Original de
 
 
 







Entra en el agua azul de la laguna,
que te envuelva la luz, te abrace el viento,
y en la desnuda piel baile la luna
con lúbrico y callado movimiento.
 
Y en círculos concéntricos las ondas
circunscriban y estrechen tu cintura,
y en su inquietud reflejen las redondas,
sensuales formas de tu arquitectura

     -

(Mayo 2001)
-Poemas para ser leídos en voz alta
 
 

 
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Comentarios a los poemas

 

Breverías (709-726)

El adiós
Devaneo
Este hoy, aquel ayer
Hoy mi deseo
Somos
Indecisa frontera
Mirada
Ojos abiertos
Mi primavera
Conmigo vas
Atento sólo a ti
Amor de ayer
Silencio
Alarga la mirada
Plaza de Oriente
El cruce
Despedidas
El recuerdo
Valle y llano
Amor eterno
Viento, agua y fuego






 
709
He escuchado a la luz y a la penumbra,
contemplado la brisa y el suspiro,
y mi sentido a todo se acostumbra;
pero invariablemente me deslumbra
tu piel, mujer, cuando la escucho y miro.
 
 
710
Sobreviví placer y sufrimiento,
somnolencia y afán sobreviví;
pero te vi, y pasaste como el viento,
y sólo a tu abandono sucumbí.
 
 
711
Firme espadaña soy, imperturbable
al vendaval, inmune al aguacero;
si eres tú la borrasca, el ventisquero,
pertinaz me hallarás, invulnerable.
 
 
712
Contigo y hacia ti el conocimiento
se me impone; no quiero conocerte
sino para el amor; debo aprenderte
íntegra, en plenitud, cada segmento,
y así sabré cómo mejor quererte.
 

713
Creada para amar, única y cierta;
esperándote estoy, fiel y anhelante;
vendrás un día, y has de ser la amante
que para mí nació, que en mí se injerta,
y rompe en floración exhuberante.
 
 
714
Aunque parezca revestir olvido
a veces el silencio a gritos clama;
si mi llamada no llegó a tu oído,
la culpa ciertamente habrá nacido
de quien no escucha, más que de quien llama.
 
 
715
Contigo estoy más dedicadamente
cuando no estoy contigo,
que eres mucho más dueña de mi mente
mientras sin ti, pensando en ti prosigo.
 
 
716
Mi corazón ha quedado
perdido en los olivares
de Córdoba; entre cantares
en Málaga alborotado;
en Sevilla arrebatado;
lánguido con la embriaguez
de los vinos de Jerez,
y en Cádiz de luz dorada;
pero sólo es a Granada
que vuelvo una y otra vez.
 
 
717
Centenares de millas me arrebatan
lo que tanto soñé y una vez tuve;
¿por qué no me llevaste, o te detuve?
Ay, cómo mis tristezas se dilatan.
 
 
718
Ha descendido sobre ti la niebla,
ya no tienes presencias ni horizontes;
sólo una oscura soledad te puebla;
¿cómo conseguiré que la remontes?
 
 
719
Tantas cosas merecemos
que nunca hemos de obtener,
tanto podemos perder
sólo porque lo tememos.
Cuanto somos y tenemos,
lo hayamos o no elegido,
por sólo haberlo vivido
nos atañe y pertenece;
si la vida nos lo ofrece,
ya nos lo hemos merecido.
 
 
720
Estas manos que un día fueron tacto
sobre la piel turgente de tus senos,
no saben repetir el gozo exacto
de que los dedos se sintieron llenos.
 
 
721
Me llegan muchas voces, pero hay una
cuyo tañido lleva timbre de oro;
puede sonar como canción de cuna,
como rumor de mar bajo la luna,
siempre distinta del confuso coro.
 
 
722
A un infierno me has hundido
con tu acción egocentrista;
magnífico ilusionista
que mi vida ha retorcido.
Daré tu ayer al olvido,
maestro de pretensión;
lo que hoy llamas ilusión
es hipnótico espejismo
que despertará en ti mismo
soledad y decepción.
 
 
723
Engalanada estás, yo ensangrentado;
yo en vigilia constante, tú dormida;
qué dos maneras de afrontar la vida,
vida que se te dio, que yo he ganado.
 

