Poesía del momento, Nº 129 b

Segunda de abril de 2007

         


Tiembla el almendro en flor a la llegada
del viento seductor, que en torbellino
violará su blancura inmaculada.
Yo te espero desnuda y perfumada,
y mi estremecimiento, oh peregrino,
será un alto de amor en tu jornada.

Brevería Nº 344

 

 

Breverías

   
1656
Esta separación a que te adhieres
tiene perfil de niño degollado,
en error y en horror, pero no esperes
verme beligerante o encrespado.
Todos tenemos rutas y quehaceres,
y hemos de hacer lo que nos fue dictado.
Cuando algo dentro del amante expira,
el discreto no lucha, se retira.

1657
Quiere arrancarle al tiempo un ciclo nuevo
esta garra de mano que suaviza
sólo por ti las uñas; me sublevo
ante su absurda marcha antojadiza.
Pausado irá si rápido me muevo,
y alígero si el pie me inmoviliza.
Un nuevo ciclo para ti conmigo,
sin horas, sin programa, sin testigo.

1658
Que tengan los relojes movimiento
no denota que el tiempo, inmóvil, vuela;
somos nosotros quienes, como el viento,
nos deslizamos, sin dejar estela.

1659
Dale oportunidad al desatino,
al arrebato, el cántico y la risa;
vive con vértigo, pero sin prisa,
que sólo un punto, el hoy, es tu camino.

1660
Inmerso, día a día, en la profunda
pantalla en que se agita mi universo,
sin saber si esa absurda baraúnda
justifica el fervor de un solo verso,
indiferente a cuanto me circunda,
mientras sobre lo extraño me disperso,
me veo estableciendo simetría
entre autenticidad y fantasía.

(Indice)

 

Poemas

   
 
Te has ido, hermano

Te has ido, hermano, imperceptiblemente,
sin ruido, sin adiós, sin movimiento,
como se va la sombra,
como se nubla el cielo,
con ese despertar a otro mañana
que inicia nueva vida desde cero.
Era tu hora, casi anticipada
por la gradual fragilidad del cuerpo.

Has entrado a las seis de la mañana
y es tu último relevo.
Tantas veces lo hiciste
bajo las frías lluvias del invierno,
enfundado en el áspero tabardo,
regateando charcos, cuando el pueblo
aún dormía entre adustos panizales,
y croaban las ranas a lo lejos.

Pero hoy no vas a trabajar, hermano,
hoy no te has despertado de tu sueño,
hoy te ha tomado de la mano el ocio
y te reclina en su descanso eterno.

Ese rumor de máquinas lejano
trefilando el alambre, ese lamento
al cruzar las hileras, estirándose,
para quedar en la bobina preso,
te queda tan distante que no lo oyes;
lo escuchaste cuarenta años, y luego
se fue apagando lenta, lentamente,
terminando en minúsculo recuerdo
que no te seguirá. Vas a otra zona
sin máquinas, sin mugre, sin estrépito,
lugar de placidez clarividente,
como si un ventanal se hubiera abierto
sobre un jardín de mundos infinito,
para que lo contemples en silencio,
como desde tu casa, en la solana,
observabas las hierbas de tu huerto,
en abandono ya, sin tus cuidados,
tan frágil la estructura de tu cuerpo;
y más allá las ásperas aristas
de la torre herreriana, cuyo templo
fue cárcel en la etapa fratricida,
cuando órgano y campana enmudecieron;
y el ciprés centenario, y la chopera
en torno del pantano, y aún más lejos
la alta línea quebrada de los montes
contra el azul del cielo.

¿Qué avistaban tus ojos diminutos,
débiles y cansados, qué hervidero
de impresiones lejanas
emergían de nuevo,
tú de pie, y el cristal tenue barrera,
incapaz de borrar tragedia y miedo?

Nunca tuviste juventud, los años
de la risa, el amor y los paseos,
te vieron, y miraron a otro lado,
evitando el encuentro,
casi como si hubieras dado un salto
de adolescente a viejo.
Era una España de miseria entonces,
huérfanos muchos, muchos más hambrientos,
pero muy pocos de dieciseis años
frente a seis bocas como tú se vieron.
La escasez, que separa y desmantela,
fue el círculo de acero,
el adhesivo que mantuvo unida
nuestra pequeña tribu en torno al fuego.

Hermano que te has ido,
cumpliste una misión, y te recuerdo.



Los Angeles, 11 de abril de 2007
(Indice)

   

1672 - Tus palabras

He escuchado palabras tejedoras
de sonidos opacos, de hojalata,
generando, en absurda perorata,
simulacros de ideas creadoras.

Tales palabras, neutras, incoloras,
transitan en tediosa cabalgata
frente a mí; ni su tono me arrebata,
ni su sentido ocupará mis horas.

Pero al hablarme tú, la piel se enciende
al timbre de tu voz, surge y trasciende
su mensaje, hondo y alto, en el cerebro.

Las palabras por otros desgastadas
parecen vírgenes en ti, estrenadas
al balbuceo del primer requiebro.



Los Angeles, 14 de abril de 2007

(Indice)

   
1673 - Descarnada mano

Me crece a borbotones la tristeza
como un chorro de sangre por la herida,
e inexorable se me va la vida
por donde el cauce de la muerte empieza.

La vida es gozo, gala, fortaleza,
en erupción apenas contenida,
y es la muerte ex amante dolorida
cubriéndose de harapos la cabeza.

