Índice general de Hispánica

 

San Isidoro, de Murillo

 

 

(Siglos V-VIII)

 

    Indice

San Leandro de Sevilla (535-600)
San Isidoro de Sevilla (560-636)
Braulio, San (murió en 646)
San Eugenio de Toledo (S. VI)
Tajón
San Julián (642-690)
San Ildefonso (607-667)
Mausona de Mérida (s. VI)
Leovigildo (murió 586)
Recaredo (siglo VI)
Wamba (siglo VII)




San Leandro de Sevilla (535-600)
Arzobispo de Sevilla durante los reinados de Leovigildo y Recaredo. Fue el mayor de los hermanos San Fulgencio, San Florentino, San Isidoro. Catequista de Hermenegildo y de Recaredo, promotor del III Concilio de Toledo en el que la monarquía se convirtió al catolicismo, fue también el fundador de la Escuela de Sevilla, el centro intelectual más importante de su tiempo. Su padre, Severiano, era uno de los hombres más prestigiosos de la región. En 554 la familia emigró de Cartagena a Sevilla, ante la cesión de la costa levantina al imperio bizantino. A la muerte de sus padres, ejerce la tutela de sus hermanos menores sin abandonar por ello los estudios eclesiásticos, ya iniciados en Cartagena. Abraza después la vida monástica hasta que en 578 es nombrado obispo de Sevilla, donde pronto se ve envuelto en las luchas entre Hermenegildo y su padre Leovigildo, motivo que le lleva a viajar a Constantinopla buscando la paz, y el ser desterrado después a Cartagena, mientras que Hermenegildo era decapitado por orden de su padre. A la muerte de éste, su sucesor Recaredo es bautizado por Leandro a los diez meses de iniciar su reinado, y abjura solemnemente el arrianismo. En 590 el nuevo pontífice, Gregorio Magno, le eleva a la dignidad arzobispal, y siguiendo sus recomendaciones, Leandro funda la Escuela de Sevilla para la formación de clérigos. Además de la enseñanza oral de San Leandro tenemos noticias de varias obras por él escritas, que no han llegado hasta nosotros, excepto su 'Tratado contra arrianos'.
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Isidoro de Sevilla, San (560-636)
Padre de la Iglesia Occidental. Cuarto hijo de una familia noble hispanoromana, su padre, Severiano, era gobernador de la Cartaginense y se estableció en Sevilla cuando ya habían nacido sus hermanos mayores: Leandro, obispo de Sevilla, Fulgencio, obispo de Ecija, y Florentina, monja y poetisa. Se educó en la escuela de la catedral de Sevilla que había sido fundada por su hermano San Leandro, donde destacó pronto como aventajado alumno en las complicadas enseñanzas del 'trivium y quadrivium'. Al finalizar sus estudios poseía una vasta cultura y dominaba correctamente las lenguas latina, griega y hebrea. En 599 muere su hermano San Leandro y San Isidor asume el episcopado de Sevilla. Desde este puesto desarrollará una importante labor de influencia decisiva en la sociedad y la cultura de su tiempo. San Isidoro es la figura más representativa de este momento de la Iglesia; con el poder en sus manos, robusteció la disciplina eclesiástica y luchó contra las herejías, en particular contra la de los acéfalos, que amenazaba la Bética. En el año 619 convocó y presidió el II Concilio de Sevilla, cuya legislación tuvo una importancia decisiva en los orígenes del régimen representativo, y en el 633 el IV Concilio de Toledo, al que asistieron todos los obispos del reino y del que surgió la obra 'Hispana', una formulación específica de la legislación canónica en forma de recopilación enciclopédica de series orientales, romanas, godas e hispánicas. Debido a la iniciativa de San Isidoro se incicio en toda España un movimiento intelectual, cuyo centro se encontraba en Sevilla, donde se impartían clases de artes liberales, griego, hebreo, filosofía aristotélica y otras materias. La importancia de San Isidoro se debe en gran parte a su magna obra 'Originum sive Etymologiarum libri XX', más conocida como las 'Etimologías' y considerada como la primera enciclopedia de la Historia. En esta obra, que San Isidoro terminó poco antes de su muerte y a petición de su amigo San Braulio, se encuentra reunido, ordenado y sistematizado todo el saber de su tiempo. Las 'Etimologías' no sólo rescataron del olvido una serie de conocimientos de la Antigüedad de gran interés, sino que dieron a conocer durante la Edad Media a mas de 150 autores de la literatura clásica que en ellas se citan. Las obras literarias de San Isidoro no son muy numerosas y en ellas configura el pensamiento prefeudal. Entre ellas: 'Libri duo differentiarum', una especia de apéndice de los dos primeros libros de las 'Etimologías'; 'Los Sinonimos', una obra piadosa en forma de diálogo entre el hombre y la razón; 'De Natura Rerum', manual de física compuesto para el rey Sisebuto; 'De Ordine Creaturarum', acerca de varias cuestiones físicas y espirituales. Como historiador y biógrafo destacan sus obras: 'Chronicum', Historia Universal basada en Eusebio, Julio Africano, y Víctor de Tumma; 'Historiae de regibus gothorum wandalorum et suevorum', fuente imprescindible para el conocimiento de los pueblos germánicos en la Península; 'De viris ilustribus', biografías de los principales escritores de la Iglesia desde finales del siglo V hasta principios del VII; 'De ortu et orbitu patrum', vidas de 85 padres de la Iglesia; 'Liber Numerorum quae in sacra scriptura ocurrunt', interpretación mística de los números de la Biblia; 'In libris veteris et Novi Testamenti Proemia, introducción general de la Biblia y particular de cada uno de sus libros; 'Sentiarum libri tres', compendio de Teología, dogmática y moral; 'De fide catholica ex veteri et novo Testamento contra Judaeos', obra apologética de carácter polémico, probablemente la más original y profunda de cuantas escribió; 'De eclesiatiis oficiis', acerca de cuestiones de la vida religiosa. San Isidoro, considerado como uno de los organizadores de la vida monástica en la Península, se proclamó protector de los monjes desde su acceso al episcopado, llegando a lanzar en el II Concilio de Sevilla un anatema contra los enemigos del monacato. Sus obras tuvieron gran fortuna en los claustros, especialmente su libro 'De eclesiastiis oficiis', que fue declarado desde el siglo VII como regla de los canónigos o clérigos españolos que vivían en comunidad.
