| Poesía
del momento, Nº 145 c |
Tercera
de agosto de 2008 |







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- Cómo podrás sentarte en mis rodillas
a través de un email, o de un mensaje?
¿Cómo rozar la piel de tus mejillas
con la palabra escrita? ¿Qué linaje
de besos nacerán de dos orillas
que no pueden unirse en el paisaje?
Objeto de mi amor, de mi deseo,
ni te toco, ni te oigo, ni te veo.
Brevería Nº
1306
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Breverías
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1926
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Estoy abierta para ti, tendida,
como una mies que debe recogerse,
dorada mies, madura, estremecida
por brisas que no saben contenerse.
Oh, segador de intentos agresivos,
arqueada la espalda, y abrazando
cuanto vas a hacer tuyo; los cultivos
están ya sazonados, y esperando.
1927
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Tengo las manos prestas, y en temblores,
no ya de timidez, mas de impaciencia;
son dos desasosiegos, dos clamores,
acunados en ráfagas de urgencia;
dos olas mansas, dos abrasadores
chorros de fuego en fiera turbulencia;
dos zarpas suaves para subyugarte
a flor de desnudez, parte por parte.
1928
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Era en la servidumbre cuando amaba,
como quien nada tiene que perder,
y al recobrar la libertad cantaba
con el gozo de ser otra mujer,
nuevos sueños, mejor alternativa,
no le servía ya el antiguo amante,
brisa de ayer. Se percibía viva,
sin culpabilidad, a cada instante.
En su memoria imágenes borrosas,
y en un rincón un túmulo sin rosas.
1929
-
A ti he venido sin saber quién eres,
la urdimbre de tu mente, el yacimiento
de caricias que anidan en tus manos.
De tantos pálidos amaneceres,
tantas estrellas en el firmamento,
tan variada armonía en el piano,
suelo escoger lo que me desnivela
y ni lógica exige ni cautela.
1930
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He volado, caído y remontado,
y he llegado al final de cada día
con alas rotas, corazón quebrado,
y el alma llena de melancolía.
Prefiero, más que solo, desolado,
y más agónico que en apatía.
Sentir, sentir, aunque la sangre brote;
no se me duerma el alma, aunque me explote.
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Poemas
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Corazón marinero
Viendo pasar los barcos me entristezco.
¿A dónde van, qué buscan? Sus bodegas
¿regresarán cargadas o vacías?
Los amores que esperan
en cada puerto ¿encontrarán los brazos
del marino, o quizá su indiferencia?
Oh tú, mujer, que vives
de la esperanza y del recuerdo, y creas
un idilio en la mente que es un sueño
del que con labio amargo te despiertas.
Le ves llegar con aureola de héroe,
es el mismo de antaño cuando besa,
el mismo que se olvida de tu nombre,
y con nombres genéricos te obsequia.
No es Kubla Khan ni un Xanadú te ofrece,
ni es tierra firme, es movediza arena,
ola perdida, pasajero viento
que viene, y acaricia, y no se queda.
Otro vendrá después, en otro barco,
idénticos impulsos y promesas,
y partirá también. ¿No ves que todos
atracan en tu dársena y se ausentan?
Triste mujer, de todos y de nadie,
el marinero es barco que navega,
no tiene hogar, ni patria,
más que de azul y sol, sabe de niebla;
compra y vende, posee y se evapora,
es negocio y placer, carne de feria.
Veo pasar los barcos,
aves que se deslizan, que no vuelan,
peregrinos del mar, velas henchidas,
o penachos de negras cabelleras,
de madera o acero,
lo antiguo, lo moderno, y la quimera
de siempre, lo posible, lo imposible,
lo vulgar, lo poético, la amnesia.
El corazón del marinero es hueco
como el casco del buque en que navega.
Los Angeles, 25 de agosto de 2008
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Es muy largo el camino
Es muy largo el camino, largo, largo,
como el desgaste del amor ambiguo,
o la añoranza del amor lejano,
o la amarga derrota del olvido.
