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Índice
general de Hispánica

Isaac Albéniz


- Morales, Cristóbal
de (1500-1553)
Escobedo, Bartolomé (1507-1563)
Guerrero,
Francisco (1528-1599)
- Antonio de Cabezón (1510-1566)
Salinas
Flecha el Joven, Mateo
(1530-1604)
Victoria, Tomás Luis de (1547-1611)
Soler, Antonio (1729-1783)
Sors, Fernando
Pedrell, Felipe (1841-1922)
Pascual Arrieta (1823-1894)
Barbieri
Eslava, Miguel Hilarión
(1807-1878)
Tárrega, Francisco (1852-1909)
Sarasate de Navascués, Pablo Martín
(1844-1908)
Esplá, Oscar (1889-1976)
Falla, Manuel de (1876-1946)
Turina
- Albéniz,
Isaac (1860-1909)
- Granados,
Enrique (1867-1916)
- Segovia, Andrés (1894-1987)
Rodrigo, Joaquín (1901-)
Pablo
Casals (1876-)
La Zarzuela
Fernández
Caballero, Manuel (1835-1906)
Chueca, Federico (1846-1908)
Chapí, Ruperto (1851-1909)
Vives, Amadeo (1871-1932)
Usandizaga, José María (1887-1915)
Moreno Torroba, Federico (1891-1982)
Sorozábal, Pablo (1898-1988)

Morales,
Cristóbal de (1500-1553)
Compositor español de la escuela sevillana. Fue maestro de las
capillas de Avila (1526), Plasencia (1520-32) y Salamanca (1534).
Residió en Roma como cantor de la Capilla Pontificia (1535-45), de
donde volvió para hacerse cargo de la dirección de la capilla de
Toledo. De aquí pasó a Marchena, y finalmente a la catedral de Málaga.
Precursor de Palestrina, compuso misas basadas en los temas litúrgicos,
y singularmente gregorianos. Junto con F. Guerrero y T.L. de
Victoria es el polifonista más representativo de la escuela española
de su tiempo y gozó en vida de enorme fama internacional. En 1538
recibió el encargo de escribir una cantata para celebrar la paz
entre Francisco I y Carlos V (su motete 'Jubilate Deo', a seis voces).
En 1539 tuvo que escribir un motete para festejar la promocióna
cardenal de Hipólito de Este. Sus misas y motetes, célebres en
toda Europa, aparecieron en ediciones y antologías de su épocaa,
publicadas por editores italianos, lo que pone de manifiesto el
aprecio en que se le tenía en este país. Una de las características
de su técnica es el empleo de las notas retardadas. Todo ello
produce en su música religiosa un elemento patético desconocido
por la estética de su tiempo. Las ediciones más antiguas de sus
obras son 'Magnificat cum quator vocibus' (Venecia 1542 y 1545) y 'Missarum,
liber I et II' (Roma, 1544). En ellas exppone su intención de dar a
las almas austeridad y nobleza. De sincero espíritu religioso,
escribe que toda música que no sirve para honrar a Dios o para
enaltecer los pensamientos y sentimientos de los hombres, falta por
completo a su verdadero fin.
"Creo que no hubiera existido Palestrina si no hubiera habido
un Morales para demostrar lo que se podía hacer en música de
Iglesia". (Dr. Southgate) El motete 'Lamentabatur Jacob fue
calificado por Bolsena en 1711 de 'Maravilla del Arte', y le
estimaba como la más preciosa composición del Archivo Papal.
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Escobedo, Bartolomé
(1507-1563)
Compositor y músico. Fue cantor de la catedral de Salamanca
y de la Capilla Sixtina, en Roma (1536). Regresó a España en 1554.
Autor de algunos motetes, dos misereres, un magníficat y dos misas,
entre ellas 'Philippus Rex Hispaniae', escrita para la coronación
de Felipe II.
(Indice)
Guerrero, Francisco
(1528-1599)
Compositor español nacido y muerto en Sevilla (4 oct. 1528 - 8
nov. 1599). Su hermano Pedro y Cristóbal de Morales fueron sus
maestros. Nombrado maestro de capilla de la catedral de Jaén en
1546 y cantor de la de Sevilla en 1550; en 1554, por oposición, es
maestro de capilla de la de Málaga, pero no toma posesión, al
aceptar la dirección de la Capilla, que, para no perdérselo, le
ofrece el Cabildo de Sevilla. Para esto, se «jubila» a Pedro Fernández,
«maestro de los maestros de España», conservándole la mitad del
sueldo hasta su muerte (25 años después); la otra mitad, más la
paga de cantor, serán los honorarios del nuevo maestro. En 1588, y
de paso para Jerusalén, visita Venecia para tratar de la impresión
de sus obras, que deja al cuidado del famoso Zarlino. A su regreso,
y después de visitar varias ciudades italianas, como narra en su
obra Viaje de Jerusalén, cumple el voto de visitar el Santuario de
Montserrat, de donde regresa a Sevilla después de detenerse en
Valencia.
Sacerdote ejemplar y, según Pacheco,
«de gran entendimiento, afable y sufrido con los músicos, de grave
y venerable aspecto... sobre todo de mucha caridad para con los
pobres, dándoles sus vestidos y zapatos hasta quedarse descalzo».
Constituye, con Morales (v.) y Victoria (v.), el excelso triunvirato
de grandes polifonistas hispanos. Su fama y «renombre se extendió
fuera de su país, pues vemos sus obras impresas, viviendo todavía
él, en Francia, Bélgica e Italia» (Cerón). Pacheco lo considera
«...el más único de su tiempo en el Arte de la Música».
Obras: Motetes, Sevilla 1555, Venecia
1579-88-89; Misas, París 1566, Roma 1584; Magnificat, Lovaina 1563;
Libro de Vísperas, Roma 1584; Canciones y Villanescas Espirituales,
Venecia 1589; Pasiones de San Mateo y San Juan «more hispano»,
Roma 1585; etc. El Instituto Español de Musicología ha publicado:
Canciones y Villanescas Espirituales, 2 vol., Barcelona 1955-57;
Motetes, Barcelona 1978; Librr I y Liber II Missarum, Barcelona
1988.
M. ALONSO GÓMEZ.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Antonio de
Cabezón (1510-1566)
Compositor y organista español, n. ca. 151O en Castrillo de Matajudíos
(Barrio de Castrojeriz, Burgos) y m. el 26 mar. 1566 en Madrid,
siendo enterrado en el convento de s. Francisco. Quedó ciego desde
niño. Estudió música en Palencia con el maestro de capilla García
de Báez, y en 1526 entró al servicio de la casa real de Carlos V.
Tuvo tres hermanos y por lo menos cinco hijos. Uno de sus hermanos
llamado Juan, figuró prestigiosamente como «tañedor de tecla» en
la corte. De sus hijos, el llamado Agustín fue en la corte «cantorcico»
y otro, el célebre Hemando también compositor, le sucedió como
organista y recopiló todas las obras de C., que dio a la estampa en
Madrid. Ha puntualizado Anglés que en aquella corte había una
capilla musical autóctona con el nombre de la esposa del emperador
doña Isabel de Portugal y, fallecida ésta, bajo los nombres de las
infantas María y doña Juana, sirviendo en ella C. como organista.
Más tarde viajó con Felipe II a Inglaterra, Italia, Flandes y
Alemania. Tanto le admiró este rey por sus interpretaciones, que lo
hizo retratar por Sánchez Coello y conservó celosamente aquel
cuadro.
Se distinguió C. por su profundísima
religiosidad, por su sencillez estética como compositor, y por su
arte singularísimo como tañedor de instrumentos de tecla.
Comentando estas cualidades el musicólogo W. Apel, escribió: «Yo
no conozco, entre los compositores para clave y órgano de todos los
tiempos, a ningún otro que, a causa de su espiritualidad musical,
profundidad y noble gravedad de intención, austeridad y sublimidad
de ideas y por su completa maestría contrapuntística, le
pertenezca más justamente estar en la compañía de Juan Sebastián
Bach». Y, con anterioridad, F. Pedrell le había asignado el
laudatorio título de "el Bach español". Y nadie le igualó
en el género típicamente español del órgano en el s. XVI. Se ha
escrito erróneamente que C., durante sus viajes a Inglaterra, se
había familiarizado con el arte de los virginalistas y el
procedimiento de las «diferencias» o variaciones. Hay que desechar
tal afirmación cuando se recuerda que ya venía cultivando C. esa
clase de obras y que, por añadidura, cuando visitó Inglaterra, no
habían nacido casi ninguno de los grandes virginalistas. Más aún,
las «diferencias» venían practicándose también por otros
grandes compositores de nuestro país.
