Índice general de Hispánica

Isaac Albéniz

 

Morales, Cristóbal de (1500-1553)
Escobedo, Bartolomé (1507-1563)
Guerrero, Francisco (1528-1599)
Antonio de Cabezón (1510-1566)
Salinas
Flecha el Joven, Mateo (1530-1604)
Victoria, Tomás Luis de (1547-1611)
Soler, Antonio (1729-1783)
Sors, Fernando
Pedrell, Felipe (1841-1922)
Pascual Arrieta (1823-1894)
Barbieri
Eslava, Miguel Hilarión (1807-1878)
Tárrega, Francisco (1852-1909)
Sarasate de Navascués, Pablo Martín (1844-1908)
Esplá, Oscar (1889-1976)
Falla, Manuel de (1876-1946)
Turina
Albéniz, Isaac (1860-1909)
Granados, Enrique (1867-1916)
Segovia, Andrés (1894-1987)
Rodrigo, Joaquín (1901-)
Pablo Casals (1876-)

 

La Zarzuela

Fernández Caballero, Manuel (1835-1906)
Chueca, Federico (1846-1908)
Chapí, Ruperto (1851-1909)
Vives, Amadeo (1871-1932)
Usandizaga, José María (1887-1915)
Moreno Torroba, Federico (1891-1982)
Sorozábal, Pablo (1898-1988)

 

Morales, Cristóbal de (1500-1553)
Compositor español de la escuela sevillana. Fue maestro de las capillas de Avila (1526), Plasencia (1520-32) y Salamanca (1534). Residió en Roma como cantor de la Capilla Pontificia (1535-45), de donde volvió para hacerse cargo de la dirección de la capilla de Toledo. De aquí pasó a Marchena, y finalmente a la catedral de Málaga. Precursor de Palestrina, compuso misas basadas en los temas litúrgicos, y singularmente gregorianos. Junto con F. Guerrero y T.L. de Victoria es el polifonista más representativo de la escuela española de su tiempo y gozó en vida de enorme fama internacional. En 1538 recibió el encargo de escribir una cantata para celebrar la paz entre Francisco I y Carlos V (su motete 'Jubilate Deo', a seis voces). En 1539 tuvo que escribir un motete para festejar la promocióna cardenal de Hipólito de Este. Sus misas y motetes, célebres en toda Europa, aparecieron en ediciones y antologías de su épocaa, publicadas por editores italianos, lo que pone de manifiesto el aprecio en que se le tenía en este país. Una de las características de su técnica es el empleo de las notas retardadas. Todo ello produce en su música religiosa un elemento patético desconocido por la estética de su tiempo. Las ediciones más antiguas de sus obras son 'Magnificat cum quator vocibus' (Venecia 1542 y 1545) y 'Missarum, liber I et II' (Roma, 1544). En ellas exppone su intención de dar a las almas austeridad y nobleza. De sincero espíritu religioso, escribe que toda música que no sirve para honrar a Dios o para enaltecer los pensamientos y sentimientos de los hombres, falta por completo a su verdadero fin.
"Creo que no hubiera existido Palestrina si no hubiera habido un Morales para demostrar lo que se podía hacer en música de Iglesia". (Dr. Southgate) El motete 'Lamentabatur Jacob fue calificado por Bolsena en 1711 de 'Maravilla del Arte', y le estimaba como la más preciosa composición del Archivo Papal.
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Escobedo, Bartolomé (1507-1563)
Compositor y músico. Fue cantor de la catedral de Salamanca y de la Capilla Sixtina, en Roma (1536). Regresó a España en 1554. Autor de algunos motetes, dos misereres, un magníficat y dos misas, entre ellas 'Philippus Rex Hispaniae', escrita para la coronación de Felipe II.
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Guerrero, Francisco (1528-1599)

Compositor español nacido y muerto en Sevilla (4 oct. 1528 - 8 nov. 1599). Su hermano Pedro y Cristóbal de Morales fueron sus maestros. Nombrado maestro de capilla de la catedral de Jaén en 1546 y cantor de la de Sevilla en 1550; en 1554, por oposición, es maestro de capilla de la de Málaga, pero no toma posesión, al aceptar la dirección de la Capilla, que, para no perdérselo, le ofrece el Cabildo de Sevilla. Para esto, se «jubila» a Pedro Fernández, «maestro de los maestros de España», conservándole la mitad del sueldo hasta su muerte (25 años después); la otra mitad, más la paga de cantor, serán los honorarios del nuevo maestro. En 1588, y de paso para Jerusalén, visita Venecia para tratar de la impresión de sus obras, que deja al cuidado del famoso Zarlino. A su regreso, y después de visitar varias ciudades italianas, como narra en su obra Viaje de Jerusalén, cumple el voto de visitar el Santuario de Montserrat, de donde regresa a Sevilla después de detenerse en Valencia.
     
      Sacerdote ejemplar y, según Pacheco, «de gran entendimiento, afable y sufrido con los músicos, de grave y venerable aspecto... sobre todo de mucha caridad para con los pobres, dándoles sus vestidos y zapatos hasta quedarse descalzo». Constituye, con Morales (v.) y Victoria (v.), el excelso triunvirato de grandes polifonistas hispanos. Su fama y «renombre se extendió fuera de su país, pues vemos sus obras impresas, viviendo todavía él, en Francia, Bélgica e Italia» (Cerón). Pacheco lo considera «...el más único de su tiempo en el Arte de la Música».
     
      Obras: Motetes, Sevilla 1555, Venecia 1579-88-89; Misas, París 1566, Roma 1584; Magnificat, Lovaina 1563; Libro de Vísperas, Roma 1584; Canciones y Villanescas Espirituales, Venecia 1589; Pasiones de San Mateo y San Juan «more hispano», Roma 1585; etc. El Instituto Español de Musicología ha publicado: Canciones y Villanescas Espirituales, 2 vol., Barcelona 1955-57; Motetes, Barcelona 1978; Librr I y Liber II Missarum, Barcelona 1988.
M. ALONSO GÓMEZ.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Antonio de Cabezón (1510-1566)
Compositor y organista español, n. ca. 151O en Castrillo de Matajudíos (Barrio de Castrojeriz, Burgos) y m. el 26 mar. 1566 en Madrid, siendo enterrado en el convento de s. Francisco. Quedó ciego desde niño. Estudió música en Palencia con el maestro de capilla García de Báez, y en 1526 entró al servicio de la casa real de Carlos V. Tuvo tres hermanos y por lo menos cinco hijos. Uno de sus hermanos llamado Juan, figuró prestigiosamente como «tañedor de tecla» en la corte. De sus hijos, el llamado Agustín fue en la corte «cantorcico» y otro, el célebre Hemando también compositor, le sucedió como organista y recopiló todas las obras de C., que dio a la estampa en Madrid. Ha puntualizado Anglés que en aquella corte había una capilla musical autóctona con el nombre de la esposa del emperador doña Isabel de Portugal y, fallecida ésta, bajo los nombres de las infantas María y doña Juana, sirviendo en ella C. como organista. Más tarde viajó con Felipe II a Inglaterra, Italia, Flandes y Alemania. Tanto le admiró este rey por sus interpretaciones, que lo hizo retratar por Sánchez Coello y conservó celosamente aquel cuadro.
      Se distinguió C. por su profundísima religiosidad, por su sencillez estética como compositor, y por su arte singularísimo como tañedor de instrumentos de tecla. Comentando estas cualidades el musicólogo W. Apel, escribió: «Yo no conozco, entre los compositores para clave y órgano de todos los tiempos, a ningún otro que, a causa de su espiritualidad musical, profundidad y noble gravedad de intención, austeridad y sublimidad de ideas y por su completa maestría contrapuntística, le pertenezca más justamente estar en la compañía de Juan Sebastián Bach». Y, con anterioridad, F. Pedrell le había asignado el laudatorio título de "el Bach español". Y nadie le igualó en el género típicamente español del órgano en el s. XVI. Se ha escrito erróneamente que C., durante sus viajes a Inglaterra, se había familiarizado con el arte de los virginalistas y el procedimiento de las «diferencias» o variaciones. Hay que desechar tal afirmación cuando se recuerda que ya venía cultivando C. esa clase de obras y que, por añadidura, cuando visitó Inglaterra, no habían nacido casi ninguno de los grandes virginalistas. Más aún, las «diferencias» venían practicándose también por otros grandes compositores de nuestro país.
      Hernando, el hijo menor de C., m. en Valladolid el 1 sept. 1602. No ha podido concretarse si también había sido «cantorcico» de la Real Capilla como su hermano Agustín. En 1566 sucedió allí a su padre como organista. En 1574 el rey le aumentó el sueldo en atención a sus propios méritos y a la memoria de su padre. Fundamentalmente ha pasado a la historia por reunir las obras de Antonio, cuya publicación patrocinó el rey y se hizo en Madrid, en 1578, bajo el título Obras de Música para tecla, arpa y vihuela, de A. de Cabezón... Inclúyense en ella algunas piezas de Hernando y muchísimas de su padre, entre ellas intermedios para misa, himnos gregorianos, salmodias, fadordones, versillos, diferencias, tientos y transcripciones de obras producidas por músicos neerlandeses, especialmente Josquin des Prés, sin que se encontrasen en ellas las atrevidas disonancias que más tarde prodigaría Cabanilles. Según Hernando, todo aquello era tan sólo «migajas» de las lecciones que Antonio había dejado caer para enseñar a sus discípulos. Ese volumen, más los de Juan Bermudo, Tomás de Santa María y Salinas muestran cómo era la música española en aquel siglo.

