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(Junio 2001)

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Breverías (727-740)

Arrolladora
Definitivo descanso
Sin palabras
Asimilación
Este amor
Nombre y eco
Decaimiento
Diferentes
Antigua llama
Retorno
A gritos
Húmedo sueño
El olvido
Comuneros (Romance histórico)
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-

 

727
Al despertar del sueño en que irrumpiste,
mi corazón latía a martillazos;
y paulatinamente te evadiste,
desanudando imperceptibles lazos,
subsistiendo un temblor amargo y triste
en el desierto cerco de mis brazos.
En noche sin aurora he de soñarte,
sin despertarme, sin evaporarte.
 
 
728
Vestida fuiste indefinida ofrenda,
que no pude obtener, aunque te vi;
luego, desnuda, te erigiste en senda,
y seguí paso a paso sobre ti.
 
 
729
Perdí el silencio, encontraste
la palabra desgastada;
al sentirte hoy más amada
el amor bastardeaste.
 
Prefiero que cuando me hables
lo hagas silenciosamente:
el silencio es convincente,
las palabras inestables.
 
 
730
Tu partida alteró el orden que el cielo
estableció, en que todo es como es;
la tierra se agitó, queriendo el suelo
irse detrás de ti, bajo tus pies.
 
 
731
Casa vacía, oscura, abandonada,
cristales reemplazados por maderas,
en silencio, la puerta bloqueada…,
así quedaré yo si tú partieras.
 
 
732
Tantas cosas y gentes han logrado
descansar en el fondo de mis ojos;
mas no tú, cuyo ritmo alborotado
danza en mi sangre como diablos rojos.
 
 
733
Las palabras son hojas temblorosas
de débiles rumores en la rama;
desgajadas, devienen silenciosas,
nadie las oye, el viento las reclama.
¿Vuelan también las tuyas amorosas?
 
 
734
Al mirarme a mí mismo, sólo veo
tu propia imagen, porque la hice mía,
amasada de ideas y deseo,
de realidades y de fantasía;
pero al mirarme en ti, no sé si leo
cálido atardecer o noche fría;
tan opaco es tu rostro que resulta
en muda esfinge que el enigma oculta.


735
Ven contra mí en conato de violencia,
a mandobles de luz, de fuego y viento,
pulverizando aristas, en intento
de limar cuanto en mí no es de tu esencia.
 
 
736
Columna de humo en espiral erguida,
tan esbelta y sutil, tan intangible,
tan seductora que al amor convida,
y a la hora del abrazo, inasequible.
-
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737
Breve al pasar, crepúsculo de invierno,
fresco rocío de radiante aurora;
te vi, intenté, mi impulso quedó interno,
indecisión que es un lamento ahora.
 
 
738
No soy sino lejano recoveco,
autor de resonancia repetida;
mi palabra es tu voz  restituída,
que a mí llegó, y a ti volvió en el eco.
 
 
739
Te dije adiós por sólo quince días,
quince crepúsculos, quince mañanas;
¿cómo pueden tan sólo dos semanas
tantos años durar, ser tan vacías?

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740
Los días se engalanan del olvido,
las noches se revisten de memoria;
al avanzar mi nombre hacia tu oído,
¿te hallará en luz, en sombra sumergido,
o en la insegura línea divisoria?

(Indice)

 

 

 

450 - Arrolladora
 
Sinfonía en azul, púrpura y oro
danzando en el revuelo del vestido;
escucha la mirada y ve el oído
dibujado rumor, color sonoro.
 
Himno de luz y risas que incorporo
a mi emotividad y a mi sentido,
con la atracción fatal de lo prohibido,
y el candor circunspecto del decoro.
 
Te mueves virginal y veleidosa,
con la elegancia y riesgo de la rosa,
en oferta de pétalos y espinas.
 
Entras triunfal en mi castillo interno,
y apenas mía, veo que gobierno
tan sólo un alma en prodigiosas ruinas.
 
Los Angeles, 6 de mayo de 2001
(Indice)
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451 - Definitivo descanso
 
Al filo de la noche sigilosa,
abandonaste al fin nuestra ribera;
surcó sobre las aguas tu galera
a horizonte lejano en que hoy reposa.
 
Lenta, constante, a veces dolorosa,
mas llena de esperanza, fue la espera;
para ti ya esta tierra es extranjera,
al irte hacia la patria luminosa.
 