Hernando, el hijo menor de C., m. en
Valladolid el 1 sept. 1602. No ha podido concretarse si también había
sido «cantorcico» de la Real Capilla como su hermano Agustín. En
1566 sucedió allí a su padre como organista. En 1574 el rey le
aumentó el sueldo en atención a sus propios méritos y a la
memoria de su padre. Fundamentalmente ha pasado a la historia por
reunir las obras de Antonio, cuya publicación patrocinó el rey y
se hizo en Madrid, en 1578, bajo el título Obras de Música para
tecla, arpa y vihuela, de A. de Cabezón... Inclúyense en ella
algunas piezas de Hernando y muchísimas de su padre, entre ellas
intermedios para misa, himnos gregorianos, salmodias, fadordones,
versillos, diferencias, tientos y transcripciones de obras
producidas por músicos neerlandeses, especialmente Josquin des Prés,
sin que se encontrasen en ellas las atrevidas disonancias que más
tarde prodigaría Cabanilles. Según Hernando, todo aquello era tan
sólo «migajas» de las lecciones que Antonio había dejado caer
para enseñar a sus discípulos. Ese volumen, más los de Juan
Bermudo, Tomás de Santa María y Salinas muestran cómo era la música
española en aquel siglo.
JOSÉ SUBIRA.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
El organista español por antonomasia, a quien Pedrell fue el
primero en llamar "un Bach español del siglo XVI". Tal
opinión la comparte el inglés Apel al escribir: "El asociar a
Cabezón con Bach significa más que la expresión de una admiración
ilimitada. Deriva de una relación íntima que liga al maestro español
más fuertemente con el gran alemán que quizá con ningún otro músico.
En todo caso, yo no conozco a otro que entre los compositores para
teclado de todos los tiempos merezca mejor estar en su compañía,
por razón de su espiritualidad musical, profundidad exaltada
seriedad de su propósito, austeridad y sublimidad de pensamiento, y
su absoluta maestría contrapuntística" Y el alemán Krebs
confiesa: "Estudiando las composiciones de Cabezón quedé
asombrado de la perfección de su forma musical, de la belleza y
profundidad de sus ideas, y de la facilidad de su técnica creativa,
que parece prestarse a todos los dictados de la imaginación artística
del compositor".
(Indice)
Salinas
El famoso historiador inglés de principios del siglo XVIII,
Hawkins, dedicó tres capítulos enteros de su Historia al libro de
Salinas, que considera como una de las más valiosas obras sobre música
que existen en lengua alguna, y alaba la seguridad e independencia
del gran teórico español. (Forns)
(Indice)
Flecha el
Joven, Mateo (1530-1604)
Compositor, sobrino de el compositor Mateo Flecha el Viejo. Residió
por algún tiempo en Hungría, como abad de Tihany, y de regreso a
su Cataluña natal fue abad de La Portella. Autor principalmente de
un libro de madrigales (1568) y de 'Divinarum Completarum Psalmi' (Praga,
1581)
(Indice)
Victoria, Tomás Luis de
(1547-1611)
La vida de este gran
compositor español del s. XVI presenta algunos puntos oscuros, que
los especialistas aún no han aclarado. Uno de ellos es la fecha de
su nacimiento. Puede fijarse entre el a. 1547-48 (era el séptimo de
los diez hijos de Francisco Luis de Victoria y Francisca Suárez,
casados en 1540) y el a. 1550 (V. entra el 25 jun. 1565 en el
Colegio Germánico de Roma, donde se exigía para la admisión haber
cumplido los 15 años). Como niño cantor en la catedral de Avila, sú
ciudad natal, inicia los estudios musicales, que abarcaban desde el
solfeo hasta el contrapunto superior. En Roma, considerada el centro
de la polifonía y etapa obligada en la vida de todo maestro, «no sólo
me dediqué -escribe a Felipe II en la dedicatoria de su Missarum
Libri Duo- durante algún tiempo a otros nobles estudios, sino que
empleé mucho trabajo y esmero en el arte de la música». En las
clases del Seminario Romano se encuentra con los hijos de Palestrina,
Rodolfo y Angel, compositores, y sobre todo entra en contacto con el
padre de ellos, maestro de capilla e instructor de canto y música
(66-71) de los alumnos de dicho seminario. En enero del 69 abandona
el Colegio Germánico y, sin dejar sus estudios, ejerce el oficio de
cantor-organista (maestro de capilla) en la iglesia española de S.
María de Monserrat. En el 71 es readmitido en el Germánico como músico
que enseña a los alumnos. En este mismo año sucede a Palestrina
como maestro de capilla del Seminario Romano (según Casimiri a
propuesta del mismo Palestrina). Aquí permanece hasta el 73 en que
pasa nuevamente como cantor (maestro de canto) al Germánico.
Durante estos años V. encuentra en el card. Otón Truchsess un
generoso mecenas, a quien dedicará en prueba de gratitud sus
Motecta (1572). El Colegio Germánico establece (75) su nueva sede
en el palacio de S, Apolinar, donación, como la iglesia adjunta, de
Gregorio XIII. Se crea una capilla musical, de la cual V., moderator
musicae del Germánico, es nombrado maestro. Durante estos años
continúa prestando sus servicios en las iglesias españolas (Monserrat,
Santiago, Trinidad). El domingo 28 ag. 1575 es ordenado sacerdote en
la iglesia de S. Tomás de los Ingleses. Al abandonar en el 78 el
Colegio Germánico se retira como capellán a S. Jerónimo de la
Caridad, donde permanecerá hasta el 7 jun. 1585; allí, durante
cinco años (hasta el 83) con- vive con S. Felipe Neri y comi~nza
para V. una época de intensa religiosidad, al entrar en la órbita
espiritual y artística del santo.
Se considera como el año más
probable de su regreso a España el de 1594. Casimiri cree que se
encuentra en Roma a principios del 94, basándose en la carta que
Felipe II escribe (21 en. 94) a su embajador en Roma, comunicándole
la concesión de un beneficio «en favor de Tomé de Victoria, clérigo
presbítero dé: la diócesis de Avila y Capellán de la Sersima.
Emperatriz (María), ni muy chara y muy amada hermana». Sin
embargo, en un documento hallado por J. M. Llorens, fechado en
Madrid (22 feb. 1587), se habla de «il Vittoria» de forma que se
deduce su presencia en España. Todo se aclarará si se logra
documentar la existencia de un viaje a España y regreso a Roma. Así
se explicaría, también, la fecha (Romae, Idibus Novemb, 1592) que
aparece en la dedicatoria de su Liber Secundus de Misas y la carta
de Felipe II antes citada.
Lo cierto es que desde el 1596 vive
en Madrid, ejerciendo las funciones de capellán de la emperatriz
María, que en 1584 se retiró al convento de las Descalzas Reales.
Al morir en 1603 la emperatriz, para cuyas exequias compuso el
Officium Defunctorumy que dedicó dos años más tarde a su hija la
princesa Margarita, V, continuará hasta su muerte (Madrid, sábado
27 ag. 1611) en humilde y recogido anonimato como organista de las
Descalzas, donde fue enterrado. Al enjuiciar la obra y Ia
personalidad de V. es indispensable tener muy en cuenta que el arco
de su vida recubre casi exactamente la cronología del movimiento
artístico llamado manierismo. Justamente el apogeo de este
movimiento, lazo de unión, o de ruptura, entre las dos grandes
manifestaciones del arte denominadas Renacimiento y Barroco,
coincide con los años de la plena madurez artística de Victoria.
«La posición de los jóvenes artistas con respecto al Renacimiento
era singularmente complicada; ellos no podían renunciar a las
conquistas del arte clásico, al mismo tiempo que eran completamente
extraños a dicho sistema». Por eso trataban de disolver la
regularidad y la armonía demasiado simples del arte clásico y tendían
a sustituirlas por obras más subjetivas y sugestivas. «A esta
ruptura con el clasicismo renacentista se llegaba, en ciertos casos,
a través de una experiencia religiosa más profunda e íntima y de
la visión de un nuevo mundo espiritual; en otros, por un extremado
intelectualismo, o por la excesiva madurez de un gusto refinado».
Sin duda que el camino seguido por V. fue la aguda vivencia de una
nueva espiritualidad,
Por esto, «la expresividad de sus
Motetes, y aun de sus Misas, le sitúa más allá de la estética
renacentista, tan rigurosa en el estilo palestriniano». En esta
espiritualidad, y en su expresión, deseada y buscada previamente,
se descubre otra de las características del manierismo, en el cual
«La conciencia creadora del artista interviene no sólo en la
selección de los medios que corresponden a su intento expresivo,
sino también para decidir la dirección de ese mismo intento». En
la dedicatoria de su Libro de Misas a Felipe II escribe: «... y ya
desde el principio me propuse no fijarme en el solo deleite de los oídos
y del ánimo y de contentarme con este conocimiento; antes bien,
mirando más allá, resolví ser útil dentro de lo posible, a los
presentes ya los venideros... ¿a qué mejor fin debe servir la música
sino a las sagradas alabanzas de aquel Dios inmortal de quien
proceden el ritmo y la medida, y cuyas obras están dispuestas en
forma tan portentosa que son la manifestación de una armonía y
canto admirables?».
