Primer Premio en el Concurso:
La Asamblea de los Muertos
Autor: Francisco Alvarez Hidalgo

Segundo lugar en el Concurso:
El Portillo del amor
Autor: Antonia H. Álvarez Álvarez. 

Tercer lugar en el Concurso:
Desagravio de "Bellido Dolfos"
Autor: Manuel Martínez Navarro

Cuarto lugar en el Concurso:
Héroe
Autor: Amparo Pascual Vaquero

Quinto lugar en el Concurso 'ex aequo':
Bellido Dolfos
Autor: Francisco Alvarez Hidalgo

Quinto lugar en el Concurso 'ex aequo':
El Romencero
Autor: María Jesús Rodriguez Barberá

Quinto lugar en el Concurso 'ex aequo':
Héroe de una mañana
Autor: Daniel Barredo 

Quinto lugar en el Concurso 'ex aequo':
Viva el Rey
Autor: Iñaki Hidalgo

Quinto lugar en el Concurso 'ex aequo':
Luis Fernando González Chillón:
”A Bellido Dolfos”
 
 


 
 
 
 
Primer Premio en el Concurso:
 
La Asamblea de los Muertos

Autor: Francisco Alvarez Hidalgo

(Véase el poema en la Página Principal)

Segundo lugar en el Concurso:

El Portillo del amor

Autor: Antonia H. Álvarez Álvarez. 
 

(A Federico  Acosta, juez y poeta)
 

En Zamora hay una puerta,
la puerta de la traición,
maldita desde hace siglos
por un presunto traidor:
Bellido, así se llamaba,
Y Dolfos se apellidó
aquel rufián asesino ,
el que al rey Sancho mató;
así lo dice la historia,
lo cuenta la tradición.
Si eso es verdad o mentira,
quisiera saberlo yo.
Todo señala a Bellido
como infame matador;
todos lo acusan, juglares,
Zamora, Toro, León,
gestas, gentes y romances,
y sólo lo sabe Dios.
Quisiera vivir la historia
y ver lo que allí pasó...

        ***

En el lecho de la muerte,
el buen rey Fernando estaba;
mandó llamar a sus hijos,
Sancho, Alfonso, Elvira, Urraca,
García y uno que dicen
de procedencia bastarda.
Cuando los tuvo a su lado,
de este modo les hablara: 
¨hijos, los mis hijos buenos,
os quiero más que a mi alma,
y antes de expirar deseo
repartir tierras y parias.
Haya paz entre vosotros
y no enemistad insana;
por eso hoy y aquí dispongo
que mi reino se reparta:
primogénito Don Sancho,
os doy Castilla la Llana,
Galicia para García,
Zamora la lleva Urraca,
Elvira, dueña de Toro,
a Alfonso, León preciada,
y el que tuve sin la reina,
coja el primado de España.¨

Contentos quedan los hijos,
Fernando muere con calma,
mas la ambición de la tierra,
aviva fuerte la llama...
Sancho, el mayor, quiere guerra
y empieza dura batalla 
para tener en sus manos
lo que el padre separara:
a García quitó el reino
y en Luna lo encadenaba;
para seguir sus conquistas,
León a Alfonso tomara,
a Elvira arrebata Toro,
pone cerco a doña Urraca...

Bravo, muy bravo era Sancho,
¡ apenas tenía barba¡,
y con él va Ruy Díaz,
amigo fiel de la infancia,
bello, soberbio, valiente,
y de certera estocada,
sobre un caballo, Babieca,
nacido en valle de Babia,
en los montes de León,
hermosa tierra encantada.

Todo lo tenía Sancho,
cuando atacara a su hermana
en la ciudad de Zamora,
¡Zamora, la amurallada¡
¡Zamora del bello río¡
¡Zamora, su enamorada¡...

          ***
 

De un lado la cerca el Cid,
Y del otro el rey Don Sancho;
Ya van pasando los días
y el cerco se va estrechando.
Zamora resiste, hermosa,
los embates enconados,
los ataques a sus puertas,
las heridas de los dardos,
la furia de la embestida,
las lanzas y los venablos,
las espadas tajadoras
y el aire de los caballos...

-Resiste, resiste, esfuerza,-
musitaba Urraca Hernando,
que si un villano te ataca,
yo te defiendo por cuatro.