"...el gran doctor de las Españas, de quien basta el nombre, entendimiento el más sintético, universal y prodigioso de su siglo". (Men. y Pelayo) "Las Etimologías revelan en nuestro autor a uno de los más grandes, si es que no al mayor, de todos los enciclopedistas". (Gustav Schmirer) "...el doctor egregio de nuestro días, último del tiempo, en saber no inferior a ninguno y, lo que es mejor, el más docto hasta el fin de los siglos". (Concilio VIII de Toledo) "San Isidoro, a la vez que labora una historia nacional, un loor nacional, un concilio nacional eclesiástico-político, desenvuelve una cultura no nacional, como último brote de la cultura romana. El obispo de Zaragoza, San Braulio, por cuyos ruegos compuso Isidoro su principal obra, expresa con lucidez lo extraña que era, en medio de la decadencia universal, la aparición de este hombre de cautivadora elocuencia y asombrosa erudición: 'En él, dice Braulio, parece venirnos de la Antigüedad misma; en él reverbera toda la sabiduría de la Antigüedad; en medio de la rudeza, deficiencia y vacío en que envejecemos, dios nos dió a Isidoro como un vínculo que nos renueva las obras memorables de los antiguos'. Y esto es realmente Isidoro, 'vínculo' extraño, prodigioso; un hispano que toma esencias de la Antigüedad en libros que ya nadie leía, y no sólo los reanima para el oscuro momento actual, sino que los guarda, como en rico museo, para transmitirlos a otra época venidera en que la cultura correrá durante algún tiempo a cargo de otros hombres de raza germánica, todavía no nacidos, cuya nueva ideología vendrá a restaurar la apagada vida intelectual de los romanos. Nunca se estimará bastante el valor de este museo isidoriano. Se ha repetido hasta la saciedad que Isidoro no es un talento creador; pero no se aprecia bien su gran talento organizador, ese talento no bien admirado que domina ingentes masas de nociones, y sabe hallar las analogías de las cosas, para colocar cada una al lado de la que puede ilustrarla o declararla. Isidoro en sus Etimologías (627-630), agrupa y encuadra el inmenso conjunto de la vida humana que tuvo expresión en las tres lenguas santas, hebreo, griego y latín; artes liberales, legislación, historia, libros y bibliotecas, escuelas filosóficas, poetas, historia natural, cosmografía, agricultura, milicia, trajes, comidas, juegos...El caos hecho cosmos. Todo está allí clasificado, todo expuesto con ingeniosa curiosidad, sentida especialmente hacia el extinguido mundo antiguo, aún hacia lo que el sentimiento cristiano aconsejaría pasar por alto; allí se informa con individuación sobre los dioses de los gentiles, sobre los atroces juegos circenses, los lupanarios teatros, las lascivas comedias, añadiendo , es verdad, alguna advertencia precavida: 'Cristiano, debes odiar estos espectáculos de los demonios, los pronósticos de los astros son supersticiosos, y los cristianos deben ignorarlos'. El recuerdo de Virgilio, Cicerón, Luciano, Horacio, Ovidio, Marcial, Persio, Nigidio, Ennio, y muchísimos más paganos que ya nadie recordaba, ocupa en la Etimologías cuarenta veces más lugar que el de Prudencio, Agustín, Ambrosio, Jerónimo y pocos más autores cristianos. Esta ávida atención hacia las cosas humanas más que a las divinas, este interés puro por la ciencia antepuesto al de la religión, da su mayor precio a las Etimologías en una edad en que todo conocimiento propendía a encerrarse dentro de miras puramente eclesiásticas...Y esos abundantes extractos de autores paganos, hechos en las Etimologías y en otras obras Isidorianas, no sirven sólo para valorar la erudición del autor, por ser de libros que ya nadie conocía entonces; es que tampoco nadie conoció después varios de ellos; San Isidoro fue el último lector, y sólo por los extractos que él hizo se han salvado no pocos restos de la antigua literatura, como, por ejemplo, de los Prata de Suetonio. El último erudito romana vive en España, entre los visigodos, un siglo después que Italia había producido a Casiodoro, otro vínculo con la Antigüedad entre los ostrogodos....Santo Tomás mismo aprovechó la obra isidoriana, y Dante, en el cuarto ciclo, verá llamear l'ardente spirito d'Isidoro entre las doce lumbreras de sabiduría eclesiástica que el mismo Tomás preside. No tuvo Isidoro más originalidad que la de acopiar, seleccionar y conformar de nuevo el pensamiento de cristianos y gentiles; pero con esto fue el primero, más inventivo y sabio de los enciclopedistas medievales, el más necesario de todos los tiempos. Fue el vínculo milagroso que dijo Braulio, entre dos épocas no inmediatas, sino separadas por un ancho abismo de esterilidad universal. El evoca la muerta voz de la Antigüedad y la deja encantada para que resuene con eco de vica en las edades venideras y el los países más lejanos. Por cinco siglos las obras isidorianas representan muy alta ciencia para todos los hombres de Occidente; un milenio dura su utilidad inmediata. Nadie en toda la Edad Media escribió de cosas divinas o humanas, sobre todo de la Antigüedad, que no sea deudor a San Isidoro, y así no hubo entonces armario que no procurase atesorar en sus tablas códices isidorianos; dos mil manuscritos de estos, conservados hasta hoy en las bibliotecas del mundo son huellas imborrables de los caminos que por toda Europa abrieron los pasos guiadores del metropolitano hispalense". (Menéndez Pidal)
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Braulio, San (murió en 646)
Obispo y teólogo de la Hispania Visigótica. Titular durante 20 años de la diócesis de Zaragoza, participó en varios Concilios de Toledo. Amigo de San Isidoro, completó las 'Etimologías' de éste.

