que
hay zonas que mejor será no verlas,
porque
puedes hallar entre las perlas
las
telarañas o los alacranes.
232
Si
intentas desvelar lo impenetrable,
con
llave auténtica o falsificada,
quizá
hallarás la flor, quizá la espada
desgarradora
al tajo inevitable.
233
¿Cómo
tienes el alma tan vacía,
si
yo la tengo en plenitud de amores?
¿Será
que están dormidos tus valores,
o
será que soy tuyo y no eres mía?
234
Hazte
niña pequeña en mis rodillas,
y
envuélvame el anillo de tu abrazo;
entiérrame
en el hombro las mejillas,
y
sonríe en la paz de mi regazo.
235
No
retires tu mano de mi cara,
suave
calor y cálido contacto
devueltos
en mirada dulce y clara;
quiero
firmar contigo un nuevo pacto
de
entrega permanente, no de un acto,
y
sellarle en un beso que rodara
sobre
tus ojos, boca, oído y tacto.
236
Al
cabalgar en mi corcel, no quiero
forzar
el freno al sujetar la rienda;
con
mis rodillas solamente espero
que
advierta mis deseos, y me atienda.
237
Bajo
la piel, intenso, apasionado;
sobre
la piel soy sólo sugerencias;
y
la mujer que el corazón me ha dado,
pide
que las transforme en exigencias.
238
En
concéntricas ondas expansivas,
satisfacción
y orgullo han arribado
a
las orillas de mis perspectivas,
desde
donde te veo, y me han dejado
satisfecho
de que una vez más vivas,
y
orgulloso de haberte despertado
del
letargo que trajo tu aislamiento,
para
otorgarte un nuevo sentimiento.
(Indice)

Soy
un hombre que fue, sin haber sido,
pues
la mujer que pudo ser, no fue;
por
eso estuve, estoy, quizá estaré
en
posibilidades retenido.
La
mano que me hubiera sostenido
no
me asió cuando lo solicité;
contra
toda esperanza la esperé,
desesperadamente
dolorido.
Y
los años pasaron, paso a paso,
como
el agua del río, sin retorno,
tornando
mi ventura en desventura.
Y
ahora el tiempo es escaso en el ocaso,
y
hay sólo soledad en mi contorno
que
hace oscura y sin cura mi locura.
Los
Angeles, 23 de Junio de 1998
Al
mirarte, desvías la mirada,
temerosa
de hallar en los espejos
de
mis pupilas íntimos reflejos,
opuestos
a tu próxima arribada.
Esa
imagen perdió la llamarada
que
brilló inextinguible en tiempos
viejos,
y
ahora arrastra sus pasos a lo lejos,
vagabunda
de senda extraviada.
Sumérgete
en el foso de mis ojos,
si
un día impuros, ya purificados,
entra
de frente y baja sin temor.
Romperé
de mis puertas los cerrojos,
expulsaré
a inquilinos e invitados,
y
estarás sola, libre y por amor.
Los
Angeles, 23 de Junio de 1998
¿Has
cortado el cordón umbilical
que
enlazaba tu sueño con el mío?
¿Cómo
podrán vivir con tanto frío,
sin
quebrarse sus formas de cristal?
Gira
mi mente en rápida espiral,
sin
hallarte en mi círculo sombrío;
en
tu ausencia me visto de vacío,
sin
tu voz hay silencio sepulcral.
Si
no vuelves, será la primavera
un
nuevo invierno, pesimista y largo,
y
sólo espinas brotará la rosa.
Yo
viviré expatriado en la frontera
infranqueable
del olvido amargo,
ciego
de amor en noche silenciosa.
Los
Angeles, 24 de Junio de 1998
Hazte
a la mar, intrépido argonauta,
que
marismas dormidas te aprisionan,
y
sobre el fondo oscuro del silencio
vendrá
remando una canción remota.
Iza
las velas de la fantasía,
marinero
nacido entre las olas,
que
el viento ha despertado, y se columpia
con
crujir de poleas y maromas.
Dulces
sirenas, ninfas somnolientas
sobre
la estela formarán escolta,
e
irá mi torso en desnudez salobre,
bajo
el bauprés, de mascarón de proa.
Y
en la noche agitada de borrascas
que
ahuyentan las estrellas temerosas,
yo
seré el fuego de San Telmo, ardiendo
en
el palo mayor como una antorcha.
Mi
presencia ha de ser ineludible,
junto
a tí y en tí mismo, en luz y en
sombra.
Seré
la brisa que alborote el pelo,
seré
la lluvia que el costado azota,
el
medallón pendiente de tu cuello,
en
tu oído romántica salmodia,
el
salado sabor sobre tus labios,
o
el nubarrón que sobre el agua flota.
Sin
rosa de los vientos ni astrolabio,
quizá
no sepas dónde vas…No importa.
No
es al llegar, sino al surcar las aguas
cuando
se obtiene el beso de la gloria.
Y
mi beso tendrás, perenne, extenso,
como
jamás te haya besado otra.
Los
Angeles, 26 de Junio de 1998
Ven,
leñador del bosque soñoliento
contra
la encina gris de mi tristeza,
con
absurda raigambre en la cabeza
y
en esterilidad de sentimiento.
Aplica
el hacha al tronco polvoriento
arrancando
a mordiscos la corteza,
rompe
el alma del leño, que ya empieza
a
perder en las ramas el aliento.
Desmenuza
mis miembros en astillas
para
resucitar el viejo fuego,
dormido
en las cenizas, moribundo.
Pero
si me abrazaran sus rodillas
en
oferta espontánea, sin mi ruego,
incendiaría
su pequeño mundo.
Los
Angeles , 2 de Julio de 1998
Te
llevo a mi taller de carpintero,
esculturable
bloque de madera,
reclinándote
inerte
en
lecho de herramientas.
Y
al despertar los hierros de sus fríos
sobre
tí danzarán aires de fiesta.
Suavizará
el escoplo tus aristas
a
dentelladas en sonrisa envueltas,
arrancando
el perfil de tu figura
bajo
la mano experta;
y
a
golpes de martillo,
comenzará
a fluir sangre en tus venas,
y
habrá pulso en las sienes,
y
el corazón palpitará con fuerza.
En
espiral se adentrará el taladro,
trepidante
en la carne que despierta,
en
invasión ruidosa penetrando
íntimas
zonas en labor intensa.
Y
apenas levantada de tu sueño,
despojada
del traje de madera,
por
mi destreza revitalizada,
me
pertenecerás sin resistencia.
Los
Angeles, 3 de Julio de 1998
Me
resisto a adentrarme en tus archivos
porque
hay cartas de amor que no he firmado,
respuestas
que a mi nombre no han llegado,
fantasmas
que parecen estar vivos.
Me
dominan impulsos vengativos
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