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Índice
general de Hispánica

San Isidoro, de Murillo


(Siglos V-VIII)
- San Leandro de Sevilla (535-600)
San Isidoro de Sevilla (560-636)
Braulio, San (murió en 646)
San Eugenio de Toledo (S. VI)
- Tajón
- San
Julián (642-690)
- San
Ildefonso (607-667)
- Mausona de Mérida (s. VI)
Leovigildo (murió 586)
Recaredo (siglo VI)
Wamba (siglo VII)
San Leandro de Sevilla
(535-600)
Arzobispo de Sevilla durante los reinados de Leovigildo y Recaredo.
Fue el mayor de los hermanos San Fulgencio, San Florentino, San
Isidoro. Catequista de Hermenegildo y de Recaredo, promotor del III
Concilio de Toledo en el que la monarquía se convirtió al
catolicismo, fue también el fundador de la Escuela de Sevilla, el
centro intelectual más importante de su tiempo. Su padre, Severiano,
era uno de los hombres más prestigiosos de la región. En 554 la
familia emigró de Cartagena a Sevilla, ante la cesión de la costa
levantina al imperio bizantino. A la muerte de sus padres, ejerce la
tutela de sus hermanos menores sin abandonar por ello los estudios
eclesiásticos, ya iniciados en Cartagena. Abraza después la vida
monástica hasta que en 578 es nombrado obispo de Sevilla, donde
pronto se ve envuelto en las luchas entre Hermenegildo y su padre
Leovigildo, motivo que le lleva a viajar a Constantinopla buscando
la paz, y el ser desterrado después a Cartagena, mientras que
Hermenegildo era decapitado por orden de su padre. A la muerte de
éste,
su sucesor Recaredo es bautizado por Leandro a los diez meses de
iniciar su reinado, y abjura solemnemente el arrianismo. En 590 el
nuevo pontífice, Gregorio Magno, le eleva a la dignidad arzobispal,
y siguiendo sus recomendaciones, Leandro funda la Escuela de Sevilla
para la formación de clérigos. Además de la enseñanza oral de
San Leandro tenemos noticias de varias obras por él escritas, que
no han llegado hasta nosotros, excepto su 'Tratado contra arrianos'.
(Indice)
Isidoro
de Sevilla, San (560-636)
Padre de la Iglesia Occidental. Cuarto hijo de una
familia noble hispanoromana, su padre, Severiano, era gobernador de
la Cartaginense y se estableció en Sevilla cuando ya habían nacido
sus hermanos mayores: Leandro, obispo de Sevilla, Fulgencio, obispo
de Ecija, y Florentina, monja y poetisa. Se educó en la escuela de
la catedral de Sevilla que había sido fundada por su hermano San
Leandro, donde destacó pronto como aventajado alumno en las
complicadas enseñanzas del 'trivium y quadrivium'. Al finalizar sus
estudios poseía una vasta cultura y dominaba correctamente las
lenguas latina, griega y hebrea. En 599 muere su hermano San Leandro
y San Isidor asume el episcopado de Sevilla. Desde este puesto
desarrollará una importante labor de influencia decisiva en la
sociedad y la cultura de su tiempo. San Isidoro es la figura más
representativa de este momento de la Iglesia; con el poder en sus
manos, robusteció la disciplina eclesiástica y luchó contra las
herejías, en particular contra la de los acéfalos, que amenazaba
la Bética. En el año 619 convocó y presidió el II Concilio de
Sevilla, cuya legislación tuvo una importancia decisiva en los orígenes
del régimen representativo, y en el 633 el IV Concilio de Toledo,
al que asistieron todos los obispos del reino y del que surgió la
obra 'Hispana', una formulación específica de la legislación canónica
en forma de recopilación enciclopédica de series orientales,
romanas, godas e hispánicas. Debido a la iniciativa de San Isidoro
se incicio en toda España un movimiento intelectual, cuyo centro se
encontraba en Sevilla, donde se impartían clases de artes liberales,
griego, hebreo, filosofía aristotélica y otras materias. La
importancia de San Isidoro se debe en gran parte a su magna obra 'Originum
sive Etymologiarum libri XX', más conocida como las 'Etimologías'
y considerada como la primera enciclopedia de la Historia. En esta
obra, que San Isidoro terminó poco antes de su muerte y a petición
de su amigo San Braulio, se encuentra reunido, ordenado y
sistematizado todo el saber de su tiempo. Las 'Etimologías' no sólo
rescataron del olvido una serie de conocimientos de la Antigüedad
de gran interés, sino que dieron a conocer durante la Edad Media a
mas de 150 autores de la literatura clásica que en ellas se citan.
Las obras literarias de San Isidoro no son muy numerosas y en ellas
configura el pensamiento prefeudal. Entre ellas: 'Libri duo
differentiarum', una especia de apéndice de los dos primeros libros
de las 'Etimologías'; 'Los Sinonimos', una obra piadosa en forma de
diálogo entre el hombre y la razón; 'De Natura Rerum', manual de física
compuesto para el rey Sisebuto; 'De Ordine Creaturarum', acerca de
varias cuestiones físicas y espirituales. Como historiador y biógrafo
destacan sus obras: 'Chronicum', Historia Universal basada en
Eusebio, Julio Africano, y Víctor de Tumma; 'Historiae de regibus
gothorum wandalorum et suevorum', fuente imprescindible para el
conocimiento de los pueblos germánicos en la Península; 'De viris
ilustribus', biografías de los principales escritores de la Iglesia
desde finales del siglo V hasta principios del VII; 'De ortu et
orbitu patrum', vidas de 85 padres de la Iglesia; 'Liber Numerorum
quae in sacra scriptura ocurrunt', interpretación mística de los números
de la Biblia; 'In libris veteris et Novi Testamenti Proemia,
introducción general de la Biblia y particular de cada uno de sus
libros; 'Sentiarum libri tres', compendio de Teología, dogmática y
moral; 'De fide catholica ex veteri et novo Testamento contra
Judaeos', obra apologética de carácter polémico, probablemente la
más original y profunda de cuantas escribió; 'De eclesiatiis
oficiis', acerca de cuestiones de la vida religiosa. San Isidoro,
considerado como uno de los organizadores de la vida monástica en
la Península, se proclamó protector de los monjes desde su acceso
al episcopado, llegando a lanzar en el II Concilio de Sevilla un
anatema contra los enemigos del monacato. Sus obras tuvieron gran
fortuna en los claustros, especialmente su libro 'De eclesiastiis
oficiis', que fue declarado desde el siglo VII como regla de los canónigos
o clérigos españolos que vivían en comunidad.
