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Abrete, Sésamo, y ofrece al mundo
la fértil dádiva de tu riqueza,
que aunque el hombre es un pobre vagabundo,
arrastrando violencias y aspereza,
lleva un germen recóndito y fecundo,
creador de la luz y la belleza.
Dale oportunidad, dale esperanza,
y en un pincel transformará su lanza.

 

 

 

 

 

 
 
1044
Eres mujer de numerosos nombres
en voces que te llaman por quien eres;
cada nombre es martillo, y con él hieres
desde la ávida boca de tus hombres.
 
 
1045
Ven hacia mí dinámica y vencida,
reside en mí, pacífica o vibrante,
en la fragilidad del breve instante
que es el único pulso de la vida.
 
 
1046
Será miedo a perderte o compartirte,
o a hallar huellas extrañas en tu piel;
yo quiero ser el único cincel
que logre modelarte y esculpirte.
 
 
1047
Vestido estoy de cantos y poemas,
y cada nota y verso te reclama;
ataviada estás de luz y llama,
y de noche me alumbras y me quemas.
 
 
1048
Por tu nombre a las cosas voy llamando,
ya no hay roca, ni hay álamo, ni hay río,
aunque no me respondan, todo es mío,
y todo sabe que te estoy amando.
 
 
1049
Con la afabilidad del primer día,
con el atrevimiento del segundo,
con el dolor y la melancolía
del abrazo final, largo y  profundo,
con la desesperanza y la agonía
de las últimas horas de este mundo;
así, con arrebato y sin estruendo,
voy, entre tus impulsos, irrumpiendo.


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Si supiera
 
Se descuelga la noche en las cornisas,
deslizando su sombra en los balcones;
al interior, penumbra en los rincones,
y media luz en lecho sin sonrisas.
 
El aire de la alcoba, saturado
de soledad y miedo; y el amante,
abrazado al insomnio, navegante
por un mar de dolor desesperado.
 
Si la pupila de la amada viera
la sangre que en el alma se derrama;
si oyera el grito que en silencio clama;
si supiera de amor, ah, si supiera...
 
Los Angeles, 27 de marzo de 2003
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A media noche
 
A tu lado, a media noche,
yo acariciando tu espalda,
y tú el dorso de mi mano,
mientras te leo en voz baja;
mientras te leo sonrisas
que suenan como palabras,
que ascienden como cadencias
y descienden como lágrimas.
Todos mis versos han sido
correspondencia callada,
claridades que dormitan,
río sin rumores de agua.
Hoy se articulan, renacen,
y sobre mi voz cabalgan,
ángeles sobre pegasos
que baten alas de plata.
Fueron tuyos en silencio,
lo son hoy en algazara;
hoy, además de mi firma,
llevan suspiros del alma,
me llevan a mí, exhaustivo,
con mi angustia y mi esperanza,
con mi dolor y mi gozo,
mi ilusión y mi nostalgia.
A tu lado, a media noche,
cuando los murmullos callan,
cuando se ha dormido el sexo,
y se despiertan las almas.
A media noche te leo
versos que se me derraman,
tanto tiempo prisioneros
bajo las letras opacas.
A media noche te arrullo
con arias que se desatan
de mis páginas, y fluyen
sin pausa hacia ti, sin pausa.
A media noche te digo
tantas cosas, tantas, tantas...
 
Los Angeles, 28 de marzo de 2003  
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759 - Me iré en silencio
 
No me verás vencido por la muerte,
en tu lejana vida refugiada;
me iré en silencio, etérea bocanada
de humo blanco que en aire se convierte.
 
No habrá columna póstuma que alerte
dónde y cuándo morí; despreocupada
aleteará la brisa en la enramada,
esperando tal vez que me despierte.
 
Tendrá el mundo el mismo aire indiferente
de quien todo lo ha visto y nada siente,
los mismos ríos hacia el mismo mar.
 
Ni alma ni senda mantendrá mi huella;
me albergaré en la luz de alguna estrella
que no sabrás quizá identificar.
 
Los Angeles, 3 de abril de 2003
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760 – Todo igual
 
Cuando te vayas, y te irás, las cosas
seguirán su trayecto somnoliento,
el tibio sol de invierno caerá lento
sobre las almas mustias de las rosas.
 
Indecisas irán las mariposas
en su zigzag perenne; torpe el viento,
se perderá en camino polvoriento,
y habrá temblor de estrellas luminosas.
 
Todo será como antes haya sido,
dulce la melodía, áspero el ruido,
azul el mar, radiantes las mañanas.
 
Todo igual, sin reproches, sin enojos,
y lágrimas brotando de mis ojos
en dos interminables caravanas.
 
Los Angeles, 4 de abril de 2003
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761 - Dudoso sueño
 
Dejé sueños atrás, dejé esperanzas,
sólo traigo, en dolor amortajados,
arsenales de besos afilados
traspasando mis labios como lanzas.
 
Abandoné las mudas añoranzas
sepultadas en campos desolados;
me apuñalaron por los dos costados,
y retiré mi fe en sus alianzas.
 
Tengo miedo al recuerdo, que me instiga
a soñar y esperar, a que persiga
la ilusión que ha venido fracasando.
 
Voy a encerrarme en soledad oscura,
que quien sueño dudoso se procura
sólo a sí mismo se estará engañando.
 