En sosegada placidez viviste,
y en visión de otro mundo que persiste
más allá de las olas y las nubes.
 
Las velas de tu nave ya son alas,
y ataviada en tus mejores galas,
al encuentro de Dios subes y subes.
 
Los Angeles, 8 de mayo de 2001
(Indice)
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Sin palabras
 
Ese ciego torrente de rumores
que nos sumerge el alma cada día,
y nos distrae de contemplar las flores,
río de ruidos alborotadores,
hoy refrena su curso, y se desvía.
 
Frente a ti, en el sosiego
de un mundo absorto, inmóvil de repente,
yo también estoy ciego,
sordo y mudo a lo ajeno, porque llego
en silencio, mi voz más elocuente.
 
Denso silencio, sólo interrumpido
por miradas que gritan,
el golpe seco de cada latido,
y el callado estallido
de mil ideas que la mente agitan.
 
Si así  me escuchas, y si así me miras,
percibirás y oirás cuanto deseas,
y tu verdad oiré mientras suspiras,
que en la voz del silencio no hay mentiras,
porque se ven y se hablan las ideas.
 
Los Angeles, 11 de mayo de 2001
(Indice)
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452 - Asimilación
 
Hice de la palabra mi herramienta,
(martillo, escoplo, enseres de escultor);
con ella me revisto de sudor
al cincelar el aire que en ti alienta.
 
Aire que en el suspiro representa
la forma de esa imagen interior
que moldeando voy, con el fervor
y abnegación de alma de amor sedienta.
 
Lleva mi voz en su temblor escritos
tu nombre, mi avidez, los exquisitos
atributos de espléndida quimera.
 
Por ti y a ti incesante se pronuncia,
te perfila, te horada, y no renuncia
a adaptar tu entidad a mi manera.
 
Los Angeles, 17 de mayo de 2001
(Indice)
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Este amor
 
Este amor ha emergido inesperado,
soñado un día, y al llegar, sorpresa;
vino al amanecer, en la hora blanda,
cuando más frágiles las almas quedan;
se acercó de puntillas,
y no llamó a la puerta;
y aunque usurpó la casa,
es todavía niño, y titubea.
 
Este amor ha medrado vigoroso,
álamo erguido en la árida meseta,
sacudidas las ramas por el viento,
e inconmovible en su postura recia;
hombre curtido por el sol de estío
sobre la piel, y al fondo de las venas;
y es a la vez color, frescura, aroma,
luz que florece, rosa que destella.
 
Este amor se mantiene sin temores,
para el hoy, desvelado centinela,
para el mañana, oscura nebulosa,
para el ayer, amnesia;
vive en su aislada, idílica colina,
ignorante de valles y laderas,
como quien sólo reconoce el lote
poblado por sus pies sobre la tierra.
 
Este amor que retira su mirada
del fuego, y la reclina en las pavesas,
ya no intenta atrapar la blanca nube,
ni en la canción del viento se deleita;
se le han evaporado ya los sueños,
y en la noche monótona bosteza.
 
Este amor, este amor que fue…, se ha muerto,
y en silencio el olvido lo desmiembra.
 
Los Angeles, 18 de mayo de 2001
(Indice)
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Nombre y eco
 
De absurdas multitudes emergí,
uniformes, anónimas, vulgares,
sin más firma que huellas dactilares;
sólo tú tienes nombre para mí.
 
En tu avenida cada casa ostenta
números sucesivos en las puertas;
las otras casas me parecen muertas;
sólo a tu hogar tu nombre representa.
 
Porque tú eres tu casa, sin guarismo,
donde tu propia identidad palpita,
la cápsula en que vives, que te habita,
el nombre que eres tú, que soy yo mismo.
 
Más que una circunstancia o un detalle,
siendo yo el eco en copia de tu nombre;
no existe otra mujer ni existe otro hombre,
sólo un nombre, y un eco, por la calle.
 
Los Angeles, 18 de mayo de 2001
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Decaimiento
 
Roble arraigado en tierra improductiva,
en aparente robustez erguido;
el jugo del subsuelo que he absorbido
corre en mis venas de madera viva.
 
Por mi tronco, elevado a cada rama,
ayer sentí su ascenso persistente;
pero hoy, debilitado, decadente,
hacia su propio origen se derrama.
 
