Poesía del momento, Nº 141 c

Tercera de abril de 2008

    

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Mis sentidos te sienten tan lejana,
(ayer sin tí, como hoy, como mañana),
que claman por tu amor desesperados.

Sin tí no sé si estoy, o voy, o vengo;
qué limitado estoy sin tí, pues tengo
brazos, costado y sexo encadenados.

Del soneto Nº 120, "Mis sentidos"

 

 

 

Breverías

   
1851
Sabrás, tal vez, cuánto mi amor ha sido
en los tiempos de gloria en que al tocarte
se enlazaban espíritu y libido;
nunca sabrás cuánto he llegado a amarte,
ni yo intuí, desde que te he perdido,
viendo sólo tu espalda, al alejarte.
Si niño en regocijo, amor madura
en sufrimiento, llanto y amargura.


1852
Aunque ya no la veo, todavía la veo;
mis párpados caídos son inmensa pantalla
donde ella se refleja como un revoloteo
de palomas, o aurora que en gozo y luz estalla.

Y al destapar los ojos y mirar a las cosas, 
en ellas me aparece, con la misma sonrisa
de siempre, en la colina, en el río, en las rosas, 
en la caricia leve, sedosa, de la brisa.

1853
Suele tener la vida repulsión por lo estático,
es flujo permanente, y el flujo se diluye;
todo nace, nos llega, y en su proceso errático,
gentil nos acaricia, y desleal nos huye.

Nos perdura el recuerdo firme de lo vivido,
que en la tibia bandeja de soledad se ofrece;
y con el tiempo fluye también, y al fin, dormido,
se hace sombra alargada, visión que palidece.

1854
Fardo pesado el del amor, requiere
dos espaldas adjuntas, ritmo exacto,
y única dirección inalterable.

Si una se quiebra, medio amor se muere,
y el otro medio, fracasado el pacto,
se hundirá bajo peso insoportable.

1855
Le temo al tiempo, borrador maldito
de perfiles, vivencias y semblantes,
del susurro minúsculo, del grito,
de todo aquello que nos hizo amantes.

Lo quisiera guardar en cofre de oro,
para que nunca se desvaneciera;
pero sé irá esfumando, y ya lo lloro,
humo azul que jamás se recupera.

(Indice)

 

Poemas

   
 
Sueños imposibles

Sigo creando sueños imposibles,
los que un día pensé que no lo fueran,
y lo fueron, pues se me derrumbaron.
Mil voces íntimas, desde la niebla
de mi mente, rompían el silencio,
recitando cautelas.
Tañían claras, pero no escuchaba.
Eran días de andanzas milagreras,
desconocidos límite y fracaso,
en euforia y candor de adolescencia.
La juventud, etapa tan lejana, 
aun cuando la dijéramos tan nuestra.
Nos decían: No es cosa de los años, 
en el espíritu es donde se lleva.
Y por un tiempo lo creímos. Todo
era nuevo. Las huellas
de la edad se borraban en el rostro,
continuaban ágiles las piernas, 
nos respondía clamoroso el sexo,
y sobre todo intensa primavera
estallaba en el ámbito del alma.
Eran días de amores y promesas.
Pensábamos que nunca se hundirían
nuestros sueños de estrellas,
aunque escuchábamos la voz recóndita 
en presagio de ruda turbulencia.
Y cayeron los sueños, como robles
aserrados, tendiéndose en la tierra;
los sueños que supimos imposibles,
viviéndolos como si no lo fueran.
Fuimos jóvenes, sí, porque soñamos,
aun sabiendo que nuestra sementera
de esperanzas, deseos e ilusiones,
no cuajaría en punto de cosecha.
Lo supimos, y nos desentendimos,
aunque nunca del todo. Por las venas
fluían ríos de apasionamiento,
y más de insensatez que de prudencia.
Tengo un fracaso vivo sobre el alma,
una ruina sangrienta
de cuanto edifiqué con entusiasmo 
tal vez sobre la arena.
Y voy a construir nuevo entramado 
de sueños y quimeras.
No quiero estar en el rincón oscuro
de las ociosidades somnolientas.


