Te recuerdo, dolor; fuiste el amigo
que de la mano asido, ensangrentado,
solía caminar siempre conmigo;
la rosa cuyo cáliz perfumado
suavizaba la espina del castigo
con que la vida me dejó clavado.
Con sabor agridulce te recuerdo,
dolor, que ni me dejas ni te pierdo.
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