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general de Hispánica
Emperador Adriano

Trajano,
Marco Ulpio (53-117)
Primeros años. N. el 18 sept. 53 en Hispania, en la ciudad de Itálica,
en la Bélica, de familia aristocrática, descendiente de los
heridos y enfermos asentados en la ciudad en el 206 a. C. por
Escipión el Africano. Su carrera fue la siguiente: tribuno
militar bajo Vespasiano, en el 76-77; pretor en el 87; legado en
el Rin en el 89, donde intervino contra L. Antonio Saturnino; cónsul
por primera vez en el 91; legado en Germania superior en el 96-97;
cónsul por segunda vez en el 98. Con T. se sentó en el trono de
los Césares la aristocracia provincial. T. fue fundamentalmente
un excelente general. Inmediatamente después de la muerte de
Nerva (v.) ordenó al prefecto del pretorio ajusticiar a los
pretorianos rebeldes al Emperador difunto; divinizó a Nerva, a
quien levantó un templo; y aseguró al Senado que no pensaba
condenar a muerte o a infamia a ningún senador.
Después de dejar todo dispuesto en
el frente germano, marchó a Roma, donde en el 100 fue cónsul por
tercera vez. En su viaje a Roma, dio muestras de alguno de los
rasgos fundamentales de su carácter, caminando a pie o en litera
entre la multitud, saludando a todos los que se le acercaban,
rechazando que se le erigiesen estatuas de metales preciosos, el
aurum coronarium, y no aceptando el cargo de censor, con lo que
renunciaba a la lectio de los senadores. Prohibió, una vez en
Roma, que los esclavos fueran testigos contra sus dueños en los
procesos; castigó a los delatores; consideró a los senadores
como colaboradores suyos; aceleró la carrera para los miembros de
las grandes familias; frenó el poder excesivo de los pretorianos;
llevó a Roma la guardia de 1.000 caballeros germanos que puso a
las órdenes del prefecto del pretorio; distribuyó, para atraer
al pueblo, 75 denarios por persona; reguló escrupulosamente los
servicios de la annona; aumentó en 4.000 muchachos pobres el número
de los que recibían los alimentos; restauró el cargo de
praefectus frumenti danti ex Senatus Consulto; disminuyó la
vigesima hereditatium, tratándose de pequeños patrimonios de los
nuevos ciudadanos; conservó el cargo de pretor fiscal, instituido
por Nerva; desarrolló y amplió a toda Italia la institución de
los alimenta para los jóvenes que fuesen pobres; concedió juegos
de gladiadores para divertir al pueblo; y desterró a los artistas
de pantomimas, a menudo inmorales y que minaban la autoridad
imperial; en las provincias, como en Hispanía, reparó gran número
de calzadas; intensificó las explotaciones mineras; vendió gran
cantidad de bienes imperiales; disminuyó la composición de oro y
plata en los aurei y en los denarios.
Guerras dácicas. Para solucionar
el problema económico, el desequilibrio entre la moneda de oro y
la de plata, necesitaba disponer de grandes cantidades de oro, que
iban a parar fuera del Imperio; ello le movió a emprender la
conquista de Dacia (v.), la actual Rumania. La guerra dácica
tiene dos etapas. La principal fuente de información para ella
son las 155 escenas en 414 episodios de la columna de T., erigida
en Roma en el 113, ya que se han perdido las memorias de T. y de
su médicoCritón, y la obra de Apolodoro; de Dión Casio se
conservan muy pocos fragmentos referentes a esta guerra. Se
desconocen las causas ocasionales del rompimiento de las
hostilidades entre Roma y Dacia. En el 101, T. contaba para esta
guerra con nueve legiones, 10 alas, 35 cohortes, más las tropas
auxiliares de flota y los cuerpos de ingenieros, lo que sumaría
en total unos 80.000 hombres. El ejército penetró en Dacia en
dos columnas: una procedente de Panonia; la segunda, de Mesia. El
enemigo se retiró ante el primer ejército a los bosques. La
capital dacia fue valientemente defendida por el rey Decébalo.
Unidos los dos ejércitos hicieron algunas razzias en territorio
enemigo, en una de las cuales cayó prisionera la hermana de Decébalo.
Durante el invierno del 101102, el Danubio se heló, y los dacios,
apoyados por la caballería sármata, atacaron los campamentos
romanos de Mesia inferior, que resistieron. En la primavera, T.
descendió por el Danubio y puso en fuga a los dacios y sármatas,
lo que motivó que se rindieran las tribus orientales. Otras
tropas dacias fueron arrojadas a los montes. En esta ocasión, se
fundó la ciudad de Nicópolis y se comenzó la construcción del
monumento de Adam-clissi y de las calzadas y fortificaciones de
Transilvania. La segunda batalla tuvo lugar ante la capital,
Sarmizegetusa, que cayó en manos de Trajano. Con esta victoria,
terminó la primera etapa de la guerra, en la que los romanos habían
conquistado la parte de Dacia próxima al Danubio, conservando los
dacios toda la zona minera de Transilvania. Decébalo se
comprometió a ceder el territorio perdido, a entregar las armas y
las máquinas de guerra, a renunciar a los ingresos acordados con
Domiciano, a entregar los tránsfugas romanos y a establecer
alianza con Roma. El Senado ratificó este tratado. La paz duró
casi tres años, hasta el 105.
En el 103, T. fue cónsul por
quinta vez y recibió el título de dácico. Con el botín de la
guerra, concedió un grandioso congiario al pueblo de 600 denarios
por persona; organizó unos juegos de gladiadores, en los que
combatieron prisioneros dacios; y permitió, para halagar al
pueblo, la vuelta de los artistas dedicados a las pantomimas. En
el 105, ordenó al gobernador de Siria, A. Cornelio Palma, acabar
con el Estado vasallo de los nabateos, que tenía importantes vías
comerciales y puertos hacia el Occidente. Se creó con esta ocasión
la provincia de Arabia, que pronto contó con una buena red de
carreteras, con acueductos y campamentos militares. En el 105,
estalló la segunda guerra dácica. Los dacios debieron invadir
Mesia, que fue socorrida por T.; Sarmizegetusa se perdió y tuvo
que ser ocupada de nuevo por los romanos. T. desarrollaría
entonces una intensa actividad diplomática, bien representada en
la columna de su nombre, mientras sus legados continuaban la
ocupación del territorio enemigo. Decébalo desvió el curso del
Sargetios, para enterrar en el lecho del río sus tesoros, y huyó
ante el ejército romano, que atravesó el río Marisia. Antes de
caer prisionero, se suicidó. Su cabeza fue enviada a Roma. Con la
muerte de Decébalo, Dacia se pacificó en el 106. La conquista
fue cantada en un poema épico por Carminio Rufo. T. llevó de
Dacia un numeroso botín, calculado en cinco millones de libras de
oro, el doble de plata, y medio millón de prisioneros. Las minas
de oro dacias comenzaron inmediatamente a explotarse. La victoria
se conmemoró en Roma con 123 días de fiestas, en las que
combatieron 10.000 gladiadores contra 11.000 fieras. Dacia fue
declarada provincia romana; en ella se asentaron colonos
procedentes de todo el Imperio, principalmente de Oriente,
egipcios, persas, sirios, gálatas, bitinios y de Palmira. También
llegaron gentes de África, Galia, Dalmacia y Panonia. La capital
se convirtió en colonia; colonia fue también Tierna. La
provincia fue gobernada por un legatus Augusti propraetore,
ayudado en la administración de las finanzas por tres
procuradores. La Legio XIII Gemina y varias tropas auxiliares
defendían el territorio.
Guerra contra los partos y rebelión
judía. La segunda gran guerra emprendida por T. fue contra los
partos (v.), a los que conocía bien, pues había vivido en Siria.
Acariciaba la idea de esta guerra desde hacía tiempo, pues la
anexión del reino de los nabateos (v.) no era suficiente para el
desarrollo del comercio con Oriente. En el 105, Cosroes aspiraba
al trono de Partia, que ocupaba su hermano Pacoro II, considerado
por T. como soberano legítimo con la esperanza de que se hiciera
vasallo de Roma. En el 110, Pacoro II murió, y su hermano Cosroes
se mostró contrario a los romanos e intentó que su sobrino
Partamasiris ocupase el reino de Armenia, donde reinaba Axedares.
El peligro de que Rumania se vinculase a Partia movió a Roma a
declarar la guerra. T. marchó en octubre del 113 a Oriente.
Disponía de siete legiones con sus correspondientes tropas
auxiliares. Aliados suyos fueron los reyes del Bósforo y los
iberos del Cáucaso. Con su ejército, atravesó Samosate y Sataba
para llegar a Armenia. Rechazó las tentativas de Partamasiris de
convertir Armenia en Estado vasallo, y la declaró provincia
romana. En los últimos meses del 114, el príncipe moro Lusio
Quieto hizo una razzia en campo enemigo, por el río Araxes, en el
territorio de los mardos y en la Media atropatena. El invierno del
114-115 lo pasó T. en Edesa y aceptó el vasallaje de Abgar de
Osroene. En el 115, tomó Nisibis, Tebida, otras ciudades de
Mesopotamia, Adenistra y Batnae. En esta ocasión, las tropas
dieron a T. el título de pártico.
El invierno del 115 lo pasó el
Emperador en Antioquía, donde recibió la noticia de la revuelta
judía, que desde Cirenaica se extendió por todo Oriente. Duró
larebelión del 114 al 117. En el judaísmo palestinense de después
de la destrucción del templo de Jerusalén por los Flavios existían
dos tendencias: una partidaria de llegar a un compromiso con Roma,
capitaneada por Rabbi Josue ben Anania; la segunda, nacionalista e
intransigente, dirigida por Rabbi Aq¡ba, visitó las juderías
del Mediterráneo orienta], Egipto, Cirenaica, Capadocia y
Mesopotamia, haciendo una gran propaganda de sus ideas. Se
eligieron, con ocasión de este viaje, unos cabecillas para
dirigir las revueltas que debían estallar en todas partes al
mismo tiempo. El momento estaba muy bien elegido, pues Oriente se
encontraba sin ejército, ocupado entonces en la lucha contra los
partos. Estalló primero la revuelta en Cirenaica, que como
provincia senatorial no disponía de tropas; fueron asesinados
gran número de romanos y griegos, y se destruyeron las vías de
comunicación y varios edificios. La rebelión se extendió
inmediatamente a Egipto. Los griegos se vieron obligados a
refugiarse en Alejandría, después de haber sufrido muchas bajas.
