Poesía del momento, Nº 131 c

Tercera de junio de 2007

    


Levé las anclas y zarpé a mi puerto,
que me aguardaba en soledad y calma;
en el tuyo dejé sentido y alma,
y aunque vivo por ti, sin ti estoy muerto.

Sólo tu nombre me ha quedado intacto
como un beso en los labios, que renace
cada vez que te llamo, tenue enlace
para quien ha perdido tu contacto.

Brevería Nº 953

 

 

Breverías

   
1691
No te me rompas. Tengo entre las manos
la copa de cristal de tus mejillas,
y mis dedos son toscos artesanos
incapaces de obrar las maravillas
que otros te hicieran antes, cortesanos
expertos en temblores de rodillas.
Pero voy a bebérmela hasta el fondo,
y con cáliz igual te correspondo.

1692
Debo saber de ti. Si te ignorara,
si a tu entraña gentil no descendiera,
no te podría amar como debiera,
serías sólo un músculo, una cara.

Quiero, sin renunciar a la corteza,
ver las luces despiertas en la mente,
el fuego ardiendo en el hogar, y el puente
que une al sentir sentidos y fiereza.

1693
Ríome de mí mismo y del que ignora
cómo tomar la vida en levedad;
en este mundo de mediocridad,
quien no sabe reir, maldice y llora,
y la tristeza es su única verdad.

1694
Cuando hablo, lo hago en el convencimiento
de que si las ideas se barajan
en las mágicas grutas de la mente,

no son recortes de papel al viento,
sino orquídeas que arraigan y viajan
del corazón hacia lo inteligente.

1695
Tantas cosas me irritan o me asquean,
que me hacen joven, casi renacido;
quienes en calma un día, al fin, me vean,
sabrán que de verdad he envejecido.

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Poemas

   
 
Ay, corazón

Ay, corazón de bronce, ni hostil ni endurecido,
a veces silencioso, y a menudo vibrante;
fuera mi oído sordo, y oiría tu tañido,
y si mis ojos ciegos, vería tu semblante.

Ay, corazón de plata, con vocación de entrega,
bandeja de la ofrenda, candelabro de luces,
todo cuanto recibo de ti, todo me llega;
cual si tú misma fueras, te das y me seduces.

Ay, corazón que de oro fuera afiligranado
por la mano exquisita de un dios de orfebrería;
más que en tu propio pecho vives enamorado
dentro del mío, y tu alma ya es parte de la mía.

Ay, corazón de carne, de sangre, de latidos,
tambor desentrañando redobles en las venas,
músculo de la fiera que duerme en los sentidos,
cómo tú la despiertas, cómo la desmelenas.



Los Angeles, 22 de junio de 2007
(Indice)

   

1715 - Máscaras en la noche

Clama tu voz, lamento o alborozo,
y se diluye en saturnal de ruido;
cae a tus pies la jaula del vestido,
y abre la soledad su calabozo.

Te solicita el tálamo al retozo,
y una mitad es hielo inmerecido;
y sólo, sólo cuando te has dormido,
el sexo en antifaz te invita al gozo.

Las caretas avanzan por la oscura
caverna de tus sueños; no hay ranura
que soslayen sus cuerpos nebulosos.

Uno a uno, tal vez conjuntamente,
poseen tu estatura, y de repente
se despiertan tus miembros temblorosos.



Los Angeles, 22 de junio de 2007

(Indice)

   
Colores de Cantabria

En la tierra ancestral de donde vengo
hay dos colores, verdiazul y verde,
el mar y la montaña,
no de ahora o de ayer, sino de siempre.
En la bandera ondean blanco y rojo.
¿De que? ¿De dónde? ¿De ignorancia y muerte?
¿Página nunca escrita,
y sangre que se vierte
en batallas inútiles?
Farsante el monstruo de la historia tiende
a perpetuar imágenes que sólo
a un pasado inmediato retroceden.
Pudo haber sido el lábaro, en la cuna
de nuestra identidad de alma rebelde,
doscientos años de ardua resistencia
a ser asimilados; los relieves
de las estelas cántabras, que en piedra
gritan enigmas que en silencio duermen;
o el panorama de olas y campiña,
éste risueño como aquél solemne.
Pero nos dieron dos colores neutros
que no saben hablar lo suficiente.


