Poesía del momento, Nº 113 b

Segunda de diciembre de 2005

 

Tú y yo inventamos vuelos y corrientes
en la quietud de nuestro abrazo puro;
nos dejamos llevar, y no hubo muro
que aislara empeños, detuviera mentes.

Dinamitamos el reloj, rompimos
los troqueles que el uso determina,
y al fondo oscuro de cada retina
un recíproco mundo descubrimos.

Brevería Nº 1187

Breverías

   
1426
En el robledal te espero
sobre la hierba crecida,
sobre la hierba tendida
y alejada del sendero;
sin testigo pregonero
de lo que no le interesa;
tú, ven, acércate y besa,
que mi fruto ha sazonado
y espera sólo el bocado
sin importarle la mesa.

1427
Nunca he mirado sin pasión lo bello,
pues la neutralidad es apatía;
no puedo ser indiferente a aquello
que afecta a mi razón… o anatomía.

1428
Naciste del dolor, del que yo tuve
hilvanando tristeza y soledades
en las sendas absurdas en que anduve,
entre repudios y deslealtades.

Y del que tengo ahora, incertidumbre
de cuanto el cielo nos dará mañana,
tal vez una remesa de costumbre,
abandono tal vez, tal vez desgana.
 
1429
No puedo amarte en paz, en armonía,
porque el amor siempre es beligerancia,
es lucha contra el tiempo, que porfía
en ajar rosas y alargar distancia.

1430
Se me ha roto la luz de la memoria
y con las manos extendidas ando,
en una, mortecina palmatoria,
en la otra, la actitud exploratoria
de quien entre las sombras va buscando.

Aunque en la nave de esta mente oscura
se hayan perdido formas y colores,
percibo la aromática frescura
y la sinuosidad de tu figura,
que transmite a mis dedos sus temblores.

(Indice)

Poemas

   
1383 - Conciencia

Yo no voy solo, me acompaña erguida
la sombra de mi sombra, transparente,
imperceptible a los demás, presente
en cada huella de mis pies nacida.

Compañera espectral, reconocida
por su obstinada voz, tan convincente,
y su penetración clarividente
de cada aspecto oscuro de la vida.

No sé cuál es su nombre o por qué avanza
siempre a mi ritmo en íntima alianza
de impedimento, límite y precepto.

La escucharé…, pero si se inmiscuye
en este amor que entre nosotros fluye,
su voz será murmullo sin concepto.



Los Angeles, 13 de diciembre de 2005
(Indice)

   

1384 - Sonámbula

Abres los labios, la palabra brota
desnuda de intención, de pensamiento,
como si el alma en súbito aislamiento
se hubiera desangrado gota a gota.

Eres, pero no estás; arpa remota
de cuerdas en sosiego soñoliento,
péndulo de reloj sin movimiento,
velero que no avanza, sólo flota.

Hablas, y no hay palabras, sino muecas,
miras, y quedan tus retinas huecas,
caminas, y no sabes dónde vas.

Es tu entorno de ayer, no de este instante;
hoy te absorbe el recuerdo del amante
que arropa en niebla todo lo demás.



Los Angeles, 14 de diciembre de 2005

(Indice)

   
1385 - En pie de guerra

He tocado gentil, someramente,
la curva de tus labios, la mejilla,
el arco que se inicia en la barbilla
concluyendo en el pecho…¡Qué elocuente

la respuesta callada, transparente,
que al fondo intenso de tus ojos brilla!
Y he seguido tocando. Mi escuadrilla
de inquietos dedos tórnase envolvente.

Firme avance global, sin resistencia,
banderas blancas por doquier, urgencia
de rubricar la capitulación.

Más que sometimiento ha sido ofrenda,
mansa agresividad, justa contienda.
Duerman las armas. Pacificación.




Los Angeles, 14 de diciembre de 2005

(Indice)

   
Daniel (once meses)

Abres tanto los ojos que te comes el mundo,
niño de tanto asombro como de pocos meses;
todo tan incitante, tan nuevo, tan profundo,
como si mago fueras y para ti lo hicieses.

Pero aunque no lo hicieras, para ti ha de ser todo,
pequeño rey que juegas a absorber cuanto miras;
tu reino está en ti mismo, pero de cualquier modo
a conquistas externas forzosamente aspiras.

Tuyas serán las formas: El águila en el vuelo,
el colibrí en las flores, el ciervo en la llanura;
y tuyos los colores: Azul claro de cielo,
rojo intenso de fresa, negro de noche oscura.

Te apropiarás los tonos: Rasgueo de violines,
murmullos de corrientes, rumores de arboledas;
te ofrecerán aroma violetas y jazmines,
melodías los aires, azares las veredas.

El mundo en que ahora creces será una gran manzana
a la espera y deseo de que extiendas la mano;
todo cabe en tus ojos, tuyo será mañana,
mañana, tan distante, mañana, tan cercano.


