Original de



 
La máscara tal vez de una pantera
que no puede ocultar su fiero instinto.
Oh, la belleza inmóvil de la fiera,
la fiereza sutil que bien pudiera
unir amor y muerte en su recinto.

XLIII
-
(Marzo 2000)
 

Poemas para ser leídos en voz alta

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Comentarios a los poemas-     


 




Breverías de Marzo  -(540-551)
Cansancio             
Ojos cerrados          
El toro                   
Alzheimer              
Seis meses               
Existencia y vida     
Nuevo mar               
La rosa                   
Nadie te ve             
Bajo la lluvia          
Llanto                   
Cybermujer           
Intima contienda     
Sé mi paisaje         
El Amor                
Silencio y lejanía    
Inspiración            
 


540
La máscara tal vez de una pantera
que no puede ocultar su fiero instinto.
Oh, la belleza inmóvil de la fiera,
la fiereza sutil que bien pudiera
unir amor y muerte en su recinto.
 
 
541
El amor puede llegar
cuando menos lo pensemos;
y es necesario que estemos
en el preciso lugar.
 
Que el barco de la ilusión,
al fondear en el puerto,
te halle junto al mar, despierto,
no dormido en la estación.
 
 
542
Relámpagos se cruzan en el alma indefensa
cuando el son de tu nombre repercute en la mente;
estallido de luces; pero tiniebla densa, 
rodea los sentidos, que te extrañan ausente.
 
 
543
Debes llamar a golpes de puños o de mazo,
que tus dedos de luna no alertan mis oídos;
llama con el estruendo de arrebatado abrazo,
y el estremecimiento de placeres prohibidos.
 

544
Tu amor no ha fallecido de causas naturales;
murió como se extinguen las llamas de la hoguera,
consumidas al borde de la última madera:
la indiferencia tiene consecuencias mortales.
 
 
545
Tuvo palabras descuartizadoras,
y me hallo dispersado en tantas piezas…
Ven y organízame el rompecabezas
que me dejaron tan amargas horas.
 
 
546
Miro sus ojos y tu imagen veo,
oigo tu voz cuando procura hablarme,
y al venir su desnudo abrazo a amarme,
tú eres mi posesor, y a quien poseo.
 
 
547
He llegado al confín de la fatiga
y no recuerdo cómo se descansa;
tal vez con abandono lo consiga,
como hoja verde sobre el agua mansa.
 
Pero quizá me arrastre la corriente
turbando su revuelo mi sosiego;
dormiré los sentidos y la mente,
y la luz dormirá, y dormirá el fuego.
 
 
548
Ciegas pupilas que sin ver me miran,
que en otro tiempo sin mirar me vieron,
hoy como ayer las veo yo, y me inspiran,
pues para mí son hoy como ayer fueron.
 
 
549
Ven, que la primavera ha florecido
y el almendro de novia se ha vestido.
Los tulipanes abren sus turbantes,
hay cantos en el aire, y los amantes
retozan en la hierba. Ven conmigo
y sé sobre esa hierba más que amigo.
 
 
550
Al desesperezarse la mañana
del fatídico, gris, último día,
que otros teman la muerte tan cercana,
tú estarás junto a mí, de nuevo mía.
 
 
551
Traficantes de mujeres
asiduamente a mi puerta,
con su mercancía experta
en rutinarios placeres.
Vacíos amaneceres
seguirán a la costumbre.
Yo prefiero que me alumbre
el fulgor de tu mirada,
y al arribar la alborada
gozo habrá, no pesadumbre.
 
(Indice) 

 

 
 
Cansancio
 
Ay, que tus alas negras me hielan y me arañan,
tu volar es descenso que apenas reconoces,
te abrazan las tinieblas, tus temores te engañan,
y es tu silencio un muro que no quiebran mis voces.
 
