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Camino
por octubre, y en las tardes vacías,
un poco de nostalgia, y un mucho de descanso,
como si ya en mi espalda no pesaran los días,
y el torrente impulsivo se hubiera hecho
remanso.
Cada
estación recoge sus flores o sus frutos,
no hay rosas en otoño, pero se dan racimos;
ya no importan las horas, importan los minutos,
no cuántos, sino cómo, y con quién los
vivimos.
El
invierno se asoma sobre los pardos cerros,
como un gigante mudo de inevitable paso;
es la niebla su aliento, y un silencio de
entierros
le precede, anunciando soledad y fracaso.
Pero
aún no es su momento, este momento es mío,
ni vivo primaveras, ni me atañen veranos,
éste es mi otoño, y amo, me engalano y
sonrío,
y la vida desborda su intriga entre mis manos.
Los
Angeles, 3 de diciembre de 2003
Francisco
Alvarez Hidalgo

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