JOSÉ SUBIRA.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991


El organista español por antonomasia, a quien Pedrell fue el primero en llamar "un Bach español del siglo XVI". Tal opinión la comparte el inglés Apel al escribir: "El asociar a Cabezón con Bach significa más que la expresión de una admiración ilimitada. Deriva de una relación íntima que liga al maestro español más fuertemente con el gran alemán que quizá con ningún otro músico. En todo caso, yo no conozco a otro que entre los compositores para teclado de todos los tiempos merezca mejor estar en su compañía, por razón de su espiritualidad musical, profundidad exaltada seriedad de su propósito, austeridad y sublimidad de pensamiento, y su absoluta maestría contrapuntística" Y el alemán Krebs confiesa: "Estudiando las composiciones de Cabezón quedé asombrado de la perfección de su forma musical, de la belleza y profundidad de sus ideas, y de la facilidad de su técnica creativa, que parece prestarse a todos los dictados de la imaginación artística del compositor".
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Salinas
El famoso historiador inglés de principios del siglo XVIII, Hawkins, dedicó tres capítulos enteros de su Historia al libro de Salinas, que considera como una de las más valiosas obras sobre música que existen en lengua alguna, y alaba la seguridad e independencia del gran teórico español. (Forns)
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Flecha el Joven, Mateo (1530-1604)
Compositor, sobrino de el compositor Mateo Flecha el Viejo. Residió por algún tiempo en Hungría, como abad de Tihany, y de regreso a su Cataluña natal fue abad de La Portella. Autor principalmente de un libro de madrigales (1568) y de 'Divinarum Completarum Psalmi' (Praga, 1581)
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Victoria, Tomás Luis de (1547-1611)
La vida de este gran compositor español del s. XVI presenta algunos puntos oscuros, que los especialistas aún no han aclarado. Uno de ellos es la fecha de su nacimiento. Puede fijarse entre el a. 1547-48 (era el séptimo de los diez hijos de Francisco Luis de Victoria y Francisca Suárez, casados en 1540) y el a. 1550 (V. entra el 25 jun. 1565 en el Colegio Germánico de Roma, donde se exigía para la admisión haber cumplido los 15 años). Como niño cantor en la catedral de Avila, sú ciudad natal, inicia los estudios musicales, que abarcaban desde el solfeo hasta el contrapunto superior. En Roma, considerada el centro de la polifonía y etapa obligada en la vida de todo maestro, «no sólo me dediqué -escribe a Felipe II en la dedicatoria de su Missarum Libri Duo- durante algún tiempo a otros nobles estudios, sino que empleé mucho trabajo y esmero en el arte de la música». En las clases del Seminario Romano se encuentra con los hijos de Palestrina, Rodolfo y Angel, compositores, y sobre todo entra en contacto con el padre de ellos, maestro de capilla e instructor de canto y música (66-71) de los alumnos de dicho seminario. En enero del 69 abandona el Colegio Germánico y, sin dejar sus estudios, ejerce el oficio de cantor-organista (maestro de capilla) en la iglesia española de S. María de Monserrat. En el 71 es readmitido en el Germánico como músico que enseña a los alumnos. En este mismo año sucede a Palestrina como maestro de capilla del Seminario Romano (según Casimiri a propuesta del mismo Palestrina). Aquí permanece hasta el 73 en que pasa nuevamente como cantor (maestro de canto) al Germánico. Durante estos años V. encuentra en el card. Otón Truchsess un generoso mecenas, a quien dedicará en prueba de gratitud sus Motecta (1572). El Colegio Germánico establece (75) su nueva sede en el palacio de S, Apolinar, donación, como la iglesia adjunta, de Gregorio XIII. Se crea una capilla musical, de la cual V., moderator musicae del Germánico, es nombrado maestro. Durante estos años continúa prestando sus servicios en las iglesias españolas (Monserrat, Santiago, Trinidad). El domingo 28 ag. 1575 es ordenado sacerdote en la iglesia de S. Tomás de los Ingleses. Al abandonar en el 78 el Colegio Germánico se retira como capellán a S. Jerónimo de la Caridad, donde permanecerá hasta el 7 jun. 1585; allí, durante cinco años (hasta el 83) con- vive con S. Felipe Neri y comi~nza para V. una época de intensa religiosidad, al entrar en la órbita espiritual y artística del santo.
      Se considera como el año más probable de su regreso a España el de 1594. Casimiri cree que se encuentra en Roma a principios del 94, basándose en la carta que Felipe II escribe (21 en. 94) a su embajador en Roma, comunicándole la concesión de un beneficio «en favor de Tomé de Victoria, clérigo presbítero dé: la diócesis de Avila y Capellán de la Sersima. Emperatriz (María), ni muy chara y muy amada hermana». Sin embargo, en un documento hallado por J. M. Llorens, fechado en Madrid (22 feb. 1587), se habla de «il Vittoria» de forma que se deduce su presencia en España. Todo se aclarará si se logra documentar la existencia de un viaje a España y regreso a Roma. Así se explicaría, también, la fecha (Romae, Idibus Novemb, 1592) que aparece en la dedicatoria de su Liber Secundus de Misas y la carta de Felipe II antes citada.
      Lo cierto es que desde el 1596 vive en Madrid, ejerciendo las funciones de capellán de la emperatriz María, que en 1584 se retiró al convento de las Descalzas Reales. Al morir en 1603 la emperatriz, para cuyas exequias compuso el Officium Defunctorumy que dedicó dos años más tarde a su hija la princesa Margarita, V, continuará hasta su muerte (Madrid, sábado 27 ag. 1611) en humilde y recogido anonimato como organista de las Descalzas, donde fue enterrado. Al enjuiciar la obra y Ia personalidad de V. es indispensable tener muy en cuenta que el arco de su vida recubre casi exactamente la cronología del movimiento artístico llamado manierismo. Justamente el apogeo de este movimiento, lazo de unión, o de ruptura, entre las dos grandes manifestaciones del arte denominadas Renacimiento y Barroco, coincide con los años de la plena madurez artística de Victoria. «La posición de los jóvenes artistas con respecto al Renacimiento era singularmente complicada; ellos no podían renunciar a las conquistas del arte clásico, al mismo tiempo que eran completamente extraños a dicho sistema». Por eso trataban de disolver la regularidad y la armonía demasiado simples del arte clásico y tendían a sustituirlas por obras más subjetivas y sugestivas. «A esta ruptura con el clasicismo renacentista se llegaba, en ciertos casos, a través de una experiencia religiosa más profunda e íntima y de la visión de un nuevo mundo espiritual; en otros, por un extremado intelectualismo, o por la excesiva madurez de un gusto refinado». Sin duda que el camino seguido por V. fue la aguda vivencia de una nueva espiritualidad,
      Por esto, «la expresividad de sus Motetes, y aun de sus Misas, le sitúa más allá de la estética renacentista, tan rigurosa en el estilo palestriniano». En esta espiritualidad, y en su expresión, deseada y buscada previamente, se descubre otra de las características del manierismo, en el cual «La conciencia creadora del artista interviene no sólo en la selección de los medios que corresponden a su intento expresivo, sino también para decidir la dirección de ese mismo intento». En la dedicatoria de su Libro de Misas a Felipe II escribe: «... y ya desde el principio me propuse no fijarme en el solo deleite de los oídos y del ánimo y de contentarme con este conocimiento; antes bien, mirando más allá, resolví ser útil dentro de lo posible, a los presentes ya los venideros... ¿a qué mejor fin debe servir la música sino a las sagradas alabanzas de aquel Dios inmortal de quien proceden el ritmo y la medida, y cuyas obras están dispuestas en forma tan portentosa que son la manifestación de una armonía y canto admirables?».