Ay, fatiga del alma, extenuante fatiga,
de imprevista llegada, sin razón aparente,
que ni el humor aplaca ni el afecto mitiga,
por parecer el mundo tan vacío y ausente.
 
Ay, las vidas que llaman sin cesar a la lucha,
el desgaste sufrido en batalla tras batalla,
y la razón explica, y el corazón no escucha,
y ante el oído sordo la palabra al fin calla.
 
Ay, la angustia que cubre nuestro campo de escarcha,
sin que la mente pueda definir los motivos,
forzándonos a absurda y agotadora marcha,
como el judío errante, perennes fugitivos.
 
Los Angeles, 13 de marzo de 2000
(Indice)       (Comentario)

332 - Ojos cerrados
 
Tanto color mis ojos absorbieron
que cayeron sin ver, alcoholizados;
y no puedo decir si están cansados,
o en su propia embriaguez se adormecieron.
 
No se quieren abrir; interrumpieron
la indagación, y viven encerrados
tras párpados tan densos, tan pesados,
que las luces de ayer obscurecieron.
 
No veo el exterior, pero en mí mismo
me hallo colgado al borde de un abismo,
hipnotizándome su oscuridad.
 
¿Quién me sacudirá de este letargo?
Que este sueño sin sueños es muy largo,
y quiero contemplar la realidad.
 
Los Angeles, 13 de marzo de 2000
(Indice)       (Comentario)

333 - El toro
 
Bravo toro, criado en la dehesa
en ficticia impresión de libertad;
negros ojos en calma, hostilidad
de cornamenta que el ramaje besa.
 
Azar fatídico sobre ti pesa,
vida en el campo, muerte en la ciudad,
combate sin victoria, majestad
hundida en sangre, estoque que atraviesa.
 
Así ella ha de caer sobre mi arena,
tras sutil escarceo en la faena,
sus pitones rozándome al pasar.
 
Y al momento final, firme la espada,
hasta la empuñadura perforada,
con fiero impulso se le oirá bramar.
 
Los Angeles, 16 de marzo de 2000
(Indice)       (Comentario)

Alzheimer
 
A todos aquellos afectados por esta 
devastadora enfermedad.

Fluyó mi vida toda amarrada a la memoria,
dos cauces paralelos, idéntica premura,
días de abatimiento tras momentos de euforia,
fases de extravagancias, etapas de cordura.
 
De cada instante, un ágil, indeleble retrato
se incorporó a los muros de mi pinacoteca;
por cada cuadro un libro de prolijo relato
subió a los anaqueles, durmió en mi biblioteca.
 
Y volví tantas veces al trote de los años
a mirar las escenas de otro tiempo y lugar,
evocando ilusiones, amores, desengaños,
como si tal pasado fuera a resucitar.
 
Pero una densa nube se ha internado en mi mente,
sembrando el campo abierto de lagunas de olvido,
y hay horas en que vivo perdido en el presente,
y horas en que el pasado se me ha desvanecido.
 
Soy un buque fantasma flotando a la deriva,
roto el timón, sin velas, y sin piloto a bordo;
se me hace cada imagen oscura y fugitiva,
ajeno a los recuerdos, a los coloquios sordo. 
 
La luz de la mañana me revela en la almohada
la sedosa caricia de tu rostro risueño,
y no te reconoce mi mente extraviada,
como si despertara sin recordar el sueño.
 
Los lúcidos momentos devienen más escasos,
mientras desciendo a un pozo cada vez más sombrío;
un pozo que devora victorias y fracasos,
y me arranca el pasado, dejándome vacío.
 
Y mis ojos que un día absorbieron la belleza,
e irradiaron destellos airados o afectivos,
hoy inmóviles miran, perdida la viveza,
muerta su muda lengua, vidrios inexpresivos.
 
Si pudiera estar triste, si la angustia me hiriera,
si el dolor palpitara sangrante por la herida…
pero todo está muerto dentro de mí, y por fuera
sólo un remedo queda de lo que fue la vida.
 