Una mañana rosada
del aire leve de Mayo,
por los huecos de una almena
doña Urraca se ha asomado:
ve los campos de batalla
y las huestes de su hermano,
pero lo que más lamenta,
es ver al Cid cabalgando..
¡qué bella estampa la suya,
jinete sobre el caballo...¡
¿Ya no te acuerdas, Buen Cid,
que en la iglesia de Santiago
mi padre armó caballero
al mejor de sus ahijados?.
Yo te puse las espuelas
con amoroso cuidado,
pensando, pobre cuitada,
estar por siempre a tu lado...
Yo te quería, Rodrigo,
el soberbio castellano:
mendigaba como reina
el amor de un gran vasallo;
aunque tú no lo sabías,
ya, niña, te había amado...
mas tú, traidor, te alejaste,
para ayudar a mi hermano.
Ahora que estoy perdida,
con Zamora en mi regazo,
oye estas palabras, Cid,
mal caballero probado:
yo te estaba enamorada,
tú, a cambio, me has traicionado...

Como el viento iba süave,
a  Ruy Díaz le han llegado,
pesarosas y sentidas,
estas palabras volando;
penetraron en su alma,
y se sintió desolado.
Llora lágrimas amargas,
por un amor impensado,
y se aleja ,maldiciendo
las ambiciones de Sancho...

          ***

Era de noche callada;
no se oye un solo sonido;
todos dormían cansados,
Zamora resiste el sitio:
las estrellas en el cielo
y la reina en su castillo...
La luna acuna en el cielo
luceros de frío brillo,
cuando, de pronto, en las sombras,
empañando el aire limpio,
un caballero se esconde
entre los juncos del río...
Croan su copla las ranas,
gritan su cri-cri los grillos,
sopla el viento sigiloso,
afilando sus cuchillos...
Sólo respira un aliento,
sólo se siente un respiro:
la resolución de un hombre
con el corazón herido...
Bellido Dolfos lo llaman,
no se sabe do ha venido;
es altanero y valiente,
y hace honor  al apellido;
lo queman ocultas brasas
de un amor que arde encendido,
de una promesa que ha hecho
en un lecho compartido...

Aunque lo llaman traidor,
en el real se ha metido,
ganando la confianza 
del rey, muy desprevenido.
Rodrigo lo mira, torvo,
pues lo cree fementido,
mas Sancho lo quiere al lado,
y lo trata como amigo.

So pretexto de enseñarle
un escondido postigo
en los muros de Zamora,
Dolfos lo lleva consigo,
y nadie los acompaña,
ni allegados ni testigos.
Sancho cabalga animoso,
al lado lleva a Bellido,
sin saber que así se cumple
lo que señala el destino...

           ***

Cabalgan Dolfos y Sancho,
van tranquilos a la par,
y antes de llegar al muro,
Sancho va a descabalgar:
aquejado le ha un cuidado,
que no se puede aguardar;
bajándose del caballo
a Dolfos da su puñal;
aprovechando el momento
¡qué puñalada le da¡;
lo deja muerto al instante,
ya no puede respirar...
Caballeros que lo han visto
empiezan a vocear,
sospechando alevosía
del amigo desleal;
cuando llegaron a Sancho,
el rey yace muerto ya.

Corre Rodrigo los campos;
Babieca saca ,al trotar,
chispas de las duras piedras
-estrellas de pedernal-
y tasca,  fiero, las riendas,
como es hermoso alazán...
El Cid no corre, que vuela
para al traidor apresar,
mas no calza las espuelas
y no lo puede alcanzar;
una puerta de Zamora
se abre de par en par
a dar cobijo a Bellido
para al Cid fuera dejar...

Los duelos que al rey le hacen,
dignos son de recordar:
lo llora el Cid y los suyos,
y más la gente cabal,
que aunque fue rey ambicioso,
no dejó de ser real...

Visten su mejores galas
para a don Sancho enterrar
y entre los fieles vasallos,
el Cid cabizbajo está...

Diego Ordóñez, a Zamora,
acusa de desleal,
y Arias Gonzalo lo siente
en su corazón muy mal:
tres hijos envía al campo,
al Campo de la Verdad;
iban dispuestos, valientes,
para la culpa limpiar
de Zamora, si es que tuvo
sospechas el de Vivar.
Tres hijos Arias envía,
y a los tres los vio matar;
Zamora viste de luto,
Urraca llorando está,
y Arias Gonzalo, su ayo,
la tiene que consolar...

Lloran unos, lloran otros
esta desdicha fatal,
y, mientras, en represalia,
piensan a Dolfos matar;
así lo dispone Alfonso,
y así, sabed, que se hará:
lo atan a cuatro potros,
ya lo van a desmembrar;
sus miembros por las aradas
los quieren desparramar;
ni las ansias de la muerte
le lograron arrancar
un secreto muy guardado
que lleva  a la eternidad...

Mientras tanto, de Toledo,
Alfonso llegando va
para gobernar las tierras
que Sancho quitado le ha;
tiene madera de rey,
y como tal reinará.

El Buen Cid, al rey Alfonso,
juramento tomará,
pero a  la su hermana Urraca
muy libre la ha de dejar,
sin demandarle siquiera
si es que ha mandado matar
al rey don Sancho en Zamora,
en cruel acto de maldad...