Los Angeles, 15 de diciembre de 2005


   

Sin saber a dónde vamos

Ha salido mi brazo ceñido a tu cintura
por caminos de ensueños que habrán de sucumbir;
pero adorno mis pasos de un poco de locura
y un tanto de esperanza para sobrevivir.

Porque hay bellas ideas, radiantes fantasías,
que aun siendo irrealizables, deben ser proyectadas,
si no como objetivos de nuestras energías,
como razón y objeto de nuestras escapadas.

La partida no siempre presupone remate,
sólo exige paisaje, dirección y progreso,
un pie que no vacila, un corazón que late,
labios que desemboquen en diálogo y en beso.

Y también ese brazo que te ciñe y te lleva,
sin preguntarse a dónde conducirá el sendero;
sin reloj que perturbe, ni ansiedad que se atreva
a reclamar contrato de quien es compañero.

Déjame que te guíe sin saber dónde vamos,
basta saber por dónde, con quién y de qué modo;
y si un día fatídico tal vez nos separamos,
sea con la certeza de que nos dimos todo.


Los Angeles, 18 de diciembre de 2005
(Indice)

   
1386 - Espejo

Sueña el espejo que será ventana
por donde irrumpirá la luz del día,
pero entrarán nostalgia y fantasía,
una de ayer y la otra de mañana.

Al contemplar la imagen, se engalana
la mente de recuerdos, se desvía
hacia la creación de una utopía,
y la belleza de hoy se deshilvana.

Yo te guardo encerrada en el espejo
que tiempo atrás me transmitió el reflejo
de tus facciones y expresión radiante.

No quiero que te añadas ni te quites,
sin cambios te prefiero, y que ejercites
los atributos que verás delante.



Los Angeles, 19 de diciembre de 2005
(Indice)

   
1387 - En quince años o veinte

Joven bohemio yo, pisé tu aldea,
forastero casual, sin pretensiones;
vi geranios en todos los balcones,
humo azulado en cada chimenea.

El trigal en la brisa era marea
sobre estelas que hicieran en terrones
quillas de arados, no de galeones;
la quietud era un don, no una tarea.

Y tú, chiquilla de las trenzas de oro,
con otras niñas salmodiando a coro
canciones de piratas agresores.

Miré tus ojos y me dije: Un día,
en quince años o veinte, serás mía…
Y a eso vengo hoy, en voluntad de amores.



Los Angeles, 20 de diciembre de 2005
(Indice)

   
Nochebuena

Ni el hogar opulento, cuyo patio es enjambre
de siervos adobando al fuego una ternera;
ni el mesón del camino, que ofrece al caminante
sólida cena, cama e intervalo en la senda.

Un establo ruinoso será en la fría noche
albergue transitorio de la joven pareja;
él, benévolo mozo, y ella, grácil muchacha,
con un hijo en el vientre hacia el fin de la espera.

Pudo haber sido alcoba del palacio de Herodes,
al calor del brasero, vanidad de oro y seda,
o aposento en la villa de Caifás, o la casa
de un doctor fariseo que la Ley interpreta.

Pero el Hijo del Hombre no es hijo de los grandes,
y se hará el más pequeño; los hijos de la tierra,
los que sudan y sufren, el labrador curtido,
el pescador austero, la mujer en la rueca,

han de ser sus hermanos, dejarán lo que tienen,
y sin volver la vista, marcharán en sus huellas.
Por eso ésta es la noche de los destituidos, del hambriento, del huérfano, del que vive en cadenas.

Si hoy descendiera el Cristo, no vendría a los antros
donde el poder se compra, se vende la conciencia;
no a los mármoles turbios de Washington o Londres,
no a las crudas Babeles de New York o Bruselas.

El Cristo nacería tal vez en Appalachia,
donde un país ubérrimo tolera la indigencia;
o en la sórdida choza del Congo, de Etiopía,
donde los niños mueren de infinita tristeza.

¿Ha fracasado el Cristo? ¿Dónde fue su mensaje
de gloria en las alturas y paz para la tierra?
¿No seguimos matándonos, hermanos contra hermanos,
inventando pretextos, endiosando la fuerza?

Tras los tres años blancos de la misión del Cristo,
los dos mil años negros de Judas nos asedian.
¿Dónde está tu victoria, hijo del carpintero?
¿Dejaste tu semilla caer sobre las piedras?


En esta larga noche, en esta noche fría,
a la luz del recuerdo que hace esta noche buena,
silenciemos el terco tictac de los relojes,
sin olvidar los males que a nuestro mundo aquejan

Y que el Niño nacido en la paz del establo
nos devuelva mañana la fe y la fortaleza
para cambiar las cosas un poco cada día,
para buscar su mano si nos ciñe la niebla.



Los Angeles, 17 de diciembre de 2005
(Indice)

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