| Poesía
del momento, Nº 148 d |
Cuarta de noviembre de 2008 |







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¿Sabes cómo te pienso? No es la mente
quien tu perfil moldea y elabora,
aunque es docta en hacerlo, ciertamente.
Te pienso con la mano, que incorpora
las vivencias de ayer a este presente;
con el pie, que te busca a cada hora;
con ojos que te ven, aunque cerrados,
con todos mis sentidos desatados.
Brevería Nº 1524
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Breverías
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1976
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No supe que venías, y llegaste
como relámpago en la noche oscura;
sin conocerte apenas, te ausentaste,
agrio sabor o arpones de ruptura;
regresaste de nuevo, con promesas
de cielo azul y tiempo inextinguible;
y cuanto más en ansiedad me besas
te veo tanto más sustituible.
1977
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Fueron horas de luz, días de plata,
noches en carne viva, sangre y gozo
bajo la piel rodando, miel y nata,
manos y muslos en vivaz retozo.
Y hubo una larga pausa, un intervalo
de horas oscuras, oxidados días;
al fin intersección de vulva y falo,
triunfo y gloria de dos anatomías.
1978
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Qué despacio te miro. La baranda
del mirador en que te apoyas, gime
tan gentil, a la inercia de tu peso.
Lento, tropel de nubes se desbanda.
Su florete de luz la tarde esgrime.
Quietud en el terrado… Dame un beso.
1979
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Tengo que hablar contigo del camino
que un día recorrimos, con su puente,
los olmos a la orilla del molino,
abandonado ya, la vieja fuente…
Esa fue nuestra Arcadia, aunque no fuimos
pastores ni poetas;
quiero resucitar cuanto vivimos,
vida simple, y azul, sin etiquetas.
1980
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Tengo sed, mucha sed. Si la mañana
se despierta con sed de luz, yo tengo
mucha más sed. Si a címbalo y campana
les urge alzarse en explosión, yo vengo
con más urgencia. Si la tierra eleva
sus ojos pardos a la nube, y grita
sin voz su sequedad para que llueva,
mucha más lluvia mi alma necesita.
Sed, mucha sed de ti, oh, tanta, tanta,
que todo yo soy labios y garganta.
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Poemas
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Alforja de caricias
Vas por las noches que otros,
no tú, para sí mismos fabricaran;
y son tus pies dos bloques de cemento
que subrayan carriles, no pisadas.
Por las calles oscuras
no caminas, te arrastras.
Dicen que en ti, contigo, se hacen sucias
las íntimas palabras,
la arquitectura gris de las ciudades,
los paisajes, las camas.
Pero lo dicen quienes no te entienden,
quienes te desconocen. Otras almas
pueden entrar en ti, tocar la tuya,
comprender su engranaje, ver sus alas;
porque también quieres volar, y sabes,
no te faltan las ansias,
aunque ahora te deslices
tan lenta, tan cansada,
sobre este suelo inhóspito, difícil,
que te agota y maltrata.
Con vocación naciste de gaviota,
pero sin mar, sin playa.
Llevas al hombro alforja de caricias,
hábiles, sí, pero tan rutinarias…
Veinte gramos de amor, veinte monedas,
las sonrisas son gratis, como el agua.
Ay, mujer, qué de prisa va la vida,
cómo envejeces día a día. Abrasa
la curva de tu edad el sol de julio,
mientras diciembre rompe tus ventanas.
Tantos te han caminado,
y ni tu nombre saben; son distancias,
tras haber sido vínculos y empalmes,
una estocada entre dos muslos, nada.
Ay, mujer, entre tantas compañías,
qué sola estás, en marcha, siempre en marcha.
Los Angeles, 22 de noviembre de 2008
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Casi un proyecto
No nos pudimos ver en Salamanca.
Un propósito fue, casi un proyecto.
Ella estuvo una vez, pero de paso;
fue mi ciudad de libros y de besos.
Me cautivó su foto
en la Plaza Mayor, suelto el cabello,
gafas de sol, tan seria,
con la vista perdiéndose a lo lejos.
Estaba acompañada, pero sola,
como tantas esposas en el lecho.
¿Qué contemplaba tan ensimismada?
¿Un gentilhombre pálido? ¿Un bohemio?
¿La fachada, quizá, de Churriguera?
¿La blanca nube en el azul del cielo?
Estaba tan ausente en esa foto,
pero también muy bella. Sin saberlo
ni ella ni yo, la estaba contemplando
desde mi corazón, desde muy lejos.
Eran días de niebla en sus dominios,
de distancia y silencio,
cuando la desgastada compañía
transitaba caminos paralelos.
Mas demasiado pronto todavía
para el vértigo y miel del adulterio…,
que al fin llegó, por ruta inesperada.
Oh, sabor y color y ofrecimiento.
En las horas calladas del reposo,
aplacados los ímpetus del sexo,
le hablaba yo del Patio de las Dueñas
y sus cien capiteles de misterio,
de San Esteban, oro en el ocaso,
de la Universidad, rana y camello,
perdidos en la fronda repujada
de la fachada, de Fray Luis, el bueno,
el del 'Decíamos ayer', en clase,
tras cinco años de oscuro cautiverio.
Y ella se embelesaba,
y quería volver conmigo a verlo,
a trotar las angostas callejuelas,
seguir el curso lento
del Tormes, reflejando
torres y cúpulas del viejo imperio.
Pero no pudo ser. No me preguntes.
Se rompen copas, se derrite el hielo,
se van las golondrinas,
las hojas secas se las lleva el viento.
Regresaré algún día a Salamanca
de la mano gentil de mis recuerdos,
pero sin ella, la que deshojara
los pétalos sedosos de mi sueño.
Los Angeles, 21 de noviembre de 2008