           ***

Más o menos es la historia
que el juglar nos relató:
queda por saber si  Dolfos
fue un verdadero traidor...

Dicen que Urraca era bella,
y que al Cid enamoró,
-luego casó con Jimena,
pero a Urraca no olvidó-,
dicen que a Alfonso, su hermano,
le tuvo un malsano amor;
cuentan que era traicionera,
y que causaba dolor,
y que, pasando los años,
en un convento se entró...

Nos lo dice la leyenda,
y  eso mismo pienso yo,
que Bellido estaba loco,
loco, muy loco de amor,
por la bella doña Urraca,
tan loco que prometió,
no a su adorada reina,
más bien a su corazón,
dar libertad a Zamora,
aunque matara a traición;
¡y vive Dios que en su empeño,
a Zamora liberó¡...

Yo quiero pensar, Bellido,
que mataste por amor,
por un ideal muy grande,
cegado de  la pasión,
para entregar a tu amada
la perla de su aflicción:
¡Zamora, la enamorada¡
¡Zamora, la linda flor¡
¡Zamora, la bien cercada¡
¡Zamora de estrella y sol¡...
Llevabas meses gimiendo,
ceñida por el dolor,
triste, hambrienta, dolorida,
por una vil ambición
de Sancho, cruel y soberbio
que faltó a la partición
del rey Fernando, su padre,
¡y Bellido te salvó¡.

           *
Por eso pido que quiten,
-no sé si llevo razón-
el nombre de aquel postigo
que llaman de la Traición,
y pongan los zamoranos,
con grandes letras de honor
que de dolo no fue puerta,
que fue ¨Puerta del Amor¨.

Antonia H. Álvarez Álvarez. 
“Lavinia” 
GIJÓN (Asturias) 
lavinia_her@hotmail.com 
Indice

Tercer lugar en el Concurso:

Desagravio de "Bellido Dolfos"

Autor: Manuel Martínez Navarro

(A ‘mycat’, por el empeño con que guarda
 la memoria y el recuerdo de su padre)
 

ROMANCE DEL PORTILLO

En un solar de Castilla,
que no es Quijote ni mancha,
pero si tierra famosa
para la gloria de España,
donde el Duero serpentea
la meseta castellana,
puntual, noche tras noche,
cuando Zamora descansa,
aparece entre las brumas
del río una sombra extraña
que solo ven los que creen
en historias de fantasmas.
Este espíritu benigno,
fantasía de las aguas,
no tiene forma ni cuerpo,
- brazos y piernas le faltan -,
pero si un alma que yerra
desde siglos sin morada,
sin sosiego y sin descanso
por las calles zamoranas.
Pasada la media noche,
que es la hora de las ánimas,
resuelto, en extensa nube,
por las riberas avanza
y se recoge en un hueco
de la vetusta muralla,
lugar que llaman Portillo
de la Traición consumada.
Allí, a la luz de la luna
que en su dolor le acompaña,
libera su desventura
con lágrimas tan amargas
que hasta los cimientos lloran
de las piedras milenarias.
Después, pasado el mal trago
que tantos recuerdos empaña,
en un papel solicita
la revisión de su causa
y dirigiéndose al cielo,
con trémula voz, exclama:
Portillo de la Traición,
testigo de mi desgracia,
heme de nuevo ante ti
para que juzgues mi hazaña
ante el pueblo de Zamora
que yace en paz en su cama.
¡Me someto al tribunal
de las instancias más altas
y que la voz popular
pronuncie sentencia clara
si soy mártir o traidor,
héroe o villano de casta!
Así sonaban las súplicas
de esta criatura angustiada
víctima del infortunio
y el amor de doña Urraca,
pero, lector, antes que
te pierdas en cosas vanas,
aclaremos las razones,
origen de esas palabras.
 

ROMANCE DE LA HERENCIA

Hace, cuentan, muchos años,
muerto el rey Fernando, excelso
de la estirpe visigoda,
quedóse escrito que el reino
de León y de Castilla
habría de ser disuelto
en partes proporcionales
entre sus cuatro herederos.
Así don Sancho heredó
Castilla por ser primero,
por segundo, don Alfonso,
León; por el mismo fuero
fue Galicia a don García
y a doña Urraca, conventos
más la villa de Zamora
para que reinase dentro.
Este reparto tenía
ya concebida en su seno
la semilla corrosiva
de la discordia, el veneno
que tantas veces deshace
lo que se piensa bien hecho.
Don Sancho, rey de Castilla,
alegó no estar de acuerdo,
pues no eran costumbres godas
deshacer así los reinos
y no dispuesto a aceptar
la división del imperio,
pidió, para su cabeza,
la corona y el derecho
de ser el líder de todos
con un solo mandamiento.
Mandó arrebatar León,
por la espada y por el fuego,
a su hermano don Alfonso
que se refugió en Toledo.
A don García, Galicia
le quitó del mismo tercio
y en una oscura mazmorra
encerróle sin pretexto.
Urdió para doña Urraca
otro sucio pensamiento
y aludiendo una revuelta,
de nobles y caballeros,
pensó conquistar Zamora
con largo y penoso asedio.
 
