Poesía del momento, Nº 163 b

Año 14

Segunda de febrero de 2010

                      

      

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La vida es gris, y ella la viste de oro,
hueca es la noche, y ella la satura,
mudo es el lecho, y lo hace ella sonoro,
mi sensatez naufraga en su locura.

Cuando todos se van, ella se queda,
si reaparecen, ella me amuralla,
si debo caminar, se hace vereda,
y dialogo con ella aun cuando calla.


Brevería Nº 1739

 

 

Breverías

   
2236
Nadie es autor de libros; es la vida
quien dicta versos, dramas o novelas,
y quien se llama autor, es amanuense,

cuya letra será simple o florida,
de filigrana de oro o lentejuelas,
de cascabel o austeridad castrense.

Pero la vida es en verdad la autora,
y quien trascribe, sólo colabora.


2237
Llevo a cuestas los días, encorvado
bajo su fardo, cada vez más duro.
Se me aprietan, me hieren y me pesan.

No sólo aquellos que rompió el pasado,
sino también los que arman el futuro,
los que se acercan ya, y los que regresan.

Pero es el de hoy, con su actitud rumbosa,
el que más me amedrenta y más me acosa.

2238
Me tocan los recuerdos en el hombro
como inquiriendo a dónde va el camino;
Ah, si yo lo supiera.

Y si acaso te nombro,
me toman por aquel loco divino
de la Triste Figura. Quién me diera

librar cautivos, degollar gigantes,
tornar castillo lo que venta fuera,
y evitarme la lid de los amantes.

2239
Me desgarra el cuchillo del invierno,
se me clava en el pecho, en el costado,
me corta el rostro de través, las manos.

Pero hay otro cuchillo, más interno,
que rasga el alma con su filo helado,
y ni otoños mitigan, ni veranos.

2240
Abrazo a esa mujer sin que lo advierta,
travieso la acaricio, la desnudo,
la acuesto sobre el lecho, y la poseo.

No fue así tiempo atrás, era su oferta,
y era mutuo, y real, y estrecho el nudo,
pero hoy sólo en recuerdos merodeo.


(Indice)

Poemas

   
Mi soledad

Mi soledad se te cruzó en la calle;
caminabas deprisa…, no la viste.
Rozó tu pelo con su mansedumbre
de ala de cisne,
como el beso de un niño, suave pétalo
apenas perceptible.
Te llevaste la mano a la cabeza,
como si las primeras hojas grises
del otoño mecieran en el aire
los sueños de su origen.
No era nada, pensaste,
tal vez la brisa apenas perceptible.
Y seguiste a tu paso,
ágil, resuelta, libre.

Mi soledad se entrelazó a tus piernas,
grilletes delicados, invisibles.
Diste un leve traspiés, como si hubieras
tropezado en un ángel sin perfiles.
Miraste al suelo, y lo explicaste al punto
por la aspereza de los adoquines.

Mi soledad se adelantó a tu curso,
se dio la vuelta y te esperó a pie firme,
mirándote a los ojos,
mas te infiltraste en su incorpórea efigie
pasándola de largo,
y cada vez mi soledad más triste.

Mi soledad, al fin desalentada,
se negó a más intentos. Eran grises
las luces de la tarde,
apagando sus almas los jardines.
Sentada al pie del roble,
te siguió con la vista. Llegó al límite
de sus intentos, y arrojó la toalla.
Nostálgicos violines
que nadie oía rasgueaba su alma.
Se acercaba la noche, arcana esfinge.