Los Angeles, 17 de marzo de 2000
(Indice)       (Comentario)

330 - Seis meses
 
En seis días, amor, habrás partido,
arrancando de cuajo cuanto tengo;
no sabré dónde estoy, de dónde vengo,
a dónde iré, ni si te habré perdido.
 
¡Oh deleitable amor, fruto prohibido!
¿Cómo en mis labios húmedos retengo
tu sabor agridulce, y no detengo
tu irremediable marcha hacia el olvido?
 
Vine en fieros deseos, mas confieso
que volvería sólo por un beso,
y por verte dormir al despertarme.
 
Seis meses pasarán, como estos días,
y al converger tus huellas con las mías,
¿podrán tus ojos identificarme?
 
Los Angeles, 4 de marzo de 2000
(Indice)        

Existencia y vida
 
No reconquistaremos los años malgastados
en las arduas tareas de la supervivencia;
manos encallecidas y torsos encorvados
más que vivir la vida remolcan la existencia.
 
Abre el labriego el surco, lo riega de sudores,
lanza a voleo el trigo, desde el alba al ocaso,
y es víctima inocente del tiempo y sus rigores,
que transforman su esfuerzo en lamentable fracaso.
 
Amarrado a la tierra, ni ve la nube clara,
ni oye el canto del ave, ni el murmullo del río,
ni el verdor de la fronda o la perenne algazara
de la naturaleza; sólo el trabajo frío.
 
El cántico de hierro del martillo moldea
con su voz creadora en la fragua los metales,
y los templa en el fuego, y al yunque los golpea
con el ritmo salvaje de fieros atabales.
 
Y al extenderse el humo por el recinto oscuro,
arrastrándose el tiempo con tic tac implacable,
las sonrisas del día se estrellan en el muro,
ignorando el herrero su caricia entrañable.
 
Curva sobre la mesa su espalda el funcionario
y entierra mente y manos en áridos escritos,
esclavo de las reglas, cautivo del horario,
supeditado a insípidas fórmulas y ritos.
 
Y prosiguen los días, se suceden los años,
en letárgica marcha, rutinaria costumbre,
sin relevo de ideas, sin paisajes extraños,
sin emerger sus hombros entre la muchedumbre.
 
Y tantos de nosotros, infelices labriegos,
oscuros proletarios, burócratas apáticos,
derrochamos la vida, mudos, sordos y ciegos,
con pasiones inertes y conceptos dogmáticos.
 
Se está forjando en bronce monumental campana
que agrietará los muros con tronador tañido,
y hará germinar raudo un insólito mañana
resucitando al muerto, despertando al dormido.
 
Y aprenderemos todos a valorar la vida
dando impulso al momento febril y vehemente,
besos, rosas e ideas, el alma estremecida,
la mano acariciante y el gesto sonriente.
 
Los Angeles, 7 de marzo de 2000
(Indice)       (Comentario) 

331 - Nuevo mar
 
Un océano en calma, azul verdoso,
bajo tus párpados he descubierto.
¿Me ofrecerás en su ribera un puerto
donde mi alma agotada halle reposo?
 
De otro mar vengo, oscuro, borrascoso,
en cuya soledad me juzgué muerto;
pero hoy, aquí, contigo, estoy despierto,
inmerso en tu reflejo luminoso.
 
Obstrúyanme la vista del pasado
tus nubes de perfil algodonado,
que no se vuelve a lo que no se ve.
 
Y sólo surcaré tus aguas claras,
mar que de tantos mares me separas,
y en tu dársena sólo fondearé.
 
Los Angeles, 8 de marzo de 2000
(Indice)       (Comentario) 

La rosa
 
"Digas tú, el marinero
que en las naves vivías,
si la nave, o la vela, o la estrella
es tan bella."  (Gil Vicente)
 
Hablo a los caminantes
de recónditas rutas escondidas,
que huyendo las estepas flameantes
las volvieron a ver reverdecidas.
 