Los Angeles, 11 de abril de 2008

(Indice)

   

Volví a mirar sus ojos

Volví a mirar sus ojos, 
tan claros y tan amplios como siempre,
por donde entré hasta el fondo de su alma
tantas y tantas veces.
Aún me adhiero a las íntimas imágenes,
no por antiguas menos elocuentes, 
percibidas un tiempo todo nuestro,
y que aún hoy me estremecen.
Me aproximo al brocal de sus retinas, 
pero no logro entrar; me lo entorpecen,
como una red metálica,
travesaños de sombra intransigentes.
Un aire de misterio indescifrable,
mezcla de hierro y nieve,
se agolpa en sus cristales, los empaña,
y el núcleo de sí misma se oscurece.
No alcanzo a verla en su esplendor radiante,
cuando era su sonrisa ancho relieve
desde la frente al cuello: No sabía
sonreir con los labios solamente.
Ahora ya no sonríe,
como quien a sí mismo retrocede.
Ya no se entrega un alma
esperando otra a cambio, no se encienden
las luces del desvelo,
y la palabra lúbrica enmudece.
Miré sus ojos, no era ya la misma,
ni se atrevía ya a mirar de frente.
La conocí, la amé, la desconozco,
y a mi pesar mi amor no se detiene.


Los Angeles, 11 de abril de 2008

(Indice)

   
Voz

Cuando nadie me busca, cuando aquellos
que andaban por mi orilla, se ausentaron,
cuando nadie llamaba,
se me acercó tu voz, me has encontrado.
Como tropel de alondras abrileñas
tus palabras llegaron,
algarada sutil en un principio,
luego como un aliento húmedo y blando
que se ciñe a la piel estremecida
con la amplitud y aplomo del abrazo.
Dos soledades, cóncava y convexa, 
lograrán acoplarse, resultando
en esperanzadora compañía
y un nuevo itinerario.
Tiembla en la cuenca de mi oído el tono
sedoso de tu voz. ¿Cómo es tu tacto,
si al conversar me alcanzas
como caricia de invisible mano?
Tal vez duerma esta noche
con la sonrisa que perdí, sin llanto.

Los Angeles, 1
1 de abril de 2008
(Indice)

   
1867 - Ya no sé qué decir

Ya no sé qué decir, y tengo tanto
dentro de mí, que callo y me enveneno;
ni todo asolador ni todo bueno, 
mas todo en explosión de desencanto.

¿A quien podría complacer mi canto
si lo quisiera articular sin freno?
Mi voz es grito dolorido, trueno
que turba y ensordece, puro llanto.

No es el castillo que se desmorona
de quien antes amó, y hoy abandona, 
reiniciando una vida toda nueva.

Quien sin dejar de amar, desamparado, 
queda en la encrucijada desangrado,
sólo al silencio de su mal se atreva.

Los Angeles, 12 de abril de 2008

   

1868 - ¿A qué azul horizonte?

Huérfano ya de ti, prófuga amante,
que al amor te has negado en apatía,
mientras yo no me pierdo todavía,
por tus recuerdos de oro caminante.

Aún no sé desplazarme hacia delante,
es todo tierra ignota, tan vacía,
que si me propusiera hacerla mía
¿qué ganaré sobre este adverso instante?

Si colmado de ti me hallo tan hueco
que ni siquiera me responde el eco
cuando llama tu nombre mi gemido;

¿a qué azul horizonte irá enfilado
mi galeón, si abrupto acantilado
lo dejará de nuevo destruído?

Los Angeles, 12 de abril de 2008 
(Indice)

   
Todo se te parece

Todo se te parece. Flotan nubes
con tus formas, tan blancas;
le daría tu nombre a cada una,
aun con la convicción de que al llamarlas,
ya no me escucharían, 
como haces tú, volviéndome la espalda.
Se te parece el aire, 
juguetón, fugitivo en la enramada,
ánade en renovado alejamiento
hacia otra tierra más hospitalaria;
aunque tuviste en mí, no ya hospedaje, 
mas coexistencia al fondo de mi entraña.
El jazmín, y la rosa
también me hablan de ti, todo me habla,
o todo te evidencia;
les oigo repetir hondas palabras
que tiempo atrás tú misma pronunciaste,
y que hoy, marchitas, me producen lágrimas.
Y te veo en el río,
retozando en la risa de sus aguas, 
sin querer detenerte,
descendiendo hacia el mar, ay, otra espalda.
Veo tu pie creciendo en cada huella
marcada en los caminos; se levanta,
como el humo o la llama, tu figura,
y pienso, soñador, que me acompaña. 