En la formación de su espiritualidad
confluyen influencias muy potentes y varias. No puede mencionarse su
patria de origen, Avila, sin asociarla a sus contemporáneos Teresa
de Jesús y Juan de la Cruz; como tampoco se pueden olvidar los años
de formación con los jesuitas de Roma y, sobre todo, la íntima
convivencia espiritual con S. Felipe Neri. Es también importante
recordar que V. llega a Roma en pleno clima posconciliar tridentino.
Compárese el decreto conciliar que dispone que «se ex- cluyan del
templo las músicas, tanto para órgano como para canto, de
contenido lascivo o profano», con las palabras de V. en la citada
dedicatoria a Felipe II, y que bien pueden considerarse como su
canon ético-musical: «... emprendí la tarea de poner música
sobre todo a aquella parte que a cada paso se celebra en la Iglesia
católica. Por lo cual se ha de juzgar que erraron gravemente y
merecen ser castigados sin compasión quienes, practicando un arte
muy honesto y muy a propósito para aliviar las penas y recrear los
ánimos con un goce casi imprescindible, lo dedican a cantar amores
deshonestos y otros indignos asuntos». Estos movimientos de
renovada espiritualidad en la vida de la Iglesia los registraba su
sensibilidad de artista genuino, auténticamente religioso, y los
sintetizaba, como afirma Pedrell, «en un misticismo a la manera de
Teresa y de Juan de la Cruz... músicos- poetas que saben hallar en
la exaltación de su alma el acento de aquella música divina que,
habiendo encontrado su expresión justa y sublirrie belleza en la
interpretación de la divina palabra, permanece inmutable, como
belleza primitiva, inspiradora de todas las bellezas posteriores».
En este juicio de V. se prescinde
intencionadamente de toda comparación con los ilustres maestros de
la época y de modo especial con Palestrina. Sin negar el decisivo
influjo, sobre todo técnico, que ejercieron sobre él, la
personalidad de V. es tan limpia, tan neta y precisa que toda
comparación resultaría deformante. A su formación técnica,
enriquecida con el estudio de las obras de los compositores
flamencos, italianos y españoles (no olvidemos que Morales fue
maestro de capilla de A vila del 1526 a 1530), V. une una singular
disposición para la música (principalmente sagrada y eclesiástica),
«... a la cual me siento inclinado por cierto natural instinto...
Conociendo que esto se debe a una gracia y beneficio de Dios, procuré
no ser del todo ingrato con Él... si enterrara el talento con que
me ha dotado» (Dedicatoria de los Himnos a Gregorio XIII); «trabajé
mucho en el estudio de la música, a la cual mi misma naturaleza me
guiaba por un cierto secreto instinto e impulso» (Dedicatoria a
Felipe II). La mecánica compositiva no tiene secretos para V. y su
perfección técnica está fuera de discusión. Sin embargo, es
necesario profundizar en su genial perfección, en busca de esa
fuerza interior, característica del genio, que domina y condiciona
los elementos materiales de que dispone, dándoles un toque de mágica
y trascendente perennidad. Él mismo, con clarividencia y conciencia
asombrosas, nos indica el camino, «... antes bien, mirando más allá,
resolví...» (Dedicatoria a Felipe II).
Esta conciencia de su mensaje artístico
a presentes y venideros es la que hace de V. el más genuino
representante en el campo musical de la inquietud artística y de la
problemática de su tiempo, comparable al Greco o a Tintoretto en la
pintura ya Teresa y Juan de la Cruz en la mística. Este anticiparse
a su época, adentrándose en las profundas interioridades del espíritu,
se realiza en él, como escribe Mitjana, «por un instinto, por una
intuición maravillosa; llevado por su potente genio, penetra en el
elemento primordial de la música moderna, de la obra de arte del
porvenir, o sea, la expresión musical de la vida interior».
Instinto, intuición de los cuales es, sin embargo, bien consciente.
Es justamente esta penetración del artista en un nuevo mundo
espiritual la que alimenta su empuje de superación del clasicismo
renacen- tista. La búsqueda de cimas más altas y aún inexploradas
del expresionismo es para su alma de músico y de místico una
impelente necesidad.
Como afirma A. CoIling, «música y mística
son dos aberturas hacia el infinito», rara pero preciosa coinciden-
cia, ya que «el misticismo auténtico es tan raro como el genio artístico
y hace falta un concurso muy excep- cional de circunstancias psicológicas
para que el encuen- tro de las dos facultades se realce en el mismo
ser», y añade: «de Victoria se puede decir que su música es la música
de la pureza mística»; en esto y por esto «rebasa a todos sus
contemporáneos, por la fuerza y sobre todo por la pureza. No intentó
esbozar una obra profana que proyectase su sombra sobre la obra
sagrada. Nada impide en ella la ascensión de un alma que el cielo
solicita incesantemente, su música es de una limpieza perpetua y
absoluta. Comienza con el recogimiento, se eleva por acentos,
insensible, hacia las más suaves polifonías y termina en el éxtasis,
en el deliquio».
Su Oficio de la Semana Santa es la síntesis
perfecta, la expresión acabada de todo lo dicho. Es música que está
entre el cielo y la tierra; es el fruto de una humanidad (artista)
que ha logrado entrever, por su profunda espiritualidad (místico),
las inenarrables bellezas de lo divino. Es un homenaje del hombre a
Dios y, a la vez, un don de Dios al hombre. La síntesis perfecta de
este maravilloso dualismo es la que hace incomparable su obra. Bien
significativa es, en este sentido, la intención de V. al dedicar la
obra a la «... summa Deus Trinitas». Siéndo un homenaje directo a
la Divinidad, parece natural que su alma sensibilísima le ofreciera
el fruto que conside- raba más sazonado y auténtico. Estamos ante
un compositor de raza, «músico de la sangre, de la piedad y del
dolor» (Mitjana). Su música se caracteriza, como afirma Pedrell,
por «la individualidad prepotente y soberana, inconfundible con
ninguna otra, con subjetivos medios de expresión propios». Esto
explica que algunos críticos de la época hayan clasificado su
estilo de «demasiado español», o hablen de una música «con
sangre mora» y lleguen incluso a definirla como «producto bastardo
ítalo- español», o cosas por el estilo. Esta incomprensión da la
justa medida de la grandeza y trascendencia de Victoria. Como tantas
veces sucede en la historia, la crítica no logra encuadrar en sus
esquemas habituales al artista y, al no aceptar ser superada por el
genio, trata de clasifi- carlo utilizando comparaciones
aproximativas y, en la mayor parte de los casos, peyorativas.
Las palabras certeras y proféticas
del Epigráma que el oratorio Juvenal de Ancina, admirador y «ya de
antiguo muy amigo suyo» , compuso para acompañar los Motetes que
V. dedicó al príncipe Carlos Manuel de Sa- boya, servirán de
colofón a esta semblanza crítica: «Victoria te dedica sus
sagradas canciones... compuestas con arte admirable. Inspiradas para
ti desde el cielo... son dignas de tus oídos... Si diez veces las
oyeres, tanto más te gustarán. Príncipe, jea! , no desprecies al
hombre al que la Roma piadosa ensalza como gloria inmortal de sus jóvenes
maestros. Cuando llegue a la madurez, ¿qué se dirá de él? Tal es
Victoria, ferviente siervo de Cristo, honra y prez de su Avila natal».
Las Obras Completas de V. las publicó,
preparadas por F. Pedrell, Breikopf et Hartel (Leipzig 1902-13), en
8 vol. Mons. Anglés cuidó la nueva edición crítica, de la que se
han publicado 4 vol. (Roma 1965-68, CSIC). Los títulos originales
de las obras de V. son: Motecta(Venecia 1572), Liber I. Missae,
Psalmos, Magníficat... aliaque complectitud (Venecia 1576), Cantica
B. Virginis vulgo Magníficat... una cum quatuor Antiphonis B. Virg.
per annum... (Roma 1581), Motecta, (Roma 1583 y Milán 1589), Hymni
totius anni... una cum quatuor psalmis... (Roma 1581), Missarum
Libri Duo... (Roma 1583), Offi- cium Hebdomadae Sanctae (Roma 1585),
Motecta festo- rum totius anni, cum Communi Sanctorum (Roma 1585),
Cantiones Sai:rae (Dillingen 1589), Missae Asperges et vidi aquam...
Liber II (Roma 1592), Missae, Magníficat, Motecta, Psalmi et alia
(Madrid 1600), Officium Defunc- torum... (Madrid 1605).