Y al diestro marinero
dibujando en el agua fugaz huella,
y leyendo en la noche el derrotero
en el lejano brillo de la estrella.
 
Y al indeciso con temor del gozo,
sus gemidos de amor amordazados,
y al audaz, ignorante del sollozo,
sus deseos en flor amotinados.
 
Hablo a los emisarios
de la sensualidad y la armonía,
de quienes siguen ímpetus contrarios
viviendo en realidad y en fantasía.
 
Los que habeis presagiado la belleza,
quienes habeis llegado a disfrutarla,
cuantos en soledades y tristeza
sólo habeis conseguido imaginarla.
 
Decid si en vuestra mente, en vuestro entorno
una rosa tan bella ha florecido
como la rosa con que yo me adorno,
y que entre tantos otros me ha elegido.
 
Los Angeles, 9 de marzo de 2000
(Indice)       (Comentario) 

Nadie te ve
 
Nadie te ve, mujer enamorada,
como te he visto yo, como aún te veo,
desbordante de luz, y engalanada
del atavío rojo del deseo.
 
Nadie te ve, mujer, porque te ocultas
bajo semblante de serena calma;
mas yo ví las borrascas que sepultas
en los fondos recónditos del alma.
 
Nadie te ve, mujer, tal como eres,
te ven como deseas que te vean:
Sobria en derechos, rígida en deberes,
y principios que nunca titubean.
 
Nadie te ve impulsiva y soñadora
como te ví, como te amé aquel día
en que olvidaste el porte de señora
para estallar en fiera fantasía.
 
Nadie ve el natural voluptuoso
bajo el marco social encadenado,
ni los hijos, los padres, o el esposo
que existen, más que viven, a tu lado.
 
Pero yo he visto en la naturaleza
volcanes que juzgamos extinguidos,
y un día su furor se despereza,
en orgía de fuego y estallidos.
 
Y quienes a su sombra establecieron
sus campos de cultivo y sus poblados,
lamentarán que nunca percibieron
esa voz que clamó a gritos callados.
 
Los Angeles, 28 de febrero de 2000
(Indice)       (Comentario) 

Bajo la lluvia
 
Pardo el campo y las nubes.
Llueve.
Se entristece la tarde.
Duerme
el bullicio de voces infantiles.
Palidecen
las farolas de rostros ovalados
que al brillo no se atreven.
La calle está vacía.
Nadie viene.
Nadie va; sólo el agua
que a borbotones vierten
los canalones, y que distribuye
turbias caricias a los desniveles.
Un revuelo a lo lejos
de paraguas oscuros que se pierden
en zaguanes y esquinas,
precipitadamente…
 
Y tú, descalza,
con la única sonrisa que florece
en esta tarde mustia
de tonos grises que a la noche mueren;
sin evitar los charcos, jubilosa,
chapoteante tu zancada breve.
Los brazos extendidos, un zapato
colgando en cada mano, alta la frente,
absorbiendo las gotas, que acarician
el rostro y se sumergen
en la blusa entreabierta,
rodando entre los senos, y se extienden
como un tropel de diminutos dedos
exploradores de la piel del vientre.
 
Y giras, bailarina,
como quien obedece
al ritmo de una música callada,
que sólo escuchas tú, sólo tu sientes.
 
Viejas decrépitas tras las ventanas
contemplan y no entienden.
Perdieron hace tiempo la locura
que el corazón en libertad mantiene.
 
Danza, vuelve a saltar, caracolea,
con fiera intensidad, sin detenerte,
con el atrevimiento
de la mujer que afronta lo que quiere.
 
Los Angeles, 29 de febrero de 2000
(Indice)       (Comentario) 

327 - Llanto
 
Almas de acero no saben llorar:
Alzan, hunden, embisten o critican;
lágrimas que no asfixian, purifican;
no las reprimas, déjalas rodar.
 
