Poesía del momento, Nº 170 c

Año 14

Tercera de septiembre de 2010


Poemas de amor,

de soledad, de esperanza

               

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Hablaré con la lluvia, que me cuenta tus cosas,
sabe de tu ventana, mira entre las cortinas;
los mil ojos inquietos de sus gotas curiosas
rastrean el proceso de todas tus rutinas.

Encapótese el cielo, que llueva, llueva, llueva…
aguacero o llovizna son noticia o recuerdo
que descubren o extraen cada faceta nueva,
y sólo en las mañanas soleadas te pierdo.


Brevería Nº 1381

 

Breverías

   
2346
Ese hombre era un barril lleno de arena.
No pensaba o sentía.
No lo esperaba nadie en la serena
noche de abril, o al clarear el día.

Estaba, simplemente.
Era un muerto aún no muerto.
Si realidad, en calidad de ausente.
Éramos tú, y yo, y él. Al descubierto.

2347
Halcón debieras ser, también paloma.
Cada cosa a su tiempo, que no acierta
quien sólo hostiga, o arrebata, o doma,
ni quien sólo se ablanda, arrulla, oferta.

Ni es la quietud hostil al movimiento,
ni la ternura a la impetuosidad.
En dares y tomares anda el viento,
no sólo en brío, ni en pasividad.

2348
El gozo lo forjamos, no nos viene,
pero el amor no lo creamos, llega.
Llega, en verdad, y apenas se detiene;
su actitud no es de asedio, es andariega.

2349
Ícaro he sido, sobre el mar proyecto
de alas de cera y plumas, débil trama.
Volé, volé, ensayando en mi trayecto
de acrobáticos giros, todo el drama

de los sueños del águila, la aurora
despertando en oriente, de la nube
de cíclicas siluetas creadora,
o de un sol más letal cuanto más sube.

La ambición, la imprudencia, en la subida
fraguaron, como a tantos, mi caída.

2350
Qué enorme es esta calle en donde habitas,
tan ancha que no alcanzo a ver la entrada
desde la acera opuesta. Nuestras citas
la hacían como el filo de la espada,

tan estrecha al pasar que el caminante
optaba por la próxima alameda.
Y es tan larga también. Cada habitante
está sólo de paso. No se queda.

Era tu calle. Era también la mía.
Hoy tan larga y tan ancha…, tan vacía.


(Indice)

Poemas

   
2457 - Cercana o distante

Si el roce de las yemas de sus dedos
despierta y estremece mi energía,
mi alma es el arpa cuya melodía
brota de su destreza. Si los miedos

que pueden acosarme, o los enredos
de la vida, socavan mi alegría,
su palabra sutil los desafía,
blanca espuma arrollando los roquedos.

Y si en escuálida cabalgadura
en torno a mí galopa en noche oscura
espectro sepulcral de soledad,

su doble abrazo irrumpirá en la estancia
como ángel que franquea la distancia,
ahogando en esperanza mi ansiedad.

Los Angeles, 20 de septiembre de 2010

(Indice)

   
2458 - Bajo a inquietar el alma

¿Quién oye mis gemidos? ¿Quién advierte
la nebulosidad que me rodea?
¿Quién sabe del punzón que agujerea
esta carne que ya no se divierte?

Bajo a inquietar el alma, que despierte
del sueño de la inercia. Burbujea
en su fondo la sombra de una idea,
como si regresara de la muerte.

La sombra se incorpora, se ilumina,
toma cuerpo, se asoma a la retina,
expresándose en lágrima fugaz.

Oh, qué resurrección. Calla mi llanto,
se disipa la niebla, y me levanto
cicatrizado, y con la vida en paz.

Los Angeles, 20 de septiembre de 2010

(Indice)

   
2459 - Improbable regreso

Todavía camina en la espesura,
sin definida senda ni destino,
leve su paso, ritmo paulatino,
como flotando al aire su figura;

siempre a idéntica hora, en la fisura
de la tarde y la noche, cuando el trino
del jilguero dormita, y el camino
del pueblo al parador se desfigura.

En busca va del alma desvalida
que no retuvo al borde de su vida,
que permitió evadirse tiempo atrás

entre estos mismos robles y castaños.
Sigue esperando, al paso de los años,
su improbable regreso. Nada más.

Los Angeles, 20 de septiembre de 2010

(Indice)

   
Otra piel sobre mi piel

Me he duchado cien veces,
he abrazado mil olas compasivas
a quienes di mi cuerpo,
me he entregado a la brisa,
todo desnudo, en ruego y esperanza,
y cruzado el trasluz de la llovizna
empapándome de ella,
y he quemado las prendas que vestía
cuando éramos amantes,
mas tu aroma persiste en mis orillas.
Es otra piel sobre mi piel; no alcanzo
a arrancarla, rasparla o evadirla.
Ah, si lograra al fin purificarme
de esta insistente exhalación, fundida
en la fragua implacable del recuerdo
que debiera apagarse, y se eterniza.
No quiero respirarlo,
mas ambos, alma y cuerpo, lo respiran.
Tal vez no he alargado la distancia
lo suficiente. Llamaré a la vida,
que me abra el horizonte,
y al otro lado, donde no germinan
semillas del pasado,
mi castillo alzaré, tras una línea
de molinos de olvido, cuyas astas,
en invertida rotación, resistan
y devuelvan los aires a esta tierra,
dejando que perciba
el aroma fragrante de las rosas
y la brisa marina,
purificado al fin, libre, yo mismo,
sin lastres, sin cenizas.