M. ALONSO GÓMEZ.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Soler, Antonio
(1729-1783)
Compositor, nacido en Olot. Se educó musicalmente en la abadía de
Montserrat, y fue maestro de capilla de la catedral de Lérida. In
1752 ingresó en la Orden Jerónima en El Escorial, donde fue
maestro de capilla y organista. Compuso unas 300 obras religiosas,
mas de 100 sonatas para clave, obras escénicas, seis conciertos
para órgano. Una gran parte de esta obra se ha perdido, debido a
que no fue impresa y a la ocupación de El Escorial por las hordas
napoleónicas, que arrasaron España con su pillaje y destrucción.
Como teórico, su escritos representaron la vanguardia de la época
en España. Su Llave de la modulación y antigüedades de la música,
de 1762, suscitó polémicas en las que tomaron parte los
principales músicos españoles de la época.
(Indice)
Fernando Sors
Fetis le llamó 'el Beethoven de la guitarra'... En París,
Londres y San Petersburgo triunfó como el primer virtuoso de la
guitarra...sus obras se consideran hoy en todo el mundo como el
repertorio clásico...Su Método es universalmente conocido y se
halla publicado en todos los idiomas. (Forns)
Barbieri
Compositor y musicólogo español. Frente a la difusión de
la música italiana, promovió la música popular española,
revalorizando la zarzuela. Entre sus obras destacan 'Jugar con fuego'
(1851), 'Pan y toros' (1864), y el 'Barberillo de Lavapiés' (1876).
Fundó el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Musicólogo competente y
miembro de la Real Academia Española, se le debe la recopilación
del 'Cancionero musical de los siglos XV y XVI' (1890), obra capital
para el conocimiento de la música antigua española, y una 'Revista
histórica de la Zarzuela' (1864)
(Indice)
Eslava,
Miguel Hilarión (1807-1878)
Compositor y musicólogo español. Maestro de la Real Capilla de
Sevilla, y profesor de armonía y director del Conservatorio de
Madrid. Compuso tres óperas de estilo italianizante, y numerosas
composiciones religiosas, entre las que destaca el Miserere, que
sigue interpretándose cada año en Sevilla el Miércoles Santo.
Compuso además 30 óperas y 140 obras de música religiosa,
canciones algunas obras sinfónicas. En su repertorio didáctico, el
Método de Solfeo (1846) aún utilizado hoy día, y la Escuela
Completa de armonía y composición. En 1869 publicó una antología
en siete volúmenes de la música religiosa española: Lira
Sacro-Hispana. En ella investiga y redescubre obras, realizando una
labor que resultaría transcendental para la musicología española.
(Indice)
Pascual Arrieta
(1823-1894)
Más conocido por el nombre de Emilio. Compositor español, famoso
por su ópera 'Marina" (1871), refundición del drama lírico
del mismo nombre que había estrenado con gran éxito en 1855. Autor
asimismo de otra ópera, 'Ildegonda', estrenada en 1846. Compuso
también numerosas zarzuelas, cantatas y música religiosa. En 1868
fue nombrado director del Conservatorio de Madrid.
(Indice)
Pedrell, Felipe
(1841-1922)
Compositor y musicólogo. En 1873 se trasladó a Barcelona donde
compuso varias óperas y zarzuelas. En 1876 fue pensionado a Roma y
alli compuso música religiosa y la sinfonía 'Milá'. Se trasladó
después a París, y en 1894 fijó su residencia en Madrid. Fue
profesor del Conservatorio y académico de San Fernando. Escribió
cinco óperas: 'El último Abencerraje', 'Quasimodo', 'Cleopatra',
'Los Pirineos' y 'La Celestina', además de música religiosa, tres
poemas para canto y orquesta, dos poemas sinfónicos y canciones.
Originalmente su estilo acusó la influencia italiana, más tarde
wagneriana, y por último el nacionalismo. Como musicólogo publicó
'Por nuestra música' (1894), verdadero manifiesto del nacionalismo
musical. Sus principales discípulos fueron Albéniz, Granados,
Falla, Anglés y Gerhard. Escribió también un 'Diccionario técnico
de la música' (1894) y una antología titulada 'Hispania schola
musica sacra' (1895), además de 'Antología de organistas clásicos
españoles de los siglos XVI 7 XVII', y otras muchas obras similares.
Gracias a esta labor, pueden conocerse composiciones de antiguos
maestros españoles que permanecían olvidadas. También fue un
importantísimo investigador de toda la música popular española.
(Indice)
Tárrega,
Francisco (1852-1909)
Compositor y guitarrista, nacido en Villareal. Hizo sus primeros
estudios en Castellón con el Cego de la marina. Estudió piano en
Valencia y en el Conservatorio de Madrid. El gran éxito que obtuvo
en esta ciudad en un recital de guitarra le decidió a dedicarse a
este instrumento.Viajó más tarde a Londres, París, Bruselas,
Berna y Roma, siempre con gran éxito. Finalmente se instaló en
Barcelona. Su composiciones más importantes son Danza Mora,
Capricho árabe, Recuerdos de la Alhambra, y Estudios de Concierto,
que continúan interpretándose, y de los que se han hecho versiones
para otros instrumentos e incluso orquesta. Pero es aún más
importante su papel en la historia de la música, al haber sido el
verdadero creador de la escuela moderna de la guitarra española,
con multitud de continuadores hasta nuestros días que han dado al
instrumento un lugar en el mundo de la música insospechado con
anterioridad. El mismo comenzó la riqueza del repertorio de que hoy
disfruta el instrumento al efectuar numerosas transcripciones de
obras clásicas.
(Indice)
Sarasate de Navascués,
Pablo Martín (1844-1908)
Músico español, nacido en Pamplona. A los siete años se presentó
por primera vez a un concierto público de violín. Ingresó en el
Conservatorio de París en 1866, consiguiendo el primer premio al año
siguiente, e iniciando sus viajes por Europa, recibiendo valiosísimos
presentes de varios soberanos, entre ellos Napoleón III. Genial intérprete
de Beethoven, Mendelssohn, Bruch, Saint-Saens y Bach, sobresalió
por la pureza de su estilo y el encanto y frexibilidad que imprimía
a sus interpretaciones. Lalo compuso para él la Sinfonía Española
y un Concierto de violín, y Bruch le dedicó su Segundo Concierto y
La Fantasía Escocesa. Como compositor destaca su música para violín,
romanzas, fantasías, y transcripciones de aires populares, como
Jota Aragonesa, Zapateado y los cuatro libros de danza española.
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Esplá, Oscar
(1889-1976)
Compositor. De formación autodidáctica, perfeccionó sus
conocimientos en Francia, Alemania y Bélgica. Su obra se
caracteriza por un sobrio aprevechamiento del folklore. Entre sus
obras sinfónicas destacan los ballets 'Cíclopes de Ifach' (1922),
y 'El contrabandista' (1924), la ópera 'La Balteira' (1925), el
poema sinfónico 'Don Quijote velando las armas' (1925), la cantata
'La Nochebuena del diablo' (1923), la sinfonía 'Aitana' (1964),
etc. Entre sus corales cabe destacar 'Canciones playeras' (1930),
'Sonata del Sur' (1945), 'Sinfonía Coral' (1942), etc. Fue también
importante su restauración del 'Misterio de Elche', obra del siglo
XIII. En 1956 se creó en Alicante, su ciudad natal, el premio que
lleva su nombre.
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Falla, Manuel de
(1876-1946)
El más universal de los compositores españoles contemporáneos,
n. en Cádiz el 20 nov. 1876. Fueron sus padres don José María de
F., hombre de negocios bursátiles y doña Desusa Matheu. Fue, por
tanto, su infancia acomodada y feliz.
Comienzos. El niño M. de F. habrá
de verse rodeado de aquel ambiente de alta burguesía comercial de
la capital gaditana, más abierta siempre a todas las corrientes
culturales, más al día, como gran puerto de mar, en toda inquietud
intelectual. La madre, al piano, será siempre una estampa viva que
alentará su eterna vocación. Las tradiciones del opulento Cádiz
dieciochesco guardan celosamente un recuerdo perenne e imborrable:
la ejecución anual de las Siete Palabras de Cristo en la Cruz en la
S. Cueva, fundación del marqués de Valde-Iñigo. Todos los Viernes
Santos se interpretaba la página del viejo Haydn. El pequeño F.
comenzará su carrera de intérprete con ella, como pianista, en la
antigua iglesia de S. Francisco. No pasarían muchos años sin que
ofreciera un concierto público en el local de los Quirell,
comerciantes dedicados a la venta y arreglo de pianos.
El maestro F. aseguraba haber'
decidido su vocación definitiva en un concierto sinfónico en la
sala del Museo de Cádiz cuando contaba 17 años de -edad. Quedan
atrás los primeros pasos, con su profesora de solfeo y piano E.
