Poesía del momento, Nº 184 c

Tercera de noviembre de 2011


Poemas de amor,

de soledad, de esperanza

    

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El gozo lo forjamos, no nos viene,
pero el amor no lo creamos, llega.
Llega, en verdad, y apenas se detiene;
su actitud no es de asedio, es andariega.

Brevería Nº 2348

 

 

 

Breverías

   
2591
Refugiarte en mis brazos. Qué abandono
de chiquita indefensa.
Vendrás a mí por la llanura inmensa
de tropiezos y heridas. No perdono

su lentitud al tiempo, retrasando
la algazara otoñal de tu llegada.
Siempre guardé una parte de mi almohada
para tal ocasión. Te está esperando.

2592
Se me han ido quemando tantos días,
hojas de calendarios en el fuego;
y no me queda de mi propio juego
sino un puñado de cenizas frías.

No supe uncirlos a mi propio carro,
someterlos a aijada y diligencia,
y escaparon de mí. Fue negligencia,
superficialidad y despilfarro.

Fatídica hemorragia de una vida
tan ciega, estérilmente consumida.

2593
Náufrago soy de rumbos intentados
que no alcanzaron la aspirada meta;
sombra de cuanto imaginé, silueta
sin rasgos propios, de astros apagados.

Pero me hago a la mar cada mañana,
enfilando la proa a un mundo nuevo,
del que apenas sé nada..Sólo llevo
fe en una playa mítica, lejana.

2594
Se me va deformando cada idea
que esculpí tiempo atrás en mármol y oro.
Decapitadas y sin brazos, lloro
por tal legado, que la edad saquea.

Sigo pensando, y contumaz engendro
nuevas realizaciones, nuevos seres.
¿No reitera sus flores el almendro?
¿No se renuevan los amaneceres?

2595
Acurrucada junto a mí. La tarde,
manso enjambre de besos diminutos,
no sabe de relojes. La piel arde,
mas delicadamente. No hay tributos

entre ambas almas, dados ni exigidos,
tan sólo el festival del oleaje
que viene y va, sobre los dos tendidos,
en plácido, anatómico engranaje.

(Indice)

Poemas

   
2794 - Esta noche

Esta noche, mujer, dormirá el sueño
que tantas veces sobre ti he tenido,
el del beso de tibio colorido,
el del abrazo de mental diseño.

Fueron rosas de trapo, y las desdeño,
si no por arpa muda, por tañido
de amordazado címbalo, o vencido
fuego que se adormece sobre el leño.

Hoy ambos, piel a piel, renunciaremos
a esos esbozos del amor, baremos
de frías cifras técnicas, sin vida.

Despiertos del ocaso a la alborada,
veremos nuestra propia llamarada
cimbreante de tactos, renacida.

Los Angeles, 10 de noviembre de 2011

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2795 - Insomnio

En la alcoba me grita el desaliento,
pasa de largo el sueño, sin su abrazo
de sombra silenciosa, y adelgazo
la esperanza de verte en movimiento.

Me miras desde el mágico fragmento
de vida estática en frontal frenazo
del marco en mi mesita, y me solazo
en tu sonrisa inmóvil del momento.

Aunque en ausencia física, te alcanzo
siempre que por los ámbitos avanzo
de mi soñar, donde tu amor transita.

Y esta noche el insomnio te intercepta,
negándome la imagen que me repta
y se queda a mi cuerpo circunscrita.

Los Angeles, 11 de noviembre de 2011

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2796 - Lluvia otoñal

Tamborilea el agua en los cristales.
Ya es otoño, y el olmo se desnuda.
Se oscurece la tarde, que trasuda
fugacidad. Dormitan los zorzales.

Suele llegar la lluvia a mis umbrales
con apremio de amante testaruda,
insistiendo en entrar, con su menuda
danza sobre tejado y ventanales.

Desde la tibia, acogedora estancia,
contemplo la tenaz perseverancia
con que su rítmico reclamo insiste.

Abro la puerta, al fin, por un instante,
extendiendo la mano, y anhelante
me lame, a un tiempo seductora y triste.

Los Angeles, 11 de noviembre de 2011

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2797 - Estatua de carne

Le hablaba en vibración de anatomía,
y en énfasis mental, y en gentileza;
mi lenguaje, del sexo a la cabeza,
era amor, llama y luz, en armonía.

En voz y acción le hablaba, y no entendía.
Era estatua de carne. Su belleza
no se alargaba allende la corteza,
alma sin erupción, mente baldía.

Eran sus ojos de cristal tallados,
miraban, mas sin ver; ni alborozados,
ni serenos ni tristes; sólo abiertos.

Mujer y hermosa, sin lugar a duda.
Logré admirarla en su esplendor, desnuda,
con todos mis sentidos casi muertos.

Los Angeles, 11 de noviembre de 2011

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2798 - Amante

Me hablan de ti las inefables rosas
brotadas en mi piel bajo impulsivas
palabras y obras, mansas o agresivas,
sembradas por tus manos prodigiosas.

¿A qué escuela de amor van, de qué diosas
aprenden las amantes sus lascivas
técnicas y estrategias, siempre vivas,
que jamás consiguieron las esposas?

Este coloquio mudo, pero intenso,
me subyuga, dejándome indefenso,
y aun pudiendo blindarme, no lo haría.

Cubierto de los pétalos tatuados
con tu nombre y designios, deshojados,
dejo pasar la noche, acecho el día.

Los Angeles, 12 de noviembre de 2011

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2799 - Hueles a despedida

Hueles a despedida, agria fragancia
hija de lo aromático inactivo.
Al realizar nuestro quehacer festivo,
embalsamaba el sándalo la estancia.

Luego, trazando esquemas de distancia,
enrareciste el aire, y elusivo,
siendo empresa común, nuestro objetivo
fue perdiendo sentido y relevancia.

Siempre hay sabor amargo en la partida,
resabio de morder fruta podrida,
no en boca que se va, mas que se queda.

Ni reniego de ti, ni te detengo.
Cuanto tuve fue mío, y lo mantengo,
aun siendo tú lejana polvareda.

Los Angeles, 12 de noviembre de 2011

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2800 - Penúltima etapa (I)

La mujer de los treinta ha renacido
en su etapa penúltima, ya invierno,
marginando el espíritu materno
en pro del viejo instinto adormecido.

La ha llamado a la puerta el alarido
que estremeció su cuerpo, entonces tierno,
y no sabe encauzar el desgobierno
en que su vida actual se ha sumergido.

Bisbisea monólogos, suspira,
descuida los quehaceres, y delira,
sonámbula de lunas y retozos.

El témpano del tiempo se deshiela,
y el sexo anquilosado se rebela,
desenterrando los antiguos gozos.

Los Angeles, 13 de noviembre de 2011

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2801 - Penúltima etapa (II)

Despierta del letargo la memoria,
regenerando el tacto en cada dedo;
cede su plaza a la aventura el miedo,
y el tedio y el desánimo a la euforia.

Rejuvenece. Queda atrás la historia
prosaica, insustancial, simple remedo
de la vida posible, cuyo enredo
es cicatriz y beso, cruz y gloria.

No perderá esta nueva coyuntura,
dispuesta a amar a sangre y quemadura
hasta la extenuación o el infortunio.

Se abre la puerta. El albornoz resbala.
Y en la noche sensual, al fin recala
en su entraña febril el plenilunio.

Los Angeles, 14 de noviembre de 2011

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