 

ROMANCE DEL CERCO DE ZAMORA

Zamora está rodeada,
por las armas y las huestes
del ambicioso monarca,
hace ya seis largos meses.
Tres asaltos han sufrido
sus murallas y tres veces
han sido salvaguardadas
por el valor de sus gentes.
El asedio es despiadado,
cruel, sin tregua y persistente,
pero la villa no cae,
no se resigna a su suerte;
los zamoranos resisten,
como numantinos héroes,
las flechas incendiarias
y el clamor de los arietes.
Se lucha con valentía,
con arrojo, y se defienden,
como gato panza arriba,
con las uñas y los dientes.
Imposible de tomar
la villa con los fervientes
pero inútiles asaltos,
los castellanos convienen
dejarles morir por la sed,
por el hambre y por la peste.
Al límite de sus fuerzas,
sin pan, sin agua, sin leche,
debilitados, tullidos
por los golpes y el creciente
desánimo de los hombres
y las mujeres valientes,
comprenden los acosados
que no podrán defenderse;
hay que buscar una argucia,
una escapada, una urgente
treta, ardid o similar
que les salve de la muerte.
 

ROMANCE DE LA ESPERANZA

Comentaba doña Urraca,
a su amante clandestino,
separando con dos dedos
la tela de los visillos:
Bellido Dolfos, estamos
rodeados de enemigos
y aunque los manda mi hermano
no son por ello más dignos.
Duro cerco padecemos
desde hace meses, cariño
y si nadie lo remedia
sufriremos el castigo
de las huestes castellanas
que alienta el Cid con ahínco.
Por esto escúchame bien,
atento lo que te digo:
Irás al cerco, temprano,
en nombre de Jesucristo,
y llevarás un mensaje
que va por mi mano escrito
pidiendo al rey, mi señor,
la firma de un armisticio.
Para que no desconfíe
de mis razones te pido
hagas saber a don Sancho
que se entreviste conmigo,
sin recelo, en la muralla,
en donde hay un portillo
que no estará vigilado
porque lo quiere el destino.
Te lo ruego por Zamora.
Por nuestro amor te suplico
que tengas mucho cuidado,
Bellido Dolfos, querido.
 

ROMANCE DE BELLIDO DOLFOS

Allá va Bellido Dolfos,
solitario hacia el peligro,
mensajero de su reina
a cumplir el requisito.
Llegado al bando contrario
el Cid le corta el camino
y pregunta quien se atreve
a llegar hasta ese sitio
sin temor a ser linchado
por sus hombres sin aviso.
Bellido Dolfos me llaman,
en la tierra que he nacido,
contestóle el caballero
con gesto y pulso tranquilo.
He venido a ver al rey,
si me dais vuestro permiso,
con un ruego de su hermana
que le quiere como a un niño.
El Cid, que es hombre cabal
y entiende de compromisos,
hasta la tienda le lleva
donde come, el rey descrito,
de una fuente con venado
y faisanes exquisitos
que riega con grandes sorbos
y largos tragos de vino.
Luego de ser informado,
por su vasallo y amigo,
habla don Sancho al gallego
con regio tono preciso:
Decís que mi hermana quiere
entrevistarse conmigo
mas, ¿y si mi mal pretende
y es una argucia?... Rodrigo,
tú vendrás y el mensajero
nos llevará hasta el portillo
y si son falsas las pruebas,
de las que ahora me fío,
larga muerte le darás
con prolongado suplicio.
¡Vamos!, dijo, caballeros
a citarnos con el sino
por capricho de mi hermana
y el porvenir de mis hijos;
sin saber con esto, Sancho,
que afirmaba en ese dicho
la libertad de Zamora
y su propio magnicidio.
 

ROMANCE DE LAS ESPUELAS

A la villa de Zamora,
que corona la meseta,
tres jinetes castellanos
y otra corona se acercan
sobre corceles que pisan,
con sus cascos en la tierra,
como tambores lejanos
al compás de una corneta.
Viste del trío el que manda
ropas de paño y de seda
que resaltan su importancia
y acentúan su realeza,
los demás, sayos humildes,
tejidos de tal manera,
que soporten las penurias
y los golpes de la guerra.
No llevan joyas ni adornos,
solo el sol en sus cabezas:
Sancho, un anillo de plata,
Bellido, un beso en las cejas
y Rodrigo, el Campeador,
ni siquiera calza espuelas,
que las dejó con las prisas
olvidadas en su tienda.
 