      En la formación de su espiritualidad confluyen influencias muy potentes y varias. No puede mencionarse su patria de origen, Avila, sin asociarla a sus contemporáneos Teresa de Jesús y Juan de la Cruz; como tampoco se pueden olvidar los años de formación con los jesuitas de Roma y, sobre todo, la íntima convivencia espiritual con S. Felipe Neri. Es también importante recordar que V. llega a Roma en pleno clima posconciliar tridentino. Compárese el decreto conciliar que dispone que «se ex- cluyan del templo las músicas, tanto para órgano como para canto, de contenido lascivo o profano», con las palabras de V. en la citada dedicatoria a Felipe II, y que bien pueden considerarse como su canon ético-musical: «... emprendí la tarea de poner música sobre todo a aquella parte que a cada paso se celebra en la Iglesia católica. Por lo cual se ha de juzgar que erraron gravemente y merecen ser castigados sin compasión quienes, practicando un arte muy honesto y muy a propósito para aliviar las penas y recrear los ánimos con un goce casi imprescindible, lo dedican a cantar amores deshonestos y otros indignos asuntos». Estos movimientos de renovada espiritualidad en la vida de la Iglesia los registraba su sensibilidad de artista genuino, auténticamente religioso, y los sintetizaba, como afirma Pedrell, «en un misticismo a la manera de Teresa y de Juan de la Cruz... músicos- poetas que saben hallar en la exaltación de su alma el acento de aquella música divina que, habiendo encontrado su expresión justa y sublirrie belleza en la interpretación de la divina palabra, permanece inmutable, como belleza primitiva, inspiradora de todas las bellezas posteriores».
      En este juicio de V. se prescinde intencionadamente de toda comparación con los ilustres maestros de la época y de modo especial con Palestrina. Sin negar el decisivo influjo, sobre todo técnico, que ejercieron sobre él, la personalidad de V. es tan limpia, tan neta y precisa que toda comparación resultaría deformante. A su formación técnica, enriquecida con el estudio de las obras de los compositores flamencos, italianos y españoles (no olvidemos que Morales fue maestro de capilla de A vila del 1526 a 1530), V. une una singular disposición para la música (principalmente sagrada y eclesiástica), «... a la cual me siento inclinado por cierto natural instinto... Conociendo que esto se debe a una gracia y beneficio de Dios, procuré no ser del todo ingrato con Él... si enterrara el talento con que me ha dotado» (Dedicatoria de los Himnos a Gregorio XIII); «trabajé mucho en el estudio de la música, a la cual mi misma naturaleza me guiaba por un cierto secreto instinto e impulso» (Dedicatoria a Felipe II). La mecánica compositiva no tiene secretos para V. y su perfección técnica está fuera de discusión. Sin embargo, es necesario profundizar en su genial perfección, en busca de esa fuerza interior, característica del genio, que domina y condiciona los elementos materiales de que dispone, dándoles un toque de mágica y trascendente perennidad. Él mismo, con clarividencia y conciencia asombrosas, nos indica el camino, «... antes bien, mirando más allá, resolví...» (Dedicatoria a Felipe II).
      Esta conciencia de su mensaje artístico a presentes y venideros es la que hace de V. el más genuino representante en el campo musical de la inquietud artística y de la problemática de su tiempo, comparable al Greco o a Tintoretto en la pintura ya Teresa y Juan de la Cruz en la mística. Este anticiparse a su época, adentrándose en las profundas interioridades del espíritu, se realiza en él, como escribe Mitjana, «por un instinto, por una intuición maravillosa; llevado por su potente genio, penetra en el elemento primordial de la música moderna, de la obra de arte del porvenir, o sea, la expresión musical de la vida interior». Instinto, intuición de los cuales es, sin embargo, bien consciente. Es justamente esta penetración del artista en un nuevo mundo espiritual la que alimenta su empuje de superación del clasicismo renacen- tista. La búsqueda de cimas más altas y aún inexploradas del expresionismo es para su alma de músico y de místico una impelente necesidad.
      Como afirma A. CoIling, «música y mística son dos aberturas hacia el infinito», rara pero preciosa coinciden- cia, ya que «el misticismo auténtico es tan raro como el genio artístico y hace falta un concurso muy excep- cional de circunstancias psicológicas para que el encuen- tro de las dos facultades se realce en el mismo ser», y añade: «de Victoria se puede decir que su música es la música de la pureza mística»; en esto y por esto «rebasa a todos sus contemporáneos, por la fuerza y sobre todo por la pureza. No intentó esbozar una obra profana que proyectase su sombra sobre la obra sagrada. Nada impide en ella la ascensión de un alma que el cielo solicita incesantemente, su música es de una limpieza perpetua y absoluta. Comienza con el recogimiento, se eleva por acentos, insensible, hacia las más suaves polifonías y termina en el éxtasis, en el deliquio».
      Su Oficio de la Semana Santa es la síntesis perfecta, la expresión acabada de todo lo dicho. Es música que está entre el cielo y la tierra; es el fruto de una humanidad (artista) que ha logrado entrever, por su profunda espiritualidad (místico), las inenarrables bellezas de lo divino. Es un homenaje del hombre a Dios y, a la vez, un don de Dios al hombre. La síntesis perfecta de este maravilloso dualismo es la que hace incomparable su obra. Bien significativa es, en este sentido, la intención de V. al dedicar la obra a la «... summa Deus Trinitas». Siéndo un homenaje directo a la Divinidad, parece natural que su alma sensibilísima le ofreciera el fruto que conside- raba más sazonado y auténtico. Estamos ante un compositor de raza, «músico de la sangre, de la piedad y del dolor» (Mitjana). Su música se caracteriza, como afirma Pedrell, por «la individualidad prepotente y soberana, inconfundible con ninguna otra, con subjetivos medios de expresión propios». Esto explica que algunos críticos de la época hayan clasificado su estilo de «demasiado español», o hablen de una música «con sangre mora» y lleguen incluso a definirla como «producto bastardo ítalo- español», o cosas por el estilo. Esta incomprensión da la justa medida de la grandeza y trascendencia de Victoria. Como tantas veces sucede en la historia, la crítica no logra encuadrar en sus esquemas habituales al artista y, al no aceptar ser superada por el genio, trata de clasifi- carlo utilizando comparaciones aproximativas y, en la mayor parte de los casos, peyorativas.
      Las palabras certeras y proféticas del Epigráma que el oratorio Juvenal de Ancina, admirador y «ya de antiguo muy amigo suyo» , compuso para acompañar los Motetes que V. dedicó al príncipe Carlos Manuel de Sa- boya, servirán de colofón a esta semblanza crítica: «Victoria te dedica sus sagradas canciones... compuestas con arte admirable. Inspiradas para ti desde el cielo... son dignas de tus oídos... Si diez veces las oyeres, tanto más te gustarán. Príncipe, jea! , no desprecies al hombre al que la Roma piadosa ensalza como gloria inmortal de sus jóvenes maestros. Cuando llegue a la madurez, ¿qué se dirá de él? Tal es Victoria, ferviente siervo de Cristo, honra y prez de su Avila natal».
      Las Obras Completas de V. las publicó, preparadas por F. Pedrell, Breikopf et Hartel (Leipzig 1902-13), en 8 vol. Mons. Anglés cuidó la nueva edición crítica, de la que se han publicado 4 vol. (Roma 1965-68, CSIC). Los títulos originales de las obras de V. son: Motecta(Venecia 1572), Liber I. Missae, Psalmos, Magníficat... aliaque complectitud (Venecia 1576), Cantica B. Virginis vulgo Magníficat... una cum quatuor Antiphonis B. Virg. per annum... (Roma 1581), Motecta, (Roma 1583 y Milán 1589), Hymni totius anni... una cum quatuor psalmis... (Roma 1581), Missarum Libri Duo... (Roma 1583), Offi- cium Hebdomadae Sanctae (Roma 1585), Motecta festo- rum totius anni, cum Communi Sanctorum (Roma 1585), Cantiones Sai:rae (Dillingen 1589), Missae Asperges et vidi aquam... Liber II (Roma 1592), Missae, Magníficat, Motecta, Psalmi et alia (Madrid 1600), Officium Defunc- torum... (Madrid 1605).

