Poesía del momento, Nº 98b

Segunda de Septiembre 2004

 

Original de 

Francisco Alvarez Hidalgo


Muéranse las canciones y las aves,
languidezcan las rosas,
absorba el mar las naves,
duerma la luz en sombras silenciosas;
pero aumente tu fe en mí cada día,
y fortalézcase también la mía.

Breverías

   
1240
No sé si me transformo o me parece
que el mundo cambia junto a mí; no sé;
no soy quien fui, ni el que ahora soy, seré,
sólo una cosa inmóvil permanece,
mi propio nombre; y tal vez tu fe.
1241
Se clavan en la noche los aullidos
del lobo, entre gemido y llamamiento,
entre sublevación y lealtad.

Apenas ha cambiado los ladridos;
el lobo es sólo un perro más hambriento,
negándose a perder su libertad.

1242
Cómo te escondes, pensamiento mudo,
con tanto que gritar desde tu altura;
sólo ofreces el gesto de un saludo,
que mal refleja tu musculatura.
Necesitas de lanza, no de escudo,
no de continuidad, mas de ruptura.
Habla con voz de trueno o de trompeta,
sea el mensaje beso o bayoneta.

1243
¿Quién eres tú para enturbiar la gama
de los crepúsculos, de las auroras?
El paisaje a mis ojos se encarama,
y son mías, no tuyas, estas horas.

1244
Has ido deslizándote, furtiva,
en este mundo angosto que me oprime.
¿Será por ti que el alma ya no gime?
¿Que estando tú no voy a la deriva?

(Indice)

 

Poemas

   
1146 - Otra luz

Al prolongarse junto a mí tus horas,
nueva luz en el alma se me enciende,
que no es la tuya, que ni ve ni entiende
nuestro tiempo en sus prisas y demoras.

Rompen sus claridades cegadoras
sobre mí, mi visión no se defiende,
y tu frágil imagen se desprende
de mis pupilas; y abatida, lloras.

Lentamente esa luz se debilita,
forastera que vino de visita,
alcanzando espectral su propio ocaso.

Y el tiempo junto a ti se recupera,
hora tras hora en rápida carrera,
sin el marasmo gris del paso a paso.

Los Angeles, 14 de septiembre de 2004
(Indice)

 

   

1147 - Creación

Te inventé: Eras menos que una idea,
cobrizo bloque irregular de arcilla,
eras tal vez un grano de semilla
que aunque muera en el surco, no verdea.

Me embarqué en la deífica odisea
de crearte a mi imagen, simple astilla
de mi leño, esperándome a la orilla
de esta mañana virgen que alborea.

Y te fui definiendo, perfilando,
cerebro firme, sentimiento blando,
festivos cascabeles de alegría.

Al final te miré. Me dije: Es bueno.
Aproximé mis labios a tu seno,
y vi que no eras más que fantasía.

Los Angeles, 15 de septiembre de 2004
(Indice)

 

   

1148 - Horas sin ti

Pesan tanto las horas que me niegas
que ya la espalda es curva hacia delante;
desplomándome estoy, maltrecho atlante
de piel de mármol y pupilas ciegas.

Esas horas sin ti, tan andariegas,
que van adonde voy, que en cada instante
me rodean en órbita asfixiante,
mientras te espero, mientras nunca llegas.

Se me enturbia la luz; enmudecidos
han dejado de hablarme los sonidos,
y en la garganta llevo un ave muerta.

Devuélveme esas horas, las robadas,
que hoy son plomo, y debieran ser doradas
Tu tiempo, amor, que es la mejor oferta.

Los Angeles, 15 de septiembre de 2004
(Indice)

 

   

Canción para una niña dormida

Dos alas te han brotado, y ahora vuelas
por un cielo sin nubes,
por un cielo de añil, como tus ojos
azules, tan azules.
Vuela, pequeña golondrina mía,
por tu espacio de sueños, donde lucen
colores de perenne primavera,
y están aún por nacer las inquietudes.

Dios te ha abierto el portillo de su huerto
de verdes campos y doradas cumbres,
te ha soltado sus perros, sus camellos,
gatitos, elefantes y avestruces,
que ni muerden, ni arañan, ni atropellan,
que tanto hacia ellos vas, como a ti acuden.
Es todo tan distinto en esa altura
tanta la paz, la luz, la mansedumbre,
que nadie pudo hacerlo, sino sólo
el martillo de Dios sobre su yunque.

Duerme, mi niña, sueña, corretea,
vuela y no te apresures
al regreso a este mundo fracasado
que inexorablemente se destruye.

