Me esperarás, y acogeré la
oferta
que tiembla en el cristal de tus retinas;
germinará un rosal entre las ruinas,
y cicatrizará la herida abierta.
Oigo otra primavera que
despierta
en coplas de verdor por las colinas,
mientras en torno a mí te arremolinas,
cálido viento de caricia experta.
No escucho ya los gritos del
invierno,
con su nieve exterior, su frío interno,
helando, ensordeciendo alma y oído.
Sólo el rumor del leño
crepitante
ardiendo en el hogar, y tú, mi amante,
junto a mí, despertándome el sentido.
Los Angeles, 18 de diciembre
de 2003
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- Soneto Nº 988 de
- Francisco
Alvarez Hidalgo