M. ALONSO GÓMEZ.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Soler, Antonio (1729-1783)
Compositor, nacido en Olot. Se educó musicalmente en la abadía de Montserrat, y fue maestro de capilla de la catedral de Lérida. In 1752 ingresó en la Orden Jerónima en El Escorial, donde fue maestro de capilla y organista. Compuso unas 300 obras religiosas, mas de 100 sonatas para clave, obras escénicas, seis conciertos para órgano. Una gran parte de esta obra se ha perdido, debido a que no fue impresa y a la ocupación de El Escorial por las hordas napoleónicas, que arrasaron España con su pillaje y destrucción. Como teórico, su escritos representaron la vanguardia de la época en España. Su Llave de la modulación y antigüedades de la música, de 1762, suscitó polémicas en las que tomaron parte los principales músicos españoles de la época.
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Fernando Sors
Fetis le llamó 'el Beethoven de la guitarra'... En París, Londres y San Petersburgo triunfó como el primer virtuoso de la guitarra...sus obras se consideran hoy en todo el mundo como el repertorio clásico...Su Método es universalmente conocido y se halla publicado en todos los idiomas. (Forns)

Barbieri
Compositor y musicólogo español. Frente a la difusión de la música italiana, promovió la música popular española, revalorizando la zarzuela. Entre sus obras destacan 'Jugar con fuego' (1851), 'Pan y toros' (1864), y el 'Barberillo de Lavapiés' (1876). Fundó el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Musicólogo competente y miembro de la Real Academia Española, se le debe la recopilación del 'Cancionero musical de los siglos XV y XVI' (1890), obra capital para el conocimiento de la música antigua española, y una 'Revista histórica de la Zarzuela' (1864)
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Eslava, Miguel Hilarión (1807-1878)
Compositor y musicólogo español. Maestro de la Real Capilla de Sevilla, y profesor de armonía y director del Conservatorio de Madrid. Compuso tres óperas de estilo italianizante, y numerosas composiciones religiosas, entre las que destaca el Miserere, que sigue interpretándose cada año en Sevilla el Miércoles Santo. Compuso además 30 óperas y 140 obras de música religiosa, canciones algunas obras sinfónicas. En su repertorio didáctico, el Método de Solfeo (1846) aún utilizado hoy día, y la Escuela Completa de armonía y composición. En 1869 publicó una antología en siete volúmenes de la música religiosa española: Lira Sacro-Hispana. En ella investiga y redescubre obras, realizando una labor que resultaría transcendental para la musicología española.
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Pascual Arrieta (1823-1894)
Más conocido por el nombre de Emilio. Compositor español, famoso por su ópera 'Marina" (1871), refundición del drama lírico del mismo nombre que había estrenado con gran éxito en 1855. Autor asimismo de otra ópera, 'Ildegonda', estrenada en 1846. Compuso también numerosas zarzuelas, cantatas y música religiosa. En 1868 fue nombrado director del Conservatorio de Madrid.
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Pedrell, Felipe (1841-1922)
Compositor y musicólogo. En 1873 se trasladó a Barcelona donde compuso varias óperas y zarzuelas. En 1876 fue pensionado a Roma y alli compuso música religiosa y la sinfonía 'Milá'. Se trasladó después a París, y en 1894 fijó su residencia en Madrid. Fue profesor del Conservatorio y académico de San Fernando. Escribió cinco óperas: 'El último Abencerraje', 'Quasimodo', 'Cleopatra', 'Los Pirineos' y 'La Celestina', además de música religiosa, tres poemas para canto y orquesta, dos poemas sinfónicos y canciones. Originalmente su estilo acusó la influencia italiana, más tarde wagneriana, y por último el nacionalismo. Como musicólogo publicó 'Por nuestra música' (1894), verdadero manifiesto del nacionalismo musical. Sus principales discípulos fueron Albéniz, Granados, Falla, Anglés y Gerhard. Escribió también un 'Diccionario técnico de la música' (1894) y una antología titulada 'Hispania schola musica sacra' (1895), además de 'Antología de organistas clásicos españoles de los siglos XVI 7 XVII', y otras muchas obras similares. Gracias a esta labor, pueden conocerse composiciones de antiguos maestros españoles que permanecían olvidadas. También fue un importantísimo investigador de toda la música popular española.
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Tárrega, Francisco (1852-1909)
Compositor y guitarrista, nacido en Villareal. Hizo sus primeros estudios en Castellón con el Cego de la marina. Estudió piano en Valencia y en el Conservatorio de Madrid. El gran éxito que obtuvo en esta ciudad en un recital de guitarra le decidió a dedicarse a este instrumento.Viajó más tarde a Londres, París, Bruselas, Berna y Roma, siempre con gran éxito. Finalmente se instaló en Barcelona. Su composiciones más importantes son Danza Mora, Capricho árabe, Recuerdos de la Alhambra, y Estudios de Concierto, que continúan interpretándose, y de los que se han hecho versiones para otros instrumentos e incluso orquesta. Pero es aún más importante su papel en la historia de la música, al haber sido el verdadero creador de la escuela moderna de la guitarra española, con multitud de continuadores hasta nuestros días que han dado al instrumento un lugar en el mundo de la música insospechado con anterioridad. El mismo comenzó la riqueza del repertorio de que hoy disfruta el instrumento al efectuar numerosas transcripciones de obras clásicas.
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Sarasate de Navascués, Pablo Martín (1844-1908)
Músico español, nacido en Pamplona. A los siete años se presentó por primera vez a un concierto público de violín. Ingresó en el Conservatorio de París en 1866, consiguiendo el primer premio al año siguiente, e iniciando sus viajes por Europa, recibiendo valiosísimos presentes de varios soberanos, entre ellos Napoleón III. Genial intérprete de Beethoven, Mendelssohn, Bruch, Saint-Saens y Bach, sobresalió por la pureza de su estilo y el encanto y frexibilidad que imprimía a sus interpretaciones. Lalo compuso para él la Sinfonía Española y un Concierto de violín, y Bruch le dedicó su Segundo Concierto y La Fantasía Escocesa. Como compositor destaca su música para violín, romanzas, fantasías, y transcripciones de aires populares, como Jota Aragonesa, Zapateado y los cuatro libros de danza española.
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Esplá, Oscar (1889-1976)
Compositor. De formación autodidáctica, perfeccionó sus conocimientos en Francia, Alemania y Bélgica. Su obra se caracteriza por un sobrio aprevechamiento del folklore. Entre sus obras sinfónicas destacan los ballets 'Cíclopes de Ifach' (1922), y 'El contrabandista' (1924), la ópera 'La Balteira' (1925), el poema sinfónico 'Don Quijote velando las armas' (1925), la cantata 'La Nochebuena del diablo' (1923), la sinfonía 'Aitana' (1964), etc. Entre sus corales cabe destacar 'Canciones playeras' (1930), 'Sonata del Sur' (1945), 'Sinfonía Coral' (1942), etc. Fue también importante su restauración del 'Misterio de Elche', obra del siglo XIII. En 1956 se creó en Alicante, su ciudad natal, el premio que lleva su nombre.
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Falla, Manuel de (1876-1946)
El más universal de los compositores españoles contemporáneos, n. en Cádiz el 20 nov. 1876. Fueron sus padres don José María de F., hombre de negocios bursátiles y doña Desusa Matheu. Fue, por tanto, su infancia acomodada y feliz.
     
      Comienzos. El niño M. de F. habrá de verse rodeado de aquel ambiente de alta burguesía comercial de la capital gaditana, más abierta siempre a todas las corrientes culturales, más al día, como gran puerto de mar, en toda inquietud intelectual. La madre, al piano, será siempre una estampa viva que alentará su eterna vocación. Las tradiciones del opulento Cádiz dieciochesco guardan celosamente un recuerdo perenne e imborrable: la ejecución anual de las Siete Palabras de Cristo en la Cruz en la S. Cueva, fundación del marqués de Valde-Iñigo. Todos los Viernes Santos se interpretaba la página del viejo Haydn. El pequeño F. comenzará su carrera de intérprete con ella, como pianista, en la antigua iglesia de S. Francisco. No pasarían muchos años sin que ofreciera un concierto público en el local de los Quirell, comerciantes dedicados a la venta y arreglo de pianos.
     
      El maestro F. aseguraba haber' decidido su vocación definitiva en un concierto sinfónico en la sala del Museo de Cádiz cuando contaba 17 años de -edad. Quedan atrás los primeros pasos, con su profesora de solfeo y piano E. Galluzo y después con A. Odero. Al morir Odero se hizo cargo de instruir a F. en armonía y contrapunto el compositor E. Broca. El camino de la música se abría ya claro y definitivo para el joven gaditano, que pasaría a ampliar sus conocimientos pianísticos con J. Tragó, profesor del Real Conservatorio de Música madrileño. La ruina de su padre motiva el traslado de la familia a Madrid, cuando F. contaba 20 años. En 1899 termina sus estudios y obtiene el primer premio de piano del Conservatorio de Madrid. Son los años en que intenta el éxito en el teatro lírico, en boga a principios del s. xx y finales del xix. Es la etapa de la creación de La Casa de Tócame Roque, Limosna de Amor, El corneta de órdenes, La cruz de Malta y Los amores de la Inés. Ésta fue la única de las zarzuelas de F. que mereció los honores del estreno.
     