Se incendió el templo de Némesis, la tumba de Pompeyo y la
sinagoga de Alejandría. En Chipre, Salamina fue arrasada. A
comienzos del 117, T. envió con plenos poderes a 0. Marcio Turbón,
en socorro del prefecto de Egipto, M. Rutilio Rufo, que había
acudido en ayuda de Cirenaica. Auxiliado por los griegos, hizo una
represión sin piedad. Cirenaica y Libia, como resultado de esta
revuelta, se despoblaron. Muchos judíos buscaron refugio en
territorios bárbaros y en el norte de África.
El 13 dic. 115 Antioquía fue
arrasada por un terremoto. En la primavera del 116, T. tomó Nísibis
como base de operaciones, pasó el Tigris, ocupó Adiabena,
Babilonia, Seleucia y Ctesifonte, y descendió hasta el golfo Pérsico.
Pero la guerra no terminó, pues los arqueros persas a caballo
intensificaron la guerrilla. Las ciudades conquistadas y
pacificadas arrojaron las guarniciones romanas. Edesa fue de nuevo
conquistada y arrasada, al igual que Seleucia del Tigris y Nísibis.
La solución de T. a la crítica situación fue aceptar el
vasallaje de Partamaspates y dar muerte a Sanatrucius, ambos
cabecillas rebeldes y arsácidas. T. coronó en la llanura de
Ctesifonte a Partamaspates. En Armenia fue coronado Vologese, hijo
de Sanatrucius. El Emperador volvió con sus tropas hacia el
Mediterráneo y luchó contra algunas localidades rebeldes, como
liatra. La obra de T. en Partia se derrumbó en seguida, pues
Partamaspates fue suplantado en el trono por un rey elegido por
los partos, y arrojados los destacamentos romanos. En el 117, T.,
enfermo, entregó el mando de las tropas de Oriente a Adriano,
legado de Siria, a quien adoptó como sucesor suyo, y emprendió
el regreso a Roma, acompañado de su esposa, Plotina. En el camino,
m. en Cilicia (S ag. 117).
Política interior. T. se mantuvo
siempre en excelentes relaciones con el Senado, encargado de
ratificar la paz con los dacios y de declarar la guerra a los
partos. Divinizó, para fortalecer su poder, a su predecesor Nerva,
que le había adoptado como sucesor, y a su padre. A partir del
114, usó el título de Optimus, sólo aplicado a lúpiter. Se negó
a considerar como leyes sus epistulae y mandata. Desarrolló el
poder del consilium principis, encargado de ciertas causas penales,
como los procesos por malversación de fondos de los gobernadores.
Algunas disposiciones suyas parecen poco humanas, corno el
permitir, en caso de asesinato del pater familias, la tortura de
los testigos, no sólo esclavos o libertos por testamento, sino de
libertos manumitidos, estando el patrón aún vivo. Otras
disposiciones son muy humanas, como la prohibición de condena en
contumacia, la disminución de la cárcel preventiva, la no
condena en casos discutibles y el no uso de denuncias anónimas.
Se rodeó de un equipo muy bueno de
colaboradores, entre los que hubo muchos hispanos, como Adriano y
L. Sura; y de juristas, como P. luvencio Celso y L. Neratio Prisco.
Permitió que los niños abandonados, alimentados por otras
personas, tuvieran el derecho de reivindicar la libertad, sin
tener que pagar los gastos hechos con ellos; y que los padres que
maltrataban a sus hijos los debían emancipar. Favoreció la
manumisión de esclavos por fideicomiso. Fue enemigo de crear
nuevos colegios; concedió, no obstante, la creación de algunos
particularmente útiles, como el de los pistorum en Roma, y el de
los labrum et centronianorum en Milán. Concedió atención
especial al ejército y reunió a su lado excelentes generales
como L. Sura, M. Turbón, L. Quieto y C. Parma. Creó dos legiones,
la II Traiana fortis y la XXX Ulpia, y numerosas alas y cohortes.
Los reclutamientos de soldados se hicieron en las provincias.
Hispania dio gran número de soldados. Asentó muchos veteranos en
las colonias, con lo que favoreció la toman¡zación como en
Sarmizegetusa en Dacia, Pretorio en Panonia, Ulpia en Germania,
Thamugadí y Cirene en África, etc. No fue pródigo en conceder
el derecho de ciudadanía, salvo a los ex legionarios. Vigiló con
mucho esmero la administración, sobre todo en las provincias
imperiales, como se deduce de la correspondencia de Plinio el
Joven. Castigó, como si se tratase de robo, la sustracción del
dinero municipal. Obligó a los magistrados a realizar lo que habían
prometido de candidatos.
Durante su gobierno, se realizaron
numerosas obras públicas. De la Hispania de estos años datan el
puente de Alcántara, los arcos de Bará y de Cáparra, y la
reparación de la red viaria. En Cerdeña, se restauró la calzada
entre Casalís y Suleis. En Sicilia, se mejoraron los puertos. En
la Galia, se construyó la fuente de Narbona, y se restauraron los
teatros de Nemausus y Augustodunum, y los pórticos de Agedincum y
algunas calzadas. En Germania inferior, reparó muchas ciudades y
campamentos militares, uno de los cuales, Nimega, se convirtió en
ciudad. Fundó la colonia Ulpia Traiana y abandonó Novaesium. En
Germania superior, fundó la ciudad Ulpia Sueborum Nicretum. En
Maguncia, se levantó un monumento en su honor. En Dalmacia y
Mesia, se restauraron las vías. Se erigieron monumentos en Delfos
y Olimpia. En Tracia, se repararon todas las vías y se crearon 11
ciudades en puntos importantes, como Nicopolis, Nicopolis ad
Istrum, Sárdica, Pautalia, Augusta Traiana, etcétera. En África,
se crearon varias colonias, como Concordia Ulpia Traiana Augusta
Frugifera Hadrumentum, Ulpia Traiana Leptis Magna y Ulpia Marciana
Traiana Thamugadi. En Thagura, se restauró el Capitolio; y en
Mactar, se levantó un arco triunfal. En Asia, se reparó el
puerto de Éfeso y se adornó el Artemisión con magníficas
puertas. En Esmirna, terminó T. el acueducto comenzado por su
padre. En Mileto, restauró el gimnasio y terminó el acueducto;
también restauró la vía sagrada del Didimeo. En Pérgamo, se
levantaron dos templos, uno en honor de T. y otro dedicado a Zeus.
En Prusa (Bitinia), se construyeron unas termas, con pórtico y
exedra. Nicomedia tuvo acueducto, se unió el lago con el mar
mediante un canal, y se construyó un foro. En Nicea, se instaló
un gimnasio; en Claudiopolis, las termas. En Siria, se renovó la
red de carreteras. Antioquía tuvo un acueducto, un teatro y un
ninfeo, y se restauró la ciudad después del terremoto del 115.
En Egipto, se trabajó en el canal que unía el mar Rojo y el Nilo.
Alejandría fue hermoseada con un arco en memoria de la guerra dácica.
En Italia, se trabajó en la Vía Apia y en varios puertos, como
Centunicellae, Terracina y Ancona. Se levantaron las termas de
Centunicellae, y los acueductos de esta última localidad, del
foro Clodio y de Rávena. De la Roma de época trajana son el foro
que lleva su nombre, los mercados trajaneos, la basílica Ulpia,
la biblioteca doble, latina y griega, las termas sobre la colina
Oppio. Completó el circo Máximo y el Odeón, capaz para 10.000
personas. Restauró también la biblioteca augustea y el templo de
Venus Genitrix en el foro de César. Reguló el cauce del Tíber
para evitar inundaciones.
M. BLÁZQUEZ MARTíNEZ.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Adriano,
de Itálica, en Sevilla. (117-138)
Adriano había nacido en la ciudad
bética de Itálica, en el seno de una familia romana. Al quedar
huérfano, fue adoptado por el emperador Trajano, costumbre muy
habitual en la sociedad romana. Cuando Trajano falleció fue
sucedido por su hijo adoptivo quien tomó el nombre de César
Trajano Adriano Augusto. Quizá para asemejarse al primer Augusto
buscó la paz como máximo
objetivo por lo que finalizó la larga y sangrienta
guerra contra los partos, abandonando el control de Asiria,
Mesopotamia y Armenia. La disminución del territorio
imperial provocó cierto descontento entre algunos
miembros de la clase militar que se conjuraron contra el emperador.
La conjura fue descubierta y los participantes castigados. De esta
manera veía reforzada su posición y podía poner en marcha su
programa. Uno de sus primeros objetivos sería conocer los
problemas de los
súbditos imperiales por lo que llevó a cabo una
amplia serie de viajes por todos los confines del Imperio,
haciéndose eco de las necesidades que le eran presentadas. En su
cortejo viajaba un numeroso grupo de técnicos que ofrecían
posibles soluciones a los problemas planteados. La Galia, Britania
-donde levantó una muralla
de 117 km entre el mar del Norte e Irlanda- y Germania fueron las
primeras etapas del viaje, permaneciendo alejado de Roma por un
período de dos años. África y Siria serían sus próximos
destinos, poniendo fin a este periplo por Oriente en Grecia, el
territorio más admirado por Adriano que se reconocía enamorado
de todo lo heleno. Será en el año 134 cuando regrese
definitivamente a Roma tras diversos viajes por la zona occidental
del Imperio. Este momento de paz trajo prosperidad económica al
imperio.. La paz que vivió Roma en estos años se vio alterada
por la sublevación de Judea entre los años 131-134. La revuelta
estalló porque Adriano prohibió la circuncisión y pensó fundar
un santuario a Júpiter en el lugar del templo de Jerusalén. Tras
varios años de sangrientos combates, la rebelión fue sofocada.
Adriano también se interesó por las reformas
administrativas y económicas. El Senado vio como sus
poderes eran entregados al Consejo Imperial, dividiendo en
diferentes ramas sus competencias y colocando al frente de cada
área a un ministro, dependiente directamente del emperador. El
consejo privado del emperador pasó a ser público y la hacienda
sufrió importantes reformas. Como la mayoría de los emperadores,
Adriano también dejó sus construcciones
en la ciudad de Roma. Cerca del Tíber levantó un gigantesco
mausoleo que será la base del castell Sant´Angelo. En las
cercanías de Tívoli edificó una suntuosa villa que recibe el
nombre de Villa
Adriana donde recogió las reproducciones de las obras
de arte que más le impresionaron durante sus viajes. Los últimos
años del emperador fueron un continuo sufrimiento debido a los
frecuentes ataques de melancolía, recordando la muerte de su
querido Antinoo en el Nilo y el fallecimiento de su hijo adoptivo,
Lucio Cejonio Cómodo Vero. Como sucesor eligió a Antonino
Pío.
