Poesía del momento, Nº 139 b

Segunda de febrero de 2008

 

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No me atreví a decírselo; cantaban
en silencio las luces del ocaso;
los oscuros temblores del fracaso
en amargo sudor me desbordaban.

Pasó el tiempo, y un día se lo dije;
me sonrió en aceptación, y ahora
se me entrega, me absorbe y enamora,
y sólo el tiempo que perdí me aflije.

Brevería Nº 1291

 

 

 

Breverías

   
1801

Es profunda la mano en el sondeo,
con el mismo tesón de la pregunta
que afana sistemático rastreo
y a su invariable plenitud apunta;
con el pulso viril, sin titubeo,
del labriego en el surco, tras la yunta;
como quien sabe y goza el territorio,
meseta, subterráneo, promontorio.

1802
No sé si estaba muerto, pero en ti he renacido,
o si, estando dormido, me despertó tu voz;
me asediaba el invierno, y a mi cuerpo aterido
se ciñó el tuyo cálido, dentro de tu albornoz.

Fuiste mágica mano dando vuelta a mi vida,
detrás de mí la noche, y el día frente a mí;
de cuanto te precede la memoria se olvida,
no de quien soy contigo, sólo de lo que fui.


1803
Amor, amor, rodando en la ladera…
Si lograras crecer, en tu descenso, 
como bola de nieve, si pudiera
detenerse en un punto tu carrera
y despegar como espiral de incienso…

Amor que te ensombreces y declinas, 
desolador, inexorablemente,
perdiendo pétalos, sumando espinas, 
¿cómo pueden cerrarse las cortinas
sobre tanto vivido, y aún vigente?


1804
Estás perdiendo claridad y forma,
te adentras en la niebla, ya no veo
el contorno integral de tu silueta.

El pensamiento al corazón le infoma
que te vas alejando, pero creo
que éste, ingenuo, a su modo lo interpreta.


1805
Ven desde el blando fondo de tu entraña,
sube hasta el borde de mi copa y bebe,
que la sed no se extingue con la espera.

Toma la iniciativa, y enmaraña
tus brazos a los míos, que se debe
acatar el instinto de la fiera.


(Indice)

 

Poemas

   
 
Cansada la sonrisa

En las débiles horas de la tarde, 
que al borde de la noche languidecen,
cuando los niños llaman desvelados,
intentando dormir, sin atreverse,
porque la lluvia llama en los cristales, 
y el viento errático las tejas muerde;
en esas horas luchas con el sueño, 
pero hasta la intención se te detiene.
Forcejean los párpados,
la sonrisa se vierte
como una rosa pálida, marchita, 
sobre el borde del vaso; ya no crece,
espontáneo destello, como antaño, 
cuando coloreaba las paredes
y a la ventana era tu rostro luces
de primaveras verdes.
El cansancio en tus ojos
no es sólo muscular, también se adhiere
a los pliegues más íntimos del alma, 
donde hubo ardores y amenaza nieve.
Esta tristeza es dulce todavía,
y es callada, aunque hiere.
Temo que lleve curso irreversible,
se escuchan ya los pasos de la muerte.



Los Angeles, 13 de febrero de 2008
(Indice)

   

1825 - Climas

Era cada alborada a la ventana
un prodigio de luz la primavera, 
las amplias, verdes hojas de la higuera, 
las mínimas del sauce, la lejana

línea de terebintos, la temprana
túnica del almendro, la chopera
acompañando al río en su ligera
fuga hacia el mar… Así cada mañana. 

Era la vida un lienzo de colores,
un himno de fragancias y rumores, 
una mansa llamada al optimismo.

Hoy los murmullos son salmodia hueca,
danza en el viento la hojarasca seca,
no hay primavera ya, nada es lo mismo.



Los Angeles, 13 de febrero de 2008

(Indice)

   
Un mañana lejano

Un mañana lejano miraré hacia este día,
(habla en mí el optimista; tal vez no tan distante),
y aunque tú no lo sepas, te amaré todavía,
aunque no me recuerdes en brazos de otro amante.

Yo te amé con temores de final prematuro,
consciente de que nada suele estar avalado;
tú me amaste con ciega promesa de futuro,
como el joven espíritu que nunca ha fracasado. 

