Original de
 
 
 
 
                                                                                           

 
  Tengo celos de la tierra
cuando en ella te reclinas,
cuando sobre ella caminas,
cuando tu mano la encierra.
Porque quiero en mí tenerte,
y dentro de mí llevarte,
sin que nadie tenga parte
de tí misma, ni aún la muerte.

 

 




XXIX

(Marzo 1999)

Poemas para ser leídos en voz alta
 
Información sobre el autor:

 Francisco Alvarez Hidalgo

 

Comentarios a los poemas



Breverías de marzo       

Sombra muerta
Lusy (Tríptico):

      I - Voz del más allá
     II - La amiga 
    III - El tránsito                

Los cuatro elementos        
Sin ti                               
Rapto de Europa              
Casandra                         
Antígona                          
Contraste
¿Qué será?
Aurora
Al menos
Soledad
Deseo
Luna
 

 

 

 
 

 

Breverías de marzo

 

366
Sirenas de mirada seductora,
senos desnudos, y canción perversa,
tendidas en la arena, hora tras hora,
llaman con intención conspiradora
a quien avanza sobre el agua tersa.

Oh, qué incompleto amor hubiera sido
casi abrasado al borde de las llamas
con ímpetu de amante enardecido,
y ver el vientre desaparecido
como las piernas, bajo las escamas.
 

367
¿Cómo puede correr indiferente
el agua en que te encuentras sumergida?
Si yo fuera este río, mi corriente
se detendría indefinidamente,
permaneciendo junto a tí dormida.
 

368
Alza tu falda juguetón el viento
con sus mil dedos de invisible amante
acariciando el vientre con su aliento,
y pintando de rojo tu semblante,
pero no te defiendes de su intento,
tan atrevido como estimulante.
Si el camino del viento yo siguiera,
cómo te haría mía a mi manera.
 

369
Han clavado las estrellas
en lugares tan lejanos
que no me alcanzan las manos,
y he de quedarme sin ellas.
Y a pesar de mis empeños
por conquistar su sonrisa,
se me perderá en la brisa
como tantos otros sueños.
 

370
Tengo celos de la tierra
cuando en ella te reclinas,
cuando sobre ella caminas,
cuando tu mano la encierra.
Porque quiero en mí tenerte,
y dentro de mí llevarte,
sin que nadie tenga parte
de tí misma, ni aún la muerte.
 

371
Un unicornio azul montas desnuda,
con los brazos en alto a la carrera,
ondula en libertad tu cabellera,
tiembla en los senos melodía muda:

La canción de un vaivén imperceptible
que no escucha el oído, mas la vista,
y nadie hay que a tu paso se resista
a vestirte de un beso inextinguible.
 

372
Lo que me dijo no te lo diré;
y lo que me hizo nunca te lo haré.

Ya no eres mía, aunque quizá aún me quieres;
ella es mi amante ya, tú ya no lo eres.

Tú serás un ayer, ella es un hoy,
contigo fui, pero con ella soy.
 

373
Qué creador tan singular has sido,
haciéndome brotar de tus ideas:
Salí de tí, y tú habrás conseguido
en mí adentrarte cuando me poseas.
 

374
Tu beso ha recorrido mis sentidos,
serpiente de calor y de humedades,
vertiendo su veneno en mis oídos,
indagando en el vientre oscuridades,
ya en juegos silenciosos y prohibidos,
ya bordeando en las frivolidades;
y de la rigidez a lo flexible,
no halló lugar que fuera inaccesible.
 

375
Eras roca, pura roca,
dura superficie hiriente,
y yo cincelé tu frente,
y tus ojos, y tu boca.
La mano que ahora te toca
ya no recibe una herida,
porque al darte yo la vida
he limado la aspereza,
surgiendo la gentileza
en tu interior escondida.
 
(Indice)  
 
 

 

Sombra muerta               

Mi sombra ya no puede acompañarme.
Fue tan fiel, sigilosa y persistente,
que ni el tropel confuso de la gente
jamás de ella logró desvincularme.

Cómo me ha sorprendido al levantarme
verla a mis pies inmóvil...De repente,
filtrándose en el suelo, se hizo ausente,
último amor que logra abandonarme.

La oscuridad cayó sobre mi vida,
y mi sombra, sin luz, se vió perdida,
sombra en la sombra del anochecer.

Quizá recobraré esta dulce amiga
en un albor lejano, en que consiga
el destello de amor de otra mujer.

