Índice general de Hispánica

Emperador Adriano

 


 

 

 

    Emperadores:

 

 

    Trajano, Marco Ulpio (53-117)
    Primeros años. N. el 18 sept. 53 en Hispania, en la ciudad de Itálica, en la Bélica, de familia aristocrática, descendiente de los heridos y enfermos asentados en la ciudad en el 206 a. C. por Escipión el Africano. Su carrera fue la siguiente: tribuno militar bajo Vespasiano, en el 76-77; pretor en el 87; legado en el Rin en el 89, donde intervino contra L. Antonio Saturnino; cónsul por primera vez en el 91; legado en Germania superior en el 96-97; cónsul por segunda vez en el 98. Con T. se sentó en el trono de los Césares la aristocracia provincial. T. fue fundamentalmente un excelente general. Inmediatamente después de la muerte de Nerva (v.) ordenó al prefecto del pretorio ajusticiar a los pretorianos rebeldes al Emperador difunto; divinizó a Nerva, a quien levantó un templo; y aseguró al Senado que no pensaba condenar a muerte o a infamia a ningún senador.
         
          Después de dejar todo dispuesto en el frente germano, marchó a Roma, donde en el 100 fue cónsul por tercera vez. En su viaje a Roma, dio muestras de alguno de los rasgos fundamentales de su carácter, caminando a pie o en litera entre la multitud, saludando a todos los que se le acercaban, rechazando que se le erigiesen estatuas de metales preciosos, el aurum coronarium, y no aceptando el cargo de censor, con lo que renunciaba a la lectio de los senadores. Prohibió, una vez en Roma, que los esclavos fueran testigos contra sus dueños en los procesos; castigó a los delatores; consideró a los senadores como colaboradores suyos; aceleró la carrera para los miembros de las grandes familias; frenó el poder excesivo de los pretorianos; llevó a Roma la guardia de 1.000 caballeros germanos que puso a las órdenes del prefecto del pretorio; distribuyó, para atraer al pueblo, 75 denarios por persona; reguló escrupulosamente los servicios de la annona; aumentó en 4.000 muchachos pobres el número de los que recibían los alimentos; restauró el cargo de praefectus frumenti danti ex Senatus Consulto; disminuyó la vigesima hereditatium, tratándose de pequeños patrimonios de los nuevos ciudadanos; conservó el cargo de pretor fiscal, instituido por Nerva; desarrolló y amplió a toda Italia la institución de los alimenta para los jóvenes que fuesen pobres; concedió juegos de gladiadores para divertir al pueblo; y desterró a los artistas de pantomimas, a menudo inmorales y que minaban la autoridad imperial; en las provincias, como en Hispanía, reparó gran número de calzadas; intensificó las explotaciones mineras; vendió gran cantidad de bienes imperiales; disminuyó la composición de oro y plata en los aurei y en los denarios.
         
          Guerras dácicas. Para solucionar el problema económico, el desequilibrio entre la moneda de oro y la de plata, necesitaba disponer de grandes cantidades de oro, que iban a parar fuera del Imperio; ello le movió a emprender la conquista de Dacia (v.), la actual Rumania. La guerra dácica tiene dos etapas. La principal fuente de información para ella son las 155 escenas en 414 episodios de la columna de T., erigida en Roma en el 113, ya que se han perdido las memorias de T. y de su médicoCritón, y la obra de Apolodoro; de Dión Casio se conservan muy pocos fragmentos referentes a esta guerra. Se desconocen las causas ocasionales del rompimiento de las hostilidades entre Roma y Dacia. En el 101, T. contaba para esta guerra con nueve legiones, 10 alas, 35 cohortes, más las tropas auxiliares de flota y los cuerpos de ingenieros, lo que sumaría en total unos 80.000 hombres. El ejército penetró en Dacia en dos columnas: una procedente de Panonia; la segunda, de Mesia. El enemigo se retiró ante el primer ejército a los bosques. La capital dacia fue valientemente defendida por el rey Decébalo. Unidos los dos ejércitos hicieron algunas razzias en territorio enemigo, en una de las cuales cayó prisionera la hermana de Decébalo. Durante el invierno del 101102, el Danubio se heló, y los dacios, apoyados por la caballería sármata, atacaron los campamentos romanos de Mesia inferior, que resistieron. En la primavera, T. descendió por el Danubio y puso en fuga a los dacios y sármatas, lo que motivó que se rindieran las tribus orientales. Otras tropas dacias fueron arrojadas a los montes. En esta ocasión, se fundó la ciudad de Nicópolis y se comenzó la construcción del monumento de Adam-clissi y de las calzadas y fortificaciones de Transilvania. La segunda batalla tuvo lugar ante la capital, Sarmizegetusa, que cayó en manos de Trajano. Con esta victoria, terminó la primera etapa de la guerra, en la que los romanos habían conquistado la parte de Dacia próxima al Danubio, conservando los dacios toda la zona minera de Transilvania. Decébalo se comprometió a ceder el territorio perdido, a entregar las armas y las máquinas de guerra, a renunciar a los ingresos acordados con Domiciano, a entregar los tránsfugas romanos y a establecer alianza con Roma. El Senado ratificó este tratado. La paz duró casi tres años, hasta el 105.
         
          En el 103, T. fue cónsul por quinta vez y recibió el título de dácico. Con el botín de la guerra, concedió un grandioso congiario al pueblo de 600 denarios por persona; organizó unos juegos de gladiadores, en los que combatieron prisioneros dacios; y permitió, para halagar al pueblo, la vuelta de los artistas dedicados a las pantomimas. En el 105, ordenó al gobernador de Siria, A. Cornelio Palma, acabar con el Estado vasallo de los nabateos, que tenía importantes vías comerciales y puertos hacia el Occidente. Se creó con esta ocasión la provincia de Arabia, que pronto contó con una buena red de carreteras, con acueductos y campamentos militares. En el 105, estalló la segunda guerra dácica. Los dacios debieron invadir Mesia, que fue socorrida por T.; Sarmizegetusa se perdió y tuvo que ser ocupada de nuevo por los romanos. T. desarrollaría entonces una intensa actividad diplomática, bien representada en la columna de su nombre, mientras sus legados continuaban la ocupación del territorio enemigo. Decébalo desvió el curso del Sargetios, para enterrar en el lecho del río sus tesoros, y huyó ante el ejército romano, que atravesó el río Marisia. Antes de caer prisionero, se suicidó. Su cabeza fue enviada a Roma. Con la muerte de Decébalo, Dacia se pacificó en el 106. La conquista fue cantada en un poema épico por Carminio Rufo. T. llevó de Dacia un numeroso botín, calculado en cinco millones de libras de oro, el doble de plata, y medio millón de prisioneros. Las minas de oro dacias comenzaron inmediatamente a explotarse. La victoria se conmemoró en Roma con 123 días de fiestas, en las que combatieron 10.000 gladiadores contra 11.000 fieras. Dacia fue declarada provincia romana; en ella se asentaron colonos procedentes de todo el Imperio, principalmente de Oriente, egipcios, persas, sirios, gálatas, bitinios y de Palmira. También llegaron gentes de África, Galia, Dalmacia y Panonia. La capital se convirtió en colonia; colonia fue también Tierna. La provincia fue gobernada por un legatus Augusti propraetore, ayudado en la administración de las finanzas por tres procuradores. La Legio XIII Gemina y varias tropas auxiliares defendían el territorio.
         
          Guerra contra los partos y rebelión judía. La segunda gran guerra emprendida por T. fue contra los partos (v.), a los que conocía bien, pues había vivido en Siria. Acariciaba la idea de esta guerra desde hacía tiempo, pues la anexión del reino de los nabateos (v.) no era suficiente para el desarrollo del comercio con Oriente. En el 105, Cosroes aspiraba al trono de Partia, que ocupaba su hermano Pacoro II, considerado por T. como soberano legítimo con la esperanza de que se hiciera vasallo de Roma. En el 110, Pacoro II murió, y su hermano Cosroes se mostró contrario a los romanos e intentó que su sobrino Partamasiris ocupase el reino de Armenia, donde reinaba Axedares. El peligro de que Rumania se vinculase a Partia movió a Roma a declarar la guerra. T. marchó en octubre del 113 a Oriente. Disponía de siete legiones con sus correspondientes tropas auxiliares. Aliados suyos fueron los reyes del Bósforo y los iberos del Cáucaso. Con su ejército, atravesó Samosate y Sataba para llegar a Armenia. Rechazó las tentativas de Partamasiris de convertir Armenia en Estado vasallo, y la declaró provincia romana. En los últimos meses del 114, el príncipe moro Lusio Quieto hizo una razzia en campo enemigo, por el río Araxes, en el territorio de los mardos y en la Media atropatena. El invierno del 114-115 lo pasó T. en Edesa y aceptó el vasallaje de Abgar de Osroene. En el 115, tomó Nisibis, Tebida, otras ciudades de Mesopotamia, Adenistra y Batnae. En esta ocasión, las tropas dieron a T. el título de pártico.
         
          El invierno del 115 lo pasó el Emperador en Antioquía, donde recibió la noticia de la revuelta judía, que desde Cirenaica se extendió por todo Oriente. Duró larebelión del 114 al 117. En el judaísmo palestinense de después de la destrucción del templo de Jerusalén por los Flavios existían dos tendencias: una partidaria de llegar a un compromiso con Roma, capitaneada por Rabbi Josue ben Anania; la segunda, nacionalista e intransigente, dirigida por Rabbi Aq¡ba, visitó las juderías del Mediterráneo orienta], Egipto, Cirenaica, Capadocia y Mesopotamia, haciendo una gran propaganda de sus ideas. Se eligieron, con ocasión de este viaje, unos cabecillas para dirigir las revueltas que debían estallar en todas partes al mismo tiempo. El momento estaba muy bien elegido, pues Oriente se encontraba sin ejército, ocupado entonces en la lucha contra los partos. Estalló primero la revuelta en Cirenaica, que como provincia senatorial no disponía de tropas; fueron asesinados gran número de romanos y griegos, y se destruyeron las vías de comunicación y varios edificios. La rebelión se extendió inmediatamente a Egipto. Los griegos se vieron obligados a refugiarse en Alejandría, después de haber sufrido muchas bajas. Se incendió el templo de Némesis, la tumba de Pompeyo y la sinagoga de Alejandría. En Chipre, Salamina fue arrasada. A comienzos del 117, T. envió con plenos poderes a 0. Marcio Turbón, en socorro del prefecto de Egipto, M. Rutilio Rufo, que había acudido en ayuda de Cirenaica. Auxiliado por los griegos, hizo una represión sin piedad. Cirenaica y Libia, como resultado de esta revuelta, se despoblaron. Muchos judíos buscaron refugio en territorios bárbaros y en el norte de África.
         