      De alrededor de 1900 son, asimismo, Serenata Andaluza, Vals-capricho, Nocturno (compuestas para piano) y la canción Tus ojillos negros. Todas ellas pueden considerarse las más antiguas de cuantas han sido editadas. Ya entrado en los años iniciales del presente siglo le vemos como finalista en el concurso convocado por el Conservatorio para premiar una pieza de piano, no impresa, que sirviera de obra impuesta en el examen de fin de carrera. El premio fue otorgado al Allegro de concierto de E. Granados. Dicha obra finalista fue interpretada por F. en el concurso Ortiz y Cussó del Ateneo madrileño, en el cual salió vencedor.
     
      En 1905 termina La vida breve, que obtiene el premio en el concurso convocado por la R. A. de Bellas Artes de San Fernando. El libreto de esta ópera en un acto era de C. Fernández-Shaw. Sería prolijo analizar los motivos que impidieron el estreno de la obra en el Teatro Real, como parece que era la promesa, si no oficial, oficiosa, que hizo concebir esperanzas a los autores. El hecho produjo una gran desilusión al compositor. Por aquel tiempo había ya encontrado un libro cuyo contenido le abrió nuevos horizontes y un cúmulo de posibilidades. Se trataba de Acoustique nouvelle de L. Lucas, tratadista de mediados del s. xix, en el cual se estudiaba el fenómeno de la resonancia natural de los cuerpos sonoros y preveía, como afirma S. Demarquez, «las formas de la armonía moderna, avanzando considerablemente sobre los principios de Rameau». Falla encontraba en estas sagaces observaciones sobre ancestrales conceptos de enharmonía, la raíz y el secreto del propio cantar de su pueblo, que tanto le serviría en su creación artística.
     
      Su contacto con una página de la obra de F. Pedrell, Pirineos, le abre una nueva esperanza. «Fui a casa de Pedrell -nos cuenta él mismo- para rogarle que fuese mi guía, y a su enseñanza (muy superior a lo que dicen los que le siguieron sin la necesaria preparación técnica) debo la más clara y fuerte orientación de mi trabajo». Estudia con el gran maestro catalán, más que en una enseñanza formal, en conversaciones sobre problemas de estética musical y análisis de partituras.
     
      Estancia en Francia. La desilusión sufrida por F. ante la imposibilidad del estreno de La vida breve le hace replegarse a la cotidiana tarea de dar lecciones de piano y a sus reuniones de los sábados, donde con los colegas y entusiastas de los nuevos cauces gozaba de la esperanza de un porvenir noble de la música española. Su marcha a Francia se presenta de manera insólita. Un biógrafo la resume así: «Durante el verano de 1907, una ocasión inesperada se ofreció a Manuel de Falla para realizar su más caro deseo. Provisto de un billete de ida y vuelta que debía llevarlo al balneario de Vichy, prolongó su viaje hasta París con la intención de residir allí una semana: se quedó siete años enteros». Y, de no mediar la 1 Guerra mundial, no sabemos hasta qué punto la atrayente y sugestiva atmósfera musical parisiense le hubiera retenido.
     
      Un nuevo y espléndido mundo se presentaba ante sus ojos. Conocerá a C. Debussy, será generosa y espléndidamente alentado por P. Dukas, que le presentará a Albéniz. Éste le llevará al conocimiento de R. Viñes, el gran pianista español triunfador en París. Después vendrán los contactos -muchos de ellos generadores de amistad ferviente- con M. Ravel, F. Schmitt, M. Delage y tantos otros, que supieron valorar el alcance de la obra, ya notable, del músico español. Ya llevaba en su equipaje _a París las Cuatro piezas españolas, estrenadas por Viñes en aquella capital en 1909. Pronto tendrá la alegría de estrenar La vida breve en el Casino Municipal de Niza y, pocos meses después, en 1913, en la ópera Cómica de París. Otra de las satisfacciones de estos años de triunfos en Francia fue la edición, en 1910, de sus Tres Poemas de Teóf ilo Gautier.
     
      Regreso y estancia en Granada. Al comenzar la guerra, abandona el país galo, habiendo rechazado, en distintas ocasiones, la oferta de nacionalizarse francés. Es el año de su estreno de La vida breve en el Teatro de la Zarzuela madrileño. Regresa a la patria con todos los honores. La crítica presta su general aplauso a la obra, que obtuvo 26 representaciones. 1915 es muy rico en acontecimientos en la vida de F., porque durante el mismo se estrenan Las siete canciones populares españolas, Oración de las madres que tienen a sus hijos en brazos, la música para la representación de Otelo, y El amor brujo. Se escalonan en 1916 y 1917 el estreno en los Teatros Real y Eslava, respectivamente, la obra para piano y orquesta Noches en los jardines de España y la pantomima, en dos cuadros, El corregidor y la molinera. Esta última, en su versión de ballet, se estrena en Londres, dos años más tarde. Con su gran partitura para piano Fantasía Bética parece como si F. se despidiera de Madrid -corría el año 1919- y de la temática andaluza como determinante esencial. Habían muerto en aquel año sus padres, con un intervalo de pocos meses. Decide trasladarse a Granada con su hermana María del Carmen, y allí se establecerá ya hasta su último viaje a América, en un carmen que hoy es casa-museo dedicada a su memoria. Desde 1920 le vemos hacer viajes rápidos a distintos lugares de España o del extranjero; pero son muy destacados los que realiza a Sevilla y la breve temporada en Mallorca de la cual surgió su Balada de Mallorca. Destacan algunas visitas al extranjero y su triunfal viaje a Barcelona, donde se le rindió un memorable homenaje.
     
      Poco después del Homenaje a Debussy, estrenado en 1921 en París y compuesto para guitarra, aparecerá su obra cumbre del segundo periodo: El Retablo de Maese Pedro, que se estrena en versión de concierto, en el Teatro sevillano San Fernando el 23 mar. 1923 y en versión teatral, en los salones parisinos de la princesa de Polignac, patrocinadora de la obra. A partir de entonces realiza su idea de organizar, con la ayuda de los amigos de Sevilla, la Orquesta Bética de Cámara, muchas veces vehículo de las incursiones en el mundo de los conciertos y la difusión de la música. E. Halffter, el alumno predilecto, será puesto al frente de la agrupación instrumental.
     
      En 1924 estrena Psique, para mezzo y cinco instrumentos. En 1926 el Concierto para clavicémbalo, obra cumbre, a la que seguirán el Soneto a Córdoba (sobre texto de Góngora), en 1927, la ya citada Balada de Mallorca, Homenaje a Paul Dukas, para piano, Fanfarria sobre el nombre de F. Arbós y Homenajes (versión orquestal de estos temas). Tal serie puede decirse queda interrumpida en 1938, que es la fecha de terminación de la versión instrumental de sus homenajes a los músicos amigos.
     
      Viaje a América y muerte. El proyecto, tantos años acariciado y muy avanzado, de Atlántida viaja con él para América, en oct. de 1939. Había sido invitado por la Institución Cultural Española para celebrar su vigesimo quinto aniversario. En el Teatro Colón de Buenos Aires dirige unos conciertos con obras suyas y estrena Homenajes, a cuya partitura añadió el dedicado a Pedrell. Motivos de salud le hicieron buscar la zona del interior. Se estableció en Alta Gracia, en la Sierra de la Córdoba argentina, donde m. el 14 nov. 1946. En 1947 fue trasladado su cadáver a Cádiz y sepultado en la cripta de la catedral.
     
      La obra. Si dejamos aparte sus primeras piezas, pertenecientes a lo que llamó Gerardo Diego, en feliz frase, «el premanuel de ante-Falla», la producción de F. es reducida en relación con su vida. La autoexigencia era tan severa como para desechar cualquier creación que no lograra el grado de perfección a que aspiraba su alto ideal estético. Dos etapas fundamentales apreciamos en su obra. Al ocuparnos de su vida hicimos notar que el cambio de rumbo en la temática y la estética tiene lugar alrededor de su establecimiento en Granada. Muchos críticos y musicógrafos coinciden en destacar cómo al radicarse en Andalucía -alrededor de 1920- abandona el tema de lo andaluz.
     