Y en paulatina gravedad desciende,
drenándome los miembros de energía;
mi fronda pierde ya su lozanía,
y de mí lentamente se desprende.
 
Me abandonan rumores y matices,
mientras sobre mí mismo me repliego;
y apenas nadie ve que, en mi sosiego,
desangrándome voy por las raíces.
 
Los Angeles, 19 de mayo de 2001
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453 - Diferentes
 
No adoptes cuanto soy; tampoco quiero
duplicar el perfil que te define;
sólo por encontrarte hacia ti vine,
no por ser en tu espejo prisionero.
 
Mírame como soy, un hervidero
de impulsos y proyectos que, culmine
en éxito o fracaso, determine
mi esencia, cuando vivo y cuando muero.
 
Y yo te miraré como quien eres,
diferente de todas las mujeres,
con rasgos propios, desigual a mí.
 
Dos personalidades, dos razones,
resistentes a las transmutaciones,
pero incrustadas ambas entre sí.
 
Los Angeles, 20 de mayo de 2001
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454 - Antigua llama
 
Me ha llegado hoy su voz, voz del pasado,
que si juzgué dormida, está despierta,
y que a veces también la pensé muerta,
pero parece haber resucitado.

De su silencio aún no recuperado,
y el alma en dudas de su nueva oferta,
siento la herida nuevamente abierta
que nunca logró haber cicatrizado.

Y en esta renovada incertidumbre,
no sé si refugiarme en la costumbre
de abrir los ojos y mirar sin ver,

o si recuperar los viejos lazos,
y de nuevo arrojarme entre esos brazos
para tal vez volverlos a perder.

Los Angeles, 21 de mayo de 2001
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455 - Retorno
 
No más en tierra extraña peregrino,
agorero de rostros y lenguajes,
desentrañando apenas los mensajes
cruzados a mi paso en el camino.
 
Dentro de mí persiste cristalino
el más espléndido de los paisajes;
¿quién precisa de exóticos viajes,
si el punto de partida es su destino?
 
Esculpida en mi propia roca viva
quedaste un día, y yo fui a la deriva,
intentando suplirte u olvidarte.
 
Y en la banalidad de cada encuentro,
llegué a saber que lo que llevo dentro
es de mi realidad la mejor parte.
 
Los Angeles, 21 de mayo de 2001
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456 - A gritos
 
Tanto ha llovido en nuestras soledades,
tan vasta es la distancia, y tan oscura,
que los ojos, sedientos de hermosura,
se anegan en sus propias humedades.
 
En nuestra carne las adversidades
clávanse a dentelladas de amargura,
pues falla el roce que la piel procura,
y el alma sólo abraza irrealidades.           
 
Falto de voluntad, llamo al destino,
pidiendo a gritos que este clandestino,
este prohibido amor al fin florezca.
 
Que el surco abierto encuentre las semillas,
y que me abracen firmes tus rodillas
desde el crepúsculo hasta que amanezca.
 
Los Angeles, 23 de mayo de 2001
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457 - Húmedo sueño
 
Eres el árbol que trepé dormido,
palmo a palmo, en impulsos y sudores,
brazos asiendo ramas en temblores,
y vientre al tronco en júbilo ceñido.
 
Sin sentir la aspereza del vestido,
corteza que arrancaran los calores,
avancé entre las ramas inferiores,
y en verde fronda me detuve erguido.
 
Un aire cálido agitó las ramas,
pareciéndome estar envuelto en llamas,
pero elegí abrasarme antes que huir.
 
Y el fuego ardió, fundiendo mi firmeza,
y en fuego desperté, y en la certeza
de que un día tú lo hayas de extinguir.
 
Los Angeles, 27 de mayo de 2001
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458 - El olvido
 
En la memoria hay una zona oscura
contra el muro del fondo replegada,
precedida de niebla prolongada
donde sólo el olvido se aventura.
 
Te has internado allí, ciega, insegura,
y quedó tu silueta disipada
como al atardecer queda apagada
la luz, cuando la noche se apresura.
 
Qué olvidada te tengo, qué perdida,
que ya no sé tu nombre, ni hay herida
que no ha logrado ya cicatrizar.
 
Sombra en la sombra de mi pensamiento,
impalpable, invisible como el viento,
como el viento que gime en el pinar.
 