De ilustre familia hispanorromana con toda probabilidad, debió nacer por los últimos años del S. VI en la región nororiental de la Península, probablemente en Gerona o en Zaragoza. Su padre, Gregorio, había sido obispo, posiblemente de Osma; y obispo de Zaragoza fue también su hermano Juan. Conocemos además el nombre de otros tres hermanos más: Fronimiano, que fue abad del monasterio de S. Millán de la Cogolla, en la Rioja; Pomponia, también religiosa, y abadesa de un no determinado monasterio; y por último, Basila, que eligió el matrimonio. De su primera educación, nada sabemos, si se exceptúa que estuvo en Sevilla algún tiempo, frecuentando la escuela de S. Isidoro, con quien continuó siempre en contacto, y de cuya estima siempre gozó. Precisamente a instancias de B. se decidió S. Isidoro a escribir sus Etimologías. Para el a. 620 ya estaba de vuelta en Zaragoza, con el cargo de arcediano de su hermano Juan. Hacia el 631 le sucedió en esta sede, tomando parte como obispo de ella en los conc. de Toledo, IV (a. 633), V (a. 636) y VI (a. 638). M. probablemente el a. 651, durando su pontificado unos 20 años, como asegura S. Ildefonso de Toledo.

Obras. Las que han llegado hasta nosotros son: a) Epistolario: Se conservan 33 cartas suyas, y 13 más dirigidas a él. Sin embargo, por las conservadas se ve que no son todas las que escribió. En efecto, en alguna de ellas se alude a otras, hoy desaparecidas. La mayoría permanecieron desconocidas hasta que en el s. XVIII las editó Risco; b) La Praenotatio librorum divi Isidori, y una breve biografía del mismo santo. La primera no es otra cosa sino un elenco de las obras de S. Isidoro; mientras que la «Vita» la escribió para añadirla al «De Viris illustribus» del mismo S. Isidoro; c) Una Vida de S. Millán, el fundador del monasterio de la Cogolla, al que dio su nombre, y del que era abad su hermano Fronimiano. La escribió a petición de éste y de Juan; d) Un himno en honor de este mismo santo; e) Además se le atribuyen otras varias obras, entre ellas la pasión de los Innumerables Mártires de Zaragoza, atribuciones que modernamente se han desechado.

Fue sin duda el mejor escritor y el mayor erudito de su tiempo, después de S. Isidoro, su maestro, llegando a ser un buen clasicista para su siglo. Tuvo gran prestigio en la vida nacional, como lo demuestra su correspondencia con las más diversas personas, entre ellas S. Fructuoso de Braga, además de S. Isidoro.

Culto. Su culto no comenzó hasta muy tarde; hasta mucho después de la supresión de la liturgia hispánica. Efectivamente, en ningún texto o manuscrito litúrgico hispánico leemos su nombre; como tampoco lo encontramos en los martirologios medievales. Su culto comenzó con el descubrimiento de su cuerpo hacia el 1200, según testifica el manuscrito «De revelatione beati Brauli», de finales del s. XIII, conservado en Zaragoza en la basílica del Pilar y de dudosa autenticidad. Según la tradición, sus restos se conservan en esta basílica, debajo del Altar Mayor. En ella tiene dedicada una capilla. Su fiesta se celebra el 26 de marzo.

R. JIMÉNEZ PEDRAJAS. 

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

 

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Tajón
autor de un libro de Sentencias, que merece el título de Maestro de las Sentencias y padre de este género de enseñanza teológica, mejor que Pedro Lombardo
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San Julián (642-690) 

Nació en Toledo. Desde niño tuvo por maestro al obispo de aquella ciudad, San Eugenio III , que se tomó su educación con sumo interés y le instruyó tanto en los saberes seculares como en los religiosos. Julián siguió los pasos de su maestro, consagrándose al servicio de la Iglesia. Su gran calidad religiosa y humana hizo que recayera en él la elección para ocupar la sede que dejó vacante la muerte del obispo Quírico. Fue consagrado Julián como arzobispo de Toledo el 29 de enero del año 680. Durante su mandato se celebraron en aquella diócesis los concilios XII, XIII y XIV. Se condenó en este último la herejía de Apolinario y él mismo escribió dos apologías contra esa herejía. Escribió también los Libros de la sexta edad contra los judíos y el Prognosticon. San Julián forma parte del elenco de grandes obispos de la España visigótica que tuvieron una relevancia política decisiva. En los concilios no sólo se resolvían cuestiones de dogma, sino también de derecho. La unificación jurídica de la población hispana que daría lugar al Fuero Juzgo se fraguó en los concilios de Toledo. En la actitud de San Julián respecto a las relaciones con los judíos, más conciliadoras de lo que era habitual, y en su especial dedicación a trabajar por su conversión, tuvo que influir considerablemente el hecho de que él mismo era descendiente de judíos conversos.

(EL ALMANAQUE )

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San Ildefonso (607-667)