      Con la Fantasía Bética, para piano, cierra el ciclo que se iniciara 15 años antes con La vida breve. Entre las obras de este ciclo destaca la aparición de las piezas para piano Aragonesa, Cubana, Montañesa y Andaluza, que, según J. Rodrigo: «No son danzas propiamente dichas, no son expresiones geográficas puras, concretas, como en Albéniz Navarra, Triana y Almería; sino más bien productos geográficos». Su antecesora, La vida breve, es, sin duda, la primera gran obra de auténtico empeño, como se ha demostrado a través de los años ante los cuales permaneció inmarchitable su actualidad. Los grandes valores musicales sobresalieron sobre la mediocridad del primitivo libreto. Fue revisada y transformada en dos actos, porque Fernández-Shaw y F. estimaban que el único con que contaba al ser premiada, era excesivamente prolijo. Las melodías compuestas sobre textos de T. Gautier Les Colombes, Chinoiserie y Seguidilla quizá, como afirma Sagardía, recuerdan a Debussy y Chabrier.
     
      Las Siete canciones populares españolas constituyen un recorrido por las diversas regiones, aunque predominan los cantares del Sur. En documentadísimo trabajo ha estudiado el prof. García Matos el antecedente de ellas. Seguidilla murciana, El paño moruno, Asturiana, Jota, Nana, Canción y Polo, son los títulos de esta maravillosa colección de pequeñas joyas, después de las cuales puede decirse que la música vocal hispana tiene unos nuevos y amplísimos horizontes.
     
      La Oración de las madres que tienen a sus hijos en brazos (canto y piano) tienen texto de Martínez Sierra y expresan las ansias de paz de un alma tan exquisita como la de su autor. El estreno de El amor brujo en el Teatro Lara madrileño señala un gran triunfo de F. Subtitulada gitanería, esta creación alcanzaría un renombre y resonancia populares de incalculable importancia. La partitura estaba concebida para ballet y canto, con una reducida plantilla instrumental. Aquí la crítica no acertó al valorar su estreno, tal vez por considerarla -con visión superficial- una muestra más de la «españolada» tan en boga. Lo cierto es que su versión orquestal sigue interpretándose en el mundo entero. Noches en los jardines de España deben enfocarse en sus tres tiempos, En el Generalife, Danza lejana y En los jardines de la Sierra de Córdoba, como algo muy distinto al concepto tradicional de un concierto para piano y orquesta. Aquí el piano es un elemento más esencial, inserto en el esquema orquestal.
     
      Sobre el conocido cuento de P. A. de Alarcón El corregidor y la molinera, escribe en 1917 G. Martínez Sierra el libreto de la pantomima del mismo nombre. (Posteriormente, en 1922, el título de esta obra pasó a ser El sombrero de tres picos: un éxito que el ruso Diaghilev (v.) pasearía, con su compañía de ballets rusos, por los más prestigiosos escenarios internacionales.) Una ópera, Fuego fatuo, en tres actos, quedó sin estrenar e inédita, aunque tenemos las mejores referencias sobre su música.
     
      El retablo de maese Pedro, compuesto sobre textos originales del Quijote arreglados por el propio músico, marca el cambio en la temática. F. se orienta hacia una visión más castellana de su música, en consonancia con la orientación de la generación literaria del 98, vigente en aquel momento. Aquí, como en el Concierto para clave, el concepto instrumental llega a su máxima depuración y altura. Para Ravel, el segundo movimiento del Concierto es página clave en la música contemporánea. Los Homenajes, dentro de este «segundo» F. son trazos vibrantes de su arte.
     
      Atlántida, compuesta sobre el gran poema de mosén Jacinto Verdaguer (v.), fue la obra tantos decenios acariciada e inconclusa. La remataría o completaría, al menos, su discípulo E. Halffter (V. HALFFTER, FAMILIA). De enormes proporciones, es un gran oratorio, una epopeya musical y algo totalmente distinto a lo que podíamos imaginarnos de su autor. Aquí surge el F. de las grandes masas corales y de enormes recursos instrumentales. Se estrena, en versión parcial, en Barcelona y Cádiz en 1961 y, en 1962, en la Scala de Milán.

E. SÁNCHEZ PEDROTE.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991


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Turina
Compositor, nacido en Sevilla. En 1905 marcha a París para ampliar estudios de piano y composición. Se inicia en el camino del modernismo con Las Estaciones y Quinteto (1906), pero inspirado por Albéniz, se inspirará en adelante en la canción andaluza: Sonata para violín, Sevilla, Cuarteto. Amigo de Falla, regresa a España donde dirige la orquesta del teatro Eslava, la de los bailes de Diaghilev durante su gira, y en 1920 es maestro concertador del Real. Escribió más de un centenar de obras, para teatro, orquesta, canto, piano, órgano y música de cámara y religiosa. Publicó una Enciclopedia abreviada de la música (19917) y un Tratado de Composición (2 vol. 1947, 1950) Albéniz fue el causante de que Turina se dedicara a un estilo en favor del nacionalismo español con proyección europea.
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Albéniz, Isaac (1860-1909)