"...el gran doctor de las Españas, de quien basta el nombre,
entendimiento el más sintético, universal y prodigioso de su siglo".
(Men. y Pelayo) "Las Etimologías revelan en nuestro autor a
uno de los más grandes, si es que no al mayor, de todos los
enciclopedistas". (Gustav Schmirer) "...el doctor egregio
de nuestro días, último del tiempo, en saber no inferior a ninguno
y, lo que es mejor, el más docto hasta el fin de los siglos".
(Concilio VIII de Toledo) "San Isidoro, a la vez que labora una
historia nacional, un loor nacional, un concilio nacional
eclesiástico-político,
desenvuelve una cultura no nacional, como último brote de la
cultura romana. El obispo de Zaragoza, San Braulio, por cuyos ruegos
compuso Isidoro su principal obra, expresa con lucidez lo extraña
que era, en medio de la decadencia universal, la aparición de este
hombre de cautivadora elocuencia y asombrosa erudición: 'En él,
dice Braulio, parece venirnos de la Antigüedad misma; en él
reverbera toda la sabiduría de la Antigüedad; en medio de la
rudeza, deficiencia y vacío en que envejecemos, dios nos dió a
Isidoro como un vínculo que nos renueva las obras memorables de los
antiguos'. Y esto es realmente Isidoro, 'vínculo' extraño,
prodigioso; un hispano que toma esencias de la Antigüedad en libros
que ya nadie leía, y no sólo los reanima para el oscuro momento
actual, sino que los guarda, como en rico museo, para transmitirlos
a otra época venidera en que la cultura correrá durante algún
tiempo a cargo de otros hombres de raza germánica, todavía no
nacidos, cuya nueva ideología vendrá a restaurar la apagada vida
intelectual de los romanos. Nunca se estimará bastante el valor de
este museo isidoriano. Se ha repetido hasta la saciedad que Isidoro
no es un talento creador; pero no se aprecia bien su gran talento
organizador, ese talento no bien admirado que domina ingentes masas
de nociones, y sabe hallar las analogías de las cosas, para colocar
cada una al lado de la que puede ilustrarla o declararla. Isidoro en
sus Etimologías (627-630), agrupa y encuadra el inmenso conjunto de
la vida humana que tuvo expresión en las tres lenguas santas,
hebreo, griego y latín; artes liberales, legislación, historia,
libros y bibliotecas, escuelas filosóficas, poetas, historia
natural, cosmografía, agricultura, milicia, trajes, comidas, juegos...El
caos hecho cosmos. Todo está allí clasificado, todo expuesto con
ingeniosa curiosidad, sentida especialmente hacia el extinguido
mundo antiguo, aún hacia lo que el sentimiento cristiano aconsejaría
pasar por alto; allí se informa con individuación sobre los dioses
de los gentiles, sobre los atroces juegos circenses, los lupanarios
teatros, las lascivas comedias, añadiendo , es verdad, alguna
advertencia precavida: 'Cristiano, debes odiar estos espectáculos
de los demonios, los pronósticos de los astros son supersticiosos,
y los cristianos deben ignorarlos'. El recuerdo de Virgilio,
Cicerón, Luciano, Horacio, Ovidio, Marcial, Persio, Nigidio, Ennio, y muchísimos
más paganos que ya nadie recordaba, ocupa en la Etimologías
cuarenta veces más lugar que el de Prudencio, Agustín, Ambrosio,
Jerónimo y pocos más autores cristianos. Esta ávida atención
hacia las cosas humanas más que a las divinas, este interés puro
por la ciencia antepuesto al de la religión, da su mayor precio a
las Etimologías en una edad en que todo conocimiento propendía a
encerrarse dentro de miras puramente eclesiásticas...Y esos
abundantes extractos de autores paganos, hechos en las Etimologías
y en otras obras Isidorianas, no sirven sólo para valorar la
erudición del autor, por ser de libros que ya nadie conocía
entonces; es que tampoco nadie conoció después varios de ellos;
San Isidoro fue el último lector, y sólo por los extractos que él
hizo se han salvado no pocos restos de la antigua literatura, como,
por ejemplo, de los Prata de Suetonio. El último erudito romana
vive en España, entre los visigodos, un siglo después que Italia
había producido a Casiodoro, otro vínculo con la Antigüedad entre
los ostrogodos....Santo Tomás mismo aprovechó la obra isidoriana,
y Dante, en el cuarto ciclo, verá llamear l'ardente spirito
d'Isidoro entre las doce lumbreras de sabiduría eclesiástica que
el mismo Tomás preside. No tuvo Isidoro más originalidad que la de
acopiar, seleccionar y conformar de nuevo el pensamiento de
cristianos y gentiles; pero con esto fue el primero, más inventivo
y sabio de los enciclopedistas medievales, el más necesario de
todos los tiempos. Fue el vínculo milagroso que dijo Braulio, entre
dos épocas no inmediatas, sino separadas por un ancho abismo de
esterilidad universal. El evoca la muerta voz de la Antigüedad y la
deja encantada para que resuene con eco de vica en las edades
venideras y el los países más lejanos. Por cinco siglos las obras
isidorianas representan muy alta ciencia para todos los hombres de
Occidente; un milenio dura su utilidad inmediata. Nadie en toda la
Edad Media escribió de cosas divinas o humanas, sobre todo de la
Antigüedad, que no sea deudor a San Isidoro, y así no hubo
entonces armario que no procurase atesorar en sus tablas códices
isidorianos; dos mil manuscritos de estos, conservados hasta hoy en
las bibliotecas del mundo son huellas imborrables de los caminos que
por toda Europa abrieron los pasos guiadores del metropolitano
hispalense". (Menéndez Pidal)
(Indice)
-
-
- Braulio,
San (murió en 646)
Obispo y teólogo de la Hispania Visigótica. Titular
durante 20 años de la diócesis de Zaragoza, participó en varios
Concilios de Toledo. Amigo de San Isidoro, completó las 'Etimologías'
de éste.