          El 13 dic. 115 Antioquía fue arrasada por un terremoto. En la primavera del 116, T. tomó Nísibis como base de operaciones, pasó el Tigris, ocupó Adiabena, Babilonia, Seleucia y Ctesifonte, y descendió hasta el golfo Pérsico. Pero la guerra no terminó, pues los arqueros persas a caballo intensificaron la guerrilla. Las ciudades conquistadas y pacificadas arrojaron las guarniciones romanas. Edesa fue de nuevo conquistada y arrasada, al igual que Seleucia del Tigris y Nísibis. La solución de T. a la crítica situación fue aceptar el vasallaje de Partamaspates y dar muerte a Sanatrucius, ambos cabecillas rebeldes y arsácidas. T. coronó en la llanura de Ctesifonte a Partamaspates. En Armenia fue coronado Vologese, hijo de Sanatrucius. El Emperador volvió con sus tropas hacia el Mediterráneo y luchó contra algunas localidades rebeldes, como liatra. La obra de T. en Partia se derrumbó en seguida, pues Partamaspates fue suplantado en el trono por un rey elegido por los partos, y arrojados los destacamentos romanos. En el 117, T., enfermo, entregó el mando de las tropas de Oriente a Adriano, legado de Siria, a quien adoptó como sucesor suyo, y emprendió el regreso a Roma, acompañado de su esposa, Plotina. En el camino, m. en Cilicia (S ag. 117).
         
          Política interior. T. se mantuvo siempre en excelentes relaciones con el Senado, encargado de ratificar la paz con los dacios y de declarar la guerra a los partos. Divinizó, para fortalecer su poder, a su predecesor Nerva, que le había adoptado como sucesor, y a su padre. A partir del 114, usó el título de Optimus, sólo aplicado a lúpiter. Se negó a considerar como leyes sus epistulae y mandata. Desarrolló el poder del consilium principis, encargado de ciertas causas penales, como los procesos por malversación de fondos de los gobernadores. Algunas disposiciones suyas parecen poco humanas, corno el permitir, en caso de asesinato del pater familias, la tortura de los testigos, no sólo esclavos o libertos por testamento, sino de libertos manumitidos, estando el patrón aún vivo. Otras disposiciones son muy humanas, como la prohibición de condena en contumacia, la disminución de la cárcel preventiva, la no condena en casos discutibles y el no uso de denuncias anónimas.
         
          Se rodeó de un equipo muy bueno de colaboradores, entre los que hubo muchos hispanos, como Adriano y L. Sura; y de juristas, como P. luvencio Celso y L. Neratio Prisco. Permitió que los niños abandonados, alimentados por otras personas, tuvieran el derecho de reivindicar la libertad, sin tener que pagar los gastos hechos con ellos; y que los padres que maltrataban a sus hijos los debían emancipar. Favoreció la manumisión de esclavos por fideicomiso. Fue enemigo de crear nuevos colegios; concedió, no obstante, la creación de algunos particularmente útiles, como el de los pistorum en Roma, y el de los labrum et centronianorum en Milán. Concedió atención especial al ejército y reunió a su lado excelentes generales como L. Sura, M. Turbón, L. Quieto y C. Parma. Creó dos legiones, la II Traiana fortis y la XXX Ulpia, y numerosas alas y cohortes. Los reclutamientos de soldados se hicieron en las provincias. Hispania dio gran número de soldados. Asentó muchos veteranos en las colonias, con lo que favoreció la toman¡zación como en Sarmizegetusa en Dacia, Pretorio en Panonia, Ulpia en Germania, Thamugadí y Cirene en África, etc. No fue pródigo en conceder el derecho de ciudadanía, salvo a los ex legionarios. Vigiló con mucho esmero la administración, sobre todo en las provincias imperiales, como se deduce de la correspondencia de Plinio el Joven. Castigó, como si se tratase de robo, la sustracción del dinero municipal. Obligó a los magistrados a realizar lo que habían prometido de candidatos.
         
          Durante su gobierno, se realizaron numerosas obras públicas. De la Hispania de estos años datan el puente de Alcántara, los arcos de Bará y de Cáparra, y la reparación de la red viaria. En Cerdeña, se restauró la calzada entre Casalís y Suleis. En Sicilia, se mejoraron los puertos. En la Galia, se construyó la fuente de Narbona, y se restauraron los teatros de Nemausus y Augustodunum, y los pórticos de Agedincum y algunas calzadas. En Germania inferior, reparó muchas ciudades y campamentos militares, uno de los cuales, Nimega, se convirtió en ciudad. Fundó la colonia Ulpia Traiana y abandonó Novaesium. En Germania superior, fundó la ciudad Ulpia Sueborum Nicretum. En Maguncia, se levantó un monumento en su honor. En Dalmacia y Mesia, se restauraron las vías. Se erigieron monumentos en Delfos y Olimpia. En Tracia, se repararon todas las vías y se crearon 11 ciudades en puntos importantes, como Nicopolis, Nicopolis ad Istrum, Sárdica, Pautalia, Augusta Traiana, etcétera. En África, se crearon varias colonias, como Concordia Ulpia Traiana Augusta Frugifera Hadrumentum, Ulpia Traiana Leptis Magna y Ulpia Marciana Traiana Thamugadi. En Thagura, se restauró el Capitolio; y en Mactar, se levantó un arco triunfal. En Asia, se reparó el puerto de Éfeso y se adornó el Artemisión con magníficas puertas. En Esmirna, terminó T. el acueducto comenzado por su padre. En Mileto, restauró el gimnasio y terminó el acueducto; también restauró la vía sagrada del Didimeo. En Pérgamo, se levantaron dos templos, uno en honor de T. y otro dedicado a Zeus. En Prusa (Bitinia), se construyeron unas termas, con pórtico y exedra. Nicomedia tuvo acueducto, se unió el lago con el mar mediante un canal, y se construyó un foro. En Nicea, se instaló un gimnasio; en Claudiopolis, las termas. En Siria, se renovó la red de carreteras. Antioquía tuvo un acueducto, un teatro y un ninfeo, y se restauró la ciudad después del terremoto del 115. En Egipto, se trabajó en el canal que unía el mar Rojo y el Nilo. Alejandría fue hermoseada con un arco en memoria de la guerra dácica. En Italia, se trabajó en la Vía Apia y en varios puertos, como Centunicellae, Terracina y Ancona. Se levantaron las termas de Centunicellae, y los acueductos de esta última localidad, del foro Clodio y de Rávena. De la Roma de época trajana son el foro que lleva su nombre, los mercados trajaneos, la basílica Ulpia, la biblioteca doble, latina y griega, las termas sobre la colina Oppio. Completó el circo Máximo y el Odeón, capaz para 10.000 personas. Restauró también la biblioteca augustea y el templo de Venus Genitrix en el foro de César. Reguló el cauce del Tíber para evitar inundaciones.

    M. BLÁZQUEZ MARTíNEZ.

    Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

    (Indice)

    Adriano, de Itálica, en Sevilla. (117-138)

    Adriano había nacido en la ciudad bética de Itálica, en el seno de una familia romana. Al quedar huérfano, fue adoptado por el emperador Trajano, costumbre muy habitual en la sociedad romana. Cuando Trajano falleció fue sucedido por su hijo adoptivo quien tomó el nombre de César Trajano Adriano Augusto. Quizá para asemejarse al primer Augusto buscó la paz como máximo objetivo por lo que finalizó la larga y sangrienta guerra contra los partos, abandonando el control de Asiria, Mesopotamia y Armenia. La disminución del territorio imperial provocó cierto descontento entre algunos miembros de la clase militar que se conjuraron contra el emperador. La conjura fue descubierta y los participantes castigados. De esta manera veía reforzada su posición y podía poner en marcha su programa. Uno de sus primeros objetivos sería conocer los problemas de los súbditos imperiales por lo que llevó a cabo una amplia serie de viajes por todos los confines del Imperio, haciéndose eco de las necesidades que le eran presentadas. En su cortejo viajaba un numeroso grupo de técnicos que ofrecían posibles soluciones a los problemas planteados. La Galia, Britania -donde levantó una muralla de 117 km entre el mar del Norte e Irlanda- y Germania fueron las primeras etapas del viaje, permaneciendo alejado de Roma por un período de dos años. África y Siria serían sus próximos destinos, poniendo fin a este periplo por Oriente en Grecia, el territorio más admirado por Adriano que se reconocía enamorado de todo lo heleno. Será en el año 134 cuando regrese definitivamente a Roma tras diversos viajes por la zona occidental del Imperio. Este momento de paz trajo prosperidad económica al imperio.. La paz que vivió Roma en estos años se vio alterada por la sublevación de Judea entre los años 131-134. La revuelta estalló porque Adriano prohibió la circuncisión y pensó fundar un santuario a Júpiter en el lugar del templo de Jerusalén. Tras varios años de sangrientos combates, la rebelión fue sofocada. Adriano también se interesó por las reformas administrativas y económicas. El Senado vio como sus poderes eran entregados al Consejo Imperial, dividiendo en diferentes ramas sus competencias y colocando al frente de cada área a un ministro, dependiente directamente del emperador. El consejo privado del emperador pasó a ser público y la hacienda sufrió importantes reformas. Como la mayoría de los emperadores, Adriano también dejó sus construcciones en la ciudad de Roma. Cerca del Tíber levantó un gigantesco mausoleo que será la base del castell Sant´Angelo. En las cercanías de Tívoli edificó una suntuosa villa que recibe el nombre de Villa Adriana donde recogió las reproducciones de las obras de arte que más le impresionaron durante sus viajes. Los últimos años del emperador fueron un continuo sufrimiento debido a los frecuentes ataques de melancolía, recordando la muerte de su querido Antinoo en el Nilo y el fallecimiento de su hijo adoptivo, Lucio Cejonio Cómodo Vero. Como sucesor eligió a Antonino Pío.