Los Angeles, 11 de febrero de 2010

(Indice)

   
Se me acerca su imagen

Se me acerca su imagen, en silencio,
desde el final marchito de la lluvia,
de esta lluvia nostálgica
que nos hace morir como burbujas
yendo a cámara lenta reventando,
expansión de sus almas diminutas.
Así de frágil yo, cuando la veo,
y todos los sentidos me preguntan
por qué se me hizo ausente,
o si es que yo me pierdo en las oscuras
cámaras de un olvido que no tengo.
No, mis amigos, no me pierdo nunca,
ni por azar, ni voluntariamente;
es demasiado vasta la fortuna
de latidos y sueños y erotismo
invertidos en mi candidatura
a amante en exclusiva.
A falta estoy de un voto, y ya las urnas
están a punto de cerrarse; aboco
a una derrota electoral. La lucha
va tocando a su fin. He recorrido
una vez y otra longitud y anchura
de todos sus distritos; los pronósticos
me daban vencedor, pero hay consultas
que no reflejan la postura exacta
de la opinión ajena. Hay amargura,
y decepción también, y la fatiga
de mantenerse en incesante lucha
sin claros resultados.
Me llama la renuncia
con su reclamo gris de abatimiento,
con sus palabras turbias.
Pero mi reclusión en la campiña,
lejos de su trajín, y de su jungla
de sonidos y aromas y pujanza,
de su visión desnuda,
no borrará su imagen en mi mente,
lo único que me queda de las nupcias
que fraguamos un día, aunque ilegales,
en el calor de sábanas adúlteras.
Llegue su imagen, aunque venga envuelta
en agua, en niebla, en vértigo, en penumbra.
Será una forma de llamarla mía,
aunque tenga otro brazo en su cintura.

Los Angeles, 12 de febrero de 2010

(Indice)

   
Lentas las horas

Nunca tuve unas horas tan breves o tan largas,
ni tuve nunca un sueño tan alto y tan quebrado,
ni tanta fe en amante cuyas palabras fueron
firme espolón de proa antes de ser naufragio.
Entendemos las cosas, no a base de experiencia,
sino por acoplarlas a nuestra imagen, pasos
que no van a una meta, sino a nosotros mismos,
ficción que en nuestra propia mente configuramos.
Un doble mundo, oculta su realidad de piedra
bajo la orfebrería que vamos fabricando;
hasta que repujados, filigranas, viñetas,
se derriten de olvido, decepción, desencanto,
y aparecen las cosas como siempre lo fueron,
y no entendemos cómo nos volvimos incautos.
Ay, que el amor reviste de túnicas de seda
perfiles que lucieran vestimentas de esparto.
Torna a cobrar el tiempo su dimensión genuina,
de sus alas de espuma vuelve a sus pies de barro.
Qué lentas son las horas cuando ya no se espera,
y qué sordos los ecos del amor defraudado.

Los Angeles, 14 de febrero de 2010

(Indice)

   
2314 - Escribiéndote

Eres página en blanco todavía,
alárgandote a mí, lúbrica oferta
con determinación de mano abierta,
ofrecimiento y ruego en armonía.

Voy a escribir en ti. Ya estás vacía
de antiguas escrituras, letra muerta,
toda de blanco ya; se me despierta
la tinta de las venas; eres mía.

Ah, qué palabras trazaré, vitales
como latir de corazón, carnales
como ansiedad de muslos separados.

Completaré tu folio con viñetas
de tus protuberancias, arcos, grietas,
cada ángulo de ti, por ambos lados.

Los Angeles, 15 de febrero de 2010

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2315 - Vienes a mí

Percibo a tu llegada el cargamento
de voluptuosidad que se aglomera
presionando tu piel de dentro afuera,
rompiendo en cada poro a cada intento.

Vienes a mí como desprendimiento
de tierras tras la lluvia, o primavera
reventando en vigor, o ágil pantera
bajo el envite de su instinto hambriento.

Experta y aprendiz en los servicios
de hembra sensual, desnuda de prejuicios,
y al deslizarse tu albornoz, desnuda.

Asáltame, devórame, dirígeme
por tus veredas íntimas, y exígeme
que una vez, y otra vez a ellas acuda.

