Poesía del momento, Nº 194  a

Año  16

Primera de septiembre de 2012

 

Poemas de amor,

de soledad, de esperanza

   

(Para información sobre el autor, click en su nombre)    


Ya es invierno de nuevo,
poblando de esqueletos el camino,
álamos, abedules descarnados,

y no sé si me extingo o me sublevo,
presto a dormir, o alzando un torbellino
de esperanzas y sueños azulados.

Vendrá la primavera.
O tal vez está en mí, con sus dorados,
silenciosos colores a la espera.

Brevería Nº 2632

 

 

 

Breverías

   
2786
Vas sola por la calle. Si tropiezas,
¿quién logrará impedirte la caída?
Y también yo voy solo a mis asuntos,

idénticos afanes y flaquezas,
esquivando los golpes de la vida.
Dame la mano y caminemos juntos.

2787
¿Cómo es la soledad, que me acompaña
siempre en tu ausencia,
sin dejarme estar solo, y no la veo?

Amante posesiva, me regaña
por esta persistencia
de mantenerte en mente y en deseo.

Si pudiera eclipsarte,
ella también se mantendría aparte.

2788
Me tomó de la mano. Dijo: Vente.
Y me dejé llevar, no sé hacia donde,
ni con qué fin. Sin carga de promesas.

Se detuvo a besarme, de repente.
Le pregunté qué tal, y me responde:
Nadie logró besarme como besas.

Y yo se lo creí…, por un momento.
Hicimos el amor, y lo creía
sólo un poquito más. Me parecía
ser hoja seca en ráfaga de viento.

2789
Este jardín te agradaría. Tiene
la paz serena del edén desierto,
con su fruto prohibido, que se obtiene
manteniendo tu afán al descubierto.

Ni disfraz se tolera, ni exigencia.
Llegar, pedir, gustar, y solazarse.
Ah, las frutas maduras, en urgencia
de luz y llamas antes de apagarse.

2790
Recíbeme, mujer, que traigo tanto
para ti que la alforja me rebosa.
Raíz tengo de lirio y me trasplanto
sobre parcela cálida, musgosa.

Abre tu surco pródigo, fecundo,
fin de ruta para este vagabundo.

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Poemas

   
Nos contaba la vida

Nos contaba la vida extraños mitos,
y nuestra fe infantil los aceptaba
como auténticos dogmas
que moldearan a cincel el alma.
Nuestro mundo vestía de colores,
le despuntaban alas,
y un no sé qué de luz y atrevimiento
nos crispaba sedoso las entrañas.
Todos éramos príncipes, princesas,
de azul, inverosímil cuento de hadas,
dentro del sueño mágico, dorado,
que la fe nos dictaba.

Pero la misma vida,
perversa, descarada,
nos fue más tarde susurrando rasgos
definidores de su propia farsa.
Y fuimos despertando, lentamente,
viendo cómo se nos desmoronaban
los castillos alzados en el aire,
ahogándose las viejas luminarias,
y escurrirse la gloria de los sueños
entre los dedos, como si hechos de agua.

Nos fuimos educando
a golpes, infortunios, suspicacias,
descubriendo los múltiples caminos
cuyo objetivo rara vez se alcanza.
La senda de un destino, una belleza,
nos resultó quimérico fantasma,
y la pluralidad de alternativas
no fue sino otra fábula.
Nacimos otra vez, y sin morirnos,
volvemos a nacer tantas y tantas,
seguros de que la última es la auténtica,
mas descubriendo nuevas emboscadas,
nuevas contrariedes,
y nuevas hemorragias.
Ya no peregrinamos por el mundo,
sino que lo cargamos a la espalda.
Y siempre, siempre, como quien no aprende,
llevando el alma en llamas.
Para contrapesar nuestros fracasos,
nos hemos inventado la esperanza,
perennemente alerta,
a pesar de las lágrimas.

Algún día, muy cerca de la muerte,
que nunca nos defrauda,
sabremos cuán falaz nos fue la vida,
que hasta el último instante nos engaña.