Son las sonrisas notas del cantar
de la vida, campanas que repican;
pero el llanto es silencio, en él se explican
soledades, tristezas, y pesar.
 
Tiene el dolor más hondas las raíces
que el júbilo, y así los infelices
sienten con más severa intensidad.
 
Si sentir es vivir, quien se enamora,
que tanto más, cuanto más ama, llora,
será quien tenga vida de verdad.
 
Los Angeles, 1 de marzo de 2000
(Indice)       (Comentario) 

328 - Cybermujer
 
Mujer sin rostro, un día aparecida
como la percepción de un sentimiento,
ansia pletórica de ofrecimiento,
imagen nebulosa, indefinida.
 
Luego vibró tu voz, estremecida,
y la risa nerviosa, y el intento
de entremezclar tu aliento con mi aliento
en otro ambiente que llamamos vida.
 
En el mundo irreal que nos rodea
no somos más que una incorpórea idea
con feroz avidez de ser tangible.
 
Y aunque al fin vi hoy tu rostro en la pantalla,
no es menos elevada la muralla
que te hace en la distancia inaccesible
 
Los Angeles, 1 de marzo de 2000
(Indice)       (Comentario) 

329 - Intima contienda
 
Cálida carne alzada en pie de guerra
presta a luchar a pecho descubierto;
el torreón tiene el postigo abierto,
es hora de avanzar sobre la tierra.
 
Enhiesta lanza que la mano aferra
asesta al adversario golpe experto,
yaciendo malherido, mas no muerto,
y en la incisión de nuevo el arma entierra.
 
Se firma rendición sin condiciones,
que donde hay voluntad sobran razones,
en diplomacia de conformidades.
 
Hay en la tregua justas y torneos,
y tras la insurrección de los deseos
ambos reanudan las hostilidades.
 
Los Angeles, 1 de marzo de 2000
(Indice)       (Comentario)

Sé mi paisaje
 
La montaña es inmóvil, receptiva,
abrazo acogedor y consistente;
bajo la nieve de diciembre, aún viva,
bajo el fuego de agosto, resistente.
 
Sé para mí montaña que me apoye,
que me sostenga si me debilito,
sé el eco de mi voz, que cuando se oye
pueda pensar que en tu interior habito.
 
La torre es sólida, y entre sus muros
vibra vitalidad invulnerable,
centinela embozado en aires puros,
al apremio y la calma imperturbable.
 
Sé torre para mí, siempre a la escucha
de la tribulación y la emergencia,
seguridad en medio de la lucha,
y estímulo contra la indiferencia.
 
El lago es el espejo del paisaje,
introspectiva placidez serena
entre los verdes y oros del follaje
que sobre el agua agita su melena.
 
Sé lago para mí, dame un presente
desnudo de avidez, de calma lleno,
que estoy cansado ya de ser torrente;
déjame descansar sobre tu seno.
 
Los Angeles, 21 de febrero de 2000
(Indice)       (Comentario) 
   

El Amor
 
“Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de fermosura.” 
(San Juan de la Cruz)
 
En búsqueda he salido de ese amor de leyenda
jinete sobre un sueño radiante, arrollador;
y he preguntado a todos al borde de la senda,
al arroyo y al árbol, a la brisa y la flor.
 
El arroyo ha seguido su curso indiferente,
no ha interrumpido el árbol su requiebro liviano
de la brisa coqueta que entre las ramas miente,
y la flor…se ha dormido silenciosa en mi mano.
 
Y he partido de nuevo, íntegra la esperanza,
con el mismo objetivo, la misma interrogante;
y cuanto más mi paso por el camino avanza,
más difícil parece mi meta, y más distante.
 
Una mujer se cruza, labrando una sonrisa,
y al preguntar si acaso al Amor ha encontrado,
balancea sus curvas, como hiciera la brisa,
frívola y seductora, yéndose de mi lado.
 