Galluzo y después con A. Odero. Al morir Odero se hizo cargo de
instruir a F. en armonía y contrapunto el compositor E. Broca. El
camino de la música se abría ya claro y definitivo para el joven
gaditano, que pasaría a ampliar sus conocimientos pianísticos con
J. Tragó, profesor del Real Conservatorio de Música madrileño. La
ruina de su padre motiva el traslado de la familia a Madrid, cuando
F. contaba 20 años. En 1899 termina sus estudios y obtiene el
primer premio de piano del Conservatorio de Madrid. Son los años en
que intenta el éxito en el teatro lírico, en boga a principios del
s. xx y finales del xix. Es la etapa de la creación de La Casa de Tócame
Roque, Limosna de Amor, El corneta de órdenes, La cruz de Malta y
Los amores de la Inés. Ésta fue la única de las zarzuelas de F.
que mereció los honores del estreno.
De alrededor de 1900 son, asimismo,
Serenata Andaluza, Vals-capricho, Nocturno (compuestas para piano) y
la canción Tus ojillos negros. Todas ellas pueden considerarse las
más antiguas de cuantas han sido editadas. Ya entrado en los años
iniciales del presente siglo le vemos como finalista en el concurso
convocado por el Conservatorio para premiar una pieza de piano, no
impresa, que sirviera de obra impuesta en el examen de fin de
carrera. El premio fue otorgado al Allegro de concierto de E.
Granados. Dicha obra finalista fue interpretada por F. en el
concurso Ortiz y Cussó del Ateneo madrileño, en el cual salió
vencedor.
En 1905 termina La vida breve, que
obtiene el premio en el concurso convocado por la R. A. de Bellas
Artes de San Fernando. El libreto de esta ópera en un acto era de
C. Fernández-Shaw. Sería prolijo analizar los motivos que
impidieron el estreno de la obra en el Teatro Real, como parece que
era la promesa, si no oficial, oficiosa, que hizo concebir
esperanzas a los autores. El hecho produjo una gran desilusión al
compositor. Por aquel tiempo había ya encontrado un libro cuyo
contenido le abrió nuevos horizontes y un cúmulo de posibilidades.
Se trataba de Acoustique nouvelle de L. Lucas, tratadista de
mediados del s. xix, en el cual se estudiaba el fenómeno de la
resonancia natural de los cuerpos sonoros y preveía, como afirma S.
Demarquez, «las formas de la armonía moderna, avanzando
considerablemente sobre los principios de Rameau». Falla encontraba
en estas sagaces observaciones sobre ancestrales conceptos de
enharmonía, la raíz y el secreto del propio cantar de su pueblo,
que tanto le serviría en su creación artística.
Su contacto con una página de la
obra de F. Pedrell, Pirineos, le abre una nueva esperanza. «Fui a
casa de Pedrell -nos cuenta él mismo- para rogarle que fuese mi guía,
y a su enseñanza (muy superior a lo que dicen los que le siguieron
sin la necesaria preparación técnica) debo la más clara y fuerte
orientación de mi trabajo». Estudia con el gran maestro catalán,
más que en una enseñanza formal, en conversaciones sobre problemas
de estética musical y análisis de partituras.
Estancia en Francia. La desilusión
sufrida por F. ante la imposibilidad del estreno de La vida breve le
hace replegarse a la cotidiana tarea de dar lecciones de piano y a
sus reuniones de los sábados, donde con los colegas y entusiastas
de los nuevos cauces gozaba de la esperanza de un porvenir noble de
la música española. Su marcha a Francia se presenta de manera insólita.
Un biógrafo la resume así: «Durante el verano de 1907, una ocasión
inesperada se ofreció a Manuel de Falla para realizar su más caro
deseo. Provisto de un billete de ida y vuelta que debía llevarlo al
balneario de Vichy, prolongó su viaje hasta París con la intención
de residir allí una semana: se quedó siete años enteros». Y, de
no mediar la 1 Guerra mundial, no sabemos hasta qué punto la
atrayente y sugestiva atmósfera musical parisiense le hubiera
retenido.
Un nuevo y espléndido mundo se
presentaba ante sus ojos. Conocerá a C. Debussy, será generosa y
espléndidamente alentado por P. Dukas, que le presentará a Albéniz.
Éste le llevará al conocimiento de R. Viñes, el gran pianista
español triunfador en París. Después vendrán los contactos -muchos
de ellos generadores de amistad ferviente- con M. Ravel, F. Schmitt,
M. Delage y tantos otros, que supieron valorar el alcance de la obra,
ya notable, del músico español. Ya llevaba en su equipaje _a París
las Cuatro piezas españolas, estrenadas por Viñes en aquella
capital en 1909. Pronto tendrá la alegría de estrenar La vida
breve en el Casino Municipal de Niza y, pocos meses después, en
1913, en la ópera Cómica de París. Otra de las satisfacciones de
estos años de triunfos en Francia fue la edición, en 1910, de sus
Tres Poemas de Teóf ilo Gautier.
Regreso y estancia en Granada. Al
comenzar la guerra, abandona el país galo, habiendo rechazado, en
distintas ocasiones, la oferta de nacionalizarse francés. Es el año
de su estreno de La vida breve en el Teatro de la Zarzuela madrileño.
Regresa a la patria con todos los honores. La crítica presta su
general aplauso a la obra, que obtuvo 26 representaciones. 1915 es
muy rico en acontecimientos en la vida de F., porque durante el
mismo se estrenan Las siete canciones populares españolas, Oración
de las madres que tienen a sus hijos en brazos, la música para la
representación de Otelo, y El amor brujo. Se escalonan en 1916 y
1917 el estreno en los Teatros Real y Eslava, respectivamente, la
obra para piano y orquesta Noches en los jardines de España y la
pantomima, en dos cuadros, El corregidor y la molinera. Esta última,
en su versión de ballet, se estrena en Londres, dos años más
tarde. Con su gran partitura para piano Fantasía Bética parece
como si F. se despidiera de Madrid -corría el año 1919- y de la
temática andaluza como determinante esencial. Habían muerto en
aquel año sus padres, con un intervalo de pocos meses. Decide
trasladarse a Granada con su hermana María del Carmen, y allí se
establecerá ya hasta su último viaje a América, en un carmen que
hoy es casa-museo dedicada a su memoria. Desde 1920 le vemos hacer
viajes rápidos a distintos lugares de España o del extranjero;
pero son muy destacados los que realiza a Sevilla y la breve
temporada en Mallorca de la cual surgió su Balada de Mallorca.
Destacan algunas visitas al extranjero y su triunfal viaje a
Barcelona, donde se le rindió un memorable homenaje.
Poco después del Homenaje a Debussy,
estrenado en 1921 en París y compuesto para guitarra, aparecerá su
obra cumbre del segundo periodo: El Retablo de Maese Pedro, que se
estrena en versión de concierto, en el Teatro sevillano San
Fernando el 23 mar. 1923 y en versión teatral, en los salones
parisinos de la princesa de Polignac, patrocinadora de la obra. A
partir de entonces realiza su idea de organizar, con la ayuda de los
amigos de Sevilla, la Orquesta Bética de Cámara, muchas veces vehículo
de las incursiones en el mundo de los conciertos y la difusión de
la música. E. Halffter, el alumno predilecto, será puesto al
frente de la agrupación instrumental.
En 1924 estrena Psique, para mezzo y
cinco instrumentos. En 1926 el Concierto para clavicémbalo, obra
cumbre, a la que seguirán el Soneto a Córdoba (sobre texto de Góngora),
en 1927, la ya citada Balada de Mallorca, Homenaje a Paul Dukas,
para piano, Fanfarria sobre el nombre de F. Arbós y Homenajes (versión
orquestal de estos temas). Tal serie puede decirse queda
interrumpida en 1938, que es la fecha de terminación de la versión
instrumental de sus homenajes a los músicos amigos.
Viaje a América y muerte. El
proyecto, tantos años acariciado y muy avanzado, de Atlántida
viaja con él para América, en oct. de 1939. Había sido invitado
por la Institución Cultural Española para celebrar su vigesimo
quinto aniversario. En el Teatro Colón de Buenos Aires dirige unos
conciertos con obras suyas y estrena Homenajes, a cuya partitura añadió
el dedicado a Pedrell. Motivos de salud le hicieron buscar la zona
del interior. Se estableció en Alta Gracia, en la Sierra de la Córdoba
argentina, donde m. el 14 nov. 1946. En 1947 fue trasladado su cadáver
a Cádiz y sepultado en la cripta de la catedral.
La obra. Si dejamos aparte sus
primeras piezas, pertenecientes a lo que llamó Gerardo Diego, en
feliz frase, «el premanuel de ante-Falla», la producción de F. es
reducida en relación con su vida. La autoexigencia era tan severa
como para desechar cualquier creación que no lograra el grado de
perfección a que aspiraba su alto ideal estético. Dos etapas
fundamentales apreciamos en su obra. Al ocuparnos de su vida hicimos
notar que el cambio de rumbo en la temática y la estética tiene
lugar alrededor de su establecimiento en Granada. Muchos críticos y
musicógrafos coinciden en destacar cómo al radicarse en Andalucía
-alrededor de 1920- abandona el tema de lo andaluz.
