Se duerme tu palabra
en honda gruta
de silencio, poblada de abandono;
la voz que fue, desnuda está de tono,
humo elevando la última voluta.
Alamo te pensé, y
eres viruta
del tronco derribado; no hay encono,
ni abjuro el sueño, ni me desmorono
por haberte seguido en falsa ruta.
Lo que soñé,
soñé; no fuiste causa,
sólo eventualidad, en esa pausa
que uno se toma al borde del sendero.
Ya no eres más que
el eco desvaído
de un golpe de reloj, desfallecido;
la hora pasó, ya es tarde, no te quiero.
Los Angeles,
18 de enero de 2004
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- Soneto
Nº 1019
de
- Francisco Alvarez Hidalgo
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