Los Angeles, 5 septiembre de 2012

(Indice)


   
Vestida de silencio

Décadas sin amar; o enamorada,
y a tu pesar, vestida de silencio.
Tú misma te amordazas, y claudican,
fracasados, los besos.
Sólo te sirven para hablar los labios,
y la lengua ha olvidado ya el misterio
de su húmeda destreza,
de su cálido aliento.
Te has negado a ti misma;
sólo tus manos saben del apremio
que entre muslos desnudos, todo a oscuras,
tejen en la antesala del deseo.
Y estás tan sola, inmensamente sola,
porque ese compañero,
a quien nunca besaste,
no es más que una silueta en el cerebro.
Lo tuviste al alcance del sentido,
y callaste, y se fue, pero el incendio
quedó sólo contigo, incontrolable,
negándote la paz. Tu ofrecimiento
se fragua cada noche,
cada vez que te miras al espejo
con la angustia de verte envejecida,
aunque te ves tan juvenil por dentro.
Fue, tiempo atrás, la voz de tus temblores,
pero no es ya ni el eco.
Haces tú sola su quehacer, ahondando
con toda la destreza de tus dedos,
paraíso en la carne, purgatorio
en la orfandad sombría del cerebro,
y en el núcleo del alma, donde él vive,
insoportable infierno.

Tantos años perdidos en nostalgia
de tan tenaz, inverosímil sueño,
no sé si convencida del fracaso,
o en esperanza de volver a verlo.

Va haciéndose de noche ya en tu vida,
sal al mundo, mujer, flota en el viento
agitando las alas de tus brazos,
libre del lastre que impedía el vuelo.
Es hora de vivir si se respira,
y no has llegado al fin de tu trayecto.

Los Angeles, 5 septiembre de 2012

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Quiero dormir

Quiero dormir. Que nadie me despierte.
He ensayado mi cuota de quimeras,
y me quedé con aire entre los dedos
y un laberinto absurdo en la cabeza.
Utópicos proyectos no logrados,
amores corroídos por la ausencia,
sacrificios ahogados en olvido,
cultivos de sudor, mas sin cosechas,
y un camino muy largo
hacia un Calvario, con la cruz a cuestas.
He condenado todos mis diseños
de vida, o alianzas, a la hoguera.
Si alguien se detuviera ante mi casa,
mercader de promesas,
sepa que ya no compro; continúe
a otro lugar, que no abriré la puerta.
Los sueños, a la larga, fueron de humo,
perdiéndose en la niebla.
Quiero dormir, mas no soñar, aislándome
de todo, de mí mismo, que aún me queman
la piel tantos fracasos, y sus voces
me hieren como piedras.
Voy a cerrar los ojos,
bloquear los oídos, que no duela
ni pasado, presente ni futuro,
en mí, y alrededor, sólo tiniebla.
¿Será la muerte así, total despego
de cuanto fuimos, absoluta amnesia,
y por eso le dicen
irreversible, eterna?
¿O es tal vez sólo el túnel
desembocando en una patria nueva,
puente sobre un abismo tenebroso,
o barco que nos lleva a otra ribera?
¿A qué pensar en ello?
Cuestiones filosóficas son éstas
que a través de los siglos
no encontraron unánime respuesta.
Voy a dormir. Quietud, olvido, sombra,
no sé por cuánto tiempo, en qué manera,
mas quiero desligarme de la vida,
de las ambigüedades a que juega,
y al fin, un día, resurgir de nuevo,
limpia el alma, la atmósfera serena,
con la absoluta pulcritud del niño
que a palpitar empieza.

Quiero dormir. Que nadie me despierte.
Nadie turbe la paz sobre mi tierra.