De ilustre familia hispanorromana con toda
probabilidad, debió nacer por los últimos años del S. VI en la
región nororiental de la Península, probablemente en Gerona o en
Zaragoza. Su padre, Gregorio, había sido obispo, posiblemente de
Osma; y obispo de Zaragoza fue también su hermano Juan. Conocemos
además el nombre de otros tres hermanos más: Fronimiano, que fue
abad del monasterio de S. Millán de la Cogolla, en la Rioja;
Pomponia, también religiosa, y abadesa de un no determinado
monasterio; y por último, Basila, que eligió el matrimonio. De
su primera educación, nada sabemos, si se exceptúa que estuvo en
Sevilla algún tiempo, frecuentando la escuela de S. Isidoro, con
quien continuó siempre en contacto, y de cuya estima siempre gozó.
Precisamente a instancias de B. se decidió S. Isidoro a escribir
sus Etimologías. Para el a. 620 ya estaba de vuelta en
Zaragoza, con el cargo de arcediano de su hermano Juan. Hacia el
631 le sucedió en esta sede, tomando parte como obispo de ella en
los conc. de Toledo, IV (a. 633), V (a. 636) y VI (a. 638). M.
probablemente el a. 651, durando su pontificado unos 20 años,
como asegura S. Ildefonso de Toledo.
Obras. Las que han llegado hasta nosotros son:
a) Epistolario: Se conservan 33 cartas suyas, y 13 más
dirigidas a él. Sin embargo, por las conservadas se ve que no son
todas las que escribió. En efecto, en alguna de ellas se alude a
otras, hoy desaparecidas. La mayoría permanecieron desconocidas
hasta que en el s. XVIII las editó Risco; b) La Praenotatio
librorum divi Isidori, y una breve biografía del mismo santo.
La primera no es otra cosa sino un elenco de las obras de S.
Isidoro; mientras que la «Vita» la escribió para añadirla
al «De Viris illustribus» del mismo S. Isidoro; c) Una Vida
de S. Millán, el fundador del monasterio de la Cogolla,
al que dio su nombre, y del que era abad su hermano Fronimiano. La
escribió a petición de éste y de Juan; d) Un himno en
honor de este mismo santo; e) Además se le atribuyen otras varias
obras, entre ellas la pasión de los Innumerables Mártires de
Zaragoza, atribuciones que modernamente se han desechado.
Fue sin duda el mejor escritor y el mayor
erudito de su tiempo, después de S. Isidoro, su maestro, llegando
a ser un buen clasicista para su siglo. Tuvo gran prestigio en la
vida nacional, como lo demuestra su correspondencia con las más
diversas personas, entre ellas S. Fructuoso de Braga, además de
S. Isidoro.
Culto. Su culto no comenzó hasta muy tarde;
hasta mucho después de la supresión de la liturgia hispánica.
Efectivamente, en ningún texto o manuscrito litúrgico hispánico
leemos su nombre; como tampoco lo encontramos en los martirologios
medievales. Su culto comenzó con el descubrimiento de su cuerpo
hacia el 1200, según testifica el manuscrito «De revelatione
beati Brauli», de finales del s. XIII, conservado en Zaragoza
en la basílica del Pilar y de dudosa autenticidad. Según la
tradición, sus restos se conservan en esta basílica, debajo del
Altar Mayor. En ella tiene dedicada una capilla. Su fiesta se
celebra el 26 de marzo.
R. JIMÉNEZ PEDRAJAS.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Tajón
autor de un libro de Sentencias, que merece el título de
Maestro de las Sentencias y padre de este género de enseñanza teológica,
mejor que Pedro Lombardo
(Indice)
San
Julián (642-690)
Nació en
Toledo. Desde niño tuvo por maestro al obispo de aquella ciudad,
San Eugenio III , que se tomó su educación con sumo interés y le
instruyó tanto en los saberes seculares como en los religiosos.
Julián siguió los pasos de su maestro, consagrándose al servicio
de la Iglesia. Su gran calidad religiosa y humana hizo que recayera
en él la elección para ocupar la sede que dejó vacante la muerte
del obispo Quírico. Fue consagrado Julián como arzobispo de Toledo
el 29 de enero del año 680. Durante su mandato se celebraron en
aquella diócesis los concilios XII, XIII y XIV. Se condenó en este
último la herejía de Apolinario y él mismo escribió dos apologías
contra esa herejía. Escribió también los Libros de la sexta edad
contra los judíos y el Prognosticon. San Julián forma parte del
elenco de grandes obispos de la España visigótica que tuvieron una
relevancia política decisiva. En los concilios no sólo se resolvían
cuestiones de dogma, sino también de derecho. La unificación jurídica
de la población hispana que daría lugar al Fuero Juzgo se fraguó
en los concilios de Toledo. En la actitud de San Julián respecto a
las relaciones con los judíos, más conciliadoras de lo que era
habitual, y en su especial dedicación a trabajar por su conversión,
tuvo que influir considerablemente el hecho de que él mismo era
descendiente de judíos conversos.
