Poesía del momento, Nº 174 c

Año 15

Tercera de enero de 2011


Poemas de amor,

de soledad, de esperanza

             

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En las manos del alma nada queda
de tanta plenitud como tuvieron;
sólo un vacío gris que se me enreda,
y apenas mis alarmas presintieron.

He vivido derrotas, y la muerte
rozóme a veces con su aliento frío;
mas nunca nada me azotó tan fuerte
como perder lo que juzgaba mío.


Brevería Nº 1865

 

Breverías

   
2416
La voz cordial del alma no es ajena
a la voz sugerente del sentido;
si una imparte la miel de la colmena,
la otra enciende el fervor de la libido;
doble eslabón de singular cadena
que acopla a lo radiante lo prohibido.
Combíname al hablar ambos lenguajes,
que no se desvirtúen tus mensajes.

2417
Eres el libro que hojear pretendo,
leer y descifrar, las tres funciones
por las que a interpretar tu enigma aprendo,
y a detectar tus sueños y emociones.
Página a página te irás abriendo
como a la primavera los balcones,
cuyo diáfano abrazo, cautivante,
la luz acepta en desnudez de amante.

2418
El amor es efímera armonía,
llama que, pese a su esplendor, se apaga;
flor que se agosta, amena travesía
en dorado bajel que al fin naufraga.
No hay derecho a la queja, ni podría
frenar el llanto el flujo de la llaga.
Si no hay derecho a amor que nunca muere,
lo hay a saber que ya no se nos quiere.

2419
¿Cómo podrá satisfacer la fruta
que agrada a quien la da, no a quien la ansía?
¿Qué se me da el amor que me tributa
quien me ama a su manera, no a la mía?

2420
El silencio es la voz del que ha perdido
su batalla de amor. En el amante
revienta la canción en estallido
de victoria y placer…, aunque no cante.


(Indice)

Poemas

   
Oscura noche

Con invisibles pinceles
la noche pinta de negro,
ante mis ojos nublados,
cama, paredes y techo.
No sé si la oscuridad
viene de fuera o de dentro,
pero si no es estallido,
es jaula en que no me duermo.
Tengo ideas que no callan,
aunque las llamo a silencio;
surgen rostros, cabalgando,
jinetes sobre el recuerdo;
oigo rumores distantes
de gozos que ya no tengo;
y hay pensamientos reptiles,
trepando por el cerebro
en anárquico desorden,
y aunque míos, produciendo
enigmática neblina,
mezcla de esperanza y miedo.
La noche, a solas, genera
extraños renacimientos
de sombras amenazantes,
de húmedas garras de hielo,
de ojos estremecedores,
sombríos, sin parpadeo,
con vida propia, que miran,
sin pertenecer a un cuerpo.
En las noches del insomnio
resucitan los lamentos
que a otros les ocasionamos,
o que otros nos infundieron,
fantasmas amenazantes,
atrapándonos el sueño.
No veo más que mi mente,
aun con los ojos abiertos,
cuanto fui, que yo no quise,
y cuanto no fui, queriendo,
como si un torrente de años
cruzara por mi desierto,
sin fecundar sus arenas,
sin reproducir los besos
que di a quien me los pedía,
o no supe dar a tiempo.

La sombra, ya impenetrable,
cierra mis ojos de ciego.

Los Angeles, 1 de enero de 2011

(Indice)

   
Libro abierto

El libro abandonado en el silencio
de la mesa desierta,
clamaba en mudos gritos. Era un rostro
tenso hacia el techo, y su mirada ciega
era acervo de agravios, de misterios,
de nimiedades, de magnificencias.
Sus páginas latían,
corazón inocente, mansa lengua.

Los libros tienen alma,
que cada cual entiende a su manera.
Alguien lo dejó escrito,
pero no es algo estático, conecta
con quien se asoma al borde de su espejo,
y en parte lo refleja.
Un libro escrito es obra siempre en marcha,
porque el lector añade sus vivencias,
provocadas por frases de amargura,
de gozo, de entusiasmo, de tristeza,
que hacen vibrar las más íntimas fibras
tensadas por el tiempo y la experiencia.
Cada cual ve sus rasgos en el texto,
y cada alma a su modo se contempla,
como si hubiera sido
el molde mismo en que el autor vertiera,
a modo de oro líquido, sus sueños,
su numen de poeta..
Yo me he visto en cien libros
nunca por mí engendrados, y sus lenguas
me hablaban en directo,
como alguien que al pasar me conociera.
Y otros, a mí distintos,
se han encontrado igual entre sus letras,
que hablan a tantas almas
con precisión idéntica.