(La
Historia y sus Protagonistas de Ediciones
Dolmen, S.L.)
(Indice)
Marco
Aurelio ? (161-180) El lugar de nacimiento no es
seguro, de
una familia de origen hispano. Su nombre era Marco Annio Vero,
pero al ser adoptado por Antonino Pío (v.) en el 139 tomó el
nombre de Marco Aurelio Antonino César (al ser adoptado recibió
el de Marcus Aelius Aurelius Verus, cambiándolo al ocupar el
trono su padre adoptivo). En el 145 casó con Faustina, hija de
Antonino Pío, y en el 147 recibió el imperium (v.) y la
tribunicia potestad fuera de Roma.
Emperador. A la muerte de Antonino
Pío fue proclamado Augusto. Asoció al poder a su hermano, por
adopción de Antonino Pío, Lucius Aelius Commodus (antes Lucius
Ceionius Commodus), que tomó el nombre de Lucius Aurelius Verus.
Se estableció con ello una nueva forma constitucional: la
existencia de dos Augustos con poderes colegiados, aunque con
preeminencia para el senior M. A., único que ocupó el
pontificado en el consulado; la adopción del título de patres
patriae; la presentación al Senado y a los pretorianos (equivalente
de la proclamación como imperatores); y el reparto de donativa y
congiaria (donativos al pueblo en ocasión de ciertos
acontecimientos). De igual modo, establecieron el culto de
Antonino. Finalmente, Lucio Vero fue prometido a Lucila, hija de
M. A. Este sistema colegial, típico del reinado de M. A., se
mantuvo mientras vivió Lucio Vero (m. el 169) y se reemprendió
con Commodo en el 177.
El gobierno de M. A. siguió las
premisas establecidas por Adriano (v.) y mantenidas por Antonino Pío
que pueden ser calificadas de «despotismo ilustrado». Pronto se
manifestaron pruebas de intranquilidad. Primero catástrofes como
las inundaciones de Roma y el terremoto de Cizico, luego luchas
fronterizas en Britania, el Danubio y Oriente. Las primeras fueron
afrontadas con legados, y en Oriente intervino Lucio Vero
(162-165). La campaña, nada brillante, fue de hecho dirigida a
distancia por M. A. y en el terreno por los generales. Episodios
principales fueron la reconquista de Armenia, y una campaña en
Mesopotamia que permitió tomar Seleucia y Ctesifonte. La peste y
el agotamiento de los partos aceleraron el tratado de paz (166),
que representó un retoque ventajoso de la línea fronteriza y la
reconstitución de Osroene (Nordeste de Mesopotamia) como Estado
vasallo. Casi al mismo tiempo, cuando la peste se difundía en el
Imperio acompañando el ejército victorioso, fue menester
emprender una larga campaña en el Danubio.
Campañas militares. En el 166 el
problema desbordaba las posibilidades de los legados y fue
necesaria una campaña de los dos Augustos. La peste impidió el
inicio de las operaciones hasta el 167, en un momento en que los
Alinari.
Marco Aurelio entra triunfante en
Roma. Museo Nuóvo nel Palazzo dei Conservatori, Roma marcomanos
habían roto las líneas fronterizas, ocupado el campamento
legionario de Carnuntum (actual Petronell austriaca) y alcanzado
en Italia Aquileya y Opitergium (Oderzo). Con dificultad se
reclutaron nuevas tropas (dos legiones en Italia) y otras se
trasladaron de frentes menos comprometidos. Con base en Aquileya,
el ejército expulsó las últimas bandas invasoras del territorio
italiano y marchó a Panonia. Muerto Lucio Vero (169), la campaña
se reanudó. Con grandes sacrificios económicos (M. A. vendió en
subasta el ajuar de los palacios imperiales) se reclutaron nuevos
grupos de auxilia.
Los costobocos alcanzaron Grecia y
saquearon el santuario de Eleusis. Incluso las ciudades de Tracia
y Dalmacia se sintieron amenazadas y construyeron murallas rápidamente.
La campaña del 170 se dirigió no sólo contra cuados y
marcomanos sino también contra los yacigos de Dacia. En el 171,
las operaciones se extendieron a Retia y al Nórico, donde
actuaban nuevas bandas de bárbaros que inútilmente intentaron
penetrar en Italia. Sólo en el 172, con base en Carnuntum, M. A.
pudo tomar la iniciativa de las operaciones y extenderlas al N del
Danubio, ya en territorio enemigo. Varios prodigios, «el rayo» y
la «lluvia milagrosa», señalaron la protección divina sobre el
ejército romano. Estos episodios serían recogidos más tarde por
la apologética cristiana, puesto que no debían ser escasos los
cristianos entre las filas imperiales. Las operaciones del 172-173
señalaron el fin de la lucha contra los cuados. Otras operaciones,
con base en Sirmio (actual Sremska Mitrovica), se dirigieron
contra los marcomanos.
Nuevos pueblos, como los vándalos
asdingos, intervinieron en la guerra. Finalmente, los marcomanos,
aprovechando las inquietudes que despertaba el estado de Oriente,
consiguieron la paz. Varios grupos de vencidos se establecieron en
el Ilírico e incluso en Italia. Ante la magnitud de este
conflicto pierden importancia otros no menos graves como las
expediciones de piratas mauritanos (171-73 y 176) en Bética y
Lusitania, el desarrollo de la piratería y el bandidaje o la
inquietud en Britania. Bandidos, desertores, desheredados y
descontentos de la política económica sembraron la
intranquilidad en la mayor parte de las provincias del Imperio.
Con ser estos hechos graves, lo era
mucho más la situación en Oriente. Revueltas en Edesa y Armenia,
bandidaje en Egipto y, finalmente, el intento de usurpación del
legado de Siria Avidio Casio (175), provocado por la falsa noticia
de la muerte de M. A. No fue necesaria en este caso una guerra
civil, pues las tropas del usurpador, conocida la noticia de que
M. A. seguía en vida, se apresuraron a darle muerte. Pese a la
tradición de la benignidad de M. A. no faltaron las ejecuciones
ni las confiscaciones. A partir de entonces, nadie obtuvo
gobiernos en las provincias de donde era originario. M. A. descansó
en Oriente en los a. 175-176. Durante ellos alternó con los
intelectuales allí residentes y se inició en los misterios de
Eleusis. De nuevo en Roma (177), concedió como congiario
extraordinario 800 sestercios y asoció al trono a su hijo Commodo.
En el mismo año, tuvo que iniciar otras operaciones en el Danubio.
Parecía decidido, ya que Marcomania y Sarmacia se incorporarían
al Imperio como nuevas provincias, pero su muerte (18 mar. 180) señaló
el fin de estos proyectos.
Ideología y política de Marco
Aurelio. La figura de M. A., «Emperador filósofo», ha sido
interpretada de modo bastante distinto de la realidad. Su actuación
no siempre coincidió con lo que debía ser el comportamiento del
Emperador. Como gobernante fue sumamente realista. El respeto
formal a la autoridad del Senado no significó en modo alguno una
cesión de la propia. Escogió personalmente los candidatos al
Senado y permitió el acceso a quienes le merecían absoluta
confianza. La intervención del Emperador en la administración se
manifestó tanto con los iuridici per Italiam, que en realidad se
remontaban a Adriano, como en los curatores de las finanzas
municipales. Si en este sentido fue renovador, sus ideas eran
conservadoras, dentro de la doctrina adrianea. No tuvo
preconceptos respecto a los provinciales, singularmente los
orientales, que hicieron espléndidas carreras, e incluso concedió
facilidades a quienes procedían de las clases de tropa. A pesar
de ello fue protocolario, como demuestra la generalización de títulos
distintivos, clarissimi, para las familias senatoriales, y
perfectissimi o eminentissimi, para las ecuestres.
Su idea de la política social se
circunscribió a la beneficencia, puellae Faustinianae, y a los préstamos
a largo plazo a los pequeños agricultores. En economía tendió
principalmente a reducir gastos superfluos, singularmente en los
espectáculos públicos (ley gladiatoria de Italica). Impuso las
diferencias entre ciudadanos y no ciudadanos con la obligación
del registro civil incluso en Roma. En los gastos militares
solicitó, protocolariamente puesto que no le habría sido negada,
la autorización del Senado y emprendió las campañas ciñéndose
al viejo, y casi olvidado, ritual religioso.
De no escasa cultura jurídica, se
preocupó de reformar la legislación y el procedimiento, pero su
estoicismo nole indujo a proclamar medidas especialmente
protectoras de los esclavos, p. ej., la tortura en los juicios,
aunque prohibió se les obligara a actuar como gladiadores. Más
que las libertades y situaciones individuales le preocuparon las
colectivas.
Curiosa en grado sumo es su política
religiosa. Sus ideas chocan especialmente con los hechos. En
primer lugar, protegió la religiosidad tradicional, pese a no
creer en ella; se opuso a las religiones orientales, pese a haber
sido iniciado en los misterios eleusinos, quizá por cuanto
contaba en ellas el uso de prácticas mágicas. Más sorprendente
es su oposición al cristianismo. La represión se agravó durante
su reinado en cuanto que el uso habitual de la pena del destierro
fue sustituido por la pena de muerte. Tal fue el caso de S.
Justino y compañeros en Roma (167) o de los mártires de Lyon
(177), en un momento en que la polémica entre filósofos como
Celso y apologetas era especialmente manifiesta. Propiamente no
hubo persecución general, que sepamos ningún Papa fue molestado,
sino local, singularmente en el Oriente griego.
Otra crítica, habitual en la vieja
historiografía, es la designación como sucesor de su origen a
Commodo, considerado indigno, apartándose de la casi centenaria
política de adopción. En realidad, aparte de cuanto pudiera
haber de conveniente y ventajoso en un gobierno colegiado que
recordaba la vieja práctica consular, la necesidad de una política
dinástica era inevitable ante los deseos y sentimientos tanto del
ejército como de una parte considerable de la población del
Imperio, que en modo alguno hubiera tolerado que el hijo legítimo
hubiera sido desposeído frente a un hijo adoptivo. De otra parte,
las numerosas hijas de M. A. habían establecido una red de
enlaces familiares que, como se ha apuntado, sólo era comparable
a la de los Julio-Claudios (Garzetti) y podía haber creado análogos
problemas sucesorios en el caso de faltar una clara designación.