N. ea. el 607, durante el reinado de Witerico en Toledo, de padres visigodos. Según una tradición que recoge Nicolás Antonio (Bibliotheca Hispana Vetus, PL 96,11), fue sobrino del obispo de Toledo S. Eugenio 111 (v.), quien comenzó su educación, aunque no es cierto que más tarde lo enviase a Sevilla para continuar su formación bajo S. Isidoro, como afirma Cixila. Por el estilo de sus escritos y por los juicios emitidos en su De viris illustribus sobre los personajes que menciona, se deduce que recibió una brillante formación literaria. Según su propio testimonio fue ordenado de diácono (ca. 632-633) por Eladio, obispo de Toledo (De vir. ill. 7: PL 96,202). En un pasaje interpolado del Elogium, se dice que siendo aún muy niño, ingresó en el monasterio Agaliense, en los arrabales de Toledo, contra la volunta de sus padres. Más adelanté se afirma que «se deleitaba con la vida de los monjes», frase que debe interpretarse siguiendo a Flórez (V,276) en el sentido de que desde niño se inclinó al estado religioso. Ildefonso estuvo muy vinculado a este monasterio, como él mismo recuerda al hablar de Eladio, y como se deduce del De vir. ill. con el que pretende exaltar la sede toledana y quizá mostrar el papel privilegiado que correspondía al monasterio Agaliense. Estando ya en el monasterio, funda un convento de religiosas dotándolo con los bienes que hereda, y en fecha desconocida (650?), es elegido abad. Firma entre los abades en los Concilios VIII y IX de Toledo, no encontrándose su firma, en cambio, en el X (656). Muerto el obispo Eugenio III es elegido obispo de Toledo el a. 657, y según el Elogium obligado a ocupar su sede por el rey Recesvinto. En la correspondencia mantenida con Quirico, obispo de Barcelona, se lamenta de las dificultades de su época. A ellas atribuye el Elogium que dejase incompletos algunos escritos. M. el 667, siendo sepultado en la iglesia de S. Leocadia de Toledo, y posteriormente trasladado a Zamora. Su fiesta se celebra el 23 de enero.
     
      Obras. De las reseñadas en el Elogium se conservan las siguientes:
     
      Sobre la virginidad perpetua de Santa María contra tres infieles (De virginitate S. Mariae contra tres infideles), su obra principal y más estimada, de estilo muy cuidado y llena de entusiasmo y devoción marianos (fue llamado el Capellán de la Virgen en la comedia que, con ese mismo título, escribió Lope de Vega). Los tres herejes a que se refiere son Joviniano y Elvidio, refutados ya por S. Jerónimo (v.), y un judío anónimo. Esto da pie a pensar que intenta refutar a algunos de su época, que, quizá por influencia judía, resucitaban los mismos errores. Consta de una oración inicial y de 12 capítulos. En el primero defiende contra Joviniano la virginidad de María en la concepción y en el parto; en el segundo mantiene contra Elvidio que María fue siempre virgen; a partir del tercero muestra que Jesucristo es Dios y la integridad perpetua de María. Depende estrechamente de S. Agustín y S. Isidoro, y constituye el punto de arranque de la teología mariana en España. Fue traducida por el Arcipreste de Talavera.
     
      Comentario sobre el conocimiento del bautismo (como reseña S. Julián) o Anotaciones sobre el conocimiento del bautismo (Liber de cognitione baptismi unus), descubierto por E. Baluze y publicado en el libro VI de su Miscelánea (París 1738). Es de sumo interés para la historia del bautismo en España. Escrito con finalidad pastoral, expone al pueblo sencillo la doctrina de la Tradición sobre este sacramento. Dividido en 142 capítulos, en los 13 primeros trata de la creación del hombre y de la caída original; en los cap. 14-16, del bautismo de Juan y del bautismo de Cristo, afirmando que sólo el último perdona los pecados; en 17-35, expone cómo se ha de recibir el bautismo y explica las ceremonias; en 36-95, explica el Credo, que ha de aprenderse de memoria (es un valioso documento para el estudio de la historia del Símbolo en España); en 9.6-131, vuelve sobre las ceremonias bautismales; en 131-137, explica el Padrenuestro; en 138140 trata de la Comunión, y en 141-142 explica la liturgia del lunes y martes de Pascua como coronación de las ceremonias de la iniciación cristiana. Las fuentes principales son: las Enarrationes in psalmos de S. Agustín, las Moralia de S. Gregorio Magno y las Etimologías de S. Isidoro.
     
      Sobre el progreso del desierto espiritual (De progressu spiritualis deserti), prolongación de la obra precedente.
      Tras el bautismo, simbolizado por el paso del mar Rojo, el alma camina por el Evangelio, como los israelitas por el desierto. Utiliza excesivamente la alegoría.
     
      Sobre los varones ilustres (De viris illustribus), continuación del de S. Isidoro. A diferencia de éste, enumera no sólo a escritores, sino a eclesiásticos ilustres por su santidad o dotes de gobierno. De los 13 personajes que en ella figuran, 7 son toledanos. En cambio, autores tan importantes como Braulio de Zaragoza o Isidoro de Sevilla, son apenas destacados. En el estilo y noticias depende de S. Jerónimo, Genadio (v.) y S. Isidoro (v.). Aunque no está reseñada esta obra en el Elogium, dada la atribución manuscrita que se la atribuye unánimemente, puede darse por auténtica (v. t. PATRóLOGOS).
     
      Finalmente, se conservan dos Cartas dirigidas a Quirico de Barcelona. No se conservan las siguientes: Liber prosopopejae imbecillitatis propriae, Opusculum de proprietate personarum Patris et Filii et Spiritus Sancti, Opusculum adnotationum actionis propriae, Opusculum adnotationum in sacris. El Elogium habla de misas compuestas por I., himnos y sermones; la tradición manuscrita le atribuye algunos, que la mayor parte de los críticos toman como apócrifos.
     
      Doctrina. El Elogium dice de I. que fue notable por su elocuencia. Muy enraizado en la tradición patrística, su esfuerzo principal estriba en dar al pueblo en forma asequible «la doctrina de los antiguos». Su teología es fundamentalmente mariana y sacramentaria. Merece destacarse la claridad con que afirma su fe en el parto virginal: «No quiero que alegues que la pureza de nuestra Virgen ha sido corrompida en el parto... no quiero que rompas su virginidad por la salida del que nace, no quiero que a la Virgen la prives del título de madre, no quiero que a la madre la prives de la plenitud de la gloria virginal» (Sobre la virg., cap. I), y la insistencia con que la proclama Madre de todos los hombres. En la doctrina sacramentaria, recomienda la comunión diaria («Pedimos en esta oración del padrenuestro que este pan, el mismo Cristo, se nos dé cada día», Anot., cap. 136), defiende que el bautismo administrado por los herejes es válido y no debe iterarse (ib. 121), y que no es válido, en cambio, si se omite en la fórmula alguna de las tres divinas Personas. El bautismo sólo pueden conferirlo los sacerdotes, excepto en los casos de grave necesidad (ib. 115). Después habla de la Confirmación, relacionándola con el sacerdocio de los fieles: «Puesto que somos raza de elección y sacerdocio real, somos ungidos después del bautismo del agua con el crisma» (ib. 123) y de la infusión del Espíritu por la imposición de las manos (ib. 128).