Este libro que observo, palpitante,
confidencial, gentil, sobre la mesa,
como en conversación interrumpida,
mas sosegado, en apacible espera,
nunca se irá, su voz a flor de labio,
si en abandono, sin desavenencia.
Espejo a punto de aceptar el rostro
de quien se asome a su ventana abierta,
y hablarle en inequívoco lenguaje,
como hablan el violín, o las estrellas.

Los Angeles, 1 de enero de 2011

(Indice)

   
Copa vacía

Aún retiene el aroma
del vino tentador, rojo diablillo,
hurgador de conciencias indecisas,
instigador procaz de los sentidos.
Sobre el borde, una huella nebulosa
de carmín encendido.

Copa colmada es brindis y promesa,
callada invitación al regocijo,
pero no de inmediato;
algo así como el prólogo de un libro,
que hacia el tema central nos predispone
sin descubrir a fondo el contenido.

Sorbo a sorbo el nivel va decreciendo,
y se barrunta ya el primer capítulo;
la sonrisa en los ojos,
la palabra en la mano, y el latido
más tenso, descolgándose hacia el pubis,
y un temblor en las cuevas del instinto.

La copa es el barómetro
de una tormenta en ciernes, sin conflicto,
sucediendo entre sábanas de seda,
truenos, relámpagos, pudor perdido.

Nadie a la mesa ya; sólo esta copa,
tan vacía, tan llena de prodigios.

Los Angeles, 1 de enero de 2011

(Indice)

   
Rueda

Separada del eje, acompañante
perenne en tus jornadas cotidianas
por campos sin carriles,
por sendas embarradas,
en cumplimiento de órdenes ajenas,
indiscutibles, mudas, pero claras,
tal vez con el quejido rutinario
de quien soporta el peso de la carga.
En lluvia, en sol, en viento,
en lento avance, en persistente marcha.
Cumpliste tu misión de sierva, y yaces,
radios quebrados, vieja, abandonada
sobre la húmeda hierba, a la que en gesto
de acogedor propósito te abrazas.
Y a viento, a sol, a lluvia,
se pudren hoy tus miembros, se desgastan,
sin planes de futuro,
sólo con un presente gris, sin alma.

Como tú, vieja rueda, averiados,
he visto a tantos, a la luz templada
de los parques floridos,
mirando a la distancia,
su tiempo muerto, como quien no tiene
nada que hacer, espíritus en blancas
nubes ausentes, sombras de los hombres
que un día fueron, y que son hoy nada.
Rodaron como tú, bajo la férrea
disciplina servil de quien trabaja,
encorvados al peso del cansancio,
día a día, semana tras semana.
Y al cabo, como a ti, se les quebraron
los radios, o la llanta,
y declarados inservibles, fueron
jubilados sin júbilo, fantasmas.

Ni fuiste viajera en cien caminos,
ni fueron ellos carne de romanza.
Cumplisteis un deber, se acabó el ciclo,
y os queda sólo una nostalgia amarga.

Los Angeles, 1 de enero de 2011

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No te dejes morir

No te dejes morir. Sobre la mesa
da el puñetazo que reitera tu hambre
vital, ya en sombra, al sol, o sobre el barro,
en el cañaveral o al pie del sauce.
Nadie lo hará por ti, sólo tú puedes
quebrar tu esclavitud, hender los aires
que en torno a ti se adensan, y si acaso
has caído, a ti atañe levantarte.
Tal vez alguien te ayude, mas no cuentes
en solución ajena, es de cobardes.
Somos a veces ríos,
dejándonos llevar hacia los mares,
y debemos ser géiseres, alzándonos
en surtidor hirviente, inagotable.
Sentarse en un rincón, pedir prodigios
al santo milagrero, lamentarse
de la adversa fortuna,
tácticas son absurdas. Cada instante
nos pertenece, es nuestro, y es efímero;
o lo exprimimos, o lo lleva el aire.
Ni el grito, ni la súplica, o la queja,
nos lo devolverá, porque ya es tarde.
Ah, pero ¿el nuevo instante? ¿Y el siguiente?
Esos son sólo nuestros, no de nadie.
Aférrate a la vida; uno por uno
son pasos que hay que andar, son cavidades
que rellenar debemos, barricadas
que hay que saltar, detalles
a que atender con diligencia suma,
que nada es desdeñable.
Saca el jugo a la vida día a día;
sentado en tu rincón mueres en balde.