Los Angeles, 7 de marzo de 1999      

 

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"Lusy"  (Tríptico)

I - Voz del más allá           

“Lusy”, perrita de 15 años, dormida para siempre

Abre a la luz los ojos, y encadena
las lágrimas vertidas a raudales,
que he alcanzado los campos siderales
libres de adversidad, fatiga y pena.

Nada en mi nueva juventud me frena,
porque aquí somos todos inmortales,
sin las limitaciones y los males
a que la vida en tierra nos condena.

Fue contigo magnífica mi vida;
tanto te amé, aún más en la partida,
que no has de lamentar tu decisión.

Sentí tu mano en mi último momento,
tu suspiro mezclado con mi aliento;
y al partir, me llevé tu corazón.

Los Angeles, 6 de marzo de 1999      

 

(Indice)   (Comentario)
 
 
 
 

II - La amiga               

Gipsy

He atravesado a nado el manso río
que marca de la vida la frontera,
y al punto de pisar la otra ribera
mi cuerpo ha recobrado nuevo brío.

Sobre la fresca hierba y el rocío
se respira perenne primavera,
y una recién hallada compañera
trota incesantemente al lado mío.

Gipsy durmió el postrero de los sueños
hace tres años ya, pero en sus dueños
no se han cerrado aún las cicatrices.

No nos lloréis, que no nos hemos ido.
Siempre en la noche oiréis nuestro ladrido,
y sabréis que las dos somos felices.

Los Angeles, 8 de marzo de 1999    

 

(Indice)
 
 
 

 

III - El tránsito               

Loles

¡Cómo fueron los años triturando
a duros martillazos su energía!
Y cómo me negué día tras día
a aceptar el final que iba llegando.

En sus ojos la luz se fue enturbiando
en neblina de gris melancolía,
y otra neblina en la mirada mía
desenlazada en lágrimas rodando.

Se fue serenamente, sin temores,
y una aglomeración de ruiseñores
la transportó a un palacio inmaterial;

y desde allí me observa cariñosa,
tras la cristalería luminosa
de un mágico y etéreo ventanal.

Los Angeles, 11 de marzo de 1999      

 

(Indice)
 
 

 
 
Los cuatro elementos

Si tú fueras agua, yo quisiera ser
la copa de plata que te abrazaría;
o en tus humedades me sumergiría,
íntima, adaptable, profunda mujer.

Si tú fueras tierra, yo sería el pie
descalzo y ligero que no te oprimiera;
y en tu surco haría ardiente sementera
que me diera un día lo que en tí sembré.

Si tú fueras aire, yo seré la rama
bajo tu caricia temblando en mis hojas,
y si en recio soplo de ellas me despojas,
verás que mi abrazo desnudo te llama.

Y si fueras fuego, yo he de ser el leño
que tus lenguas lamen, que tu ardor calcina,
y si mi ceniza el viento arremolina
en él dormiré el definitivo sueño.

Los Angeles, 3 de marzo de 1999            

 

(Indice)   (Comentario)
 
 

 

Sin ti

Al quebrárseme el sueño en la noche silenciosa,
se me evaden los brazos hacia donde tú estás;
pero vuelven vacíos, sin alcanzar tu rosa...
Te esperaré...¿Vendrás?

En mi peregrinaje, el sudor y la fatiga
me retardan el paso. Vuelvo la vista atrás,
con la esperanza incierta de ver tu sombra amiga...
Te esperaré..¿Vendrás?

En el mar de mis dudas me sacuden las olas
de las vacilaciones, del tal vez y el quizás;
sólo estaré seguro estando contigo a solas...
Te esperaré...¿Vendrás?

Me consumo en la noche y agonizo en el día,
porque más que acercarte parece que te vas
dejándome en el alma la percepción sombría
de que nunca vendrás.

Los Angeles, 5 de marzo de 1999        

 

(Indice)   (Comentario)
 
 
 

 

El rapto de Europa

No ví en sus ojos la violencia oscura
que al toro hermano enturbia la mirada;
sólo en ellos mi imagen reflejada,
en nítida y brillante miniatura.

Acaricié su piel de nata pura,
y dejé su testud engalanada
de guirnalda tejida a la alborada
con flores que adornaron mi cintura.

Me encaramé a la grupa, y al momento
se levantó con ágil movimiento,
y me llevó sobre el azul del mar.

Siempre hay un dios que en cada enamorado
trama la posesión del ser amado,
y yo, mujer al fin, me dejé amar.

Los Angeles, 28 de febrero de 1999      

 

(Indice)   (Comentario)

   
 

 

Casandra

En soledad, clavada de agonía,
vivo mientras la voz clama y augura,
por carecer, para mi desventura,
de credibilidad mi profecía.