ROMANCE DEL IMPREVISTO

Manda parar el galope,
Sancho, con la mano diestra;
se le ha descompuesto el vientre
y es imperiosa la urgencia.
Los pies en la tierra ponen
los tres jinetes con esta
solicitud y convienen
dejarles sueltas las riendas,
a los sufridos equinos,
para que gocen la fresca
brisa que llega del río
y alimento de la hierba.
Mientras tanto el regio culo
se pierde por la floresta
con las prisas de quien teme
manchar con su propia mierda
la dignidad de sus ropas
y el reino que lo sustenta.
Tiene caprichos la historia
que permite esta ocurrencia,
en momentos tan sublimes
con estos hechos demuestra
que no somos otra cosa
que antojo de sus licencias.
 

ROMANCE DEL MAGNICIDIO

Guarda Bellido la espada,
en custodia, que don Sancho
le prestó para aliviarse
un momento en su mandato,
breve tiempo, justo el poco
que se tarda en dar un salto
para devolver al mundo
los faisanes y el venado.
Breve paréntesis nubla
la mente del zamorano
que aunque no es hijo de allí
ya se siente así hace rato.
Mira el acero con ojos
maliciosos y su mano
acaricia temblorosa
el haz con sumo cuidado.
Piensa rápido. Veloz
coge el hierro por su mango
y decidido encamina
a los arbustos sus pasos.
De un golpe duro y certero
tumba, con un solo brazo,
la figura del monarca
en cuclillas cabizbajo.
¡Muerto soy por un traidor!,
grita, el digno mandatario,
antes de entregarse a Dios
renegando del diablo.
 

ROMANCE DE LA HUIDA

Huye a galope tendido
el homicida a caballo
con el Cid a sus talones
sin conseguir alcanzarlo
y se queja, el de Vivar,
del olvido tan nefasto,
que Babieca sin espuelas
es un cartujano manso.
Desde las torres vigías
ven acudir, galopando,
haciendo señas, a un hombre
a la grupa de un cuadralbo.
Avisada doña Urraca,
reconociendo a su amado,
manda franquear la entrada
para que se ponga a salvo.
El Cid Campeador que ve
como se escapa el villano,
mirando al cielo impotente
con iracundo arrebato,
jura por Dios y su honor
que Dolfos será castigado,
desmembrado por la furia
de cuatro corceles blancos,
y mientras esto discurre
llora triste y desolado
camino del campamento
con el rey sobre sus brazos.
 

ROMANCE DE LA TRAICIÓN

A Toledo, la imperial,
del Tajo insigne tesoro,
crisol de varias culturas,
refugio del otro godo,
llega la triste noticia
de la muerte del coloso
Sancho el Fuerte, asesinado
por un tal Bellido Dolfos.
Presto el infante dispone
que se celebre un responso
por la gloria de su hermano
que deja vacante el trono
y pidiendo al musulmán
que le conceda su apoyo
se dirige hasta Zamora
escoltado por los moros.
En la ribera del Duero,
mudo convidado sordo,
se entrevistan los hermanos
doña Urraca y don Alfonso
toda vez que el cerco ya
es incidente remoto
y lo que prima es juntar
tres reinos en uno solo.
El Cid que serio tutela
el cónclave, receloso,
no fiando que el acuerdo
que allí se cierra en un soplo,
sea una treta amañada
anteriormente, de modo
que la muerte de don Sancho
fuese un ardid engañoso,
exige al nuevo monarca,
con arrogancia y aplomo,
la cabeza de Bellido
para enterrarla en el lodo;
reservándose el derecho
de pedirle, en mismo foro,
jurar por Dios y su honor
que es inocente de todo.
 

ROMANCE DE LA EJECUCIÓN

Culpable del magno crimen,
reclinado en una silla,
haciendo paces con Dios
el reo está en santa misa.
Sombras y nubes oscuras
pululan por la capilla,
negros presagios y dudas
nublan su mente afligida.
Puro cristal de sus ojos,
resbalan por sus mejillas
lágrimas tiernas y dulces
como si fueran de niñas.
Lamenta Bellido Dolfos
lo que juzga una injusticia
y en sacro recogimiento
no se siente un regicida.
Nota la muerte tan cerca
que ya casi la respira
como si fuese el aliento
penúltimo de su vida.
En el umbral del recinto
que lleva a la sacristía,
detrás del muro intangible
que forman las celosías,
una mujer en silencio
observa triste y suspira
por el guerrero valiente
que salvó una dinastía.
Con las claras de la Aurora
viene el alba de puntillas
en cuatro corceles blancos
con la muerte en las pupilas.
Sujetan al condenado
los brazos y pantorrillas
y cuando sueltan el yugo
de los caballos, las bridas,
llega a Zamora la noche,
niebla oscura, en pleno día.
 