    (Indice)

    Marco Aurelio ? (161-180) El lugar de nacimiento no es seguro, de una familia de origen hispano. Su nombre era Marco Annio Vero, pero al ser adoptado por Antonino Pío (v.) en el 139 tomó el nombre de Marco Aurelio Antonino César (al ser adoptado recibió el de Marcus Aelius Aurelius Verus, cambiándolo al ocupar el trono su padre adoptivo). En el 145 casó con Faustina, hija de Antonino Pío, y en el 147 recibió el imperium (v.) y la tribunicia potestad fuera de Roma.
          Emperador. A la muerte de Antonino Pío fue proclamado Augusto. Asoció al poder a su hermano, por adopción de Antonino Pío, Lucius Aelius Commodus (antes Lucius Ceionius Commodus), que tomó el nombre de Lucius Aurelius Verus. Se estableció con ello una nueva forma constitucional: la existencia de dos Augustos con poderes colegiados, aunque con preeminencia para el senior M. A., único que ocupó el pontificado en el consulado; la adopción del título de patres patriae; la presentación al Senado y a los pretorianos (equivalente de la proclamación como imperatores); y el reparto de donativa y congiaria (donativos al pueblo en ocasión de ciertos acontecimientos). De igual modo, establecieron el culto de Antonino. Finalmente, Lucio Vero fue prometido a Lucila, hija de M. A. Este sistema colegial, típico del reinado de M. A., se mantuvo mientras vivió Lucio Vero (m. el 169) y se reemprendió con Commodo en el 177.
          El gobierno de M. A. siguió las premisas establecidas por Adriano (v.) y mantenidas por Antonino Pío que pueden ser calificadas de «despotismo ilustrado». Pronto se manifestaron pruebas de intranquilidad. Primero catástrofes como las inundaciones de Roma y el terremoto de Cizico, luego luchas fronterizas en Britania, el Danubio y Oriente. Las primeras fueron afrontadas con legados, y en Oriente intervino Lucio Vero (162-165). La campaña, nada brillante, fue de hecho dirigida a distancia por M. A. y en el terreno por los generales. Episodios principales fueron la reconquista de Armenia, y una campaña en Mesopotamia que permitió tomar Seleucia y Ctesifonte. La peste y el agotamiento de los partos aceleraron el tratado de paz (166), que representó un retoque ventajoso de la línea fronteriza y la reconstitución de Osroene (Nordeste de Mesopotamia) como Estado vasallo. Casi al mismo tiempo, cuando la peste se difundía en el Imperio acompañando el ejército victorioso, fue menester emprender una larga campaña en el Danubio.
          Campañas militares. En el 166 el problema desbordaba las posibilidades de los legados y fue necesaria una campaña de los dos Augustos. La peste impidió el inicio de las operaciones hasta el 167, en un momento en que los Alinari.
          Marco Aurelio entra triunfante en Roma. Museo Nuóvo nel Palazzo dei Conservatori, Roma marcomanos habían roto las líneas fronterizas, ocupado el campamento legionario de Carnuntum (actual Petronell austriaca) y alcanzado en Italia Aquileya y Opitergium (Oderzo). Con dificultad se reclutaron nuevas tropas (dos legiones en Italia) y otras se trasladaron de frentes menos comprometidos. Con base en Aquileya, el ejército expulsó las últimas bandas invasoras del territorio italiano y marchó a Panonia. Muerto Lucio Vero (169), la campaña se reanudó. Con grandes sacrificios económicos (M. A. vendió en subasta el ajuar de los palacios imperiales) se reclutaron nuevos grupos de auxilia.
          Los costobocos alcanzaron Grecia y saquearon el santuario de Eleusis. Incluso las ciudades de Tracia y Dalmacia se sintieron amenazadas y construyeron murallas rápidamente. La campaña del 170 se dirigió no sólo contra cuados y marcomanos sino también contra los yacigos de Dacia. En el 171, las operaciones se extendieron a Retia y al Nórico, donde actuaban nuevas bandas de bárbaros que inútilmente intentaron penetrar en Italia. Sólo en el 172, con base en Carnuntum, M. A. pudo tomar la iniciativa de las operaciones y extenderlas al N del Danubio, ya en territorio enemigo. Varios prodigios, «el rayo» y la «lluvia milagrosa», señalaron la protección divina sobre el ejército romano. Estos episodios serían recogidos más tarde por la apologética cristiana, puesto que no debían ser escasos los cristianos entre las filas imperiales. Las operaciones del 172-173 señalaron el fin de la lucha contra los cuados. Otras operaciones, con base en Sirmio (actual Sremska Mitrovica), se dirigieron contra los marcomanos.
          Nuevos pueblos, como los vándalos asdingos, intervinieron en la guerra. Finalmente, los marcomanos, aprovechando las inquietudes que despertaba el estado de Oriente, consiguieron la paz. Varios grupos de vencidos se establecieron en el Ilírico e incluso en Italia. Ante la magnitud de este conflicto pierden importancia otros no menos graves como las expediciones de piratas mauritanos (171-73 y 176) en Bética y Lusitania, el desarrollo de la piratería y el bandidaje o la inquietud en Britania. Bandidos, desertores, desheredados y descontentos de la política económica sembraron la intranquilidad en la mayor parte de las provincias del Imperio.
          Con ser estos hechos graves, lo era mucho más la situación en Oriente. Revueltas en Edesa y Armenia, bandidaje en Egipto y, finalmente, el intento de usurpación del legado de Siria Avidio Casio (175), provocado por la falsa noticia de la muerte de M. A. No fue necesaria en este caso una guerra civil, pues las tropas del usurpador, conocida la noticia de que M. A. seguía en vida, se apresuraron a darle muerte. Pese a la tradición de la benignidad de M. A. no faltaron las ejecuciones ni las confiscaciones. A partir de entonces, nadie obtuvo gobiernos en las provincias de donde era originario. M. A. descansó en Oriente en los a. 175-176. Durante ellos alternó con los intelectuales allí residentes y se inició en los misterios de Eleusis. De nuevo en Roma (177), concedió como congiario extraordinario 800 sestercios y asoció al trono a su hijo Commodo. En el mismo año, tuvo que iniciar otras operaciones en el Danubio. Parecía decidido, ya que Marcomania y Sarmacia se incorporarían al Imperio como nuevas provincias, pero su muerte (18 mar. 180) señaló el fin de estos proyectos.
          Ideología y política de Marco Aurelio. La figura de M. A., «Emperador filósofo», ha sido interpretada de modo bastante distinto de la realidad. Su actuación no siempre coincidió con lo que debía ser el comportamiento del Emperador. Como gobernante fue sumamente realista. El respeto formal a la autoridad del Senado no significó en modo alguno una cesión de la propia. Escogió personalmente los candidatos al Senado y permitió el acceso a quienes le merecían absoluta confianza. La intervención del Emperador en la administración se manifestó tanto con los iuridici per Italiam, que en realidad se remontaban a Adriano, como en los curatores de las finanzas municipales. Si en este sentido fue renovador, sus ideas eran conservadoras, dentro de la doctrina adrianea. No tuvo preconceptos respecto a los provinciales, singularmente los orientales, que hicieron espléndidas carreras, e incluso concedió facilidades a quienes procedían de las clases de tropa. A pesar de ello fue protocolario, como demuestra la generalización de títulos distintivos, clarissimi, para las familias senatoriales, y perfectissimi o eminentissimi, para las ecuestres.
          Su idea de la política social se circunscribió a la beneficencia, puellae Faustinianae, y a los préstamos a largo plazo a los pequeños agricultores. En economía tendió principalmente a reducir gastos superfluos, singularmente en los espectáculos públicos (ley gladiatoria de Italica). Impuso las diferencias entre ciudadanos y no ciudadanos con la obligación del registro civil incluso en Roma. En los gastos militares solicitó, protocolariamente puesto que no le habría sido negada, la autorización del Senado y emprendió las campañas ciñéndose al viejo, y casi olvidado, ritual religioso.
          De no escasa cultura jurídica, se preocupó de reformar la legislación y el procedimiento, pero su estoicismo nole indujo a proclamar medidas especialmente protectoras de los esclavos, p. ej., la tortura en los juicios, aunque prohibió se les obligara a actuar como gladiadores. Más que las libertades y situaciones individuales le preocuparon las colectivas.
          Curiosa en grado sumo es su política religiosa. Sus ideas chocan especialmente con los hechos. En primer lugar, protegió la religiosidad tradicional, pese a no creer en ella; se opuso a las religiones orientales, pese a haber sido iniciado en los misterios eleusinos, quizá por cuanto contaba en ellas el uso de prácticas mágicas. Más sorprendente es su oposición al cristianismo. La represión se agravó durante su reinado en cuanto que el uso habitual de la pena del destierro fue sustituido por la pena de muerte. Tal fue el caso de S. Justino y compañeros en Roma (167) o de los mártires de Lyon (177), en un momento en que la polémica entre filósofos como Celso y apologetas era especialmente manifiesta. Propiamente no hubo persecución general, que sepamos ningún Papa fue molestado, sino local, singularmente en el Oriente griego.
          Otra crítica, habitual en la vieja historiografía, es la designación como sucesor de su origen a Commodo, considerado indigno, apartándose de la casi centenaria política de adopción. En realidad, aparte de cuanto pudiera haber de conveniente y ventajoso en un gobierno colegiado que recordaba la vieja práctica consular, la necesidad de una política dinástica era inevitable ante los deseos y sentimientos tanto del ejército como de una parte considerable de la población del Imperio, que en modo alguno hubiera tolerado que el hijo legítimo hubiera sido desposeído frente a un hijo adoptivo. De otra parte, las numerosas hijas de M. A. habían establecido una red de enlaces familiares que, como se ha apuntado, sólo era comparable a la de los Julio-Claudios (Garzetti) y podía haber creado análogos problemas sucesorios en el caso de faltar una clara designación.