Es mi palabra admonición sombría
de la amenaza trágica futura,
oída, no escuchada...Qué locura
tener a un sordomudo por vigía.

Oigo el grito de horror en cada canto,
detrás de la sonrisa veo el llanto,
y en la opulencia el fuego destructor.

¿A qué fin se me han dado estas visiones?
Soy la Sibila de las destrucciones,
considerada menos que un rumor.

Los Angeles, 2 de marzo de 1999      

 

(Indice)   (Comentario)
 
 
 

 

Antígona

Yacente sobre el polvo, al descubierto,
con la rosa de sangre marchitada
en el surco de carne que la espada
de tu hermano trazó, también él muerto.

Qué acerbas lágrimas por ambos vierto,
uno bajo la tierra en paz callada,
otro sobre la tierra desolada,
vagando el alma en gélido desierto.

Es injusta la ley si no es humana,
hermana soy antes que ciudadana,
y como tal enterraré a mi hermano.

Y a quien me acuse de desobediencia,
diré que ha de seguirse la conciencia
antes que los dictados del tirano.

Los Angeles, 3 de marzo de 1999          

 

(Indice)   (Comentario)
 
 

 

Contraste

Vengo hacia tí con ímpetu salvaje,
dejando al paso destrucción y ruinas;
me adorno de amarguras y de espinas
en la desolación de mi paisaje.

Ni hay sobresalto ni temor de ultraje
en tus ojos serenos, y caminas
con la frescura de aguas cristalinas,
y un manto de aire es tu único ropaje.

Lanzo a tu suavidad mis desenfrenos,
y me calma la ofrenda de tus senos,
que de repente me hacen agresor.

Y me amansas, me incitas, me rebelas,
me acaricias, me clavas las espuelas,
dulce mujer de impulso arrollador.

Los Angeles, 16 de febrero de 1999         

 

(Indice)   (Comentario)
 
 
 
 

¿Qué será?                           
 

Esta necesidad desesperada
de reventar el alma en primaveras;
esta germinación de sementeras
declinando en cosecha malograda;

esta imaginación atormentada
por las sombras del miedo, y las quimeras
de sueños fracasados, de barreras
en torno a una esperanza mutilada;

esta explosión del cuerpo reprimida,
esta tendencia indómita escondida,
este afán de llorar más que reir…

Unos dirán que es signo de locura,
otros que arrastro intensa desventura;
yo, que es amor. ¿Qué más puedo decir?

Los Angeles, 17 de febrero de 1999           

 

(Indice)   (Comentario)
 
 
 
 

Aurora
 
Durmió sobre la cumbre, sin testigo,
bajo un manto lunar de luz serena,
y el fresco de la noche, dulce amigo,
rondó su desnudez sobre la arena.

Y antes de amanecer se alzó del sueño
para ofrecer su piel al sol naciente,
que el primer rayo descolgó risueño
dándole un beso idílico en la frente.

Y recogió la sombra de los montes,
replegándola en valles y barrancas,
deslizando sobre los horizontes
una caricia de sus manos blancas.
 
Brilló la nueva luz en su cadera,
resplandeció en los muslos de alabastro,
se fue haciendo su forma más ligera,
y desapareció sin dejar rastro.

Los Angeles, 17 de febrero de 1999           

 

(Indice)   (Comentario)
 
 
 
 

Al menos 

No he venido al azar, vengo a buscarte,
mas no me interpondré entre tí y tu esposa;
sólo un momento, al deshojar mi rosa,
querré de su regazo arrebatarte.

Condenada la mente está a pensarte,
y el corazón sin ti jamás reposa;
y esta carne febril, voluptuosa,
se ha de morir si no logro abrazarte.

No he de desarraigarte de tu estado,
que es una vida entera que te ha dado,
y para tí no soy más que un suceso.

Toda una oferta soy, dame una noche,
que al alba partiré sin un reproche;
mas si esto es mucho, al menos dame un beso.

Los Angeles, 18 de febrero de 1999           

 

(Indice)   (Comentario)
 
 
 
 

Soledad  

Aprisionado estoy, y apenas vivo
bajo muda campana de cristal,
limitado a mi mundo irracional,
aparte de otro mundo insensitivo.

De mi imaginación soy el cautivo,
aguardando tan sólo tu señal,
pero tan pronto llegas a mi umbral,
tu pie se hace ligero y fugitivo.

Ven, rompe esta barrera a martillazos,
déjame refugiarme entre tus brazos
y desvanéceme la soledad.

