Poesía del momento, Nº 160 c

Tercera de noviembre de 2009

 

          

           

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Todo termina en ti; nada franquea
tus bordes más lejanos;
como si fueras playa, y la marea
te acariciara con sus propias manos,
sin pasar adelante, satisfecha
de haber llegado. ¿Para qué seguir?
Hoy tu abrazo me estrecha,
y en esa paz me quedaré a vivir.


Brevería Nº 1404        

 

Breverías

   
2186
Tallé el sueño más alto, con diadema de estrellas,
también el más profundo, de simas oceánicas,
y el más largo, sendero con dos castas de huellas,
y el más arrebatado, por sus crestas volcánicas.

Lo consigné a los brazos de una mujer hermosa,
que lo acunó algún tiempo, y amamantó entrañable.
Me lo devolvió un día, fracturado, y reposa
exánime en la estepa gris de lo irreparable.

2187
No me descansa el hambre de amar y ser amado,
me fustiga la mente, me roe las entrañas,
se atornilla en el sexo, mas no quiebra el candado
que me enjaula y bloquea. Desconozco qué extrañas,

absurdas leyes rigen este mundo de locos,
con multitud de Tántalos, voraces y sedientos,
el manjar casi al tacto de todos, y tan pocos
saben del triunfo, y tantos, como yo, de lamentos.

2188
¿Por qué escribo de sombras, cuando es radiante el día,
cantan los ruiseñores, y florecen las rosas?
¿Será que en mi hemisferio se duerme todavía,
que son largas las noches, plomizas y lluviosas?

Quiero abordar la aurora con pluma rutilante,
y escuchar los sonidos que a la luz se despiertan;
quiero, por si no llegas, inventarme una amante,
de las que tal vez mueren, pero que no desertan.

2189
Ah, ya no lloras, no, vives tranquila.
De noche, duermes, sin el sobresalto
de mano indeseada que perfila
tu contorno de piel hacia el asalto.

Pero al abrir tus ojos, de mañana,
en esa inmensa soledad del lecho,
¿no añoras el abrazo que engalana
tu desnudez, y el palpitar de un pecho?

2190
Nostálgico hoy estoy de tus cabellos.
Entre mis dedos resbalaban cuando
tu casa para mí quedaba abierta.

Y al anclar en la nuca, todos ellos
se estremecían, como bajo blando
soplo de brisa el olmo de la huerta.

Nostálgico también de tus pupilas,
tan narcotizadoras, tan tranquilas.

 
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Poemas

   
 
2257 - Vivir, renacer, morir

No sé de dónde vine, trashumante
de cien caminos por adversa tierra
que nunca me impactaron. Si hubo guerra,
yo, hombre de paz, no fui beligerante.

Si en concordia vivían, yo, intrigante,
revolvía conciencias. Quien se aferra
a su entorno, es cerebro que se entierra
en noche ambigua o credo intolerante.

Al recalar en ti supe quién era,
mi origen, mi destino, mi manera,
como si para ti hubiera nacido.

Y al ausentarte de mi vida luego,
fue como si una turba a sangre y fuego
dejara mi castillo derruído.

Los Angeles, 15 de noviembre de 2009
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2258 - Café bohemio

Soy el café bohemio de la esquina.
Tanto perfil, extraño o conocido,
se adentra en mí; cada ángulo dormido
se me despierta en cháchara anodina.

Cada mesa repite su rutina,
hora tras hora, de humo, vino y ruido,
y en tal pozo sin fondo, sumergido,
la piel del sueño se me apergamina.

La noche disminuye lentamente
la asistencia, despéjase el ambiente,
quedando al fin en absoluta calma.

Esta es la soledad, es el sosiego,
a que en recogimiento me repliego
para poder recuperar el alma.


Los Angeles, 16 de noviembre de 2009

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2259 - Cayendo sobre ti

Cayendo sobre ti, lluvia ligera;
transfigurado en agua luminosa
de mañana abrileña, y tú la rosa
que, entreabierta de pétalos, espera.

Cayendo sobre ti, sin la barrera
de paraguas abierto, en primorosa
caricia de humedad voluptuosa
de rostro y cuello a senos y cadera.

Cayendo sobre ti, resbaladizo,
en largos surcos, por los que deslizo,
blando, impúdico dedo, cada gota.

Cayendo sobre ti, variable lluvia,
que te asperja, te cala, te diluvia,
inundación en que tu cuerpo flota.

Los Angeles, 16 de noviembre de 2009

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2260 - Reemplazo

Lleno el zurrón de versos palpitantes
no entendidos ayer o desdeñados,
en busca voy de campos no labrados
para sembrar mis cánticos galantes.

Si esas tierras perfílanse distantes,
no lo estarán, rendidos mis cuidados,
y en sus fértiles zonas arraigados
se harán mis versos árboles gigantes.

No sólo voy en éxodo de abrazos,
voy en requerimiento de reemplazos
de ojos y oídos que se adormecieron

sin percibir el integral mensaje
de mi composición, de mi lenguaje,
que para ellos nació, mas evadieron.

Los Angeles, 17 de noviembre de 2009

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2261 - Río abajo

Me aterra descubrirlo, pero siento
que el corazón de ti se me desnuda;
no la memoria, que aunque ciega y muda,
te habla y te ve en su frío alojamiento.

Es en la intimidad del sentimiento
que me voy desaguando, que la duda,
ayer señal de vida, no me ayuda
a percibir tu pulso ni tu aliento.

Si te desvaneciste como amante,
fue tu imagen de amada tan radiante
que amortiguó mi soledad amarga.

Mas tal lazo se me ha ido desatando;
tú, canoa que el río va alejando,
yo, estibador privado de la carga.

Los Angeles, 17 de noviembre de 2009

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2262 - Loco

Fui loco, desmedidamente loco,
y amé con arrebatos de poseso,
sin más fórmula o rito que el exceso,
pues amar con mesura es amar poco.

Y supe responder: 'No me equivoco'
a cada augurio, lógico o sin peso;
y no me equivoqué, pues cada beso
se hizo deidad que todavía invoco.

Aprendí que si el vínculo agoniza,
no así su plenitud, que se eterniza,
pues nadie deshará lo ya vivido.

Fui insensato, tal vez, pero constante,
guardando amor, aunque perdiera amante;
loco en verdad, maltrecho, no abatido.

Los Angeles, 17 de noviembre de 2009

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2263 - Contrariedades

Yo a la espera de rosas, y el terreno,
junto al bardal, sólo produce ortigas;
yo proyectando pleamar de espigas,
mas granizó, y murieron en el cieno;

yo tejedor de sueños, me encadeno
a realidades sórdidas, a intrigas;
y yo, girando en órbitas amigas
soy ofrecido brindis de veneno.

El alma en ocasiones se resigna,
y a veces se rebela, ante esta indigna
fatalidad que ilógica la oprime.

La vida es más absurda que coherente.
Quizás es necesario un componente
de indiferencia a cuanto se aproxime.

Los Angeles, 18 de noviembre de 2009

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2264 - Al piano

Regreso a mi rincón, a la guarida
que siempre acoge a mi animal humano;
la tan amplia sonrisa del piano
le pide al tacto ser estremecida.

Acerco el taburete. Me intimida
por un instante, al extender la mano,
el prodigio de notas que desgrano,
como al bordar un beso en una herida.

Pronto el tacto no piensa, corre, vuela,
en saltos rítmicos, polichinela
casi con vida propia, en amalgama

de ternura y fiereza, de amargura,
gozo y dolor, y en esta tesitura
nada fuera del alma me reclama.

Los Angeles, 18 de noviembre de 2009

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