Poesía del momento: Nº 91a Primera entrega de Febrero 2004

     

Original de

Francisco Alvarez Hidalgo

  

Con el dolor de la ventana abierta
que deja entrar la luz no anticipada,
como quien cierra a pasador la puerta,
pero le roba el alma la alborada;
sobre el lecho revuelto, se despierta
la prisa de partir, enmascarada
de inevitable carga de deberes;
ay, soledad de mis amaneceres.

 

Breverías         

   
1171
Tu luz no aumentará su resplandor
apagando la luz de tus hermanos;
irradia lo que nace entre tus manos,
y difundan los otros su fulgor.

1172
Quedar al fin de tu camino hundido
en los brazos helados de la muerte
no es corroboración de haber vivido.

1173
De tal manera te amaré que pueda,
no ya vivir contigo aquí o allí,
o avanzar por idéntica vereda,
mas cuando a ti mi espíritu proceda,
me haga incapaz de subsistir sin ti.

1174
La edad no nos protege del amor,
pero el amor protege de la edad;
quien ama vuelve a ser el gladiador
que fortalece su vitalidad

1175
No te limites, ama sin medida,
que el amor ni restringe ni decrece;
no quedará una lámpara extinguida
al propagar su llama; es una vida
que cuanto más se da, más permanece.

1176
La paz florecerá en la tierra, cuando
el poder del amor venza y domine
al amor del poder, y determine
cada cual sus conquistas sólo amando.

1177
Qué infortunio brutal, qué destructivo,
llevar el alma muerta
dentro del cuerpo aún vivo.

(Indice)

(Postal)

 

Poemas           

   

1031 – Retrato de mujer  (I)

No sabría decir si en la mirada
o en los labios radica la sonrisa;
en el rostro hay quietud, pero la prisa
hierve bajo la piel en llamarada.


Puede ser la borrasca alborotada,
o la caricia suave de la brisa,
Afrodita impulsiva, o Artemisa
de la serena noche plateada.

Los ojos me penetran, se me ofrecen,
y al borde de mi mente desvanecen
cada intención, proyecto o pensamiento.

Doblarán mis sentidos a rebato,
arrancaré su imagen del retrato,
y temblará de amor bajo mi aliento.

Los Angeles, 5 de febrero de 2004

(Indice)

(Postal)

 

   

1032 - Retrato de mujer (II)

Vendrás, te besaré, ya estoy besando
la curva de tu boca. No es un beso
recíproco, ni tenso, ni travieso,
es beso que aún no sabe dónde y cuándo.

Beso ilegítimo, de contrabando,
que desconoces, porque no va impreso
sobre tus propios labios, en progreso
de suavidad a exaltación, libando.

Te miro sin que puedas percibirlo,
en fuego estoy, y no quiero extinguirlo,
lo sientes en tu piel sin entenderlo.

Y sigo contemplándote, y sonrío,
porque te reconozco como un río
que ya fluye hacia mi, sin pretenderlo.

Los Angeles, 6 de febrero de 2004

(Indice)

(Postal)

 

   

Poesía en internet

Escribo mis palabras en el polvo,
entre huellas, y brisas, y sonidos;
todo es efímero, las gentes pasan,
vuela fugaz el aire, y el crujido
de las hojas caídas se disipa,
sueño, silencio, muerte en el camino.
No tengo afán de eternidad; al paso,
con la premura del momento escribo.
Pensé esculpir imágenes en mármol,
y cincelar palabras en granito,
permaneciendo en la memoria de otros
cuando ya me haya ido.
Pero no tengo tiempo de pulirlas,
ni de parir un libro.
¿Para qué? Yacen tantos archivados
en las estanterías del olvido...
Sólo en el polvo escribiré mis versos,
sobre la marcha, sin perder el ritmo;
y seguiré, perenne vagabundo,
sin saber hacia dónde me dirijo.
No me importa llegar, sólo me incumbe
este paso que doy, este suspiro
que se pierde en el aire, esta palabra
que pienso y hablo o pongo por escrito.
No a quien ayer amé, ni a quien mañana
me ofrezca su adhesión o su desvío;
no lo que ya escribí o lo que otros labios
me puedan haber dicho;
sólo lo que ahora escucho,
sólo lo que ahora digo.
Si el viento se llevara mis palabras,
estas palabras que al pasar salpico,
sin que nadie las lea,
nada importante nadie habrá perdido.
Si alguien me sigue, si me ve o me escucha,
si se inclina y observa lo que escribo,
pervivirá mi verso,
y en su cadencia viviré yo mismo.
Si nadie lo leyere, ¿a quién le importa
si fue en polvo o papel, bronce o granito?.

