Poesía del momento. Nº 88 a 1ª entrega: Noviembre 2003

 

Original de

Francisco Alvarez Hidalgo

Cada estrofa, cada verso,
es parte de lo que soy;
con cuanto escribo, me doy;
si me lees, te converso,
sin verme, contigo estoy.

 

Breverías

   
1124
Eres espejo que en la noche duerme,
sin luz, sin movimientos, sin colores;
nada reflejas ya, no podrás verme,
ni te veré cuando en silencio llores.

1125
Ya me dejó el invierno; entre los dedos
me germina una nueva primavera;
dentro de mí sazona el alma, y fuera
se descomponen los antiguos miedos.

1126
El fugitivo es el soldado cuerdo
que volverá a luchar;
hay que evadirse a veces del recuerdo,
para volver a amar.

1127
Pensé que amé; y amé tal vez, aun cuando
mi amor no fue una calle de ida y vuelta;
hoy alguien va a mi lado caminando,
sonrisa al aire, cabellera suelta;
amor que viene y va, tomando y dando,
de actitud tan sutil como resuelta.
Amor es calle de ambas direcciones,
dos amantes, idénticas acciones.

1128
Hay un orden en mí, vacío, helado,
ruptura que se niega a restaurarse;
y un desorden espléndido, habitado
por ti, por mí, que no quiere ordenarse.

1129
Me queman en las manos caricias sin destino,
a las que puse nombres que más tarde borré;
hoy que mi huella acopla tu pie sobre el camino,
y tu piel las requiere, tu nombre les daré.

1130
Se ha oscurecido el día de los ofrecimientos,
de las manos abiertas, la rosa inmerecida;
la tierra que invadimos no fue la prometida;
hoy estalla la aurora de los atrevimientos.

Se detienen los trenes del recuerdo, el navío
de los sueños azules deja el atracadero;
el horizonte llama, y un mágico sendero
se abre sobre las aguas; queda el puerto vacío.

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Poemas

   
925 - Sonia a los cuatro años

Tan chiquita, y resbalas por la vida
precipitada, a ritmo de torrente;
nada de lago en ti, si una vez fuente,
no fluyó en placidez adormecida.

De risas y ajetreo entretejida
a lomos de un tapiz irreverente,
que sólo al verlo se alza en el ambiente
pleno gozo de clara amanecida.

Eres luz, cascabel y castañuela,
tu voz en permanente centinela
para gritar sonrisas al oído.

Profuso revoltijo de alegrías
desmenuzando al sol melancolías,
que al punto de llegar, por ti se han ido.

Los Angeles, 2 de noviembre de 2003

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926 - Hotel San Gregorio

Siempre la oscuridad tu territorio,
luz apagada, párpados caídos,
pero nuestra explosión de alma y sentidos
fue a miradas y luz en "San Gregorio".

Encuentro extático, aunque transitorio,
trenzando un haz de júbilos prohibidos
con los tentáculos entretejidos
en la complicidad del dormitorio.

Brota la misma rosa año tras año,
y al subir nuestros pies cada peldaño,
parecen reencontrar sus viejas huellas.

Te quiero así; no sé si te querría
teniéndote a mi lado cada día
en vaivén de rutinas y querellas.

Los Angeles, 4 de noviembre de 2003

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927 - Dentro

Indago en cada rostro que aparece,
y en ninguno descubro tu mirada;
escucho tanta voz alborozada,
y la tuya es la sola que enmudece.

Sigo a la multitud, pero carece
del ritmo de tu paso, va cansada;
y si la brisa llega perfumada,
su fresco aroma no te pertenece.

Y me siento a la vera del camino.
¿Por qué será que sólo te adivino,
y cuando quiero hallarte, no hay encuentros?

Tal vez no existes; eres pura idea
que la mente forjó, la fe moldea,
y sólo tienes vida en mis adentros.

Los Angeles, 7 de noviembre de 2003

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A la alborada

A la alborada, cuando despierto,
no abro los ojos,
tiendo los brazos y no te encuentro.

A la alborada tiene mi cama
dos soledades,
una a mi lado y otra en mi almohada.

A la alborada la luz entierra
sus alegrías,
como si el alma estuviera muerta.

A la alborada todo está oscuro,
todo en silencio,
hasta mis ojos están de luto.

A la alborada, desnudo y solo,
ya no te espero,
y me pregunto: ¿Cómo es tu rostro?

Los Angeles, 7 de noviembre de 2003

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Frío

Duerme el paisaje en la caricia fría
de un sol sin corazón, sólo cerebro.
Cuelga la nieve, muda y apretada,
en los brazos en cruz de los abetos.
El viento helado no me curte el rostro,
me penetra la carne hasta los huesos;
la piel casi no siente, sólo el alma
se transforma en un témpano de hielo.
Como el oso polar, entro en mi cueva,
y en prolongada hibernación me duermo.
Llamadme cuando el sol rejuvenezca,
y despierten los ríos al deshielo;
cuando tiemble, al nacer, la primavera,
y recoja su látigo el invierno.