- ALBERTO
BALIL
- Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Magno Clemente Máximo
(383-388) Emperador romano (usurpador). En los últimos días del
Emperador Graciano, las legiones de Britania proclamaron Emperador
al español Clemente Máximo, que tras breve y simulada
resistencia aceptó el cargo, y pasó a las Galias al frente de
130.000 hombres. Huyó Graciano a Lugdunum (Lyon) con pocos de sus
partidarios, y fue muerto en una emboscada, dúdase si por orden
de Máximo, cegado entonces por la ambición, aunque le adornaban
altas prendas. El tirano español entró victorioso en Tréveris,
y su compatriota Teodosio, que estaba lejos y no podía acudir a
la herencia de Graciano, tuvo que tratar con él y cederle las
Galias, España y Britania para evitar mayores males. Corría el año
384. Máximo era muy celoso de la ortodoxia católica, e hizo
convocar un Concilio en Burdeos para tratar del problema del
hereje español Prisciliano. Este fue convicto de crímenes
comunes, se le abrió nuevo juicio, y finalmente fue condenado a
muerte y decapitado con varios de sus colaboradores. Máximo fue
finalmente derrotado por el Emperador Teodosio, que reunió bajo
su poder ambas secciones del Imperio Romano, el Oriente y el
Occidente.
(Indice)
Teodosio
el Grande, de Coca, en Segovia.(379-395).
Flavius Theodosius, emperador romano, n. en Cauca, hoy Coca
(Segovia) el 11 en. 347 (según algunas fuentes habría nacido el
330 ó el 335). M. en Milán el 17 en. 395. Los antecedentes de su
familia son poco conocidos, aunque se sabe que era hijo del
distinguido general Teodosio, llamado generalmente el Viejo para
diferenciarlo de su hijo, y que pertenecía a una familia
cristiana, posiblemente influyente. El ambiente familiar es sin
duda el de los propietarios latifundistas de la Meseta. Se ignora
el nombre de la madre, pero su tío Eucherius ocupó cargos
notables tras su elección para el trono imperial.
Fue exclusivamente militar; se
inició a las órdenes de su padre en la campaña de Britania. Fue
nombrado después dux de Moesia, donde se distinguió (a. 374)
luchando contra los sármatas. Poco después, como consecuencia de
la ejecución de su padre, se retiró a sus propiedades en España,
en donde casó ca. el a. 376 con Aelia Flaccilla. El a. 378 d. C.
fue llamado por el emperador Graciano. T. pretendía descender de
Trajano (v.), lo cual es improbable. Algunos autores hablan de
semejanza física, pero, al contrario de Trajano, T. era rubio,
distinguido y como única coincidencia con aquél tenía nariz
aguileña. Los retratos de T. que han llegado hasta nosotros no
abonan esta pretendida semejanza. La elección de T. como
emperador, de carácter enigmático, puesto que le eligió como
colega quien pocos años antes había ordenado la ejecución de su
padre, fue resultado de un acuerdo entre senadores y cortesanos de
origen hispano o galo. De su carácter se destaca su desconfianza
y veleidad, su ironía y sarcasmo. Dado su temperamento violento,
seguían a sus excesos de crueldad otros de arrepentimiento.
Aunque de escasa salud, sorportaba a gusto la vida de campaña,
pese a sus escasas dotes tácticas y estratégicas, y gustaba de
ser popular entre los soldados y cuantos solicitaban de él
favores. Amaba al mismo tiempo la vida muelle y suntuosa. Tenía
un alto concepto de sus deberes como príncipe y como cristiano,
aunque era fácilmente influenciable y propenso tanto a la represión
exagerada como a la indulgencia injustificada.
Una vez elegido emperador se
trasladó a Sirmio. De allí, en compañía de Graciano, se dirigió
al frente para intentar alguna operación contra los godos.
Obtenido algún éxito ambos augustos se separaron y T. estableció
su residencia en Tesalónica. Tras pactar con un tránsfuga,
Modares, consiguió la retirada de los godos. Este primer episodio
anuncia ya la política pactista que T. llevaría a cabo durante
su reinado. Ante las necesidades del ejército romano intentó
establecer un reclutamiento intensivo, acompañado de la aceptación
de federados godos que fueron trasladados al frente persa en
sustitución de las unidades romanas. Al mismo tiempo promulgó
severas leyes para resolver el problema de quienes rehuían el
servicio de armas y reducir el personal de las oficinas militares.
No permaneció inactivo frente a las expediciones bárbaras en los
Balcanes durante el a. 380, y este periodo fue acompañado de una
gran actividad legislativa sobre temas religiosos u organización
burocrática.
Tras solicitar refuerzos de
Graciano regresó a Tesalónica, donde cayó gravemente enfermo.
Fue en el curso de esta dolencia cuando recibió el bautismo, según
la costumbre de la época que dilataba, entre cristianos, la
recepción de este sacramento. Recuperado, decidió trasladarse a
Constantinopla y establecer allí su capital.
Aprovechando la discordia entre los
godos consiguió la paz, estableciéndolos como federados en
territorio romano al sur del Danubio. Por el mismo tiempo,
Graciano acordó una paz análoga con los godos de Panonia. En
adelante, soldados romanos y godos debían contribuir a la defensa
del frente danubiano.
Contento con esta paz, que disgustó
al mundo romano, T. multiplicó su actividad legislativa y amplió
el escalafón burocrático. Estableció leyes suntuarias y
protocolos y se preocupó de la moral privada en una curiosa
amalgama de severidad y sentimentalismo. Su política religiosa
fue de apoyo decidido al cristianismo, que fue declarada religión
oficial.
El asesinato de Graciano a manos
del general Máximo, y la proclamación de éste, lejano pariente
de T., como emperador en Occidente, tuvo como primera consecuencia
que T. proclamara augusto a su hijo Arcadio. La política de T. a
partir de aquel momento debía orientarse a la protección de los
derechos imperiales de Valentiniano Il, menor de edad y protegido
de S. Ambrosio. Con su prudencia habitual, T. no se precipitó en
iniciar la guerra y prefirió dilatarse en embajadas. El a. 384
nació Honorio, al año siguiente murieron la emperatriz y su hija
Pulqueria. Durante este periodo la actividad legislativa aumentó,
intentando resolver con el aumento de las penas los abusos siempre
crecientes de los gobernadores, la crisis económica de las
ciudades, el incremento del número de los delatores o el
matrimonio entre consanguíneos. Al mismo tiempo, la presión
fiscal se acentuó paralelamente al aumento de los gastos de la
corte. Los desórdenes y los motines se acentuaron. La represión
fue severa y, tras ella, profundo el pesar de T. Con la habitual
política pactista se solucionó momentáneamente el problema
persa. A ello hay que añadir algunos pequeños triunfos sobre los
godos, resultado de la decisión de los generales más que de la
voluntad de Teodosio.
El problema de Máximo continuaba
en pie, mientras Valentiniano t l seguía aguardando en
Constantinopla el momento de su regreso a Milán, y sólo la
ocupación de Panonia por las tropas de Máximo decidió a T. a
emprender la campaña (verano del 388). Ésta fue de una facilidad
tal que sorprendió en Constantinopla. T. se estableció en Milán
y Valentiniano lI marchó a las Galias para hacerse cargo de sus
estados. Una de las primeras medidas de T. fue abrogar las leyes
de Valentiniano II a favor de los arrianos. El a. 389 celebró T.
su triunfo en Roma y, como concesión a las circunstancias
ambientales, confirió notables distinciones a los miembros más
destacados de la reacción pagana.
Durante este periodo continuó la
actividad legisladora de T., ocupándose de los temas más
diversos según le dictaba su afán detallista. Como en etapas
anteriores, los sectores beneficiados fueron la jerarquía eclesiástica
y los grandes propietarios rurales. La revuelta de Tesalónica (a.
390), duramente reprimida, dio lugar a una intervención de S.
Ambrosio. En Constantinopla, donde permanecía Arcadio como
augusto, se sumaron a los problemas de gobierno la discordia en la
familia imperial, singularmente el desacuerdo entre el joven
emperador y su madrastra Gala. Sólo el regreso de T. el 391 calmó
un tanto los ánimos. Por el camino emprendió una campaña, poco
brillante, contra los godos que ocupaban Tracia. Una vez más el
escaso talento militar del emperador fue compensado por las dotes
de sus generales. Fue asimismo en este momento cuando sealzó la
estrella de otro militar, el vándalo Estilicón (v.), que debía
jugar un papel importante en años sucesivos. Después tuvo lugar
el asesinato de Valentiniano II en las Galias y la proclamación
de un usurpador, Eugenio.
Emperador único y sin reconocer la
alianza que le ofrecía Eugenio, T. designó augusto a Honorio en
en. del 393 d. C. La lucha adoptó el carácter de una «guerra de
religión», en la que las leyes de tolerancia de Eugenio, señor
de Italia, recibían la respuesta de las constituciones
antipaganas y antiheréticas de Teodosio. Sólo el 394, debido a
las presiones de Gala, T. decidió acompañar la actividad
legislativa de medidas militares. Eugenio decidió defender las
fronteras de Italia en los Alpes Julianos. La lucha fue durísima.
El ejército romano de Occidente fue aniquilado y el de Oriente
sufrió pérdidas muy graves (batalla de Rapidum, 5-6 de sept. del
394), hasta el extremo que, no injustificadamente, se ha visto en
estas pérdidas la causa de la insuficiencia militar del ejército
romano frente a las grandes invasiones bárbaras del s. V d. C.
La victoria dio lugar a un nuevo
conflicto entre S. Ambrosio y T., pues en Roma éste y sus altos
funcionarios acentuaron las medidas contra los paganos. No puede
hoy precisarse hasta qué extremo intervino en ello la fe y hasta
cuál la represalia frente a la política de Eugenio y la adhesión
de los paganos a la misma. La campaña del 394 afectó gravemente
la salud de T., siempre mediana, que enfermó en Milán. Las
fuentes hablan de hidropesía, lo cual no es una enfermedad, sino
un síntoma. M. el 17 en. 395 d. C. En su testamento confirmó a
Arcadio en sus antiguas provincias de Oriente y al joven Honorio
en las de Occidente. En funciones de virrey quedaba el fiel
Estilicón, sin duda el más fiel intérprete de su política.