Los Angeles, 16 de febrero de 2010

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2316 - Su mano

Su mano entre los muslos, tan morenos
y entreabiertos, conducto tembloroso
hacia el húmedo vértice musgoso
donde acampan relámpagos y truenos,

y la raíz vital hace terrenos
propicios a la vida en hondo foso;
allí oscila su péndulo sedoso
de tactos propios que anhelara ajenos.

Del sexo al rostro una espiral de fuego
le ciñe el cuerpo en invisible riego
de sus puntos erógenos fundidos.

Pero su actividad no se detiene;
en vertical, en círculos, va y viene,
apenas reprimiendo los gemidos.

Los Angeles, 16 de febrero de 2010

(Indice)

   
 
Tantas columnas de humo

¿Dónde intentas llevarme? ¿A dónde me diriges?
¿Qué hay detrás de esos círculos a donde va tu flecha
como índice inequívoco? No tengo fe de ciego,
que adopta al lazarillo sin dudas ni polémicas.
He seguido caminos que me recomendaron,
y me estrellé en el muro que obstruía la senda;
he volado con alas que me fueron prestadas,
mas que, siendo amasijo de plumas y de cera,
se me desbarataron al calor del estío,
quebrando mis ensueños como cristal en piedra;
he navegado mares en trirremes de brazos,
deshechos en las rocas antes que me ciñeran.
Siempre se me invitaba, yo lo aceptaba siempre
con el fervor del niño, con su propia inocencia.
Y eran torres de viento, y eran columnas de humo,
y eran castillos de agua sobre la blanca arena.
Lapidaron mis sueños, cegaron mis visiones,
y me dejaron sólo ruinas de mis quimeras.
Tú, que hoy tientas mi espíritu como incitas mi carne,
que me tiendes la mano, que en tus juegos me enredas,
si me ves caminando por donde me insinúas,
si te vuelves y observas que voy sobre tus huellas,
advierte mis temores, y mi paso indeciso;
tropecé tantas veces transitando en la niebla…

Los Angeles, 17 de febrero de 2010

(Indice)

   
 
Septiembre

De octubre a marzo se desnuda el año,
se fosiliza, hiberna como el oso;
el olmo es esqueleto tembloroso,
y la nieve, tan pura, es puro engaño.

De junio a agosto es claridad que abrasa,
indolencia de hamaca entre los pinos,
únicamente el sol por los caminos,
y la penumbra sin salir de casa.

Abril y mayo son renacimiento,
canto y retozo, amor en el postigo,
nidos, rosas, alondras, grana el trigo,
y las carretas ruedan su lamento.

Pero, ay, septiembre es la melancolía,
los besos olvidados del verano,
la nostalgia lejana de un piano,
el viejo amor que duele todavía.

Se nos deshoja el árbol de la vida
dentro del alma, se presiente el frío,
no tanto el de la piel, el del vacío
que nos dejara cierta despedida.

Mayo cita a su fiesta a los amantes,
y cada pétalo es susurro mudo
sobre su abrazo arrollador, desnudo,
transformando las horas en instantes.

Septiembre es tímido temblor de llama
que en ballet elegíaco agoniza,
presagiando tan cerca la ceniza
como el orden perfecto de la cama.

En septiembre el amante es el poeta
que, al no hacer el amor, escribe versos,
creando imaginarios universos
mientras el alma toda se le agrieta.

Triste septiembre de nostalgia y pena
de tanto como fuera, ya perdido;
septiembre que en el alma me has llovido
con ese agua glacial que me envenena.

Los Angeles, 18 de febrero de 2010

(Indice)

 




 

Último poemario de Francisco Alvarez Hidalgo, 

disponible en España desde mayo 2006, 

y en América a partir de primeros de junio 2006.

Más información en el siguiente enlace:

http://poesiadelmomento.com/voces/vocesalviento.html

 

 

El correo frankalva@earthlink.net

está cerrado. Por favor dirigirse a:

franciscoalvarezhidalgo@gmail.com

La familia de Francisco te responderá agradecida.

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