L. F. MATEO SECO.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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San Eugenio de Toledo
autor del libro De Trinitate, que escribió para que circulara en las partes de Libia y de Oriente, según testifica San Ildefonso.
"Es de notar en varias de sus poesías, en el Lamento por la llegada de la vejez, cierto realismo teórico, hermano del de muchas obras maestras de la literatura y arte españoles del gran tiempo. Pero más notable es que esa lamentación cambie cuatro veces de metro en cien versos que sólo tiene; extraña inquietud del sentimiento rítmico en ese Eugenio de cuerpo enfermizo y de espíritu brillante, como lo retrata Ildefonso, que a pesar de su educación clásica en la ya desusada cantidad silábica, es el primer rebelde hispano contra la uniformidad métrica, rigurosamente impuesta por los poetas de la Antigüedad a los venideros. Los pueblos modernos han tardado en sacudir el yugo de tal uniformidad hasta el romanticismo; en cambio, como esa primera muestra de polimetría dada por Eugenio nos sorprenden otras, a través de toda nuestra literatura romance( Auto de los Reyes, Historia Troyana, Arcipreste de Hita, teatro clásico, etc), rebeldía índice de tantas otras por el estilo que dan a nuestro arte su fisonomía particular frente al de los pueblos hermanos". (Menéndez Pidal)
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Mausona de Mérida (siglo VI), presidente del III Concilio de Toledo, y una de las más decisivas influencias en la conversión del monarca visigodo Recaredo. El año 587, Sunna, obispo intruso de Mérida, conjurose con Witerico y otros nobles descontentos por la conversión del Rey, e intentaron asesinar a Mausona y al duque Claudio, gobernador de Mérida. Witerico fue el encargado de dar el golpe a ambos en el atrio de la iglesia, pero no logró sacar la espada de la vaina, y atribuyéndolo a milagro, se arrojó a los pies de Mausona y descubrió la trama. Otra conjuración se tramó para asesinar a Mausona y a Claudio durante una procesión, pero fue descubierta y Claudio cayó sobre los conspiradores prendiendo a muchos y pasando a cuchillo a quienes resistieron.
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Leovigildo (murió 586)
Rey visigodo de España tras la muerte de Atanagildo. En 573 la Península se unió al reino visigodo de la Narbonense. Preocupado por la unificación y organización del Estado, dió nuevo sentido a la monarquía visigoda, fortaleciendo su poder y enalteciendo la persona del rey. Acuñó monedas de oro con su efigie y, en contra de las leyes electivas que regían la sucesión de la Corona, nombró a sus hijos, Recaredo y Hermenegildo, duces, asegurándoles así la continuidad en el trono. Revisó el código de Eurico, revocando las leyes que prohibían el matrimonio entre visigodos e hispanoromanos. Sus campañas militares lograron unificar a la península, ocupada en el suroeste por los bizantinos; la Gallecia por los suevos; astures, cántabros y vascos era prácticamente independientes. A todos acabó sometiendo a la autoridad real. Lograda la unidad territorial y política, trató de imponer a todos los súbditos el credo arriano, pretensión en la que se le enfrentó su hijo Hermenegildo, cristiano, al que acabó derrotando y decapitando (585) En lucha contra los reyes francos, logró ampliar sus dominios incorporando algunos territorios fronterizos en el norte.
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Recaredo (siglo VI)
Rey de la España visigoda, de 586 a 601. Liberal, piadoso y severo, fue un gobernante inteligente que perfeccionó y acabó la obra de su padre Leovigildo, haciendo de España la nación más poderosa y temida del Occidente Europeo. Consiguió para la monarquía visigoda una de sus épocas más florecientes. Derogó todas las disposiciones que su padre había dictado contra los católicos. Influído por San Leandro, arzobispo de Sevilla, Recaredo se convirtió al catolicismo. Esta conversión provocó algunas sublevaciones de los arrianos en la Península y en la Septimania. El Obispo arriano de Narbona se levantó en armas, siguiéndose un gran matanza de católicos. Recaredo se trasladó a la Septimania, y los francos fueron derrotados por el duque Claudio, obligándoles a abandonar Carcasona. Una vez pacificado el territorio, convocó el III Concilio de Toledo, en el año 589, que supuso la aparición de una verdadera iglesia nacional. Se celebró en la iglesia de Santa Leocadia y asistiero 67 preladdos. Con él se abrió una etapa de interferencias entre la iglesia y el estado, determinándose que la Iglesia participaría a través de los concilios en la dirección de los asuntos políticos. En este concilio se proclamó la conversión del pueblo godo al catolicismo. Además de su conversión, Recaredo indrodujo un nuevo principio jurídico que tendía a igualar las condiciones de godos e hispanoromanos.
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Wamba (siglo VII)

REINADO DE WAMBA (672-680).

El misma día de la muerte de Recesvinto, los magnates y obispos presentes en el lugar, y “el pueblo” que habitaba la villa, violando los procedimiento de elección (aunque el lugar de la elección era legitimo pues estaba permitido el nombramiento de nuevo rey allí donde muriera el anterior), designaron a Wamba como rey. El nuevo soberano era, una vez más, de edad avanzada. Seguramente pertenecía al grupo de partidarios de Recesvinto, y los magnates que le eligieron quisieron asegurarse la elección de uno de los suyos, presuntamente poco problemático y en todo caso ya anciano, y evitar la intervención del clero en la elección, pues suponemos al clero hostil a Recesvinto.