La actividad legislativa de T. es
tan abundante como ocasional. Atendió más a los detalles que a
las grandes líneas. Dadas las características de su reinado,
benefició más a Oriente, singularmente a Constantinopla, que a
Occidente. Fue fiel intérprete de los intereses de su clase, los
grandes propietarios, a quienes benefició con sus leyes. Careció
de dotes administrativas, singularmente financieras, aumentando
innecesariamente los gastos de corte y los escalafones. Quizá
sean injustas las críticas a su política de ampliación de las
fuerzas armadas; no fue el único soberano de su tiempo que no
supo evitar o atenuar los roces entre ejército y administración.
Su concepto de la «monarquía carismática» no le ayudó a
cumplir sus deberes, pero todo juicio debe tener en cuenta las
circunstancias de su vida y las corrientes de pensamiento
dominantes. Es difícil juzgar hasta qué punto supo, o no supo,
conjugar su fe como cristiano y sus deberes como emperador. Las
fuentes sobre su reinado no son escasas, pero sí parciales y
excesivamente incisivas en aspectos que reflejan más al hombre
que al soberano. Por ello su política frente a los bárbaros se
ha presentado, probablemente con común exageración, tanto como
signo de debilidad como reflejo de una política superior de
integración de los bárbaros en el mundo romano.
ALBERTO BALIL.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
El historiador romano Claudiano dice: El
oriente gemía bajo los carros de los godos; aquellos hombres de
color extraño, los rubios escuadrones, cubrían la llanura de la
Tracia; todas las glorias de Roma iban a apagarse si Teodosio no
hubiera venido a sostener el edificio que se derrumbaba, y con
mano firme no hubiese salvado el náufrago navío. Teodosio no
sólo vence a los godos, sino que a la vez obtiene un triunfo
moral sobre los bárbaros cuando su caudillo, Atanarico, le pide
protección y es recibido en Constantinopla. Su apoyo al
Cristianismo en contra del paganismo le hizo muy popular en la
Antigüedad, aunque en tiempos modernos se le ha tachado de fanático,
entre otras cosas quizá por su decisión de abolir las Olimpíadas.
"Nuevo Moisés que destruye el becerro de oro", en frase
de San Gregorio de Nisa. Y el obispo de Milán, San Ambrosio, se
expresa así en su oración fúnebre De obitu Theodosii oratio:
"He amado a este hombre lleno de misericordia, humilde en
el tono imperial, de espíritu puro y de corazón sencillo. He
amado a este hombre que se inclinaba más a sus censores que a sus
aduladores. Despojándose de toda la pompa real que constituía su
ornato, lloró públicamente en la iglesia su pecado, al que había
cedido prestando oídos a engañosos consejos, y entre suspiros y
lágrimas suplicó ser perdonado. De aquello de que se avergüenzan
los particulares, no se avergonzó el emperador: De hacer
penitencia pública. He amado al hombre que en sus últimos
instantes, con el postrer aliento, requirió mi presencia a su
lado. He amado al hombre que, cercana ya la descomposición de su
cuerpo, preocupábase más de la situación de las Iglesias que de
sus propios peligros. Lo he amado y así lo proclamo..."
(Indice)
Honorio
(395-423)
Emperador romano de Occidente (395-423), hijo segundo de Teodosio
el Grande, su designación significó la disgregación definitiva
del Imperio en dos partes, Occidental y Oriental. Durante su minoría
ejerció la regencia el general bárbaro Estilicón, el cual
rechazó a los vándalos, aunque cayó luego en desgracia del
emperador, quien le mandó asesinar (408). No pudo impedir la
entrada de los visigodos, dirigidos por Alarico, que saquearon
Roma (410) y se instalaron en la Aquitania, mientras los vándalos
penetraban en España.
(Indice)
Arcadio
(395-418) en Oriente
(Indice)
Valentiniano
III de Occidente (425-455), hijo de Gala Placidia.
(Indice)
Teodosio
II de Oriente (408-450), hijo de Arcadio
(Indice)
Mujeres del Imperio:
(Indice)
Gala Placidia (388-450):
Hija de Teodosio y esposa de Ataulfo, y más tarde esposa del
emperador Constancio.
Políticos:
El gaditano Lucio Cornelio Balbo,
conocido como Balbo el Mayor, alcanzó los más altos puestos
durante el Imperio Romano siendo el primer extranjero que llegó a
ser Cónsul de Roma en el año 40 a.C.
Desde que los romanos en sus guerras con los cartagineses
conquistaron Andalucía entre los años 211 que entran en Cástulo
(Linares), y el 207 que toman Gades, el antiguo reino de Tartessos
pasa de la alegría por la expulsión de los ocupantes
cartagineses, a la constatación de que los romanos no eran
libertadores sino nuevos amos que pretenden las ricas minas y
campos de nuestra tierra. Así se produce el levantamiento en el año
197 a. C. que duraría hasta que el general Catón con nuevas
legiones acabara con la resistencia andaluza en el 194 a.C., y
desde la pretura de Tiberio Graco en el 179 ya no se conocen más
problemas romanos en Andalucía.
Convertida en la provincia Hispania Ulterior, y luego durante
Augusto en la Bética, (ver mapa en la imagen), Andalucía
destacará pronto dentro del mundo romano por sus aportaciones
materiales y humanas al Imperio.
Entre estas destaca Séneca,
y los emperadores Trajano y Adriano, de origen romano pero
asentados en nuestra tierra, y sobre todo y por su origen púnico
andaluz, y no romano, el político y militar Lucio Cornelio Balbo.
Balbo, nació en Gades (hoy Cádiz), en el año 97 antes de
Cristo, miembro de una poderosa familia de origen fenicio
enriquecida por el comercio.
Durante la guerra sertoriana (80-71 a.C.), Gades y con ella
Balbo, se puso al lado de la legalidad vigente de Metelo frente a
la oposición demócrata de Sertorio. Cuando Pompeyo se hace cargo
del ejército republicano en el año 76, Balbo se une a él, y
poco después obtiene la ciudadanía romana extensible a toda su
familia gracias a la Lex Gellia Cornelia, (72 a.C.), tomando Balbo
el gentilicio romano de Cornelio, siendo admitido entonces en la
Orden Ecuestre, donde se reunían los miembros más poderosos de
la sociedad romana.
Su encuentro con Cayo Julio César que vino a la Bética como
cuestor en el 69 a.C., sería crucial para su futuro ya que se
convierte en consejero y amigo del futuro dictador, confirmada con
el regreso de César a la Bética, ahora como propretor de la
Hispania Ulterior en el año 61, proporcionando Gades un gran
apoyo a la flota romana en su campaña de Lusitania, donde Balbo
ya era praefectus fabrum o oficial de la plana mayor de César.
En el 60 a.C. Balbo ya aparece en Roma como hombre de confianza
de Julio César, y contribuyendo al acuerdo que facilitó el
triunvirato entre César, Pompeyo y Craso. En esta época conoce a
Cicerón, y el historiador Teófanes de Mitilene, protegido de
Pompeyo, lo protege y apoya.
En el 59 marcha junto a César a su campaña de las Galias siendo
su enlace con Roma adonde viajaba continuamente para mantener
informado a César de los acontecimientos políticos en la
capital. Estos años de trabajo duro, de financiar con su fortuna
las campañas romanas, y de creación de un auténtico servicio
secreto al servicio de Julio César, le proporcionan un papel
fundamental en la política romana del momento, siendo el artífice
del pacto entre Pompeyo y César en el año 56 a.C. (Pacto de
Lucca), tanto poder le acarrea problemas con los enemigos de César
que le acusan de usurpar la ciudadanía romana abriéndose un
proceso en el que fue defendido por Cicerón con su famoso
discurso Pro Balbo, tras ser absuelto las relaciones entre
César y Pompeyo se deterioraron hasta desembocar en la guerra
entre ellos.
Derrotados los pompeyanos en Munda (45 a.C.) César por mediación
de Balbo otorgó la ciudadanía romana a todos los gaditanos, y
aparece en la historia su sobrino Balbo el Menor, también llamado
Lucio Cornelio, que se distinguiráa en el ejército romano.
De vuelta a Roma y tras el asesinato de César en marzo del 44,
Balbo organizó un partido cesariano en apoyo de Octavio frente a
Marco Antonio, cuando ambos llegan a un acuerdo en el año 40,
Balbo fue honrado con el consulado, siendo el primer no itálico
en conseguirlo. Retirándose poco después de la política activa
apoyando a su sobrino Balbo el Menor, sin que se conozca la fecha
de su muerte.
BIBLIOGRAFIA:
MORENO ALONSO, Manuel. Historia de Andalucía. Ed. Cajasur. 1995.
(Indice)
Balbo el Menor (nacido en el 80 a.C.), se
distinguió en las campañas cesarianas de Egipto, Oriente, Africa
e Hispania, fue cuestor de la Hispania Ulterior en el año 44 a.C.,
y luego quattorviro, propretor, ingresando después en el Senado y
nombrado procónsul de Africa donde obtendría una gran victoria
sobre la tribu sahariana de los garamantes, llevando un gran botín
a Roma en el año 19 a.C. siendo el primer general extranjero en
hacerlo. Construyó varios edificios públicos en Roma y en Gades
ensanchando la ciudad y su puerto, y escribió un tratado sobre
cuestiones religiosas llamado Exegeticon, y una tragedia, Iter.
Como su tío no conocemos la fecha de su muerte. Otro Balbo
conocido fue Cornelio Novano Bebio Balbo que destacó en el ejército
imperial y fue flaminado provincial.
(Indice)
Banquero:
Sexto
Mario: Famoso millonario y banquero.
(Indice)
Deportista:
De Diocles de Lusitania quedan
dos documentos epigráficos. Un texto de Roma, ciudad de sus
triunfos, y otro de Praeneste (Palestrina), donde decidió
retirarse hasta el fin de sus días. El texto de la primera puede
verse en el Corpus Inscriptiorum Latinarum, VI, núm. 10048. El de
la segunda en XIV, núm. 2884.
En ellos se resume la trayectoria profesional del agitator o
auriga C. Apuleius Diocles, natione hispanus lusitanus. El
lugar específico de su nacimiento no consta en ninguno de los
documentos, pero se deduce de ellos que nació en el año 104 d.C.
y que comenzó su trayectoria a los 18 años y se retiró a los
42, en el 146 d. C. con el título de mejor auriga de la historia.
La lápida de Roma, erigida por sus admiradores, debió
levantarse en el circo de Calígula, cerca del actual Vaticano,
lugar de sus grandes triunfos. En ella aparecen detalladas todas
sus victorias y cada uno de los premios que le reportaron sus 24 años
de carrera. Resumiendo: Diocles ganó 1462 carreras, corriendo
4257. De ellas ganó 110 “a pompa”, o sea, carreras iniciales,
las más importantes, que seguían a la procesión del principio
del espectáculo.
