Poesía del momento, Nº 109 a

Primera de agosto de 2005

 


Sus pies marcaron huellas en la arena,
tan firmes, tan exactas;
y hasta hoy el mar asciende y se refrena
de borrarlas, dejándolas intactas.

El horizonte lo absorbió, y no queda
ni su perfil contra el azul marcado;
sólo el viento, en relámpago de seda,
toca las huellas, viento enamorado.
 

Brevería Nº 1093

Breverías

   
1376
Eras el olmo anclado en la ribera,
y era yo el agua clara, el blando viento;
eras frágil, polícroma vidriera,
y yo rayo de luz, y atrevimiento;
eras fantasmagórica escalera,
que remonté para absorber tu aliento;
eras mujer en actitud de amores,
era hombre yo en suspiros y temblores.

1377
Mi sed de ti me arrastra por la arena
buscando el manantial que me rehuye;
se me incendia la boca, y en la escena
sólo yo estoy, y sólo el tiempo fluye.
Avanzo en avidez; se desmelena
la noche en el crepúsculo; concluye
un día más sin ti; la sed me oprime…
¿Cuándo podré encontrarte? Dime, dime…


1378
Cuando dices mi nombre en las esquinas
de tu callada soledad, advierto
como un rumor de brisa en las encinas,
como un brotar de rosas en el huerto,
como un reverdecer de las colinas,
o la última cadencia de un concierto.
No oigo tu voz como quien llama o reza,
tu voz me llega en la naturaleza.


1379
Voy a apagar las voces
que cuelgan de mis labios, tibias llamas;
las que tú desconoces,
sin frenos ni programas,
arderán mientras tú te me derramas.


1380
En los ojos azules de este niño
aún no hay libros ni espadas, cruz ni fuego;
hoy son las mansas ruedas del cariño
lo que mueve su mundo; pero luego…


(Indice)

 

Poemas

   
1320 - No se va, se transforma

Me tapizan tus huellas dactilares,
sobre mi piel tú toda te has escrito;
¿qué otra evidencia, amiga, necesito?
La amistad hoy navega en otros mares.

No se va, se transforma. Sus altares,
si eran de catedral, son de otro rito;
tal vez es nuevo dogma, nuevo mito,
ninfas desnudas en los olivares.

Lo que ayer fue amistad hoy enjaeza
los corceles de la naturaleza,
fogosos, dionisíacos, galantes.

Ella cabalga yegua sosegada;
que sólo incumbe fiera galopada
a los potros salvajes, los amantes.


Los Angeles, 3 de agosto de 2005
(Indice)

 

   

1321 - Atardecer

Me ciñe el aire azul, y se me enreda
como brazo entrañable en la cintura,
y una fragancia virgen se apresura
como al mecer abril la rosaleda.

Se gasta el día, pálida humareda
retorciéndose gris en la llanura,
lanzada en espirales a una altura
que nunca ha de alcanzar. La noche rueda

su procesión de sombras sigilosas;
en las hondas entrañas soledosas
de esta tarde fluctúo entre dos polos:

El nostálgico marco del ocaso,
y un sorbo arrebatado de tu vaso…
Te he escogido, conmigo, los dos solos.


Los Angeles, 3 de agosto de 2005
(Indice)

 

   
1322 - Sin historia

Se me acercó en audacia indagatoria…
Era reencarnación de todo cuanto
viví antes de ella, y no fue desencanto
ver que me aniquilaba la memoria.

Quedé como quien queda sin historia,
desnudo, puro, en paz de camposanto,
como recién nacido que sin llanto
acomete su nueva trayectoria.

Siendo de nuevo virgen para ella,
la percibí como mitad doncella,
y mitad adorable meretriz.

No hubo comparaciones ni añoranzas.
Olvidado de ayer, sólo esperanzas
vi entre sus manos. Me sentí feliz.


Los Angeles, 4 de agosto de 2005
(Indice)

 

   
1323 - Sangriento

Herida tengo el alma esta mañana,
color de sangre el alba entristecida,
y sangrienta mi alcoba de la herida,
de crespones rojizos se engalana.