(EL
ALMANAQUE )
(Indice)
San
Ildefonso (607-667)
N. ea. el 607, durante el reinado de Witerico en Toledo, de
padres visigodos. Según una tradición que recoge Nicolás Antonio
(Bibliotheca Hispana Vetus, PL 96,11), fue sobrino del obispo de
Toledo S. Eugenio 111 (v.), quien comenzó su educación, aunque no
es cierto que más tarde lo enviase a Sevilla para continuar su
formación bajo S. Isidoro, como afirma Cixila. Por el estilo de sus
escritos y por los juicios emitidos en su De viris illustribus sobre
los personajes que menciona, se deduce que recibió una brillante
formación literaria. Según su propio testimonio fue ordenado de diácono
(ca. 632-633) por Eladio, obispo de Toledo (De vir. ill. 7: PL
96,202). En un pasaje interpolado del Elogium, se dice que siendo aún
muy niño, ingresó en el monasterio Agaliense, en los arrabales de
Toledo, contra la volunta de sus padres. Más adelanté se afirma
que «se deleitaba con la vida de los monjes», frase que debe
interpretarse siguiendo a Flórez (V,276) en el sentido de que desde
niño se inclinó al estado religioso. Ildefonso estuvo muy
vinculado a este monasterio, como él mismo recuerda al hablar de
Eladio, y como se deduce del De vir. ill. con el que pretende
exaltar la sede toledana y quizá mostrar el papel privilegiado que
correspondía al monasterio Agaliense. Estando ya en el monasterio,
funda un convento de religiosas dotándolo con los bienes que hereda,
y en fecha desconocida (650?), es elegido abad. Firma entre los
abades en los Concilios VIII y IX de Toledo, no encontrándose su
firma, en cambio, en el X (656). Muerto el obispo Eugenio III es
elegido obispo de Toledo el a. 657, y según el Elogium obligado a
ocupar su sede por el rey Recesvinto. En la correspondencia
mantenida con Quirico, obispo de Barcelona, se lamenta de las
dificultades de su época. A ellas atribuye el Elogium que dejase
incompletos algunos escritos. M. el 667, siendo sepultado en la
iglesia de S. Leocadia de Toledo, y posteriormente trasladado a
Zamora. Su fiesta se celebra el 23 de enero.
Obras. De las reseñadas en el
Elogium se conservan las siguientes:
Sobre la virginidad perpetua de Santa
María contra tres infieles (De virginitate S. Mariae contra tres
infideles), su obra principal y más estimada, de estilo muy cuidado
y llena de entusiasmo y devoción marianos (fue llamado el Capellán
de la Virgen en la comedia que, con ese mismo título, escribió
Lope de Vega). Los tres herejes a que se refiere son Joviniano y
Elvidio, refutados ya por S. Jerónimo (v.), y un judío anónimo.
Esto da pie a pensar que intenta refutar a algunos de su época, que,
quizá por influencia judía, resucitaban los mismos errores. Consta
de una oración inicial y de 12 capítulos. En el primero defiende
contra Joviniano la virginidad de María en la concepción y en el
parto; en el segundo mantiene contra Elvidio que María fue siempre
virgen; a partir del tercero muestra que Jesucristo es Dios y la
integridad perpetua de María. Depende estrechamente de S. Agustín
y S. Isidoro, y constituye el punto de arranque de la teología
mariana en España. Fue traducida por el Arcipreste de Talavera.
Comentario sobre el conocimiento del
bautismo (como reseña S. Julián) o Anotaciones sobre el
conocimiento del bautismo (Liber de cognitione baptismi unus),
descubierto por E. Baluze y publicado en el libro VI de su Miscelánea
(París 1738). Es de sumo interés para la historia del bautismo en
España. Escrito con finalidad pastoral, expone al pueblo sencillo
la doctrina de la Tradición sobre este sacramento. Dividido en 142
capítulos, en los 13 primeros trata de la creación del hombre y de
la caída original; en los cap. 14-16, del bautismo de Juan y del
bautismo de Cristo, afirmando que sólo el último perdona los
pecados; en 17-35, expone cómo se ha de recibir el bautismo y
explica las ceremonias; en 36-95, explica el Credo, que ha de
aprenderse de memoria (es un valioso documento para el estudio de la
historia del Símbolo en España); en 9.6-131, vuelve sobre las
ceremonias bautismales; en 131-137, explica el Padrenuestro; en
138140 trata de la Comunión, y en 141-142 explica la liturgia del
lunes y martes de Pascua como coronación de las ceremonias de la
iniciación cristiana. Las fuentes principales son: las Enarrationes
in psalmos de S. Agustín, las Moralia de S. Gregorio Magno y las
Etimologías de S. Isidoro.
Sobre el progreso del desierto
espiritual (De progressu spiritualis deserti), prolongación de la
obra precedente.
Tras el bautismo, simbolizado por el
paso del mar Rojo, el alma camina por el Evangelio, como los
israelitas por el desierto. Utiliza excesivamente la alegoría.
Sobre los varones ilustres (De viris
illustribus), continuación del de S. Isidoro. A diferencia de éste,
enumera no sólo a escritores, sino a eclesiásticos ilustres por su
santidad o dotes de gobierno. De los 13 personajes que en ella
figuran, 7 son toledanos. En cambio, autores tan importantes como
Braulio de Zaragoza o Isidoro de Sevilla, son apenas destacados. En
el estilo y noticias depende de S. Jerónimo, Genadio (v.) y S.
Isidoro (v.). Aunque no está reseñada esta obra en el Elogium,
dada la atribución manuscrita que se la atribuye unánimemente,
puede darse por auténtica (v. t. PATRóLOGOS).
Finalmente, se conservan dos Cartas
dirigidas a Quirico de Barcelona. No se conservan las siguientes:
Liber prosopopejae imbecillitatis propriae, Opusculum de proprietate
personarum Patris et Filii et Spiritus Sancti, Opusculum
adnotationum actionis propriae, Opusculum adnotationum in sacris. El
Elogium habla de misas compuestas por I., himnos y sermones; la
tradición manuscrita le atribuye algunos, que la mayor parte de los
críticos toman como apócrifos.
Doctrina. El Elogium dice de I. que
fue notable por su elocuencia. Muy enraizado en la tradición patrística,
su esfuerzo principal estriba en dar al pueblo en forma asequible «la
doctrina de los antiguos». Su teología es fundamentalmente mariana
y sacramentaria. Merece destacarse la claridad con que afirma su fe
en el parto virginal: «No quiero que alegues que la pureza de
nuestra Virgen ha sido corrompida en el parto... no quiero que
rompas su virginidad por la salida del que nace, no quiero que a la
Virgen la prives del título de madre, no quiero que a la madre la
prives de la plenitud de la gloria virginal» (Sobre la virg., cap.
I), y la insistencia con que la proclama Madre de todos los hombres.
En la doctrina sacramentaria, recomienda la comunión diaria («Pedimos
en esta oración del padrenuestro que este pan, el mismo Cristo, se
nos dé cada día», Anot., cap. 136), defiende que el bautismo
administrado por los herejes es válido y no debe iterarse (ib.