Sigue en tu cielo azul, ave furtiva,
donde el tiempo, atrofiado, se diluye.
Vive tu abril y mayo,
que ya tendrás que padecer octubre.

Los Angeles, 17 de septiembre de 2004
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1149 - Noche

Toda la noche percibí el aullido
del lobo que insistente me acompaña;
toda la noche, de mi propia entraña,
un surtidor de fuego era nacido;

toda la noche, en soledad vencido,
enredaba la mente su maraña;
toda la noche era una noche extraña,
tanto de amor y tanto de libido.

Era la noche una paloma oscura
que no se deja ver, una cintura
a la que nunca llegan nuestros brazos.

Noche sin ti, con todos los deseos
que han superado ya los titubeos,
sobre la piel descarga de balazos.

Los Angeles, 21 de septiembre de 2004
 
(Indice)

 

   
"París bien vale una misa"

A las víctimas de una guerra absurda

Cuando los veo morir
sobre la arena que abrasa,
maldigo a quien dió la orden
pero no los acompaña,
retóricos de dos cuartos,
cobardes de retaguardia,
con mente de cementerio
y corazón de chatarra.
Nunca han mirado a los ojos
moribundos que se apagan
como las últimas luces
del ocaso sobre el agua.
Lloran lágrimas de sangre
las esposas enviudadas,
y la política sigue
su maquiavélica marcha.
"París bien vale una misa",
dijo un rey; la Casa Blanca
bien vale los ataúdes,
las ruinas, las artimañas.
Hay trama entre bastidores
y se afilan las espadas,
nacen sonrisas torcidas
disfrazando dentelladas,
los dedos trenzan los hilos
del marioneta que baila,
y al país se le da un sueño
para ocultar la hemorragia.
En la lejanía hay botas
luchando contra sandalias,
el tanque contra el adobe,
el miedo contra la rabia.
Sólo se contabilizan
muertos con casco y coraza,
si turbante, se lo ignora
en estadística abstracta.
Ay de quienes se revisten
de banderas y palabras
retorcidas, esgrimiendo
libertad y democracia,
mientras las treinta monedas
colgadas del cinto cantan.
Ay de quien explota el miedo,
y el patriotismo, y las lágrimas,
distribuyendo el veneno
de su estúpida arrogancia.
Veo ciudades deshechas,
y familias destrozadas,
y un pueblo que apenas puede
erguirse sobre sus plantas.
Veo la maza inflexible
en inepta mano alzada,
el golpe indiscriminado,
y las vidas aplastadas.
A ambos lados hay culpables,
víctimas sólo a una banda,
que no invitó a la masacre.
El soldado es una máquina
de destrucción, y la muerte
se le debe, porque mata.
La víctima es inocente,
y su muerte al cielo clama,
aunque el cielo se hace sordo;
sorda es también la distancia,
y ciega, pero no muda,
de quien gesta las batallas.
Libre el vaquero su duelo
a revólver o a navaja
en mano a mano de dos,
y ahorre vidas y desgracias.

Los Angeles, 23 de septiembre de 2004
(Indice)

 

   

1150 - Alborada

Al balcón ha trepado la mañana
saturada de sol y de rocío,
con la solemne terquedad de un río
que intenta desaguar por la ventana.

A ti abrazado en esta hora temprana,
con sólo sombra y piel por atavío,
me resisto al discreto desafío
de la luz horadando la persiana.

Recobran sus perfiles los objetos
mientras duermes. ¿Qué lúbricos secretos
navegan por tus sueños, en tu mente?

Te contemplo tan grácil, indefensa,
desnuda junto a mí, ráfaga intensa,
cuerpo maduro, amor adolescente.

Los Angeles, 29 de septiembre de 2004
(Indice)

 

   

1151 - Niñez

Fue su niñez tan triste y soledosa...,
mas no, que la vivió en su fantasía;
si en sus juegos faltaba compañía,
también le falta música a la rosa.

Tal vez fue una aventura silenciosa...,
mas no, que con frecuencia respondía
a esa voz interior, o algarabía,
del amigo, o la tribu misteriosa.

Quizá monótona, quizá marchita...,
mas no, que la emoción estaba escrita
en cada actividad, en cada esquema.

Era el rapsoda que se halló a sí mismo,
clarividente, intenso en su mutismo,
y su niñez fue su primer poema.

Los Angeles, 30 de septiembre de 2004
(Indice)

 

 

Último poemario de Francisco Alvarez Hidalgo, 

disponible en España desde mayo 2006, 

y en América a partir de primeros de junio 2006.

Más información en el siguiente enlace:

http://poesiadelmomento.com/voces/vocesalviento.html

 

 

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