Con la Fantasía Bética, para piano,
cierra el ciclo que se iniciara 15 años antes con La vida breve.
Entre las obras de este ciclo destaca la aparición de las piezas
para piano Aragonesa, Cubana, Montañesa y Andaluza, que, según J.
Rodrigo: «No son danzas propiamente dichas, no son expresiones
geográficas puras, concretas, como en Albéniz Navarra, Triana y
Almería; sino más bien productos geográficos». Su antecesora, La
vida breve, es, sin duda, la primera gran obra de auténtico empeño,
como se ha demostrado a través de los años ante los cuales
permaneció inmarchitable su actualidad. Los grandes valores
musicales sobresalieron sobre la mediocridad del primitivo libreto.
Fue revisada y transformada en dos actos, porque Fernández-Shaw y
F. estimaban que el único con que contaba al ser premiada, era
excesivamente prolijo. Las melodías compuestas sobre textos de T.
Gautier Les Colombes, Chinoiserie y Seguidilla quizá, como afirma
Sagardía, recuerdan a Debussy y Chabrier.
Las Siete canciones populares españolas
constituyen un recorrido por las diversas regiones, aunque
predominan los cantares del Sur. En documentadísimo trabajo ha
estudiado el prof. García Matos el antecedente de ellas. Seguidilla
murciana, El paño moruno, Asturiana, Jota, Nana, Canción y Polo,
son los títulos de esta maravillosa colección de pequeñas joyas,
después de las cuales puede decirse que la música vocal hispana
tiene unos nuevos y amplísimos horizontes.
La Oración de las madres que tienen
a sus hijos en brazos (canto y piano) tienen texto de Martínez
Sierra y expresan las ansias de paz de un alma tan exquisita como la
de su autor. El estreno de El amor brujo en el Teatro Lara madrileño
señala un gran triunfo de F. Subtitulada gitanería, esta creación
alcanzaría un renombre y resonancia populares de incalculable
importancia. La partitura estaba concebida para ballet y canto, con
una reducida plantilla instrumental. Aquí la crítica no acertó al
valorar su estreno, tal vez por considerarla -con visión
superficial- una muestra más de la «españolada» tan en boga. Lo
cierto es que su versión orquestal sigue interpretándose en el
mundo entero. Noches en los jardines de España deben enfocarse en
sus tres tiempos, En el Generalife, Danza lejana y En los jardines
de la Sierra de Córdoba, como algo muy distinto al concepto
tradicional de un concierto para piano y orquesta. Aquí el piano es
un elemento más esencial, inserto en el esquema orquestal.
Sobre el conocido cuento de P. A. de
Alarcón El corregidor y la molinera, escribe en 1917 G. Martínez
Sierra el libreto de la pantomima del mismo nombre. (Posteriormente,
en 1922, el título de esta obra pasó a ser El sombrero de tres
picos: un éxito que el ruso Diaghilev (v.) pasearía, con su compañía
de ballets rusos, por los más prestigiosos escenarios
internacionales.) Una ópera, Fuego fatuo, en tres actos, quedó sin
estrenar e inédita, aunque tenemos las mejores referencias sobre su
música.
El retablo de maese Pedro, compuesto
sobre textos originales del Quijote arreglados por el propio músico,
marca el cambio en la temática. F. se orienta hacia una visión más
castellana de su música, en consonancia con la orientación de la
generación literaria del 98, vigente en aquel momento. Aquí, como
en el Concierto para clave, el concepto instrumental llega a su máxima
depuración y altura. Para Ravel, el segundo movimiento del
Concierto es página clave en la música contemporánea. Los
Homenajes, dentro de este «segundo» F. son trazos vibrantes de su
arte.
Atlántida, compuesta sobre el gran
poema de mosén Jacinto Verdaguer (v.), fue la obra tantos decenios
acariciada e inconclusa. La remataría o completaría, al menos, su
discípulo E. Halffter (V. HALFFTER, FAMILIA). De enormes
proporciones, es un gran oratorio, una epopeya musical y algo
totalmente distinto a lo que podíamos imaginarnos de su autor. Aquí
surge el F. de las grandes masas corales y de enormes recursos
instrumentales. Se estrena, en versión parcial, en Barcelona y Cádiz
en 1961 y, en 1962, en la Scala de Milán.
E. SÁNCHEZ PEDROTE.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Turina
Compositor, nacido en Sevilla. En 1905 marcha a París para
ampliar estudios de piano y composición. Se inicia en el camino del
modernismo con Las Estaciones y Quinteto (1906), pero inspirado por
Albéniz, se inspirará en adelante en la canción andaluza: Sonata
para violín, Sevilla, Cuarteto. Amigo de Falla, regresa a España
donde dirige la orquesta del teatro Eslava, la de los bailes de
Diaghilev durante su gira, y en 1920 es maestro concertador del
Real. Escribió más de un centenar de obras, para teatro, orquesta,
canto, piano, órgano y música de cámara y religiosa. Publicó una
Enciclopedia abreviada de la música (19917) y un Tratado de
Composición (2 vol. 1947, 1950) Albéniz fue el causante de que
Turina se dedicara a un estilo en favor del nacionalismo español
con proyección europea.
(Indice)
Albéniz, Isaac (1860-1909)
Vida. Compositor y pianista español; n. en Camprodón (Gerona)
el 29 mayo 1860; m. en Cambo-les Bains (Francia) el 18 mayo 1909.
Recibe de su hermana las primeras lecciones de piano y con sólo
cuatro años se presenta en el teatro Romea de Barcelona. Estudia en
esta ciudad con Narciso Oliveras, pero su espíritu inquieto, feliz
con la aventura, se manifiesta, a pesar de sus pocos años, en sus
viajes y escapadas. Conoce París a los seis años sin lograr
ingresar en el Conservatorio por sus travesuras infantiles. De
vuelta a España da una serie de Conciertos por algunas ciudades del
norte. A los ocho años se traslada con su familia a Madrid,
asistiendo a las clases de Mendizábal en el Conservatorio. Repite
sus giras artísticas por Ávila, Zamora, Salamanca, Barcelona y
Valencia. En Cádiz embarca como polizón para Costa Rica. Recorre
en brillantes actuaciones Argentina, Brasil, Cuba, Puerto Rico y
Estados Unidos. De vuelta a Europa perfecciona su técnica con
Reinecke en Leipzig (1874y, Gevaert en Bruselas (1876) y Liszt,
cuyos consejos son importantes en la formación del joven artista,
en Weimar y Budapest (1878). En 1880 recorre de nuevo América. En
1883 regresa a Barcelona contrayendo matrimonio con Rosita lordana,
de la que tuvo tres hijos. Aquí entabla una provechosa amistad con
Felipe Pedrell. Después de un fracasado intento en los negocios,
reanuda sus conciertos en giras internacionales y en compañía de
Fernández Arbós, alcanzando grandes éxitos. Su repertorio
comprende obras de todos los estilos y épocas, destacando en la
interpretación de los clavecinistas, como improvisador y,
naturalmente, como intérprete de sus propias obras.
En 1891 se instala en Londres y en
1893 fija en París su casi habitual residencia; amigo de D'Indy,
Chauson, Fauré, Dukas, Debussy y Ravel, recibe de ellos indudables
influencias, pero ninguno logra suplantar la fuerte personalidad del
músico español. La Schola Cantorum, donde él había sido alumno,
le ofrece una cátedra de piano. Su actividad de compositor le ocupa
en detrimento de su carrera de virtuoso. El empresario y banquero
inglés Francis Money-Coutts le compromete en la composición de óperas
para sus libretos a cambio de una buena renta anual; productos de
este contrato son las óperas Merlín y Henry Clifford, de un carácter
y estilo que no se adaptan a la personalidad de A. Distinta es la
suerte de Pepita liménez, su más importante obra dramática.
Iberia, lanzada por 'los pianistas Malats y Blanca Selva, marca un
punto culminante de su obra. Apenas concluida ésta y a causa de la
enfermedad que mina su salud y hace funestos progresos, se traslada
a los Bajos Pirineos, donde termina su vida. Pocos días antes de su
muerte, el Gobierno francés, a propuesta de los más prestigiosos músicos
franceses del momento, le concede la Cruz de la Legión de Honor.
Características. Los factores
determinantes de la música de A. son el folklore de España y muy
especialmente de Andalucía, y el piano. El elemento popular estuvo
siempre presente de algún modo en la música culta española: así,
los polifonistas del Renacimiento y los clavecinistas del s. XVIII,
que encontraron en el folklore hispano una fuente inagotable de
inspiración. Pero es en este momento cuando los cantos de Andalucía,
y muy concretamente el «cante jondo, tiene una influencia directa
en el presente y futuro de la música española. Sus características
eran muy aptas para fundirse con las estéticas de más fuerza en
estos años; el impresionismo especialmente encuentra en la música
andaluza una serie de elementos técnicos y expresivos que serían
decisivos para la obra de Debussy y Ravel. Es un camino que en España
inicia Pedrell y que A. descubre para él y para sus continuadores.