121), y que no es válido, en cambio, si se omite en la fórmula
alguna de las tres divinas Personas. El bautismo sólo pueden
conferirlo los sacerdotes, excepto en los casos de grave necesidad (ib.
115). Después habla de la Confirmación, relacionándola con el
sacerdocio de los fieles: «Puesto que somos raza de elección y
sacerdocio real, somos ungidos después del bautismo del agua con el
crisma» (ib. 123) y de la infusión del Espíritu por la imposición
de las manos (ib. 128).
L. F. MATEO SECO.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
San
Eugenio de Toledo
autor del libro De Trinitate, que escribió para que
circulara en las partes de Libia y de Oriente, según testifica San
Ildefonso.
"Es de notar en varias de sus poesías, en el Lamento por la
llegada de la vejez, cierto realismo teórico, hermano del de muchas
obras maestras de la literatura y arte españoles del gran tiempo.
Pero más notable es que esa lamentación cambie cuatro veces de
metro en cien versos que sólo tiene; extraña inquietud del
sentimiento rítmico en ese Eugenio de cuerpo enfermizo y de espíritu
brillante, como lo retrata Ildefonso, que a pesar de su educación
clásica en la ya desusada cantidad silábica, es el primer rebelde
hispano contra la uniformidad métrica, rigurosamente impuesta por
los poetas de la Antigüedad a los venideros. Los pueblos modernos
han tardado en sacudir el yugo de tal uniformidad hasta el
romanticismo; en cambio, como esa primera muestra de polimetría
dada por Eugenio nos sorprenden otras, a través de toda nuestra
literatura romance( Auto de los Reyes, Historia Troyana, Arcipreste
de Hita, teatro clásico, etc), rebeldía índice de tantas otras
por el estilo que dan a nuestro arte su fisonomía particular frente
al de los pueblos hermanos". (Menéndez Pidal)
(Indice)
Mausona
de Mérida (siglo VI), presidente del III Concilio de Toledo,
y una de las más decisivas influencias en la conversión del
monarca visigodo Recaredo. El año 587, Sunna, obispo intruso de
Mérida,
conjurose con Witerico y otros nobles descontentos por la conversión
del Rey, e intentaron asesinar a Mausona y al duque Claudio,
gobernador de Mérida. Witerico fue el encargado de dar el golpe a
ambos en el atrio de la iglesia, pero no logró sacar la espada de
la vaina, y atribuyéndolo a milagro, se arrojó a los pies de
Mausona y descubrió la trama. Otra conjuración se tramó para
asesinar a Mausona y a Claudio durante una procesión, pero fue
descubierta y Claudio cayó sobre los conspiradores prendiendo a
muchos y pasando a cuchillo a quienes resistieron.
(Indice)
Leovigildo (murió
586)
Rey visigodo de España tras la muerte de Atanagildo. En
573 la Península se unió al reino visigodo de la Narbonense.
Preocupado por la unificación y organización del Estado, dió
nuevo sentido a la monarquía visigoda, fortaleciendo su poder y
enalteciendo la persona del rey. Acuñó monedas de oro con su
efigie y, en contra de las leyes electivas que regían la sucesión
de la Corona, nombró a sus hijos, Recaredo y Hermenegildo, duces,
asegurándoles así la continuidad en el trono. Revisó el código
de Eurico, revocando las leyes que prohibían el matrimonio entre
visigodos e hispanoromanos. Sus campañas militares lograron
unificar a la península, ocupada en el suroeste por los bizantinos;
la Gallecia por los suevos; astures, cántabros y vascos era prácticamente
independientes. A todos acabó sometiendo a la autoridad real.
Lograda la unidad territorial y política, trató de imponer a todos
los súbditos el credo arriano, pretensión en la que se le enfrentó
su hijo Hermenegildo, cristiano, al que acabó derrotando y
decapitando (585) En lucha contra los reyes francos, logró ampliar
sus dominios incorporando algunos territorios fronterizos en el
norte.
(Indice)
Recaredo
(siglo VI)
Rey de la España visigoda, de 586 a 601. Liberal,
piadoso y severo, fue un gobernante inteligente que perfeccionó y
acabó la obra de su padre Leovigildo, haciendo de España la nación
más poderosa y temida del Occidente Europeo. Consiguió para la
monarquía visigoda una de sus épocas más florecientes. Derogó
todas las disposiciones que su padre había dictado contra los
católicos.
Influído por San Leandro, arzobispo de Sevilla, Recaredo se
convirtió al catolicismo. Esta conversión provocó algunas
sublevaciones de los arrianos en la Península y en la Septimania.
El Obispo arriano de Narbona se levantó en armas, siguiéndose un
gran matanza de católicos. Recaredo se trasladó a la Septimania, y
los francos fueron derrotados por el duque Claudio, obligándoles a
abandonar Carcasona. Una vez pacificado el territorio, convocó el
III Concilio de Toledo, en el año 589, que supuso la aparición de
una verdadera iglesia nacional. Se celebró en la iglesia de Santa
Leocadia y asistiero 67 preladdos. Con él se abrió una etapa de
interferencias entre la iglesia y el estado, determinándose que la
Iglesia participaría a través de los concilios en la dirección de
los asuntos políticos. En este concilio se proclamó la conversión
del pueblo godo al catolicismo. Además de su conversión, Recaredo
indrodujo un nuevo principio jurídico que tendía a igualar las
condiciones de godos e hispanoromanos.
(Indice)
Wamba
(siglo VII)
REINADO DE WAMBA (672-680).
El misma día de la muerte de Recesvinto, los magnates y obispos
presentes en el lugar, y “el pueblo” que habitaba la villa,
violando los procedimiento de elección (aunque el lugar de la
elección era legitimo pues estaba permitido el nombramiento de
nuevo rey allí donde muriera el anterior), designaron a Wamba como
rey. El nuevo soberano era, una vez más, de edad avanzada.
Seguramente pertenecía al grupo de partidarios de Recesvinto, y los
magnates que le eligieron quisieron asegurarse la elección de uno
de los suyos, presuntamente poco problemático y en todo caso ya
anciano, y evitar la intervención del clero en la elección, pues
suponemos al clero hostil a Recesvinto.