     

    ALBERTO BALIL
     Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

        
    (Indice)

    Magno Clemente Máximo (383-388) Emperador romano (usurpador). En los últimos días del Emperador Graciano, las legiones de Britania proclamaron Emperador al español Clemente Máximo, que tras breve y simulada resistencia aceptó el cargo, y pasó a las Galias al frente de 130.000 hombres. Huyó Graciano a Lugdunum (Lyon) con pocos de sus partidarios, y fue muerto en una emboscada, dúdase si por orden de Máximo, cegado entonces por la ambición, aunque le adornaban altas prendas. El tirano español entró victorioso en Tréveris, y su compatriota Teodosio, que estaba lejos y no podía acudir a la herencia de Graciano, tuvo que tratar con él y cederle las Galias, España y Britania para evitar mayores males. Corría el año 384. Máximo era muy celoso de la ortodoxia católica, e hizo convocar un Concilio en Burdeos para tratar del problema del hereje español Prisciliano. Este fue convicto de crímenes comunes, se le abrió nuevo juicio, y finalmente fue condenado a muerte y decapitado con varios de sus colaboradores. Máximo fue finalmente derrotado por el Emperador Teodosio, que reunió bajo su poder ambas secciones del Imperio Romano, el Oriente y el Occidente.

    (Indice)

    Teodosio el Grande, de Coca, en Segovia.(379-395). 

    Flavius Theodosius, emperador romano, n. en Cauca, hoy Coca (Segovia) el 11 en. 347 (según algunas fuentes habría nacido el 330 ó el 335). M. en Milán el 17 en. 395. Los antecedentes de su familia son poco conocidos, aunque se sabe que era hijo del distinguido general Teodosio, llamado generalmente el Viejo para diferenciarlo de su hijo, y que pertenecía a una familia cristiana, posiblemente influyente. El ambiente familiar es sin duda el de los propietarios latifundistas de la Meseta. Se ignora el nombre de la madre, pero su tío Eucherius ocupó cargos notables tras su elección para el trono imperial.
         
          Fue exclusivamente militar; se inició a las órdenes de su padre en la campaña de Britania. Fue nombrado después dux de Moesia, donde se distinguió (a. 374) luchando contra los sármatas. Poco después, como consecuencia de la ejecución de su padre, se retiró a sus propiedades en España, en donde casó ca. el a. 376 con Aelia Flaccilla. El a. 378 d. C. fue llamado por el emperador Graciano. T. pretendía descender de Trajano (v.), lo cual es improbable. Algunos autores hablan de semejanza física, pero, al contrario de Trajano, T. era rubio, distinguido y como única coincidencia con aquél tenía nariz aguileña. Los retratos de T. que han llegado hasta nosotros no abonan esta pretendida semejanza. La elección de T. como emperador, de carácter enigmático, puesto que le eligió como colega quien pocos años antes había ordenado la ejecución de su padre, fue resultado de un acuerdo entre senadores y cortesanos de origen hispano o galo. De su carácter se destaca su desconfianza y veleidad, su ironía y sarcasmo. Dado su temperamento violento, seguían a sus excesos de crueldad otros de arrepentimiento. Aunque de escasa salud, sorportaba a gusto la vida de campaña, pese a sus escasas dotes tácticas y estratégicas, y gustaba de ser popular entre los soldados y cuantos solicitaban de él favores. Amaba al mismo tiempo la vida muelle y suntuosa. Tenía un alto concepto de sus deberes como príncipe y como cristiano, aunque era fácilmente influenciable y propenso tanto a la represión exagerada como a la indulgencia injustificada.
         
          Una vez elegido emperador se trasladó a Sirmio. De allí, en compañía de Graciano, se dirigió al frente para intentar alguna operación contra los godos. Obtenido algún éxito ambos augustos se separaron y T. estableció su residencia en Tesalónica. Tras pactar con un tránsfuga, Modares, consiguió la retirada de los godos. Este primer episodio anuncia ya la política pactista que T. llevaría a cabo durante su reinado. Ante las necesidades del ejército romano intentó establecer un reclutamiento intensivo, acompañado de la aceptación de federados godos que fueron trasladados al frente persa en sustitución de las unidades romanas. Al mismo tiempo promulgó severas leyes para resolver el problema de quienes rehuían el servicio de armas y reducir el personal de las oficinas militares. No permaneció inactivo frente a las expediciones bárbaras en los Balcanes durante el a. 380, y este periodo fue acompañado de una gran actividad legislativa sobre temas religiosos u organización burocrática.
         
          Tras solicitar refuerzos de Graciano regresó a Tesalónica, donde cayó gravemente enfermo. Fue en el curso de esta dolencia cuando recibió el bautismo, según la costumbre de la época que dilataba, entre cristianos, la recepción de este sacramento. Recuperado, decidió trasladarse a Constantinopla y establecer allí su capital.
         
          Aprovechando la discordia entre los godos consiguió la paz, estableciéndolos como federados en territorio romano al sur del Danubio. Por el mismo tiempo, Graciano acordó una paz análoga con los godos de Panonia. En adelante, soldados romanos y godos debían contribuir a la defensa del frente danubiano.
         
          Contento con esta paz, que disgustó al mundo romano, T. multiplicó su actividad legislativa y amplió el escalafón burocrático. Estableció leyes suntuarias y protocolos y se preocupó de la moral privada en una curiosa amalgama de severidad y sentimentalismo. Su política religiosa fue de apoyo decidido al cristianismo, que fue declarada religión oficial.
         
          El asesinato de Graciano a manos del general Máximo, y la proclamación de éste, lejano pariente de T., como emperador en Occidente, tuvo como primera consecuencia que T. proclamara augusto a su hijo Arcadio. La política de T. a partir de aquel momento debía orientarse a la protección de los derechos imperiales de Valentiniano Il, menor de edad y protegido de S. Ambrosio. Con su prudencia habitual, T. no se precipitó en iniciar la guerra y prefirió dilatarse en embajadas. El a. 384 nació Honorio, al año siguiente murieron la emperatriz y su hija Pulqueria. Durante este periodo la actividad legislativa aumentó, intentando resolver con el aumento de las penas los abusos siempre crecientes de los gobernadores, la crisis económica de las ciudades, el incremento del número de los delatores o el matrimonio entre consanguíneos. Al mismo tiempo, la presión fiscal se acentuó paralelamente al aumento de los gastos de la corte. Los desórdenes y los motines se acentuaron. La represión fue severa y, tras ella, profundo el pesar de T. Con la habitual política pactista se solucionó momentáneamente el problema persa. A ello hay que añadir algunos pequeños triunfos sobre los godos, resultado de la decisión de los generales más que de la voluntad de Teodosio.
         
          El problema de Máximo continuaba en pie, mientras Valentiniano t l seguía aguardando en Constantinopla el momento de su regreso a Milán, y sólo la ocupación de Panonia por las tropas de Máximo decidió a T. a emprender la campaña (verano del 388). Ésta fue de una facilidad tal que sorprendió en Constantinopla. T. se estableció en Milán y Valentiniano lI marchó a las Galias para hacerse cargo de sus estados. Una de las primeras medidas de T. fue abrogar las leyes de Valentiniano II a favor de los arrianos. El a. 389 celebró T. su triunfo en Roma y, como concesión a las circunstancias ambientales, confirió notables distinciones a los miembros más destacados de la reacción pagana.
         
          Durante este periodo continuó la actividad legisladora de T., ocupándose de los temas más diversos según le dictaba su afán detallista. Como en etapas anteriores, los sectores beneficiados fueron la jerarquía eclesiástica y los grandes propietarios rurales. La revuelta de Tesalónica (a. 390), duramente reprimida, dio lugar a una intervención de S. Ambrosio. En Constantinopla, donde permanecía Arcadio como augusto, se sumaron a los problemas de gobierno la discordia en la familia imperial, singularmente el desacuerdo entre el joven emperador y su madrastra Gala. Sólo el regreso de T. el 391 calmó un tanto los ánimos. Por el camino emprendió una campaña, poco brillante, contra los godos que ocupaban Tracia. Una vez más el escaso talento militar del emperador fue compensado por las dotes de sus generales. Fue asimismo en este momento cuando sealzó la estrella de otro militar, el vándalo Estilicón (v.), que debía jugar un papel importante en años sucesivos. Después tuvo lugar el asesinato de Valentiniano II en las Galias y la proclamación de un usurpador, Eugenio.
         
          Emperador único y sin reconocer la alianza que le ofrecía Eugenio, T. designó augusto a Honorio en en. del 393 d. C. La lucha adoptó el carácter de una «guerra de religión», en la que las leyes de tolerancia de Eugenio, señor de Italia, recibían la respuesta de las constituciones antipaganas y antiheréticas de Teodosio. Sólo el 394, debido a las presiones de Gala, T. decidió acompañar la actividad legislativa de medidas militares. Eugenio decidió defender las fronteras de Italia en los Alpes Julianos. La lucha fue durísima. El ejército romano de Occidente fue aniquilado y el de Oriente sufrió pérdidas muy graves (batalla de Rapidum, 5-6 de sept. del 394), hasta el extremo que, no injustificadamente, se ha visto en estas pérdidas la causa de la insuficiencia militar del ejército romano frente a las grandes invasiones bárbaras del s. V d. C.
         
          La victoria dio lugar a un nuevo conflicto entre S. Ambrosio y T., pues en Roma éste y sus altos funcionarios acentuaron las medidas contra los paganos. No puede hoy precisarse hasta qué extremo intervino en ello la fe y hasta cuál la represalia frente a la política de Eugenio y la adhesión de los paganos a la misma. La campaña del 394 afectó gravemente la salud de T., siempre mediana, que enfermó en Milán. Las fuentes hablan de hidropesía, lo cual no es una enfermedad, sino un síntoma. M. el 17 en. 395 d. C. En su testamento confirmó a Arcadio en sus antiguas provincias de Oriente y al joven Honorio en las de Occidente. En funciones de virrey quedaba el fiel Estilicón, sin duda el más fiel intérprete de su política.
         
