No
me enriquecen sólo tus ideas,
tus ojos y tus labios me enriquecen;
son aquéllas que a veces prevalecen,
y en éstos otras veces clamoreas.
Tú
eres ambos, me invades, me moldeas,
alfarera del alma; languidecen
mis tendencias polígamas, florecen
primaveras en mí que tú verdeas.
Ánfora
por tus manos modelada,
llena de ambos. Qué ofrenda ambicionada
por los dioses del trueno y de la flecha.
Mas
nadie la obtendrá, por haber sido
mi barro, tu labor, su contenido...
Sólo para los dos ha sido hecha.
Los
Angeles, 26 de diciembre de 2003
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- Soneto
Nº 999 de
- Francisco Alvarez Hidalgo
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