Poesía del momento, Nº 140 d

Cuarta de marzo de 2008

   

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Me bordea tu espacio, se intercala en el mío, 
lentamente me absorbe, ya no me queda nada;
hasta las mismas fechas que fueron vocerío
son hoy ciego silencio de ciudad saqueada.

Me han cubierto tus aguas, me han ahogado el recuerdo,
sólo hay penumbra al fondo, y con el alma ciega,
cuanto más quiero hallarme, más me confundo y pierdo;
ah, derrota y naufragio camuflados de entrega.

Brevería Nº 1317

 

 

 

Breverías

   
1826
A ella fui, me aceptó, vino conmigo,
y se apoyó en mi brazo.
Le enseñé a caminar en algazara.

Me hizo su amante, y además su amigo; 
sin un sólo reproche o arañazo,
sin que una sola brizna se quebrara.

Pero un día, en un golpe de ruleta,
como si el cielo me desamparara, 
me abandonó tirado en la cuneta.

1827
Tengo una pena de color tan claro
que es invisible por lo transparente,
mitad desatención, mitad disparo, 
ciñéndome en anillos de serpiente.

Me asfixia su dolor, y me envenena,
mas la cuelgo en la brisa,
a ver si se me atrofia o desordena.
Mientras tanto parodio una sonrisa.

1828
He conocido aciagos horizontes,
tan bellos desde lejos, tan seguros,
y resultan rebaños de bisontes
en estampida. Debo elevar muros

que me veden la vista,
ceñirme a lo inmediato,
dejar de ser endémico optimista,
de ser tan cándido, tan insensato.

1829
Entré en la noche y me encontré a mí mismo
como una línea tenue, vacilante,
flotando entre los bordes del abismo,
mas sin puntos de apoyo. Susurrante, 
no sé si voz, silbido o enramada,
llamó mi nombre desde la angostura.
La línea se quebró, cayó enredada,
y hubo un temblor glacial de sepultura.

1830
Tomé forma en tu voz, cuando llamabas
mis nombres cada noche, tus apodos,
cuando tu rostro entero sonreía.

Batían tus palabras como aldabas
sobre el portón del alma, y eran todos
los golpes notas de íntima armonía.

(Indice)

 

Poemas

   
 
Vete en paz

Gira la tierra en torno al sol, la noche
sigue al día por ambos hemisferios,
y si en uno amanece,
anochece en el otro. Yo estoy viendo
crepúsculos y auroras,
y sé que mi visión va oscureciendo.
Desvincúlate ya, vuelve a tu sombra,
que para ti ya es luz; yo a mi luz vuelvo, 
que en sombra se ha tornado.
Vive tu nueva vida desde cero;
las agostadas hojas del otoño
no reverdecerán en el almendro,
ni éste sabrá que un día retoñaron;
nunca regresa lo que arranca el viento.
Vete en paz; esa paz recién tejida,
que todavía no conoce el tedio.
No procuro adentrarme en el presente,
ni quiero darte recital profético.
Aunque mucho he vivido, 
sé que mejor podría haberlo hecho, 
tal vez con más locura, 
o más sensato, lúcido criterio.
La vida no se estudia, 
se aprende con el tiempo;
si nos ofrece orquídeas un día,
a martillazos las destroza luego. 
Horas tuve de pétalos fragantes, 
horas de sangre tuve ente los dedos,
y si el placer siempre era equivalente, 
el dolor cada vez era más denso.
He agotado mi llanto,
me huele el alma a muerto.

Oigo voces sensatas
dentro de mi cerebro.
Hablan de agendas, de pasar capítulo, 
de cerrar el pasado, hacerse ciego
a sendas recorridas que terminan
cortadas por un muro de cemento.
¿Cómo desatascarlas?
¿Quién puede a golpes de testuz romperlo?
Se ha llegado a un final, y otros caminos
nos llevarán tal vez hacia otros sueños.
Lo que una vez sucumbe
quizá no era una voz, quizá era un eco.

Pero qué poco entiende de razones
este insensato corazón sangriento.


Los Angeles, 20 de marzo de 2008
(Indice)

   
1851 - Mirando al techo

Te vas, y no te vas, pero te has ido;
desarraigada, nunca más ya mía,
como rosa tronchada de mi día,
y de mi noche como sueño hundido.

Cada eco en el zaguán, cada crujido
sobre el estrado, cada algarabía
de mirlos en la fronda, sugería
tu llegada habitual, ya oscurecido.

Continúan viniendo esos rumores,
pero sin ti. Por los alrededores
la luz busca tu sombra, sin hallarla.

Sobre el diván tendido, miro al techo.
Qué desolada calma hay en el lecho,
dormidos risa, jugueteo y charla.


Los Angeles, 21 de marzo de 2008
(Indice)

   
1852 - El viento

Repetirás amor, susurra el viento,
tan fraternal conmigo, mi aliado; 
siempre en proximidad, si no invitado,
sí admitido a arrebato y desaliento.