Sangre que nadie ve, sangre que mana
en perenne hontanar, sangre dormida
en invisibles charcos, o absorbida
por sábanas, paredes y persiana.

Qué amanecer sangriento; ¿cómo pudo
tanta sangre brotar, mientras desnudo
aguardaba anhelante tu visita?

Se desangraba el tiempo hora tras hora,
y en los rojos matices de la aurora
pude ver mi sentencia en sangre escrita.


Los Angeles, 4 de agosto de 2005
(Indice)

 

   

1324 - Conexión

Has estallado en mí, remota estrella
que en órbita invariable, complaciente,
te juzgabas destello independiente,
siendo no más que subalterna huella.

Quebrando entre las fórmulas aquélla
que fijó tu trayecto permanente,
te has acercado a mí, te haces presente
como haz de luz que invade y atropella.

Qué conexión de rutas asignadas
a rotaciones grises, separadas,
espejos mutuos de monotonía.

Este contacto casi improvisado,
con su relampagueo ha iluminado
nuestra galaxia tan trivial y fría.


Los Angeles, 6 de agosto de 2005
 
(Indice)

 

   
1325 - Indágate

Indágate a ti misma; ¿por qué archivas
tantas audacias en la zona oscura
de lo que nunca nacerá? Fractura
la arqueta de tus vanas tentativas,

y déjalas volar. ¿Qué hacen cautivas?
Alma que no se expresa, no madura;
eres un libro, pero sin lectura,
plantío que ni arriendas ni cultivas.

¿Temes la espina del dolor? ¿Acaso
los laureles no se alzan del fracaso?
¿No es el riesgo el billete hacia la gloria?

Cada arma racional, cada herramienta
para labrar el mundo no está en venta;
se encuentra en ti y te ofrece la victoria.


Los Angeles, 6 de agosto de 2005
(Indice)

 

   

1326 - Pegado

Pegado estoy a tu silencio espeso,
también a la tersura de tu grito,
a tu palabra de hálito exquisito,
y a la desenvoltura de tu beso.

Pegado a ti como al papel impreso
la tinta que susurra el verso escrito,
como la flor labrada en el granito
que casi otorga a su fragancia acceso.

La distancia no es tal cuando me quieres,
lo será en el momento en que no esperes,
el día en que tu piel no me requiera.

Ay, pero qué difícil es saberte
tan dispuesta a la entrega, sin que acierte
mi cuerpo a circundarte a su manera.


Los Angeles, 6 de agosto de 2005
(Indice)

 

   



Eres una de tantas, con la misma
necesidad de amar, el mismo miedo,
idéntico reclamo, igual calvario
a recorrer, análogos lamentos.
Tus ojos ven el mundo de la forma
que las otras lo observan, más o menos.
Te ensordecen también las mismas voces,
y te asfixias tal vez en el silencio
que pende sobre todas
cuando no hay otra réplica que el eco.

Van todas por caminos semejantes,
los mismos árboles, el mismo viento,
saturadas las piernas de fatiga;
ninguna escapa al devenir del tiempo,
y sus mentes se adornan
de semejantes sueños.

¿Qué te hace a ti distinta de las otras?
¿La belleza, la idea, los deseos?
Tal vez, o tal vez no, pero eres mía,
y cuando yo te quiero,
sobresales de todas
adquiriendo tu propio movimiento,
cobrando nuevo impulso tu palabra,
resucitando vida entre mis dedos,
y los ojos se cierran y se me abren,
dormido a las demás, a ti despierto.

Estás sobre la mesa,
rosa en el ánfora, que no trofeo,
irradiando color, belleza, aroma,
y sólo yo deshojaré tus pétalos,
sin hacerte morir,
porque has logrado un renacer eterno.

¿Qué importa que el rosal tenga otras rosas?
Córtelas quien las quiera, yo no quiero.


Los Angeles, 7 de agosto de 2005
(Indice)

 

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