Poesía del momento, Nº 137 c

Tercera de diciembre de 2007

       


Venga la paz, la luz, la gentileza,
al roce de una mano en otra mano;
estalle el mundo en júbilo y belleza,
y cada extraño sea nuestro hermano.

Brevería Nº 1781

 

 

Breverías

   
1776
Llena la noche está de coyunturas,
no las dejes dormir. Al fondo oscuro
de mi copa residen. Yo conjuro
en esta noche todas tus locuras.

Ven a mí abrumador, sin titubeo,
a las diez, a las once…, ¿a qué la espera?
Hora perdida no se recupera,
y tiembla ya la piel de mi deseo.

1777
Llévame, gira, cíñeme y extiende
tus miembros a lo largo de los míos,
sin pausa, como el agua de dos ríos
confluyendo en un cauce. Se me enciende

la piel a tu contacto, el alma grita,
se me enrosca en los muslos el instinto,
esta danza se me hace un laberinto,
y eres tú el minotauro que lo habita.

1778
Rueda la música en la calle, hay voces,
y risas, y estallidos, y alboroto.
El vino lo va haciendo más remoto,
serénate, alma mía, no solloces.

¿Qué hay de especial en esta noche? Nada.
El gentío se aturde, se anestesia,
volviendo luego a recordar. Mi amnesia
continuará despierta a la alborada.

1779
Voy contra la corriente, no me importa
quien pregona su triunfo o quien fracasa;
siga el gentío ciegamente en masa
la fingida verdad que le conforta.

Yo escucharé la voz que en un susurro
me llama desde del alma, nunca el grito
disfrazado con toga de erudito,
mas nacido de espíritu cazurro.

1780
Veo la tierra alborotada, miro
la muerte, el hambre, el éxodo, la guerra,
y tanta criatura que se aferra
a la idea de Dios, y me retiro

dentro de mí, indagando las razones
de este divino, ilógico abandono,
y cuanto más indago y más razono,
más siento vacilar mis convicciones.

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Poemas

   
 
1791 - En soledad

El año se me acaba tan deprisa
como fue tu partida inesperada;
la noche está, dentro de mí, callada,
y al exterior es danza, y humo, y risa.

Soy galeón de brújula indecisa,
inestable timón, vela rasgada,
con la estrella polar desconectada,
y ruta que en la bruma se improvisa.

Voy sin saber por dónde o cómo voy,
no hay para mí mañana, sólo estoy
en un punto difuso que no entiendo.

La multitud, la vida, se engalana;
va a golpear las doce la campana;
el año, como yo, se va muriendo.



Los Angeles, 21 de diciembre de 2007

Este soneto tiene su propia postal:     

 

      

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1792 - En indiferencia

¿Qué importa el año nuevo, el año viejo?
No es que el tiempo se vaya, es que nos vamos,
e involuntariamente celebramos
el triunfo de la muerte. No me quejo

de que se acerque inexorable; dejo
su amenaza al olvido. ¿Qué alcanzamos
con su presencia en el recuerdo? Estamos
a igual distancia en duelo o en festejo.

Despida al treinta y uno de diciembre
el cazador de fábulas, y siembre
a su paso utopías e intenciones.

Este es un día más, o un día menos;
todos los días son malos o buenos
conforme a nuestras propias decisiones.



Los Angeles, 22 de diciembre 2007

Este soneto tiene su propia postal:     

 

          

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1793 - En alegría

Voy a mirar de frente al año nuevo
como quien mira al rostro de la gloria,
sin exigencia reivindicatoria,
ni mirada hacia atrás. Hoy me renuevo,

vuelvo a nacer, empiezo otro relevo
en este oficio de vivir. La historia
de ayer no marcará la trayectoria
ni el ritmo ni el momento en que me muevo.

Voy a ser libre, ruiseñor o viento,
vuelo y canción, rumor y atrevimiento,
recogiendo los dones de la vida.

Ésta está siempre por hacer, y quiero
fraguarla día a día, como herrero
bruñendo al fuego espada envejecida.