724
¿A dónde va este tren sin estaciones,
ciego en la noche fría, sin horario,
con equipaje de alucinaciones,
túnel tras túnel por itinerario,
en lugar de literas, panteones,
cada ventana envuelta en un sudario?
No sé dónde subí, pero presiento
que va disminuyendo el movimiento.
 
 
725
Cómo envidio a tu marido
que a tu costado se arrima,
que lo sostienes encima
y se abraza a ti dormido.
Pero hay un amor prohibido
que él no conoce, y tú sí;
amor que ha surgido en ti,
que te incita y te conmueve;
amor que, aunque no se atreve,
lo sigo esperando aquí.
 
 
726
En sueños o despierto entré a tu vida,
no por súbita menos sorprendente;
tan familiar y tan desconocida,
yo siendo yo, y tú estando medio ausente;
vi la cadena de hechos ocurrida,
ficticia realidad que se presiente.
Ilusioria y concreta, no sabría
decir si estabas tú, si yo dormía.

(Indice)


 

  
433 - El adios
 
Los momentos más tristes de la ausencia
¿llegan tal vez después de la partida,
o surgen antes de la despedida?
¿Son anticipación o consecuencia?
 
Vives en mí y yo en ti; tal dependencia
entre ambos ha quedado establecida,
que aunque el adios quebrantará una vida,
dos serán quienes pierdan la existencia.
 
Porque te vas tal vez sin querer irte,
porque persisto inmóvil sin seguirte,
porque es absurda tal bifurcación,
 
mañana veré alzarse mi gemido
por quedarme o no haberte detenido,
siendo idéntica tu lamentación.
 
Los Angeles, 8 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
 
434 - Devaneo
 
Pobre barquilla mía,
entre peñascos rota,
sin velas, desvelada,
y entre las olas, sola. (Lope de Vega)
 
Cercenaré de un tajo la atadura
que detiene en tu puerto a mi galera;
demasiado ha flotado en la ribera,
requiere ya navegación de altura.
 
Si descalabro tu temor augura,
mira cómo en su cuerpo de madera
reside una energía aventurera
que reivindica nueva singladura.
 
Velas henchidas al salobre viento,
surcando mar en calma o turbulento,
sobre oleaje azul cabalgará.
 
Y si las verdes islas exploradas
dejaran sus vituallas agotadas,
a tu puerto tal vez retornará.
 
Sobre el Atlántico, 10 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
Este hoy, aquel ayer
 
“Cómo a nuestro parecer
cualquiera tiempo pasado
fue mejor”. (Jorge Manrique)
 
Un muro se me ha alzado de repente,
obstruyendo el futuro;
los ojos, ciegos al mirar de frente,
perciben brillo en el pasado oscuro,
pues la sombra de ayer ya no es tan densa
si desde el hoy en sombras se la piensa.
 
Y este día fatal, este momento,
de amarguras, de sal sobre la herida,
es en la espalda bloque de cemento,
es en la mente calle sin salida.
 
Soy yo mi propio, absurdo laberinto,
y un minotauro en cada esquina acecha,
mezcla de indiferencia y fiero instinto,
de certidumbre y de tenaz sospecha.
 
Tuve fe y esperanza,
tal vez porque en mi vida el pensamiento
durmió, sin advertir que en la balanza
intenté nivelarme con el viento,
y al despertar, hundido mi platillo,
vi mi lado desierto,
y en el costado la hoja de un cuchillo
tanto más hondo cuanto más despierto.
 
Oh, si dormir sin despertar pudiera,
recordar olvidando lo olvidable,
ser más de hierro y ser menos de cera…
feliz sería…, o no tan miserable.
 
En torno a mí tan sólo vi verdades
de inconmovible roca,
hoy permutadas en banalidades
de fría mano, de insincera boca.
 
Tantas cosas que vimos y palpamos
las vemos ya sin autenticidad;
porque más que crearlas, las soñamos,
como soñamos la felicidad.
Y al pretender ser francos y objetivos
observando el pasado,
descubriremos que estuvimos vivos,
única herencia que nos ha quedado.
 
Y hoy, frente al muro que nos corta el paso,
con nuestro afán de embellecer la historia,
nos resistimos a llamar fracaso
lo que es más fantasía que memoria.
 
No hicimos el pasado que quisimos,
el pasado nos hizo a su manera,
y este presente hostil que ahora sufrimos
brotó del grano en nuestra sementera.
 