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Paso y vuelvo a pasar
Me parece pasar ante su casa
cuando en las horas tristes
me retiro a mis propios pensamientos.
Optan por adherirse,
uñas y dientes, a esta entraña mía,
desistiendo de vuelos más felices.
Me revelan la luz, tras los visillos
de la alcoba que me hizo inasequible.
Casi nada parece haber cambiado:
Los geranios, al borde del aljibe,
el cenador, herido por el viento,
los gritos infantiles
al otro lado de la carretera,
la ropa en el tendal, al aire libre…
Paso y vuelvo a pasar, como esperando
que abra la puerta, que tal vez me mire
con la ternura de los viejos tiempos,
con el deseo que se agita y gime,
con la nostalgia de lo que perdimos,
con el dolor de lo que nos divide,
con la esperanza de teñir de verde,
de azul, de rojo, las mañanas grises
La casa, antes cadencia, es hoy silencio,
fue gozo un día, pero no sonríe;
se le ha secado el árbol de la vida,
productor de temblores juveniles,
como si una tijera gigantesca
le hubiera cercenado las raíces.
Le ruego al pensamiento que se ausente,
que me deje dormir en los jardines
de los viejos recuerdos, cuando el aire
rebosaba de alondras y violines;
cuando la puerta se me abría, y dentro
todo era permisible.
Los Angeles, 22 de noviembre de 2008
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1992 - Hombre invernal
Noviembre no es un mes para rosales;
tiritan, duermen, su fragancia huída,
muerto el color, la seducción perdida;
no hay rosas en florestas invernales.
O tal vez sí las hay. En los portales
del alma enamorada, cada herida
es una rosa roja, cuya vida
no depende de tiempos especiales.
En el hombre invernal se arremolinan
tormentas de pasión que no imaginan
ni han vivido los hombres primavera.
Sabe noviembre deparar sorpresas
que nadie sospechó; no son pavesas
de fuego agonizante: Son la hoguera.
Los Angeles, 23 de noviembre de 2008

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1993 - Voy a vivir
Arde la vida en mí, no me rodea;
no es parte de mi entorno, del paisaje;
ni es oportunidad, ni es andamiaje
sobre el que mi alarife martillea.
Hubo un proyecto a desplegar, tarea
que al fin ejecuté, peregrinaje
que seguí día a día, y un bagaje
de ideas que las sienes me golpea.
Eso es lo que viví, determinado
con frecuencia por otros. Hoy, cansado
de tal esclavitud, me alzo en protesta.
Voy a vivir el resto de mis años
sin respeto de propios ni de extraños,
sólo con la mujer que esté dispuesta.
Los Angeles, 23 de noviembre de 2008
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1994 - Ésta es tu fiesta
- "No fui nada,
y ahora nada soy.
Pero tú, que aún existes, bebe,
- goza
de la vida..., y luego ven."
(Epitafio romano)
Habrá unos golpes secos en tu puerta,
con la insistencia de quien se apresura;
no es el viento borracho que procura
invitarse a otra copa; no es la oferta
del buhonero que te desconcierta
a base de agudeza o de impostura;
es la muerte, esquelética estatura
en siniestros crespones encubierta.
No respondas, no importa cuánto insista;
brinda con alguien, que alguien te desvista,
danza en sus brazos, tiéndete y disfruta.
Ésta es tu fiesta; lleve su guadaña
a otra mansión, alcázar o cabaña;
que éste es tu instante, tu canción, tu ruta.
Los Angeles, 24 de noviembre de 2008
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