Viniste a mí por ruta inverosímil,
aunque la conocía y te esperaba,
y cómo casi en tiempo de suspiro
te hiciste permanencia y esperanza.
Ni los perros ladraban a lo lejos, 
ni en la tormenta el trueno respiraba,
ni aleteaban voces en la calle, 
hasta el pasado era pantera mansa;
todo quietud, no hay golpes ni rumores
cuando el silencio estalla. 
Tú y yo al envés del mundo, 
o tú y yo solos, y en el mundo nada.

Y ahora te vas, y en ese mundo absurdo, 
mudo, vacío, sin color, el alma
se revuelve confusa, toro herido,
que sólo ve su sangre derramada.
Porque aunque veo tu perfil surgiendo
de cada cosa, es intangible ráfaga
que no consiguen atrapar mis manos,
porque te has hecho pálido fantasma.

Los Angeles,
14 de abril de 2008
(Indice)

   

Huelen a ti mis manos
Huelen a ti mis manos,
como si hubieran deshojado rosas,
o hubieran ensayado una fragancia
antes desconocida, que se aloja
en los ángulos tibios de los dedos,
en cada yema, y en cuanto ellas rozan.
Huelen al aire puro, bajo el olmo,
a la orilla del río, donde todas 
las mañanas espero el beso tuyo,
como otro día entre las frescas hojas.
Huelen a alga y salitre,
como en el balanceo de las olas
de aquel atardecer, ambos desnudos,
ambos flotantes, ambos boca a boca.
Huelen a las esencias de la tierra
que absorbió tu cabello, como esponja, 
reclinada en el musgo,
una mañana aún joven, a la aurora.
Huelen a sudor íntimo,
a ese primario, sensorial aroma,
de las ingles recién humedecidas, 
en lecho abierto y en reloj sin horas.
Huelen a ti desnuda,
fragancia de tu piel, no de tu ropa.
Al lavarme las manos cada día, 
ese olor no se va; y aunque remota
en tiempo y en distancia, 
y aunque siga llamando y no respondas,
vas ungida a mis dedos,
oh, qué perenne, singular memoria.

Los Angeles, 14 de abril de 2008
(Indice)

   
Será un recuerdo

Seis meses pasarán; será un recuerdo
ni radiante ni amargo;
aunque en distinto tiempo,
fue ambas cosas para ambos;
para los dos el ciclo de los vuelos,
la gloria del abrazo, 
redobles de tambores en el pecho,
la piel desnuda sin pudores falsos;
y luego la derrota y el vacío
y el dolor, de mi lado.
A esto nunca llegaste,
quien rompe el nudo nunca llega a tanto.
Seis meses nada más para el recuerdo,
o quizá sólo cuatro,
o dos tal vez; las cosas palidecen
con rapidez para quien ha iniciado
la ruptura. Primero, los colores
son aún brillantes, júbilos, relámpagos, 
después se desdibujan los matices,
entrando en el ocaso,
perdiendo luz, asimilando sombras,
y al fin son manchas grises con un marco.
Y se sabe que estuvo bien. Es todo.
Siempre hay un nuevo hallazgo
que acapara la mente, y la memoria
relega al fondo formas del pasado.
Los ojos hacia nuevos horizontes, 
quizá no tan lejanos,
y un reciente perfil en las retinas
para soñar al peso de los párpados.

Y yo estaré mirando a lo vivido, 
ya sin analizarlo,
sabiendo que fue mío, todo mío,
y aún es parte de mí, aunque malogrado.

Los Angeles, 14 de abril de 2008
(Indice)

 

Último poemario de Francisco Alvarez Hidalgo, 

disponible en España desde mayo 2006, 

y en América a partir de primeros de junio 2006.

Más información en el siguiente enlace:

http://poesiadelmomento.com/voces/vocesalviento.html

 

 

El correo frankalva@earthlink.net

está cerrado. Por favor dirigirse a:

franciscoalvarezhidalgo@gmail.com

La familia de Francisco te responderá agradecida.

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