A. se erige en jefe de la escuela nacionalista española. El
folklore es utilizado frecuentemente como cita literal, pero su
influencia es mucho más profunda: los ritmos, cadencias, giros melódicos
y modos de la música popular dan vida interna a toda una serie de páginas
que en sus mismos títulos evocan los lugares, cantos y danzas de
España y que marcan la trayectoria que, cada uno según su propia
estética, seguirán Granados, Falla y Turina.
La música de A. nació en y para el
piano, el piano romántico heredado de Chopin y Liszt, aunque esto
no quiere decir que su interés quede encerrado en la técnica del
teclado, puesto que, con ser de un valor extraordinario, está
siempre al servicio y en función de su contenido musical. Un
paralelismo con Chopin hace que su obra se entienda sólo en el
teclado y que las orquestaciones realizadas hasta hoy (Fernández
Arbós, Argenta, Ansermet, Dorati, Frühbeck y Roshental, entre
otros) no logren traducir toda la belleza del original. Sólo al
principio pudo hablarse de un antipianismo en A. Respondía esta
afirmación a una sorpresa ante la novedad de procedimientos,
especialmente en Iberia, y a las dificultades técnicas, que exigían
una nueva manera de tocar.
Obras. Siguiendo a Collet, pueden
estudiarse en ella tres etapas: la primera comprende páginas muy
del gusto de salón de la época; sencillas, pero no exentas de
encanto: valses, pavanas, minués, estudios, mazurcas, impromptus,
piezas características, Rapsodia Española, instrumentada por G.
Enesco y A. Casella, Recuerdos de viaje (1887), una de cuyas páginas
es Rumores de la Caleta. Destacan dos Suites españolas (1886 y
1889-93, respectivamente), especialmente la primera, que incluye
Granada, Cataluña, Sevilla, Cádiz, Asturias, Aragón, Castilla y
Cuba, y que revela ya toda la fantasía del autor de Iberia. Aún no
estamos ante el A. más trascendental de su tercera época, pero en
estas sencillas obras están ya en germen todos los elementos
determinantes de su genio. Muchas de estas partituras no han perdido
todavía el encanto de su novedad y espontaneidad. Para comprender
el significado total de A. es indispensable conocerlas y estudiarlas.
La segunda época agrupa las obras dramáticas San Antonio de la
Florida, Henry Clifford (1895) y Pepita liménez (1897). Para piano,
La Vega, y, para orquesta, Cataloiiia (1899). La tercera época
corresponde al A. en la plenitud de su técnica y medios expresivos.
Comprende los cuatro cuadernos de Iberia (19051909): el primero,
Evocación, El Puerto y Corpus Christi en Sevilla; el segundo,
Triana, Almería y Rondeña; el tercero, El Albaicín, El Polo y
Lavapiés; el cuarto, Málaga, jerez y Eritaña. Hay que añadir las
dos obras póstumas, Navarra y Azulejos, concluidas por D. de Sévérac
y Granados, respectivamente.
Todo el mundo colorista y el
refinamiento de escritura de los franceses, amigos y admiradores del
músico español, se une a su musicalidad netamente hispana. Ibería,
a pesar de mantenerse dentro de los límites de la pequeña forma y
de un esquema repetido, es hasta hoy la obra española más
importante para el piano. Se han señalado algunas características
de Iberia (T. Andrade): La originalidad de escritura, la audacia del
dibujo; hasta entonces ninguna música había sido trazada con un
barroquismo tal que, sin embargo, no es agobiante. Su pianismo huye
de fórmulas estereotipadas. No encontramos series de terceros,
sextas, octavas, trinos, trémolos ni dificultades de exhibición
pianística. Las dificultades emanan de sus exigencias musicales.
MANUEL CASTILLO.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Granados, Enrique
(1867-1916)
Compositor y pianista español; n. en Lérida el 27 jul. 1867 y
m. en el mar, en un naufragio, el 24 mar. 1916. Comenzó sus
estudios musicales en su ciudad natal con J. Juncada. Más tarde, se
trasladó a Barcelona, donde siendo infantico de la Escolanía de la
Merced, dirigida por el maestro Jurnet, amplió sus conocimientos
pianísticos con Pujol y los de armonía y composición con F.
Pedrell. En 1887 va a París y asiste como oyente a las clases del
Conservatorio, perfeccionando sus estudios con Bériot: coincide allí
con R. Viñes. Formó, con Casals (v.) y Thibaud, un famoso trío
que recorrió Europa, incluyendo ya, en sus programas, con el mayor
éxito, composiciones propias. En 1889 regresó a Barcelona dedicándose
por entero a la composición, a la dirección de orquesta y a la
enseñanza. Crea, en 1900, la Sociedad de Conciertos clásicos y la
Academia Granados.
Por su ascendencia, hijo de padre
cubano y de madre española, G. hereda ciertas características,
voluptuosas y ensoñadoras, que dan a sus obras un profundo lirismo,
cercano al romanticismo de Chopin, al cual se parece, según su biógrafo
H. Collet, pero «a la española». «Goya es el genio
representativo de España», decía G., y su música fue, en efecto,
exponente de esta idea y esta predilección del compositor leridano,
que se inspiró para sus obras, no en las vocalizaciones
hispano-andaluzas que palpitan en la obra de Albéniz, ni tampoco en
las marcadamente catalanas, sino que parecen perfumadas por una
esencia hispánica enraizada en el espíritu nacional, profundamente
castellano y, aún más, «madrileñísimo». Su suite para piano
Goyescas, la ópera del mismo título, en ella inspirada, sus
Tonadillas, en las que el majo y la maja son siempre protagonistas
adorables; composiciones como Quejas o la maja y el ruiseñor...
constituyen lo más representativo de su creación total en la que
el arte de Goya está presente de manera inequívoca.
Por su estilo, G. fue un romántico
que F. Sopeña no sólo compara a Chopin, como Collet, sino al
Schumann «pequeño» y a Grieg; influencia que después trasmitiría
a toda una generación posterior de músicos levantinos. Su técnica,
refinada y perfecta en sus composiciones pianísticas, logra en la
orquesta un lenguaje magistral por el empleo de los distintos
instrumentos y la honda expresividad de sus melodías: ejemplo
admirable de estas cualidades en el Intermedio de su ópera Goyescas.
Sus principales obras, además de las
citadas, son su zarzuela María del Carmen y sus Danzas Españolas,
Allegro de Concierto, Escenas románticas, Paisaje, Bocetos, Seis
piezas sobre cantos populares, Los majos enamorados y aún podría
citarse su transcripción del clave de 26 sonatas inéditas de
Scarlati.
Como su contemporáneo Albéniz, G.
supo dar de nuevo a la música española tras casi un siglo de lucha
contra las injerencias extranjeras el carácter de noble
autenticidad, donde se esconde su máxima grandeza.
J. ESPINÓS ORLANDO.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
(Indice)
Segovia, Andrés
(1894-1987)
Guitarrista español, nacido en Jaén. Dio su primer
concierto en Granada a los catorce años. La perfección de su técnica,
su musicalidad y su incesante labor de investigación y arreglos
musicales de obras no escritas para guitarra, como muchas de Juan
Sebastián Bach, le permitieron recorrer el mundo como concertista y
adquirir una fama extraordinaria, divulgando el conocimiento de la
guitarra como instrumento de concierto y provocando la difusión de
su estudio en muchos países en principio alejados de este
instrumento. También esto hizo que muchos compositores modernos
escribieran para él, como Turina, Castelnuovo-Tedesco, Manuel
Ponce, Héctor Villalobos, Joaquín Rodrigo, Moreno Torroba,
Federico Monpou, etc. Considerado como el guitarrista más grande de
todos los tiempos y una de las máximas figuras de la música de su
época, fue colmado de honores en todo el mundo, y en España se le
concedió el título de Marqués de Salobreña. Se ha instituido en
su nombre un concurso guitarrístico que lleva su nombre, y que ha
alcanzado gran prestigio.
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Rodrigo, Joaquín
(1901-)
Compositor nacido en Sagunto. En 1927 marcha a París, donde estudia
con Paul Dukas y conoce a Falla. Su vuelta a España en 1939
coincide con el estreno del Cocierto de Aranjuez, que le consagra
como uno de los primeros compositores españoles y despierta en todo
el mundo la afición por la guitarra. Continúa escribiendo
conciertos para piano (1942), violín (1943), violoncello (1949),
arpa (1952) y para cuatro y dos guitarras (1956, 1967). Entre sus
obras maestras están Música para un códice salmantino (1953),
inspirado en un poema de Unamuno, y Fantasía para un gentilhombre
(1954), para guitarra y orquesta. Continuó escribiendo conciertos,
ballets, música de escena, teatro lírico, obras religiosas y hasta
música para películas. En 1978 estrenó Concierto pastoral para
flauta y orquesta, uno de los más difíciles que se han escrito
para este instrumento. El Adagio, por su ritmo y brillantez, es uno
de los más logrados del maestro. En la obra instrumental de la última
etapa destaca Sonata a la española para guitarra (1969) y en la
vocal, Con Antonio Machado (1970), diez canciones para una voz y
piano. Le han sido otorgados numerosos premios y condecoraciones,
tanto españoles como extranjeros.