Que no quiero vivir de esta manera;
dame tu intimidad de compañera,
y la encadenaré a mi intimidad..

Los Angeles, 19 de febrero de 1999            

 

(Indice)   (Comentario)
 
 
 
 

Deseo

Flamear de ondulada cabellera
izando la cabeza en roja nube;
una marea de calor te sube
bajo la piel de lirio viajera.

Cierras los ojos y lo ves al lado;
abres los ojos y lo ves ausente;
y decides cerrarlos nuevamente,
y abandonarte entera a su cuidado.

La palma de una mano ilimitada
tiembla sobre tus senos extendida,
y un árbol de raíz estremecida
en tu interior propaga su enramada.

En el vientre, en los brazos, en el cuello,
un despertar de frutos suculentos
desata el hambre de los sentimientos,
en confuso y erótico atropello.

Seca la boca, ahogada del gemido,
es incapaz de pronunciar su nombre;
ni voz ni rostro tiene, es sólo un hombre,
sólo una sombra en un placer prohibido.

Cómo te resquebrajas del deseo,
en soledad, sin recibir ayuda;
ofrenda de mujer, toda desnuda,
Julieta solitaria, sin Romeo.

Los Angeles, 23 de febrero de 1999        

 

(Indice)   (Comentario)
 
 
 
 

Luna

-Ven, cazadora de estrellas,
sobre mi sueño despierto,
susurrando melodías
de manantiales y vientos,
desplegando alas de sombra
con plumas de hondo silencio.
Entreteje una guirnalda
íntima de pensamientos
y cíñela como un manto
alrededor de mi cuerpo.
Ven en la noche discreta
cuando duermen los espejos,
que no quiero que te miren,
ni te multipliquen ellos...

Rueda el disco de la luna
salpicando los almendros
de caricias luminosas,
empalideciendo el cielo.

-Ven hacia mí, cazadora
de los bosques de misterio
donde trepidan las sombras
sin rumores y sin ecos.
Con mis párpados vestidos
en oscuridad te espero,
temblando bajo la piel
el alma de terciopelo.
Dispara rayos de plata
con suavidades de beso,
que hay un haz inagotable
en tu aljaba prisionero.

Luna atrevida y coqueta,
de largos tibios cabellos,
peinados entre las ramas
y entre las ramas dispersos.
Llueve en mi penumbra, roza
sobre mi carne tus dedos,
vísteme de luz, y cubre
esta desnudez que tengo.
Quédate conmigo, luna,
que se ha nublado el sendero,
y se traban mis tobillos
en la serpiente del miedo.

La luna me dio la mano,
ya no me importa estar ciego.

Los Angeles, 24 de febrero de 1999        

 

(Indice)   (Comentario)

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Comentarios a los poemas


 
Sombra muerta:

No hay amor más fiel que el de nuestra propia sombra, que nunca nos abandona.
O así lo parece. En realidad, podría decirse que sólo nos acompaña en los
momentos brillantes. Cuando la oscuridad desciende sobre nuestras vidas,
desaparece de nuestro lado, y nos sentimos más solos que nunca.
Pero siempre con la esperanza de que vuelva a aparecer
en mejores tiempos.
 

(Volver al poema)



"Lusy"

Este tríptico de sonetos se refiere a la muerte de una perrita
que fue la fiel compañera de una buena amiga mía durante una
gran parte de su vida.
Cuando llegó el momento de decidir poner fin a su vida, una inmensa
tristeza se apoderó de Loles. Casi podría decir que su propia vida
carecía de sentido sin la compañera de tantos años.
Sin embargo, nuestros perros y nuestros gatos, aunque aparentemente
nos dejen, parece que siempre permanecen a nuestro alrededor, o que
nos contemplan desde ese paraíso animal en que sin duda habitan.
Mi propia perra, Gipsy, murió hace algo más de tres años, y estoy
seguro de que ahora corre, juega, salta, y ladra con Lusy en ese
misterioso reino del más allá.
De estos tres sonetos, el número I y el número II reflejan los sentimientos
de Lusy, y el número III está compuesto desde el punto de vista de su
ama y amor, Loles.
 

(Volver al poema)



Los cuatro elementos:

Los primitivos filósofos griegos consideraban que todo estaba
compuesto de los cuatro básicos elementos, agua, tierra, aire y fuego.
En este poema los cuatro elementos son relacionados con el amor a una mujer.
El tipo de verso escogido es el dodecasílabo, poco corriente,
con doce sílabas, dividido en dos hemistiquios de seis sílabas
cada uno, que le dan más musicalidad.
 