          La actividad legislativa de T. es tan abundante como ocasional. Atendió más a los detalles que a las grandes líneas. Dadas las características de su reinado, benefició más a Oriente, singularmente a Constantinopla, que a Occidente. Fue fiel intérprete de los intereses de su clase, los grandes propietarios, a quienes benefició con sus leyes. Careció de dotes administrativas, singularmente financieras, aumentando innecesariamente los gastos de corte y los escalafones. Quizá sean injustas las críticas a su política de ampliación de las fuerzas armadas; no fue el único soberano de su tiempo que no supo evitar o atenuar los roces entre ejército y administración. Su concepto de la «monarquía carismática» no le ayudó a cumplir sus deberes, pero todo juicio debe tener en cuenta las circunstancias de su vida y las corrientes de pensamiento dominantes. Es difícil juzgar hasta qué punto supo, o no supo, conjugar su fe como cristiano y sus deberes como emperador. Las fuentes sobre su reinado no son escasas, pero sí parciales y excesivamente incisivas en aspectos que reflejan más al hombre que al soberano. Por ello su política frente a los bárbaros se ha presentado, probablemente con común exageración, tanto como signo de debilidad como reflejo de una política superior de integración de los bárbaros en el mundo romano.

    ALBERTO BALIL.

    Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

     

    El historiador romano Claudiano dice: El oriente gemía bajo los carros de los godos; aquellos hombres de color extraño, los rubios escuadrones, cubrían la llanura de la Tracia; todas las glorias de Roma iban a apagarse si Teodosio no hubiera venido a sostener el edificio que se derrumbaba, y con mano firme no hubiese salvado el náufrago navío. Teodosio no sólo vence a los godos, sino que a la vez obtiene un triunfo moral sobre los bárbaros cuando su caudillo, Atanarico, le pide protección y es recibido en Constantinopla. Su apoyo al Cristianismo en contra del paganismo le hizo muy popular en la Antigüedad, aunque en tiempos modernos se le ha tachado de fanático, entre otras cosas quizá por su decisión de abolir las Olimpíadas. "Nuevo Moisés que destruye el becerro de oro", en frase de San Gregorio de Nisa. Y el obispo de Milán, San Ambrosio, se expresa así en su oración fúnebre De obitu Theodosii oratio: "He amado a este hombre lleno de misericordia, humilde en el tono imperial, de espíritu puro y de corazón sencillo. He amado a este hombre que se inclinaba más a sus censores que a sus aduladores. Despojándose de toda la pompa real que constituía su ornato, lloró públicamente en la iglesia su pecado, al que había cedido prestando oídos a engañosos consejos, y entre suspiros y lágrimas suplicó ser perdonado. De aquello de que se avergüenzan los particulares, no se avergonzó el emperador: De hacer penitencia pública. He amado al hombre que en sus últimos instantes, con el postrer aliento, requirió mi presencia a su lado. He amado al hombre que, cercana ya la descomposición de su cuerpo, preocupábase más de la situación de las Iglesias que de sus propios peligros. Lo he amado y así lo proclamo..."

    (Indice)

    Honorio (395-423)
    Emperador romano de Occidente (395-423), hijo segundo de Teodosio el Grande, su designación significó la disgregación definitiva del Imperio en dos partes, Occidental y Oriental. Durante su minoría ejerció la regencia el general bárbaro Estilicón, el cual rechazó a los vándalos, aunque cayó luego en desgracia del emperador, quien le mandó asesinar (408). No pudo impedir la entrada de los visigodos, dirigidos por Alarico, que saquearon Roma (410) y se instalaron en la Aquitania, mientras los vándalos penetraban en España.

    (Indice)

    Arcadio (395-418) en Oriente

    (Indice)

    Valentiniano III de Occidente (425-455), hijo de Gala Placidia.

    (Indice)

    Teodosio II de Oriente (408-450), hijo de Arcadio

    (Indice)

Mujeres del Imperio:
    (Indice)

    Gala Placidia (388-450): Hija de Teodosio y esposa de Ataulfo, y más tarde esposa del emperador Constancio.

Políticos:

    El gaditano Lucio Cornelio Balbo, conocido como Balbo el Mayor, alcanzó los más altos puestos durante el Imperio Romano siendo el primer extranjero que llegó a ser Cónsul de Roma en el año 40 a.C.

    Desde que los romanos en sus guerras con los cartagineses conquistaron Andalucía entre los años 211 que entran en Cástulo (Linares), y el 207 que toman Gades, el antiguo reino de Tartessos pasa de la alegría por la expulsión de los ocupantes cartagineses, a la constatación de que los romanos no eran libertadores sino nuevos amos que pretenden las ricas minas y campos de nuestra tierra. Así se produce el levantamiento en el año 197 a. C. que duraría hasta que el general Catón con nuevas legiones acabara con la resistencia andaluza en el 194 a.C., y desde la pretura de Tiberio Graco en el 179 ya no se conocen más problemas romanos en Andalucía.

    Convertida en la provincia Hispania Ulterior, y luego durante Augusto en la Bética, (ver mapa en la imagen), Andalucía destacará pronto dentro del mundo romano por sus aportaciones materiales y humanas al Imperio.

    Entre estas destaca Séneca, y los emperadores Trajano y Adriano, de origen romano pero asentados en nuestra tierra, y sobre todo y por su origen púnico andaluz, y no romano, el político y militar Lucio Cornelio Balbo.

    Balbo, nació en Gades (hoy Cádiz), en el año 97 antes de Cristo, miembro de una poderosa familia de origen fenicio enriquecida por el comercio.

    Durante la guerra sertoriana (80-71 a.C.), Gades y con ella Balbo, se puso al lado de la legalidad vigente de Metelo frente a la oposición demócrata de Sertorio. Cuando Pompeyo se hace cargo del ejército republicano en el año 76, Balbo se une a él, y poco después obtiene la ciudadanía romana extensible a toda su familia gracias a la Lex Gellia Cornelia, (72 a.C.), tomando Balbo el gentilicio romano de Cornelio, siendo admitido entonces en la Orden Ecuestre, donde se reunían los miembros más poderosos de la sociedad romana.

    Su encuentro con Cayo Julio César que vino a la Bética como cuestor en el 69 a.C., sería crucial para su futuro ya que se convierte en consejero y amigo del futuro dictador, confirmada con el regreso de César a la Bética, ahora como propretor de la Hispania Ulterior en el año 61, proporcionando Gades un gran apoyo a la flota romana en su campaña de Lusitania, donde Balbo ya era praefectus fabrum o oficial de la plana mayor de César.

    En el 60 a.C. Balbo ya aparece en Roma como hombre de confianza de Julio César, y contribuyendo al acuerdo que facilitó el triunvirato entre César, Pompeyo y Craso. En esta época conoce a Cicerón, y el historiador Teófanes de Mitilene, protegido de Pompeyo, lo protege y apoya.
    En el 59 marcha junto a César a su campaña de las Galias siendo su enlace con Roma adonde viajaba continuamente para mantener informado a César de los acontecimientos políticos en la capital. Estos años de trabajo duro, de financiar con su fortuna las campañas romanas, y de creación de un auténtico servicio secreto al servicio de Julio César, le proporcionan un papel fundamental en la política romana del momento, siendo el artífice del pacto entre Pompeyo y César en el año 56 a.C. (Pacto de Lucca), tanto poder le acarrea problemas con los enemigos de César que le acusan de usurpar la ciudadanía romana abriéndose un proceso en el que fue defendido por Cicerón con su famoso discurso Pro Balbo, tras ser absuelto las relaciones entre César y Pompeyo se deterioraron hasta desembocar en la guerra entre ellos.
    Derrotados los pompeyanos en Munda (45 a.C.) César por mediación de Balbo otorgó la ciudadanía romana a todos los gaditanos, y aparece en la historia su sobrino Balbo el Menor, también llamado Lucio Cornelio, que se distinguiráa en el ejército romano.
    De vuelta a Roma y tras el asesinato de César en marzo del 44, Balbo organizó un partido cesariano en apoyo de Octavio frente a Marco Antonio, cuando ambos llegan a un acuerdo en el año 40, Balbo fue honrado con el consulado, siendo el primer no itálico en conseguirlo. Retirándose poco después de la política activa apoyando a su sobrino Balbo el Menor, sin que se conozca la fecha de su muerte.

    BIBLIOGRAFIA:
    MORENO ALONSO, Manuel. Historia de Andalucía. Ed. Cajasur. 1995.

    (Indice)

    Balbo el Menor (nacido en el 80 a.C.), se distinguió en las campañas cesarianas de Egipto, Oriente, Africa e Hispania, fue cuestor de la Hispania Ulterior en el año 44 a.C., y luego quattorviro, propretor, ingresando después en el Senado y nombrado procónsul de Africa donde obtendría una gran victoria sobre la tribu sahariana de los garamantes, llevando un gran botín a Roma en el año 19 a.C. siendo el primer general extranjero en hacerlo. Construyó varios edificios públicos en Roma y en Gades ensanchando la ciudad y su puerto, y escribió un tratado sobre cuestiones religiosas llamado Exegeticon, y una tragedia, Iter. Como su tío no conocemos la fecha de su muerte. Otro Balbo conocido fue Cornelio Novano Bebio Balbo que destacó en el ejército imperial y fue flaminado provincial.

    (Indice)

Banquero:
    Sexto Mario: Famoso millonario y banquero.

    (Indice)

Deportista:
 
    Diocles de Lusitania:
       De Diocles de Lusitania quedan dos documentos epigráficos. Un texto de Roma, ciudad de sus   triunfos,  y otro de Praeneste (Palestrina), donde decidió retirarse hasta el fin de sus días. El texto de la primera puede verse en el Corpus Inscriptiorum Latinarum, VI, núm. 10048. El de la segunda en XIV, núm. 2884.
     En ellos se resume la trayectoria profesional del agitator o auriga C. Apuleius Diocles,  natione hispanus lusitanus. El lugar específico de su nacimiento no consta en ninguno de los documentos, pero se deduce de ellos que nació en el año 104 d.C. y que comenzó su trayectoria a los 18 años y se retiró a los 42, en el 146 d. C. con el título de mejor auriga de la historia.
     La lápida de Roma, erigida por sus admiradores, debió levantarse en el circo de Calígula, cerca del actual Vaticano, lugar de sus grandes triunfos. En ella aparecen detalladas todas sus victorias y cada uno de los premios que le reportaron sus 24 años de carrera. Resumiendo: Diocles ganó 1462 carreras, corriendo 4257. De ellas ganó 110 “a pompa”, o sea, carreras iniciales, las más importantes, que seguían a la procesión del principio del espectáculo.
      A lo largo de su vida fue fichado como auriga por las cuatro facciones o equipos en que se dividían la afición a las cuadrigras: Albata (blanca), Veneta (azul), Praesina (verde) y Russata (roja), ganando decenas de carreras para cada una. Era preciso levantar acta en piedra de sus logros, jamás igualados, y era necesario que tal acta se alzase a la vista de todos, en el circo donde Diocles debió de correr infinidad de veces para entusiasmo de sus seguidores.
     Su fortuna en premios alcanzó la cifra de 35. 863. 120 sextercios, nunca antes igualada.
     La lápida de Roma detalla minuciosamente las victorias de Diocles y sus records,  lo que hace pensar que la afición a las estadísticas deportivas es muy antigua y no sólo actual. No se conoce otro auriga con sus marcas a lo largo de la historia romana (la lápida de Roma es, en su mayoría, un farragoso texto de números de victorias referentes a su vida profesional).
     De su muerte no se sabe nada. Se piensa que murió en Praeneste, rico y con buena posición social, basándonos en el texto segundo que nos queda de su vida. Dejó dos hijos, chico y chica, de los cuáles quedan sus nombres en la segunda estela.

