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(Agosto 2001)
-Poemas para ser
leídos en voz alta
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Página instalada el 31 de agosto de 2001



- 776
- Tranportador de sueños y
esperanzas,
- los otorgo al pasar, no los
retengo;
- rapsoda soy, y sigo en mis
andanzas
- sin pensar dónde voy, de dónde
vengo.
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- 777
- No sé si quiero verte, mujer
desconocida,
- porque, al no haberte visto, con
ansiedad te espero;
- y si a mi encuentro vienes, luego de tu
partida,
- precisará mi vida de un corazón de
acero.
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- 778
- En esta soledad en que no atino
- ni al tú, ni al yo, perdido entre los
otros,
- indágame, descúbreme el camino
- que me pueda llevar hacia el
nosotros.
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- 779
- Dame ese amor feroz y descarado
- ajeno a ineficaz consentimiento;
- tu nombre en mi cerebro va
tatuado,
- y llevo el corazón sobrecargado
- con un amor igualmente violento.
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- 780
- Sal de la noche a la mañana
clara,
- vestida de ti sola, tan ligera;
- que, alboreando, el nuevo sol te
espera
- sin restringir sus besos a la
cara.
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- 781
- Por los ojos te escucho, con los ojos me
expreso,
- los labios enmudecen, y gritan las
retinas;
- se han muerto las palabras ahogadas en
su exceso,
- vive el silencio, rosa desprovista de
espinas.
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- 782
- Esta locura de hoy, que no
comparto
- con el agua, ni el aire ni la
tierra,
- a orillas del secreto, es arduo
parto,
- que no alumbra la vida, mas la
entierra.
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- 783
- Pétalos del deseo, qué pesados
- al abrirse en el grito que no
adviertes;
- y si ignorados quedan, son tan
fuertes
- que profundizan en la piel
clavados.
(Indice) |


- 505 - Arbol
que por ti crece
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- Mis manos, las raíces de mi
mente,
- calan en la humedad de tu
terreno;
- a qué viscosa oscuridad condeno
- cada dedo en ti hurgando
diligente.
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- Son raíces que ahondan lentamente
- en suelo ya ni incógnito ni
ajeno;
- desde la cumbre del cerebro
ordeno,
- y tu tierra en su seno me
consiente.
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- Absorberé tu savia alborotada,
- regadío de toda mi enramada,
- cruzando los anillos de la edad.
-
- La verde fronda que en abril
florece,
- tanto a ti como a mí nos
pertenece,
- que en mí circula tu vitalidad.
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- Los Angeles, 2 de agosto de 2001
- (Indice)
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- Punto infinito
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- Sólo una antorcha que mi noche encienda,
- sólo un relámpago de amor persigo,
- un préstamo extendido a corto plazo,
- de carne exacta y corazón ambiguo;
- voracidad que exprima y que desgarre,
- puño crispado y drástico cuchillo.
- ¿Un íntimo escarceo inconsecuente?
- ¿Conversación sintetizada en grito?
- ¿Un capítulo aislado en el relato,
- isla en el archipiélago del libro?
- No el episodio efímero, inconexo,
- que nace y muere en el momento mismo;
- no la nube inventando extrañas formas,
- que el viento aleja sin dejar vestigio;
- no la canción que se desangra en tonos
- disolviéndose en ráfagas de olvido.
- Mas el encuentro en base de convenio
- desnudo de promesa y compromiso;
- la ofrenda actual sin proyección lejana,
- instante de relojes detenidos.
- Sin extinguirse, aunque el momento muera,
- sin morir, aunque ya se haya extinguido.
- El punto que se vive intensamente,
- infinito será, como uno mismo.
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- Los Angeles, 2 de agosto de 2001
- (Indice)
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- 506 - Vuelo de la mente
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- Vencida está la noche, y yo vencido,
- vencida estás, mas nunca en retirada,
- en libertad estoy, tú liberada
- de todo, no de mí, que te he invadido.
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- Indefinido estado, ni dormido
- ni despierto me encuentro en tu mirada,
- y desde el pie del lecho hasta la almohada
- estás, estoy…, nos hemos evadido.
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- Los cuerpos en mecánico ajetreo
- entremezclan sudores y deseo,
- mientras las mentes vuelan a otra esfera.
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- Sé que salí de mí, y de ti saliste,
- y aunque el recuerdo en evocarlo insiste,
- no sé dónde estuvimos, compañera.
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- Los Angeles, 2 de agosto de 2001
- (Indice)
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- Nostálgico viento
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- Estrechó el viento sus brazos
- en mástiles y poleas,
- y entre el azul y azulverde,
- blancos trapecios y cuerdas.