ALEGATO FINAL

Éste es el término y fin
de la historia que he contado,
tal me la dieron a mí
a vosotros os la he dado;
pero queda un mandamiento
que forma parte del trato
entre lector y escritor
y es el siguiente alegato:
Si Bellido fue un traidor
por culpa del sentimiento,
que no es otro que el amor
que profesaba a una dama,
¿quién se libra de la llama,
que llegado su momento,
puede ser nuestro tormento
a causa del mismo error?
Con esto, jueces, os pido,
por la ley que nos ampara,
que juzguéis, concienzuda-
mente, el quid de esta cuestión
teniendo la cosa clara
y si os asalta la duda,
como a mí, del corazón,
concedáis el perdón
y que descanse Bellido.
.
Manuel Martínez Navarro
    Akiles
 Elche (Alicante)
tecniwagen@arrakis.es
Indice


 

Cuarto lugar en el Concurso:

Héroe

Autor: Amparo Pascual Vaquero

I

Corría el mil sesenta y cinco
de nuestra era cristiana,
cuando Fernando primero
(aquel buen rey que lograra
hacer tan grande a su reino)
su testamento otorgara,
y a sus tres hijos varones
repartidos les dejaba
sus reinos y privilegios;
dejando desheredadas
a sus hijas que protestan
Doña Elvira y Doña Urraca.
Oyendo aquestas querellas
-aunque moribundo estaba-
intentando complacerlas
Toro y Zamora donara.
Según cuenta el romancero
díjole a Urraca con pausa:
“Allá en Castilla la Vieja
un rincón se me olvidaba,
Zamora tiene por nombre,
Zamora la bien cercada.
De parte la cerca el Duero
del otro, Peña Tajada,
del otra, veintiséis cubos,
del otra la Barbacana.
Quien os la tomara, hija,
¡la mi maldición le caiga!
Todos dicen: Amén, amén,
menos Don Sancho que calla.”
 

II

Vanse cada uno a su reino
al terminar las exequias,
pero Sancho se propone
reunir de nuevo la herencia
y uno a uno a sus hermanos
va conquistando sus tierras.
Sus huestes y sus mesnadas,
con sus tambores de guerra,
de San Lázaro en lo alto
ya su campamento asientan.
Siete cercos de muralla
de Zamora, los contemplan.
Como emisario enviaron
al Cid – que la conociera
cuando el viejo Arias Gonzalo
a ambos lecciones les diera-
El mensaje es rechazado,
la rendición ¡no se acepta!.
La vida es insostenible
en la abrumadora espera,
pasando días y meses
sin labranza, sin cosechas,
sin manos que los trabajen
perdido el campo en malezas.
Los animales enjutos
están en cuadras maltrechas;
escuálidos ved los niños,
ni a pedir pan tienen fuerza;
el miedo invade las ruas
que al sentir pisadas, tiemblan;
silencio guardan postigos,
ventanas, balcones, puertas,
bien echadas las aldabas
por si el enemigo llega.
Hasta el hambre agazapada
por las esquinas, despierta,
al escuchar los tañidos
de campanas lastimeras
y al retumbar por los aires
los quejidos de las piedras.
Loa ánimos van cayendo,
inquieta se  ve a la reina.
Manda reunir en consejo
dignatarios y nobleza,
para allí deliberar:
La forma, modo y manera
de poder vencer a Sancho,
de al fin, ganar la contienda.
Pero hace falta un valiente
para acometer la empresa,
sin importarle arriesgar:
Vida, honor y muerte inciertas.
 

III
 

Existe un mozo gallego
en la tropa zamorana,
que maneja bien el arco,
que maneja bien la espada.
El joven Bellido Dolfos
a la misión se aprestaba,
y por la empinada cuesta
al campamento llegaba.
Ofreciendo sus servicios
en las filas del monarca,
se introduce entre los suyos
como un hombre de confianza.
Llegado está el mes de Octubre
sin haber logrado nada.
Siete meses y seis días
lleva Zamora cercada,
la angustia oprime los pechos
y se refleja en las caras.
Yendo por Santiago El Viejo
mientras ambos paseaban-
siente el Rey necesidades,
por un momento, se aparta,
encontrándose en cuclillas
un venablo le traspasa,
que le ha lanzado Bellido
y a la carrera se escapa,
dirigiéndose deprisa
a un portillo en la muralla,
que se ha cerrado tras él
porque nadie más entrara.
El Cid que intenta seguirle
darle alcance no lograra,
por lo que con gran enojo
indignado así exclamara:
“Mal haya del caballero
que sin espuelas cabalga”.
Ya se terminó el asedio,
ya terminó la batalla,
salga la gente a la calle
y repiquen las campanas.
Si cuatro caballerías
sus miembros descuartizaban,
conforme estaba mandado
en las leyes de la usanza,
y a Doña Urraca más tarde
por su honor se le retara.
Para ellos fuera traidor
que a todos vientos proclaman.
Bellido salvó a Zamora,
Zamora la bien cercada,
Zamora tiene su héroe
Bellido Dolfos se llama.
El héroe bien se merece
que reconozcan su hazaña.
 