     TEXTO SACADO DE “ Veinticinco estampas de la España Antigua”,  Antonio García y Bellido. Editorial Espasa-Calpe, colección austral, 1967.
    (Colaboración de Alejandro Carneiro, de El Ferrol, España. Nombre de cybernauta: "Piteas")

 
 

Escritores:

    Marco Anneo Séneca, el Retórico, de Córdoba. (61 a. d. C.-32 d. C). Escribió diez volúmenes sobre oratoria, Las Controversias. También Historia Imaginaria de 74 casos legales, en que analiza la teoría y práctica del Derecho Romano.

    (Indice)

    Lucio Anneo Séneca (4a.d.JC-65 d JC)

    Nota característica de las aetas argentea de la civilización romana es que la mayor parte de sus hombres ilustres son españoles, y principalmente andaluces. Lucio Anneo Séneca (¿2?-65), cordobés, hijo de Marco A. Séneca, el retórico, poseyó acaso la inteligencia más extraordinaria de este período literario. Después de una vida accidentada, ora condenado a muerte por la envidia de Calígula, ora recogiendo misterios en Egipto y enseñanzas en Grecia; calumniado de adúltero por Mesalina; desterrado por Claudio en conmutación de una segunda pena de muerte impuesta por el Senado; vuelto ocho años después a Roma para instruir a Domiciano; elegido por Agripina para que su hijo saliese de la niñez aconsejado por tal maestro; cuestor, cónsul: preceptor de Nerón; acumuló grandes riquezas y excitó la envidia de su discípulo el emperador. Séneca, temiendo por su vida, hizo donación de su hacienda al tirano: mas ya era tarde, fue condenado a muerte y sucumbió a la asfixia, después de fracasar la rotura de las venas y la absorción de la ponzoña. Aquel cuadro del sabio dictando sus últimos consejos a los discípulos y [10] consagrando a la divinidad su último aliento, recuerda la muerte de Sócrates, preludio de la tragedia del Calvario.

    Las obras filosóficas de Séneca son doce, a saber: De Ira, libri III; De consolatione ad Helviam matrem liber, notable por el vigor y hermosura del discurso; De consolatione ad Marciam, una de las más elocuentes y sentidas composiciones de Séneca; De Providentia, en que trata la eterna cuestión del triunfo del mal en la tierra y aconseja a los desgraciados la medicina del suicidio; De consolatione ad Polybium liber, de dudosa autenticidad; De animi tranquilitate ad Serenum; De constantia sapientis; De clementia ad Neronem Caesarem, celebrando la piedad y abominando del rigor: De Brevitate vitae ad Paulinum, considerando que la vida humana es larga para el sabio y sólo breve para quien la malgasta; De Vita beata, donde se establece que el soberano bien reside en la virtud y no se opone al disfrute de riquezas legítimamente adquiridas; De Otio sapientis, obra de difícil y delicada labor, y De Beneficiis, tratando el modo de hacerlos y de aceptarlos. Al mismo grupo podrían agregarse las ciento veinticuatro Epístolas ad Lucilium, reputadas por uno de los libros más excelsos de la antigüedad.

    En Séneca se admira siempre la profundidad del pensamiento y la dignidad, a veces exagerada, del estilo. Sus aforismos presentan algo de vivo, se aplican a la crisis, a los dolores de cada día; se esculpen en el alma y el hombre se siente y se reconoce en su expresión.

    Las ideas filosóficas del gran andaluz y la solemnidad de su lenguaje, despiden reflejos de amargura, matices de aquella inmensa tristeza que abrumaba las almas entre los horrores de la orgía imperial.

    Séneca tiende a reducir la filosofía a la moral. Diderot considera que «no ha podido la antigüedad legarnos un curso de moral tan grande como el suyo»; en fin, se alza tan insigne pensador y moralista, sintetizando a su modo el estoicismo y el cristianismo, que los Padres lo tuvieron por su precursor e incluyeron sus máximas en los textos [11] cristianos. De todas suertes, se nos antoja el único filósofo del imperio romano. Es verdad que Marco Tulio estudió filosofía, pero ¿qué revelación trajo? ¿Dónde están sus discípulos? ¿A quién enseñó a vivir ni a morir?

    Con viriles acentos proclama Séneca la fraternidad humana: «¿Son esclavos? Di que son hombres. «¿Son esclavos? Lo mismo que tú. El que llamas esclavo nació de la misma simiente que tú... cual tú vive y muere» (Ad Luc).

    La originalidad del pensamiento de Séneca estriba en su anhelo de llegar al conocimiento y a la perfección por sí mismo. No rehuye el maestro, no desprecia el libro, pero «nuestros maestros no son nuestros dueños, sino nuestros guías; la verdad patente a todos, por nadie se agota y aún hemos de dejar mucha a nuestros sucesores.» (Ep. XXXIII.)

    El sabio es superior a los dioses: éstos son buenos por naturaleza, el sabio se hace bueno. Mas, aun estimando su propia alteza, se puede saber sin infatuarse: «licet sapere sine pompa, sine invidia». (Ep. 103.)

    La razón es la revelación divina; la filosofía está en nosotros y consiste en conocer las cosas, no en jugar con los vocablos, non est philosophia populare artificium, nec ostentationi paratum: non in verbis, sed in rebus est; así el conocimiento propio eleva el alma a lo absoluto. Dios se muestra en la conciencia, y viéndose el individuo en su razón suprema, se convence de la inmortalidad. No podemos, pues, calificar a Séneca de mero sectario de Zenón. Irá su reflexión a análogas conclusiones, pero va por su propia indagación; como coincidente, no como discípulo, porque no ha llegado por la senda de la enseñanza, sino por su individual y primitiva lucubración. Bien claro lo expresa en De Vita Beata: «Cuando digo nuestra doctrina no me sujeto a la de ninguno de los estoicos principales, porque también yo tengo libertad.»

    Se ha opinado que Séneca se parece a Schopenhauer porque para ambos el mundo es un conjunto de apariencias sometidas a determinismo; la verdad consiste en nuestras percepciones reales e inmediatas; la voluntad [12] individual, la Voluntad absoluta determinándose en cada uno, y la filosofía preparan a la muerte, que es la liberación. Pero Séneca, fundiendo la Voluntad y la Razón, no llega al desconsuelo de la indiferencia, sino, sobreponiéndose a las miserias terrestres, se prepara para una existencia superior. Nuestra alma viene de Dios, habita en nosotros, vino al mundo para purificarse, pero tiende hacia arriba. Desde todos los puntos se puede mirar al cielo. Así fue el primer filósofo romano que enseñó a vivir y a morir, aun hallando preferible no haber nacido (ad Lucilium). De todas suertes, hay que confesar que pocos escritores han dejado huella tan honda como Séneca en la memoria y en la conciencia de la humanidad.

    Un literato francés confiesa lo que su teatro nacional debe al poeta andaluz diciendo: «C'est de Sénèque, à beaucoup d'égards que relève particulièrement la tragédie française». En la Medea (Acto II, vs.-371-5) se estampa la rotunda afirmación, que traduzco, de la existencia en nuestro planeta de nuevos e ignotos continentes, como si fuera predestinación geográfica e histórica del genio andaluz presentir la invención del mundo americano.

    Tiempo vendrá, pasados muchos siglos,
    En que rompa el Océano sus lindes,
    En que Tetis descubra nuevas tierras
    Y no sea Thule el término del mundo.

    La obra científica de Séneca es la intitulada Cuestiones de Historia natural (Quaestionum naturalium, libri VII), curiosa producción en que se mezcla la física y la moral, con seria intuición de la unidad de la esencia.

    Contemporáneo de Séneca, discípulo de los pitagóricos y natural de Cádiz, brilló Moderato, autor de Lecciones pitagóricas, obra distribuida en diez libros, de que sólo nos quedan tres fragmentos conservados por Estobeo en su Florilegio. Gozó de sólido prestigio en su tiempo, vir eloquentissimus le apellidó San Jerónimo: Mr. Fouillé estima su intento de conciliar a Platón con Aristóteles, [13] ideal de toda la filosofía hasta los tiempos modernos, más feliz que el de Alcinóo, y D. Federico de Castro opina que, en cuanto a los principios, la idea de Moderato supera al neoplatonismo, por aparecer en él la voluntad como razón activa, ligando y distinguiendo lo finito y lo infinito. La inteligencia puede conocer la nouç, del mundo, sin confundirse con él, mas también puede alcanzar por el éxtasis la perfecta unión, abismándose en la divina esencia.

    No me atrevo, siguiendo a Bonilla, a incluir entre los filósofos al retórico M. Fabio Quintiliano.

    La exposición de la preceptiva en sus Instituciones oratorias, está realizada con claridad, y en la parte crítica se nota una marcada preferencia por el lenguaje y estilo, relegando los conceptos a secundario lugar. Menos español que Séneca, no aportó nada al conocimiento de las primeras causas ni envía ningún aura de regeneración a la amanerada oratoria de las escuelas. Su espíritu romano se deleita en los clásicos maestros; tiene su ideal en el pasado; su preceptiva trasciende a culto y, aceptando la perfección consumada, se limita a actuar de inteligente pedagogo.

