Poesía del momento, Nº 161 d

Cuarta de diciembre de 2009

                 

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 Voy a estirarme ilimitadamente,
larga sombra en crepúsculo infinito,
los pies en esta tierra que yo habito,
y allende el mar, donde tú estás, la frente.

Si me ves serpear sobre el paisaje,
bajo tu puerta deslizarme plano,
y alargar hacia ti la oscura mano,
déjame hablar, que el tacto es mi lenguaje.

Brevería Nº 1442            

 

 

Breverías

   
2211
En Sounion, frente al mar, la columnata
del templo a Poseidón aún se resiste
al embate del tiempo. Azul y plata
retoza el oleaje, abdica, insiste.

En la base, egocéntricos turistas
arañaron sus nombres; uno de ellos
Lord Byron, el poeta. Los artistas
pueden parir belleza y atropellos.

2212
No llegaré al invierno de la mente,
que encoge las ideas, y congela
las regiones del alma a nieve y hielo.

Ni al otoño que adusto se arrepiente
de los atardeceres de acuarela,
ni al verano asfixiándome en el vuelo.

Residiré en la espléndida ribera
de mi feraz, interna primavera.

2213
Sobre la arena de la playa, a dedo,
y en grandes letras escribí tu nombre,
para que todos al pasar lo vieran.

Mas llegó el mar, y por envidia o miedo,
se lo llevó consigo. ¿O fue algún hombre,
uno de tantos que su turno esperan?

2214
No sé si estoy en ti o en torno tuyo,
mas sé que estás en mí y en derredor,
llenándome ambos mundos.

Ni clamo posesión, ni me atribuyo
dotes de habilidoso sembrador;
pero sé que mis campos son fecundos.

2215
Puedo en los ojos mantener reflejos
de este mundo otoñal que me rodea,
y serán solamente un par de espejos
en que mi íntima aurora no alborea.

Puedo también tornarlos en cristales
que mi universo intrínseco revelen;
pero sin acercarte a mis umbrales
nunca sabrás cómo tus huellas duelen.


(Indice)

Poemas

   
2292 - Ahora

Me quedo en el presente, porque es vida;
los recuerdos no laten, son retratos
colgados en el polvo, garabatos
cuya interpretación sobra o se olvida,

remos flotantes de galera hundida,
más que verdor geológicos substratos.
Y el futuro me acosa de inmediatos
posibles que aseguran su venida.

He aprendido del tiempo que no existe;
no es la inmensa cadena que consiste
de innumerables vivos eslabones.

Es sólo un punto indivisible, ahora,
y tanto quien previene o quien añora,
deja escapar la vida a borbotones.


Los Angeles, 18 de diciembre de 2009
(Indice)

   
2293 - Su amor, un juego

Te has arrancado la memoria, el brillo
retozón y sensual de la mirada
al escuchar su nombre, tan callada
y enérgica a la vez, brisa y rodillo.

Te has vuelto áspero enredo; el suave ovillo
que eras a su perímetro adosada,
es brusca adversidad enmarañada
en el dorado cerco de su anillo.

No estás hecha de luz y de rumores
como instauró en tu espíritu en mejores
o más festivos tiempos; estás sola,

con la sangre que fuera adagio y fuego,
muda y helada ya, su amor un juego
en cuya pira tu alma no se inmola.


Los Angeles, 20 de diciembre de 2009

(Indice)

   
2294 - Dile adiós

Abdica el llanto del amor deshecho;
si víctima te viste, ya no lo eres.
¿Por qué a ti mismo irracional te hieres?
¿Qué resuelven cuchillos en el pecho?

Si alguien comparte lo que fue tu lecho,
que lo disfrute mientras dura; hay seres
que más que propiedad, son alquileres:
Vienen y van, y están en su derecho.

La vida es más camino que posada;
Cuida de disfrutar de tu jornada
en el momento en que la desempeñas.

A quien vaya contigo, da la mano,
y a quien se pierda por el altiplano,
dile adiós, que no encaja en lo que sueñas.


Los Angeles, 20 de diciembre de 2009

(Indice)

   
2295 - Me urge un trasvase

Voy en busca de vidas, tan abierto
como el amplio paisaje castellano;
terciopelo en la palma de la mano,
miel en los labios, y alma al descubierto.

Voy en busca de vidas porque he muerto
en lo más hondo de mi ser humano,
aunque mis pies avancen por el llano,
y aunque clame mi voz en el desierto.

Me urge un trasvase de inquietud, de brío,
para purificarme del hastío
que me atrofia las fibras de la mente.

Venid a mí, ya espuma o dinamita,
quienes con sangre habeis dejado escrita
una historia de amor incandescente.


Los Angeles, 21 de diciembre de 2009
(Indice)

   
2296 - Sólo en contemplación

Vengo sobre tu olvido, de puntillas,
dormida a mi ansiedad, a mi aislamiento;
la luna es el candil amarillento
que apenas me ilumina en tus orillas.

Con precaución avanzo; las rodillas
flojedad y temblor, agrietamiento
de lo que fuera bloque de cemento
por solidez, y hoy lastre a las costillas.

Vengo para observarte. No pretendo
zurcirle al desgarrón tosco remiendo,
ni rellenar de planes la fisura.

No vengo en persuasión ni en vituperio,
sino en contemplación; viví un misterio,
y quiero una vez más ver su hermosura.


Los Angeles, 21 de diciembre de 2009

(Indice)

   
2297 - Mi sueño

Sigo abrazado al sueño, balbuceo
que aún no se ha hecho palabra, mandolina
que no rompe silencios, o neblina
ceñida a mí en etéreo serpenteo.

Sólo sombra flotante, pero creo
en su autenticidad, pieza genuina
de esta mi vida, si hoy calma anodina,
con aptitud de acción sin titubeo.

Sé que un día vendrá, y al producirse,
tendrá la calidad de no morirse,
como la zarza ardiente de Moisés.

Yace en mis brazos, y gentil lo arrullo
con el vaivén afable y el murmullo
de la brisa en la copa del ciprés.


Los Angeles, 22 de diciembre de 2009

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2298 - ¿Amor prohibido?

Porque estaba casada la quería,
tal vez también si no lo hubiera estado;
amor adscrito a lecho profanado
es amor más genuino todavía.

Tiene una cierta dosis de agonía,
y la fugacidad del invitado,
mas la intriga también de haber saltado
la tapia del jardín, en estampía.

Llamado erróneamente amor prohibido,
siendo amor en que todo es permitido,
y al que nada se le ha condicionado.

Prístino amor, que sólo da, y no espera
rango social ni estirpe financiera,
y sólo sufre de vivir callado.


Los Angeles, 23 de diciembre de 2009

(Indice)

   
2299 - Ya no

Ya no te echo de menos; voy consciente
por calles que antes caminaba en sueños,
y no busco tu imagen. Qué pequeños
se me hacen árboles, viviendas, gente…

Como si en ese mundo tuyo, ausente
mi querencia por ti, se hicieran dueños
de tus propios entornos hogareños,
y de tu realidad omnipresente.

Porque aún estás en cada rama escrita,
en cada calle y pie que la transita,
en cada puerta, muro, arcén, balcón.

Sé que allí estás, porque, al reconocerme,
todos a ti procuran devolverme,
pero ya no me late el corazón.


Los Angeles, 23 de diciembre de 2009

(Indice)

 




 

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