Llega un hombre seguro de sí mismo, y le digo:
“¿Escuchaste sus ruegos? ¿Percibiste su aroma?”
Y su voz vacilante, casi un sollozo: “Amigo,
ni sentí su presencia, ni conozco su idioma”.
 
Me rozó con sus frías alas el desaliento,
y no supe, indeciso, si seguir o volver,
cuando vi entre la fronda el íntimo ofrecimiento
que a un joven de sí misma le hacía una mujer.
 
Circulando en la sangre, pensé, de estos amantes
descubriré el conjuro del amor duradero;
pero aprendí que no eran sino dos caminantes
brevemente reunidos en el mismo sendero.
 
¿Dónde estará, me dije, ese amor inefable,
que obsesiona y eleva, que conmueve y excita,
ese amor tan intenso, tan fiel e inagotable,
que todo lo comprenda, que todo lo permita?
 
Y el susurro del viento me acarició el oído,
produciendo una mezcla de dulces sinsabores:
“Risa, lágrimas, gozo, desengaños, olvido…
No hay un Amor, amigo, sino tan sólo amores.”
 
Los Angeles,  22 de febrero de 2000
(Indice)       (Comentario) 
  

Silencio y lejanía
 
Vino, me amó y partió; dejó a su paso
plenitudes, placeres y vacíos;
se perdió como el sol en el ocaso,
como se pierden en el mar los ríos.
 
Ha de tener el sol otra alborada,
y aunque el río se va, también se queda;
pero de aquella fiera llamarada,
ni el recuerdo quizá en su mente rueda.
 
Mantúvose en silencio y lejanía
como quien duerme en brazos de la muerte;
y yo permanecí esperando el día
en que de nuevo su alma se despierte.
 
Y si al abrir sus ojos al pasado
se detienen en mí por un momento,
tal vez vuelva su amor arrebatado
a producir un nuevo ofrecimiento.
 
Y aquí estaré, en deseos y temblores,
sin recriminaciones, ni exigencia,
para dar nueva vida a aquellas flores
que a punto estuvo de agostar la ausencia.
 
Los Angeles, 25 de febrero de 2000
(Indice)       (Comentario) 
  

Inspiración
 
La inspiración es espontánea y firme;
sin anunciarse ni pedir horario
viene al encuentro caprichosamente,
imprimiendo en la mente recio impacto;
y no deja tarjeta de visita;
llega, toca y se va, ligero el paso.
Sin dirección postal; no se rastrea
su camino hacia atrás; su itinerario
es incierto, inseguro, imprevisible;
nadie puede tomarla por asalto.
 
No se va en búsqueda de la belleza,
simplemente aparece a nuestro lado.
 
La percepción de cuanto nos rodea
a través de la vista, oído y tacto,
nos llega en sensaciones inseguras,
ilógico, quizá disparatado.
 
No producen los dedos melodía,
la melodía nos la da el piano.
Las lágrimas no nacen de los ojos,
sino del corazón atribulado.
Y tanto que tenemos, lo tenemos
más porque se nos da que por ganarlo.
 
La inspiración es una grácil ninfa
cabalgando desnuda un hipocampo,
un unicornio azul en campo verde,
entre el mar y las nubes un pegaso.
 
No vamos a ella, viene ella a nosotros
en su propio momento, que ignoramos;
como el amor, callado y subrepticio,
será nuestro deber anticiparlo.
Porque si llama a nuestra puerta un día,
y no la abrimos, pasará de largo.
 
Los Angeles, 25 de febrero de 2000  
(Indice)       (Comentario) 
 
 
 

 

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Cansancio:

Bueno, uno de esos momentos que todos tenemos de vez en cuando, 
a veces causado por algo o por alguien, y a veces sin saber por qué. 
El problema no es tenerlos, sino tenerlos con exceso o con demasiada frecuencia, 
y no tener las fuerzas suficientes para sobreponerse a ellos.