Los Angeles, 22 de junio de 2007
 
(Indice)

   
1716 - Laberinto

Tantas puertas en ti para mi entrada,
y una, cerrada, para mi salida.
¿A qué fin pronunciarse en despedida
si me he multiplicado en la llegada?

Laberinto eres ya sin escapada,
por el que merodeo, sumergida
la mente sólo en ti. ¿Por qué la vida
busca el hilo de Ariadna, si enclaustrada?

A ti he venido en convicción de amante
domiciliado, no de visitante
que llega, besa y huye presuroso.

Abandoné el costal de mis recuerdos,
a falta de leones, a los cerdos,
y, limpia el alma, busco en ti reposo.


Los Angeles, 23 de junio de 2007


   

1717 - Prófuga de mis sueños

Prófuga de mis sueños, si dormido,
sólo alcanzo a soñarte si despierto,
mujer de mis quimeras, que no acierto
a encarnar en tal mundo enmudecido.

Casi mejor así que andar perdido
por los teatros de la noche, abierto
al encuentro casual, al drama incierto,
a que la voluntad no ha concurrido.

Si aparecieras tú, sin convocarte,
¿qué mérito tendría? Para amarte
deberé conjugarte por activa.

Y sólo podré hacerlo si, consciente
de mis acciones, corazón y mente
te asediaran, e hiciérante cautiva.


Los Angeles, 25 de junio de 2007

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1718 - Tríptico:

I - Sola

En orfandad, tan sola sobre el lecho
que, ara de templo, te ofrendara un día
al dios de la pasión, la fantasía,
bajo la piel de un hombre insatisfecho.

Y tú le ofrecerías cada pecho
para la sed, y abierta travesía
por cada zona de tu geografía
para domar sus fieras al acecho.

Y él te daría tanto, tanto, tanto…
Y te dio soledad y desencanto,
de ti colmado, ajeno a tu vacío.

Y me crucé en tu senda, tú tan triste.
¿Vienes conmigo, amigo?, me dijiste.
Y hoy, si te llamo 'amor', añades 'mío'.


Los Angeles, 25 de junioo de 2007


1719 - II - A ti me acerco

Se ha cerrado la puerta; en el pasillo,
mi camino hacia ti, que no parece
ni largo ya ni turbador. Florece
la primavera en ti, mi lazarillo,

que hasta aquí me has guiado. Ni el anillo,
que estrangula el amor, o lo envejece,
ni el fragor de la acción, que lo entumece,
ni la villa con ansias de castillo,

eclipsarían este amor vibrante.
Me acerco a ti con voluntad de amante,
la que siempre frené, y hoy desenfreno.

Duerma el pasillo del primer contacto,
y despiértese el lecho a cada impacto
de voz de brisa o reventón de trueno.


Los Angeles, 26 de junio de 2007


1720 - III - De nuevo sola

De nuevo sola, sobre lecho adverso,
tan amplio para ti, tan soledosa,
con ese abrazo de estrenada esposa
en leoncito de peluche inmerso.

Pero hoy no es desamparo, es el reverso
de ese ayer que, ya imagen nebulosa,
si no en olvido, en repulsión reposa;
hoy es trova cantada verso a verso.

Como rumor lejano, ciertamente,
pero claro su tono y elocuente,
febril susurro erótico inmediato.

Oh, sola, no tan sola, desolada,
abrazada al peluche y a la almohada,
por ti mi corazón toca a rebato.


Los Angeles, 26 de junio de 2007
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