Los Angeles, 1 de enero de 2011

(Indice)

   
Cortina

Fui yo el agonizante y tú la muerta.
Y entre ambos la cortina del olvido,
cerrada en lentitud, largo crepúsculo
desembocando en noche sin latidos.
Pocas cosas suceden de repente,
aunque súbitamente las sufrimos.
Siempre que hay dos, la muerte anda al acecho,
llegando paso a paso, con sigilo.
Si uno la ve acercarse,
para el otro su avance es imprevisto.
Aquél se va apagando poco a poco,
en su espíritu ausente recluído,
midiendo las palabras,
leyendo otro capítulo,
esperando se quiebren los cristales
y entre una bocanada de aire limpio.
Y éste aumenta los giros de su danza,
eleva el tono de su canto idílico,
filtrando cada imagen en sus ojos,
cada palabra turbia en sus oídos.
Y al fin estalla abrupta la ruptura,
como una confesión, sin hacer ruido.
Y uno desaparece, aligerado,
y otro se queda, estatua de granito.
En este punto arranca la agonía,
larga, profunda, de cariz sombrío.
Sangre y dolor, zozobra y aislamiento,
cada senda tornada en laberinto.
La luz fracasa, y una noche eterna
parece haber surgido.
Pero nada es eterno. Todo muere,
la agonía también. Nunca el cuchillo
que hirió una vez persistirá en la herida,
la sangre cesará, cesará el grito,
la imagen venerada irá perdiendo
rasgos, color, vitalidad, sentido,
y la cortina gris se irá cerrando,
muriendo la otra vida que tuvimos.

Los Angeles, 1 de enero de 2011

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Desnúdate, mujer

Desnúdate del todo. Quiero verte
en plenitud, en autenticidad,
como si fueras mar, montaña o cielo,
sin adornos de seda o de percal.
Tu piel será el espléndido ropaje
que te engalane; no precisas más.
Y sin rubor, como quien no ha sufrido
rancios sermones de moralidad.
Como la alondra, el ciervo, la pantera,
la rosa, el tulipán,
que salta, vuela, corre,
o simplemente está,
exhibiendo sus galas
sin nada que ocultar.
¿Cómo podría conocerte a fondo,
tal cual eres, oculta en el disfraz
de la postiza piel de tu vestido,
que enmascara la auténtica y real?
Quiero mirarte con los mismos ojos
de sorpresa, de voluptuosidad,
que Eva sintió en su carne
al descubrir en el Edén a Adán.
Con los ojos adúlteros
del rey David, dejándose hechizar
por la imagen desnuda, enjabonada,
de Betsabé; calandria y gavilán.
Deja caer el albornoz, descubre
quién eres bajo el mismo, tu sensual
fibra inflamada de tigresa en celo,
que mira al frente sin un paso atrás.
Ya te he visto por dentro, he penetrado
tus íntimas parcelas, el desván
en que hacinas tus viejas añoranzas,
las urnas de cristal
que exhiben tus proyectos, tus ideas,
y el cráter del volcán
donde bullen y estallan tus deseos.
Lo he visto todo ya.
Hoy quiero ver la piel que lo recubre,
en plenitud, en autenticidad.

Los Angeles, 1 de enero de 2011

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Sin rastro de ayer

Tan lúbrica y tan pura;
cortesana y vestal, audaz e ingenua.
Ábreme al mundo que gestó tu imagen,
ábrete a mi amplitud de árbol y estepa.
Te abrazarán mis ramas,
te hospedará mi tierra.
Verás amanecer sobre tus senos
ojos de sol y tactos de inocencia,
rondando la turgencia de sus brotes
las apacibles alas de la lengua.
Englóbenme las ansias absorbentes
de tus sedosos músculos de niebla
He enjalbegado la memoria, y sólo
pedestales vacíos ya le quedan,
libre de rastros del ayer, hoy virgen,
como si hubiera muerto y renaciera.
Será el templo en que impongas tus altares
a las divinidades de la oferta:
Eros y Psique, Adonis y Afrodita,
deseo, amor, complicidad, belleza.
Acabo de nacer, hombre maduro
sin más historia que la que hoy empieza.

Los Angeles, 1 de enero de 2011

(Indice)

 




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