Los Angeles, 8 de noviembre de 2003

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Jardinero

Salgo al jardín. No siendo jardinero
de vocación, sino de compromiso,
riego el rosal, recorto los arbustos,
podo la vid, atildo los caminos,
de forma rutinaria, sin esfuerzo,
sin entusiasmo, casi con descuido.

Las flores nunca son definitivas,
se quedan por un tiempo; de improviso,
alguien las corta y mueren de repente,
o agonizan en lento sacrificio.
Pero siempre se van, nos abandonan,
haciéndonos sentir envejecidos.

¿Para qué cultivarlas con esmero,
si su disipación es nuestro exilio?

Los Angeles, 9 de noviembre de 2003

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928 - Sin mirar hacia atrás

¿Por qué este nuevo amor me reconoce
derechos que yo no he reivindicado?
¿Por qué resucitar lo asesinado,
para que nuevamente nos destroce?

Deja que te anexione y me alboroce
sin mirar hacia atrás; tan arraigado
quiero tener tu nombre en mi costado,
que por otro ni exulte ni solloce.

Si la voz del recuerdo despertara,
que grite en la tiniebla en que se ampara;
neguémosle la antorcha y el oído.

Piérdase su clamor en el desierto;
tú conmigo estarás a cielo abierto,
y escucharé tan sólo tu gemido.

Los Angeles, 9 de noviembre de 2003

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929 - ¿A qué esperas?

Otoño es una fiesta de racimos
coronando a Dionisios y Bacantes,
es la sensualidad de los amantes
de juegos lúbricos a tenues mimos.

En este otoño que tú y yo vivimos,
de cíclicas vendimias fluctuantes,
también las rosas tienen sus instantes,
y nacen besos si lo permitimos.

No es triste páramo el lugar que habitas,
quizá olvidaste ya, tal vez dormitas;
no amanece si no abres el balcón.

Vale un otoño muchas primaveras,
enrolla las persianas, ¿a qué esperas?
Suenan campanas de celebración.

Los Angeles, 10 de noviembre de 2003

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930 - Mar y luna

Dos amantes retuercen filigranas
sobre tu piel desnuda, ávido trío
de calma, convulsión y escalofrío,
con que en diáfanas noches te engalanas.

La luna es placidez; en las ventanas
rasguea los cristales tibio envío
de su luz plateada, otro rocío
como el que mudo cae por las mañanas.

El mar es algarada, sacudida,
incitación perpetua que convida
a vaivén de vivir, riesgo de muerte.

Y tú en paréntesis de mar y luna,
tercera amante, que si el mar acuna,
la luna sale ya sólo por verte.

Los Angeles, 10 de noviembre de 2003

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931 - Dos palmos en la tierra

He contado, hasta ayer, cada derrota,
enterrado a los muertos de mi guerra,
llamado a cada puerta que se cierra,
bebido en cada fuente que se agota.

Esta línea de vida está hoy ya rota,
y nada en mí a la indignidad se aferra;
señor soy de dos palmos en la tierra
sobre los cuales mi existencia flota.

Si alguien tal vez me invade o me atropella,
sólo me robará la breve huella
que en el sendero dejará mi pie.

Insustancial, minúsculo trofeo,
por el que no me inclino ni peleo;
mas nadie volverá a usurpar mi fe.

Los Angeles, 10 de noviembre de 2003

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932 - Enredada

Mañana te veré de nuevo, amiga,
en confusión de sábanas y almohadas;
y en tu lúbrica piel, desordenadas,
desplomarán mis manos su fatiga.

En la tibia penumbra que mendiga
más luz y más calor, sin retiradas,
enredando en tus pies las alambradas
de un amor que te incita y no te obliga.

Enredada estarás, y aún así, libre,
en recíproca entrega que equilibre
voluntad de quedarse y de partir.

Te irás cuando a la aurora te despiertes,
se irá mañana sin que tú desertes,
y habrá otro día y te veré venir.

Los Angeles, 13 de noviembre de 2003

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933 - Lunes

Hoy es lunes de nuevo. Perezosa
llega la luz, se quejan los rumores,
el corazón archiva borradores,
y dormita la mente nebulosa.

Hay un silencio gris; tal vez reposa
en la palabra un cosmos de clamores
a la espera del parto; los colores
no retienen su fuerza luminosa.

Todo es neutral; la vida se limita
a un débil pulso, el aire no ejercita
su corcel de invisibles remolinos.

Se amodorran los álamos del río,
y hay un extraño efecto de vacío,
como si alguien borrara mis caminos.

Los Angeles, 13 de noviembre de 2003

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