Yo me sentía al borde mental de un precipicio
siendo cada momento mi momento final,
cada nuevo despliegue de amor, cada ejercicio,
podría ser el último, y era fundamental.

Te viví paso a paso, zona a zona, temiendo
que un azar enemigo lograra apoderarse
del instante inmediato, del que siempre dependo
para expresar las cosas que deben expresarse.

Fue la euforia del hombre que todo lo ha ganado,
y el temor de quien sabe que lo puede perder;
regocijo y angustia se habían aliado
apresándome en nudo de insufrible placer. 

Pues no hay amor más firme, ni más completa entrega,
que la que se afianza sobre ejes improbables;
al morir cada tarde, cada noche que llega,
cada nueva mañana, se hacen más memorables.

Por tanto en ese día, tú, la de las promesas,
la del amor eterno que se disipará,
ya te habrás olvidado de este hombre, mientras besas
a quien nunca, ni en sueños, como yo te amará.


Los Angeles, 1
3 de febrero de 2008

(Indice)

   
1826 - Caído

Ay, levántame, amor, que estoy caído,
que la hierba me abraza y no me deja
ponerme en pie de nuevo. Qué madeja
de verdes, largos hilos me ha prendido.

Ni el cielo tengo a mi favor; tupido
entramado de fronda me lo enreja;
ni mi oración le llega, ni mi queja,
y estoy sólo conmigo y mi gemido.

Ven, amor, que en tus manos hay poderes
capaces de lograr cuanto quisieres,
como reestructurar quebranto y ruina.

Sé que a tu voz se aflojará el cordaje
apresador, y en tu sutil lenguaje 
ordenarás: "Levántate y camina".


Los Angeles, 13 de febrero de 2008

   

1827 - De la mano

Cuando me llevas de la mano al río,
tanto crezco agrandándote en mis sueños 
que se me hacen los álamos pequeños
y no alcanza a mi oído el griterío

de la turba lejana. Todo es mío,
luz, y brisa, y aromas abrileños,
tonos del alba, pálidos, risueños,
y el puente, y el juncal, y el caserío.

Todo me pertenece porque nadie
se agita alrededor, nada que irradie 
la energía y calor que de ti emana.

Me llevas de la mano, por la orilla,
solos tú y yo, y el beso en la mejilla…
que anidará en zona mejor mañana.


Los Angeles, 14 de febrero de 2008 

(Indice)

   
1828 - Desnudándote

A medida que en gozo te desnudo,
como abriera el vergel que nunca he visto,
me informa el alma de que reconquisto
tierras que detenté. Por cada nudo

que hoy desenlazo, cada tenue escudo
que a los pies se desploma, te revisto
de nuevos atavíos, y equidisto
entre el hombre que ve y el hombre mudo.

Todo en silencio desasosegado,
todo en contemplación de alucinado
que apenas asimila lo que ve.

Y al fin desnuda, sólo revestida
de voluptuosidad, Venus erguida
sin más peana que su propio pie.


Los Angeles,
14 de febrero de 2008

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1829 - Transformación
Como río de nubes que me anega
fluye de ti corriente luminosa,
de la mágica zona silenciosa
donde el sentir con el sentido juega.

Me penetra los poros, se despliega,
onda expansiva, en mi interior, se adosa
a sus muros desnudos, y reposa,
como el que al fin de su periplo llega.

Me transforma esa luz; vierte en mis dedos
otro estilo de tacto, y a mis miedos
les reviste de audacia y fortaleza.

Tal vez ese relámpago de amante
me equilibra en un punto equidistante
del ángulo del sexo a la cabeza.


Los Angeles, 14 de febrero de 2008

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1830 - Por el mar de mis sueños

Más soledad me das que compañía,
mar de mis sueños por el que navego;
conozco el derrotero, mas no llego,
y no es razón de inercia o lejanía;

es favorable el viento, todavía
alto está el sol, las aguas en sosiego;
quizá el insomnio me ha dejado ciego, 
o la neblina obstruye su bahía.

Tal ansiedad en mi interior converge
que si este viejo barco se sumerge,
no será el temporal que lo provoca.

Su designio, tal vez, o su descuido
por no haber programado y emitido
las señales de luz sobre la roca.


Los Angeles, 15 de febrero de 2008

(Indice)

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