Los Angeles, 30 de mayo de 2001
(Indice)
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Comuneros                          
(Romance histórico)        
 
(Click para visión completa del cuadro)
“Ayer fue día de luchar como caballeros,
hoy lo es de morir como cristianos”.
(Maldonado, camino de la muerte)
 
I
Comuneros de Castilla,
rebelión y turbulencia,
que en época de arcabuces
aún disparais la ballesta.
Flamencos del Mar del Norte
se reparten la meseta
mezclando uñas de rapiña
con palabras extranjeras.
Hombres de Tierra de Campos, 
sencillas gentes de aldea,
baten ideas de Imperio
votadas bajo moneda.
Castilla de los principios, 
de la altivez sin soberbia,
que a la Europa del Rey Carlos
se opone, mas no desdeña.
Languidece en su locura 
en Tordesillas la Reina, 
mientras el joven imberbe
exprime el jugo a la herencia.
Qué revolución nacida
de los siervos de la gleba,
mitad blasón campesino, 
y mitad hombre de iglesia.
Ciudades adormecidas
durante siglos, despiertan,
con guerreros como torres 
junto a sus torres de piedra.
La estatua de la Justicia,
balanza a golpes deshecha,
ha levantado la mano 
y se ha arrancado la venda;
ya sólo empuña la espada, 
y es una espada sangrienta.
Por el campo castellano
se desboca la violencia.
-
II
Sobre la Junta del Reino
preside la voz austera
de un hidalgo toledano:
Pedro Lasso de la Vega; 
y Juan de Padilla rige 
las mesnadas de la guerra.
Juan Bravo iza en el Alcázar
de Segovia la bandera;
Maldonado en Salamanca,
que en el Tormes se refleja;
y Antonio de Acuña, obispo,
en la Zamora que riegan
las mansas aguas del Duero,
espejo de sus almenas.
Insurrección desde abajo,
de los hijos de la tierra,
los que abren el surco al trigo,
y viven de sus cosechas.
- 
III
Malograda rebeldía
de quien defiende la idea,
y el derecho del humilde,
fracasando ante la fuerza.
Caballeros y plebeyos
codo con codo, en la arena
de Villalar se batieron;
la lluvia, tenaz y recia,
flagelándoles el rostro,
casi combatiendo a ciegas.
La batalla está perdida,
y la rebelión en quiebra.
- 
IV
Lento se mueve el cortejo;
los tres héroes en cadenas
avanzan con paso firme,
hacia la última frontera:
Juan de Padilla, Juan Bravo,
y Maldonado. Revelan
resignación en los ojos,
y altivez en la manera.
El pregonero les sigue,
con voz rutinaria y neutra:
-“Escuche quien tenga oídos,
y quien ojos tenga, vea.
Quien como traidor combate,
como traidor también muera”.
Es el anuncio cuchillo
que desgarra y que penetra,
-“¡Mentís!” exclama Juan Bravo,
alzando voz de protesta.
“Miente tanto quien lo dice
como miente quien lo piensa”.
Breve silencio acontece,
que la multitud respeta.
Maldonado lo interrumpe:
-”Juan Bravo, amigo, doblega
tu impulso, que ayer fue dia
de luchar en la contienda.
Si allí fuimos caballeros,
hoy solamente nos resta
proceder como cristianos
a quienes la muerte espera.”
-
V
Tres golpes secos del hacha,
sobre el bloque de madera,
tres borbotones de sangre,
y rodando tres cabezas.

Salió a su balcón de nubes
la luna, y miró a la tierra;
su paisaje, qué lejano,
qué próxima su tristeza.
Desviando la mirada,
rodó en silencio, serena,
con el borde de su manto
llevándose las estrellas.


Los Angeles, 30 de marzo de 2001
(Indice)   Comentario

 

 

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Último poemario de Francisco Alvarez Hidalgo, 

disponible en España desde mayo 2006, 

y en América a partir de primeros de junio 2006.

Más información en el siguiente enlace:

http://poesiadelmomento.com/voces/vocesalviento.html

 

 

El correo frankalva@earthlink.net

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Entre 1517 y 1522 se desarrolló en Castilla un movimiento
revolucionario cuya consecuencia fue la llegada al trono de
Carlos de Gante, que gobernó a España como Carlos I y 
a Alemania como Emperador Carlos V.
Para mayor información sobre la llamada Guerra de las 
Comunidades, véase la siguiente página:
 

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