Amparo Pascual Vaquero
Zamora
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Quinto lugar en el Concurso 'ex aequo':

Bellido Dolfos

Autor: Francisco Alvarez Hidalgo

(Véase el poema en la Página Principal)
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Quinto lugar en el Concurso 'ex aequo':

El Romencero

Autor: María Jesús Rodriguez Barberá

¿Qué pasa en la plaza nueva? 
¿Por qué hay tanto gentío?
¿Cómo hay tanto bullicio
con el calor del estío?
.
Es un romancero ciego,
que como juglar de antaño
nos va contar una historia,
que pasó ha muchos años.
.
Me pondré cerca de él,
porque escucharlo yo quiero.
Recuerdo como mi madre
me habló de los romanceros.
.
Con su bastón por ser ciego 
aquél extraño juglar,
señalaba en un panfleto
la historia de su cantar:
.
Este pobre ciego va 
a contarles una injusticia,
que a un caballero noble
le asignaron por malicia
.
Atención pido señores,
a lo que yo contaré, 
ya que haré la historia larga
para poderla entender.
.
Era Don Bellido Dolfos
el calumniado señor,
que por ser un fiel vasallo
por siempre perdió su honor.
.
Fernando rey de Castilla,
su reino al morir partió
dividiendo entre sus hijos
lo que los godos unió
.
Toro se lo dio a Elvira
a Don Alfonso León,
Castilla al rey Don Sancho
Galicia a García cedió
.
Zamora él le entregó.
a su querida hija Urraca
que era osada y valiente...
la historia así lo destaca.
.
Ambicioso el rey Don Sancho
Arrebató sin demora
el reino a sus tres hermanos
más no pudo con Zamora.
.
"Zamora la bien cercada"
le llamaron los juglares
sufriendo hambre y asedio
y también muchos pesares.
.
Era Doña Urraca dama
Otoñal, bien parecida,
que aunque tuviera pasiones
hacer real no podía.
.
Ella sabía muy bien
que si casar pretendía,
también perdería Zamora 
si perdía su soltería.
.
Eso no pudo evitar
que enamorados tuviera...
¿Quién sería ese doncel?
¿Quizás Don Bellido fuera?
.
Nunca se llegó a saber,
más piensan que así pasara
que ese gallego gentil
su corazón conquistara. 
.
Siete meses hacía que Sancho
pusiese cerco a Zamora
cuando el valiente Bellido
salió al despuntar la aurora
.
Presentándose a don Sancho
como traidor a su tierra,
se fingió ser su vasallo
de este rey en sus contiendas.
.
Se ganó su confianza
aunque en su reina pensaba...
En su reina Doña Urraca
del que enamorado estaba.
.
Tan confiado don Sancho
estaba de su vasallo
que no reparó ir solo
con Bellido y su caballo.
.
Quería le enseñase presto
un portillo en la muralla 
por donde todas sus huestes
sorprendiendo... avasallaran 
.
Algo improvisto ocurrió
¿Fue la suerte o el destino
que en ese momento al rey
retortijones le vino?
.
Sería que estaba escrito
que aquél valiente Bellido
sin pensárselo dos veces
al rey le clavó el cuchillo.
.
¿Es acaso un traidor 
el que mata a su enemigo?
Acaso era Don Sancho 
de Doña Urraca un amigo?
.
No fue traición... fue valor
que a ese rey tan ambicioso
le diera la muerte él...
¡ El héroe Bellido Dolfos !
.
Oyendo al romancero,
todos quedamos callados,
y sacando otro panfleto 
siguió vivaz el relato:
.
Después de matar al rey
se subió a su caballo
y galopando veloz
en Zamora entró ufano.
.
Las puertas de par en par
se abrieron a su vasallo
porque sabían que a su reina 
era fiel aquél hidalgo.
.
Así terminó feliz
el cerco a los zamoranos
y en vez de honrarlo la historia
de traidor lo han tachado.
.
Desde el fondo de la plaza
donde todos escuchábamos
unas preguntas surgieron,
en la que todos pensábamos:
.
¿Qué fue de aquél caballero
que de traición fue acusado?
¿Y por qué la bella Urraca
no defendió a su amado?
.
El romancero nos dijo:
"Callad y seguid escuchando
que quiero aclarar el mito
que erraron antepasados".
.
Doña Urraca por ser reina
le debía gracia al vasallo
más también era la hermana
del rey muerto don Sancho.
.
Por eso dejó que impune
mataran a aquel hidalgo
y que juglares de entonces
cantaran equivocados
.
El nuevo rey de Castilla
celoso de su hidalguía 
al gallego zamorano
poner fin quiso a su vida.
.
Mandole atar a las colas
de cuatro corceles bravos,
quedando Bellido Dolfos,
vilmente descuartizado.
.
Hay un portillo en Zamora 
por todos muy conocido.
Lo llaman de la traición...
Aunque héroe fue Bellido.
.
Y aquí termina la historia
De aquél héroe salvador
que de Zamora su cerco 
con valentía quitó.
.
¿Hay alguien que veraz pueda
acusarlo de traidor?
¿No es más bien una valentía
por su reina dar su honor?
.
Con su mirada perdida
a todos dejó confuso,
y cogiendo su sombrero
sobre el suelo el ciego puso.
.
" Ruego a la concurrencia
que a este pobre romancero
con un aguinaldo ayuden
a su vivir tan austero "
 

