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1147
Melena en cautiverio; suelta el lazo,
que en libre catarata se derrame
sobre los hombros, cuando se encarame
mi mano a ti, surgiendo del abrazo.

1148
¿A la espera de qué? Muere la tarde
en lenta, melancólica agonía;
vendrá la noche, nacerá otro día,
y dormirá el espíritu cobarde.
Cuando el dardo del
tiempo te despierte
punzándote esa piel que no se entrega,
será tarde quizá para la siega,
pero no lo será para la muerte.

1149
La danza es movimiento; el movimiento
es parte de la vida que se ofrece
a través de temblor, de acercamiento,
de efervescencia que rejuvenece.
Alarga el pie con paso
intermitente,
gira los brazos y la espalda arquea,
deja flotar extática la mente,
y amalgama el sentido con la idea.

1150
¿A dónde vas, frente a la noche oscura,
que te cierra el camino? ¿Tan brumosa
es la vida a tu espalda que apresura
tu paso hacia otra vía dolorosa?
No dejas luz atrás,
pero delante
tampoco hay luz; sombrío es el entorno.
El destello está en ti, tan fulgurante;
déjalo arder, sin fuga y sin retorno.

1151
La música y el ritmo nos envuelven,
niebla de gozo, ondulación vibrante,
pétalos de jazmín que se disuelven
como amante en los brazos de la amante.
No ven los ojos,
párpados caídos,
pero esa melodía transparente,
no se sabe si tiembla en los oídos,
o es el alma tan sólo quien la siente.
Francisco
Alvarez Hidalgo

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