Los Angeles, 4 de abril de 2003
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Milagro y riesgo
 
Palidecen, se apagan, enmudecen,
color y luz y música de antaño,
y un arenal en sombras, sin oasis,
ha ocupado mi espacio.
Han muerto los paisajes,
las voces han callado,
y una ruina de viejas estructuras
es túmulo y pirámide al fracaso.
Sólo hay vidrieras rotas
de catedrales, buques en naufragio,
murallas derruídas
y columnas de mármol,
decapitadas por hostiles fuerzas,
soterrando sus bloques en el barro.
Arquitecto de ensueños y armonías,
elevé mis quimeras, visionario,
rompiendo moldes de lugar y tiempo,
siempre en busca de riesgos y milagros.   
El prodigio nació, pero los riesgos
en multiplicación lo estrangularon.
Guía el tiempo en mi tierra su carroza
de ruda confusión y desencanto,
y yo, bajo las ruedas,
gimo, agonizo y sangro.
 
Los Angeles, 5 de abril de 2003
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762 - Ojos
 
He plantado en tus ojos nueva vida
que repite incesante las escenas
entre los dos labradas; las ajenas
ya no tienen entrada ni salida.
 
En mí has de ver la juventud florida
que un día poseyó torres y almenas;
en ti veré parterres y colmenas,
mío tu gozo; tu dolor, mi herida.
 
Aislada estás de todo, estoy aislado
de cuanto me separa de tu lado,
a través de tus ojos veo el mundo;
 
tu observación del mundo está en los míos;
los ojos anteriores, hoy vacíos,
no son más que destello moribundo.
 
Los Angeles, 5 de abril de 2003
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763 - Sin antes ni después
 
Eres instante hipnótico, encendido,
que rehusa morir u oscurecerse;
acción que luchará por extenderse
más allá de los lindes del olvido.
 
Eres presente, un punto definido
que sabe pretender o estremecerse,
una fracción que no quiere perderse,
beso a la vez sorpresa y convenido.
 
Eres momento memorable, ahora,
rosa que exuberante se desflora
para vivir, muriendo en plenitud.
 
En este soplo de esplendor te quiero,
sin antes ni después, y en él espero
sorberte el alma en toda su amplitud.
 
Los Angeles, 5 de abril de 2003
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764 - Mientras yo aquí
 
Fatigado de luz y de estridencia,
se arropa el día en la quietud oscura
de la cálida noche, en que se augura,
si leve asalto, leve resistencia.
 
Tiempo de intimidad, de confidencia,
sobre el diván, que en languidez madura;
y la intención furtiva se aventura 
tal vez bajo escarceo de inocencia.
 
La mano es alpinista en la rodilla,
en avance gradual a la mejilla,
desplegándose en brazo sobre el hombro.
 
Los párpados descienden, sin desvío,
y habrá un beso en tus labios que no es mío,
mientras yo aquí entre lágrimas te nombro.
 
Los Angeles, 6 de abril de 2003
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765 - Acude a renacerme
 
Maniatado en las sombras opresivas
de los sueños fallidos, mi costado
va siendo brutalmente devorado
por aves de rapiña vengativas.
 
Buitres de olvido, águilas esquivas
de desencanto, cuervos de acerado
pesimismo, me dejan mutilado,
inhábil para nuevas tentativas.
 
Acude a renacerme, que en tus manos
duermen relámpagos que, si cercanos,
sabrán estremecer mis energías.
 
Regenerado, y en la luz radiante,
reanudaré mis sueños, navegante
por el mar de tus noches y tus días.
 
Los Angeles, 6 de abril de 2003
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766 - Dos semanas
 
Estos catorce días eran míos,
amasados de espera y esperanza,
catorce heridas a revés de lanza
sangrando en flujo de catorce ríos.
 
En amplitud de soledad, vacíos
de la sonrisa que en el alma danza,
escuadrón de amarguras, alianza
de congoja, temor y escalofríos.
 
Dos semanas, catorce eternidades,
y un difuso convoy de ambigüedades
rodando como tanques en la mente.
 
Perdí mis días, se quebró mi ensueño,
tendré palabras, pero el firme empeño
de soñar, quedará como yo ausente.
 
Los Angeles, 7 de abril de 2003
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767 - Desaliento
 
Las nubes pasan, ¿las veré volver?;
los ríos fluyen, fluyen y se alejan;
las brisas me acarician y me dejan;
las palabras no saben responder.
 
¿Debemos olvidar o pretender,
si las cosas no son lo que reflejan?
Y a las voces amargas que se quejan,
¿alcanzará el descuido a enmudecer?
 
Ni pretensión, ni olvido, ni mutismo,
tal vez volver la vista al fatalismo,
sucede lo que tiene que ocurrir.
 
Habrá que desnudarse de ilusiones,
curtir la piel, blindar los corazones,
matar la luz, dormir...¿Dormir? Morir.
 
Los Angeles, 7 de abril de 2003
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Hoy no es mi soledad como era ayer,
ni lo será mañana como ahora;
que cada día de una forma llora,
como es distinto cada atardecer.

 

 



 

Último poemario de Francisco Alvarez Hidalgo, 

disponible en España desde mayo 2006, 

y en América a partir de primeros de junio 2006.

Más información en el siguiente enlace:

http://poesiadelmomento.com/voces/vocesalviento.html

 

 

El correo frankalva@earthlink.net

está cerrado. Por favor dirigirse a:

franciscoalvarezhidalgo@gmail.com

La familia de Francisco te responderá agradecida.

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