Vida. Compositor y pianista español; n. en Camprodón (Gerona) el 29 mayo 1860; m. en Cambo-les Bains (Francia) el 18 mayo 1909. Recibe de su hermana las primeras lecciones de piano y con sólo cuatro años se presenta en el teatro Romea de Barcelona. Estudia en esta ciudad con Narciso Oliveras, pero su espíritu inquieto, feliz con la aventura, se manifiesta, a pesar de sus pocos años, en sus viajes y escapadas. Conoce París a los seis años sin lograr ingresar en el Conservatorio por sus travesuras infantiles. De vuelta a España da una serie de Conciertos por algunas ciudades del norte. A los ocho años se traslada con su familia a Madrid, asistiendo a las clases de Mendizábal en el Conservatorio. Repite sus giras artísticas por Ávila, Zamora, Salamanca, Barcelona y Valencia. En Cádiz embarca como polizón para Costa Rica. Recorre en brillantes actuaciones Argentina, Brasil, Cuba, Puerto Rico y Estados Unidos. De vuelta a Europa perfecciona su técnica con Reinecke en Leipzig (1874y, Gevaert en Bruselas (1876) y Liszt, cuyos consejos son importantes en la formación del joven artista, en Weimar y Budapest (1878). En 1880 recorre de nuevo América. En 1883 regresa a Barcelona contrayendo matrimonio con Rosita lordana, de la que tuvo tres hijos. Aquí entabla una provechosa amistad con Felipe Pedrell. Después de un fracasado intento en los negocios, reanuda sus conciertos en giras internacionales y en compañía de Fernández Arbós, alcanzando grandes éxitos. Su repertorio comprende obras de todos los estilos y épocas, destacando en la interpretación de los clavecinistas, como improvisador y, naturalmente, como intérprete de sus propias obras.
      En 1891 se instala en Londres y en 1893 fija en París su casi habitual residencia; amigo de D'Indy, Chauson, Fauré, Dukas, Debussy y Ravel, recibe de ellos indudables influencias, pero ninguno logra suplantar la fuerte personalidad del músico español. La Schola Cantorum, donde él había sido alumno, le ofrece una cátedra de piano. Su actividad de compositor le ocupa en detrimento de su carrera de virtuoso. El empresario y banquero inglés Francis Money-Coutts le compromete en la composición de óperas para sus libretos a cambio de una buena renta anual; productos de este contrato son las óperas Merlín y Henry Clifford, de un carácter y estilo que no se adaptan a la personalidad de A. Distinta es la suerte de Pepita liménez, su más importante obra dramática. Iberia, lanzada por 'los pianistas Malats y Blanca Selva, marca un punto culminante de su obra. Apenas concluida ésta y a causa de la enfermedad que mina su salud y hace funestos progresos, se traslada a los Bajos Pirineos, donde termina su vida. Pocos días antes de su muerte, el Gobierno francés, a propuesta de los más prestigiosos músicos franceses del momento, le concede la Cruz de la Legión de Honor.
      Características. Los factores determinantes de la música de A. son el folklore de España y muy especialmente de Andalucía, y el piano. El elemento popular estuvo siempre presente de algún modo en la música culta española: así, los polifonistas del Renacimiento y los clavecinistas del s. XVIII, que encontraron en el folklore hispano una fuente inagotable de inspiración. Pero es en este momento cuando los cantos de Andalucía, y muy concretamente el «cante jondo, tiene una influencia directa en el presente y futuro de la música española. Sus características eran muy aptas para fundirse con las estéticas de más fuerza en estos años; el impresionismo especialmente encuentra en la música andaluza una serie de elementos técnicos y expresivos que serían decisivos para la obra de Debussy y Ravel. Es un camino que en España inicia Pedrell y que A. descubre para él y para sus continuadores. A. se erige en jefe de la escuela nacionalista española. El folklore es utilizado frecuentemente como cita literal, pero su influencia es mucho más profunda: los ritmos, cadencias, giros melódicos y modos de la música popular dan vida interna a toda una serie de páginas que en sus mismos títulos evocan los lugares, cantos y danzas de España y que marcan la trayectoria que, cada uno según su propia estética, seguirán Granados, Falla y Turina.
      La música de A. nació en y para el piano, el piano romántico heredado de Chopin y Liszt, aunque esto no quiere decir que su interés quede encerrado en la técnica del teclado, puesto que, con ser de un valor extraordinario, está siempre al servicio y en función de su contenido musical. Un paralelismo con Chopin hace que su obra se entienda sólo en el teclado y que las orquestaciones realizadas hasta hoy (Fernández Arbós, Argenta, Ansermet, Dorati, Frühbeck y Roshental, entre otros) no logren traducir toda la belleza del original. Sólo al principio pudo hablarse de un antipianismo en A. Respondía esta afirmación a una sorpresa ante la novedad de procedimientos, especialmente en Iberia, y a las dificultades técnicas, que exigían una nueva manera de tocar.
      Obras. Siguiendo a Collet, pueden estudiarse en ella tres etapas: la primera comprende páginas muy del gusto de salón de la época; sencillas, pero no exentas de encanto: valses, pavanas, minués, estudios, mazurcas, impromptus, piezas características, Rapsodia Española, instrumentada por G. Enesco y A. Casella, Recuerdos de viaje (1887), una de cuyas páginas es Rumores de la Caleta. Destacan dos Suites españolas (1886 y 1889-93, respectivamente), especialmente la primera, que incluye Granada, Cataluña, Sevilla, Cádiz, Asturias, Aragón, Castilla y Cuba, y que revela ya toda la fantasía del autor de Iberia. Aún no estamos ante el A. más trascendental de su tercera época, pero en estas sencillas obras están ya en germen todos los elementos determinantes de su genio. Muchas de estas partituras no han perdido todavía el encanto de su novedad y espontaneidad. Para comprender el significado total de A. es indispensable conocerlas y estudiarlas. La segunda época agrupa las obras dramáticas San Antonio de la Florida, Henry Clifford (1895) y Pepita liménez (1897). Para piano, La Vega, y, para orquesta, Cataloiiia (1899). La tercera época corresponde al A. en la plenitud de su técnica y medios expresivos. Comprende los cuatro cuadernos de Iberia (19051909): el primero, Evocación, El Puerto y Corpus Christi en Sevilla; el segundo, Triana, Almería y Rondeña; el tercero, El Albaicín, El Polo y Lavapiés; el cuarto, Málaga, jerez y Eritaña. Hay que añadir las dos obras póstumas, Navarra y Azulejos, concluidas por D. de Sévérac y Granados, respectivamente.
      Todo el mundo colorista y el refinamiento de escritura de los franceses, amigos y admiradores del músico español, se une a su musicalidad netamente hispana. Ibería, a pesar de mantenerse dentro de los límites de la pequeña forma y de un esquema repetido, es hasta hoy la obra española más importante para el piano. Se han señalado algunas características de Iberia (T. Andrade): La originalidad de escritura, la audacia del dibujo; hasta entonces ninguna música había sido trazada con un barroquismo tal que, sin embargo, no es agobiante. Su pianismo huye de fórmulas estereotipadas. No encontramos series de terceros, sextas, octavas, trinos, trémolos ni dificultades de exhibición pianística. Las dificultades emanan de sus exigencias musicales.

MANUEL CASTILLO.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Granados, Enrique (1867-1916)

Compositor y pianista español; n. en Lérida el 27 jul. 1867 y m. en el mar, en un naufragio, el 24 mar. 1916. Comenzó sus estudios musicales en su ciudad natal con J. Juncada. Más tarde, se trasladó a Barcelona, donde siendo infantico de la Escolanía de la Merced, dirigida por el maestro Jurnet, amplió sus conocimientos pianísticos con Pujol y los de armonía y composición con F. Pedrell. En 1887 va a París y asiste como oyente a las clases del Conservatorio, perfeccionando sus estudios con Bériot: coincide allí con R. Viñes. Formó, con Casals (v.) y Thibaud, un famoso trío que recorrió Europa, incluyendo ya, en sus programas, con el mayor éxito, composiciones propias. En 1889 regresó a Barcelona dedicándose por entero a la composición, a la dirección de orquesta y a la enseñanza. Crea, en 1900, la Sociedad de Conciertos clásicos y la Academia Granados.
     
      Por su ascendencia, hijo de padre cubano y de madre española, G. hereda ciertas características, voluptuosas y ensoñadoras, que dan a sus obras un profundo lirismo, cercano al romanticismo de Chopin, al cual se parece, según su biógrafo H. Collet, pero «a la española». «Goya es el genio representativo de España», decía G., y su música fue, en efecto, exponente de esta idea y esta predilección del compositor leridano, que se inspiró para sus obras, no en las vocalizaciones hispano-andaluzas que palpitan en la obra de Albéniz, ni tampoco en las marcadamente catalanas, sino que parecen perfumadas por una esencia hispánica enraizada en el espíritu nacional, profundamente castellano y, aún más, «madrileñísimo». Su suite para piano Goyescas, la ópera del mismo título, en ella inspirada, sus Tonadillas, en las que el majo y la maja son siempre protagonistas adorables; composiciones como Quejas o la maja y el ruiseñor... constituyen lo más representativo de su creación total en la que el arte de Goya está presente de manera inequívoca.
     
      Por su estilo, G. fue un romántico que F. Sopeña no sólo compara a Chopin, como Collet, sino al Schumann «pequeño» y a Grieg; influencia que después trasmitiría a toda una generación posterior de músicos levantinos. Su técnica, refinada y perfecta en sus composiciones pianísticas, logra en la orquesta un lenguaje magistral por el empleo de los distintos instrumentos y la honda expresividad de sus melodías: ejemplo admirable de estas cualidades en el Intermedio de su ópera Goyescas.
     
      Sus principales obras, además de las citadas, son su zarzuela María del Carmen y sus Danzas Españolas, Allegro de Concierto, Escenas románticas, Paisaje, Bocetos, Seis piezas sobre cantos populares, Los majos enamorados y aún podría citarse su transcripción del clave de 26 sonatas inéditas de Scarlati.
     
      Como su contemporáneo Albéniz, G. supo dar de nuevo a la música española tras casi un siglo de lucha contra las injerencias extranjeras el carácter de noble autenticidad, donde se esconde su máxima grandeza.

J. ESPINÓS ORLANDO.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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Segovia, Andrés (1894-1987)
Guitarrista español, nacido en Jaén. Dio su primer concierto en Granada a los catorce años. La perfección de su técnica, su musicalidad y su incesante labor de investigación y arreglos musicales de obras no escritas para guitarra, como muchas de Juan Sebastián Bach, le permitieron recorrer el mundo como concertista y adquirir una fama extraordinaria, divulgando el conocimiento de la guitarra como instrumento de concierto y provocando la difusión de su estudio en muchos países en principio alejados de este instrumento. También esto hizo que muchos compositores modernos escribieran para él, como Turina, Castelnuovo-Tedesco, Manuel Ponce, Héctor Villalobos, Joaquín Rodrigo, Moreno Torroba, Federico Monpou, etc. Considerado como el guitarrista más grande de todos los tiempos y una de las máximas figuras de la música de su época, fue colmado de honores en todo el mundo, y en España se le concedió el título de Marqués de Salobreña. Se ha instituido en su nombre un concurso guitarrístico que lleva su nombre, y que ha alcanzado gran prestigio.
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Rodrigo, Joaquín (1901-)
Compositor nacido en Sagunto. En 1927 marcha a París, donde estudia con Paul Dukas y conoce a Falla. Su vuelta a España en 1939 coincide con el estreno del Cocierto de Aranjuez, que le consagra como uno de los primeros compositores españoles y despierta en todo el mundo la afición por la guitarra. Continúa escribiendo conciertos para piano (1942), violín (1943), violoncello (1949), arpa (1952) y para cuatro y dos guitarras (1956, 1967). Entre sus obras maestras están Música para un códice salmantino (1953), inspirado en un poema de Unamuno, y Fantasía para un gentilhombre (1954), para guitarra y orquesta. Continuó escribiendo conciertos, ballets, música de escena, teatro lírico, obras religiosas y hasta música para películas. En 1978 estrenó Concierto pastoral para flauta y orquesta, uno de los más difíciles que se han escrito para este instrumento. El Adagio, por su ritmo y brillantez, es uno de los más logrados del maestro. En la obra instrumental de la última etapa destaca Sonata a la española para guitarra (1969) y en la vocal, Con Antonio Machado (1970), diez canciones para una voz y piano. Le han sido otorgados numerosos premios y condecoraciones, tanto españoles como extranjeros.
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Pablo Casals (1876-)