(Volver al poema)



Sin ti:

El amante, alejado de la amada, (o viceversa), anhela su llegada, aunque no está
muy convencido de que llegará. Hay una gran soledad inevitable en sus palabras.
 

(Volver al poema)



El rapto de Europa:
0
En la Mitología griega, Europa era una princesa que salió a la playa
con algunas amigas una mañanita soleada. Un toro enteramente
blanco apareció, de una gran belleza y mansedumbre, y las muchachas
comenzaron a acariciarlo y adornarlo de flores.
Europa, más atrevida, saltó sobre la grupa y el toro se levantó
y se la llevó sobre el agua hasta la isla de Creta.
Naturalmente bajo el disfraz del toro se hallaba la figura de Zeus,
el padre de los dioses, que con frecuencia adoptaba las más extrañas
formas para seducir a las más bellas mortales.
 

(Volver al poema)



Casandra:

El mito de Casandra es uno de los más tristes y trágicos de la Mitología.
Apolo, enamorado de esta doncella, le concedió el don de la profecía.
Cuando Casandra se resistió a su conquista, Apolo no pudo retirar
el don concedido, pero lo trasformó de manera que, aunque sus
profecías reflejaran siempre la verdad, nadie las creería.
Y así tragedia tras tragedia, la destrucción de Troya, la muerte de
Agamenón, etc, fueron anunciadas por ella pero nadie la tomó en serio.
 

(Volver al poema)



Antígona:

 

Hija de Edipo, rey de Tebas.
Es el símbolo del amor fraternal que no se detiene ante
la injusticia de las leyes. Sus dos hermanos, Eteocles y Polinicio,
se repartieron el gobierno de Tebas, en años alternos.
Al final del primer año Eteocles rehusó dejar el gobierno
a su hermano, como se había pactado. Polinicio se expatrió,
organizó un ejército y se dirigió contra Tebas.
Ambos hermanos lucharon y ambos murieron el uno a manos del
otro. El nuevo gobierno de la ciudad decretó que se diera
sepultura a Eteocles y se dejara expuesto el cuerpo de Polinicio,
por traidor a la patria. Pero Antígona desafió la ley injusta y le dió
sepultura, siendo condenada por su acción a ser encerrada en una cueva.
 

(Volver al poema)

 

 

Contraste

Un hombre con un pasado turbulento se enfrenta a una
delicada mujer, que se le ofrece espontánea y voluntariamente.
Sus impulsos, más bien rudos y hasta quizá violentos, son
suavizados y a la vez espoleados por la dulzura de la mujer,
que aunque aparece revestida de serenidad y armonía, posee
la capacidad de levantar remolinos en su alma.
 

(Volver al poema)



¿Qué será?

Definición del amor, como fuente de fuerzas
explosivas interiores.
 

(Volver al poema)



Aurora

Esos breves momentos que preceden al alborear de un
nuevo día. La aurora es como una dama dormida en la cumbre
de una montaña, aguardando la aparición de un nuevo sol, cuyos
primeros rayos la envuelven y a medida que el sol se levanta,
la hacen palidecer y finalmente esfumarse.
 

(Volver al poema)



Al menos

Una mujer enamorada de un hombre casado. Ella nunca pretenderá
destruir su vida, sea o no feliz. Reconoce la seriedad de la situación y
la acepta. Pero aspira a una entrega total, aunque tan sólo sea una vez.
Sin exigir nada a cambio. Si esto no fuera posible, un simple beso
depositaría en su alma un recuerdo imborrable.
 

(Volver al poema)



Soledad

El amante parece aislado de cuanto lo rodea. Nada parece tener sentido.
Siempre a la espera de la amada. Cuando ésta llega a su vida, parece
alejarse tan pronto como vino. Efímeros amores. Sólo ella, con su
intimidad de compañera, será capaz de librarlo de la prisión en que
parece encontrarse.
 

(Volver al poema)



Deseo

Esta mujer desnuda, con la cabeza inclinada hacia atrás y su roja
cabellera alborotada en cascada, parece tener bajo la piel un árbol de
profundas raíces que crece incesantemente haciéndola vibrar.
Siente la presencia de un amante indefinido, carente de rostro, y
a él se entrega en su soledad.
(Véase la lámina de "Erótica")
 

(Volver al poema)



Luna

En la magia de la noche callada, el caminante invoca a la luna,
que se presenta como compañera, presta a iluminar el camino desconocido.
 

(Volver al poema)



  (Indice)