Madrid, 10 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
Hoy mi deseo
 
Mírame con luz de estrellas
y organízame los sueños;
háblame con voz de arroyo,
ténme en tus brazos de viento;
acarícieme tu lluvia
de finos, mágicos dedos,
y acúname en entrañable
marea sobre tu pecho.
Cuando en intimidad pienses,
sea yo tu pensamiento;
y tus lágrimas emanen
de gozo, no desconsuelo.
Avancemos paso a paso
de la idea hacia el intento,
del intento a la palabra,
y de la palabra al gesto,
manipulando el instinto,
que si lo fue, ya no es ciego,
pues que mantiene sus ojos
a la desnudez abiertos.
Que la humedad de tus labios
halle la mía en el beso,
y que tu sexo salpique
el rocío de mi sexo.
¿Y mañana? No hay mañana
ni en corazón ni en cerebro;
quizá amanezcamos juntos,
tal vez me digas “te quiero”;
al brillar la nueva aurora
o florecerá el almendro,
o perderá su follaje
el sauce del cementerio,
o se mecerá la nieve
en las ramas del abeto.
Corta del rosal las rosas,
hoy lo único verdadero,
que al llegar el nuevo día
tan sólo serán recuerdos.
 
Madrid, 12 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
437 – Somos
 
De una mirada somos herederos,
en dos nostalgias somos compañía,
abrazo somos sobre la bahía,
y en navío sin rumbo, marineros.
 
Somos triángulo blanco en el velero
sobre la horizontal, en lejanía;
somos la luz radiante al mediodía,
somos, como las nubes, pasajeros.
 
Y ambos somos en íntimo recodo
todo cuanto soñamos, todo, todo,
en un momento de memoria eterna.
 
Como la mar en calma tu sonrisa,
tu beso tan gentil como la brisa,
tu pasión con violencia de galerna.
 
Cantabria, 16 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
438 – Indecisa frontera
 
Desconozco la línea divisoria
separadora de amistad y amor;
se baten el deseo y el temor,
y hacia el temor se inclina la victoria.
 
Tal vez ésta aparezca transitoria,
rodando por los suelos el rubor;
tal ves se debilite su valor
archivando el intento en la memoria.
¿Cómo puedo avanzar, cómo te diga
que ya mis ojos, más que verte amiga,
te ven amante junto a mí desnuda?
 
¿No logras ver instinto en la mirada,
gritando a plena voz, aunque callada?
Ayúdame, mujer, en esta duda.
 
Cantabria, 17 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
439 - Mirada
 
De un ojo al otro alternas la mirada,
penetrando, absorbiendo, acariciando;
aunque queda camino, vas llegando,
mirada sin amor, enamorada.
 
Mirada turbulenta, sosegada,
de tentativas que se van diezmando,
de paz que en pie de guerra se está alzando,
mirada libre, y a la vez clavada.
 
Mirada que me invade, enredadera
que sobre mí se extiende, en tal manera
que sin esclavizarme, me hace preso.
 
Sigue mirando indefinidamente,
sin titubeos, íntima, de frente,
hasta que puedas transformarte en beso.
 
Cantabria, 17 de abril de 2001.
(Indice)     (Comentario)
440 – Ojos abiertos
 
No encubras las pupilas, que me privas
del cincuenta por ciento del placer;
prefiero verte si me puedes ver,
yo en ti, tú en mí, contemplaciones vivas.
 
Nuestras propias imágenes, cautivas
en ambos lograrán permanecer,
y una mañana volverán a ser
realidades con nuevas perspectivas.
 
Mantén los ojos sin cesar abiertos,
en los errores como en los aciertos,
en seriedad, ternura e ironía.
 
Y en el sexo, oh mi amor; que si los cierras,
creeré que de tu lado me destierras,
y en ausencia de ti me moriría.
 
Sobre Castilla, 17 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
441 – Mi primavera
 
Se ha completado el círculo, y he visto
de nuevo despertar la primavera;
oh, si supiera cómo, si pudiera
retenerla y saber que la conquisto.
 
Hacerla mía mientras me resisto
a aceptar el invierno que me espera,
y antes de su partida, que yo muera,
pues sólo por su risa y luz existo.
 
Resurrección ha sido de colores,
fragancias, energías y rumores;
yo mismo me he sentido renacer.
 