- Rompía el mar las espumas
- en silencios de madera,
- y en el mascarón de proa,
- chapuzaba una sirena.
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- Pero hoy en los siete mares
- el velero no navega.
- Le han hecho buque de carga,
- le han arrancado las velas,
- le han achatado el contorno
- erecto de su silueta,
- de verticales y curvas
- a horizontales y rectas.
- Sordos rumores le empujan,
- y el viento se desorienta
- jadeante entre las olas
- buscándole, y no le encuentra.
- El viento, amigo, aliado
- de trirremes y galeras,
- innecesario a estos monstruos
- de metálica soberbia.
- El viento, amante olvidado,
- gime perdido en revueltas,
- y huye al fin. Le dan sus brazos
- los olmos de la ribera;
- y sueña entre verdes pinos
- nuevos mástiles y velas.
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- Los Angeles, 4 de agosto de 2001
- (Indice)
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- 507 - Intima alianza
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- ¡Ay, qué destino el tuyo tan aciago!
- que admiras en la rosa las espinas,
- en tu propio sendero plantas minas,
- y en cada aurora esperas nuevo estrago.
-
- De nuevo enciendes fuegos que yo apago,
- y a mi restauración siguen tus ruinas;
- ¿no ves que en tus temores determinas
- que cuando tú naufragas, yo naufrago?
-
- Tu mano de tal modo a mí se aferra
- que sobre el mar azul, la parda tierra,
- o por el aire transparente vamos
-
- en íntima alianza indisoluble;
- y aunque el paisaje alguna vez se nuble,
- por él vinimos y por él marchamos.
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- Los Angeles, 4 de agosto de 2001
- (Indice)
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- Bautismo naval
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- Mi sombra inmóvil sobre el agua turbia
- dormía un sueño de horizontes nuevos;
- mudos ya los impactos del martillo,
- en el soplete replegado el fuego,
- y los férreos brazos de las grúas
- al cielo gris ociosos ornamentos.
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- Tú, en la magnificencia del instante,
- bajo las amplias alas del sombrero,
- eras la madre azul, predestinada
- a darme vida. Mi primer aliento
- saldría de tus manos, golondrina
- batiendo el aire tibio en corto vuelo.
- Música, globos, personalidades,
- conversación banal, brindis, estruendo,
- y el discurso oficial, frases comunes
- presentando en disfraz conceptos huecos.
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- Yo sólo atento al gesto reprimido
- de la mano enguantada, sosteniendo
- negra botella, en lazo azul y verde,
- del mejor vino tinto, ofrecimiento
- a las divinidades de los mares,
- a las olas, las nubes y los vientos.
- Y al fin tu mano, madre azul, qué auspicio
- tan favorable, la arrojó a mi pecho
- de oscuro hierro, reventando en sangre,
- desatando mi pulso y movimiento.
- Mis ojos, llorando anclas y cadenas,
- mi casco, un vientre todavía hueco.
- En lento balanceo sobre el agua,
- contemplé el ondear de tu pañuelo,
- deseo de venturas, y aventuras,
- de alegre marcha, de feliz regreso.
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- Volveré, madre azul, volveré un día.
- ¿Me esperarás aquí, en tu mismo puerto?
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- Los Angeles, 6 de agosto de 2001
- (Indice)
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- 508 -
Y volverán a ti
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- Mis palabras de amor, tropel
nutrido
- de alondras en vivaz revoloteo,
- regresarán un día; yo las veo
- cual si no hubieran de mi lado
huído.
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- Cada afable inflexión, dulce
gemido,
- cada delicadeza o escarceo,
- era un golpe de espuela en el
deseo,
- era mi propio yo sobre un oído.
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- Pero aquellos oídos, hoy
sellados,
- fueron de mis palabras
despojados,
- y éstas vuelan, perdido el
derrotero.
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- Fueron tuyas, mas tú estabas
ausente,
- y volverán a ti, que eres la
fuente,
- causa real, destino verdadero.
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- Los Angeles, 9 de agosto de 2001
- (Indice)
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- Tu nombre
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- Nunca serás enteramente mía,
- porque tu nombre no ha sido tallado
- por el golpe febril de mi palabra,
- ni por el firme escoplo de mi mano.
- Tu nombre me es ajeno,
- vástago de otra mente, de otros labios;
- lo llevabas en ti cuando acudiste
- al cruce donde yo estaba esperando.
- Enlazamos en uno dos caminos,
- coordinamos el ritmo en nuestros pasos,
- y remitimos al ayer la espalda,
- como si ayer pudiera ser borrado.
- Y lo fue en cierto modo,
- salvo por el abrupto ramalazo
- de tu nombre, tenaz, tan a destiempo
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