Morir
es quedar solo en la meseta,
secos los ríos, el pinar quemado,
quieta la brisa, el cielo anubarrado,
sin recordar historia o tener meta.
Tal
vez la senda rodará incompleta,
inhalará el pulmón aire filtrado,
latirá el corazón acompasado,
y la mirada observará discreta.
Mas
si tales externas sensaciones
se han desnudado de las emociones
que dan vida a la vida bajo piel,
habrá
un espantapájaros dormido
en soledad, un gladiador vencido,
una silueta, un alma de papel.
Los
Angeles, 26 de diciembre de 2003
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- Soneto
Nº 998 de
- Francisco Alvarez Hidalgo
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