Los Angeles, 22 de diciembre de 2007

Este soneto tiene su propia postal:     

 

      

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1794 - En meditación

Oh, Dios, un año más. ¿Qué nos espera?
Es tan duro el martillo de tu ira,
que, al caer sobre el pobre, más inspira
rencor que adoración. Quién comprendiera

tus motivos, Señor. El hombre es fiera
para el hombre, y es odio, y es mentira;
pero Tú eres amor…que se retira,
volviendo en el tsunami y en la hoguera.

Hostigas al humilde, al inocente…
Tu símbolo es la cruz, no es el tridente
ni el rayo de otros dioses ya proscritos.

Oh, Dios, los que en Ti creen, y te adoran,
empiezan a dudar, y te incorporan,
por no entenderte, al mundo de los mitos.


Los Angeles, 22 de diciembre de 2007

Este soneto tiene su propia postal:     

 

      

   

1795 - En audacia

Brindemos esta noche y cada día
por la sed que la vida nos ha dado,
sed de volver amar, aunque el pasado
infligiera más llanto que alegría;

sed de inconformidad, de rebeldía,
aunque el intento fuera derrotado;
sed de gritar, porque quedar callado
se deja a la cobarde mayoría;

de aprender, cuanto más y cuanto antes,
porque hay ya demasiados ignorantes;
de llamar por sus nombres a las cosas,

aunque al medroso vulgo escandalicen;
de vivir, sin que importe lo que dicen
gentes asustadizas y envidiosas.


Los Angeles, 22 de diciembre de 2007 

Este soneto tiene su propia postal:     

 

      

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1796 - Yo no saldré de casa

Atúrdanse otros en confeti y ruido,
perdiéndose en vaivén de multitudes,
pretendiendo asfixiar las inquietudes
de mente triste o corazón herido.

Yo no saldré de casa. Consumido
mi tiempo está de tales servitudes,
y ya enterré en sombríos ataúdes
pasadas glorias, que son hoy olvido.

Te haré una noche prolongada, lejos
del fárrago banal de los festejos,
mezcla de calma, impulso y paroxismo.

Ruede enjambre de voces por la calle;
en nuestro lecho, entre los dos, estalle
muda bomba de paz y de erotismo.


Los Angeles, 27 de diciembre de 2007
(Indice)

   

1797 - Sueño de ti

Tengo un sueño de ti bajo la almohada
que me habla cada noche en voz tan leve,
como si fuera mano que se atreve
y se repliega al punto en retirada.

¿Por qué esa indecisión amedentrada?
Yo lo invito a avanzar por el relieve
de sábanas revueltas, y se mueve
como invitado en aprensión de entrada.

Tal vez quiera pasar, mas no quedarse,
luz que alumbra pensando en apagarse
y proseguir su itinerario a oscuras.

Tal vez debiera despertarlo ahora,
y ver si, desvelado, se incorpora
a la celebración de mis locuras.


Los Angeles, 27 de diciembre de 2007
(Indice)

   
1798 - Muerte y aroma

Diciembre es casi podredumbre, es vida
que va ahogándose lenta, es elegancia
transformada en harapos, y es la infancia
que se ve de repente envejecida.

El año se despide, y en la huída
deja en el aire un rastro de fragancia
que no acierta a mermar con la distancia,
rosa perennemente florecida.

¿Muerte y aroma? Confluencia extraña;
pero cuanto derriba la guadaña
vuelve a nacer, o evade su deceso .

Como tú, que no sólo permaneces,
pero te arraigas más y más, y creces
con ímpetu de siglo en cada beso.


Los Angeles, 27 de diciembre de 2007
(Indice)

 

Último poemario de Francisco Alvarez Hidalgo, 

disponible en España desde mayo 2006, 

y en América a partir de primeros de junio 2006.

Más información en el siguiente enlace:

http://poesiadelmomento.com/voces/vocesalviento.html

 

 

El correo frankalva@earthlink.net

está cerrado. Por favor dirigirse a:

franciscoalvarezhidalgo@gmail.com

La familia de Francisco te responderá agradecida.

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