Pero se irá, como se van los meses,
y yo, invariable, como los cipreses,
seré mañana como he sido ayer.
 
Granada, 19 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
442 – Conmigo vas
 
Si tanto de tu fuente me has colmado
que mi copa de ti está rebosante,
¿por qué en mi entraña, en este mismo instante,
percibo un hueco tan inesperado?
 
Te siento multitud, y despoblado,
soplo de aire, y pilastra o arbotante,
contigüidad, pero a la vez distante,
de hondas raíces, y desarraigada.
 
¿Cómo será mañana mi recuerdo?
¿Como algo que he obtenido? ¿Algo que pierdo?
¿En plenitud, o acaso en oquedad?
 
Conmigo vas, aunque sin ti me quedo,
y cuanto más me alejo, menos puedo
compaginar presencia y soledad.
 
Granada, 20 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
443 – Atento sólo a ti
 
Por ti yo he renunciado a las murallas,
canjeando la piedra por la piel,
ignorado la rosa y el clavel,
y olvidado sucesos y batallas.
 
Dejé el arte y la historia, y ahora me hallas
indiferente a escoplo y a pincel;
tú eres mi libro, y sólo leo en él,
y se muere la música si callas.
 
Tanta belleza desde que viniste
he logrado olvidar, que ya no existe
ni Alhambra, Vaticano o Partenón.
 
Voy recorriendo pueblos y ciudades
sin percibir la voz de las edades,
atento solamente a tu canción.
 
Granada, 20 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
444 – Amor de ayer
 
Descríbeme, descúbreme, reinventa
ese mi amor lejano que en ti veo;
aún acucia la espuela del deseo
a esta carne voraz que ávida intenta.
 
Por cada poro la pasión revienta,
y en lucha inútil me alzo y forcejeo;
fuego de ayer, hoy ya chisporroteo,
hambre de ayer, que con la edad aumenta.
 
Más que el amor quizá olvidé sus ritos:
Cómo ir de los susurros a los gritos,
de las caricias a la convulsión;
 
cómo, en medio de tanto escepticismo,
puedo mirar atrás, y hacer lo mismo
que hice antes, con idéntica ilusión.
 
Madrid, 21 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
445 – Silencio
 
Mi voz, debilitada de llamarte,
obteniendo silencio por respuesta,
no formula quejido ni protesta,
ni se cansa tampoco de esperarte.
 
Enmudecer es ubicarse aparte,
como se acerca más quien manifiesta
abiertamente su opinión, y es ésta
la que de ti preciso y quiero darte.
 
Duerme en la sombra tu palabra, y clamo
por susurrar, por escuchar un ‘te amo’
que surque el aire en ambas direcciones.
 
Sale de mí, y no puedes percibirlo,
y quedo sin saber si has de decirlo,
cautivo del mutismo que me impones.
 
Madrid, 22 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
Alarga la mirada
 
Sobre el banco de piedra, al sol y al viento,
la mañana de abril es un manojo
de timideces, de sonrisas blandas,
de miradas furtivas, sobre el fondo
de rumorosas aguas. En la fuente,
bajo Felipe IV, ciego y sordo,
surtidores y conchas desbordantes
repiten coplas de frescor y gozo.
Y esta mujer de la mirada clara
calla y sonríe al apartar los ojos
de los míos, que firmes, insistentes,
intentan invadirla, mientras tomo
su breve mano trémula en la mía,
y traza la otra líneas en su rostro.
Mujer, dulce mujer, que hoy a mi lado
te has sentado, aunque apenas te conozco.
Alarga la mirada, que hay un ansia
de verte entera cuando a ti me asomo.
Quiero bajar a tus profundidades,
donde alternan sonrisas y sollozos,
entrar en la región que puebla el miedo,
ver la tranquilidad y el alboroto.
Quiero verte completa, tan desnuda
de cuerpo como de alma, sin adornos,
tal como te presentas a ti misma,
como te ven mis ojos en tus ojos.
Mírame una vez más, mantén la vista
tan acariciadora, que respondo
como lluvia de manos y de labios
sobre tus campos matizados de oro.
Qué trigales de besos encendidos
ambos podremos cosechar, si sólo
tu mirada a la mía se entregase,
como en la mía yo me entrego todo.
 