Wamba rechazó la elección, alegando su avanzada edad que harían difícil que pudiera hacer frente a “los desastres que amenazaban el reino”, pero aceptó cuando uno de los magnates, un dux, le amenazo de muerte si no aceptaba la corona

. Para no ser considerado un usurpador Wamba se traslado a Toledo, donde el metropolitano Quiricus, de grado o por fuerza, le coronó en Septiembre u Octubre en la Iglesia de los Santos Apóstoles.

No tenemos noticias de las actividades anteriores de Wamba. Se le identifica con un Vir illustris que aparece en el X Concilio de Toledo (656), pero no se sabe que cargo podía desempeñar en el momento de la elección.

Las fuentes principales para su reinado son cuatro:

La Historia Rebellionis Pauli adversus Wambam, escrita por Julián, diácono o sacerdote, y más tarde metropolitano de Toledo (desde Enero del 680 a Marzo del 690).

La Insultatio, también obra de Julián, en la cual se narran las relaciones tirantes entre la provincia de la Galia Narbonense y el resto del Reino, que indicaría la existencia de un principio de particularismo regional.

El Iudicium in tytannorum perfidia promulgatum, escrita seguramente en Nîmes por un autor anónimo.

Y una carta del jefe de la rebelión, Paulus, dirigida a Wamba.

La primera actividad de Wamba fue una campaña de los vascones. Si apenas consolidado en el trono decidió organizar una expedición contra los vascones, sería porque éstos estaban devastando la Tarraconense (la actividad de los vascones y sus consecuencias serían los desastres aludidos por Wamba). La campaña contra los vascones no debió llevarse a cabo en el invierno del 672, pues en estas fechas los vascones estarían refugiados en sus impenetrables montañas. Probablemente inició la campaña hacia el mes de Abril del 673, y el resultado inmediato de la noticia del avance del ejército real debió ser que los vascones no descendieron por el Valle del Ebro, y concentraron sus ataques hacia Cantabria. El rey se dirigió a esta región, y en el camino tuvo noticias de que se había rebelado en la Narbonense el conde de Nîmes, Hilderico, al que apoyaba el Obispo de Magalona Gumildo, y el abad Ranimiro, todos ellos de nacionalidad goda.

El Obispo de Nîmes, Aregius, no había secundado la rebelión y había sido depuesto por Hilderico, que lo había enviado encadenado al Reino de los Francos, colocando en su lugar a Ranimiro, que fue consagrado por dos Obispos del Reino Franco (la consagración de un Obispo exigía, legalmente al menos, la presencia de tres Obispos de la misma provincia según el canon diecinueve del IV Concilio toledano). Se deduce de todo ello un apoyo más o menos abierto de los Francos a la rebelión. No obstante el dominio rebelde era pequeño pues solo se extendía a una pequeña parte de la Septimania (el territorio de Nîmes y seguramente el de Magalona, la actitud de cuyo conde no se menciona).

Wamba no detuvo su marcha hacia Cantabria. Envió contra los rebeldes a un dux llamado Paulus (su nombre griego hace pensar que no era godo, pero de las fuentes contemporáneas nunca se sugiere que no lo fuera, y de hecho casi todos sus partidarios fueron godos ). Este marchó con tropas en dirección a la Narbonense, llegando seguramente a Tarraco, donde mantuvo contactos políticos con el dux de la Tarraconense Ranosildo. ¿Como se concibió el proyecto de rebelión?. ¿Estaba incluido Ranosildo en la conjura iniciada por Hilderico?. En todo caso la desvinculación de la Narbonense del Reino Visigodo era un hecho en la segunda mitad del Siglo VII, y seguramente afectaba también a la parte oriental de la Tarraconense, cuya relación natural era con el Norte. En cambio la región de Zaragoza se relacionaba más con Valencia y Toledo, y además era una zona muy afectada por los ataques vascones, lo que obligaba a una presencia constante de tropas visigodas que reforzarían la cohesión interregional, pero donde también podía crecer el descontento por la continuación de los saqueos vascones y la insuficiente respuesta real. Ranosildo sería el representante de la nobleza regional partidaria de una política que permitiera una mayor vinculación a los Francos y una lucha eficaz y directa contra los vascones; sin duda no pretendían una separación (pues el tema de la independencia regional surgió más tarde) pero si ejercer la hegemonía en Toledo, y usar las mayoría de las fuerzas del reino en beneficio de la Tarraconense en el aspecto militar, y concertar una alianza con los Francos en el plano político y seguramente económico.

De las conversaciones de Paulus y Ranosildo surgió una nueva rebelión. Una parte de la Tarraconense se levantaría contra Wamba y se sumaría a la rebelión de parte de la Narbonense. Uno de los Gardingos (antes fideles) del rey, llamado Hildigiso, se unió también a Paulus y Ranosildo.

Paulus fingió proseguir su camino para combatir a Hilderico, pero en el camino debió buscar el apoyo de otros magnates. Alguno de ellos rebeló la traición al Obispo Argebado de Narbona, ciudad que permanecía leal al rey. Argebado envió un emisario a Wamba notificando las intenciones de Paulus. No obstante las fuerzas de Paulus, que debían ser muy superiores a las del conde de Narbona, penetraron en la ciudad y la ocuparon. Se cree que poco después Argebado se unió a los rebeldes.

Una vez en Narbona Paulus se proclamó rey (Flavius Paulus), declaro depuesto a Wamba, y fue ungido y coronado con la corona de oro que Recaredo había donado a un Santuario de Gerunda. Hilderico y los suyos reconocieron a Paulus como rey. Toda la nobleza de la Narbonense y de la parte oriental de la Tarraconense (la actual Catalunya) se sumó a la revuelta, y el nuevo rey consiguió atraer a su partido, además de los nobles y obispos, a francos y vascones. Paulus exigió un juramente de fidelidad en las poblaciones que dominaba. La suerte del dux de la Narbonense es desconocida (no se menciona ni el personaje ni el cargo en ninguna de las narraciones), ni tampoco se menciona a los Obispos y condes de Lodeve, Carcasona y Beziers, ni al conde de Agde.