Los Angeles, 21 de septiembre de 2010

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Mi herencia

Voy quemando las horas, una a una.
Cúmulos de cenizas me rodean;
¿qué otro legado transmitir podría,
que a poco de partir no sucumbiera?
Si colgado de un sueño ayer estuve,
ya he despertado con los pies en tierra.
Ah, sí, fui intenso amante algunas veces,
mas no sé cuántas ni de qué manera
regresó a mí el amor como lo daba,
desnudo, entero, en blanda transparencia.
Ah, sí, labré en el mármol de la mente,
dando armónica forma a mis ideas,
las revestí de luz, color, y ritmo,
lanzándolas al aire en mis poemas.
Y hubo quien las miró como a un espejo,
hallándose a sí mismo, y hubo lenguas
adoptando sus versos
como idioma de estrellas.
Y hubo, los más, braceros, mercaderes,
que a paso de tinieblas
desatendieron mi orfandad, mi grito,
mi rumor, mis colmenas,
que eran su propia efigie, sin saberlo,
que nunca lo sabrán, porque alborean
para ellos las auroras
bajo signos de tedio o compraventa.

Como las nubes pasan,
colgadas del azul, pero sin huellas;
tal vez como el navío,
dejando blanquiazul fugaz estela;
o el humo de mis propias horas grises,
hilo, no más, que el aire corta y lleva.
Sólo cenizas, algo, pero poco.
Esa será mi herencia.

Los Angeles, 22 de septiembre de 2010

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Politiqueros

Se rebela mi rabia.
Hombre derecho soy, olmo plantado
al borde de la vida de los otros.
Somos bosque, entre todos el abrazo
de multiplicidad que se unifica,
mas cada cual su propio ser dinámico.
Me rebelo como hombre,
y firme y vertical estoy como árbol.
Burdeles de política tartufa
se agitan bajo cúpulas de mármol
y en hemiciclos de representantes
cuyas almas se venden al diablo.
Compran votos a base de sonrisas
pintadas en las máscaras de barro
que presentan al público,
pero entre bastidores son corsarios
cuya ley es patente de saqueo
so capa de decencia. Me dan asco.
Colman la mesa de Epulón, devoran
finas carnes, y acercan a los labios
en copas de oro vinos de solera,
a la luz de ostentosos candelabros.
Y el infeliz que hambrea, el indigente,
que remienda miseria en sus harapos,
duerme en la calle,
pide pan de limosna, el pobre Lázaro,
el que les dio su voto,
no alcanza a las migajas. Me dan asco.
Me ofenden sus palabras indulgentes,
y me avergüenzan sus proyectos vanos,
vestidura de seda
para cubrir su ineptitud de trapo.
La vieja aristocracia de la sangre,
signo del viejo mundo aburguesado
del ‘si no tienen pan, que coman tarta’,
ha pasado el testigo a estos cosacos
que recorren la estepa de su tierra
de botín en botín, de pacto en pacto.
Alí Babá se ha muerto, sólo quedan
los cuarenta ladrones. Me dan asco.
Reincide una vez más sobre nosotros
la invasión de los bárbaros;
mas no son esta vez hordas del norte,
ni vienen a caballo;
estos son más sutiles,
aunque a veces no tanto.
Cabalgan limusinas, se construyen
pequeñas catedrales en el campo,
y blindan su horizonte
en las cajas blindadas de los bancos.
Líder por elección, golpista al uso,
miembro de camarilla, o diputado,
a vuestro deshonor alzo la copa
de mi rabia acerada. Me dais asco.

Los Angeles, 23 de septiembre de 2010

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2460 - Queda conmigo

Una parte de mí crece a tu vista,
y otra parte de mí se me agiganta.
Aquélla sueña el nido en tu garganta,
y ésta es alma en proyecto de conquista.

No me pases de largo, ni resista
tu piel la tempestad que se levanta
dentro de mí, que ríe, llora, canta,
poseso, yo, que evade el exorcista

pues todos mis demonios son benignos,
y de luz y donaire son los signos
que del espíritu a la carne afluyen.

Queda conmigo, en mí, sensual, sensible,
que, ya en lo torrencial o lo apacible,
tus propias aguas por mi cauce fluyen.

Los Angeles, 24 de septiembre de 2010

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2461 - Vienes del mar

Vienes del mar, del alba, de la brisa,
perenne acontecer, cuantificable
ni en tiempo, línea o zona, mas palpable
a dedos negligentes de la prisa.

Mucho más Afrodita que Artemisa,
sabes llegar y estar, fija o variable,
yacente en aspa, pulpa maleable,
palabra justa, ejecución precisa.

Yo me acerco a tu orilla; y a la aurora,
con el viento en el rostro, me devora
reiterada avidez de poseerte.

En tierra estoy. Tú, la del mar salado,
la del amanecer y el aire alado,
dame tal sueño del que no despierte.

Los Angeles, 24 de septiembre de 2010

(Indice)

 




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