11 de marzo de 2004

Madrid

     

Original de

Francisco Alvarez Hidalgo

 

En las catástrofes humanas, como la del 11 de marzo en Madrid, las víctimas tienden a perder un poco sus propias personalidades, enterradas en las estadísticas. No para familiares y amigos, que son otras víctimas, permanentes, sino para el gran público.

En estos sonetos he recogido varias historias y nombres concretos, para darles un rostro más humano frente a aquellos que nunca rozaron sus vidas. 

Las notas que preceden cada soneto han sido   tomadas de la prensa española, en particular de 'El Periódico', de Cataluña

Cuando alguien llora en la distancia,
llanto nostálgico de otoño,
como hojas secas se desprenden
sus lágrimas de nuestros ojos.

Cuando alguien muere en la distancia,
no muere oculto, extraño, solo,
porque su muerte nos salpica,
y algo también muere en nosotros.

Patricia: Víctima 199

Niña de 7 meses que fue encontrada en uno de los andenes de la estación de El Pozo, y que se debatía entre la vida y la muerte desde su ingreso en el Hospital Niño Jesús.
El padre de la niña está desaparecido y la madre, operada y muy grave. La tía de la niña, de nacionalidad polaca, declaró antes de conocer la muerte del bebé: "No puede ser que pasen estas cosas. No somos españoles y nos sentimos como españoles". No tiene más familia en España.
 
 
Soneto 1050
 
Siete meses, oh Dios, ¿por qué? ¿por qué?
Si aún no le habías dado la sonrisa...
¿A qué se debe tan absurda prisa
de arrebatar la vida de un bebé?

La torre, antaño firme, de la fe
hoy se cuartea al soplo de la brisa;
se halla desierta el alma, e indecisa,
sin esperanza, casi no te ve.

Y en lugar de invadirnos de tu aliento,
nos clavas este horror, y el desaliento
de no sentir el pulso de tu mano.

¿No tienes ya, Señor, en tus moradas,
legiones de ángeles alborozadas?
¿Por qué te llevas a éste tan temprano?

Los Angeles, 13 de marzo de 2004

Stefanía
 
  Una joven de las que se mezclaba con los visitantes era Stefanía, una joven rumana de 23 años que al mediodía de ayer llevaba 24 horas esperando noticias de Stuparu. La acababan de llamar de su casa en Rumanía para comunicarle que su abuela se estaba muriendo, pero ella sólo quería hallar a Steparu. "Vestía una cazadora vaquera con cuello blanco y pantalón vaquero", no se cansaba de repetir a todo el que se le ponía por delante.

 

Soneto 1051

Hoy el amor no es la canción sedosa
murmurada al temblor de la guitarra;
hoy el amor es garfio que desgarra
la entraña desertada de la esposa.

Su hombre perdido, el alma dolorosa
del tajo de invisible cimitarra,
entre anónimos miembros y chatarra
solloza, indaga, rota, silenciosa.

Dejaron la estrechez por la esperanza
de otra vida y un sueño, y les alcanza
muerte dramática y desolación.

Mujer perdida en un país extraño,
víctima viva y sola, te acompaño
en el llanto, la angustia, la oración.

Los Angeles, 13 de marzo de 2004

  Gloria Inés

"La familia de Gloria Inés Bedoya pase a la sala de identificación, por favor". Y Carlos Rendón, su esposo, se levantaba con un temblor en las piernas y el hombro de un voluntario al que agarrarse. Una vez dentro no había duda. Era su mujer. Una joven colombiana de 20 años, nacida en la localidad de Toro, cerca de Cali. Lo que siguió después es fácil de imaginar.

 

Soneto 1052
Delgada juventud, colombianita
de ojos café, de melodioso acento,
baile, canción, sonrisa en movimiento,
vibrante vida que en silencio grita.

Tronchada juventud que ahora dormita
bajo un velo de sangre; gime el viento
al rozarte la piel, y es su lamento
el beso que se da en la última cita.

Tenías poco y te han arrebatado
hasta la roja flor que en tu costado
palpitaba en impulsos de alegría.

Se han negado al café los cafetales,
son ya una primavera de rosales
estallando por ti en tan triste día.