Wamba rechazó la elección, alegando su avanzada edad que harían
difícil que pudiera hacer frente a “los desastres que amenazaban
el reino”, pero aceptó cuando uno de los magnates, un dux, le
amenazo de muerte si no aceptaba la corona [26].
Para no ser considerado un usurpador Wamba se traslado a Toledo,
donde el metropolitano Quiricus, de grado o por fuerza, le coronó
en Septiembre u Octubre en la Iglesia de los Santos Apóstoles.
No tenemos noticias de las actividades anteriores de Wamba. Se le
identifica con un Vir illustris que aparece en el X Concilio de
Toledo (656), pero no se sabe que cargo podía desempeñar en el
momento de la elección.
Las fuentes principales para su reinado son cuatro:
La Historia Rebellionis Pauli adversus Wambam, escrita por Julián,
diácono o sacerdote, y más tarde metropolitano de Toledo (desde
Enero del 680 a Marzo del 690)[27].
La Insultatio, también obra de Julián, en la cual se narran las
relaciones tirantes entre la provincia de la Galia Narbonense y el
resto del Reino, que indicaría la existencia de un principio de
particularismo regional.
El Iudicium in tytannorum perfidia promulgatum, escrita
seguramente en Nîmes por un autor anónimo.
Y una carta del jefe de la rebelión, Paulus, dirigida a Wamba.
La primera actividad de Wamba fue una campaña de los vascones.
Si apenas consolidado en el trono decidió organizar una expedición
contra los vascones, sería porque éstos estaban devastando la
Tarraconense (la actividad de los vascones y sus consecuencias serían
los desastres aludidos por Wamba). La campaña contra los vascones
no debió llevarse a cabo en el invierno del 672, pues en estas
fechas los vascones estarían refugiados en sus impenetrables montañas.
Probablemente inició la campaña hacia el mes de Abril del 673, y
el resultado inmediato de la noticia del avance del ejército real
debió ser que los vascones no descendieron por el Valle del Ebro, y
concentraron sus ataques hacia Cantabria. El rey se dirigió a esta
región, y en el camino tuvo noticias de que se había rebelado en
la Narbonense el conde de Nîmes, Hilderico, al que apoyaba el
Obispo de Magalona Gumildo, y el abad Ranimiro, todos ellos de
nacionalidad goda [28].
El Obispo de Nîmes, Aregius, no había secundado la rebelión y había
sido depuesto por Hilderico, que lo había enviado encadenado al
Reino de los Francos, colocando en su lugar a Ranimiro, que fue
consagrado por dos Obispos del Reino Franco (la consagración de un
Obispo exigía, legalmente al menos, la presencia de tres Obispos de
la misma provincia según el canon diecinueve del IV Concilio
toledano). Se deduce de todo ello un apoyo más o menos abierto de
los Francos a la rebelión. No obstante el dominio rebelde era pequeño
pues solo se extendía a una pequeña parte de la Septimania (el
territorio de Nîmes y seguramente el de Magalona, la actitud de
cuyo conde no se menciona).
Wamba no detuvo su marcha hacia Cantabria. Envió contra los
rebeldes a un dux llamado Paulus (su nombre griego hace pensar que
no era godo, pero de las fuentes contemporáneas nunca se sugiere
que no lo fuera, y de hecho casi todos sus partidarios fueron godos
)[29]. Este
marchó con tropas en dirección a la Narbonense, llegando
seguramente a Tarraco, donde mantuvo contactos políticos con el dux
de la Tarraconense Ranosildo. ¿Como se concibió el proyecto de
rebelión?. ¿Estaba incluido Ranosildo en la conjura iniciada por
Hilderico?. En todo caso la desvinculación de la Narbonense del
Reino Visigodo era un hecho en la segunda mitad del Siglo VII, y
seguramente afectaba también a la parte oriental de la Tarraconense,
cuya relación natural era con el Norte. En cambio la región de
Zaragoza se relacionaba más con Valencia y Toledo, y además era
una zona muy afectada por los ataques vascones, lo que obligaba a
una presencia constante de tropas visigodas que reforzarían la
cohesión interregional, pero donde también podía crecer el
descontento por la continuación de los saqueos vascones y la
insuficiente respuesta real. Ranosildo sería el representante de la
nobleza regional partidaria de una política que permitiera una
mayor vinculación a los Francos y una lucha eficaz y directa contra
los vascones; sin duda no pretendían una separación (pues el tema
de la independencia regional surgió más tarde) pero si ejercer la
hegemonía en Toledo, y usar las mayoría de las fuerzas del reino
en beneficio de la Tarraconense en el aspecto militar, y concertar
una alianza con los Francos en el plano político y seguramente económico.
De las conversaciones de Paulus y Ranosildo surgió una nueva
rebelión. Una parte de la Tarraconense se levantaría contra Wamba
y se sumaría a la rebelión de parte de la Narbonense. Uno de los
Gardingos (antes fideles) del rey, llamado Hildigiso, se unió también
a Paulus y Ranosildo.
Paulus fingió proseguir su camino para combatir a Hilderico,
pero en el camino debió buscar el apoyo de otros magnates. Alguno
de ellos rebeló la traición al Obispo Argebado de Narbona, ciudad
que permanecía leal al rey. Argebado envió un emisario a Wamba
notificando las intenciones de Paulus. No obstante las fuerzas de
Paulus, que debían ser muy superiores a las del conde de Narbona,
penetraron en la ciudad y la ocuparon. Se cree que poco después
Argebado se unió a los rebeldes.
Una vez en Narbona Paulus se proclamó rey (Flavius Paulus),
declaro depuesto a Wamba, y fue ungido y coronado con la corona de
oro que Recaredo había donado a un Santuario de Gerunda. Hilderico
y los suyos reconocieron a Paulus como rey. Toda la nobleza de la
Narbonense y de la parte oriental de la Tarraconense (la actual
Catalunya) se sumó a la revuelta, y el nuevo rey consiguió atraer
a su partido, además de los nobles y obispos, a francos y vascones.
Paulus exigió un juramente de fidelidad en las poblaciones que
dominaba. La suerte del dux de la Narbonense es desconocida (no se
menciona ni el personaje ni el cargo en ninguna de las narraciones),
ni tampoco se menciona a los Obispos y condes de Lodeve, Carcasona y
Beziers, ni al conde de Agde.