Yo fui hacia ti en verdor de primaveras,
frescura de clavel, rumor de ríos,
y regreso, regreso, lentamente,
sólo conmigo mismo.
Se acumulan las nubes al ocaso,
se deshace la luz, se oye el silbido
de un tren lejano que jamás arriba;
sólo llega la noche, remolino
envolviendo la mente más que el cuerpo,
y uno quisiera reventar a gritos.
Los pies son para andar, y los tropiezos
no son más que advertencia de peligro,
y las caídas, para incorporarse;
la certidumbre nace de lo equívoco.
Cuanto ayer sucedió ya está gastado,
y andando, andando, se renueva el ciclo
de partos, muertes y resurrecciones,
existencia, calvario y paraíso.
Cada comienzo tiene un desenlace,
y a cada fin se abraza otro principio.
Yo sigo caminando,
si en aflicción, también en optimismo.
Remontaré este bache, cualquier bache,
y habrá una rosa donde hay hoy cuchillo.
El camino es muy largo,
dejándome la carne en los espinos,
pero vendrá otra mano,
con su tacto de bálsamo dormido,
que yo despertaré, y en mis heridas
derramará su festival de alivios.
Los Angeles, 27 de agosto de 2008

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1946 - ¿Cómo decirte?
¿Cómo decirte que la primavera
me ha venido a destiempo, prematura,
que de gozo verdea la llanura,
y se abren tallos en mi sementera?
¿Cómo explicarte que se me aligera
la carga que arqueaba mi estatura,
la que tú me impusiste, y una pura,
radiante luz destierra mi ceguera?
Un invierno esperaba yo, callado,
con la nieve maciza en el tejado,
y en soledad sentado frente al fuego.
Y me llega este mundo de colores,
aires sensuales, íntimos sudores…
Este es mi libre mar, y en él navego.
Los Angeles, 28 de agosto de 2008
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1948 - Viajero
He rodado sin ti cada sendero
que debiera contigo haber andado,
y me encuentra la noche tan cansado,
tan ausente de ti, tan forastero.
En cada albergue hospitalario espero
hallarte en ojos que, si me han mirado,
no han visto el fondo agraz, atormentado,
detrás de mis retinas. Viajero
sigo siendo en caminos tan extraños,
como intentando revivir los años
que fueran tu alegría y mi corona.
Y observo que los tiempos de oro y plata
no regresan, que en barro y hojalata
el contorno del alma se aprisiona.
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Los Angeles, 29 de agosto de 2008
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1949 - Potro salvaje
Enjaezada con derecho al gozo,
pero sin bridas, sin arzón, ni espuela,
satinado alazán que corre, vuela,
o cabriolea en ansias de retozo.
Destinada al solaz, al alborozo,
no equilibra el placer, lo desnivela,
no admite restricciones, se rebela,
aunque a veces sucumbe en el sollozo.
Potro salvaje, desnudez resuelta,
sólo en su propio atrevimiento envuelta,
quiere ser cabalgada en libertad.
Oh, ven, mujer, que la campiña invita
con su tálamo verde, y se marchita
la rosa del deseo en soledad.
Los Angeles, 29 de agosto de 2008
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1950 - Inmensamente abierta
Ni empalizada, torreón o puerta
alces en torno a ti, que en la estructura
que habitas no haya traba ni angostura;
muéstrate al mundo inmensamente abierta.
Niégate a la abstención; la mano experta
avance en desnudez, sin armadura,
que se recoge más si se apresura
sin condiciones ni temor la oferta.
Voy a ti no con una, con dos manos,
en plenitud de tactos artesanos
para tallar delicias en tu piel.
Y espero que las tuyas me atropellen
y en mis impulsos hacia ti se estrellen,
uno a uno, en cadena o en tropel.
Los Angeles, 29 de agosto de 2008
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