Hoy parece venir a reclamarme
el pago de mis deudas. Al mirarme
al espejo mi imagen se hace extraña.

El hombre antes allí ya no sonríe,
resignado en la sombra a que le guíe
la descarnada mano y la guadaña.


Los Angeles, 14 de abril de 2007
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1674 - Amar es comparar

Cantando voy, por dedos y memoria,
de pétalos, de ráfagas, de estrellas,
de pupilas, de tantas cosas bellas
que visten las derrotas de victoria.

Amor es rendición, pero con gloria,
como son venturosas sus querellas;
yo, su juglar, quiero imprimir mis huellas
sólo en senderos de almas con historia.

Los caminos que nadie haya pisado
queden para el ingenuo enamorado
que habla de amor, pero lo desconoce.

Amar es comparar, y al así hacerlo,
optar a lo mejor, y poseerlo
desde la idea al límite del roce.


Los Angeles, 14 de abril de 2007


   

1675 - El alba

El alba no se va, crece en el día
como no se va el mar, se hace marea
que sube y baja y tienta y juguetea
como una inmensa ola de luz lo haría.

El alba, mano blanca que porfía
sobre el cristal, y muda clamorea
que es hora de partir, cuando aletea
sobre el lecho el deseo todavía…

Que llame y brille, que nos importune,
mi cuerpo aún vibra, tengo el alma inmune
a coacción de huída, adiós o aviso.

El día es una noche más brillante;
y ésta también es nuestra, dulce amante,
valquiria, hurí, de exiguo paraíso.


Los Angeles, 14 de abril de 2007
(Indice)

   
Penélope

¿Para qué necesito
cartas de marear, brújula y vela,
si me llevan a ti todas las rutas?
¿Para qué necesito alas de seda
nacidas o injertadas en mi espalda
si sólo a ti mis golondrinas vuelan?
¿Para qué necesito cada noche
involuntarios sueños o quimeras,
si dominas la trama de mi mente
al abrírsete extática, despierta?
Por mar, por aire, por el sigiloso
núcleo de la tiniebla,
o el fulgor de la luz que nos abraza,
tibia o ardiente, en cerros o mesetas,
yo voy, eterno caminante, absorto,
llevando el fardo de la vida a cuestas.
Siempre hacia ti, no importa adónde vaya,
ni cómo, ni con quién; la misma meta
se abre al final de cada travesía,
Penélope gentil de mi odisea.
Tal vez hubo Calipsos entrañables,
y apasionadas Circes, y sirenas,
y anhelantes Nausicas soñadoras,
pero Ítaca llamaba. No hubo amnesia
en la mente de Ulises, ni hubo duda,
sólo ruinas, naufragios, y galernas
bajo el hostil tridente vengativo
del dios del mar, siguiéndole de cerca.

Las dos ideas, Ítaca y Penélope,
le pulsaban las sienes de la urgencia.

Como Ulises voy yo hacia mi destino;
tú estás en él; percibo aires de fiesta
en cada encrucijada de senderos,
en cada lúcida, espumosa estela,
en cada amanecer y en cada noche,
en cada nube lenta,
cada punto me indica
que estoy en venturosa convergencia
de quietos derroteros,
y todos, todos hacia ti me llevan.


Los Angeles, 15 de abril de 2007
(Indice)

   

Fuera de la memoria

Voy a desarraigarte de las amplias
galerías que integran mi memoria.
¿Qué haces tú, extraviada,
entre esculturas rotas,
cuadros oscuros, pálidas vitrinas,
restos de un mundo que se desmorona?
Los museos parecen tener vida,
pero están muertos; yacen a la sombra
de recuerdos, lugares, testimonios,
que a veces nos absorben como esponjas.
Son una multitud que a la ventana
del presente se agolpa,
y como vendedores ambulantes
intentan deslumbrarnos con sus glorias.
He explorado regiones,
y en cada una me apropié de cosas
que acumulan el polvo de los años,
y que no miro ya; me son remotas.
Es como si llevara un cementerio
lleno de tumbas, lacias las coronas,
desleídos los nombres,
sin visitantes y sin ceremonias.

No perteneces a este mundo inerte
de los viejos recuerdos, te incorporas
a la vida que es hoy; eres, no has sido;
caminas y respiras, enarbolas
la bandera del cuerpo, toda curvas,
y la del alma, rectas como normas.
Descuélgate del marco sobre el muro,
no es ese tu lugar, y no es tu hora,
salta del pedestal, dame la mano.
Si el mundo de los vivos, fe y congoja,
no garantiza nada,
todo lo ofrece al borde de su copa.


Los Angeles, 16 de abril de 2007
(Indice)

   
1676 - Bailarina gaditana

"Que la tierra que te cubre sea leve,
como sobre ella lo fueron tus pies".
(Epitafio romano en la tumba
de una bailarina de Cádiz. Siglo I)

Era dos pies en permanente danza,
como una sombra, elástica y ligera;
no sé si era rosal o era palmera,
nunca tal equilibrio en la balanza.

Sobre el entarimado, a semejanza
de humo azul en la tarde dominguera,
o de brisa ondulando la chopera,
era la oferta audaz que nadie alcanza.

Escribía en el suelo filigranas
que las más atrevidas cortesanas
no hubieran descifrado o repetido.

Tierra que hoy la revistes, sepultada,
que apenas percibías su pisada,
sé leve a la que ritmo fue y latido.


Los Angeles, 16 de abril de 2007
(Indice)

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