Los Angeles, 13 de marzo de 2004

  Rex
El mismo ritual que el marido de Gloria siguieron los padres de Rex, un filipino de 18 años que había cogido el tren por culpa de un olvido. Salió de su casa en Torrejón de Ardoz a las 7.10 horas como cada día pero unos papeles que necesitaba le hicieron regresar y subir al tren de la muerte que pasaba por su población a las 7.30 horas. La clave de su identificación fue un tatuaje, como en muchos otros casos en los que el fuego o la explosión había desfigurado por completo los rostros.
 

 

Soneto 1053
 
Siete mil islas, un espacio estrecho
para este soñador. Tendió la vista
sobre mares y tierras, y optimista
se fue a satisfacer lo insatisfecho.

Y no lo satisfizo, que al acecho,
la muerte, en maniobra de conquista,
marcó su nombre en la macabra lista,
y apagó los latidos en su pecho.

El fogonazo le cegó los ojos,
y en cálidos, dispersos charcos rojos,
descendieron sus miembros divididos.

Archipiélago humano tierra adentro,
la paz, amigo, te salió al encuentro,
descansa en paz entre los elegidos.

Los Angeles, 13 de marzo de 2004

María del Carmen

María del Carmen Lominchar Alonso. 34 años, embarazada de tres meses y natural de Corral de Almaguer (Toledo). Casada con un policía local del Ayuntamiento de Madrid, trabajaba en una empresa de informática situada en la capital, y perdió la vida cuando esperaba en un andén de la estación de Atocha para subir a uno de los trenes que sufrió el atentado.

Soneto 1055   
 

En su entraña, temblor de primavera
germinaba una rosa sin espinas,
le alboreaban puras las retinas
al sazonar su propia sementera.

Ay, María del Carmen, a la espera
de un tren y de una vida; las cortinas
del mañana se cierran, y caminas
en convoy imprevisto, prisionera.

Pero un ángel te lleva de la mano,
ángel que tú llevaste, fértil grano
que no se abrió en espiga, sino en alas.

Qué brutal sacudida, pero asciendes
a otro mundo mejor, que ahora comprendes,
y sobre nubes de algodón te instalas.

Los Angeles, 15 de marzo de 2004

Francisco Javier
Francisco Javier Mancebo Zaforas. De 38 años, casado y padre de dos hijos. Todos los días se trasladaba en el tren de cercanías desde el Pozo del Tío Raimundo hasta el Tribunal de Cuentas, donde trabajaba como auditor. Su hijo, Jaime, de cuatro años, que le acompañaba en el momento de los atentados, se encuentra en el hospital con heridas y quemaduras en el 12% de su cuerpo.

 
Soneto 1056   
¿Qué manotazo airado ha dividido
tantas vidas? ¿Qué viento ha arrebatado
al padre de este niño, abandonado,
que aún no sabe si ha sido o no elegido?

Sabe la muerte bien su recorrido;
en silencio, su dedo descarnado
se clava débilmente en el costado,
y la vida se va sin hacer ruido.

Pero esta vez llegó con voz de trueno,
dejándose caer sobre el terreno,
látigo de cien colas, sanguinario.

Tal vez este pequeño sobreviva,
huérfano en aras de una repulsiva
contienda en la que nunca fue adversario.

Los Angeles, 15 de marzo de 2004

La cólera de Alá
 
Soneto 1054   
 

    "En el nombre de Alá, el Compasivo,
    el Misericordioso" (Inicio de 'El Corán')

La cólera de Alá, su fuego ardiente,
caiga inmisericorde, en anatema,
sobre el alma fanática, blasfema,.
que asesina en su nombre al inocente.

La cólera de Alá ciegue la mente,
tropiece el pie, confunda cada esquema
de quien arrasa, mata, hiere o quema,
de quien lo preconciba o quien lo intente.

Grande es Alá, mas ya no es bondadoso,
ni compasivo o misericordioso
para quien no respeta vida ajena.

Viene empuñando alfanje de oro y fuego,
y no escuchará sura, voz ni ruego
de quien siembra la muerte o quien la ordena.

Los Angeles, 13 de marzo de 2004

 

 

 

Último poemario de Francisco Alvarez Hidalgo, 

disponible en España desde mayo 2006, 

y en América a partir de primeros de junio 2006.

Más información en el siguiente enlace:

http://poesiadelmomento.com/voces/vocesalviento.html

 

 

El correo frankalva@earthlink.net

está cerrado. Por favor dirigirse a:

franciscoalvarezhidalgo@gmail.com

La familia de Francisco te responderá agradecida.

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