Madrid, 23 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
Plaza de Oriente
 
Largo sueño a la sombra de la piedra labrada,
con tacto centenario, con visión de segundos;
lo que fue y lo que pasa, el tráfico y la espada,
confluencia en un punto de dos tiempos, dos mundos.
 
Y entre los mil semblantes de ese tráfago humano,
de jóvenes sentados en corros en el suelo,
turistas desplegando mapas de mano a mano,
mujeres protegiendo contra el viento su pelo;
 
y olfateando esquinas, seguidos de sus dueños,
entre los pedestales de los monarcas godos,
perros de varias razas, grandes como pequeños,
atentos a rumores, explorando recodos…
 
Allí, en los escalones de la fuente, abstraída
en tu libro de versos, ajena a todo ruido,
te contemplé como eres, gentil desconocida,
pero te vi en mil modos, más allá del vestido.
 
Ni mis ojos pudieron despertar tu mirada,
ni surgió mi palabra, ni se atrevió mi pie;
sólo desde mi mente te grité mi llamada,
sólo con invisibles manos te acaricié.
 
Mujer desconocida, que en la Plaza de Oriente
ocultaste a mis ojos la Opera y el Palacio,
jardines, caminantes, y hasta la misma fuente,
mientras audaz mi vista recorría tu espacio.
 
Hoy que tu pie por otras ciudades atraviesa,
sentada en otra plaza, leyendo el mismo libro,
pregunto si hay un hombre que de noche te besa,
uno que por ti vibre como por ti yo vibro.
 
Ah, mujer peregrina que una vez sólo he visto,
y he hecho mía, tan mía que mi sueño acompañas;
que no me has percibido, y desconoces que existo,
sin ti piedras y gentes qué extrañas son, qué extrañas.
 
Madrid, 24 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
446 – El cruce
 
Mi voluntad requiere cirugía,
porque ya no te ve como te vio;
la amistad que te di, evolucionó,
y hoy mi silencio es falta de osadía.
 
Este arrebato alzado en rebeldía,
desconocido a ti, es el mismo yo;
¿negarías tu piel a quien llegó
a la pasión desde la simpatía?
 
Me temo que esa enérgica mirada
alce un muro, al batirse en retirada,
perdiéndose lo que ahora de ti tengo.
 
¿Cómo avanzar a ti con rostro nuevo?
Quisiera abrirte el alma, y no me atrevo;
y sin embargo, para hacerlo vengo.
 
Madrid, 25 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
Despedidas
 
Hay despedidas largas, y hay breves despedidas,
todas llevan recuerdos, todas visten temores,
aciaga incertidumbre que entrelaza dos vidas,
doloroso presagio de sangrantes heridas,
porque a un amor lo pueden ahogar otros amores.
 
Las despedidas largas proliferan en besos,
en silencios profundos, en miradas intensas;
las despedidas breves han de dejar impresos
lamentos en la carne calando hasta los huesos
de lo que hacer pudieron dos almas indefensas.
 
Breve y desesperante tu despedida ha sido,
como aurora de amantes despertando con prisa,
o campana que extingue en la tarde su tañido,
como fronda de otoño perdiendo el colorido,
con la enorme tristeza de una última sonrisa.
 
Y en los días que ruedan, y en los meses que fluyen,
en ese tiempo inmenso de duda y lejanía
en que el recuerdo vive, las esperanzas huyen,
y son los sentimientos sombras que se diluyen,
pienso que como entonces, tú sigues siendo mía.
 
Y aún sin ser una vida, siendo sólo un momento,
será el momento clave que vive y permanece;
el proyecto fraguado, sin arrepentimiento,
el suceso discreto que requiere otro intento,
porque lo hicimos nuestro, porque nos pertenece.
 
Madrid, 25 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
447 – El recuerdo
 
Solo me voy, y en soledad te quedas,
parte integrante de la noche oscura;
el jinete del alma, en su armadura,
vine hacia ti por campos y veredas.
 
Y él, a esta pertinaz sombra que heredas,
una mitad nostalgia, otra amargura,
a lanzadas de luz volverá pura,
radianta claridad a la que accedas.
 
Mi recuerdo será quien te rescate,
sin tener que luchar otro combate
que el que deba librarte de mi olvido.
 
Yo también reñiré mi propia guerra,
pues si tu pensamiento me destierra,
cuanto tuvimos quedará perdido.
 
