Poesía del momento, Nº 135 b

Segunda de octubre de 2007

            


Invéntame serenos madrigales
que nadie haya escuchado, carabelas
que nunca el mar surcaran, robledales
sin voces y sin huellas, callejuelas
de silenciosas casas medievales
que alguien plasmar pudiera en acuarelas.
Canta, navega, merodea, explora,
mi dulce amante de alma soñadora.

Brevería Nº 1624

 

 

 

Breverías

   
1746
A ti de nuevo por el aire llego
que es para mí la más segura senda;
mis alas con los ánades despliego,
y tu cálido sur está en mi agenda.
Queden atrás las nieves, dame el fuego,
y la luz, y el aroma; que se encienda
la primavera que en tu abrazo anida,
y pueda verte junto a mí dormida.

1747
A todo cuanto un día di la mano,
estoy dando la espalda, y no me pesa;
queda todo tan frío, tan lejano,
al fervor de esta boca que me besa…

1748
Serénese el torrente, debilítese el viento,
refrena tus impulsos, apárcame la furia,
en tregua los sentidos, duérmase la lujuria,
y aflore un intervalo desprovisto de intento.

Hora de abrazo en calma, de silencio elocuente,
que no alteren el mapa de los pliegues del lecho,
tus ojos en los míos, y en el mío tu pecho,
todo tan apacible, todo tan transparente.

1749
No me apagues la luz, la luz es vida.
Me moriré en la oscuridad, si ciego.
Si la tiniebla al tacto me convida,
y a la fragancia que en la rosa anida,
qué indignidad cuanto a los ojos niego.

Deja la lámpara encendida, quiero
absorber las figuras, los colores,
el gesto mundanal, el porte austero,
ver tus ojos, y el vívido sendero
que recorren tus ansias y temblores.

1750
Voy hacia ti en azul ola espumosa
de costa a costa, mas sin retroceso;
espérame en la arena, jubilosa,
que llego al fin con la humedad del beso,
y en descarga frontal, tumultuosa,
sobre tu horizontal de oscuro acceso.
Otras olas vendrán, provocativas,
pero se irán, tras vanas tentativas.

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Poemas

   
 
Cuerpo y alma

Amo el alma que llevas encendida
como luz que declina revelarse,
pero que llega diáfana a filtrarse.
¿Quién puede detener la amanecida?

Amo el temor, el gozo, los criterios,
que la encogen, dilatan, y ornamentan,
las dudas y el dolor que la atormentan,
sus verdades más obvias, sus misterios.

Y amo también el cuerpo que, desnudo,
sabe oscilar, curvarse y entreabrirse,
mar de sentidos en que busca hundirse
mi propio cuerpo cuando a ti me anudo.

Amo cada temblor, cada relieve,
cada sinuosidad y ángulo oscuro,
cada vereda por la que aventuro
mi propio tacto que voraz se mueve.

Pero amo sobre todo la amalgama
de piel y espíritu, ternura y roce,
sensualidad que el alma reconoce,
emoción que en la carne se derrama.

Desde dentro es mi amor, y desde fuera,
al corazón el sexo emparejado;
ay, cómo este árbol para ti plantado
siente estallar triunfal la primavera…



Los Angeles, 12 de octubre de 2007

(Indice)

   

1758 - Fácil presa

¿Volver atrás? ¿Por qué? ¿De qué aprovecha
cruzar inciertos puentes de ruptura,
o devolver, perdida su frescura,
al calendario deshojada fecha?

El pasado es león que nos acecha,
y somos fácil presa en la espesura
del callado presente, en que perdura
idealizada la ilusión deshecha.

Muerto lo muerto está, no resucita;
si a veces nos parece que aún palpita,
es más quimera que objetividad.

Es el deseo de soñar que alienta
en el hueco del alma, y representa
blindaje hacia la nueva soledad.



Los Angeles, 12 de octubre de 2007

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1759 - Protesta

¿Recuerdas el temblor de los cristales
de aquella noche de obstinado viento?
¿De quién fue la protesta, o el lamento,
por haber yo cruzado tus umbrales?

¿Qué potestad radica en mis rivales,
ya los que fueron, ya los del momento,
que logran, en osado atrevimiento,
manipular las fuerzas naturales?

No les presté atención. Sobre la cama
ambos gestábamos intenso drama
cuyo arrebato nos ensordecía.

Sólo más tarde percibí el bramido
de la tormenta, exhausto ya el sentido
y a la ventana aldabeando el día.