Wamba conoció la revuelta de Paulus estando en Cantabria a punto de atacar a los vascones de la depresión. Tras consultar con los primate (la alta nobleza palatina) que le acompañaban se decidió un ataque masivo contra los vascones, dejándose para después la lucha contra Paulus. Durante siete días las tropas visigodas penetraron en territorio de los vascones, saqueando los campos y quemando las casas, pero siempre permaneciendo en las zonas llanas sin acercarse en ningún momento a las zonas montañosas, donde los vascones se refugiaban y donde podían ser víctimas de emboscadas. Finalmente los vascones accedieron a entregar algunos rehenes y tributos, y seguramente se comprometieron a no ayudar a Paulus y a convencer a los otros jefes para que no lo hicieran.

Wamba pudo marchar entonces hacia Calagurris (obsérvese que evito cruzar el territorio vascón) y desde allí hacia Osca (Huesca), Ilerda y Barcino, donde capturo a diversos jefes rebeldes: Euredo (identificado con el personaje del mismo nombre presente en el VII Concilio del 653 con el título de conde, y que se cree que era el conde de Barcino), Pompedio, Gundefredo, el diácono Hunulfo y Neufredo.

Siguió hacia Gerunda que se le rindió, y cuyo obispo Amator (hispano-romano) había permanecido leal al rey a pesar de recibir una carta de Paulus en la que le invitaba a sumarse a su causa y le aseguraba que se invadirían las provincias de Hispania para acabar con el poder de Wamba.

Wamba dividió entonces su ejército en tres columnas: una de ellas remontaría el Segre, cruzaría la Cerretania (Cerdanya) y penetraría en la Narbonense por el río Tet; otra pasaría por Ausona (Vic) y desde allí llegaría hasta Ceret; y la tercera columna (al mando del rey) avanzaría por la vía romana que seguía la costa. En el camino las tropas reales tuvieron comportamientos propios de un ejército que cruza un país extranjero y hostil y saquearon y violaron a las mujeres; pero el rey castigo a los responsables con severidad, y a los violadores los hizo circuncidar.

Cuando cruzaba los Pirineos Wamba recibió una carta de Paulus en la cual se titulaba “rey ungido del Este” (y llamaba a Wamba rey del Sur). En la carta desafiaba al rey a un combate singular en Clausurae, no lejos de Ceret. Los términos de la carta de Wamba al hablar de un rey del Este y uno del Sur han dado pie a toda clase de especulaciones: particularismo regional o poca confianza en la victoria. Lo más probable no obstante es que Paulus se limitara a reflejar una situación existente de hecho: había efectivamente dos reyes, uno en el Este y uno en el Sur, pero cuando uno de ellos venciera volvería a haber un solo rey.

El rey tomó Caucoliberi (Cotlliure) y otras aldeas, y se presentó en Clausurae donde venció a las fuerzas rebeldes, capturando al dux Ranosildo y al gardingo Hildigiso o Eldigiso, que dirigían la defensa, junto a otros nobles godos. Un ejército formado por francos, que acudía en ayuda de la villa, huyó sin combatir. Witimiro, defensor de la fortaleza de Sordonia cercana a Llivia (Castrum Libiae o Julia Libia), huyó hacia Narbona donde informó a Paulus del desastre de Clausurae y de que las otras dos columnas ya habían alcanzado sus objetivos, eliminando las resistencias rebeldes (incluida la ocupación de Llivia, defendida por un Obispo llamado Jacinto, que se cree que pudiera ser de la diócesis de Elna o de la de Urgell, y por el noble godo Arangisclo que logró huir), y se habían unido a las fuerzas de la columna al mando del rey.

El ataque se dirigió seguidamente contra Narbona, a cuyo efecto acudieron las naves de la flota visigoda que atacaron por mar, mientras las fuerzas terrestres marcharon contra ella por diversos puntos. Paulus abandonó la ciudad hacia Nîmes, dejando el mando de Narbona a Witimiro, al que Wamba intimó a la rendición sin éxito. Las fuerzas del rey asaltaron la ciudad tomándola tras vencer una tenaz resistencia. Witimiro se refugió en una Iglesia con su espada y fue apresado. Fueron también capturados Argemundo (cuyo cargo desconocemos) y el primicerius Gultricia. Cerca de Beziers fue apresado Ranimiro, Obispo intruso en Nîmes, que había huido de Narbona antes de la entrada de las tropas regias. Lodeve, Beziers y Agde cayeron también en poder del rey, capturándose al Obispo Wiliesindo, a su hermano Ranosindo y a Arangisclo, el defensor de Llivia.

El siguiente ataque se dirigió hacia Magalona, defendida por el Obispo Gumildo. Ante un posible ataque por mar Gumildo huyó a Nîmes, y la ciudad fue tomada por Wamba con escasa oposición.

Quedaba el bastión de Nîmes donde estaba Paulus con un ejército compuesto por francos y visigodos. Fuerzas enviadas por el rey llegaron ante la ciudad el 31 de Agosto del 673; los defensores esperaban la llegada de refuerzos de los francos, y para anticiparse a su llegada el ejército real atacó la ciudad sin resultado positivo. Al final del día siguiente (en que los realistas volvieron a atacar la ciudad sin lograr tomarla) llegaron unos diez mil soldados godos al mando del dux Wandemiro o Waldemiro, y aquella misma noche, ya de madrugada, las puertas de la ciudad ardieron y las fuerzas del dux penetraron en Narbona, refugiándose los defensores en el anfiteatro de la ciudad, donde estalló la lucha entre ellos: los galos desconfiaban de los godos, de los francos y de Paulus; los francos desconfiaban de los godos; y los godos desconfiaban de los francos y los galos. Paulus no pudo imponer su autoridad y hubo de asistir a una gran matanza entre sus propios partidarios (2 de Septiembre). A lo largo del día Paulus consultó con sus colaboradores, y envió a Argebado, obispo de Narbona, a solicitar la clemencia real (mientras los partidarios del rebelde seguían luchando entre sí). El rey recibió a Argebado y accedió a terminar la lucha pero rechazó la petición de que los rebeldes no recibieran el castigo prescrito por las leyes. Las tropas visigodas controlaron la ciudad y se establecieron destacamentos para prevenir la llegada de tropas de los francos. Centenares de galos, francos, sajones, godos y algunos hispano-romanos fueron detenidos junto a Paulus (entre ellos Gumildo obispo de Magalona). El 20 de Septiembre los prisioneros francos y sajones fueron expulsados hacia su patria.