Músico español, considerado universalmente como el primero de los violoncelistas de nuestra época y uno de los intérpretes más eminentes de este siglo. N. en Vendrell (Tarragona) el 29 dic. 1876. Cursó sus primeros estudios en Barcelona, trasladándose cuando era muy joven a Madrid, donde su incipiente personalidad llamó en seguida la atención; obtuvo de la reina regente María Cristina protecciones y ayudas que le permitieron celebrar los primeros recitales y ampliar sus estudios en Bruselas y París. Allí inició una carrera de concertista internacional, acaso la más brillante y prolongada que haya llevado a cabo un artista en la época moderna. Durante más de medio siglo el arte interpretativo de C. ha representado para los públicos más exigentes un paradigma en el que se han equilibrado el virtuosismo y una intensa capacidad expresiva con la más noble y profunda musicalidad, cualidades puestas en evidencia tanto en innumerables recitales de virtuoso o formando un famosísimo trío con el violinista Jacques Thibaud y el pianista Alfred Cortot, como actuando de solista al lado de todas las orquestas importantes europeas o americanas. C. ha sido el promotor de muchas iniciativas musicales. En 1919 creó en Barcelona la Orquesta Pau Casals y en 1922 la Associació Obrera de Concerts, que presidieron durante dos décadas la vida artística catalana y dieron lugar a que el maestro se dedicara con alguna preferencia a la dirección de orquesta, labor que ha continuado hasta fechas recientes, actuando al frente de muchos conjuntos sinfónicos extranjeros.
      Al final de la Guerra civil española se estableció en Prades, pequeña población en la vertiente francesa de los Pirineos donde, después de la II Guerra mundial, fundó unos Festivales de Música de gran renombre a los que han acudido artistas de todas las naciones para colaborar con el violoncelista y director en la interpretación de la música de cámara. Otro festival, éste de más amplitud, fue también creado por C. en la ciudad portorriquense de San Juan, donde m. el 22 oct. 1973.
      C. es autor de un cierto número de composiciones (sardanas, una Sonata para violín y piano, canciones, etcétera), pero su obra máxima es, sin duda, el oratorio El Pessebre, con texto del escritor Juan Alavedra. La obra, dirigida por su autor (salvo en unas pocas excepciones), ha sido interpretada en Acapulco (México), donde se estrenó, en la sede de las Naciones Unidas, en Nueva York, Filadelfia, Buenos Aires, Londres, Berlín, Toulouse, Asís, Florencia, San Miquel de Cuxá, Ginebra, y en otras muchas ciudades y países como un mensaje de paz y fraternidad. El Pessebre constituye un palpitante testimonio del credo musical y la actitud humanística de quien ha hecho del arte y de la vida un postulado ideológico mantenido con inquebrantable perseverancia.

XAVIER MONTSALVATGE.

Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

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La Zarzuela

Fernández Caballero, Manuel (1835-1906)
Compositor. Empezó a componer a los doce años; a los quince ganó el primer premio de composición en el Coservatorio de Madrid, y a los dieciocho dirigía la orquesta del Teatro de Variedades. En 1864 pasó a Cuba, donde organizó conciertos. De regreso a Madrid prosiguió su carrera de compositor de zarzuelas, iniciada ya antes. Entre ellas destacan: 'El duo de la Africana', 'Gigantes y Cabezudos', 'El Cabo primero', 'El señor Joaquín', etc. Escribió un estudio titulado 'Los cantos españoles considerados como elementos indispensables para la formación de nuestra nacionalidad musical' (1902), que le sirvió de discurso para su entrada en la Real Academia de San Fernando.
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Chueca, Federico (1846-1908)
Compositor, uno de los autores más fecundos e inspirados del llamado "género chico". 'La Gran Vía', que pergeñó en colaboración con Valverde, es una de las piezas clásicas de dicho género. Otras zarzuelas: 'El año pasado por agua' (1889), 'Agua, azucarillos y aguardiente' (1897), 'La alegría de la huerta' (1901), etc.
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Chapí, Ruperto (1851-1909)
Compositor español. Intentó dar vida a un movimiento operístico español, aunque sin éxito. Triunfó por su originalidad en la zarzuela y el llamado género chico. Creó la Sociedad de Autores para defender los derechos de los músicos y escritores y la propiedad intelectual de éstos. Está considerado como el más legítimo continuador de la obra de Barbieri. Sus obras son modelo de calidad, armonía, distinción y originalidad. Entres sus óperas están Las naves de Cortés (1874) y Garcilaso(1880); entre sus zarzuelas, La tempestad (1882), La bruja (1887), El Rey que rabió (1891), y del género chico, El tambor de granaderos(1894), La Revoltosa(1897), El puñao de rosas(1902). Ejerció indiscutible influencia en la música lírica posterior.
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Vives, Amadeo (1871-1932)
Compositor, nnacido en Collbató. Escribió varias obras para el Orfeó Catalá que había contribuido a fundar con Luis Millet, entre ellas El Emigrante (1890), sobre un poema de Jacinto Verdaguer. También escribió sobre textos de Angel Guimerá, y estrenó las óperas Arthus (1895) y Euda d'Uriach (1900). Se trasladó a Madrid y compuso las Canciones epigramáticas (1912-14) para canto y piano y obras corales. Pero su excelente reputación le vino de las zarzuelas y operetas. Entre ellas, destacan Doña Francisquita (1923), Maruxa (1913), Bohemios (1903) populares aún hoy en representaciónes y grabaciones. Otras famosas en su día fueron Lucas del cigarral (1899), El Talismán (1933), La Generala y La Villana. El mismo las dió a conocer también en América.
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Usandizaga, José María (1887-1915)
Compositor, nacido en San Sebastián. Su prematura muerte a los 28 años impidió su consagración como uno de los grandes compositores. Es uno de los principales representantes del nacionalismo musical español y concretamente de la llamada escuela vasca. Estudió en París bajo el profesorado de D'Indy. Escribió obras para piano, canto, órgano y orquesta, como Hassan y Melilan, Fantasía (para violoncello y piano), Cuarteto de cuerda y Rapsodia vasca. Sin embargo sus mayores éxitos fueron su ópera vasca Mendi-Mendiyán (1910) y las zarzuelas Las Golondrinas (1914) y La Llama que dejó inacabada.
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Moreno Torroba, Federico (1891-1982)
Compositor español, discípulo de Conrado del Campo, se dedicó en principio a escribir obras sinfónicas, como 'La ajorca de oro' (1918), 'Capricho romántico', 'Suite castellana', 'Zoraida' (1919), pero pronto dejó este tipo de música para dedicarse a la teatral, en la que obtuvo grandes éxitos y prestigio.. Entre sus obras de teatro destacan 'La Virgen de Mayo', ópera estrenada en el Teatro Real en 1925, y las zarzuelas 'La mesonera de Tordesillas' (1925), 'La Chulapona' (1934), y sobre todo 'Luisa Fernanda' (1932), obra que no ha cesado de interpretarse. Escribió numerosas obras para guitarra, entre ellas 'Sonatina', 'Fandanguillo', 'Concierto flamenco', 'Concierto de Castilla'. Poco antes de morir escribió la ópera 'El poeta', basada en la vida de Espronceda.
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Sorozábal, Pablo (1898-1988)
Compositor, nacido en Bilbao. Se formó como músico en su tierra natal y en Alemania y fue director de varias orquestas, entre ellas la Filarmónica de Madrid. Sus primeras obras, de inspiración popular, fueron Capricho español y Suite Vasca, pero pronto se dedicó a la zarzuela en la que cosechó éxitos enormes y en la que fue el último de los grandes compositores. Escribió las óperas Adiós a la Bohemia, y Juan José, que no consiguió ver estrenada. Entre sus zarzuelas destacan: Katiuska (1931), Don Manolito (1943), La del Manojo de Rosas (1935), y la Tabernera del Puerto (1936).
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Cristóbal de Morales

 

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