Original de

 

 

Poemas 80b  2ª entrega Marzo 2003

 

 

 

 

Catching the Sun by Steve Hanks

 

Llovizna de nostalgias, insistente,
crispándote la piel, bajo el vestido…
¿Retornará el pasado hacia el presente,
o seguirá lloviendo hasta que ausente
de ti misma se pudra en el olvido?

 



 
 
1035
Mira al azul de cielo, idealista,
que la ilusión nos viene de la altura;
mira a la tierra, que hay una conquista
a realizar, por cada desventura;
mira de frente, con resuelta vista,
que está sonando ya la hora futura;
las máscaras lanzadas, al desnudo,
que la verdad es el mejor escudo.
 
 
1036
Solemne requiem por marchitas flores,
que no supieron resistir la escarcha;
muertas casi al nacer, sin trovadores,
sin la inmortalidad ni los honores,
que uno adquiere al vivir sobre la marcha.
 
Muerte en oblicuidad, y prematura,
sin ramo, ni solapa, ni florero,
muerte de media noche, que apresura
la orfandad del jardín, con la amargura
de quien cae, sin llegar, junto al sendero.
 
 
1037
Recela, amor, del alba; se avecina
con la sonrisa abierta del amigo;
mas su luz y rumor llevan consigo
inevitable gestación de ruina.
 
Esta es la noche que jamás debiera
llegar a un fin, noche radiante, clara,
con múltiples rumores de algazara,
y luces de perenne primavera.
 
 
1038
Te ignorarán mis manos al hacerte el amor,
mis ojos y mis labios omitirán contacto,
y tu piel será ajena, remota a mi temblor,
sin que por eso deje de consumar el acto.
 
Sólo tenues murmullos, vibrantes alaridos,
sofocantes jadeos, o reposada calma:
la cópula a distancia que entra por los oídos
y convierte alma en cuerpo, y torna cuerpo en alma.
 
 
1039
Secuencia eres del mar, de la selva, del cielo,
continuación serena de su belleza innata;
en ti navego y ando, por tu bóveda vuelo,
mi dorado paisaje, mi alborada de plata. 
 
 
1040
Rosa tallada en mármol, desnuda de fragancia,
de rígida corola, delicadeza fría;
me saturas la mente de tu clara elegancia,
y me dejas el alma tristemente vacía.
 
 
1041
No me quedan sonrisas, sólo muecas,
máscaras grises de los sentimientos,
disfrazando recónditos lamentos,
como hojas verdes sobre flores secas.
 
Pero me quedan besos no firmados,
besos que aprenden a batir las alas,
centelleando en sus mejores galas,
prestos a ser servidos o usurpados.
 
 
1042
En busca voy de una palabra nueva,
ignorante de nombre o de sentido,
lo aprenderé de su eco en el oído,
tan pronto la pronuncie o me conmueva.
 
Será  “levántate”, he aquí mi mano;
o “sígueme”, que tuyo es mi camino;
o tal vez “quédate”, sé mi destino;
y al escucharla me sabrás hermano.
 
 
1043
¿Qué recuerdo es más fiel? ¿El de los vivos,
fluyendo libre, casi negligente,
o el de los muertos, quedo, consistente,
clavado en módulos definitivos?
 
¿Qué recuerdo es más fiel? ¿El que se aleja,
viene y va, evoluciona y se derrama,
o el que ni delibera ni reclama,
y es ajeno al reproche y a la queja?

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732 - No te amo más
 
No te amo más cuando mi abrazo lento,
tras largo agonizar, llega a tu lado;
aunque tanto en mi exilio te he añorado,
no es junto a ti que muere mi lamento.
 
Mi duelo es inmortal, y en cada intento
de exterminarle quedo derrotado;
si me siento en tu ausencia mutilado,
contigo el éxodo otra vez presiento.
 
Me perteneces más si no te tengo,
pues hay adios tan pronto como vengo,
espera, encuentro, lágrima y partida.
 
No hay primavera ya, sólo hay invierno
sobre este amor, que para ser eterno,
debe sangrar de inagotable herida.
 
Los Angeles, 10 de marzo de 2003
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734 - ¿De qué sirve?
 
Cada declaración, cada promesa,
abre una zanja entre tu pie y el mio;
nos une un ancho y árido vacío
que ni se contraerá ni se atraviesa.
 
Somos la boca que habla, mas no besa,
desolación de atardecer sombrío,
riberas somos de incesante río,
quedando mientras fluye, y no regresa.
 
Me dueles tanto que mi piel se agrieta;
sobre el madero soy llama incompleta,
zigzagueando sin brindar calor.
 
¿Por qué guardar la rosa, si marchita?
¿De qué sirve el amor que así limita?
¿Qué hacer con tal ausencia, tal dolor?
 
Los Angeles, 11 de marzo de 2003


737 - Partir, morir
 
Me voy muriendo en la mañana rosa,
cuando la tierra es vida que renace;
y aunque tenaz a tu perfil me abrace,
la hora ha sonado, firme y ominosa.
 
Hora ya de partir; qué silenciosa
en el fondo de tu alma mi alma yace;
la muerte no dialoga, nos deshace,
verdugo del amor, bestia celosa.
 
Siempre se muere un poco al despedirse,
y a veces mucho, y no puede decirse
si está más muerto quien se va o se queda.
 
Partir, morir, cuando el rosal germina,
cuando resurge el sol tras la colina,
cuando el viento acaricia la arboleda.
 
Los Angeles, 14 de marzo de 2003


 
738 - Alejamiento
 
Furtiva, inabordable, tan remota
como la sombra, como mar distante,
como sendero azul sin caminante,
o blanca nube que en el cielo flota. 
 