Paulus fue vestido con ropajes reales en forma de mofa, y fue conducido con sus colaboradores principales a presencia del rey (4 de Septiembre) y de los nobles de palacio, los gardingos y todo el Officium presente, y los mandos militares. Wamba les pregunto por el motivo de la rebelión, para la que no pudieron alegar ninguna ofensa, y les mostró su juramento de fidelidad firmado el 672 después de su acceso al trono; después fue leído el canon setenta y cinco del IV Concilio y la ley sobre rebelión de Chindasvinto. No obstante Wamba fue magnánimo y no los condenó a muerte ni los hizo cegar; fueron decalvados y sus bienes confiscados.

Por los mismos días fuerzas de los francos al mando de un duque llamado Lupus llegó hasta cerca de Beziers, pero se retiró al conocer la victoria del rey, y ante la presencia de las fuerzas visigodas leales en la región, que acudían al tener noticias de la presencia del duque.

En Narbona se estableció una guarnición visigoda y expulsó a los judíos de la ciudad (que probablemente habían tomado partido por Paulus). Para las ciudades de la Septimania se nombraron nuevos condes.

Pacificada la provincia licenció al ejército en Canaba, al Sur de Narbona, y regresó a Toledo, donde entró acompañado de Paulus y sus colaboradores, los cuales iban afeitados y descalzos y con vestidos muy gastados (Paulus además llevaba una corona falsa) que iban subidos en carros tirados por camellos. El populacho fue incitado a burlarse de ellos.

El 1 de Noviembre del 673 Wamba publicó su ley militar, que incluso obligaba al clero a movilizarse contra enemigos extranjeros y usurpadores. El que no acudiera a las movilizaciones sería señalado afrentosamente, recibiría doscientos azotes y pagaría una libra de oro.

El 674 Wamba realizó diversas construcciones en Toledo, y el 675 convocó un Sínodo de Obispos de la Cartaginesa (XI Concilio de Toledo, algunas de cuyas disposiciones esencialmente de disciplina eclesiástica son tratadas en las cuestiones religiosas) y un Sínodo de Obispos de Galicia (III Concilio de Braga), pero parece que las relaciones con el clero no mejoraron. Wamba impuso al metropolitano de Mérida, Esteban, el nombramiento de un Obispo llamado Cuniuldo para el monasterio de Aquae (Lusitania), y parece que también decidió nombrar obispos en villas menores y en la Iglesia de los Santos Apóstoles de Toledo (vulnerando la regla de que no debía haber dos obispos en una misma ciudad a la que ya nos hemos referido con anterioridad).

Al Sínodo de Toledo del 675 (XI Concilio) celebrado el 7 de Noviembre en la Iglesia de Santa María sabemos que asistieron diecisiete obispos personalmente y otros dos representados por sus diáconos (los de Segovia y Ergávica o Ercávica o Arcávica), además de cinco abades.

Durante su reinado parece haberse dedicado a la restauración de vías, acueductos y otras obras. Un combate contra navíos árabes es incierto.

El 30 de Enero del 680 el cronista Julián fue nombrado metropolitano de Toledo.

Las circunstancias del final de su reinado resultan de las actas del XII Concilio de Toledo (inaugurado el 9 de Enero del 681). Se cuenta allí, a petición del nuevo rey Ervigio, que Wamba se había sentido mortalmente enfermo el domingo 14 de Octubre del 680 y con tal motivo, como era costumbre, vistió el hábito monástico y fue tonsurado en presencia de la nobleza palatina. Pero después se recupero milagrosamente, aunque como ya estaba incapacitado para reinar a causa de la tonsura (canon diecisiete del VI Concilio) renunció y designó sucesor al conde palatino Ervigio mediante un documento firmado y atestiguado por los magnates palatinos, redactando además un escrito dirigido a Julián, conminándole a ungir rey a Ervigio cuanto antes. Así narraron los hechos los obispos y tal fue la versión oficial que debió ser creída por los contemporáneos.

Pero es evidente que la necesidad de explicarlo (impuesta por el nuevo rey) suponía que habían corrido rumores de que Ervigio había tenido algo que ver en los sucesos y éste deseaba acallarlos. No sabemos que veracidad tenían tales rumores, pero en todo caso es improbable que Wamba aceptara los cánones que implicaban su deposición y en cambio no respetara los que fijaban la forma de elección del nuevo soberano (que no podía ser designado). Una referencia del XII Concilio deja entrever que Wamba no aceptó su deposición y trató de recobrar el trono, lo cual no estaría reñido con el nombramiento de un sucesor hecho cuando pensaba que iba a morir (ambas cosas serían ilegales). En todo caso está claro que el clero no le apoyaba, y que Ervigio supo captarse el apoyo de muchos nobles, pues de haberlo querido así los principales cargos palatinos y los obispos, la ley que impedía reinar a un tonsurado podía haber sido obviada (como lo fue la de la elección) o cambiada.

La muerte de Wamba acaeció algún tiempo después. Unos autores indican que se había retirado al monasterio de Pampliega, cerca de Burgos, donde murió siete años y siete meses después (es decir hacia Mayo o Junio del 688; otros dicen que murió a los pocos meses. 

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Los Concilios Toledanos durante la España Visigoda:
http://usuarios.advance.com.ar/pfernando/DocsIglMed/Concilios_Toledanos.html