Madrid, 26 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
448 – Valle y llano
 
Abismal es el valle del dolor,
y rápido y brutal es el descenso;
aunque al fondo has llegado ya, te pienso
dotada de acicate escalador.
 
Si escuchas el lamento en derredor
obstruirás el camino de tu ascenso;
no subirás en espiral de incienso,
sino a través de barro y de sudor.
 
Trabaja paso a paso la ladera,
como si el objetivo residiera
al alcance inmediato de la mano.
 
Y al alcance estará, si no hoy, mañana;
y volverá la vida cotidiana
a discurrir de nuevo por el llano.
 
Madrid, 26 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
Amor eterno
 
“Aún creo, ella me dijo, en el amor eterno”.
Yo vestí de silencio mi escéptica mirada;
tal vez amor divino, tal vez amor materno,
mas no el amor que duerme en los pliegues de la almohada.
 
Ese tuvo su día, nació del optimismo,
progresó hacia la altura con carácter intenso,
y se mantuvo un tiempo, pero ya no es el mismo,
desembocando en lento, irreparable descenso.
 
No se sabe si ha muerto como mueren las rosas,
ayer nuevas, fragantes, y hoy marchitas, o secas;
como se mueren siempre las ideas hermosas
al ser enmascaradas bajo palabras huecas.
 
O quizás haya muerto por esa ley de vida
que debilita aquello que sobresale o nace;
o porque hay un declive donde hay una subida,
o porque cada inicio tiene su desenlace.
 
Son fieros enemigos el tiempo y el amor,
dos caminos, dos ríos que avanzan paso a paso;
sólo donde se apoya el pie tiene valor,
sólo se bebe el agua que nos cabe en el vaso.
 
Sabemos que hoy amamos, y ni eso es tan seguro;
el amor de mañana resulta aún más incierto;
entrégate al presente, desatiende el futuro,
que cuanto no ha nacido es como si hubiera muerto.
 
Y cuando llegue el día, más pronto o más lejano,
en que el amor se extinga de tanto agonizar,
pensemos que, aunque muerto, no hemos amado en vano,
y que con nuevo impulso deberemos amar.
 
Madrid, 27 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)
449 – Viento, agua y fuego
 
Ven a mí en remolinos, de manera
que si eres viento, ciñas mi cintura,
si eres agua, sumerjas mi estatura,
y si fuego, calcines mi ladera.
 
Pero más que esperarte, yo quisiera
hacia ti dirigirme en envoltura
de viento, fuego y agua, con la pura,
salvaje desnudez de la pantera.
 
Y ceñirte, abrasarte y anegarte
hasta que nada más pudiera darte,
en oferta total, final ofrenda.
 
¿Vendrás a mí? ¿Me dejarás llegarme?
Tu amante quiero ser; ¿podrás amarme?
Si no pudieras, deja que pretenda.
 
Madrid, 29 de abril de 2001
(Indice)     (Comentario)


-


 

Último poemario de Francisco Alvarez Hidalgo, 

disponible en España desde mayo 2006, 

y en América a partir de primeros de junio 2006.

Más información en el siguiente enlace:

http://poesiadelmomento.com/voces/vocesalviento.html

 

 

El correo frankalva@earthlink.net

está cerrado. Por favor dirigirse a:

franciscoalvarezhidalgo@gmail.com

La familia de Francisco te responderá agradecida.

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oo--

 

El momento peor de una despedida, como de tantas otras desgracias, es su anticipación.
Tal vez haya en el fondo de cada uno un espíritu masoquista que se complace en el sufrimiento con anterioridad a la partida.
 -
 
 La costumbre, el apego, la ‘aurea mediocridad’ nos mantiene atados a nuestra circunstancia. Hay quienes permanecen en esa situación, y quienes rompen las ligaduras, y parten a la aventura. A veces con poco sentido común. A veces con una esperanza remota. ¿De qué? Ni ellos mismos parecen saberlo.
Y cuando todo fracasa, hay quien regresa al punto de partida esperando una recepción como el hijo pródigo. Y hay quienes la consiguen.
 -
 
 Un poco la misma situación que el poema anterior, sólo que desde el punto de vista de quien permanece en el puerto. Y al mirar hacia atrás se pregunta cómo pudo mantener tanta ceguera.
Es fácil culparse a uno mismo cuando el presente se nos aparece en contradicción con el pasado. Tal vez en situaciones semejantes somos demasiado injustos con nosotros mismos, cuando la responsabilidad, y la culpa reside en quien inició la partida.
 -
 
 Algo así como un programa de vida, siempre consciente uno mismo de que cuanto suceda tal vez no pueda proyectarse hacia el futuro, sino tan sólo disfrutarse en el presente.
 
