1152
Tener tanto que dar, y no hallar mano
limpia, extendida que aceptarlo quiera;
alma que trabajó la sementera,
recoge la cosecha en el verano,
y
en larga espera quedará el granero
de alguien que venga a reclamar el trigo.
¿No hay hambre en esta tierra? ¿No hay
mendigo?
¿Deben las perlas ir al basurero?

1153
Ay, sabor agridulce del encuentro,
que eleva y hunde, colma y empobrece;
¿cómo podré, teniéndote tan dentro,
ver partir lo que así me pertenece?

1154
Llámale, que vendrá; dile, insistente:
"Ven, amor, que mi campo desolado,
espera al sembrador tras el arado,
y el surco abierto anhela la simiente".
Vendrá,
vendrá por fin si se le invoca
una vez y otra vez; no se extravía
la voz por los oteros; llega un día
devuelta en otros labios a tu boca.

1155
Hay palabras ancladas en tus labios,
bajeles sin poder hacerse al mar;
puede el callar, a veces, ser de sabios,
mas también es de amantes desahogar.

- 1156
Ojos de verde mar..., hay tantos mares
en juego indiferente de mareas,
tanto marino huyendo entre cantares
de sus propias absurdas odiseas,
tantos remotos, verdes olivares,
y en las verdes colinas, las aldeas...
Ojos de mar, prefiero esa mirada
a mar y a valle, a cerro y a alborada.
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- Los Angeles, diciembre
de 2003
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- Francisco Alvarez Hidalgo
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