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Historia de Eloísa y Abelardo
Eloísa y Abelardo son, tal vez lo más célebres
amantes de la Edad Media. Su historia se conoce
por la correspondencia y el relato de sus
infortunios divulgados durante siglos hasta la
actualidad.
Es una historia de luchas entre el cuerpo y el
alma, entre las pasiones terrenales y las
espirituales. Carne y espíritu en combate.
Abelardo, un joven apuesto e inteligente,
dedicado a la filosofía llega a París y
conquista rápidamente una brillante reputación.
Un éxito que generó dos sentimientos: envidia de
los demás y su propio orgullo.
La lujuria será, además, lo que precipitará su
caída.
Eloísa, una joven famosa por su belleza y su
refinada cultura fue un imán para Abelardo, quien
no quería cualquier mujer para saciar sus
apetitos y Eloísa era perfecta y superaba a todas
la demás.
Se hizo presentar a la joven de 17 años a través
del tío de ella, Fulberto, quien era además su
tutor. Logró canjear alquiler de una habitación
por clases a su sobrina.
Y allí viviendo bajo el mismo techo y pasando
largas horas juntos, comienza la pasión y la
tragedia.
Fulberto le había pedido que sea estricto con
ella y que si era necesario le pegara… así que
para completar el engaño, ella cada tanto gritaba
para contento de su tío que creía que la estaba
castigando…
El acercamiento al amor, provocó, según
cuenta el mismo Abelardo, el alejamiento de la
filosofía. Comienzan a correr los rumores y
Fulberto no puede dar crédito a lo que se comenta
y a haber sido engañando bajo su propio techo….
hasta que finalmente los sorprende y los obliga a
separarse.
Al poco tiempo, Eloísa le escribe a Abelardo con
la noticia de que estaba embarazada, Abelardo
decide raptarla y huyen a París donde nacerá
Astrolabio.
Para compensar la vergüenza de Fulberto, Abelardo
decide casarse con Eloísa sin consultarle. Ella
solo aceptará por amor, no por convicción. Ella
estaba abiertamente en contra del matrimonio,
porque lo consideraba signo de posesión y no de
amor, de interés y no de entrega. Pero acepta,
por amor a Abelardo. Se casan secretamente en París,
y en seguida vuelven a separarse para ya no
volverse a ver.
Eloísa es enviada y recluída en la abadía de
Argentuil, donde poco después tomará los hábitos.
Fulberto pensaba que todo esto era una trampa de
Abelardo para sacarse de encima a Eloísa y compra
los servicios de un sujeto y manda a castrar a
Abelardo mientras éste duerme.
De ahí en más se suceden miles de cartas.
Toman los hábitos en el mismo momento, Eloísa
otra vez contra sus propias convicciones y sólo
por amor. Abelardo se convierte en el filósofo de
Dios.
A esto se suceden cartas en las que Abelardo sólo
habla del amor a Dios y ella le pide palabras de
amor y consuelo, temiendo ser olvidada por el amor
de su vida. Ella no logra olvidarlo, y como una
enamorada de cualquier tiempo, rememora las
escenas compartidas. Pero no consigue que Abelardo
le hable como un amante sino sólo como un maestro
que quiere consolarla.
Afortunadamente, la última carta conocida de
Abelardo a Eloísa, termina con una oración
compuesta para ella, su lenguaje abandona la
abstracción y, por primera vez después de muchos
años, se vuelve íntimo y cálido. Seguramente
ella se debe haber sentido regocijada ante cada
uno de esos recuerdos que los ligaban nuevamente y
que sólo ellos dos conocían. Evidentemente, el
recuerdo de la pasión había conseguido romper la
solidez doctrinal de su amado Abelardo.
Finalmente, descansan juntos en un cementerio
de París…
(Texto de http://uncajonrevuelto.arte-redes.com/index.php?p=127)
Otras páginas sobre el tema:
- Abelardo y Eloísa:
-
- Pedro Abelardo:
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