    Tampoco añaden nada al pensamiento nacional el estoico Anneo Sereno, prefecto de la guardia neroniana, ni el emeritense Deciano, prosélito de la misma escuela.

    Al cerrar esta etapa, que llena Séneca con su nombre, no podemos dudar de una filosofía española y añadir con legítima satisfacción que en todo el mundo no existió más filosofía que la de este inmortal andaluz, pues ni los epicúreos ni los estoicos, incluyendo a Marco Aurelio, supieron dilatar el molde forjado por los maestros helénicos. No investigaron ni pensaron con originalidad, humildes escolares y rumiadores de aforismos. La Historia podría sin violencia omitir sus nombres.

    Por el contrario, Séneca desborda sobre la ortodoxia estoica la abundante savia de su acentuada personalidad y, si no crea sistema nuevo, al modificarlo, sepulta el antiguo convirtiendo la uniformidad en modalidad progresiva, el estoicismo en senequismo.

    (Mario Méndez Bejarano)

    (Indice)

    Lucano, Marco Anneo (39-65)
    Poeta épico hispano-latino. Su padre era hermano de Séneca. Fue llevado a Roma de niño en compañía de su tío, que se ocupó de darle una buena educación. Más tarde se trasladó a Atenas para completar su formación. Poco después fue reclamado por Nerón, del que fue durante algún tiempo amigo y protegido. Escribió su primera obra importante en el año 60, 'Laudes Neroniis', que es tan sólo la dedicatoria de su poema 'La Farsalia'. Por ella se le nombró cuestor e ingresó en el Senado. Pero pronto se produjo su enfrentamiento con el príncipe, víctima de la envidia del mismo, tal vez surgida a raiz de los grandes premios poéticos que le fueron otorgados. Su poema 'Orpheus' fue premiad en un concurso, a consecuencia de lo cual, tras una memorable lectura, le fue prohibido declamar en público e incluso hace oir su voz en el foro. Sobrevino así la enemistad entre el emperador y su antiguo protegido que, de personalidad altiva y orgullosa, se convirtió en uno de los personajes más audaces de la época. La oposición contra el tirano, agrupada en torno a Pisón, preparó un complot para asesinarle. Lucano se sumó a la conjura, pero fue descubierta , y el literato, debilitado moralmente y sin su habitual firmeza de carácter, delató a varios de los conspiradores, a su madre entre ellos. Sin embargo, el 30 de Abril del 65 afrentó la muerte con la valentía y serenidad de los estoicos, ofreciendo el brazo al médico para que le cortara las venas en el baño. Según cuenta Tácito, mientras moría recitó algunos versos, muy apropiados a la situación, de su obra 'La Farsalia'. Poco después moría igualmente Séneca, reunido en el mismo sacrificio con su sobrino. Lucano, que había dado muestras de ingenio precoz y habilísima elocuencia en su más tierna infancia, ya había escalado a los 20 años de edad la cumbre de la fama como orador, poeta y dramaturgo. Su producción fue muy extensa hasta su muerte, y abarcaba los géneros más diversos (épica, lírica, dramática), pero sus obras se han perdido en su mayoría. De todas formas se conservan noticias de un poema sobre la caída de Troya 'Iliacon', de una composición sobre el mundo de los infiernos 'Catachtonion', en el que se aprecian influencias neopitagóricas y la inclinación del autor por la superstición y las creencias de ultratumba; de una colección de diez libros de poemas a la manera de Estacio 'Siluae' y de una serie de libretos para pantomimas. También consta en alguna de sus biografías una tragedia inacabada 'Medea' y una réplica en prosa, clandestina, que probablemente era conocida sólo en círculos de la oposición, al panegírico que el propio autor le había dirigido anteriormente al emperador, escrita contra Nerón con ocasión del famoso incendio de Roma del año 64, año en que Lucano se casó con la joven Pola Argentaria. La única obra suya que se conserva íntegra es 'La Farsalia', poema épico en diez libros, compuesto en hexámetros cuyo tema son las guerras entre César y Pompeyo.. Es una de las obras maestras de la literatura latina y universal.

    (Indice)

    Quintiliano, de Logroño, educador, retórico y abogado; maestro de Juvenal, Plinio y Tácito."Gloria del Foro Romano, supremo moderador de la inquieta juventud" (Marcial). Fue el primer maestro en la Historia de Europa a salario del gobierno, ya que fue nombrado profesor público de Retórica por el emperador Vespasiano. Sus doce volúmenes sobre oratoria constituyen el más avanzado pensamiento sobre educación y crítica. Promovió la educación de los niños, y su influencia fue profunda hasta el Renacimiento y la Restauración. Uno de sus discípulos fue Plinio el Joven.

    El Padre Feijóo escribe lo siguiente sobre Quintiliano: 

    "Cuando España no hubiera producido otro orador que un Quintiliano, bastaría para dar envidia y dejar fuera de toda competencia a las demás naciones, en que sólo exceptuaré a Italia, por el respeto de Cicerón; bien que no falta algún crítico insigne (el famoso brandemburgués Gaspar Bartio), el cual sienta que sin temeridad se puede dar la preferencia a Quntiliano respecto de todos los demás oradores, sin exceptuar alguno. En otra parte le apellida el más elegante entre cuantos autores escribieron jamás: Quntilianus omnium, qui unquam scripserunt, auctorum elegantissimus. Laurencio Valla se contentó con conceder al orador español igualdad con el romano. Pero sea lo que fuere del uso de la retórica, en los preceptos y magisterio del arte, es constante que excedió mucho Quintiliano a Cicerón, pues a lo que éste escribió para enseñar la retórica, le falta mucho para igualar las excelentísimas Institutiones de Quintiliano. Así que Cicerón fué orador insigne sólo para sí; Quintiliano, para sí y para todos. La elocuencia de Cicerón fué grande, pero infecunda, que se quedó dentro de un individuo; la de Quintiliano, sobre grande, es utilísima a la especie, en tanto grado que el citado Laurencio Vala pronuncia que no hubo después de Quintiliano, ni habrá jamás, hombre alguno elocuente si no se formase enteramente por los preceptos de Quintiliano." 

     

    (Indice)

     

    Marcial, Marco Valerio (40-104)
    Poeta y epigramista hispano-romano. Fue enviado a Roma a los 20 años, teniendo como amigos a grandes personajes, lo que le permitió relacionarse con muchos escritores. Gozó de bienestar económico y obtuvo de Domiciano el 'instrium liberum' y el tribunado militar, con lo que formaba parte de los caballeros. Residió en Roma durante 35 años estudiando las costumbres de la época. Después regresó a su ciudad natal, Bilbilis, donde permaneció hasta su muerte a los 65 años. Escribió sus obras en los últimos 20 años de su existencia. Es de destacar en su producción literaria la gran mordacidad de sus versos. No todas sus obras son epigramas. Sus epigramas constan de 15 libros. El libro I 'Epigrammation liber o liber spectaculorim' trata de los Juegos ofrecidos por Tito en el año 80 para la inauguración del Coliseo. Los libros XIII y XIV titulados 'Xenia' y 'Apophoreta' son composiciones de dos versos cada una escritas en los años 84-85. Los doce libros restantes de epigramas contienen piezas de acento personal, lírico, elegíaco y frívolo. Según Plinio en Joven, es un escritor de talento, sutil y agudo. El autor declara que su fama es reconocida en todo el mundo romanizado. No realiza poemas mitológicos, característicos de la época, devolviendo a la poesía la naturalidad y el realismo de la vida. Su estilo esta cargado de cinismo, adulación y comicidad. Refleja la vida cotidiana de Roma, haciendo numerosos chistes y alusiones mitológicas, acotando los vicios sin herir a los viciosos. Pero además, Marcial posee otros rasgos que son de destacar: Su amor a la infancia, al campo y a la tierra celtíbera; su piedad ante el dolor y la muerte, su necesidad por la amistad. Es conciso, exacto y elegante en sus versos, que suelen ser endecasílabo, el dístico elegíaco y el coliambo o trimero yámbico escazonte.
    Los Romanos eran entusiastas de sus epigramas, de los que escribió libro tras libro. Una de sus frases más famosas es :Sera nimis vita est crastina vive hodie (Vive hoy, mañana será demasiado tarde).

    (Indice)

     

    Moderato de Gades (siglo I) Filósofo hispano-romano. Vivió bajo el imperio de Nerón. Fue restaurador de las enseñanzas de Pitágoras. Fue considerado como filósofo de verdadera influencia, como se desprende de las alusiones de Plutarco y Siriano, de Suidas y Eusebio de Cesarea, y en particular de Porfirio en sus Vida de Plotino y Vida de Pitágoras. San Jerónimo le llama ‘vir eloquentissimus’ (hombre muy elocuente). Escribió ‘Lecciones Pitagóricas’, en 10 libros, que se han perdido en su totalidad, excepto por tres fragmentos que versan sobre la teoría de los números.

    (Indice)

    Silio Itálico (siglo I) Poeta épico latino, oriundo al parecer de la Bética, aunque algunos niegan su origen español. Desde muy joven se dedicó a la elocuencia y a la poesía, apasionándose por la obras y el estilo de Cicerón y Virgilio. Pasó por todos los empleos que conducían al consulado, cuya dignidad obtuvo el año 68. Fue procónsul de Asia bajo Vespasiano, gobernando con integridad y justicia. Colmado de honores y riquezas se retiró a sus posesiones de Campania, donde, rodeado de estatuas, pinturas y libros, se dedicó a limar y corregir su poema Bella Punica, que empezara en su juventud. Es la narración de la segunda guerra púnica, tomando los materiales de Tito Livio. Según Marcial, gozó de gran fama en su tiempo, pero a su muerte cayó en el olvido, hasta que 13 siglos después fue descubierto e impreso por el poeta florentino Poggio. A los 75 años se vió atacado por una enfermedad incurable, y se dejó morir de hambre, en el año 100.
     