Los Angeles, 12 de octubre de 2007
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La parte que se queda

Tanto a ti vengo y tanto te abandono…
Mas no soy yo quien llega y se despide,
sólo una parte mía,
la que logra besarte y adherirse
a tus relieves y concavidades,
la que te anuda en lazos imposibles,
y te explora, y penetra,
en vano empeño de prender raíces.
Es la parte que ruge y se abalanza,
la parte que al morir comen los buitres,
La otra parte se queda.
Vino una vez con suavidad de cisne,
y se negó a partir: Lago, enramada,
nubes, amaneceres y violines,
tiene características
de vaporosas formas intangibles.
Es la parte de mí que te acompaña
cuando caminas sola en tardes grises,
y percibes un brazo en la cintura
que nadie más percibe.
Es la parte de mí que entre las sábanas,
en esas noches que parecen tristes,
y no lo son del todo, se te enreda,
y tú, medio dormida, lo permites.
Mi peso, mi volumen, mi armadura
de carne y hueso, pueden despedirse,
pero el yo que protegen
pisará donde pises,
se acoplará a la curva de tu espalda,
mirará sobre el hombro cuando escribes,
sin que nadie le vea, ni tú misma,
pero tú, sólo tú, sabrás que vive
a tu lado, y en ti, cuerpo sin forma,
espíritu con tacto que te ciñe.


Los Angeles, 14 de octubre de 2007


   

Ah, tus palabras

Voy a beber de ti cada palabra,
fresca o ardiente, impúdica o modesta,
las nuevas, virginales,
las que olvidadas quedan,
y las que entre los labios, inmortales,
efervescentes tiemblan.
Tengo sed de tus cosas,
sed de tu gozo, sed de tus ideas,
de tu dolor, de tus desasosiegos,
de cuanto no se ve, pero se expresa.
Y me hablarás de todo,
de lo que ayer soñaste y ya no esperas,
de lo que nunca se ahuyentó, y aún temes,
de las dolientes noches de la ausencia,
de las mañanas esperanzadoras
que como copas de cristal se quiebran.
Quiero escucharlo todo de tu boca,
copa también en que mi sed se abreva.
Me descubre tu voz tantas incógnitas,
vivos matices, íntimas facetas,
como si fueras descorriendo velos,
y paso a paso espléndida emergieras
en tu más pura desnudez de espíritu.
Ah, tus palabras de amapola y seda.
Sigue hablándome en tono sigiloso,
que sólo escuche yo, como quien lleva
lenguas de aire en las yemas de los dedos,
dedos de agua en la punta de la lengua.


Los Angeles, 15 de octubre de 2007

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Mano

Era la mano inmensa
que podía envolverme como un manto
de acariciante, fino terciopelo,
absoluta caricia, como lago
en que uno se sumerje, y nos posee;
era de niebla y aire, era su mano.
Vino a mí algunas veces
con sobria devoción de santuario,
como tendida ecuánime a un amigo,
y a veces con el manso,
mas limitado toque,
que intenta decir algo,
y se detiene al borde del sentido,
en lugar de tomarlo por asalto.
Y se hizo mar un día,
y yo me hice naufragio,
se hizo viento y dejóme revestido
de su invisible tacto,
y se hizo luz, cegándome los ojos,
y ciñóse a mi cuerpo como un látigo.
Me sentí flanqueado por sus dedos,
en su concavidad acurrucado,
caricia inmóvil, posesión plenaria,
y en ella me dormí, sueño tan blando…


Los Angeles, 16 de octubre de 2007

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1760 - Amaneciendo

A tu cocina entré, tibia mañana
de marzo inesperada. No llovía,
en calma el olmo, el viento se dormía
perro inmóvil al pie de la ventana.

Despertaban, en esa hora temprana,
los ruidos de la calle; se encendía
en la radio sedosa melodía,
y era la ausencia una estación lejana.

En la mesa dos tazas humeantes,
y frente a frente plácidos amantes
que en la noche agotaron el sudor.

Es momento de calma. Dos miradas
dialogan hondamente, tan calladas…,
y con el mismo estruendo del amor.


Los Angeles, 16 de octubre de 2007

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1761 - Se quejan las palabras

Se quejan las palabras de fatiga;
ha llegado el momento de la mano,
que trascienda febril del primer plano
donde sólo el tanteo se prodiga.

Ay, sugerente y vacilante amiga,
Eva te quiero ver bajo el manzano,
descubriendo el misterio más arcano,
la desnudez que mi obsesión mendiga.

Se me acunan los días en temblores,
en dudas, en erráticas labores
que tal vez nunca se resolverán.

Pero en sueños también, y en la esperanza
de que estas fantasías, sin tardanza,
en verdaderas mieses granarán.


Los Angeles, 16 de octubre de 2007

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