Los Angeles, 6 septiembre de 2012

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Ese soy yo

¿Preguntarás por mí? ¿Sabrás mi nombre?
¿Descubrirás las múltiples caricias
que encerré en cada verso?
En la tersa, desnuda sinfonía
que me dictara el alma enamorada,
¿percibirás el júbilo, la herida,
la angustia y el olvido
que tu propio pasado determinan?
Porque es más el acervo que nos une,
que los rasgos que nos singularizan.
Y cuanto yo he vivido, o he soñado,
no es pertenencia mía en exclusiva;
cada cual lo ha gozado, lo ha sufrido,
y es parte de su vida.
Idéntico paisaje
penetrando por todas las retinas.
No es relevante el nombre, mensajero;
lo es el legado, la obra transmitida.
Ese soy yo, la mente engendradora,
el espíritu inquieto, en agonía,
Huerto de los Olivos,
y corona de espinas,
o Tabor de la luz y de la gloria;
la mano que acaricia,
el susurro que calma,
la seductora, cálida sonrisa.
Lo que soy, cuando aún pienso;
lo que fui, si ya ausente en la otra orilla.
Es la parte que te habla,
la que te desconcierta, que te intriga,
pensando que conozco tus secretos,
humillación, derrotas, rebeldías.
Ahí vivo, en cada estrofa,
te hablo desde mi propia anatomía,
desde el mundo sutil de mis ideas,
desde este corazón, fuego y ceniza.

Los Angeles, 6 septiembre de 2012

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Entre el león y la gacela

Pudo ser el pegaso de alas blancas
emergiendo del mar en remolino;
unicornio, tal vez, en bosque mágico,
cuerno de oro, pezuñas de suspiros;
pero elegí el león por compañero,
y en alguna ocasión me he arrepentido.
Sigo con él; o dicho de otro modo,
se mantiene él conmigo.
Vive dentro de mí, vigor, nobleza,
provocación, dominio,
y sabe reafirmar su jerarquía
hablándome en rugidos.
Va de caza, mas no por devaneo,
mas por necesidad, cuando es preciso.
Y observa, avanza sigilosamente,
y cae sobre la presa, decisivo.
Quien dice conocer mi fondo humano
lo llama mi carácter, o mi instinto.
No sé si somos dos o hay uno solo,
pero a veces intento el equilibrio
de dos fuerzas opuestas,
sin llegar a saber el veredicto.
Tal vez junto al león, sin conocerse,
reposa una gacela, y al unísono,
se deslizan por vías paralelas,
cada cual a su estilo.
Ella será de seda, o terciopelo,
sutil, etérea, plenilunio idílico,
exquisitez de acción y de palabra,
mientras él es martillo.
Casi no sé quién soy, si hoy soy de cera,
de nata y miel, de claridad y lirio;
o si mañana mi otro yo, rebelde,
tomará el mando a garra y desafío.
De algún modo, me agrada
esta doble función, o dualismo,
de que apenas me siento responsable,
pues no fue mi diseño o mi designio.
Me siento más completo
con dos polos opuestos. Mi incentivo
será hallarme en el fiel de la balanza,
siempre a medio camino
entre el gentil zarpazo de la fiera
y el blando ronroneo del suspiro.
Si rondas en mi entorno,
pulsa el botón cercano a tu latido.

Los Angeles, 8 septiembre de 2012

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Tienes frías las manos

Tienes frías las manos,
como si rechazaran los aromas
fluyendo en el jardín de los deseos;
o si hubieras perdido entre las hojas
inútiles de otoño
la más pura, más bella de las rosas.
como si fueras mármol,
o no supieras de álamos, de alondras.
¿De qué mundo provienes
huérfano de rapsodas,
sin imaginación ni primaveras,
sin amantes al pie de las farolas?
Tienes ojos de ausencia, de elegía,
y la humedad ha huído de tu boca.
Ven, mujer. El pasado ya ha pasado,
y hay calor en mi piel, y se me agolpan
latidos y temblores
que a lo ancho y a lo largo me galopan.
Soy hogar encendido,
toma asiento a mi lado, no estás sola.