-
 El mar es un tema que se repite con frecuencia en mis recuerdos, y en mis poemas. Las gentes de la meseta quizá no puedan hacerse una idea exacta de la pasión que el mar suscita. Ellas están más inmersas en el misticismo de la llanura.
 -
 
 Un paso difícil. Se ha establecido amistad entre hombre y mujer; y uno de los dos, en cierto momento, quisiera avanzar un paso más, y transformar esa amistad en amor, o en pasión. Pero el escenario ya se había fijado con antelación y ahora resulta muy difícil ese paso hacia adelante.
 -
 
 Cuando miramos a alguien directamente a los ojos, nuestra mirada fluctúa de uno al otro. Por otra parte, esa mirada a veces resulta un tanto confusa. No sabe uno si es cariño, o amor, o pasión. El amor y la pasión son palabras muy serias, que parecen indicar compromiso a largo plazo. Uno quisiera expresarse en ese sentido, pero se retiene, provocando una serie de contradicciones de las que a veces no se acierta a salir.
 -
 
 Besar con los ojos cerrados, y sobre todo hacer el amor con los ojos cerrados es negarse uno a sí mismo un placer muy importante. Es como si nos aisláramos de la persona que está a nuestro lado. Es una injusticia para con uno mismo y para con la pareja.
 -
 
 No podemos hacer eterna a la primavera, y no es fácil mantener indefinidamente esa relación que tanto nos cautiva. Somos demasiado efímeros, demasiado transitorios. Y los amores, como las ilusiones, como las rosas, nacen, florecen y se marchitan. O como la primavera, se van. Volverán, pero se van.
 -
 
 De nuevo el tema de la despedida, o más bien de la separación. Ya que la despedida es algo transitorio, un episodio, pero la separación es algo más definitivo, más permanente.
Y así como estando junto a la pareja a veces se experimenta un sentido de lejanía, de ausencia, así también estando lejos uno puede sentir la presencia de la persona amada.
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 El mundo está lleno de belleza, pero en ocasiones todo ello palidece cuando una belleza más personal se nos cruza en el camino.
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 “Si juventud supiera y vejez pudiera…”. Los años, en contra de lo que hace tiempo se pensaba, no representan una disminución de la sensualidad, ni aún de la sexualidad. Quizá la potencia disminuye en relación con la de la juventud, pero no el deseo, que puede revestirse de muchas formas. Y no siempre se olvidan los ritos del amor, aunque en ocasiones así lo parezca.
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 La llamada a veces es respondida por el silencio. Y nunca sabemos si ese silencio es accidental o intencional. Quien llama, sin obtener respuesta, podrá lanzar su grito de amor, pero si no es escuchado, será devuelto por el eco de un vacío doloroso.
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Plaza de Oriente:
 Fantasía en Madrid, bajo la magnífica estatua de Felipe IV sobre la fuente entre la Opera y el Palacio Real.
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 El mismo tema de un poema anterior: La amistad que desemboca en amor por una parte de la pareja, cuya timidez le impide una declaración abierta.
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 El tiempo de despedirse puede ser largo y triste, y puede ser corto. En este último caso siempre habrá un sentimiento de frustración que se prolongará en el futuro, por no haber tenido la oportunidad de decir o de hacer cuanto se deseaba. Dadme una despedida larga, por dolorosa que sea.
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 El tema de las partidas, despedidas, ausencias, es inagotable.
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 El descenso al valle del dolor debe tener siempre un punto de optimismo: Cuando estamos en el fondo sólo nos queda una opción: Subir.
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 Vuelvo con frecuencia al tema del carácter efimero y transitorio del amor, en general. Y cómo el fracaso no significa el fin de algo, sino el principio de algo que puede ser mejor.
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 Cuando no se puede obtener la relación que uno desea, sólo quedan dos opciones: Seguir con la ilusión y amar pretendiendo ser amado, o darse la vuelta en busca de un nuevo amor. En definitiva ésta última opción será la que triunfe, pero la primera subsistirá por algún tiempo.
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