Poesía del momento, Nº 125 c

Tercera de diciembre de 2006

 


Mirando atrás…hacia lo que ha partido,
cual si de nuevo regresar pudiera;
el pasado está muerto, no dormido,
amortajado en sombra, y tú a la espera.

Brevería Nº 565

 

 

Breverías

   
1601
Duermes como las islas, apacible, flotante
sobre un mar todo tuyo, que a la vez te posee;
duermes como la amante
que, abrazada al amado, no quiere que alboree;

duermes como si el sueño fuera un valle infinito
por el que no te cansas, feliz, de caminar;
duermes como si el mundo fuera un lugar maldito;
duermes como si nunca quisieras despertar.

1602
Sobre el lecho vacío,
cuyas sábanas duermen en el suelo,
ya tú no duermes, aunque tu desvelo
es anterior, y en cierto modo, mío.

1603
Primero fuiste albergue en el camino,
donde detiene el paso
sólo por una noche el peregrino.

Más tarde compañera de viaje,
misma sed, mismo vaso,
compartiendo diálogo y paisaje.

Pero has llegado a ser hoy paradero,
la fortuna que amaso,
la miel que gusto, el porvenir que espero.

1604
Avanzo lenta, alternativamente,
por la doble avenida
de tus muslos abiertos. Inminente
se anuncia mi llegada. Me convida
tu propia invitación, y estremecida,
qué largo te parece
el momento tan breve de la espera.
Tu ruta se humedece,
mi ritmo se acelera,
tú, mi enramada, yo, tu enredadera.

1605
Percibí, al conocerla, su mirada
como una rosa, en el jarrón, marchita;
hoy, después de besarla, resucita,
sonrisa en flor, mujer enamorada.

(Indice)

 

Poemas

 

Logan (15-Agosto-1989 / 30-Diciembre-2006)

Puedes visitar su Página/Web en la siguiente dirección:

http://poesiadelmomento.com/mascotas/logan.html

 

   
 
1602 - Logan (I)

Va extinguiéndose el rayo de tu vida,
y te cerca la sombra paso a paso;
qué ágil tu día descendió al ocaso,
y qué dificil esta despedida.

¿Puede un gato tener, y en qué medida,
optimismo y humor? En cuyo caso,
¿dónde acaba el espíritu payaso,
y empieza la mesura introvertida?

El gato faraónico era un río
de seria dignidad, pero este mío
siempre un arroyo ha sido retozón.

Tuvo un cierto cariz de aristocracia,
pero más bien con picardía y gracia
fue como conquistó mi corazón.



Los Angeles, 23 de diciembre de 2006

(Indice)

   

1603 - Logan (II)

Apagándote vas, agonizante
lámpara en silencioso parpadeo,
ausente ya el gozoso ronroneo
que fue a mi tacto réplica constante.

Del sosiego a la acción sólo un instante,
sólo un salto del sueño al jugueteo,
pero hoy, en tu quietud e indicios, leo
tu mensaje de adiós, desconcertante.

Mi alma no acepta haber llegado tu hora,
a pesar de tu edad, y lo deplora;
en cierto modo te juzgó inmortal

desde que descubrió, bajo su mano,
un espíritu amigo, casi humano,
en tan estrecho molde de animal.



Los Angeles, 24 de diciembre de 2006

(Indice)

   
1604 - Logan (III)

La luz renace a veces, y me niego
a asumir el final que te amenaza;
un maullido, quizás, que se disfraza
de voluntad de vida; no me entrego

a un optimismo absurdo; sé que luego
la realidad de nuevo te amordaza,
y se quiebra mi gozo, o se adelgaza,
mi viejo camarada, sordo y ciego.

No te vayas aún, quédate, amigo;
si la muerte ha entreabierto su postigo,
no te impongas la entrada, espera, espera.

Tal vez se olvide de que te ha llamado,
y puedas regresar a tu tablado,
frente a la lluvia, que ya cae ligera.