María Jesús Rodriguez Barberá
Marisu
Chiclana ( Cádiz)
mrodr4@clientes.unicaja.es
http://perso.wanadoo.es/marisu.2/
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Quinto lugar en el Concurso 'ex aequo' :

Viva el Rey

Autor: Iñaki Hidalgo

La historia es siempre escrita por pluma vencedora
y siempre las traiciones fueron para el vencido
Los miembros desgajados del infeliz Bellido
fueron vilipendiados en tierras de Zamora.
.
Los años que han pasado no dejan casi datos
testigos presenciales contaron a juglares
que en romanceros luego sacaron sus cantares
limando las miserias para llenar sus platos.

. No sé si el rey Don Sancho fue torpe o imprudente
No sé si Don Rodrigo falló en su cometido
de proteger al noble de regia cuna uncido
o fué todo un montaje de un hermano impaciente
.
que consiguió su reino de forma tan "valiente"
con muertos en la noche y encierros en conventos
Castilla unió sus tierras y acalló los lamentos
con culpas a traidores y vivas al regente.

Iñaki Hidalgo
“Poetaa”
Bilbao 
ihidalgo23@hotmail.com
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Quinto lugar en el Concurso 'ex aequo':

Héroe de una mañana

Autor: Daniel Barredo 

Sangre pinta los tejados
muerte tañen las campanas;
niños gritan asustados
madres lloran enlutadas.

Avisa parca la aurora
ocaso de la esperanza, 
Sancho ríe por Zamora
ciegas duermen las espadas;

Dios coloca enloquecido
en corazón fiera daga,
brava bondad ha escogido
bravo a hombre acompaña.

Un hombre rezando tierno
héroe de la mañana,
ve horizonte de invierno
en su alma van mil almas.

Rey ansioso de poder
a Dios encomienda y llama,
maldad igualó placer
Dios otorga espera y calla.

Sol fúnebre viste rojo,
ya las nubes ya no cantan,
ríos fluyen tal cual ojos
corren apenadas lágrimas.

Crucifijos toman besos
amantes toman palabras,
el Amor ruge en exceso
la canción desesperada.

¡Fatídicos humanos!
¡efímeros como alba!,
miedos, prisas van cercanos,
marchan crudas anchas ansias.

¡Dios!, ¡salva al menos mis hijos!
¡Dios!, ¡mi madre al menos salva!
¡Dios!, ¡ir con él, si va, elijo!
¡Dios!, ¡salva al menos a mi amada!

Tiemblan las calles de aullidos,
lobos pasean legañas;
cuervos suspiran graznidos
la ciudad toda desangra.

Pasan las tropas revista
en Zamora las murallas,
duelen los ojos turistas
sangre duelen las miradas.

En un arco arrodillado
la Virgen dulce ampara,
pueblo todo destrozado
gente futura matada.

¡Uno!, rey alegre cuenta
tiempo de Muerte anunciada,
tendrá ciudad dónde asientan
personas asesinadas.

¡Dos!, corazón de cristiano,
que injurioso, odia y mata,
pecho, bordados gusanos,
de corrupta escarlata.

¡Tres!, exhala desde tierra
rueda al suelo la garganta
rueda al suelo fatua guerra,
hombres raudos se abrazan.

Bellido, encadenado,
A abrazar a Dios escapa
de injusticia ajusticiado
con nuevas heroicas alas.

Volando enorme Bellido
obtiene reino de nácar
su cuerpo descansa olvido,
su alma, en cielo descansa.

Daniel Barredo 
Granada
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Quinto lugar en el Concurso 'ex aequo':
 

Luis Fernando González Chillón:

”A Bellido Dolfos”
 


 

Upanichad:

Exaltación del héroe... libertador de Zamora”

Daniel Barredo 

“Alguien se atreve a soñar”


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