Wamba conoció la revuelta de Paulus estando en Cantabria a punto
de atacar a los vascones de la depresión. Tras consultar con los
primate (la alta nobleza palatina) que le acompañaban se decidió
un ataque masivo contra los vascones, dejándose para después la
lucha contra Paulus. Durante siete días las tropas visigodas
penetraron en territorio de los vascones, saqueando los campos y
quemando las casas, pero siempre permaneciendo en las zonas llanas
sin acercarse en ningún momento a las zonas montañosas, donde los
vascones se refugiaban y donde podían ser víctimas de emboscadas.
Finalmente los vascones accedieron a entregar algunos rehenes y
tributos, y seguramente se comprometieron a no ayudar a Paulus y a
convencer a los otros jefes para que no lo hicieran.
Wamba pudo marchar entonces hacia Calagurris (obsérvese que
evito cruzar el territorio vascón) y desde allí hacia Osca (Huesca),
Ilerda y Barcino, donde capturo a diversos jefes rebeldes: Euredo (identificado
con el personaje del mismo nombre presente en el VII Concilio del
653 con el título de conde, y que se cree que era el conde de
Barcino), Pompedio, Gundefredo, el diácono Hunulfo y Neufredo.
Siguió hacia Gerunda que se le rindió, y cuyo obispo Amator (hispano-romano)
había permanecido leal al rey a pesar de recibir una carta de
Paulus en la que le invitaba a sumarse a su causa y le aseguraba que
se invadirían las provincias de Hispania para acabar con el poder
de Wamba.
Wamba dividió entonces su ejército en tres columnas: una de
ellas remontaría el Segre, cruzaría la Cerretania (Cerdanya) y
penetraría en la Narbonense por el río Tet; otra pasaría por
Ausona (Vic) y desde allí llegaría hasta Ceret; y la tercera
columna (al mando del rey) avanzaría por la vía romana que seguía
la costa. En el camino las tropas reales tuvieron comportamientos
propios de un ejército que cruza un país extranjero y hostil y
saquearon y violaron a las mujeres; pero el rey castigo a los
responsables con severidad, y a los violadores los hizo circuncidar.
Cuando cruzaba los Pirineos Wamba recibió una carta de Paulus en
la cual se titulaba “rey ungido del Este” (y llamaba a Wamba rey
del Sur). En la carta desafiaba al rey a un combate singular en
Clausurae, no lejos de Ceret. Los términos de la carta de Wamba al
hablar de un rey del Este y uno del Sur han dado pie a toda clase de
especulaciones: particularismo regional o poca confianza en la
victoria. Lo más probable no obstante es que Paulus se limitara a
reflejar una situación existente de hecho: había efectivamente dos
reyes, uno en el Este y uno en el Sur, pero cuando uno de ellos
venciera volvería a haber un solo rey.
El rey tomó Caucoliberi (Cotlliure) y otras aldeas, y se presentó
en Clausurae donde venció a las fuerzas rebeldes, capturando al dux
Ranosildo y al gardingo Hildigiso o Eldigiso, que dirigían la
defensa, junto a otros nobles godos. Un ejército formado por
francos, que acudía en ayuda de la villa, huyó sin combatir.
Witimiro, defensor de la fortaleza de Sordonia cercana a Llivia (Castrum
Libiae o Julia Libia), huyó hacia Narbona donde informó a Paulus
del desastre de Clausurae y de que las otras dos columnas ya habían
alcanzado sus objetivos, eliminando las resistencias rebeldes (incluida
la ocupación de Llivia, defendida por un Obispo llamado Jacinto,
que se cree que pudiera ser de la diócesis de Elna o de la de
Urgell, y por el noble godo Arangisclo que logró huir), y se habían
unido a las fuerzas de la columna al mando del rey.
El ataque se dirigió seguidamente contra Narbona, a cuyo efecto
acudieron las naves de la flota visigoda que atacaron por mar,
mientras las fuerzas terrestres marcharon contra ella por diversos
puntos. Paulus abandonó la ciudad hacia Nîmes, dejando el mando de
Narbona a Witimiro, al que Wamba intimó a la rendición sin éxito.
Las fuerzas del rey asaltaron la ciudad tomándola tras vencer una
tenaz resistencia. Witimiro se refugió en una Iglesia con su espada
y fue apresado. Fueron también capturados Argemundo (cuyo cargo
desconocemos) y el primicerius Gultricia. Cerca de Beziers fue
apresado Ranimiro, Obispo intruso en Nîmes, que había huido de
Narbona antes de la entrada de las tropas regias. Lodeve, Beziers y
Agde cayeron también en poder del rey, capturándose al Obispo
Wiliesindo, a su hermano Ranosindo y a Arangisclo, el defensor de
Llivia.
El siguiente ataque se dirigió hacia Magalona, defendida por el
Obispo Gumildo. Ante un posible ataque por mar Gumildo huyó a Nîmes,
y la ciudad fue tomada por Wamba con escasa oposición.
Quedaba el bastión de Nîmes donde estaba Paulus con un ejército
compuesto por francos y visigodos. Fuerzas enviadas por el rey
llegaron ante la ciudad el 31 de Agosto del 673; los defensores
esperaban la llegada de refuerzos de los francos, y para anticiparse
a su llegada el ejército real atacó la ciudad sin resultado
positivo. Al final del día siguiente (en que los realistas
volvieron a atacar la ciudad sin lograr tomarla) llegaron unos diez
mil soldados godos al mando del dux Wandemiro o Waldemiro, y aquella
misma noche, ya de madrugada, las puertas de la ciudad ardieron y
las fuerzas del dux penetraron en Narbona, refugiándose los
defensores en el anfiteatro de la ciudad, donde estalló la lucha
entre ellos: los galos desconfiaban de los godos, de los francos y
de Paulus; los francos desconfiaban de los godos; y los godos
desconfiaban de los francos y los galos. Paulus no pudo imponer su
autoridad y hubo de asistir a una gran matanza entre sus propios
partidarios (2 de Septiembre). A lo largo del día Paulus consultó
con sus colaboradores, y envió a Argebado, obispo de Narbona, a
solicitar la clemencia real (mientras los partidarios del rebelde
seguían luchando entre sí). El rey recibió a Argebado y accedió
a terminar la lucha pero rechazó la petición de que los rebeldes
no recibieran el castigo prescrito por las leyes. Las tropas
visigodas controlaron la ciudad y se establecieron destacamentos
para prevenir la llegada de tropas de los francos. Centenares de
galos, francos, sajones, godos y algunos hispano-romanos fueron
detenidos junto a Paulus (entre ellos Gumildo obispo de Magalona).