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Pablo Casals (1876-)
Músico español, considerado universalmente como el
primero de los violoncelistas de nuestra época y uno de los intérpretes
más eminentes de este siglo. N. en Vendrell (Tarragona) el 29 dic.
1876. Cursó sus primeros estudios en Barcelona, trasladándose
cuando era muy joven a Madrid, donde su incipiente personalidad llamó
en seguida la atención; obtuvo de la reina regente María Cristina
protecciones y ayudas que le permitieron celebrar los primeros
recitales y ampliar sus estudios en Bruselas y París. Allí inició
una carrera de concertista internacional, acaso la más brillante y
prolongada que haya llevado a cabo un artista en la época moderna.
Durante más de medio siglo el arte interpretativo de C. ha
representado para los públicos más exigentes un paradigma en el
que se han equilibrado el virtuosismo y una intensa capacidad
expresiva con la más noble y profunda musicalidad, cualidades
puestas en evidencia tanto en innumerables recitales de virtuoso o
formando un famosísimo trío con el violinista Jacques Thibaud y el
pianista Alfred Cortot, como actuando de solista al lado de todas
las orquestas importantes europeas o americanas. C. ha sido el
promotor de muchas iniciativas musicales. En 1919 creó en Barcelona
la Orquesta Pau Casals y en 1922 la Associació Obrera de Concerts,
que presidieron durante dos décadas la vida artística catalana y
dieron lugar a que el maestro se dedicara con alguna preferencia a
la dirección de orquesta, labor que ha continuado hasta fechas
recientes, actuando al frente de muchos conjuntos sinfónicos
extranjeros.
Al final de la Guerra civil española
se estableció en Prades, pequeña población en la vertiente
francesa de los Pirineos donde, después de la II Guerra mundial,
fundó unos Festivales de Música de gran renombre a los que han
acudido artistas de todas las naciones para colaborar con el
violoncelista y director en la interpretación de la música de cámara.
Otro festival, éste de más amplitud, fue también creado por C. en
la ciudad portorriquense de San Juan, donde m. el 22 oct. 1973.
C. es autor de un cierto número de
composiciones (sardanas, una Sonata para violín y piano, canciones,
etcétera), pero su obra máxima es, sin duda, el oratorio El
Pessebre, con texto del escritor Juan Alavedra. La obra, dirigida
por su autor (salvo en unas pocas excepciones), ha sido interpretada
en Acapulco (México), donde se estrenó, en la sede de las Naciones
Unidas, en Nueva York, Filadelfia, Buenos Aires, Londres, Berlín,
Toulouse, Asís, Florencia, San Miquel de Cuxá, Ginebra, y en otras
muchas ciudades y países como un mensaje de paz y fraternidad. El
Pessebre constituye un palpitante testimonio del credo musical y la
actitud humanística de quien ha hecho del arte y de la vida un
postulado ideológico mantenido con inquebrantable perseverancia.
XAVIER MONTSALVATGE.
Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991
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La Zarzuela
Fernández
Caballero, Manuel (1835-1906)
Compositor. Empezó a componer a los doce años; a los quince
ganó el primer premio de composición en el Coservatorio de Madrid,
y a los dieciocho dirigía la orquesta del Teatro de Variedades. En
1864 pasó a Cuba, donde organizó conciertos. De regreso a Madrid
prosiguió su carrera de compositor de zarzuelas, iniciada ya antes.
Entre ellas destacan: 'El duo de la Africana', 'Gigantes y Cabezudos',
'El Cabo primero', 'El señor Joaquín', etc. Escribió un estudio
titulado 'Los cantos españoles considerados como elementos
indispensables para la formación de nuestra nacionalidad musical'
(1902), que le sirvió de discurso para su entrada en la Real
Academia de San Fernando.
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Chueca, Federico
(1846-1908)
Compositor, uno de los autores más fecundos e inspirados del
llamado "género chico". 'La Gran Vía', que pergeñó en
colaboración con Valverde, es una de las piezas clásicas de dicho
género. Otras zarzuelas: 'El año pasado por agua' (1889), 'Agua,
azucarillos y aguardiente' (1897), 'La alegría de la huerta'
(1901), etc.
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Chapí, Ruperto
(1851-1909)
Compositor español. Intentó dar vida a un movimiento operístico
español, aunque sin éxito. Triunfó por su originalidad en la
zarzuela y el llamado género chico. Creó la Sociedad de Autores
para defender los derechos de los músicos y escritores y la
propiedad intelectual de éstos. Está considerado como el más legítimo
continuador de la obra de Barbieri. Sus obras son modelo de calidad,
armonía, distinción y originalidad. Entres sus óperas están Las
naves de Cortés (1874) y Garcilaso(1880); entre sus zarzuelas, La
tempestad (1882), La bruja (1887), El Rey que rabió (1891), y del género
chico, El tambor de granaderos(1894), La Revoltosa(1897), El puñao
de rosas(1902). Ejerció indiscutible influencia en la música lírica
posterior.
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Vives, Amadeo
(1871-1932)
Compositor, nnacido en Collbató. Escribió varias obras para el
Orfeó Catalá que había contribuido a fundar con Luis Millet,
entre ellas El Emigrante (1890), sobre un poema de Jacinto Verdaguer.
También escribió sobre textos de Angel Guimerá, y estrenó las óperas
Arthus (1895) y Euda d'Uriach (1900). Se trasladó a Madrid y
compuso las Canciones epigramáticas (1912-14) para canto y piano y
obras corales. Pero su excelente reputación le vino de las
zarzuelas y operetas. Entre ellas, destacan Doña Francisquita
(1923), Maruxa (1913), Bohemios (1903) populares aún hoy en
representaciónes y grabaciones. Otras famosas en su día fueron
Lucas del cigarral (1899), El Talismán (1933), La Generala y La
Villana. El mismo las dió a conocer también en América.
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Usandizaga, José María
(1887-1915)
Compositor, nacido en San Sebastián. Su prematura muerte a
los 28 años impidió su consagración como uno de los grandes
compositores. Es uno de los principales representantes del
nacionalismo musical español y concretamente de la llamada escuela
vasca. Estudió en París bajo el profesorado de D'Indy. Escribió
obras para piano, canto, órgano y orquesta, como Hassan y Melilan,
Fantasía (para violoncello y piano), Cuarteto de cuerda y Rapsodia
vasca. Sin embargo sus mayores éxitos fueron su ópera vasca
Mendi-Mendiyán (1910) y las zarzuelas Las Golondrinas (1914) y La
Llama que dejó inacabada.
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Moreno Torroba,
Federico (1891-1982)
Compositor español, discípulo de Conrado del Campo, se
dedicó en principio a escribir obras sinfónicas, como 'La ajorca
de oro' (1918), 'Capricho romántico', 'Suite castellana', 'Zoraida'
(1919), pero pronto dejó este tipo de música para dedicarse a la
teatral, en la que obtuvo grandes éxitos y prestigio.. Entre sus
obras de teatro destacan 'La Virgen de Mayo', ópera estrenada en el
Teatro Real en 1925, y las zarzuelas 'La mesonera de Tordesillas'
(1925), 'La Chulapona' (1934), y sobre todo 'Luisa Fernanda' (1932),
obra que no ha cesado de interpretarse. Escribió numerosas obras
para guitarra, entre ellas 'Sonatina', 'Fandanguillo', 'Concierto
flamenco', 'Concierto de Castilla'. Poco antes de morir escribió la
ópera 'El poeta', basada en la vida de Espronceda.
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Sorozábal, Pablo
(1898-1988)
Compositor, nacido en Bilbao. Se formó como músico en su
tierra natal y en Alemania y fue director de varias orquestas, entre
ellas la Filarmónica de Madrid. Sus primeras obras, de inspiración
popular, fueron Capricho español y Suite Vasca, pero pronto se
dedicó a la zarzuela en la que cosechó éxitos enormes y en la que
fue el último de los grandes compositores. Escribió las óperas
Adiós a la Bohemia, y Juan José, que no consiguió ver estrenada.
Entre sus zarzuelas destacan: Katiuska (1931), Don Manolito (1943),
La del Manojo de Rosas (1935), y la Tabernera del Puerto (1936).
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Cristóbal de Morales

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- Historia de la música española (Bibliografía):
- La música española en tiempos de los Reyes Católicos:
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general de Hispánica


 

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