A lo largo de su vida fue fichado como auriga por las
cuatro facciones o equipos en que se dividían la afición a las
cuadrigras: Albata (blanca), Veneta (azul), Praesina (verde) y
Russata (roja), ganando decenas de carreras para cada una. Era
preciso levantar acta en piedra de sus logros, jamás igualados, y
era necesario que tal acta se alzase a la vista de todos, en el
circo donde Diocles debió de correr infinidad de veces para
entusiasmo de sus seguidores.
Su fortuna en premios alcanzó la cifra de 35. 863. 120
sextercios, nunca antes igualada.
La lápida de Roma detalla minuciosamente las victorias de
Diocles y sus records, lo que hace pensar que la afición a
las estadísticas deportivas es muy antigua y no sólo actual. No
se conoce otro auriga con sus marcas a lo largo de la historia
romana (la lápida de Roma es, en su mayoría, un farragoso texto
de números de victorias referentes a su vida profesional).
De su muerte no se sabe nada. Se piensa que murió en
Praeneste, rico y con buena posición social, basándonos en el
texto segundo que nos queda de su vida. Dejó dos hijos, chico y
chica, de los cuáles quedan sus nombres en la segunda estela.
TEXTO SACADO DE “ Veinticinco
estampas de la España Antigua”, Antonio García y Bellido.
Editorial Espasa-Calpe, colección austral, 1967.
(Colaboración de Alejandro Carneiro, de El Ferrol, España.
Nombre de cybernauta: "Piteas")
Escritores:
Marco
Anneo Séneca, el Retórico, de Córdoba. (61 a. d.
C.-32 d. C). Escribió diez volúmenes sobre oratoria, Las
Controversias. También Historia Imaginaria de 74 casos
legales, en que analiza la teoría y práctica del Derecho
Romano.
(Indice)
Lucio
Anneo Séneca (4a.d.JC-65 d JC)
Nota característica de las aetas argentea de la
civilización romana es que la mayor parte de sus hombres ilustres
son españoles, y principalmente andaluces. Lucio Anneo Séneca (¿2?-65),
cordobés, hijo de Marco A. Séneca, el retórico, poseyó acaso
la inteligencia más extraordinaria de este período literario.
Después de una vida accidentada, ora condenado a muerte por la
envidia de Calígula, ora recogiendo misterios en Egipto y enseñanzas
en Grecia; calumniado de adúltero por Mesalina; desterrado por
Claudio en conmutación de una segunda pena de muerte impuesta por
el Senado; vuelto ocho años después a Roma para instruir a
Domiciano; elegido por Agripina para que su hijo saliese de la niñez
aconsejado por tal maestro; cuestor, cónsul: preceptor de Nerón;
acumuló grandes riquezas y excitó la envidia de su discípulo el
emperador. Séneca, temiendo por su vida, hizo donación de su
hacienda al tirano: mas ya era tarde, fue condenado a muerte y
sucumbió a la asfixia, después de fracasar la rotura de las
venas y la absorción de la ponzoña. Aquel cuadro del sabio
dictando sus últimos consejos a los discípulos y [10]
consagrando a la divinidad su último aliento, recuerda la muerte
de Sócrates, preludio de la tragedia del Calvario.
Las obras filosóficas de Séneca son doce, a saber: De Ira,
libri III; De consolatione ad Helviam matrem liber, notable
por el vigor y hermosura del discurso; De consolatione ad
Marciam, una de las más elocuentes y sentidas composiciones
de Séneca; De Providentia, en que trata la eterna cuestión
del triunfo del mal en la tierra y aconseja a los desgraciados la
medicina del suicidio; De consolatione ad Polybium liber,
de dudosa autenticidad; De animi tranquilitate ad Serenum; De
constantia sapientis; De clementia ad Neronem Caesarem,
celebrando la piedad y abominando del rigor: De Brevitate vitae
ad Paulinum, considerando que la vida humana es larga para el
sabio y sólo breve para quien la malgasta; De Vita beata,
donde se establece que el soberano bien reside en la virtud y no
se opone al disfrute de riquezas legítimamente adquiridas; De
Otio sapientis, obra de difícil y delicada labor, y De
Beneficiis, tratando el modo de hacerlos y de aceptarlos. Al
mismo grupo podrían agregarse las ciento veinticuatro Epístolas
ad Lucilium, reputadas por uno de los libros más excelsos de
la antigüedad.
En Séneca se admira siempre la profundidad del pensamiento y
la dignidad, a veces exagerada, del estilo. Sus aforismos
presentan algo de vivo, se aplican a la crisis, a los dolores de
cada día; se esculpen en el alma y el hombre se siente y se
reconoce en su expresión.
Las ideas filosóficas del gran andaluz y la solemnidad de su
lenguaje, despiden reflejos de amargura, matices de aquella
inmensa tristeza que abrumaba las almas entre los horrores de la
orgía imperial.
Séneca tiende a reducir la filosofía a la moral. Diderot
considera que «no ha podido la antigüedad legarnos un curso de
moral tan grande como el suyo»; en fin, se alza tan insigne
pensador y moralista, sintetizando a su modo el estoicismo y el
cristianismo, que los Padres lo tuvieron por su precursor e
incluyeron sus máximas en los textos [11] cristianos. De todas
suertes, se nos antoja el único filósofo del imperio romano. Es
verdad que Marco Tulio estudió filosofía, pero ¿qué revelación
trajo? ¿Dónde están sus discípulos? ¿A quién enseñó a
vivir ni a morir?
Con viriles acentos proclama Séneca la fraternidad humana:
«¿Son esclavos? Di que son hombres. «¿Son esclavos? Lo mismo
que tú. El que llamas esclavo nació de la misma simiente que tú...
cual tú vive y muere» (Ad Luc).
La originalidad del pensamiento de Séneca estriba en su anhelo
de llegar al conocimiento y a la perfección por sí mismo. No
rehuye el maestro, no desprecia el libro, pero «nuestros maestros
no son nuestros dueños, sino nuestros guías; la verdad patente a
todos, por nadie se agota y aún hemos de dejar mucha a nuestros
sucesores.» (Ep. XXXIII.)
El sabio es superior a los dioses: éstos son buenos por
naturaleza, el sabio se hace bueno. Mas, aun estimando su propia
alteza, se puede saber sin infatuarse: «licet sapere sine
pompa, sine invidia». (Ep. 103.)
La razón es la revelación divina; la filosofía está en
nosotros y consiste en conocer las cosas, no en jugar con los
vocablos, non est philosophia populare artificium, nec
ostentationi paratum: non in verbis, sed in rebus est; así el
conocimiento propio eleva el alma a lo absoluto. Dios se muestra
en la conciencia, y viéndose el individuo en su razón suprema,
se convence de la inmortalidad. No podemos, pues, calificar a Séneca
de mero sectario de Zenón. Irá su reflexión a análogas
conclusiones, pero va por su propia indagación; como coincidente,
no como discípulo, porque no ha llegado por la senda de la enseñanza,
sino por su individual y primitiva lucubración. Bien claro lo
expresa en De Vita Beata: «Cuando digo nuestra doctrina no
me sujeto a la de ninguno de los estoicos principales, porque
también yo tengo libertad.»
Se ha opinado que Séneca se parece a Schopenhauer porque para
ambos el mundo es un conjunto de apariencias sometidas a
determinismo; la verdad consiste en nuestras percepciones reales e
inmediatas; la voluntad [12] individual, la Voluntad absoluta
determinándose en cada uno, y la filosofía preparan a la muerte,
que es la liberación. Pero Séneca, fundiendo la Voluntad y la
Razón, no llega al desconsuelo de la indiferencia, sino,
sobreponiéndose a las miserias terrestres, se prepara para una
existencia superior. Nuestra alma viene de Dios, habita en
nosotros, vino al mundo para purificarse, pero tiende hacia arriba.
Desde todos los puntos se puede mirar al cielo. Así fue el primer
filósofo romano que enseñó a vivir y a morir, aun hallando
preferible no haber nacido (ad Lucilium). De todas suertes,
hay que confesar que pocos escritores han dejado huella tan honda
como Séneca en la memoria y en la conciencia de la humanidad.
Un literato francés confiesa lo que su teatro nacional debe al
poeta andaluz diciendo: «C'est de Sénèque, à beaucoup d'égards
que relève particulièrement la tragédie française». En la Medea
(Acto II, vs.-371-5) se estampa la rotunda afirmación, que
traduzco, de la existencia en nuestro planeta de nuevos e ignotos
continentes, como si fuera predestinación geográfica e histórica
del genio andaluz presentir la invención del mundo americano.
Tiempo vendrá, pasados muchos siglos,
En que rompa el Océano sus lindes,
En que Tetis descubra nuevas tierras
Y no sea Thule el término del mundo.
La obra científica de Séneca es la intitulada Cuestiones
de Historia natural (Quaestionum naturalium, libri VII),
curiosa producción en que se mezcla la física y la moral, con
seria intuición de la unidad de la esencia.
Contemporáneo de Séneca, discípulo de los pitagóricos y
natural de Cádiz, brilló Moderato, autor de Lecciones pitagóricas,
obra distribuida en diez libros, de que sólo nos quedan tres
fragmentos conservados por Estobeo en su Florilegio. Gozó de sólido
prestigio en su tiempo, vir eloquentissimus le apellidó
San Jerónimo: Mr. Fouillé estima su intento de conciliar a Platón
con Aristóteles, [13] ideal de toda la filosofía hasta los
tiempos modernos, más feliz que el de Alcinóo, y D. Federico de
Castro opina que, en cuanto a los principios, la idea de Moderato
supera al neoplatonismo, por aparecer en él la voluntad como razón
activa, ligando y distinguiendo lo finito y lo infinito. La
inteligencia puede conocer la nouç,
del mundo, sin confundirse con él, mas también puede alcanzar
por el éxtasis la perfecta unión, abismándose en la divina
esencia.
No me atrevo, siguiendo a Bonilla, a incluir entre los filósofos
al retórico M. Fabio Quintiliano.
La exposición de la preceptiva en sus Instituciones oratorias,
está realizada con claridad, y en la parte crítica se nota una
marcada preferencia por el lenguaje y estilo, relegando los
conceptos a secundario lugar. Menos español que Séneca, no aportó
nada al conocimiento de las primeras causas ni envía ningún aura
de regeneración a la amanerada oratoria de las escuelas. Su espíritu
romano se deleita en los clásicos maestros; tiene su ideal en el
pasado; su preceptiva trasciende a culto y, aceptando la perfección
consumada, se limita a actuar de inteligente pedagogo.