Los Angeles, 6 de febrero de 2004

(Indice)

(Postal)

 

   

Con tus palabras

Cada noche, a la orilla de mi sueño,
me arropo en tus palabras,
esas palabras para mí tejidas
con agujas de gozo y esperanza.
Cada noche tu voz, manso murmullo,
fluye hacia mí, reiterativa, clara,
primero manantial, luego torrente,
trepándome en inversa catarata.
Cada noche te escucho,
tendida a mi costado, desvelada,
repasando semanas, días, meses,
rastros de nuestra ardiente caravana.
Y fuera, en el jardín, tiembla la noche,
se enmaraña la lluvia en las acacias,
y el viento trotamundos
pretende entrar, llamando a la ventana.
Todo tan cerca, la tiniebla, el ruido,
el fresco aroma de la hierba, el agua,
todo tan a la mano, y tú tan lejos,
solo conmigo yo, con tus palabras.

Los Angeles, 10 de febrero de 2004

(Indice)

(Postal)

 

   

Su propio nombre

Su propio nombre cada estrella tiene,
en realidad dos nombres;
no engendrados en lentes telescópicas,
ni acumulados por el tiempo en códices.
En las noches serenas,
cuando duermen los ruidos y el desorden,
cuando danza el misterio de los vientos
sin apenas turbar la paz del roble,
y deposita el mar sobre la playa
suspiros que aprendió en el horizonte,
si contemplan el cielo dos amantes,
habrá una estrella que a los dos adopte.
Anónima ya no, ya no perdida
en el profundo vientre de la noche,
será una estrella con destino propio
a partir de ese instante, con dos nombres.

Y cuando los amantes se distancian,
ya en silencio o a voces,
ya con sangre o claveles en el alma,
siguiendo su camino de dolores,
de fatiga, rencor o indiferencia,
la estrella brillará entre los reproches,
a pesar del olvido, del desprecio,
parpadeando en morse
los dos nombres unidos para siempre,
aunque ninguno de ellos los evoque.

Tal vez ninguno de los dos entienda
este lenguaje tácito en la noche,
pero se amaron, y en la estrella consta,
y el universo entero lo conoce.

Los Angeles, 12 de febrero de 2004

(Indice)

(Postal)

 

   

1033 - En silencio

Si voy a ti, requiero tu mirada
vistiéndome la piel que me desnudas;
necesito tus manos sordomudas
hablando y escuchando, tú callada.

Callaré yo también. En retirada
pasarán las palabras, nubes mudas;
ya volverán, mas no mientras me anudas
en abrazo y silencio alborozada.

La voz es tenue ráfaga de viento
capaz de sofocar en un momento
la delicada, temblorosa llama

parpadeando dentro de uno mismo.
Hazme el amor al fondo del mutismo,
ya hablaremos después sobre la cama.

Los Angeles, 14 de febrero de 2004

(Indice)

(Postal)

 

   

 

1034 - Cuánto he tardado

Intenta el ángel negro ahogarme el canto,
saciar mi sed en ánforas vacías,
trocar en sombra luminosos días,
y la esperanza en víspera de llanto.

Luego apareces; firme me abrillanto,
me posee la luz, mis energías,
atléticas se yerguen, se hacen mías
sonrisa y claridad, y me agiganto.

Si exiguo río soy, lluvia me llenas;
si invierno fuera, incendiarás mis venas;
y serás hontanar en mi aridez.

Cuánto he tardado en recoger tu rosa
y en abrazarme a tan vertiginosa,
y a la vez tan serena desnudez.

Los Angeles, 14 de febrero de 2004

(Indice)

(Postal)

 

   

Momento

Es el itinerario de los sueños,
por donde se camina sin motivo,
ajeno a procedencia y objetivo,
sólo atento a otras voces, no a sus dueños.

Es el reloj que evaporó las horas,
y conserva tan sólo los minutos,
únicos elementos absolutos
de nuestras experiencias soñadoras.

Es el río que pasa y permanece,
no una corriente eterna, un sólo instante,
agua bohemia, fugitiva amante,
que llega, y al besar, desaparece.

Quizá es la vida, que se va y nos lega
fragmentos para el alma y la memoria,
nunca sabor de radical victoria,
sólo el mínimo triunfo de la entrega.

Pero sea una voz, sea una huella,
un minuto, un fragmento, es la añoranza
de esas breves vivencias lo que alcanza
rango de eternidad, nivel de estrella.

Será un momento breve o extendido,
junto a ti, sin pasado, sin futuro,
nuestro momento inimitable, puro,
por el que se merece haber vivido.

Los Angeles, 15 de febrero de 2004

(Indice)

(Postal)

 

   

 1035 - Su rostro

Hay rostros inequívocos que vimos
años atrás, y surgen de repente,
recreando el pasado en el presente,
como la vid renace en los racimos.

Rostros vistos al paso, que eludimos,
dejándolos perderse entre la gente,
mas siempre vivos en el subconsciente,
tenues rayos de luz que no extinguimos.

Hoy uno de ellos ha resucitado
con el frontal encanto del pecado
que bate alas en vuelo de lujuria.

Reconocí sus rasgos; a pie firme
lo contemplé, esta vez sin evadirme,
y me besó con delicada furia.

Los Angeles, 17 de febrero de 2004

(Indice)

(Postal)

 

 



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