| Poesía
del momento, Nº 113 c8 |
Tercera
de diciembre de 2005 |





Eras el olmo anclado en la ribera,
y era yo el agua clara, el blando viento;
eras frágil, polícroma vidriera,
y yo rayo de luz, y atrevimiento;
eras fantasmagórica escalera,
que remonté para absorber tu aliento;
eras mujer en actitud de amores,
era hombre yo en suspiros y temblores.
Brevería Nº 1376
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Y tú
No lo sabes aún. Vendrá la hora,
tarde otoñal o albor de primavera,
en que te irás. El sauce en la ribera
rozará la corriente, que le ignora.
Las jubilosas luces de la aurora
su gozo apagarán… El alma diera
porque la vida, aciaga jardinera,
perdiese la tijera podadora.
Te irás con una lágrima furtiva,
como privada de otra alternativa,
y entre gemidos te despediré.
Sin incriminaciones, sin afrentas;
que aunque yo permanezco y tú te ausentas,
conmigo quedarás, contigo iré.
Los Angeles, 21 de diciembre de 2005
- Soneto Nº 1388 de Francisco Alvarez Hidalgo
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Este amor ancestral
Hay en nosotros cien generaciones
de silencios, palabras y rugidos;
nada nos es ajeno, y avanzamos
en solidaridad con otros siglos.
Aún el hogar que nos alberga tiene
impronta de cabaña y de castillo,
como en el temple, en rasgos indelebles,
al gran señor llevamos, y al mendigo.
Al amarte, no sólo yo te amo,
te están amando en mí, por mí, conmigo,
cuantos amaron antes: Abelardo,
Romeo, Eneas, Paris, o Cupido,
y tú eres Eloísa, eres Julieta,
y eres Helena, y Psique, y eres Dido.
Te amo como se amaron, con la misma
ingenuidad, pasión, trágico instinto,
con la ciega ansiedad desesperada
que humedece de sangre los cuchillos;
con la desilusión agonizante
del que otea y no alcanza el objetivo.
Densos amores malaventurados,
abocados a estragos, a suicidios,
a abandonos tal vez involuntarios,
o bajo los pretextos del destino.
Pero amores indómitos, voraces,
con tanto de clamor que de suspiro,
ardientes y bucólicos, serenos
o electrizantes, pero nunca tibios.
Ese amor ancestral, resucitado,
que antes de ti era sueño indefinido,
vive hoy en mí, te absorbe y se te ofrece,
y en ti ha de celebrar todos sus ritos.
Francisco Alvarez Hidalgo
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