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Ojos cerrados:

A veces es tanto lo que asimilamos, tanta belleza, que casi nos incapacita para actuar, 
y es como si cayéramos en un letargo. 
Y quizá nos encerramos en nosotros mismos, ignorando el mundo exterior. 
Y necesitamos de alguien que nos ayude a salir de nuestro encierro.

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El toro:

Nunca fui un fanático de la tauromaquia, sólo un poco aficionado. 
Aunque en las discusiones nunca adopto la posición del toro, 
como lo hacen con frecuencia los espíritus sensibleros anglosajones. 
Pero hay quien sugirie la semejanza entre la estrategia de la corrida de toros 
y la del amor, con los escarceos de la capa. los pases, y la estocada final.
Claro que el desenlace en el amor es menos violento y no es definitivo.

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Alzheimer:

La inspiración de este poema surgió al escuchar en la radio una entrevista 
con una persona que sufre de este mal. 
Aunque es prácticamente imposible que una persona así pueda coordinar 
sus pensamientos de una forma lógica, traté de situarme, 
como tantas veces lo he hecho en otras ocasiones, en el lugar de la persona afectada.
Alzheimer’s es una enfermedad progresiva, degeneradora del cerebro, 
que causa dificultad en comunicarse, recordar, pensar y razonar. 
La comunicación se hace cada día más difícil, a medida que la persona afectada 
se desespera por encontrar palabras, concluir pensamientos o seguir direcciones.
 La mayoría terminan incapaces de cuidarse a sí mismos, 
poniendo una tremenda carga en quienes les rodean.
En USA hay unos cuatro millones de personas afectadas por esta enfermedad, 
y más de 20 millones tienen algún miembro de la familia que la sufre.

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Existencia y vida:

Es un tema que he tocado en numerosas ocasiones, 
aunque sólo de una forma circunstancial. En este poema lo abordo de frente: 
La existencia que llevamos y la vida que deberíamos llevar. 
Agotamos una gran parte de nuestro tiempo en las rutinas diarias, 
y dejamos pasar los meses y los años. Esas tareas son necesarias, 
pero no hasta el punto de relegar a segundo plano el disfrute de la vida, 
que se nos escapa entre los dedos.

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Nuevo mar:

El mar es una parte importante en mis poemas. 
No por haberle dedicado ninguno en especial, sino porque aflora constantemente en ellos. 
En este soneto los ojos de ese/a amante ofrecen una evocación del mar, 
no sólo por el color, sino por las incidencias en que la vida de uno de ellos 
se ha realizado y por el propósito que lleva.
Quizá no sea una verdad incontestable el que ‘no se vuelve a lo que no se ve’. 
Pero es cierto que la distancia juega un papel importante, 
con resultados muy diferentes. Recuerdo una copla popular:
 
“Ausencia es aire
que apaga el fuego chico
y aviva el grande”

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La rosa:

La ingenuidad del poemita de Gil Vicente (siglo XVI) me ofreció el motivo.
En este poema el amante parece estar muy seguro de la belleza de su amada, 
como lo estaba ese poeta hispano-portugués. 
Y es que la belleza es algo bastante subjetivo. Pocas mujeres, quizá ninguna, 
se consideran feas, y con frecuencia, al mirar a una pareja en la calle, oimos la exclamación: 
“Pero, ¿qué verá en ella, o ella en él?”. Sin embargo, algo ven, que a los demás se nos escapa. 
Y para esos amantes “ni la nave, o la vela, o la estrela es tan bella”.

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Nadie te ve:

Con frecuencia nos quejamos de que no somos bien comprendidos, 
y a veces la falta es nuestra por no dejar ver a los demás nuestra auténtica forma de ser. 
Quizá tememos que quienes nos conocen o nos rodean no gusten 
de los aspectos nuestros que desconocen. 
Por otra parte, quienes nos rodean no nos observan suficientemente bien.
Y esa persona que se nos antoja de carácter frío e indiferente, 
mantiene dentro de sí pasiones e impulsos que sorprenderían 
si fueran conocidos, pero que no serían muy diferentes 
de los que los demás tienen. En situaciones así, todos perdemos.