Los Angeles, 9 septiembre de 2012

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Me acompaña mi cuerpo

Me acompaña mi cuerpo,
insólito sujeto que responde,
con o sin mi aquiescencia,
al escuchar mi nombre.
Soy dueño de la idea, el sentimiento,
mas de él nacen la voz, las sensaciones.
Me enfurece su exégesis errónea
de mis conceptos; su expresión mediocre
no alcanza a reflejar lo que le anuncio.
Me siento entre barrotes,
transmitiendo, mediante mensajero,
inexactos informes.
En ambos hay placeres,
y hay en ambos dolores,
si bien de idéntica naturaleza,
se comparan y no se reconocen.
Mi aflicción es de fondo,
de soledad, de amores,
su calvario se apoya en superficies,
en piel, órganos, músculos, tendones.
Y así son mi sentir y sus sentidos,
mi afecto y sus clamores.
Una sola raíz, múltiples ramas,
o dos pequeños mundos a remolque
uno del otro, a veces avenidos,
y a veces al galope,
mas no siguiendo el mismo derrotero,
ni asentando las mismas condiciones.
¿Quién, de cuantos se acercan,
dirán que me conocen?
¿Qué es lo que ven, la máscara asequible,
forma, palabras, tactos y temblores,
o penetran al fondo, por caminos
circunvalando esta prisión que esconde
el auténtico yo, que piensa y siente?
¿Preferirán a Sancho o Don Quijote?
Sobre el rostro escribió autobiografías
la vida que vivimos; los lectores
deberán sortear cada detalle,
mirando más allá, con el enfoque
del investigador, o del arqueólogo,
que sobre un hueso reconstruye a un hombre.
Mi cuerpo no es pirámide, o castillo,
es la puerta hacia dentro, que te acoge.
No quedes en la calle, contemplando
ventanas y balcones.
En la hospitalidad de mi recinto
podrás pasar la noche.

Los Angeles, 9 septiembre de 2012

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Tu esplendor, qué remoto

Nunca fuiste conmigo a Salamanca.
El Tormes, rumoroso,
me ha visto en su ribera,
sorprendido, tal vez, por estar solo.
Bajo el puente romano,
lamiendo arcos de siglos, este otoño,
sus aguas andariegas
parecen recordar mis soliloquios,
que eran eso mis diálogos contigo,
tan lejana de allí, promesa en polvo.
Bajo la luz dorada de esta tarde,
de nuevo me he sentado bajo el olmo,
testigo de proyectos malogrados.
Lo sabe bien. Se lo contaba todo.
El viento entre las ramas
llevaba un cierto escepticismo al lomo.
Vio tantos estudiantes
lamentar abandonos,
jurar ofrecimientos,
deshacerse en sollozos,
que otorga a la firmeza del amante
la consistencia de su propio soplo.
Caían sobre mi las hojas secas,
vida marchita lo que fue retozo.
Y la corriente, eterna fugitiva,
lloraba inconsistencias, mas no enojos.
Era el rumor tan triste
como un día lluvioso,
como un beso perdido,
como una despedida sin retorno.
Comprendía muy bien cada mensaje,
del viento, el río, el árbol, y mis ojos
temblaban de dolor, humedecidos,
por mí, por ti, por tantos sigilosos
fantasmas del pasado,
amantes sin opción, como nosotros.

Frente a mí torres, cúpulas, fachadas,
la turba estudiantil, los religiosos
de viejas órdenes, siguiendo el rumbo
de Fray Luis, de Vitoria, Báñez, Soto…
Salamanca es la piedra, el libro, el aula,
mas también el amor joven y loco,
como el mío, por cierto, el tuyo, acaso.
Veo cruzar las nubes, bajo el lomo
de ese mar invertido, galeones
en lento avance hacia el ocaso rojo.
Tal vez una se cruce en tu camino,
mas no verás la huella de mis ojos.

Permanezco en quietud, en remembranza,
sentado bajo el olmo,
que se va desnudando lentamente
de su esplendor. El tuyo, qué remoto.

Los Angeles, 9 septiembre de 2012

(Indice)


 

 

Último poemario de Francisco Alvarez Hidalgo, 

disponible en España desde mayo 2006, 

y en América a partir de primeros de junio 2006.

Más información en el siguiente enlace:

http://poesiadelmomento.com/voces/vocesalviento.html

 

 

El correo frankalva@earthlink.net

está cerrado. Por favor dirigirse a:

franciscoalvarezhidalgo@gmail.com

La familia de Francisco te responderá agradecida.

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