Bebí tu incertidumbre gota a gota,
y hoy la duda es mi fiel acompañante;
por ti libré batallas, y constante
me persigue el hedor de la derrota.
 
Se me olvidan los brazos al mirarte
porque estando a mi lado estás aparte,
sombra, sendero, mar, nube lejana.
 
Furtivo pie alejándose sin huella,
inabordable albor, remota estrella,
almanaque sin hoy y sin mañana.
 
Los Angeles, 15 de marzo de 2003


 
Madre sin hijo  (Tríptico)
 
741 – I - Expoliación
 
Mi vientre de mujer, alborozado,
un clavel enjauló, rozó un lucero;
nueve meses lo tuve prisionero,
tiempo de íntimo diálogo callado.
 
Salió de mí; se me quedó colgado
del seno como un ángel compañero,
como violeta al borde del sendero,
o sueño azul primaveral dorado.
 
Pero ladrones de almas, sin careta,
me robaron el ángel, la violeta
quedó pisada, el sueño interrumpido.
 
Una zarpa brutal quebró mis huesos
y arrebató mi manantial de besos,
dejándome un invierno oscurecido.
 
Los Angeles, 16 de marzo de 2003
 
 
 


742 – II - Distanciamiento
 
La sombra de ese invierno, densa y fría,
sigue envolviéndome, como un sudario
amortajando el alma; mi calvario
alza una cruz sangrante en agonía.
 
Qué desigual distancia en lejanía:
para él tal vez yo un nombre innecesario,
y él mi finalidad, mi itinerario,
y la razón de mi melancolía.
 
Tantos años perdidos al cariño;
la vida injusta me ha robado al niño,
y el muchacho camina indiferente.
 
Cada día a la luz oculto el llanto,
desbordando en la noche, y me levanto
con angustia de mí, y amor de ausente.
 
Los Angeles, 17 de marzo de 2003
 
 
 
 
743 – III - Expectativa
 
Dieciséis años hoy, un metro ochenta,
cómo duelen centímetros y meses,
trepando calendarios y cipreses,
mientras mi pecho de ansiedad  revienta.
 
Al fin su voz una esperanza alienta
como la oferta de oro de las mieses,
y tras tantas tinieblas y reveses
mi diminuta llama se acrecienta.
 
Qué miedo tengo a la ilusión, qué miedo,
mi escepticismo y regocijo enredo
entre la incertidumbre y la esperanza.
 
Cómo de no abrazar duelen los brazos,
cómo este corazón, a martillazos,
hacia ti con incierto paso avanza.
 
Los Angeles, 17 de marzo de 2003
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725 - Lejos
 
Tantas ausencias, tantas lejanías,
forjadoras de acerbas soledades,
kilómetros geográficos, de edades,
de ideas, intenciones, fantasías.
 
Arrancamos de alegres melodías,
de esperanza inicial, de intensidades,
y nos devoran las adversidades
de tiempo, espacio y sus melancolías.
 
¿De qué sirven las nubes, las estrellas,
si no consiguen imprimir sus huellas
en la piel, aunque estén en la retina?
 
Lejos es apellido de la muerte,
algo que floreció, que yace inerte,
viejo palacio en lamentable ruina.
 
Los Angeles, 6 de marzo de 2003


 
744 - Palabra escrita
 
Sólo te brindo mi palabra escrita
en la que íntimamente colaboras,
sin inflexión, en tintas incoloras,
aunque la mano con temblor la grita.
 
Cuando tu vista extática la admita
vestirá de rumores y de auroras,
como si obraran hadas soñadoras
fértil resurrección de flor marchita.
 
Te llegará tan claro mi mensaje,
como el más vivo, enfático lenguaje,
claro estallido de la primavera.
 
Y habrá noches de músicas calladas,
y luminosas, tersas alboradas
que yo contigo compartir quisiera.
 
Los Angeles, 19 de marzo de 2003


 
Franca la puerta
 
Hay mujeres que avisan a los ojos,
y hay mujeres que llaman a las manos;
otras callan, aisladas en cerrojos,
otras exhiben sus primeros planos;
 
tú me avisas, me llamas y te exhibes,
yo lo advierto, respondo, y te analizo;
te describen mis manos, me describes,
y en tus zonas más hondas me deslizo.
 
Y en temblores de senos y caderas,
en crispación de muslos y de brazos,
habrá dos ángeles, o habrá dos fieras,
aleteos tal vez, tal vez zarpazos.
 
A la aventura o al amor alerta,
a lo que un sueño fue, y es hoy suceso,
mantén la piel en flor, franca la puerta,
la indecisión dormida y raudo el beso.
 
Los Angeles, 7 de marzo de 2003
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Decepción
 
El tropezón es signo indefectible
de que tenemos senda, y caminamos;
si en el amor a veces fracasamos,
amar de nuevo es lo único factible.
 
No he de amarrar mis pies si, derrotado,
sangra mi cuerpo al sol sobre la roca;
puede haber otros labios en mi boca,
y otra desnuda piel a mi costado.
 
Si el nuevo beso en rabia se elabora,
progresará en dulzura y arrebato,
como avanza el pintor en el retrato,
de tosco rasgo a forma ensoñadora.
 
Habrá llanto tal vez, porque en la herida
hierve el dolor, con sal, fuego y veneno,
pero habrá un bisturí que no refreno,
y sajará la fístula podrida.
 
La memoria a menudo el alma muerde
con mandíbulas largas en razones;
es posible que en esas ocasiones
indiferentemente te recuerde.
 
Los Angeles, 26 de marzo de 2003
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