Tan suave su caricia en el momento
de postración, en torno a mí embozado;
tan sutil en mi abrazo entrelazado
en situaciones de enardecimiento.

Nunca me desertó, su permanencia
ni celos conoció, ni interferencia,
ni extenuación. Oh, qué esplendor de amante

si amar pudiera, pero es sólo amigo,
que aun sabedor de lo que fui contigo, 
me asegura otro amor más adelante.

Los Angeles,
21 de marzo de 2008
(Indice)

   
Ciclo invariable

¿Para qué empezar?
¿Para qué seguir?
Si al finalizar,
se han de repetir
idénticos errores,
decir las mismas cosas
tan mal dichas, pisar las mismas flores,
cavar las mismas fosas
para enterrar análogos fracasos.
Si las absurdas huellas que imprimimos
en el barro, verán los mismos pasos, 
porque nunca aprendimos
a subsanar lo que tan mal hicimos.
Matamos un amor, tal vez nos mata,
y en lugar de ofrecer puente de plata
a quien raudo a la fuga se apresura,
o iniciar nuestra propia despedida,
ensayamos efímera atadura,
sin ver que hemos perdido la partida,
intentando alargar lo improlongable.
Cuanto una vez se habló, sin resultado, 
de nuevo se dirá, hable quien hable,
cada uno convencido
de que lo ya pasado,
por malo que haya sido,
nos ofrece mejores perspectivas
para no repetirlo en el futuro.
Y reincidimos en las mismas vidas
que llegamos a odiar. ¿Contra qué muro
debemos estrellar nuestras cabezas,
para zafarnos de repeticiones
de las viejas flaquezas,
y arrancar de una vez cuantos arpones
llevamos en el alma atravesados?
¿No hay lección que aprender? Por todos lados
nos asedia la imbécil esperanza 
de que hoy es diferente;
pero a medida que la edad avanza,
vemos que lo anterior y lo siguiente
son partes de fatídico montaje,
que les hace invariables, que descienden 
el uno sobre el otro, y repetimos, 
porque nuestros cerebros nunca aprenden,
la misma sinrazón que ya vivimos.

Así el que amó una vez, o dos, o tres,
y le fue el alma comprimida al peso
de un puño o de dos pies,
se engañará al pensar que el nuevo beso
le abrirá un mundo atípico de antaño,
y alcanzará, sin duda,
el mismo desengaño
sobre el marfil de otra mujer desnuda.

Los Angeles, 21 de marzo de 2008

   

1853 - Esa herida

Esa herida es de amor, no cicatriza,
que no se cierre, no, quédese abierta,
mejor alma sangrante que alma muerta,
más que cadáver, vida que agoniza.

No le apliques ungüentos, eterniza
la aflicción no invocada, y descubierta
llévala al exterior, que el mundo advierta
que eres mucho más fuego que ceniza.

Esa herida es laurel, aunque te aflige, 
es ignominia sólo en quien la inflige,
si bien es cruz al hombro, es cruz al pecho.

Es el amor quien te ha condecorado;
no tienes rango de común soldado,
ya eres heroico amante, aunque maltrecho.

Los Angeles, 22 de marzo de 2008 
(Indice)

   
Vísperas

En vísperas del vuelo,
me cortaron las alas. Mutilado,
desolado quedé por desalado.

En vísperas del beso,
partió el amor. ¿Con quién o a dónde iría?
Y es víspera de beso todavía.

En vísperas del gozo,
perdí la dirección, perdí el camino.
Perdido, hacia mi sombra me reclino.

En vísperas del sueño,
quise dormir definitivamente.
En vísperas del sueño…tan ausente.

Los Angeles, 2
2 de marzo de 2008
(Indice)

   
1854 - En el tren hacia ti
En el tren hacia ti. Nunca parece 
llevar la rapidez que se desea.
El trigo, en la meseta, amarillea,
la luz, sobre el paisaje, palidece.

Lenta la tarde baja, y se adormece
al ritmo que en la vía traquetea,
e inconsciente la mente balbucea
tu nombre de ex amante, y me entristece.

¿Cómo afrontar tus ojos al mirarme
en el pasillo en que llegué a encontrarme
con tu sensualidad por vez primera?

¿Y cómo reincidir en la subida
hacia el lecho, si tu alma, en despedida,
te inmoviliza al pie de la escalera?

Los Angeles, 22 de marzo de 2008
(Indice)

   
1855 - Sombra

Mi silencio te roza suavemente,
tu silencio es flagelo que me azota;
enmudecido sangro gota a gota,
y te haces sombra, que ni ve ni siente.

Mi cuerpo aquí, tu sombra sobre el puente
hacia campos de olvido. Qué remota
te has hecho ya. Rumores de derrota
arrastra el río en su rodar doliente.

Tu sombra era mi sombra; tu partida
me ha arrancado del suelo esa otra vida
a la que uno tan fácil se acostumbra.

Todo a mi alrededor brilla y destella;
yo que siempre añoraba la luz bella,
hoy clamo por tu parte de penumbra.

Los Angeles, 22 de marzo de 2008
(Indice)

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