El 20 de Septiembre los prisioneros francos y sajones fueron
expulsados hacia su patria.
Paulus fue vestido con ropajes reales en forma de mofa, y fue
conducido con sus colaboradores principales a presencia del rey (4
de Septiembre) y de los nobles de palacio, los gardingos y todo el
Officium presente, y los mandos militares. Wamba les pregunto por el
motivo de la rebelión, para la que no pudieron alegar ninguna
ofensa, y les mostró su juramento de fidelidad firmado el 672 después
de su acceso al trono; después fue leído el canon setenta y cinco
del IV Concilio y la ley sobre rebelión de Chindasvinto. No
obstante Wamba fue magnánimo y no los condenó a muerte ni los hizo
cegar; fueron decalvados y sus bienes confiscados.
Por los mismos días fuerzas de los francos al mando de un duque
llamado Lupus llegó hasta cerca de Beziers, pero se retiró al
conocer la victoria del rey, y ante la presencia de las fuerzas
visigodas leales en la región, que acudían al tener noticias de la
presencia del duque.
En Narbona se estableció una guarnición visigoda y expulsó a
los judíos de la ciudad (que probablemente habían tomado partido
por Paulus). Para las ciudades de la Septimania se nombraron nuevos
condes.
Pacificada la provincia licenció al ejército en Canaba, al Sur
de Narbona, y regresó a Toledo, donde entró acompañado de Paulus
y sus colaboradores, los cuales iban afeitados y descalzos y con
vestidos muy gastados (Paulus además llevaba una corona falsa) que
iban subidos en carros tirados por camellos. El populacho fue
incitado a burlarse de ellos.
El 1 de Noviembre del 673 Wamba publicó su ley militar, que
incluso obligaba al clero a movilizarse contra enemigos extranjeros
y usurpadores. El que no acudiera a las movilizaciones sería señalado
afrentosamente, recibiría doscientos azotes y pagaría una libra de
oro.
El 674 Wamba realizó diversas construcciones en Toledo, y el 675
convocó un Sínodo de Obispos de la Cartaginesa (XI Concilio de
Toledo, algunas de cuyas disposiciones esencialmente de disciplina
eclesiástica son tratadas en las cuestiones religiosas) y un Sínodo
de Obispos de Galicia (III Concilio de Braga), pero parece que las
relaciones con el clero no mejoraron. Wamba impuso al metropolitano
de Mérida, Esteban, el nombramiento de un Obispo llamado Cuniuldo
para el monasterio de Aquae (Lusitania), y parece que también
decidió nombrar obispos en villas menores y en la Iglesia de los
Santos Apóstoles de Toledo (vulnerando la regla de que no debía
haber dos obispos en una misma ciudad a la que ya nos hemos referido
con anterioridad).
Al Sínodo de Toledo del 675 (XI Concilio) celebrado el 7 de
Noviembre en la Iglesia de Santa María sabemos que asistieron
diecisiete obispos personalmente y otros dos representados por sus
diáconos (los de Segovia y Ergávica o Ercávica o Arcávica), además
de cinco abades.
Durante su reinado parece haberse dedicado a la restauración de
vías, acueductos y otras obras. Un combate contra navíos árabes
es incierto.
El 30 de Enero del 680 el cronista Julián fue nombrado
metropolitano de Toledo.
Las circunstancias del final de su reinado resultan de las actas
del XII Concilio de Toledo (inaugurado el 9 de Enero del 681). Se
cuenta allí, a petición del nuevo rey Ervigio, que Wamba se había
sentido mortalmente enfermo el domingo 14 de Octubre del 680 y con
tal motivo, como era costumbre, vistió el hábito monástico y fue
tonsurado en presencia de la nobleza palatina. Pero después se
recupero milagrosamente, aunque como ya estaba incapacitado para
reinar a causa de la tonsura (canon diecisiete del VI Concilio)
renunció y designó sucesor al conde palatino Ervigio [30]
mediante un documento firmado y atestiguado por los magnates
palatinos, redactando además un escrito dirigido a Julián, conminándole
a ungir rey a Ervigio cuanto antes. Así narraron los hechos los
obispos y tal fue la versión oficial que debió ser creída por los
contemporáneos.
Pero es evidente que la necesidad de explicarlo (impuesta por el
nuevo rey) suponía que habían corrido rumores de que Ervigio había
tenido algo que ver en los sucesos y éste deseaba acallarlos. No
sabemos que veracidad tenían tales rumores, pero en todo caso es
improbable que Wamba aceptara los cánones que implicaban su
deposición y en cambio no respetara los que fijaban la forma de
elección del nuevo soberano (que no podía ser designado). Una
referencia del XII Concilio deja entrever que Wamba no aceptó su
deposición y trató de recobrar el trono, lo cual no estaría reñido
con el nombramiento de un sucesor hecho cuando pensaba que iba a
morir (ambas cosas serían ilegales). En todo caso está claro que
el clero no le apoyaba, y que Ervigio supo captarse el apoyo de
muchos nobles, pues de haberlo querido así los principales cargos
palatinos y los obispos, la ley que impedía reinar a un tonsurado
podía haber sido obviada (como lo fue la de la elección) o
cambiada.
La muerte de Wamba acaeció algún tiempo después. Unos autores
indican que se había retirado al monasterio de Pampliega, cerca de
Burgos, donde murió siete años y siete meses después (es decir
hacia Mayo o Junio del 688; otros dicen que murió a los pocos meses.
(http://www.readysoft.es/flags/nav20-8.htm)
(Indice)
Índice
general de Hispánica

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- Los Visigodos en Hispania:
- Cuestiones religiosas:
- Administración Visigoda:
- Historia:


 

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