Tampoco añaden nada al pensamiento nacional el estoico Anneo
Sereno, prefecto de la guardia neroniana, ni el emeritense Deciano,
prosélito de la misma escuela.
Al cerrar esta etapa, que llena Séneca con su nombre, no
podemos dudar de una filosofía española y añadir con legítima
satisfacción que en todo el mundo no existió más filosofía que
la de este inmortal andaluz, pues ni los epicúreos ni los
estoicos, incluyendo a Marco Aurelio, supieron dilatar el molde
forjado por los maestros helénicos. No investigaron ni pensaron
con originalidad, humildes escolares y rumiadores de aforismos. La
Historia podría sin violencia omitir sus nombres.
Por el contrario, Séneca desborda sobre la ortodoxia estoica
la abundante savia de su acentuada personalidad y, si no crea
sistema nuevo, al modificarlo, sepulta el antiguo convirtiendo la
uniformidad en modalidad progresiva, el estoicismo en senequismo.
(Mario Méndez Bejarano)
(Indice)
Lucano,
Marco Anneo (39-65)
Poeta épico hispano-latino. Su padre era hermano de Séneca. Fue
llevado a Roma de niño en compañía de su tío, que se ocupó de
darle una buena educación. Más tarde se trasladó a Atenas para
completar su formación. Poco después fue reclamado por Nerón,
del que fue durante algún tiempo amigo y protegido. Escribió su
primera obra importante en el año 60, 'Laudes Neroniis', que es
tan sólo la dedicatoria de su poema 'La Farsalia'. Por ella se le
nombró cuestor e ingresó en el Senado. Pero pronto se produjo su
enfrentamiento con el príncipe, víctima de la envidia del mismo,
tal vez surgida a raiz de los grandes premios poéticos que le
fueron otorgados. Su poema 'Orpheus' fue premiad en un concurso, a
consecuencia de lo cual, tras una memorable lectura, le fue
prohibido declamar en público e incluso hace oir su voz en el
foro. Sobrevino así la enemistad entre el emperador y su antiguo
protegido que, de personalidad altiva y orgullosa, se convirtió
en uno de los personajes más audaces de la época. La oposición
contra el tirano, agrupada en torno a Pisón, preparó un complot
para asesinarle. Lucano se sumó a la conjura, pero fue
descubierta , y el literato, debilitado moralmente y sin su
habitual firmeza de carácter, delató a varios de los
conspiradores, a su madre entre ellos. Sin embargo, el 30 de Abril
del 65 afrentó la muerte con la valentía y serenidad de los
estoicos, ofreciendo el brazo al médico para que le cortara las
venas en el baño. Según cuenta Tácito, mientras moría recitó
algunos versos, muy apropiados a la situación, de su obra 'La
Farsalia'. Poco después moría igualmente Séneca, reunido en el
mismo sacrificio con su sobrino. Lucano, que había dado muestras
de ingenio precoz y habilísima elocuencia en su más tierna
infancia, ya había escalado a los 20 años de edad la cumbre de
la fama como orador, poeta y dramaturgo. Su producción fue muy
extensa hasta su muerte, y abarcaba los géneros más diversos (épica,
lírica, dramática), pero sus obras se han perdido en su mayoría.
De todas formas se conservan noticias de un poema sobre la caída
de Troya 'Iliacon', de una composición sobre el mundo de los
infiernos 'Catachtonion', en el que se aprecian influencias
neopitagóricas y la inclinación del autor por la superstición y
las creencias de ultratumba; de una colección de diez libros de
poemas a la manera de Estacio 'Siluae' y de una serie de libretos
para pantomimas. También consta en alguna de sus biografías una
tragedia inacabada 'Medea' y una réplica en prosa, clandestina,
que probablemente era conocida sólo en círculos de la oposición,
al panegírico que el propio autor le había dirigido
anteriormente al emperador, escrita contra Nerón con ocasión del
famoso incendio de Roma del año 64, año en que Lucano se casó
con la joven Pola Argentaria. La única obra suya que se conserva
íntegra es 'La Farsalia', poema épico en diez libros, compuesto
en hexámetros cuyo tema son las guerras entre César y Pompeyo..
Es una de las obras maestras de la literatura latina y universal.
(Indice)
Quintiliano,
de Logroño, educador, retórico y abogado; maestro de Juvenal,
Plinio y Tácito."Gloria del Foro Romano, supremo moderador
de la inquieta juventud" (Marcial). Fue el primer maestro en
la Historia de Europa a salario del gobierno, ya que fue nombrado
profesor público de Retórica por el emperador Vespasiano. Sus
doce volúmenes sobre oratoria constituyen el más avanzado
pensamiento sobre educación y crítica. Promovió la educación
de los niños, y su influencia fue profunda hasta el Renacimiento
y la Restauración. Uno de sus discípulos fue Plinio el Joven.
El Padre Feijóo escribe lo siguiente
sobre Quintiliano:
"Cuando España no hubiera producido
otro orador que un Quintiliano, bastaría para dar envidia y dejar
fuera de toda competencia a las demás naciones, en que sólo
exceptuaré a Italia, por el respeto de Cicerón; bien que no
falta algún crítico insigne (el famoso brandemburgués Gaspar
Bartio), el cual sienta que sin temeridad se puede dar la
preferencia a Quntiliano respecto de todos los demás oradores,
sin exceptuar alguno. En otra parte le apellida el más elegante
entre cuantos autores escribieron jamás: Quntilianus omnium,
qui unquam scripserunt, auctorum elegantissimus. Laurencio
Valla se contentó con conceder al orador español igualdad con el
romano. Pero sea lo que fuere del uso de la retórica, en los
preceptos y magisterio del arte, es constante que excedió mucho
Quintiliano a Cicerón, pues a lo que éste escribió para enseñar
la retórica, le falta mucho para igualar las excelentísimas Institutiones
de Quintiliano. Así que Cicerón fué orador insigne sólo para sí;
Quintiliano, para sí y para todos. La elocuencia de Cicerón fué
grande, pero infecunda, que se quedó dentro de un individuo; la
de Quintiliano, sobre grande, es utilísima a la especie, en tanto
grado que el citado Laurencio Vala pronuncia que no hubo después
de Quintiliano, ni habrá jamás, hombre alguno elocuente si no se
formase enteramente por los preceptos de Quintiliano."
(Indice)
Marcial,
Marco Valerio (40-104)
Poeta y epigramista hispano-romano. Fue enviado a Roma a los 20 años,
teniendo como amigos a grandes personajes, lo que le permitió
relacionarse con muchos escritores. Gozó de bienestar económico
y obtuvo de Domiciano el 'instrium liberum' y el tribunado militar,
con lo que formaba parte de los caballeros. Residió en Roma
durante 35 años estudiando las costumbres de la época. Después
regresó a su ciudad natal, Bilbilis, donde permaneció hasta su
muerte a los 65 años. Escribió sus obras en los últimos 20 años
de su existencia. Es de destacar en su producción literaria la
gran mordacidad de sus versos. No todas sus obras son epigramas.
Sus epigramas constan de 15 libros. El libro I 'Epigrammation
liber o liber spectaculorim' trata de los Juegos ofrecidos por
Tito en el año 80 para la inauguración del Coliseo. Los libros
XIII y XIV titulados 'Xenia' y 'Apophoreta' son composiciones de
dos versos cada una escritas en los años 84-85. Los doce libros
restantes de epigramas contienen piezas de acento personal, lírico,
elegíaco y frívolo. Según Plinio en Joven, es un escritor de
talento, sutil y agudo. El autor declara que su fama es reconocida
en todo el mundo romanizado. No realiza poemas mitológicos,
característicos de la época, devolviendo a la poesía la
naturalidad y el realismo de la vida. Su estilo esta cargado de
cinismo, adulación y comicidad. Refleja la vida cotidiana de
Roma, haciendo numerosos chistes y alusiones mitológicas,
acotando los vicios sin herir a los viciosos. Pero además,
Marcial posee otros rasgos que son de destacar: Su amor a la
infancia, al campo y a la tierra celtíbera; su piedad ante el
dolor y la muerte, su necesidad por la amistad. Es conciso, exacto
y elegante en sus versos, que suelen ser endecasílabo, el dístico
elegíaco y el coliambo o trimero yámbico escazonte.
Los Romanos eran entusiastas de sus epigramas, de los que escribió
libro tras libro. Una de sus frases más famosas es :Sera nimis
vita est crastina vive hodie (Vive hoy, mañana será demasiado
tarde).
(Indice)
Moderato
de Gades (siglo I) Filósofo hispano-romano. Vivió
bajo el imperio de Nerón. Fue restaurador de las enseñanzas de
Pitágoras. Fue considerado como filósofo de verdadera influencia,
como se desprende de las alusiones de Plutarco y Siriano, de
Suidas y Eusebio de Cesarea, y en particular de Porfirio en sus
Vida de Plotino y Vida de Pitágoras. San Jerónimo le llama
‘vir eloquentissimus’ (hombre muy elocuente). Escribió
‘Lecciones Pitagóricas’, en 10 libros, que se han perdido en
su totalidad, excepto por tres fragmentos que versan sobre la teoría
de los números.
(Indice)
Silio
Itálico (siglo I) Poeta épico latino, oriundo al
parecer de la Bética, aunque algunos niegan su origen español.
Desde muy joven se dedicó a la elocuencia y a la poesía, apasionándose
por la obras y el estilo de Cicerón y Virgilio. Pasó por todos
los empleos que conducían al consulado, cuya dignidad obtuvo el año
68. Fue procónsul de Asia bajo Vespasiano, gobernando con
integridad y justicia. Colmado de honores y riquezas se retiró a
sus posesiones de Campania, donde, rodeado de estatuas, pinturas y
libros, se dedicó a limar y corregir su poema Bella Punica, que
empezara en su juventud. Es la narración de la segunda guerra púnica,
tomando los materiales de Tito Livio. Según Marcial, gozó de
gran fama en su tiempo, pero a su muerte cayó en el olvido, hasta
que 13 siglos después fue descubierto e impreso por el poeta
florentino Poggio. A los 75 años se vió atacado por una
enfermedad incurable, y se dejó morir de hambre, en el año 100.