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Bajo la lluvia:

Todos hemos sentido a veces el deseo de cometer una barbaridad. 
Y nos hemos contenido por temor a la opinión ajena, 
o hemos ido adelante incitando los comentarios adversos 
de aquellos que nos admiran en su interior y nos critican externamente.
Nunca podremos satisfacer a todos, y en consecuencia debemos satisfacernos 
a nosotros mismos, siempre y cuando nuestras acciones no causen daño a nadie.
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Llanto:

Parece ser que la felicidad embota un tanto los sentidos 
y el dolor agudiza sus percepciones. Quien sufre siente más el feliz.
Esto me recuerda un poemita de Antonio Machado.
El poeta o caminante discurre por su sendero al atardecer, 
y siente la espina de una pasión clavada en el alma. 
Para arrancarse el dolor se arranca la espina, y advierte que no solo 
se arrancó el dolor sino también la capacidad de sentir. Y termina:
 
Mi cantar volvió a plañir:
“Aguda espina dorada,
quién te pudiera sentir
en el corazón clavada”.

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Cybermujer:

Los encuentros cybernéticos comienzan por un simple intercambio 
de palabras a través del teclado. Provocan una exteriorización de sentimientos 
e ideas que nunca hubiéramos comunicado a quienes nos conocen personalmente. 
Quizá sigue una llamada telefónica, y finalmente un envío de fotografías.
 La imagen de la persona distante poco a poco va siendo 
definida con rasgos más concretos.  Pero siempre la distancia se interpone
 como una muralla que separa cuando todo lo demás une.

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Intima contienda:

Dicen que en el amor y la guerra todo está permitido, 
lo que no deja de ser una mentira que pocos están dispuestos a aceptar. 
Pero sí es cierto que el amor es una forma de lucha, 
de conquista, de dominación, de posesión. 
Una lucha en que parece que nunca se obtiene una paz definitiva.

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Sé mi paisaje:
 
De vez en cuando necesitamos el apoyo moral, y a veces también el físico de alguien, 
porque aún el más fuerte en ocasiones se siente desvalido. 
Y es sorprendente cómo quien a menudo es débil, 
puede convertirse en nuestra fortaleza. 
Creo que en ocasiones nos podríamos sorprender a nosotros mismos si viéramos 
la ayuda que suponemos para los demás, sólo con estar allí.

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  El Amor:
 
Lo que San Juan de la Cruz escribió en sentido místico tiene una gran aplicación 
a niveles más terrenos. Hemos oído decir a veces a los enamorados: 
“Te veo por doquier. Dondequiera que miro, allí estás”.
El personaje de este poema, sin embargo, llega a una conclusión un tanto particular. 
Sale en busca del Amor, pero parece tener cierta dificultad en encontrarlo.

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Silencio y lejanía:
 
Ah, de nuevo los cyberamores, el amor a distancia, el breve encuentro 
apasionado, y…el silencio. Por el correo que recibo en ocasiones, 
sé que muchas personas se identificarán con la situación descrita.

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Inspiración:
 
Bueno, este poema se desvía un poco del tema de las relaciones 
que exploran la mayoría de los que escribo.
Con frecuencia se me ha preguntado de dónde me viene la inspiración. 
Y es difícil y fácil responder a esta pregunta.
 La inspiración es como el aire, la sentimos, pero no sabemos cuándo viene 
ni con frecuencia de dónde. Simplemente la sentimos. 
No se sale en su busca, nos da un suave latigazo, y eso es todo.
Pero es cierto que se encuentra mucha inspiración 
examinándose uno a sí mismo, y observando a los demás.

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