Los Angeles, 24 de diciembre de 2006
(Indice)

   
1605 - Logan (IV)

La turbadora sombra a ti abrazada
parece haber alzado su cortina;
has recobrado tu inquietud felina,
no tu energía, un tanto apaciguada.

En esta espléndida prisión dorada
a que te he confinado, predomina
la atención más devota, más genuina,
sobre la libertad arrebatada.

Pareces entenderlo. Tu lenguaje
no es de ruda protesta, es el mensaje
que transmite tu pugna por la vida.

No sé cuándo te irás, pero esa hora
parece haber sufrido una demora;
frene el reloj su apresurada huída.


Los Angeles, 28 de diciembre de 2006


   

1608 - Logan (V)

Esta mañana tu alma presentía
aires de libertad, ansias de vuelo;
como una alondra aprisionada en hielo
derritiéndose al sol de mediodía.

Presto a la irreversible travesía,
acaricié tu piel de terciopelo,
y comprendiste que era mi pañuelo
bandera de dolor y lejanía.

Te fuiste con minúsculo gemido,
y al fin la paz de quien quedó dormido
te ciñó en derredor como sudario.

Duerme, pequeño, tierno compañero
de tantos años; que tu sombra, espero,
sepa volver a este hombre solitario.


Los Angeles,
30 de diciembre de 2006
(Indice)

   
Como si fuera abril

Te he esperado a la sombra del naranjo,
sobre la hierba verde;
tiempo de primavera en este invierno
que se olvidó de serlo. Se me encienden
los días y las venas
como si fuera abril, aunque es diciembre.
No comprendo por qué la vida estalla
mientras el año en lentitud se muere;
ni por qué toman forma tantas cosas
a una edad en que pierden sus relieves.
Tan lejos ya del esplendor de mayo,
y sin embargo mi rosal florece.
Las hojas del ciruelo y del cerezo
emprendieron el vuelo, ya ambos duermen,
desnudos y en silencio;
la línea de cipreses,
callados, sí, pero tan pudorosos,
que de sus togas nunca se desprenden;
este naranjo, en cambio,
con sus frutos redondos, permanece
en todo su esplendor, verde, amarillo,
y yo, a su sombra, en el sedoso césped,
te he esperado y te espero,
sé que vendrás, que nada te detiene.
Veo flotar las nubes,
tan blancas, tan lejanas e indolentes;
sobre una de ellas te reclinaría,
hundiéndome contigo entre sus pliegues.
Te abrazaré, no obstante,
sobre la hierba verde
de este aprimaverado, tibio invierno
que por ti se detiene.


Los Angeles, 25 de diciembre de 2006
(Indice)

   

1606 - La Poesía

Llamó a la puerta, súbita visita.
La conocía desde antiguo. Era
llama ondulante tras la cristalera,
destello sin calor, estalagmita

hierática, si bella. Cada cita
mantenida con ella fue galera
dejando leve estela, viajera
que no llega a arraigar, sólo transita.

Nunca accedí a la intimidad con ella,
pero esta vez me sonrió mi estrella,
guiño de luz desde su lejanía.

Entró en mi casa, desató los lazos
de su alba túnica, tendió los brazos,
y desde aquel momento ha sido mía.


Los Angeles, 28 de diciembre de 2006
(Indice)

   
1607 - Aquellos tiempos, éstos

Eran los días que llamamos de oro,
dormido el tiempo, perdurable aurora,
cuando la juventud, que tanto ignora,
creyó saberlo todo. Cuánto añoro

su audacia, su desdén por el decoro,
su rebelde actitud provocadora,
los mitos de su mente soñadora,
su inquieta prontitud de meteoro.

Los más entorpecieron su carrera,
amansaron el nervio de su fiera,
y ciñeron los fríos de febrero.

Los menos fuimos madurez que aspira
a mantener antorcha, fuego y lira,
sin ser a nada o nadie forastero.


Los Angeles, 28 de diciembre de 2006
(Indice)

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