    (Indice)

    Pomponio Mela, (siglo I) Geógrafo y escritor hispano-romano, natural de la Bética. Su obra principal es ‘De situ orbis’ o ‘Chorographia’, dividida en tres libros, interesante relato de un viaje por las costa del mundo entoces conocido, empezando en Africa del Norte y terminando en el Océano Indico. Da descripciones más o menos completas de países de Africa, Europa, Asia, el Atlántico, el Mar Caspio. Es una preciosa fuente de consulta para el conocimiento de la ciencia geográfica de aquella época, especialmente en lo que se refiere a las costumbres, y más aún a todo lo relacionado con el arte. Algunos han comparado su obra con las de Plinio y Tolomeo. El número de ediciones desde 1471 en varios países de Europa es una prueba del lugar que esta obra ocupa entre los trabajos antiguos.

    (Indice)

    Columela

    Nace en Gades  Pertenece a una familia de ricos propietarios agrarias de la Bética. Se traslada a Roma donde entabla amistad con influyentes personajes. Escribe De re rustica en 12 libros y De arboribus sobre la situación de la agricultura itálica.

    (Indice)

    Portio Latrón (50 a.d. JC a 4 d. JC) Retórico latino. Educado en España, abrió en Roma una escuela, teniendo como alumnos a Ovidio, Floro, Abrono, Silón, Esparso, etc. Cultivó la amistad de Séneca, quien alaba su elocuencia, su gran memoria y el ardor que ponía en sus peroraciones. Fue muy alabado por Plinio y Quintiliano.

    (Indice)

    Antonio Juliano, orador

    (Indice)

    Sextilio Hena, orador

    (Indice)

    Deciano (siglo I) Poeta hispano-romano , nacido en Mérida en el año 14 de la era cristiana. En el año 37, reinando Calígula, se dirigió a Roma, donde despertó admiración entre los artistas, y aún entre el pueblo. Los elogios de Marcial, que le llama ‘sabio jurisconsulto, sabio e inspirado poeta” y le consideró como su maestro en el arte de hace versos, son testimonio de su valía.

    (Indice)

    Voconio Romano (siglo II) Poeta hispano-romano, nacido probablemente en Sagunto. Pertenecía a una familia pagana, de la nobleza, y llegó a ejercer el sacerdocio de su religión. Plinio el Joven le prodiga los mayores elogios, y asegura que se distinguió como poeta y orador, reconociéndole pocos rivales en el dominio de la lengua latina.

    (Indice)

    Junio Gallion, poeta.

    (Indice)

    Cassio Rufo Poeta hispano-latino, de Cádiz, durante el imperio de Domiciano. Celebradísimo por la dulzura y gracia de sus versos. Marcial, que le conoció en Roma, dice que Cádiz estaba muy pagada con la gloria de semejante hijo. Era tan jovial y de buen humor que nunca se le vió triste. Le gustaba mucho el trato de las damas, por lo que le reprendía festivamente Tito Livio. Entre sus amigas la más celebrada y querida fue Teófila, mujer de grandes conocimientos y relevantes prendas, porque además de ser muy honesta, hablaba los idiomas griego y latino con propiedad y elegancia.

    (Indice)

    Theofila, poetisa, del genio de Safo.

    (Indice)

    Herencio Senecion

    (Indice)

    Cayo Julio Higinio, bibliotecario de Augusto, arqueólogo y erudito.

    (Indice)

    Lucio Anneo Floro, historiador. Compendio de Historia Romana.

    (Indice)

Luchadores contra Roma:

Viriato (siglo II a.d. JC)
El principal caudillo de los lusitanos contra Roma. El nombre deriva de la palabra celta viria, que significa brazalete. El lugar de nacimiento se sitúa generalmente en la zona montañosa de Lusitania, entre los ríos Tajo y Duero, hacia la sierra de la Estrella. Las fuentes le describen como pastor y bandolero. Padecían los lusitanos, como otros pueblos de la España antigua, principalmente los celtíberos, un gran descontrol económico-social, que les obligaba, como válvula de escape, a dedicarse al robo y saqueo, o a enrolarse en los ejércitos de turdetanos, cartagineses y romanos, para remediar su mala situación económica. V. es uno de estos hombres, procedentes del estrato inferior de la sociedad lusitana. Casó con la hija de un rico, probablemente terrateniente y ganadero, que, como tal, defendía la causa romana. Cuando v. apare,ció en escena llevaban los lusitanos siete años de luchas contra Roma y se hallaban un tanto cansados de la guerra y de las pérdidas sufridas. En el a. 147 a. C. un ejército de 10.000 lusitanos invadió la Bética, siendo vencidos por el pretor Vetilio. La causa de la guerra era la caótica situación económica en que, se hallaban masas importantes de población.
      V., recordando traiciones como las de Lúculo y Galba, que bajo pretexto de repartir tierras concentraron a muchos desheredados para después acuchillarlos, se opuso a las conversaciones de paz entre Roma y los lusitanos e incitó a éstos a la guerra. La estrategia de V. es la guerra de guerrillas, la sorpresa de la emboscada y la huida aparente. Se apoyaba en la extraordinaria movilidad de la caballería, armada a la ligera; generalmente no presentaba batalla, ya que en campo abierto era inferior su ejército a las legiones romanas. No pretendía la conquista del terrítorio enemigo, sino cansarlo, debilitarlo y el saqueo. Atacaba, frecuentemente con un grupo escogido de tropas, con preferencia a convoyes y forrajeros. Con esta táctica obtuvo una señalada victoria en Tríbola, ciudad que se sitúa entre el Betis y Carteia, posiblemente en la sierra de Ronda; aquí con una seríe de huidas simuladas atrajo al ejército romano, mandado por Vetilio, a un desfiladero, donde causó 4.000 bajas a los romanos. La victoria de Tríbola colocó en manos de V. toda la provincia Ulterior. En Carpetania con la misma táctica venció a 10.000 hombres a las órdenes del cuestor C. Plaucio. De esta región pasó a la Montaña de Venus, entre el Tajo y el Guadarrama, que le permitió el acceso a la meseta inferior. De nuevo derrotó a C. Plaucio. El caudillo lusitano penetró a continuación en la meseta septentríonal y se dirigió a Segovia primero y nuevamente a Carpetania; atrajo a los habitantes de Segóbriga a una emboscada; aparentando huir y abandonando el ganado. Tomó la ciudad y venció sucesivamente a C. Unamuniano, gobernador de la provincia Citerior, y al pretor del a. 145, C. Nigidio.
      A la vista de derrotas tan repetidas el Senado decidió enviar a la provincia Ulterior cónsules con ejército consular y no pretores, con mando por dos años. Vino el primero, O. Fabio Máximo Emiliano, con un ejército de 15.000 hombres y 2.000 jinetes. Colocó el cuartel en Orsona (Osuna), pero fue molestado continuamente por las tropas de V .; el ejército romano, durante el primer año, 145 a. C., se entrenó, y obtuvo una victoria en campo abierto que obligó a V. a evacuar el valle del Betis ya retirarse hacia Baecula (Hailén). En los a. 143 y 142 los ejércitos romanos son nuevamente derrotados; estaban mandados por O. Pompéyo A. Filius y por el pretor Ouincio. V. se corríó después con su ejército hacia Tucci (Martos), y así se asentó en el corazón de la provincia Ulterior, desde donde dominaba el valle del Hetis y la Hastetania; estas campañas coincidían con la sublevación de la guerra celtibérica. Roma manaó de nuevo un cónsul a la provincia Ulterior, O. Fabio Máximo Serviliano, que trajo dos legiones, 18.000 hombres y 1.600 caballos. Su primer objetivo fue la conquista de Tucci. Después de varias escaramuzas y huidas simuladas de V ., se vio obligado el cónsul a encerrarse en el campamento, que abandonó. V. se refugió en Lusitania, seguido de cerca por el ejército romano, que en un encuentro con dos capitanes de bandoleros, Curio y Apuleyo, al mando de 10.000 hombres perdió los bagajes. Serviliano retrocedió y se dedicó a castigar, como antes lo había hecho, a las ciudades que se habían pasado al bando lusitano, Tucci, Astigis (Écija) y Obulcola (Porcuna), ejecutando a 500 prisioneros y vendiendo a 9.500 como esclavos. El mismo castigo impuso a otra banda a las órdenes de Konnobos, a quien perdonó; a sus hombres les hizo cortar la mano derecha. Serviliano sitió la ciudad de Arsa, en la Baeturia; v. inesperadamente asaltó al ejército entregado al trabajo de atrincheramiento y atrajo al grueso de las tropas a un desfiladero, pero inopinadamente pactó con Serviliano dejando libre al ejército romano. Las condiciones eran moderadas; se reducían a que en lo sucesivo romanos y lusitanos habrían de respetar los límites actuales de ambos bandos. El pueblo de Roma ratificó el tratado y otorgó a v. el título de amicus populi romani, reconociéndole como rey.
      En el a. 139 el cónsul O. Servilio Cepión presentó al Senado la paz acordada con v. como injusta, y éste le autorizó a provocar a v. ya quebrantarla. El caudillo lusitano se vio entonces obligado a evacuar la Baeturia ya retirarse a Carpetania, donde le siguió Cepión, a quien V. burló, pasando a Lusitania, siempre perseguido por Cepión y por las tropas del gobernador de la provincia Citerior, Popilio Lenas. El pueblo lusitano se encontraba realmente cansado de luchar, por lo que V. entabló nuevas negociaciones de paz. Exigía Lenas la entrega de los principales rebeldes; v. entregó a unos; a otros, como a su suegro, Astolpas, los mató. Exigió nuevamente el cónsul la entrega de las armas, a lo que el lusitano se opuso; no así el pueblo, que quería la paz a toda costa. Cepión, para las negociaciones, se sirvió de tres amigos de V., Audas, Oitalkon y .Minuros, de la ciudad de Urso, en la Bética, que le asesinaron mientras dormía. Los lusitanos rindieron a v. honras divinas; quemaron su cadáver, mientras ofrecían innumerables víctimas y el ejército evolucionaba alrededor de la pira; 200 parejas combatieron en el ritual funerario.
      Los historiadores romanos honraron la fama de V.; Polibio y Posidonio elogian su estrategia y censuran su asesinato. Los analistas ensalzan sus cualidades políticas y militares. Lucilio le llama el «Aníbal de los iberos».Para Floro pudo ser el Rómulo de Hispania.

I. M. BLÁZQUEZ MARTINEZ.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

 

(Indice)

Índice general de Hispánica