(Indice)
Pomponio
Mela, (siglo I) Geógrafo y escritor hispano-romano,
natural de la Bética. Su obra principal es ‘De situ orbis’ o
‘Chorographia’, dividida en tres libros, interesante relato de
un viaje por las costa del mundo entoces conocido, empezando en
Africa del Norte y terminando en el Océano Indico. Da
descripciones más o menos completas de países de Africa, Europa,
Asia, el Atlántico, el Mar Caspio. Es una preciosa fuente de
consulta para el conocimiento de la ciencia geográfica de aquella
época, especialmente en lo que se refiere a las costumbres, y más
aún a todo lo relacionado con el arte. Algunos han comparado su
obra con las de Plinio y Tolomeo. El número de ediciones desde
1471 en varios países de Europa es una prueba del lugar que esta
obra ocupa entre los trabajos antiguos.
(Indice)
Columela
Nace en Gades Pertenece a
una familia de ricos propietarios agrarias de la Bética. Se
traslada a Roma donde entabla amistad con influyentes personajes.
Escribe De re rustica en 12 libros y De arboribus sobre la situación
de la agricultura itálica.
(Indice)
Portio
Latrón (50 a.d. JC a 4 d. JC) Retórico latino.
Educado en España, abrió en Roma una escuela, teniendo como
alumnos a Ovidio, Floro, Abrono, Silón, Esparso, etc. Cultivó la
amistad de Séneca, quien alaba su elocuencia, su gran memoria y
el ardor que ponía en sus peroraciones. Fue muy alabado por
Plinio y Quintiliano.
(Indice)
Antonio
Juliano, orador
(Indice)
Sextilio
Hena, orador
(Indice)
Deciano
(siglo I) Poeta hispano-romano , nacido en Mérida en el año
14 de la era cristiana. En el año 37, reinando Calígula, se
dirigió a Roma, donde despertó admiración entre los artistas, y
aún entre el pueblo. Los elogios de Marcial, que le llama
‘sabio jurisconsulto, sabio e inspirado poeta” y le consideró
como su maestro en el arte de hace versos, son testimonio de su
valía.
(Indice)
Voconio
Romano (siglo II) Poeta hispano-romano, nacido
probablemente en Sagunto. Pertenecía a una familia pagana, de la
nobleza, y llegó a ejercer el sacerdocio de su religión. Plinio
el Joven le prodiga los mayores elogios, y asegura que se
distinguió como poeta y orador, reconociéndole pocos rivales en
el dominio de la lengua latina.
(Indice)
Junio Gallion,
poeta.
(Indice)
Cassio
Rufo Poeta hispano-latino, de Cádiz, durante el
imperio de Domiciano. Celebradísimo por la dulzura y gracia de
sus versos. Marcial, que le conoció en Roma, dice que Cádiz
estaba muy pagada con la gloria de semejante hijo. Era tan jovial
y de buen humor que nunca se le vió triste. Le gustaba mucho el
trato de las damas, por lo que le reprendía festivamente Tito
Livio. Entre sus amigas la más celebrada y querida fue Teófila,
mujer de grandes conocimientos y relevantes prendas, porque además
de ser muy honesta, hablaba los idiomas griego y latino con
propiedad y elegancia.
(Indice)
Theofila,
poetisa, del genio de Safo.
(Indice)
Herencio
Senecion
(Indice)
Cayo Julio
Higinio, bibliotecario de Augusto, arqueólogo y erudito.
(Indice)
Lucio Anneo
Floro, historiador. Compendio de Historia Romana.
(Indice)
Luchadores contra Roma:
Viriato
(siglo II a.d. JC)
El principal caudillo de los lusitanos contra Roma. El nombre deriva
de la palabra celta viria, que significa brazalete. El lugar de
nacimiento se sitúa generalmente en la zona montañosa de Lusitania,
entre los ríos Tajo y Duero, hacia la sierra de la Estrella. Las
fuentes le describen como pastor y bandolero. Padecían los
lusitanos, como otros pueblos de la España antigua, principalmente
los celtíberos, un gran descontrol económico-social, que les
obligaba, como válvula de escape, a dedicarse al robo y saqueo, o a
enrolarse en los ejércitos de turdetanos, cartagineses y romanos,
para remediar su mala situación económica. V. es uno de estos
hombres, procedentes del estrato inferior de la sociedad lusitana.
Casó con la hija de un rico, probablemente terrateniente y ganadero,
que, como tal, defendía la causa romana. Cuando v. apare,ció en
escena llevaban los lusitanos siete años de luchas contra Roma y se
hallaban un tanto cansados de la guerra y de las pérdidas sufridas.
En el a. 147 a. C. un ejército de 10.000 lusitanos invadió la Bética,
siendo vencidos por el pretor Vetilio. La causa de la guerra era la
caótica situación económica en que, se hallaban masas importantes
de población.
V., recordando traiciones como las de
Lúculo y Galba, que bajo pretexto de repartir tierras concentraron
a muchos desheredados para después acuchillarlos, se opuso a las
conversaciones de paz entre Roma y los lusitanos e incitó a éstos
a la guerra. La estrategia de V. es la guerra de guerrillas, la
sorpresa de la emboscada y la huida aparente. Se apoyaba en la
extraordinaria movilidad de la caballería, armada a la ligera;
generalmente no presentaba batalla, ya que en campo abierto era
inferior su ejército a las legiones romanas. No pretendía la
conquista del terrítorio enemigo, sino cansarlo, debilitarlo y el
saqueo. Atacaba, frecuentemente con un grupo escogido de tropas, con
preferencia a convoyes y forrajeros. Con esta táctica obtuvo una señalada
victoria en Tríbola, ciudad que se sitúa entre el Betis y Carteia,
posiblemente en la sierra de Ronda; aquí con una seríe de huidas
simuladas atrajo al ejército romano, mandado por Vetilio, a un
desfiladero, donde causó 4.000 bajas a los romanos. La victoria de
Tríbola colocó en manos de V. toda la provincia Ulterior. En
Carpetania con la misma táctica venció a 10.000 hombres a las órdenes
del cuestor C. Plaucio. De esta región pasó a la Montaña de
Venus, entre el Tajo y el Guadarrama, que le permitió el acceso a
la meseta inferior. De nuevo derrotó a C. Plaucio. El caudillo
lusitano penetró a continuación en la meseta septentríonal y se
dirigió a Segovia primero y nuevamente a Carpetania; atrajo a los
habitantes de Segóbriga a una emboscada; aparentando huir y
abandonando el ganado. Tomó la ciudad y venció sucesivamente a C.
Unamuniano, gobernador de la provincia Citerior, y al pretor del a.
145, C. Nigidio.
A la vista de derrotas tan repetidas
el Senado decidió enviar a la provincia Ulterior cónsules con ejército
consular y no pretores, con mando por dos años. Vino el primero, O.
Fabio Máximo Emiliano, con un ejército de 15.000 hombres y 2.000
jinetes. Colocó el cuartel en Orsona (Osuna), pero fue molestado
continuamente por las tropas de V .; el ejército romano, durante el
primer año, 145 a. C., se entrenó, y obtuvo una victoria en campo
abierto que obligó a V. a evacuar el valle del Betis ya retirarse
hacia Baecula (Hailén). En los a. 143 y 142 los ejércitos romanos
son nuevamente derrotados; estaban mandados por O. Pompéyo A.
Filius y por el pretor Ouincio. V. se corríó después con su ejército
hacia Tucci (Martos), y así se asentó en el corazón de la
provincia Ulterior, desde donde dominaba el valle del Hetis y la
Hastetania; estas campañas coincidían con la sublevación de la
guerra celtibérica. Roma manaó de nuevo un cónsul a la provincia
Ulterior, O. Fabio Máximo Serviliano, que trajo dos legiones,
18.000 hombres y 1.600 caballos. Su primer objetivo fue la conquista
de Tucci. Después de varias escaramuzas y huidas simuladas de V .,
se vio obligado el cónsul a encerrarse en el campamento, que
abandonó. V. se refugió en Lusitania, seguido de cerca por el ejército
romano, que en un encuentro con dos capitanes de bandoleros, Curio y
Apuleyo, al mando de 10.000 hombres perdió los bagajes. Serviliano
retrocedió y se dedicó a castigar, como antes lo había hecho, a
las ciudades que se habían pasado al bando lusitano, Tucci, Astigis
(Écija) y Obulcola (Porcuna), ejecutando a 500 prisioneros y
vendiendo a 9.500 como esclavos. El mismo castigo impuso a otra
banda a las órdenes de Konnobos, a quien perdonó; a sus hombres
les hizo cortar la mano derecha. Serviliano sitió la ciudad de Arsa,
en la Baeturia; v. inesperadamente asaltó al ejército entregado al
trabajo de atrincheramiento y atrajo al grueso de las tropas a un
desfiladero, pero inopinadamente pactó con Serviliano dejando libre
al ejército romano. Las condiciones eran moderadas; se reducían a
que en lo sucesivo romanos y lusitanos habrían de respetar los límites
actuales de ambos bandos. El pueblo de Roma ratificó el tratado y
otorgó a v. el título de amicus populi romani, reconociéndole
como rey.
En el a. 139 el cónsul O. Servilio
Cepión presentó al Senado la paz acordada con v. como injusta, y
éste le autorizó a provocar a v. ya quebrantarla. El caudillo
lusitano se vio entonces obligado a evacuar la Baeturia ya retirarse
a Carpetania, donde le siguió Cepión, a quien V. burló, pasando a
Lusitania, siempre perseguido por Cepión y por las tropas del
gobernador de la provincia Citerior, Popilio Lenas. El pueblo
lusitano se encontraba realmente cansado de luchar, por lo que V.
entabló nuevas negociaciones de paz. Exigía Lenas la entrega de
los principales rebeldes; v. entregó a unos; a otros, como a su
suegro, Astolpas, los mató. Exigió nuevamente el cónsul la
entrega de las armas, a lo que el lusitano se opuso; no así el
pueblo, que quería la paz a toda costa. Cepión, para las
negociaciones, se sirvió de tres amigos de V., Audas, Oitalkon y .Minuros,
de la ciudad de Urso, en la Bética, que le asesinaron mientras dormía.
Los lusitanos rindieron a v. honras divinas; quemaron su cadáver,
mientras ofrecían innumerables víctimas y el ejército
evolucionaba alrededor de la pira; 200 parejas combatieron en el
ritual funerario.
Los historiadores romanos honraron la
fama de V.; Polibio y Posidonio elogian su estrategia y censuran su
asesinato. Los analistas ensalzan sus cualidades políticas y
militares. Lucilio le llama el «Aníbal de los iberos».Para Floro
pudo ser el Rómulo de Hispania.
I. M. BLÁZQUEZ MARTINEZ.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Índice
general de Hispánica




 

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